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quarta-feira, 7 de maio de 2014

COMPENDIO ILUSTRADO Y AZAROSO>>

Cuarta edición del «Compendio ilustrado y azaroso» que recoge los consejos de la Fundéu BBVA

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FUNDÉU BBVA

La obra Compendio ilustrado y azaroso de todo lo que siempre quiso saber sobre la lengua castellana, editada por la Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA) en colaboración con la editorial Debate, continúa su andadura con el relato ameno y divertido de algunos de los usos más curiosos del lenguaje en periódicos, radios, televisiones y medios digitales.

Tras el éxito de las primeras ediciones en España y América Latina, el Compendio, que recoge algunas de las recomendaciones y respuestas de la Fundéu a las dudas o los errores más habituales del español, saca sus píldoras lingüísticas a las librerías en una cuarta edición.
¿Dónde fueron a parar las preposiciones so y cabe que todos estudiamos en el colegio? ¿Es correcto decir sexapil? La expresión no hay tutía ¿tiene algo que ver con una pariente? ¿Hay que poner punto en las cifras cuando son miles? Estas y otras muchas preguntas tienen respuesta en este libro de pequeño formato y cuya portada evoca a ediciones de otras épocas.
Desde su nacimiento en el 2005 como heredera del Departamento de Español Urgente de la Agencia Efe, la Fundéu —una entidad sin ánimo de lucro, promovida por la agencia de noticias Efe y patrocinada por BBVA, y que trabaja asesorada por la Real Academia Española— trata de impulsar el buen uso del idioma español en los medios de comunicación.

ALBERTO MANGUEL:


“El lector sigue decidiendo qué es un texto”

Entrevista. Hace pocos meses el gran ensayista argentino sufrió una embolia, cuyos detalles reconstruye aquí con tonos íntimos, de una milagrosa lucidez. Ante la reedición de su clásica historia de la lectura, analiza el crítico momento del ritual de los libros y comparte sus visiones.

Tiene algo de enciclopedia este libro que nos cuenta cómo ha sido la lectura a lo largo de la Historia. Como un universo que todo lo contiene, al recorrer seis mil años de palabra escrita, desde las tablillas de arcilla del cuarto milenio aC. hasta los tomos impresos y las licencias de lectura electrónica. Se trata de
Una historia de la lectura,de Alberto Manguel que se ha reeditado (Siglo XXI). Aunque no ha sido actualizado, es un tesoro con olor a descubrimiento, a hallazgo precioso. Aquí, bajo el consejo de un guía exquisito, volvemos a leer el retrato de lectores que cruzan el tiempo y las clasificaciones de autores (también lectores) como Aristóteles o Borges, Virgilio o Dickens. También por librerías, ediciones, bibliotecas y los rincones del mundo de la lectura. “A nosotros los lectores de hoy, en teoría amenazados con la extinción, aun nos queda por aprender qué es la lectura” dice Manguel en este libro que releemos. Estas palabras que mandó por escrito desde su hogar francés refieren a lectores y lecturas comprometidas y hablan de la infinitud del libro.

–Borges –en una muy conocida declaración de principios– decía que se enorgullecía más de lo que había leído que de lo que había escrito. ¿Cómo se calificaría usted como lector?
–Si la práctica sirve para algo, creo ser un buen lector, ya que van a ser más de sesenta años que practico este ejercicio.

–¿Cuándo se concibió el Manguel lector? ¿Qué pasaba en su vida en ese momento?
–Tenía tres o cuatro años cuando aprendí a leer. Antes, no había pasado nada, o al menos nada que pudiera poner en palabras. Después de ese momento, todo.

–Uno de sus trabajos clave en su vida intelectual ha sido el de lector para Denoél, Gallimard y Les Lettres Nouvelles en París, y para Calder & Boyars en Londres. ¿Qué características tiene ese trabajo de lector para las editoriales en la actualidad?
–Hoy casi no existe el trabajo de lector en una editorial. En las buenas que logran sobrevivir, el lector es ahora –casi siempre– el editor, que justifica el sacrificio que su oficio implica diciendo que al menos se da el gusto de publicar lo que quiere. Pero en los grandes grupos editoriales, los que deciden son la contaduría y el departamento de ventas, y basan su juicio no en la calidad literaria de un texto si no en el vaticinio de buenas ventas. No son lectores, son ineficaces adivinos que deciden publicar un libro porque el autor ha tenido la valentía de imitar a Dan Brown. Ciertamente no es el prestigio intelectual el que los lleva a elegir un título.

–Usted participó del ritual de leerle a Borges cuando estaba ciego ¿Qué aprendió leyéndole?
–Borges se hacía leer textos no para descubrirlos por primera vez sino para analizarlos. Cuando quedó ciego, decidió no escribir más prosa porque decía que para escribir prosa necesitaba “ver la mano escribir”. Pero después de un tiempo, se le ocurrieron varios cuentos (que constituirían El informe de Brodie ) y antes de empezar a redactarlos, como buen artesano, quiso estudiar cómo los grandes cuentistas que él admiraba habían construido sus relatos. El elegía un cuento (de Kipling, por ejemplo) y yo empezaba a leérselo, pero al cabo de unas pocas líneas me interrumpía para hacer un comentario sobre el estilo, la estructura, el ritmo. Hacía los comentarios para sí mismo, pero claro, yo aprendía escuchándolo.

–¿Esa actividad pareciera haber sido de sesiones infinitas? ¿Tenía algo de Scheherezade en las Mil y una noches?
–Sólo en el sentido que me salvó la vida. De otra manera, hubiera podido acabar siendo dentista o abogado.

–Usted escribió: “Aprendí pronto que la lectura es acumulativa y que avanza por progresión geométrica; cada lectura se construye sobre lo que el lector ha leído antes”. Es una idea que comparto pero no podría constatar. Me da la impresión de que la lectura hoy es fragmentaria y apurada y que no relaciona, precisamente, con posibles lecturas previas. ¿Cree que el contexto ha cambiado y que la lectura hoy se concibe de otro modo?
–No. Cada lectura que hacemos (de un texto electrónico, por ejemplo) es una lectura que ya ha pasado por muchas manos. Un texto electrónico no es nunca enteramente nuestro: alguien lo ha elegido, alguien lo ha copiado, alguien lo ha subido a la red, alguien ha decidido en qué contexto es presentado (“Cuerpo de mujer” de Pablo Neruda, presentado en un sitio dedicado a la literatura chilena no es el mismo texto, aunque las palabras no cambien, presentado en un sitio porno.) A través de esa multitud de lectores que nos preceden, tenemos que abrirnos nuestro propio camino, leyendo un tomito de Austral (colección de literatura de la década del 60) o una novela on-line.

–Ha vivido en culturas, lugares y lenguas diferentes. ¿Qué es lo que más valora de esa diversidad a veces elegida, a veces no?
No tener que juzgar una lengua superior a otra o una cultura más importante que otra, no sentirme obligado a someterme a ninguna nacionalidad, no tener que jurar lealtad a ninguna bandera y a ningún equipo de fútbol, no tener que reconocer a ningún político como una autoridad absoluta. Mi héroe es el Capitán Nemo.

–La pregunta sobre qué es la lectura, ¿es válida hoy? ¿Tenemos respuestas distintas de acuerdo a cada época?
–Cada época responde a su manera, con el vocabulario que tiene a mano. La pregunta no tiene una respuesta definitiva. Los neurocirujanos dicen que si supiésemos qué es la lectura, sabríamos qué es pensar.

–Ha escrito que el actor más importante en el hecho libresco –el lector– no tiene su historia. ¿Eso ha cambiado, el lector manda, es protagonista? Como pregunta Denis Diderot y que usted cita en el epígrafe de su libro: ¿el lector es el amo?
–Eso no ha cambiado. Desde el momento en que se inventó la escritura, el lector es el protagonista principal. La escritura no pudo inventarse sin inventar la lectura primero, ya que no puede establecerse un código de escritura sin antes establecer cómo será descifrado. Y el lector sigue decidiendo qué es un texto: el autor no puede hacer más que resignarse. Aunque imagino que muchos autores quisieran poder susurrar al oído de sus lectores: “¡Qué bueno! ¡Esto es un clásico!”

–¿Sus libros favoritos se mantienen en el tiempo o los va cambiando con el paso de los años? ¿Cómo se vuelven favoritos?
–Son como los enamoramientos: algunos duran toda la vida, como los libros de Alicia , otros se descubren tarde, como Dante, otros nos apasionaron un día pero ya no nos hacen sentir más que un poco de vergüenza por haberlos querido tanto.

–¿Confiesa que no leería a un autor en particular?
–No. Pero me bastan dos párrafos para saber si quiero seguir.

–¿Qué libro importante, conocido, recomendado no soportó o no terminó de leer?
–Son muchos. Entre los contemporáneos, Metaphysique des tubes de Amelie Nothomb,Plataforma de Michel Houellebecq, 2666 de Roberto Bolaño, la interminable trilogía de Stieg Larsson...

–Y respecto de los libros que usted escribió ¿qué clase de lector es en relación a ellos?
–Inexistente. Mis libros no están alojados en mi biblioteca.

–¿El traductor, puede ser un lector de calidad, ideal?
–Un traductor es un lector ideal porque tiene que leer mucho más allá de lo que el autor sabe que puso en el texto. Un traductor es alguien capaz de anatomizar un texto y volver a reconstruirlo sin las cicatrices visibles del monstruo de Frankenstein.

–¿Lee en tablets, iPad, kindles… ? ¿Qué tipo de experiencias le aporta la lectura en soportes digitales?
–No. No he tenido la necesidad de hacerlo.

–¿Cree que estos soportes ayudarán a difundir y a multiplicar la lectura?
–Pueden hacerlo. Pero ningún soporte, por sí mismo, puede volvernos más inteligentes, más curiosos, menos crédulos.

–¿La lectura sana y salva?
–Puede. Salvó por un tiempo a Haroldo Conti en la prisión de sus torturadores militares, salvó a Dostoievsky en su campo de detención en Siberia, salvó a Robinson Crusoe en su isla. También puede perdernos. La lectura condujo a Madame Bovary a su suicidio y al asesino de John Lennon a cometer su crimen.

–Hace pocos días publicó en The New York Times un artículo donde contó en primera persona su internación por una embolia cerebral que sufrió. ¿Cuánto lo ha cambiado el trance que padeció? (Ver nota adjunta)
–Me he vuelto más cauteloso, más consciente de esa criatura frágilmente milagrosa que es nuestro cerebro, más cansado, más contento de poder seguir leyendo.

–¿Ahora siente que ha cambiado la relación entre pensamientos y lenguaje en su interior?
–Bueno, cambiado no, soy más consciente del proceso.

–¿Qué leyó durante el tiempo de la internación?
Don Quijote . Pienso que para el hospital necesitamos un libro cuyo recorrido ya conocemos, cuyas sorpresas son consoladoras y cuyo autor es un viejo amigo.

–¿Alguien ofició de lector durante su internación?
–No. Afortunadamente no perdí nunca la capacidad de leer. Y cuando no podía leer por estar enredado en tubos y alambres, me recitaba cosas que sé de memoria, cosas buenas y cosas muy malas, porque la biblioteca que llevamos en la cabeza es una de las más generosas que conozco.

Del lenguaje zipeado

Los acortamientos léxicos conviven con las formas plenas cuando todavía es bien clara su pertenencia a un determinado registro (coloquial/formal) o sociolecto (habla de jóvenes/h. de adultos). Así, a pesar de estar neutralizándose cada vez más, celu alterna aún con celular del mismo modo que súper con supermercado. Pasado el tiempo, como lo prueban los históricos cine o subte, dominan el panorama y les dejan a los primitivos (cinematógrafo, subterráneo) unos pocos contextos. ¿Cuántos alumnos tienen presente que seño equivale a señorita, esa fórmula arqueológica usada para dirigirse a la maestra? Si bien el procedimiento existe y existió no solo en nuestra lengua (fan), la recurrencia a la apócope, su modalidad más frecuente, y el habitual desajuste a la situación de empleo terminan agotando un recurso genuino.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

comisario y curador 


de exposiciones


términos válidos

Recomendación urgente del día
Los términos comisario y curador son adecuados para definir al profesional cualificado técnica y creativamente que ejerce la labor de responsable de una exposición u otro tipo de actividades y eventos artísticos.
En la prensa española suele emplearse la palabra comisario para referirse a esa figura: «El comisario de la exposición destacó el valor de las obras expuestas»; mientras que en América se prefiere el término curador: «Peñaloza ha participado en varios proyectos editoriales y ha sido curador de exposiciones en México, España y Estados Unidos».
El Diccionario académico ha añadido recientemente una nueva acepción para el término comisario como ‘persona a quien se le encomienda la organización y dirección de una exposición o de otra actividad cultural o académica de duración determinada’.
En el caso de la palabra curador, aunque no esté recogida en el Diccionario académico con ese sentido preciso, su empleo para referirse al máximo responsable de una exposición está muy extendido en América y constituye un uso específico de la acepción general (‘que tiene cuidado de algo’).
De esa manera, tanto la expresión comisario de exposicionescomo curador de exposiciones se pueden considerar válidas.
Ver también: responsable de contenidos, mejor que content curator.

terça-feira, 6 de maio de 2014

A CONTRACORIENTE




Por  Enrique  Arias  Vega

Dicen que el castellano es uno de los idiomas más ricos en insultos, tacos y demás palabras malsonantes. No sé si será verdad; lo cierto es que muchos hablantes de otras lenguas cuando necesitan desahogarse sueltan reniegos en español. No conocerán, probablemente, otras palabras de nuestro idioma, pero los improperios, ternos y denuestos seguro que sí. Eso es lo que ha debido suponer Miriam González, esposa del viceprimer ministro británico, Nick Clegg. Al intervenir tras un discurso de su marido, ha dicho en inglés que los hombres que respetan a sus mujeres son los que tienen más testículos: “The ones with most cojones”, sin necesidad de traducir este último vocablo español. Aparte del efecto contundente que querría causar -y que de hecho ha conseguido-, es probable que nuestra compatriota desconozca otros sinónimos menos explícitos pero igual de expresivos sobre la valentía masculina. Y es posible, también, que sepa en cambio varias palabras inglesas menos zafias para comunicar la misma idea. Lo que sucede es que se están perdiendo las formas, y también la riqueza léxica, entre nuestras generaciones más jóvenes. Sobre todo entre las mujeres.
Ya no es sólo que hablen como carreteros los participantes en Hombres, mujeres y viceversa y otros engendros televisivos, sino que la propia vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, dice en plena sede de la soberanía nacional que “en mi puta vida he recibido un sobre”.
La buena mujer probablemente pueda presumir de honradez, cosa que ignoro, pero no puede jactarse en cambio de buena educación ni de respeto a unos oyentes que, como acabemos hablando como ella y sus congéneres, convertiremos nuestra conversación en un lodazal lingüístico y terminológico.

MARÍA VICTORIA ATENCIA


Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana

Día 06/05/2014 - 14.22h

El jurado ha destacado la capacidad de la poeta malagueña «de convertir lo cotidiano en lo trascendente», hasta cristalizar «con su poesía lo presente»

María Victoria Atencia, Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana





María Victoria Atencia (Málaga, 1931) ha ganado la XXIII edición delPremio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, considerado uno de los más importantes de cuantos se conceden en este género.





Concedido conjuntamente por Patrimonio Nacional y la Universidad de Salamanca y dotado con 42.100 euros, el galardón reconoce «el conjunto de la obra poética de un autor vivo que, por su valor literario, constituya una aportación relevante al patrimonio cultural compartido por la comunidad iberoamericana».
La escritora Soledad Puértolas, que formaba parte del jurado en esta edición, ha resaltado la «capacidad de convertir lo cotidiano en lo trascendente» de Atencia, quien «con su poesía cristaliza lo presente y lo llena de luz».
La autora malagueña, perteneciente a la Generación del 50, mostró desde niña inclinación hacia la poesía, la pintura y la música, disciplinas que cultivó en el colegio. En 1955 se casó con Rafael León, que pasó a convertirse en su guía y editor, e hizo que María Victoria se entregara de lleno a la poesía.
Es académica numeraria de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo y en 2012 fue postulante al sillón «n» de la Real Academia Española junto a Carme Riera, siendo está última la elegida para ocuparlo. Atencia fue propuesta por Soledad Puértolas, Inés Fernández Ordóñez y Luis María Ansón.
Entre sus galardones detacan el Premio Andalucía de la Crítica, el Premio Nacional de la Crítica y el Premio Luis de Góngora de la Letras Andaluzas. En 2010 obtuvo el VII Premio Federico García Lorca, el de mayor dotación de los galardones de poesía de habla hispana (50.000 euros). Atencia es Hija Predilecta de Andalucía y doctora Honoris Causa por la Universidad de Málaga, además de Autora del Año 2014 en Andalucía.
El jurado de la XXIII edición del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoameriacana ha estado formado por el poeta y ensayista portuguésNuno Júdice, ganador de la edición anterior; por el director de la Real Academia de la Lengua Española (RAE), José Manuel Blecua; el presidente de Patrimonio Nacional, José Rodríguez-Spiteri; la directora de la Biblioteca Nacional, Ana Santos; y el rector de la Universidad de Salamanca, Daniel Hernández, entre otros. El premio será entregado por Dona Sofía durante el último trimestre del año en una ceremonia en el Palacio Real de Madrid.

Su obra:

GABRIEL GARCÍA MARQUEZ

De principio a fin


Lo mejor de los libros escritos en el español de América eran sus comienzos asombrosos


Casi lo mejor de aquellos libros escritos en el español de América eran sus comienzos asombrosos. Se leía la primera línea y ya se estaba en el interior de un mundo, en el desafío de un misterio, en la corriente de una historia. Eran principios que nos parecían tan poderosos como los de los grandes relatos originarios, el del Génesis o el del Quijote, el deEn busca del tiempo perdido, la Ilíada. Delante del pelotón de fusilamiento el coronel Aureliano Buendía se acuerda de la mañana remota en que su padre lo llevó a descubrir el hielo. Alguien vino a Comala porque le habían dicho que allí vivía su padre, Pedro Páramo. Durante tres días y tres noches del carnaval de 1927 la vida del Emilio Gauna de Bioy conoce su primera y misteriosa culminación. La candente mañana de febrero en la que Beatriz Viterbo murió un personaje que se llama Borges dice que notó que en los cartelones de la plaza Constitución habían cambiado un anuncio de cigarrillos. En una mañana gris de Lima un periodista joven encuentra por casualidad a un antiguo conocido y al mismo tiempo que se va desgranando el principio de una historia unas palabras actúan como un motivo musical: “Zavalita, ¿en qué momento se jodió el Perú?”. En un pueblo de una serranía punteada de sanatorios antituberculosos el dueño de un colmado ve llegar a un viajero y se fija en sus manos, y en esa figura alta y sombría de Los Adioses uno reconoce un autorretrato de Juan Carlos Onetti con la misma familiaridad con la que lee las primeras palabras definitivas de la historia: “Quisiera no haber visto del hombre nada más que las manos”…En cada arranque hay una interrogación y una búsqueda. Con mucha frecuencia también un viaje, una caminata. En el principio de la primera línea de Rayuela hay una pregunta que contiene cifrado en su brusca brevedad el hilo de la historia, del que habrá que ir tirando poco a poco hasta quedar envuelto en ella: “¿Encontraría a la Maga?”. No sabemos quién habla, si es hombre o mujer, ni sabemos si quiera si habla en primera o en tercera persona, y el nombre tan raro de la mujer que provoca esa búsqueda es un motivo nuevo de incertidumbre, porque además no es un nombre, sino un apodo, más alarmante visto ahora que cuando lo leíamos de muy jóvenes.
Empieza la narración, pero ya está en marcha la novela: como si tropezáramos caemos en medio de ella, como quien entra a una sala oscura con la película empezada. De buenas a primeras nos encontramos, como los personajes, en el trance de un descubrimiento, y ya no podemos parar la lectura hasta que no lleguemos al fondo de todo. Cuál es la historia que trae consigo el enfermo alto de Onetti; cuál es la razón de esa atmósfera fantasma de Comala, con sus casas vacías y sus voces venidas de ninguna parte; qué estaba oculto en la vida de Beatriz Viterbo y en uno de los últimos escalones del sótano de su casa; adónde llevarán sus pasos a Horacio Oliveira, por París y por Buenos Aires; qué malla de corruptelas, crueldades y cobardías mantuvo sometido a Perú a una dictadura militar de ocho años; cuántas historias caben en la vida de un solo hombre, en el relámpago de despedida y rememoración antes de que los fusiles lo derriben, cuando le sobreviene ese recuerdo infantil que lo devuelve a la fundación del mundo.
Mi amor por la literatura incluía un acopio de primeras frases. Y la emoción era mayor porque aquellos escritores estaban vivos y escribían en mi propio idioma, aunque en variantes que a mí me parecían más libres, dotadas de una flexibilidad y de un rumor de habla que no solía encontrar en la mayor parte de la literatura de mi propio país. Aquellas novelas, aquellos cuentos, no habrían sido tan buenos sin la contundencia irresistible de sus arranques. Era como leer el principio de¡Absalom, Absalom! o el de Luz de agosto, con la muchacha negra sentada al costado del camino, embarazada, con los pies descalzos en el polvo, mirando venir una carreta lenta; o como empezar La metamorfosis o Por el camino de Swann. Había una exaltación física: las dos manos apretando el libro abierto y combando las hojas, la cabeza inclinada, el mundo exterior dejado en suspenso, aunque uno anduviera por la calle o en un autobús. Raymond Chandler también tenía el don de los comienzos suntuosos: en el de El largo adiós Philip Marlowe recuerda la primera vez que sus ojos vieron a Terry Lennox, desmoronándose borracho en un coche recién abierto, cayendo al suelo de un aparcamiento.
De joven yo leía a García Márquez para aprender a hacerme escritor. Luego lo seguía admirando, pero ya había dejado de leerlo
La muerte de Gabriel García Márquezes uno de los finales tristes de aquellos principios, y la tristeza no es solo la del apagarse de una vida y el paso del tiempo. De muy joven uno no sabe que hay arranques de historias tan demasiado brillantes que han de acabar forzosamente en finales sin lustre, en la decepción de las promesas que no podían cumplirse. La apoteosis póstuma del escritor elevado a monumento ahoga el rumor siempre en voz baja de la literatura. Guardias presidenciales, banderas, disputas sobre el destino de las cenizas, como sobre las reliquias milagrosas de un santo. Que se quiera exhibir una parte de las cenizas del escritor en una urna de vidrio, en el museo de su ciudad natal, quizás es una prueba de que las desmesuras del realismo mágico pueden ser tan perjudiciales en la vida cívica como en la novela. Gobiernos oligárquicos que niegan a la inmensa mayoría de sus ciudadanos el derecho a la educación y por lo tanto al disfrute de la literatura se condecoran a sí mismos con la pompa vacía de la glorificación del escritor y gastan en ella lo que no gastarán nunca en bibliotecas ni escuelas públicas ni becas de estudio. Personajes de rango económico y político nos informan en sus necrológicas de la amistad —entrañable— que los unía al difunto y hasta de la alta opinión que este tenía de ellos.
De muy joven yo leía a Gabriel García Márquez para aprender a hacerme escritor. Luego, en algún momento, lo seguía admirando, pero ya había dejado de leerlo. Mi idea de la escritura se fue volviendo más austera, y la sobreabundancia verbal que antes me había, literalmente, encantado, ahora me fatigaba, con su monotonía de desmesuras y prodigios. García Márquez empezó a representar para mí una clase de escritor a la que me siento muy ajeno: el escritor Victor Hugo, que actúa ya en vida como un monumento de sí mismo, que proyecta sobre un país entero su sombra excesiva de caudillo. Me gusta más el escritor reservado, el escritor Onetti o Flaubert. Lo que más me queda de la obra de García Márquez es el recuerdo de los artículos que publicaba en EL PAÍS en los años ochenta y esa primera frase que sigo sabiéndome de memoria, seguida ahora por un gran espacio en blanco. Por curiosidad literaria, por lealtad a lo que me importó tanto, me hago el propósito de abrir de nuevo la novela y leerla de principio a fin.
www.antoniomuñozmolina.es

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