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domingo, 24 de dezembro de 2017

EL IDIOMA ESPAÑOL

El Idioma español en una obra artística

Por Elvis Valoy sábado 23 de diciembre, 2017

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Elvis Valoy

Tan apetecible como complejo es el gigantesco mercado latinoamericano, el cual cuenta con alrededor de 625 millones de personas. A excepción de Brasil, Belice, Haití, las Islas Vírgenes y las islas francoparlantes, la lengua de este conglomerado humano es mayoritariamente el idioma Español. De ahí que un mensaje que maneje los códigos lingüísticos en esta habla ya tiene el 70 por ciento del éxito garantizado.

El habla que nos aglutina con signos inherentes a cada una de nuestras culturas y especificidades es esta lengua, la cual fue impuesta por el colonizador a sangre y fuego y sobre millones de cadáveres, pero que indiscutiblemente funge como cordón umbilical vinculante del continente.


Si la gastronomía del maíz identifica a gran parte de los pueblos latinoamericanos, abarcando este producto agrícola el plato predilecto desde México hasta la Tierra del Fuego, igualmente así es el idioma Español, el cual se desempeña como el Esperanto con el cual la gente elabora sus mensajes, permitiéndoles la comunicación y el lenguaje.

Claro está, dentro de este mundo latinoamericano existen grandes culturas que mantienen sus propias lenguas, ocasionándose en algunas oportunidades una diglosia, o lo que es lo mismo la coexistencia de dos lenguas. Ejemplo de esto tenemos a las etnias indígenas, las cuales preservan sus propias lenguas. Si nos vamos a Centroamérica, allí las comarcas Ngabe-buglé, Guna Yala, Emberá en Panamá tienen sus propios idiomas. De igual forma las comunidades autóctonas Tawahkas, Lencas, Chortis, Misquitos, Pech, en Honduras mantienen su propio idioma. Empero, interactúan con el Español, haciéndose su comunicación políglota y de varios signficados.

Este amplio preámbulo viene para abordar una problemática que acarrea el llamado arte popular, que por soslayar esta realidad, se enajena de un enorme mercado latinoamericano que consumiría su producto si las personas que hacen este tipo de arte entendieran esta rica y compleja realidad.

En nuestro país se acostumbra a esculpir una obra pensando de manera insular, sin tomar en cuenta las características del público a que debe de dirigirse el mensaje. Como ejemplo está la llamada música urbana, la cual contiene la mayoría de códigos con vector apuntando únicamente a la población residente en las riberas de los ríos Ozama e Isabela, que es la que a la postre entiende la jerga carente de una estética más abarcadora.

Por ese camino sólo se imposibilita la internacionalización de la obra por sus limitadas características idiomáticas, resultándole a mucha gente una especie de guirigay onomatopéyico y molestoso. Hay que ver en esto también una espantosa falta de creatividad e incapacidad, que busca en el escondite del facilismo la excusa que delata la mediocridad de la persona que construye la obra.

En un artículo anterior demostré cómo la palabra sam como la conocemos en nuestro país, que es el acto de entregar dinero a alguien para luego recibirlo todo junto, cambia de vocablo, de acuerdo a cada país, siendo la misma acepción. Es por eso que es recomendable utilizar frases y palabras que estén contenidas en el idioma español, y no acudir a frases idiomáticas que desvirtúan el mensaje y lo hacen indescifrable y asimilable.

Ahora bien, si se concibe una obra de arte y se especifica que es en una determinada lengua, entonces ahí es válido el cambio de símbolos comunicacionales. Hay que citar la magistral y acaudalada película 7 Cajas, dirigida por Juan Carlos Maneglia y Tana Schembori, la cual fue totalmente rodada en idioma Guaraní. Asimismo, la excelente película chilena Taxi para tres, del director Orlando Lübbert, que a pesar de ser hablada en idioma Español, tuvo que acudir a subtítulos, debido a que la misma se desarrolla en un gueto suburbano.

Desconocer la multiplicidad simbólica en el discurso estético conlleva a garrafales errores y a la enajenación de un público que se abstiene de consumir la obra. Mientras más se utilizan símbolos internacionales, más gente asume el discurso estético. Una nomenclatura universal garantiza mayor espacio a cualquier composición de la índole que sea.
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