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terça-feira, 5 de novembro de 2013
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE
programa Erasmus, pero estudiante erasmus
Recomendación urgente del día
El programa Erasmus y la beca Erasmus se escriben con e mayúscula, mientras que un (estudiante) erasmus y estar de erasmus se escriben con e minúscula y sin comillas, de acuerdo con el diccionario de uso Clave.
En los medios de comunicación pueden encontrarse frases como «La Unión Europea estudia si hay que replantearse el programa ERASMUS, como consecuencia del recorte presupuestario», «Educación solo dará dinero a los Erasmus que tengan una beca general», «Educación quita la ayuda a miles de “erasmus” a mitad de curso» o «Entre ellos, miles de estudiantes que ya están de Erasmus en estos momentos».
El acrónimo Erasmus, que corresponde al desarrollo inglés European Region Action Scheme for the Mobility of University Students (Plan de Acción de la Comunidad Europea para la Movilidad de Estudiantes Universitarios), se escribe con mayúscula únicamente en la letra inicial del nombre de este conocido programa de la Comunidad Europea, según se desprende de los criterios de la Ortografía de la lengua española sobre acrónimos de nombres propios de cinco o más letras.
Por otro lado, cuando erasmus pasa a designar a los estudiantes que disfrutan de esta beca, como en la locución estar de erasmus, se considera que el acrónimo se ha lexicalizado como nombre común o adjetivo y, por tanto, lo apropiado es escribirlo en minúscula y sin necesidad de comillas.
Así pues, en los ejemplos anteriores habría sido preferible escribir «La Unión Europea estudia si hay que replantearse el programa Erasmus, como consecuencia del recorte presupuestario», «Educación solo dará dinero a los erasmus que tengan una beca general», «Educación quita la ayuda a miles de erasmus a mitad de curso» y «Entre ellos, miles de estudiantes que ya están de erasmus en estos momentos».
LA LENGUA VIVA
Palabras raras, oídos sordos
Amando de Miguel en Libertad Digital - España
Ya sé por qué a algunos libertarios nos gusta discutir sobre cuestiones léxicas. Porque no hay forma de que estemos todos de acuerdo. En teoría el habla es una convención, pero al ser algo vivo admite todo género de gustos y opiniones. Así pues, estamos en el reino de la libertad.
Ignacio de Despujol y Coloma suscribe la observación que aquí se comentó sobre la asombrosa capacidad de los norteamericanos para distinguir los puntos cardinales. Concluye que "en España, sin tanto alarde tecnológico, robamos igual en el centro, el noroeste, el nordeste y lo sur". Se refiere a lo que se llama "corrupción política", que no sé por qué no se le llama "hurto" y sí "robo". Es sabido que el robo es el hurto con violencia. Las calificaciones penales en España son tan difusas como la orientación por los puntos cardinales. Por ejemplo, ahora vemos que se acusa a una madre (quizá en colaboración con el padre) de matar a su hija. Se dice que se trata de un asesinato, pero para mí que es más bien un parricidio (= matar a un pariente cercano, padres, hermanos o hijos).
José Luis García- Valdecantos no tiene más remedio que aceptar el italianismo "chao" (ciao, hasta luego), pero se opone al "tontísimo chaoito". Pues no sé por qué nos vamos a oponer a ese natural diminutivo. ¿No decimos futbolín? Don José Luis avanza otro comentario con el que sí estoy acorde. Se refiere a la palabra corrupción (política), que se ha reducido al robo de fondos públicos. Para mí que mejor sería decir "hurto", como queda dicho. Pero hay aspectos aún más graves, como tolerar que roben los subordinados, mentir descaradamente al pueblo, elegir mal los dirigentes políticos o los funcionarios. Con todas esas taras los partidos se convierten en partidas y los partidarios se truecan en partidistas, o peor, en partisanos.
José Alberto Torrijos Regidor, a propósito del origen latino de la palabra consiliencia, se lamenta de que en su bachillerato de Ciencias no hubiera más espacio para los estudios clásicos. Es más, opina que la bifurcación entre el bachillerato de Ciencias y el de Letras fue un error. Coincido con él. Lo peor es que hoy se adelanta todavía más la edad para optar a los distintos bachilleratos. La decisión de que los estudiantes se hiperespecialicen es un error monumental. Me alegra mucho el dato que me proporciona don Juan Alberto: la opinión de Peter Higgs, el reciente Premio Nobel de Física. El sabio sostiene que los estudiantes universitarios no deben especializarse demasiado. Para ser creadores conviene que uno haya pasado por distintos campos científicos. Modestamente, es el consejo que me dio en su día mi maestro Juan J. Linz. Él mismo había seguido varias carreras y dominaba campos diferentes. La prueba es que ha sido una autoridad en la Ciencia Política y también en la Sociología. Por fortuna, en España la especialidad de Ciencia Política se llama en plural "Ciencias Políticas".
Maribel Fernández o Maribel Torbeck se queja (con razón) de que aquí le haya puesto Maribel Fernández (de) Torbeck. Aunque felizmente casada con el señor Torbeck, considera que la fórmula española de su nombre le permite "ser de mí misma, pero de nadie más". Pido perdón por la licencia que me tomé, pero era para resolver el dilema de los dos sistemas de escribir el apellido, el español y el norteamericano. Hay una excepción en los Estados Unidos. Las actrices de cine se llaman "señorita Tal" con el apellido de soltera, aunque estén casadas. La razón es que, con tantos matrimonios como a veces acumula una actriz, resultaría confusa su marca comercial con los apellidos de los sucesivos maridos. Advierto que la idea de conservar el apellido de soltera no hace a una mujer casada más independiente de los varones, pues su apellido suele ser el del padre. La verdadera liberación sería que cada adulto pudiera llamarse como quisiera. Eso no le gustaría mucho a la Policía.
segunda-feira, 4 de novembro de 2013
GARCILASO DE LA VEGA
Garcilaso, héroe de las letras y las armas españolas
MANUEL DE LA FUENTEMANOLHITO / MADRID
Gran poeta, corajudo soldado, fue hombre de confianza del Duque de Alba y de Carlos V
Garcilaso, héroe de las letras y las armas españolas
ABC
Fue tan ducho con sus versos como con su espada. En la Historia de España dejó fiel constancia de sus dichos líricos y de sus hechos guerreros. Fue un castellano y un español de primera y aunque emparentado con comuneros (lo que le llevaría a la cárcel) fue un fidelísimo y arriesgado súbdito de Carlos I, hasta que perdiera la vida sin haber cumplido los cuarenta años luchando por Dios y por España. Fue Garcilaso de la Vega, héroe de la poesía y la milicia españolas, superlativo vate y esforzado militar, valiente en el escribir, osado en el luchar.
Se cree, aunque no es dato absolutamente cierto, que Garcilaso nació en Toledo probablemente en 1498 en una familia con posibles, ya que su padre era señor de Arcos y comendador mayor de León en la Orden de Santiago. A los catorce años quedó huérfano de padre y su familia decidió mandarlo a la Corte, donde en 1520 ya estaba a las órdenes de Carlos V.
De paso, se hacía docto en lenguas, aprendiendo griego, latín, italiano y francés, además de recibir clases de música y esgrima. Pronto, en 1523, le llamarían las armas y participaría como oficial al lado de Gran Duque de Alba Fernando Álvarez de Toledo, el futuro , en la campaña de Fuenterrabía. La amistad entre Fernando y Garcilaso solo la rompería la muerte.
Herido de gravedad
Luego, aunque su hermano era de ideas comuneras, participó junto a los leales al emperador en la Guerra de las Comunidades de Castilla, donde fue herido. En 1522, al lado de su amigo y también poeta Juan Boscán y Pedro Álvarez de Toledo y Zúñiga, formó parte de una expedición que quería ayudar en el sitio de Rodas por los turcos. Una empresa que no tuvo éxito. Garcilaso fue herido de gravedad en la campaña.
Regresó a España, y su valentía fue premiada cuando fue nombrado caballero de la Orden de Santiago, en noviembre de 1523. Dos años después, de vuelta en Toledo, contrajo matrimonio con Elena de Zúñiga.
Primeros poemas
Por esta época, comenzaría a escribir sus primeros poemas de aire cancioneril, estilo y formas que pronto cambiaría, sobre todo gracias a la influencia de su amigo Boscán. Era el año 1526 y Garcilaso de la Vega acompaña al emperador en sus viajes por España que realizaba con motivo de su boda con Isabel Freyre. Siempre al lado de Carlos V, lo acompaña en su investidura como emperador el año de gracia de 1530, y seguidamente entra en combate con los franceses en Florencia.
En 1531, la suerte del combativo y genial Garcilaso cambiaría. Y para mal. Había hecho de testigo en la boda de un sobrino suyo (1531), hijo de su hermano comunero Pedro Lasso, y Carlos no se lo perdonó. Fue encarcelado hasta que el Duque de Alba intercedió por él y fue requerido de nuevo para la milicia cuando los turcos amenazaban Viena. De allí pasó a Nápoles, Academia Pontaniana, como Tasso y Tansillo.donde se curtiría como poeta en compañía de otros colegas italianos de la
Cuando en 1535 Carlos I decidió emprender su campaña africana, allí estaba de nuevo Garcilaso de la Vega. El poeta y soldado volvió a resultar herido. Llegaba octubre de 1536 y de nuevo estábamos en guerra con Francia y Garcilaso no faltó. Durante el asalto a una fortaleza en Le Muy, cuando era maestre de campo de un tercio de infantería, se puso al frente de sus soldados y emprendió él mismo la acometida a la citada fortaleza encaramado en una escala. Fue gravísimamente herido y trasladado a Niza, donde falleció el día 13 o 14 de octubre. En aquellas últimas horas le asistió Francisco de Borja, luego San Francisco de Borja y general de los jesuitas.
Les dejamos con la memoria del heroico Garcilaso y con sus versos: «Y ansí, en la parte que la diestra mano / gobierna. y en aquella que declara / los conceptos del alma, fui herido. / Mas yo haré que aquesta ofensa cara / le cueste al ofensor, ya que estoy sano, / libre, desesperado y ofendido».
¡One, one, one!, ¡cholismo Simeone!
Vivo como ningún otro, el lenguaje del fútbol apoya a menudo su creatividad en el recurso lingüístico de añadir a una palabra prefijos y sufijos. De entre estos últimos, cabe mencionar la productividad de -ismo, presente en términos como cholismo, cerocerismo o resultadismo.
Esta semana más que nunca, cuando todavía colea y rasca por injusta la ausencia de Simeone entre los candidatos a mejor entrenador del año, es momento de reivindicar el denominado cholismo. ¿Qué significa este sustantivo? Aunque solo sea a modo de aproximación, el cholismo podría definirse como la ‘manera de concebir el Cholo su fútbol’ o el ‘modo de imprimir el Cholo carácter ganador a sus jugadores’.
Podría entenderse, pues, que el sufijo -ismo aporta aquí un matiz cercano a ‘doctrina o filosofía’, algo así como un protestantismo deportivo, no tanto por lo religioso, claro está, como por la disconformidad con el poder establecido y por atreverse a cuestionar el dominio omnipotente del Barcelona y el Real Madrid en estos últimos años.
Por otra parte, también podría interpretarse el cholismo como el ‘conjunto de seguidores del Cholo’, de acuerdo con el paradigma apreciable en mourinhismo o, sin personalizar tanto, en celtismo, barcelonismo o sevillismo, entre muchos otros sustantivos con que se alude a los aficionados de estos equipos, a sus hinchadas respectivas.
Sea como sea, lo cierto es que esta racha victoriosa colchonera (ayer volvió a ganar contra el Athletic) sobreviene sin que Simeone haya impuesto a sus jugadores un esquema ultradefensivo o poco vistoso. Muy al contrario, en lo que va de temporada los rojiblancos han logrado espléndidas goleadas, convencidos de que el camino al triunfo no puede pasar jamás —perogrullada incluida— por la racanería del cerocerismo.
En este sentido, si los goles dan vida a los partidos y son la médula de este deporte, el cerocerismo, el ‘predominio de marcadores que indican cero a cero’, supone una especie de cáncer óseo futbolístico, tal y como se desprende de otros sustantivos como alcoholismo o tabaquismo, en los que el sufijo -ismo expresa enfermedad.
Sin llegar a ese extremo, no faltan los entrenadores que oponen al fútbol vistoso un pragmático resultadismo. Por analogía con victimismo o derrotismo, el sufijo -ismo designa una actitud: ¿el fin justifica los medios?, ¿hasta qué punto es lícito torturar a los espectadores con un estilo soporífero con el único objetivo de alcanzar la victoria?, ¿no se desvirtúa la esencia del fútbol como juego si, obsesionado un equipo con el resultado, se desentiende de disfrutar el partido en sí?
El sufijo -ismo, en definitiva, puede añadir numerosos matices a la palabra a la que se incorpora, desde la idea de doctrina hasta la de conjunto de seguidores, desde sugerir enfermedades hasta reflejar actitudes. Afortunadamente, el lenguaje futbolístico explora todas estas posibilidades y nos ofrece sobradas creaciones para que el espectador aprenda o tome conciencia de ellas.
¿De dónde vienen?
04/11/2013 | MARÍA LUISA GARCÍA MORENO (REVISTA EDUCACIÓN, CUBA, MAYO-AGOSTO, 2013)
Instruir puede cualquiera, educar…
Pariente de construir resulta ser el verbo instruir. Ambos —y de igual forma, destruir, obstruir, estructura e instrumento, así como sus respectivos derivados— proceden del latín struĕre, término que se originó de la raíz indoeuropea stru-, y que significa 'formar, amontonar'.
Instruir apareció en la lengua española por el 1330, directamente derivado del latín instruĕre (in + struĕre), y significa ‘enseñar, informar’; ‘comunicar sistemáticamente ideas, conocimientos o doctrinas’; ‘dar a conocer a alguien el estado de algo, informarle de ello, o comunicarle avisos o reglas de conducta’.
De instruir se deriva instrucción, del latín instructĭo, -ōnis, que entre sus acepciones más comunes tiene las siguientes: ‘acción de instruir o instruirse’, ‘caudal de conocimientos adquiridos’, ‘conjunto de reglas o advertencias para algún fin —acepción en que se usa por lo general en plural’.
Este término tiene también algunas acepciones más específicas, por ejemplo, en Informática, significa ‘expresión formada por números y letras que indica, en una computadora, la operación que debe realizar y los datos correspondientes’. Están además, ‘órdenes que se dictan a los agentes diplomáticos o a los jefes de fuerzas navales’ y a muchos otros funcionarios; ‘reglamento en que predominan las disposiciones técnicas o explicativas para el cumplimiento de un servicio administrativo’ o el manejo de un equipo; así como, instrucción militar, ‘conjunto de enseñanzas, prácticas, etc., para el adiestramiento del soldado’; incluso, tiene el término una acepción relacionada con lo judicial: ‘curso que sigue un proceso o expediente que se está formando o instruyendo’ y existen los llamados jueces de primera instancia y de instrucción.
De igual modo, se habla de instrucción pública, ‘la que se da en establecimientos sostenidos por el Estado, y que comprende la primera y segunda enseñanzas, las facultades, las profesiones y las carreras especiales’ y también de instrucción primaria, instrucción media o instrucción universitaria, términos que aluden al nivel de enseñanza. En este sentido, el concepto es muy amplio y se refiere a cualquier enseñanza.
Hablar del término instruir trae a la mente de cualquier cubano —más si es un educador— la máxima que, de forma incompleta, sirve de título a este trabajo: «Instruir puede cualquiera, educar solo quien sea un evangelio vivo» y, por supuesto, la figura de su creador; José de la Luz y Caballero, aquel sabio y patriota que supo inculcar en su pueblo el amor a la justicia y a la verdad, aquel a quien nuestro Martí llamó «el silencioso fundador».
HERMANOS
De la complicidad entre hermanos
Por Graciela Melgarejo | LA NACION - Buenos Aires
Twitter: @gramelgar | Mail: lineadirecta@lanacion.com.ar |
Los que tienen o han tenido hermanos lo saben muy bien: uno puede pelearse hasta el extremo de estar días, meses o incluso años sin hablarse, pero el vínculo profundo que lo une a su hermano no se destruye jamás. Hay una complicidad que nada puede borrar. Hay un código en común y, siempre, un lenguaje en común.
Es lo que ocurre entre los más de 500 millones de hispanohablantes -528, según las últimas precisiones de don Víctor García de la Concha, director ahora del Instituto Cervantes- y es lo que, de distintas maneras, quedó demostrado en el VI Congreso Internacional de la Lengua (CILE), en Panamá. Aunque no hayan pasado más de quince días de su realización, algunas conclusiones se imponen. Los primeros en sacarlas, los escritores, y está muy bien, porque nunca es bueno que un escritor se calle.
Las ponencias más comentadas fueron la de Mario Vargas Llosa y la de Sergio Ramírez, porque ejemplificaron cómo interpretar el tesoro de la lengua española desde muy distintos puntos de vista. José Luis Moure, presidente de la Academia Argentina de Letras, le expresó al periodista Guido Carelli Lynch que "los congresos de la lengua nunca son importantes desde el punto de vista científico; [el CILE] reúne gente vinculada al idioma, instituciones, editoriales y como elemento para poner la lengua en el tapete sirve". Y sirvió.
Es lógico entonces que haya observaciones muy transgresoras, pero bastante atinadas; por ejemplo, el escritor, periodista y diplomático Albino Gómez escribió a Línea directa un correo electrónico sobre los últimos comentarios del escritor colombiano Fernando Vallejo a propósito del idioma compartido. "Vallejo dice que las diferencias entre el español de América y el de España aumentan cada día: «En general, son diferencias de vocabulario y pronunciación. Como nosotros somos 21 países y ellos uno solo, diré que el español es el hispanoamericano y no el peninsular. España es una provincia anómala del idioma, de la que podemos olvidarnos, a ver si consumamos así nuestra independencia de ellos, que nunca ha sido completa»".
Y remata Vallejo, según el mail de Gómez: "La palabra «americanismo» debe desaparecer porque nosotros somos el idioma. La que tenemos que introducir entonces es «españolismo» para designar lo que es propio de España, o sea, lo anómalo".
Un precioso razonamiento, muy "vallejiano", con el cual, por supuesto, no hay que estar de acuerdo totalmente, porque ¿quién puede erigirse en dueño absoluto de nada, y menos de la construcción de un idioma, que es una tarea colectiva y, la más de las veces, inconsciente? Los académicos de la lengua, por ejemplo, no serán nunca elegidos por la decisión democrática de los millones de hispanohablantes y no por eso dejan de contribuir grandemente a la "unidad en la diversidad". Basta ver (y leer y entender) la versión beta del sitio de la RAE ( www.rae.es ) para darse cuenta de dos cosas: del inmenso trabajo realizado y de que la Gramática y la Ortografía están, ahora, más que nunca a la mano de cualquier hablante que tenga acceso a Internet y ganas de consultar sus dudas. No es menudo logro, hermanos.
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE
conveniar es ‘acordar algo mediante convenio’
Recomendación urgente del día
El verbo conveniar, derivado de convenio, está bien formado en español, por analogía con otros verbos surgidos a partir de sustantivos terminados en -nio, como ingeniar, de ingenio, o testimoniar, de testimonio.
A pesar de que la mayoría de los diccionarios aún no recogen el verbo conveniar, sí lo hace el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale), que lo define como ‘acordar mediante convenio algo’.
Y así, con este significado, se puede encontrar este verbo en diversos medios de comunicación: «Esto demuestra la incapacidad de las autonomías para conveniar la continuidad de estos servicios con las corporaciones locales», «Las visitas al museo se conveniaron con el Gobierno regional para este fin» o «Es la tónica normal de cualquier organización que tenga conveniado cualquier programa público con la Junta de Andalucía».
En todos estos ejemplos el verbo conveniar, que se conjuga como ingeniar, sustituye satisfactoriamente a la perífrasis acordar mediante convenio, conforme a la definición de la Asale, por lo que su uso no puede considerarse censurable.
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