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quarta-feira, 12 de julho de 2017

PALABRAS

Palabras que caen del cielo


TERESA GUERRERO en El Mundo - Madrid


Numerosos términos y expresiones tienen su origen en la astronomía Daniel Kunth repasa su etimología en el libro 'Las palabras del cielo'


Una de las primeras cosas que seguramente hizo el hombre fue mirar el cielo. "Ahora nos parecen 
normales los cambios que se producen en pocas horas, pero hace 10.000 años sobrecogían a nuestros antepasados, que trataban de entenderlos. Su vida y sus cosechas dependían de ello", afirma J. Miguel Mas Hesse, director del Centro de Astrobiología (CSIC-INTA).

Observar el cielo y tratar de descifrarlo ha sido una tarea común en prácticamente todas las culturas. Su importancia ha quedado reflejada en nuestro lenguaje, pues numerosas palabras y expresiones que usamos en nuestra vida cotidiana tienen su origen en la astronomía. El astrónomo francés Daniel Kunth ha recopilado algunas de ellas en Las palabras del cielo (editado por Gedisa), un libro en el que repasa su etimología.

"Daniel Kunth es un enamorado del cielo al que le gusta buscar el sentido poético de las cosas cotidianas, y esa pasión por el cielo la ha plasmado en este libro", señala Mas Hesse durante la presentación en Madrid del libro, editado ahora en castellano.

Como señala el divulgador científico Jorge Wagensberg en el prólogo, "una estrella puede ser tratada con método científico, como harían Galileo o Newton, o bien con método artístico, como harían Van Gogh o Neruda". Kunth, señala, "es un físico del cosmos que ama las palabras" y "tantos milenios de maravilla ante una noche estrellada han dejado mucha más huella en el lenguaje de lo que en principio se podría sospechar".

Según relata Kunth, el origen de esta obra se remonta a 1991, cuando fue a la televisión, invitado por la actriz Jeanne Moreau, para que explicara en el programa Mon zénith a moi (Mi propio cénit) el significado de cénit desde la perspectiva astronómica. Esta palabra de origen árabe hacía referencia al camino sagrado que conduce al cielo y fue el primer término cuyo etimología investigó.

A partir de ahí se encontró con una sorprendente cantidad de términos provenientes de la astronomía. Y es que, aunque la procedencia es evidente en términos como astrónomo, astrólogo, astronauta o cosmonauta, menos conocida es su vinculación con desastre (mal astro o astro funesto), cosmopolita, asterisco o croissant. "Descubrí palabras que me sorprendieron, como canícula, cosmética o girasol", señala. Deseo es su favorita.
El astrónomo francés Daniel Kunth -  LAURENCE HONNORAT

Kunth habla español con un ligero acento chileno que adquirió durante los dos años que estuvo en el país sudamericano cumpliendo el servicio social con el que reemplazó el servicio militar francés. Contemplando uno de los cielos más bellos de la Tierra, decidió dedicarse profesionalmente a estudiarlo. Hace ya 31 años que investiga en el Instituto de Astrofísica de París, donde se ha especializado en la formación y evolución de las galaxias.
Respeto, curiosidad y temor

Tras compilar alrededor de 200 palabras y expresiones decidió reunirlas en una obra, aunque su intención, aclara, no era hacer un diccionario. "¿Por qué hay tantas palabras que se refieren al cielo, a diferencia de otras ramas científicas, como la biología y la física? Es muy sencillo. La astronomía, el cielo, están en el cruce de la religión, la poesía y la ciencia", explica. "El cielo se ve con respeto, con curiosidad y, a veces, con temor", añade.

Así, kamikaze proviene de kami (que en japonés es la entidad superior o la divinidad) y kaze (el viento que sopla). Al final de la Segunda Guerra Mundial, esta palabra designaba los ataques suicidas de los pilotos de una unidad de la Armada Japonesa. "Los kamikazes surgían del cielo y esparcían el terror" explica Khunt.

Pero la observación astronómica también contribuyó al desarrollo del comercio y ayudó a controlar los imperios de ultramar. El Real Observatorio de Madrid, el lugar elegido para presentar el libro, es un ejemplo de ello. Fue construido en el siglo XVIII, cuando España era una potencia mundial y la astronomía, una ciencia estratégica, pues era imprescindible para la navegación. Mediante la posición de las estrellas, los marineros podían saber en qué punto del globo se encontraban. Orientarse, por cierto, proviene del latín oriri (levantarse, salir o aparecer al horizonte, sobre todo se dice de los cuerpos celestes).

La palabra cielo (caelum), cuyo origen etimológico sigue siendo un misterio, ha dado lugar a múltiples términos como celeste, arcoíris o cerúleo. Considerar viene del latín considerare: cum-sideris) y significaba mirar las estrellas. En el lenguaje de la marina, explica Kunth, se empezó a usar con el significado de mirar atentamente y reflexionar.

Terminamos con el objeto astronómico más conocido, la estrella,que también proviene de una palabra latina, stella, que viene a su vez de una raíz indoeuropea, stel, que significa sembrado de estrellas. Si en el pasado los agricultores y los marineros tenían que conocerlas bien, hoy en día las estrellas siguen siendo referencia y guía para las estaciones orbitales y los satélites más sofisticados. Los árabes dieron nombre a muchas de ellas, como Aldebarán, mientras otras conservan los nombres mitológicos con los que los griegos las bautizaron (Sirio o Procyon). Daniel Kunth es, por ciento, miembro fundador del festival Les Nuits des étoiles (las noches de las estrellas), que se celebra en varios países desde hace dos décadas. "¿Saben que hay más estrellas en el cielo que granos de arena en la Tierra?".

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