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sexta-feira, 28 de setembro de 2018

TIRAR DE LAS LENGUAS


La diversidad lingüística es un regalo, pero da la impresión de que no sabemos qué hacer con él

JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS
El País - España
26 SEP 2018 - 08:43 BRT

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Yolanda Castaño, Jaume Pérez Muntaner y Andolin Eguzkitza, en Morella (Castellón), en 1999. MARTÍ DOMENECH
El Instituto Cervantes de Bruselas celebra hoy el día europeo de las lenguas con un recital de Bernardo Atxaga, Manuel Rivas, Yolanda Castaño, Joan Margarit, Estel Solé, Eloy Sánchez Rosillo y Elena Medel, es decir, poetas en vasco, gallego, catalán y castellano. Lo normal. O casi. Kirmen Uribe suele contar que la suya es la primera generación que eligió el euskera como lengua literaria sin que esa elección tuviera matices políticos. Los que como Uribe hicieron el bachillerato en los años ochenta recordarán que su manual de Literatura se cerraba con un capítulo dedicado a Gabriel Aresti, Salvador Espriu y Celso Emilio Ferreiro. Casi nunca se llegaba a ese capítulo, que, titulado ‘Otras literaturas hispánicas’, se completaba con una lista de autores latinoamericanos.


En el fondo, la relación que mantienen los lectores españoles en castellano con las literaturas del resto de España se parece bastante a la que mantienen con la argentina o la mexicana: es una hazaña que un nombre nuevo salga de su propio circuito, sobre todo, y paradójicamente, si es novelista. Cuando Kirmen Uribe ganó el premio nacional por la novela Bilbao-New York-Bilbao ya era conocido como poeta. Coloquios como los de Verines, la Fundación Alberti o el Mapa Poético de Córdoba sumaron a la conversación multilingüe a autores como la propia Yolanda Castaño, Olga Novo, Sebastià Alzamora, Miren Agur Meabe o Harkaitz Cano.


En 1984 se falló el primer Premio Nacional de las Letras Españolas, destinado a celebrar la pluralidad de este país de todos los demonios. Lo ganó J. V. Foix. Desde entonces, lo han obtenido otros siete escritores en catalán y ninguno en euskera o en gallego. El castellano es mayoría. Lo mismo que ahora escandaliza que en 34 años solo lo hayan obtenido cinco mujeres, un día escandalizará tal desfase lingüístico, tan solo comparable al que hace que el premio Cervantes se otorgue bienalmente por sistema a un escritor del mismo país: España.

La diversidad —cuando no es el disfraz de la desigualdad— es más fácil de defender en la teoría que en la práctica. Entre lenguas distintas y dentro de cada una de ellas. Cualquiera que consulte la lista de libros más vendidos en catalán se encontrará con El cel no és per a tothom (Anagrama). Su autora es la enigmática Marta Rojals (no deja que le hagan fotos, no concede entrevistas presenciales). En un pasaje de su primera novela —Primavera, estiu, etcètera (La Magrana)—, la protagonista se queja del menosprecio que sufre su catalán de las tierras del Ebro entre los catalanoparlantes de la capital. La respuesta de su interlocutor es rotunda: “Barcelona és un monstre devorador de patrimonis lingüístics”. El centralismo tiene muchos centros

TRADUCCIÓN

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Agencia EFE        Resultado de imagem para TRADUCCIÓN


Los intríngulis de la traducción de obras literarias, a análisis en Argentina

Traductores de diversas partes del mundo, representantes de ocho idiomas hablados en más de un país, se reúnen desde hoy en Buenos Aires para analizar cómo afectan las variaciones dialectales de una misma lengua a la traducción de obras literarias.

«Es raro para un argentino leer a Dostoieviski hablando como un madrileño, ¿por qué habla como un madrileño de hoy alguien que es un ruso del siglo XIX? Es algo de difícil solución, pero lo fundamental es plantear todo lo posible para abrir el debate», dijo a Efe el argentino Pablo Ingberg, traductor y organizador de las Jornadas Internacionales de Traducción Comparada.
La cita arrancó este jueves y se extenderá hasta el próximo sábado, en tres días en los que los profesionales que llegaron a la Biblioteca Nacional Mariano Moreno de Buenos Aires compararán cómo son los casos de ocho lenguas: castellano, francés, inglés, alemán, italiano, quechua, chino y árabe.
Todos ellos son idiomas que se hablan en más de un país y que por lo tanto poseen diferentes dialectos que hacen que las traducciones de libros presenten palabras y expresiones que en otro país no coinciden.
En el caso del español, lengua con 500 millones de hablantes en el planeta, un vehículo con ruedas que transporta a una multitud de personas se trata de un autobúsen España, un camión en México, una guagua en Cuba y un colectivo en Argentina.
Y, por ejemplo, si un colombiano leyera el vos rioplatense en una traducción, no se sentiría identificado.
Pero, para Ingberg, licenciado en Letras por la Universidad de Buenos Aires y traductor de obras de Shakespeare y autores griegos y latinos, el debate de las palabras es la parte «superficial», mientras que el grano está en otro lugar.
«Si fuera fácil encontrar una solución no harían falta estas jornadas, que justamente son para poner en evidencia la problemática, lo que pasa en distintas lenguas y las similaridades que tienen con los problemas de traducción», recalcó.
Durante las jornadas habrá conferencias sobre el enfoque dialectológico de las traducciones pero también sobre el enfoque glotopolítico, paneles sobre los casos específicos de cada lengua y, para cerrar, lectura de poesía original y traducción en vivo a cargo de los participantes de las jornadas.
Las jornadas las abrió un texto titulado La traducción como milagro, escrito por quien hasta julio fue director de la Biblioteca Nacional, Alberto Manguel, ausente por motivos personales y que renunció a su puesto por motivos de salud.
Durante la primera conferencia, la que dio el presidente de la Academia Argentina de las Letras y miembro correspondiente de la Real Academia Española, José Luis Moure, surgió el tema del lenguaje inclusivo.
Moure dijo que, aunque se trata de una reivindicación sobre una situación «injusta y criticable», el lenguaje inclusivo está «destinado al fracaso» porque los cambios en los idiomas «son siempre de abajo a arriba» mientras que este procede de un sector de la población.
Según Ingberg, el lenguaje inclusivo «todavía» no es un problema para la traducción.
«Uno traduce cosas al lenguaje del pasado, no del futuro», insistió, al tiempo que dijo que en las traducciones al español, los profesionales pueden traducir algunos términos de manera inclusiva, como poner «las personas invitadas, en vez de los invitados».

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

socializar y sociabilizar,

significados distintos

Recomendación urgente del día
Los verbos socializar y sociabilizar no significan exactamente lo mismo, por lo que no es adecuado emplearlos de forma indistinta.
Según el Diccionario académico, socializar es‘transferir al Estado algo de propiedad privada’, ‘hacer vida de relación social’, ‘adaptar a un individuo a las normas de comportamiento social’ y ‘extender al conjunto de la sociedad algo limitado antes a unos pocos’, mientras que sociabilizar significa ‘hacer sociable’, esto es, ‘inclinado al trato y relación con las personas’.
Sin embargo, en la prensa se suelen confundir estos verbos en frases como «Avanzar hacia una nueva regulación que promueva el trabajo colaborativo para sociabilizar los riesgos de eventuales ataques entre los potenciales afectados», «Esto ofrece la oportunidad de sociabilizar el proyecto y su información» o «Aunque algunos ciudadanos participaron, faltó sociabilizar la obra».
En estas oraciones parece claro que lo que se quiere expresar es que los riesgos, el proyecto y la obra deben extenderse a un conjunto más amplio de personas (los afectados por los riesgos, los destinatarios del proyecto y los beneficiarios de las mejoras de la obra), no que los riesgos, el proyecto y la obra deban ser más sociables, esto es, más inclinados al trato con las personas.
Así las cosas, en los ejemplos anteriores lo adecuado habría sido emplear socializar: «Avanzar hacia una nueva regulación que promueva el trabajo colaborativo para socializar los riesgos de eventuales ataques entre los potenciales afectados», «Esto ofrece la oportunidad de socializar el proyecto y su información» y «Aunque algunos ciudadanos participaron, faltó socializar la obra».
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