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sexta-feira, 1 de julho de 2016

PATRIMONIO

Los orígenes del castellano

El camino que siguió el nacimiento de nuestro idioma dibuja una ruta que discurre en su mayor parte por Castilla y León y que está plagada de monasterios, bibliotecas y parajes de gran belleza

F. LÁZARO 
La abadía  benedictina de  Silos registró hace más de  mil años los  primeros  balbuceos del castellano,  plasmados en las ‘Glosas  Silenses’ - ICAL
El Camino de la Lengua Castellana se escribe sobre una ruta que comienza en tierras riojanas –San Millán de la Cogolla– y recorre Santo Domingo de Silos (Burgos), Valladolid, Salamanca y Ávila, en tierras castellanas y leonesas, para finalizar en Alcalá de Henares (Madrid), la cuna del escritor español más universal: Miguel de Cervantes. La ruta escribe un recorrido singular y hermoso, reconocido como Itinerario Cultural Europeo y que está salpicado de monasterios, bibliotecas de riqueza única repletas de incunables, parajes naturales extraordinarios... y con cuatro de sus seis principales enclaves declarados Patrimonio Mundial por la Unesco.
El camino conduce por cerca de 700 kilómetros que concentran once siglos de historia en los que el castellano se ha convertido en la lengua vehicular de más de 500 millones de personas, el arma de los grandes escritores clásicos y la principal manifestación cultural de cada pueblo.
San Milán de la Cogolla. Las primeras manifestaciones de las lenguas romances se han situado históricamente en San Millán de la Cogolla, en los monasterios de Suso y Yuso, en un hermoso valle rodeado de bosques y tierras de labranza en cuya biblioteca se localizaron las Glosas Emilianenses, consideradas como los primeros escritos en castellano. Las glosas son anotaciones explicativas en los márgenes de textos bíblicos para ayudar a la comprensión del texto y algún monje incluyó en estos márgenes apuntes en la lengua romance que hablaba el pueblo, dando vida al primer párrafo completo escrito en castellano.
Los monasterios de Yuso y Suso, Patrimonio Mundial desde 1997, se alzan en el valle del río Cárdenas, en las estribaciones de la Sierra de la Demanda. El pequeño cenobio de Suso surge en el siglo Quinto como ampliación de las cuevas que fueron habitando los eremitas discípulos de San Millán. Es una pequeña construcción morázabe y prerrománica en la que se conservan diferentes estilos arquitectónicos que se fueron superponiendo hasta el siglo Décimo: visigótico, mozárabe y románico. En su interior se encuentran los sarcófagos de los Siete Infantes de Lara.
El de Yuso se construyó en el siglo Once para ampliar el de Suso y la imagen que ofrece hoy es la de un enorme edificio renacentista fruto de la reconstrucción que se inició en el siglo Dieciséis y terminó 200 años más tarde. En su interior cobija tesoros de notable interés –incluidas las arquetas de oro y marfil, del siglo Once, que guardan las reliquias de San Millán–, aunque lo más espectacular es su archivo y biblioteca, con más de diez mil volúmenes con ejemplares de gran valor.
Cerca de aquí, en la localidad de la que adoptó el apellido, nació, en el siglo Doce, Gonzalo de Berceo, el primer poeta castellano de nombre conocido. Educado en el monasterio de Suso y formado en la Universidad de Palencia, escribió hacia el año 1236 la hagiografía de la Vida de Santo Domingo de Silos, santo nacido en la cercana Cañas, hacia el año 1000, y donde incluyó los famosos versos que dejan claro por qué no escribía en latín: «Quiero fer una prosa en román paladino, / En qual suele el pueblo fablar a su vecino, / Ca non so tan letrado por fer otro latino: / Bien valdrá, como creo, un vaso de bon vino».
Monasterio de Silos. Santo Domingo de Silos, el siguiente hito de la ruta, es precisamente donde otros expertos sitúan el origen del castellano, que se hablaba por Covarrubias, Salas de los Infantes, Clunia, Peñaranda y otros pueblos del entorno silense antes de que se empezase a usar por tierras riojanas. Independientemente de dónde surgiera el idioma –su origen corresponde al pueblo que, sobre la base del latín vulgar, fue adaptando durante siglos una lengua antes de que apareciesen los primeros escritos–, en la abadía benedictina de Silos se registraron hace mil años los primeros balbuceos del castellano y se escribieron las Glosas Silenses.
Este monasterio cuenta desde 1998 con una nueva e impresionante biblioteca que alberga los más de 160.000 volúmenes que ha ido atesorando y recuperando a lo largo de su historia –incluido el manuscrito de Berceo sobre Santo Domingo–, haciendo gala del viejo adagio latino «claustrum sine armario, castrum sine armentario» (un monasterio sin libros es como un castillo sin armas).
El edificio es obra de los mejores arquitectos de la época y, sobre todo, de escultores sublimes que han legado hasta nuestros días una de las mejores muestras de la plástica medieval. El templo románico original se ocupó después por una iglesia neoclásica firmada por Ventura Rodríguez, donde los monjes entonan su famoso canto gregoriano.
Pero, sin duda, lo más destacable del complejo monástico es el claustro, una de las obras cumbre del románico en la Península. Compuesto por dos pisos, el inferior es una obra de arte excepcional, donde sus capiteles adquieren un protagonismo singular con escenas de animales y episodios bíblicos labrados con una finura deliciosa. Y, en el medio, el ciprés al que cayó rendido Gerardo Diego. La visita a Silos debe completarse conociendo la botica y contagiándose del espíritu de paz que se respira en todo el conjunto monástico.
Valladolid. El tercer hito en el Camino de la Lengua es la capital vallisoletana. La ciudad es prolija en historia y patrimonio y jugó un papel determinante en la depuración y difusión del castellano. Valladolid cuenta con una de las universidades más antiguas de España, junto con las de Palencia, Salamanca y Lérida, todas surgidas del movimiento intelectual que nació en Europa Occidental durante los siglos Trece y Catorce.
Entre los principales hitos vinculados con el castellano figura la fundación del Colegio de Santa Cruz en 1494 por el Cardenal Mendoza, gran defensor de la enseñanza del castellano y quien promovió su construcción para que estudiase gente sin recursos económicos. El castellano se convierte a partir de este momento en el elemento vehicular del saber, sin las limitaciones que suponía la enseñanza en latín. El edificio sigue siendo colegio universitario –es la sede del rectorado– y su biblioteca conserva, entre otras obras, el Beato de Valcavado, un códice mozárabe del año 970 y que es la obra más antigua de la Universidad de Valladolid.
Fruto de esta herencia, las letras hispanas han tenido siempre una relación cercana con la capital. Aquí nació José Zorrilla, estudió Francisco de Quevedo y vivió Santa Teresa de Jesús y Miguel de Cervantes moraba en la ciudad cuando publicó El Quijote y sitúa en la ciudad numerosos pasajes de El coloquio de los perros. De aquí son Rosa Chacel, Miguel Delibes, Francisco Umbral, Francisco Pino, Gustavo Martín Garzo y otras figuras que han divulgado por todo el mundo el castellano más puro.
Salamanca. La ciudad del saber, Patrimonio Mundial desde 1988, acoge la Universidad más antigua de España y uno de los principales focos culturales de la Península. Desde aquí, el catedrático Antonio de Nebrija critica el abuso de latinismos y escribió en 1492 la primera Gramática en Lengua Castellana, obra con la que el castellano se equipara a las lenguas clásicas y que fue el instrumento decisivo para la expansión del idioma por el Nuevo Mundo.
El crecimiento del castellano como idioma prosiguió imparable durante los siglos Catorce y Quince hasta convertirse en una lengua con una importante obra literaria, a lo que contribuyó de manera decisiva la Universidad de Salamanca, donde han dado clase o estudiado algunos de los mejores escritores de nuestra literatura: desde Fray Luis de León hasta San Juan de la Cruz, pasando por Luis de Góngora y Miguel de Unamuno, que llegó a ser su rector.
Ávila. La ciudad, Patrimonio Mundial desde 1985 y testimonio perfecto de lo que es una ciudad amurallada medieval, es el escenario en el que desde inicios del siglo Dieciséis, con la catedral ya finalizada y en plena efervescencia constructiva, nace en 1515 Santa Teresa de Jesús. Pocos años después, San Juan de la Cruz viene al mundo en Fontiveros y ambos coincidirán cinco años en la ciudad entre los muros del convento de la Encarnación, un lustro de intensa experiencia mística y de creación literaria.
La gran contribución de ambos personajes a la literatura deriva de su capacidad de expresar con palabras la unión con Dios a través de versos sublimes que conducen hacia la mística. Santa Teresa lo hizo con un lenguaje sencillo y directo, siguiendo la máxima renacentista de ‘escribo como hablo’, mientras que San Juan es uno de los poetas líricos en lengua castellana más notables. Ambos situaron a Ávila como testigo de la literatura más noble y la espiritualidad más sincera.
Alcalá de Henares. Patrimonio Mundial desde 1988 por la importancia de su Universidad y su recinto histórico, es la ciudad natal de Miguel de Cervantes, autor de El Quijote, obra que muchos consideran la ‘biblia del castellano’ y que dirigió hacia la madurez una lengua romance que para muchos sólo tenía hueco todavía en los márgenes de los textos latinos.
El cardenal Cisneros, que acumulaba más poder que el rey, mandó construir la primera ciudad universitaria de la Edad Moderna, un centro global donde se concentra la mejor literatura del Siglo de Oro español, desde Lope de Vega a Calderón de la Barca, pasando por Tirso de Molina y Quevedo, testigos imprescindibles para la difusión del castellano.
En el siglo Quince se publicó aquí la Biblia Políglota Complutense, la primera edición impresa en varias lenguas de una Biblia completa y un monumento excepcional de la cultura renacentista que abrió camino en el estudio de las lenguas, además de ser el mayor monumento tipográfico de la imprenta española de la época.
El Instituto Cervantes, el Centro de Estudios Cervantinos y las colecciones bibliográficas cervantinas hacen de Alcalá de Henares en un punto ineludible para los estudiosos de la lengua castellana. El espectacular paraninfo de la Universidad de Alcalá acoge cada 23 de abril, fecha de la muerte de nuestro escritor más universal, la entrega del Premio Cervantes –nuestro Nobel– al mejor escritor en castellano.

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