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sábado, 18 de agosto de 2018

TRADUCCIÓN

10 Cualidades que debe tener un buen traductor

Fuente: https://periodistas-es.com

La traducción es una profesión bastante exigente que debe evolucionar al ritmo de las demandas socioculturales, académicas y científicas.

Se puede afirmar con certeza que los traductores se hacen a partir del número de palabras que traspasen de un idioma a otro, de manera que es una formación que está en constante crecimiento. Así que bien sea que tengas intención de trabajar en una empresa de traducción o laborar de manera particular, estas son algunas de las cosas que no te pueden faltar como traductor.

10 Cualidades que debe tener un buen traductor

traductores

Es necesario ser bilingüe, y un poco más

Suena redundante decir que un traductor debe ser bilingüe, pero lo cierto es que el bilingüismo es un amplio espectro que abarca muchas cualidades y capacidades. Por eso es a veces molesto escuchar que una persona que fungen como traductores de español a otros idiomas digan a vox populi que son bilingües cuando no tienen pruebas suficientes. Ser bilingüe no se trata solo de reconocer el uso y contexto de palabras en dos idiomas, sino de tener conocimientos certeros y pragmáticos de sociolingüística, conocimientos textuales y léxico gramaticales.

Traductores con conocimientos especializados en temas concretos

No importa qué tan versátiles nos creamos, un buen traductor se especializa en un tipo de temas o al menos en un espectro de temas. Quien no tiene ningún tipo de conocimiento médico en su idioma materno no puede ni debe de entrada dedicarse a un tema tan delicado como este, porque suponiendo que haga una traducción de inglés a español de un tema delicado, operatorio, como ejemplo, es mucho lo que está en riesgo. Por eso, por más que un traductor de idiomas quiera navegar en muchos campos, para ser realmente bueno debe dedicarse a uno.
Tener conocimiento del oficio
Por más que en un principio hemos destacado que un buen traductor se hace a partir del número de palabras traducidas, es cierto que la formación académica y el conocimiento del negocio es estrictamente necesario. Se deben conocer los campos, los tipos de prácticas profesionales y sus aplicaciones. Por ejemplo, no todos los intérpretes son traductores y viceversa, aunque sí existen traductores e intérpretes lingüistas. Esto último nos lleva al siguiente punto y es que por conocimiento de oficio nos referimos también a los principios que rigen la traducción, como los tipos de unidad, procesos requeridos, métodos y enfoques aplicados, etc. que evidentemente están muy relacionados con la lingüística.
Es necesario apoyarse en herramientas de traducción
Un buen traductor debe saber hacer uso de las herramientas adecuadas para cumplir sus labores. Por ejemplo, existen traducciones técnicas con términos que escasamente se escuchan en el habla cotidiana. Es evidente que en un primer contacto, los traductores no van a conocer estos términos y ahí es cuando entran en juego las herramientas de apoyo que van desde diccionarios y enciclopedias hasta fuentes de documentación de nuevas tecnologías. Parece radical, pero sin importar cuántos años de experiencia y número de palabras tenga un profesional, siempre debe tener fuentes de respaldo por excelencia para realizar traducciones oficiales.
Hay que organizarse bien
Un traductor que trabaja de manera desordenada no es tal. Para ser traductor, un oficio tan complicado, se debe tener cierto grado de competencia estratégica, es decir, capacidad de gestión temporal, administrativa y pragmática para las labores. Un traductor que no hace entregas a tiempo no puede llamarse como tal, asimismo, si no conoce de formatos, maquetación y estructura de contenidos, puede ser traductor, pero no el mejor.
Componentes psicofisiológicos
Puede que estos no dependan precisamente de la formación académica o de la experiencia laboral sino más bien del funcionamiento de nuestro cerebro, pero hay que prestar atención a este punto. No decimos que sea imposible ser un buen traductor si no se tienen buenos componentes psicofisiológicos como la memoria, la percepción, la atención o la emoción, sino que se vuelve más difícil. Si tienes deficiencia en alguno de estos componentes y te conviertes en traductor ¡felicidades! Porque has conseguido un logro grandioso y casi imposible.
Ser traductor de un solo idioma
Puedes saber muchos idiomas y trabajar en traducción de textos en dichos lenguajes, de hecho, pero no puedes ser igual de bueno en todos ellos. Por eso a veces es bueno especializarse en tan solo uno de ellos, y una vez lo hayas perfeccionado, dar el paso a otro. La razón es porque en el hábito de aprender a profundidad un idioma en concreto, se generan redes neuronales que con el tiempo rinden su fruto en una mayor velocidad para traducir. Si no hemos llegado a este nivel, reiniciamos todo el proceso cuando abandonamos este idioma por aprender a traducir otro totalmente nuevo.
No usar traductores automáticos
Es fácil caer en este tipo de tentaciones cuando internet tiene un sinfín de plataformas de traducción automáticas. Pero como antes dijimos, un buen traductor tiene conocimiento de fuentes y, al mismo tiempo, sabe que la traducción es más que traspaso de palabras de un idioma a otro, que cada palabra tiene un peso sociocultural y algunas veces histórico que le da significado.
Es necesario concentrarse en los detalles literarios
Un buen traductor se preocupa de que el texto traducido tenga sentido, pero más allá de eso, que tenga riqueza literaria. Con esto queremos decir que no recurre siempre a los mismos conectores ni repite de manera monótona las mismas palabras. Hoy en día, una agencia de traducción para poder ser reconocida debe prestar un servicio de traducción realmente formidable, con una riqueza lingüística que se perciba desde la primera línea traducida, pues estos detalles marcan la diferencia entre la traducción amateur y la traducción profesional.
Hay que ceñirse al texto original
El hecho de que el texto deba tener riqueza literaria no quiere decir que se transforme y se omitan palabras y expresiones para expresar “sentido”. Un buen traductor debe tener fluidez literaria sin despegarse del texto original.
Con todos estos requerimientos, la verdad es difícil encontrar un buen traductor de idiomas aunque muchos se pongan el título. 

TRADUCCIÓN

“La traducción tiene algo que ver con la profunda generosidad de compartir”

El 23º Foro Internacional por el Fomento del Libro y la Lectura contó este viernes con una mesa dedicada al arte de la traducción. ¿Una obra traducida es igual siempre? Cuando pasa a otro idioma ¿es la misma o es casi la misma?

“Por amor al castellano: identidad, lengua y traducción”, en la penúltima jornada del Foro.

Justamente de esto hablaron los especialistas Alain Saint-Saens (Francia-Paraguay); Eric Nepomuceno (Brasil); Meng Xiayun (República Popular China); Esther Andradi (argentina, residente en Alemania) y la argentina, María Pía López.
Coordinada por la docente Maia Bradford, la mesa denominada “Por amor al castellano: identidad, lengua y traducción”, abrió con Nepomuceno. El brasileño recordó que tradujo más de 80 obras al portugués de autores de la talla de Eduardo Galeano y García Márquez, entre otros.
“Yo no leo ruso, ni alemán. Japonés ni hablar. Entonces, ¿qué sería de mí sin haber leído autores de esos países? Ahí está la importancia de la traducción”, señaló Nepomuceno.
“La buena traducción tiene reglas rigurosas”, sostuvo. “Leer primero, examinar la estructura, ver las dificultades y tratar de solucionarlas. Pero yo no sigo ninguna de esas reglas”, se sinceró. “Porque no soy traductor. Yo leo mientras traduzco. Cuando traduzco un libro quiero tener la misma expectativa que cuando armo uno mío. Nunca he sido un traductor profesional. Soy un escritor que traduce a sus amigos, por afecto y cariño y a libros que me incitan a hacerlo”, aseveró.
Meng Xiayun, oriunda de China, comentó que tiene un fuerte vínculo con Latinoamérica desde la literatura. Recordó que su tema de tesis de investigación fueron justamente las obras del escritor chaqueño Mempo Giardinelli. “Una obra suya, ‘Imposible Equilibrio’, fue una inspiración para mí”, destacó. Y anticipó que próximamente traducirá al mandarín la obra “El Séptimo Infierno”, del mismo autor.
A su turno, el francés residente en Paraguay, Alain Saint-Saens, se reconoció como escritor y políglota. Y reflexionó al señalar que la dificultad de traducir una obra comienza con la traducción de una obra propia.
“Yo soy traductor de mí mismo. De cierta manera soy otro también”, evaluó. “Hablo cuatro idiomas: inglés, francés y español, que es mi idioma de corazón. En Paraguay aprendí el portugués porque pensé que iba a ser importante para mí. Es por eso que actualmente escribo poemas en cuatro idiomas. Y cuando voy a traducirlo me digo a mi mismo: ‘No te traiciones. No traiciones lo que escribiste’”, contó.
Esther Andradi, argentina residente en Berlín, comentó las mutaciones que va generando en las personas y en las lenguas el hecho de moverse por el mundo. “Como escritora he reflexionado algo sobre las lenguas de viaje. Cuando la lengua se va de viaje es como las personas: se transforma. No se mantiene incólume”, sostuvo.
La socióloga y ensayista, María Pía López, posó su mirada más bien en el consumo de las traducciones. Y recordó el momento en que se dio cuenta de que una obra traducida por un autor es distinta a una traducida por otro.
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