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quarta-feira, 27 de agosto de 2014

LATÍN

     El latín, 

un poco menos muerto

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SOFÍA FERNÁNDEZ SAAVEDRA  (AGENCIA EFE)

El latín, germen de las lenguas que hoy hablan cientos de millones de personas, deja de estar «muerto» esta semana en Madrid en el curso estival CAELVM, donde sirve de lengua franca a un centenar de catedráticos y docentes de España, Alemania, Portugal, Alemania, Reino Unido, México, Colombia, EE. UU. y Dinamarca.

Desde la antigua Roma, llegan al siglo XXI frases latinas como Unde venis? -¿De dónde vienes?- Quota hora est? -¿Qué hora es? o Quid est? -¿Qué pasa?- de la mano de la segunda edición de este programa, que ha inaugurado y clausurará el catedrático emérito de la Universidad alemana de Heidelberg, Michael von Albrecht.
Durante esta semana, el colegio mayor Nuestra Señora de Guadalupe, ubicado en el campus de la Universidad Complutense, es el lugar elegido para que el latín se convierta en una lengua «más cercana» y se comunique «viva» a los alumnos.
«El latín no es solo un cadáver que se disecciona», apunta el arquitecto y mecenas de CAELVM, Antonio Capellán, que desde que estudió en un seminario nunca ha dejado de tener contacto con esta lengua.
¿Por qué este nombre? Porque CAELVM, además de ser el acrónimo de Curso Estival de Latinidad Viva Matritense, «significa cielo» en latín y es un guiño al popular dicho atribuido a Carlos III «De Madrid al cielo, y en el cielo, un agujerito para verlo».
Junto a Von Albrecht, imparten este curso en latín un profesor para el nivel de expertos que utilizará textos de Tomás Moro; y tres profesores españoles para los grados medios, que también se compaginarán con dos alemanes para las clases del tercer escalón.
Los alumnos son principalmente profesores de instituto españoles que buscan aprender un método de enseñanza del latín que despierte el interés de los estudiantes y que fomente la comunicación de esta lengua «por sí misma».
Las clases, que se caracterizan por la interactuación entre el profesor y los alumnos, giran en torno al método de enseñanza que Hans H. Orberg acuñó en su obra Lingua Latina per se ilustrata.
El objetivo es dejar atrás el recitado de declinaciones y homologar la enseñanza del latín a otras lenguas «vivas» para captar el interés de los estudiantes.
Nada más poner el pie en las aulas en las que se imparte el curso no se habla otra lengua que no sea el latín: «El latín se debe impartir en latín como el inglés se enseña en inglés o el francés en francés», afirma Capellán, que leyó en esta lengua al arquitecto romano Vitrubio para estudiar arquitectura.
Por su parte, Von Albrecht, quien aprendió la lengua clásica de niño mediante juegos gracias a su padre, señala que aprender las declinaciones es útil pero «monótono» y «aburrido».
Por ello, él opta por enseñar el latín, «raíz de todas las lenguas», de una manera «más viva» y placentera, como lo «aprendió el escritor alemán Goethe».
Para romper la monotonía de la primera clase de la mañana, Capellán ha contado un chiste en latín que ha provocado las risas de los alumnos y solo entendería un iniciado.
Capellán, calificado por Von Albrecht como un «auténtico hombre nacido en Roma», sostiene que no se puede seguir olvidando la lengua por la que se ha legado a generaciones y generaciones toda la cultura clásica.
«Es un acto de piedad con nuestra sociedad, hay que volver la vista atrás a los orígenes donde se fundamentan los valores de nuestra cultura», razona.
El programa del curso también incluye actividades relacionadas con la oferta cultural de Madrid y tendrá como broche final una disertación de Von Albrecht, el próximo sábado, sobre proverbios latinos.
Porque, según el erudito, «el latín en una lengua como las otras, incluso un poco más bonita que las demás».

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

la ELA, no el ELA

Recomendación urgente del día
La sigla ELA (de esclerosis lateral amiotrófica) concuerda en femenino con el artículo: la ELA. En los medios informativos se aprecia vacilación respecto al modo de referirse a esta enfermedad: «La campaña de ayuda para el ELA sigue mojando a famosos», «Europa se vuelca en la investigación del ELA y España participa» o «Nadal acepta el reto y se moja por la ELA».
Dado que el género de la sigla es el de la palabra principal que la compone, lo adecuado en este caso es emplear el artículo la, al seresclerosis un término femenino.
Además, se recuerda que la sigla se escribe en mayúsculas (ELA), pero si se opta por emplear el desarrollo de esta (esclerosis lateral amiotrófica) lo apropiado es escribirlo con minúsculas por ser un nombre común, al igual que otras enfermedades, como VPH y virus del papiloma humano, tal como señala la Ortografía de la lengua española.

terça-feira, 26 de agosto de 2014

RAYUELA


Las mejores frases de «Rayuela»
ABC.ESABC_CULTURA / MADRID


En el centenario del nacimiento de Julio Cortázar, volvemos a una de sus grandes obras para recordar sus sentencias más significativas


ABC


La esperanza y la vida

«Probablemente de todos nuestro sentimientos el único que no es verdaderamente nuestro es la esperanza. La esperanza le pertenece a la vida, es la vida misma defendiéndose».

El amor

«Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa».

Vivir de otra manera

«Pero habría que vivir de otra manera. ¿Y qué quiere decir vivir de otra manera? Quizá vivir absurdamente para acabar con el absurdo, tirarse en sí mismo con una tal violencia que el salto acabara en los brazos de otro».

El valor de empezar de nuevo

«Nada está perdido si se tiene por fin el valor de proclamar que todo está perdido y que hay que empezar de nuevo».

El tiempo

«Todo dura siempre un poco más de lo que debería».

Envejecer
«Después de los cuarenta años la verdadera cara la tenemos en la nuca, mirando desesperadamente para atrás».

Preguntas y respuestas

«El hombre es el animal que pregunta. El día en que verdaderamente sepamos preguntar, habrá diálogo. Por ahora las preguntas nos alejan vertiginosamente de las respuestas».

La risa y las lágrimas

«La risa ella sola ha cavado más túneles útiles que todas las lágrimas de la tierra».

La música

«¡Música! Melancólico alimento para los que vivimos de amor».

Ser uno mismo

«Cómo cansa ser todo el tiempo uno mismo».

EL IDIOMA ESPAÑOL



¡Ah, el español! es el idioma 

para hablar con Dios


Ya en la época platónica se discutía sobre el sentido de las palabras, discusión que se mueve entre dos polos opuestos; uno, mantiene que ese significado contiene ciertos sonidos que expresan la esencia de lo nombrado; y dos, ese sentido es totalmente arbitrario y depende de la práctica y uso que le hayan dado los hablantes.

Desde el diálogo Crátilo de Platón, donde él y Hermógenes discuten sobre el sentido de las palabras, hasta nuestra época, son muchas las interpretaciones que se le han dado al uso del lenguaje. Sin entrar en esa apasionante discusión, quiero destacar el afán de cambiar el significado de algunas palabras según el capricho de quien se siente con “poder”, así como estropear el lenguaje culto para adaptarlo a una supuesta “versión popular”.

Recordemos el Calendario Republicano Francés, formulado durante la Revolución Francesa, acogido por la Convención Nacional Francesa y usado durante los años comprendidos entre 1792 y 1806. El motivo de la creación de ese nuevo calendario estuvo centrado en dos aspectos primordiales: adecuar el calendario al sistema decimal y borrar de manera definitiva toda connotación religiosa que tuviese el calendario usado hasta ese momento. Los meses adquirieron nombres relacionados con la agricultura y fenómenos naturales; así, vendimario, brumario, frimario, por tan sólo recordar los meses del otoño. En cuanto a los días, en lugar de relacionarse con un santo como ocurre en nuestro calendario usual, se les asoció con una planta o mineral, un animal o una herramienta; el primer día de Vendémiaire fue llamado Raisin (uva); o al último día de Thermidor se le adjudicó el nombre de Moulin (molino). Más allá de los inconvenientes que ese cambio originó, fue hecho con una clara intención y elaborado por un matemático, Gilbert Romme, ayudado por astrónomos, y el poeta Fabre d’Eglantine, quien ideó los nombres de los meses y los días.

Otro cambio que suele ocurrir en los tiempos tormentosos de las revoluciones es la sustitución de los nombres en calles, estados, provincias, plazas. Así, en nuestra Venezuela de hoy, hemos visto desaparecer el nombre de Sofía Imber en el Museo de Arte Contemporáneo, como también nuestro hermoso Parque Nacional El Ávila fue rebautizado Parque Nacional Waraira Repano; podríamos seguir enumerando esos cambios de nombre, pues es larga la lista; sin embargo, creo que bastan esos ejemplos para mostrar que aun cuando no se compartan las “razones” que originaron esos cambios, hay una explicación para hacerlos. Podemos contraargumentar, rechazarlos, pero hubo “un motivo”, consistente o blandengue, aceptable o reprochable.

Ahora bien, el atropello que sufre el idioma día a día no puede ser ni explicado ni justificado. No me refiero al caprichoso lenguaje que se usa habitualmente en las redes sociales; me refiero al empeño de los grupos oficialistas en desvirtuar expresiones y locuciones cuyos significados no solo están regulados por la Real Academia, sino por el uso del hablante, quien, en definitiva, impone el empleo de un vocablo.

Resulta que “ajustar” es “concertar el precio de algo”, según la RAE; y “concertar”, a su vez, significa “tratar del precio de algo”. Pero aquí nadie ha concertado ningún precio; ese famoso “ajuste” no es más que un incremento, le guste o no a quien habla de “ajustar”.

Otro capítulo de esta horrorosa ficción de manejo adecuado del lenguaje a las exigencias del “modo popular del habla”, es el referido a la aparición en el horizonte de las palabras mal empleadas, verbos mal conjugados, locuciones mal construidas. En buen castellano, verbos como forzar, soldar, avergonzar, apretar, diptongan la primera sílaba al encontrarse acentuada la vocal fuerte, sea la o, sea la e, y dan fuerzo, sueldo, avergüenzo, aprieto, y no las formas incorrectas de forzo, soldo, apreto.

Lo más trágico de toda esta distorsión lingüística es la descalificación de quienes saben usar el lenguaje. En días pasados, leí con más tristeza que asombro, cómo queriendo descalificar a un conocido político le acusaban de usar un lenguaje elitista, solamente comprendido por los escuálidos. ¡Vaya, por Dios!

Y pensar que en una ocasión, el gran Víctor Hugo, respondiendo a una pregunta que le fue hecha sobre las bondades de los idiomas, respondió: “El inglés es ideal para hablar de negocios, el alemán se hizo para las ciencias, el francés es el lenguaje del amor y el español, ¡ah, el español!, es el idioma para hablar con Dios”. También se cita algo similar atribuyéndose al gran Carlos I de España, Carlos V, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.

JULIO CORTÁZAR


El niño de los cien años

Hoy se cumple el centenario de Julio Cortázar, autor de 'Rayuela'


El niño. Le dijo a Elena Poniatowska, en una de las cuatro entrevistas que tuvieron, que se sintió mal de niño: “Sí, yo creo que fui un animalito metafísico desde los seis o siete años. Recuerdo muy bien que mi madre y mis tías —mi padre nos dejó muy pequeños a mi hermana y a mi—, en fin, la gente que me veía crecer, se inquietaba por mi distracción o ensoñación. Yo estaba perpetuamente en las nubes. La realidad que me rodeaba no tenía interés para mi. Yo veía los huecos, digamos, el espacio que hay entre dos sillas, si puedo usar esa imagen. Y por eso, desde muy niño, me atrajo la literatura fantástica”.
La gente. Su primer libro importante, o ambicioso, Los premios (1960), está lleno de gente que se va en un barco, de Buenos Aires a Europa. Gente vulgar, todo tipo de gente. Tiene esta admonición de Dostoievski, nada más empezar: “¿Qué hace un autor con la gente vulgar, absolutamente vulgar, cómo ponerla ante sus lectores y cómo volverla interesante? Es imposible dejarla siempre fuera de la ficción, pues la gente vulgar es en todos los momentos la llave y el punto esencial en la cadena de asuntos humanos; si la suprimimos se pierde toda probabilidad de verdad”. Para sintetizar a Dostoievski, así empiezaLos premios: “La marquesa salió a las cinco —pensó Carlos López—. ¿Dónde diablos he leído eso?”. Estaban en el London, la cafetería de Buenos Aires, en Perú y Avenida, y a partir de esa pregunta en la que intervienen los diablos, esa gente empieza a desvariar. El resultado es la locura, que es la razón envuelta en el misterio.
La noche. Ese desvarío de Cortázar y de su gente de ficción alcanza su cima en Rayuela (1964), que fue leída (que es leída) como un breviario de la soledad y la noche, un monumento literario al amor, a la extrañeza y al tiempo. Lo preside el juego, pues Cortázar quiere que lo leas como te dé la gana, pero si le quitas a esta inmensa cebolla literaria toda esa pasión lúdica que se le atribuye a Julio lo verás solo, despojado, hablando solo y de noche, en París pero también en Buenos Aires. Como si Rayuela hubiera sido escrita ante el espejo de un hombre solitario que convoca (como dice Dostoievski) a muchísima gente que, en este caso, se pregunta cuánto durará un niño. El niño se llama Rocamadour; los lectores de Rayuela solíamos vernos en esa criatura indefensa. Y en el niño no era difícil ver también la metáfora que Cortázar le atribuía a la infancia.
Momias. La recepción de Rayuela asombró a Cortázar, a su editor (y amigo) Paco Porrúa, porque entonces (son palabras de Juan Carlos Onetti) por el mundo literario había (no se han marchado) “infinitas momias”. Cuando Félix Grande le dedicó a Julio un número especial de Cuadernos Hispanoamericanos (octubre-diciembre de 1980) Onetti se lo dijo en una carta: “(… sin previo aviso, apareció Rayuela. Ahí Cortázar se descolocaba y colocaba. Se descolocaba de la tradición novelística de nuestros países, aceptada o robada de lo que se escribía en España o Francia. Su actitud resultó escandalosa para infinitas momias, rechazo que no lo conmovió porque deliberadamente se trataba de provocarlo”. Quien no se asombró fue Luis Harss, el gran escritor argentino que provocó (con Los nuestros) el conocimiento de todos los que, alrededor de Cortázar, hicieron boom.
Jóvenes. Seguía Onetti con su entusiasmo secreto y veterano: “Y el autor se colocaba, sin buscarlo, sin buscar nada más o menos que un entendimiento consigo mismo, al frente de una juventud ansiosa de apartar de sí tantos plomos, de respirar un poco más de oxígeno, de entregarse con felicidad a la zona lúdica y sin respuesta satisfactoria de su propia personalidad”. Esos jóvenes se pusieron en fila entonces. Pero luego, treinta años después, cuando Cortázar volvió a reinar en las librerías españolas, tras un interregno que inauguró su muerte (en 1984), otros jóvenes dieron varias veces la vuelta a la Fundación March de Madrid para escuchar jazz y palabras en honor de Julio Cortázar; para ese acontecimiento vino su viuda, Aurora Bernárdez, y el pintorEduardo Arroyo dibujó el capítulo 7 de Rayuela, que fue como un banderín de enganche de la ternura que hay dentro de ese libro de gente perdida en la noche. Ahora de esto hace veinte años, y Rayuelasigue como el papel fresco.
Usted. El editor que creyó en él, que lo condujo, fue Paco Porrúa, que desde hace rato vive en Barcelona. Estaban trabajando en la revisión deLos premios, era marzo de 1960, y él trataba a su editor todavía de usted. Y casi jugando llega a otro libro, que le ofrece. “Hace un par de semanas terminé la revisión de Los premios, que mandé ya a Sudamericana. Me acordé entonces de lo que me había dicho usted sobre los cronopios, y me puse a buscar esos papeles que andaban bastante desparramados por toda la casa, como corresponde a cosas de cronopios. Pero finalmente aparecieron, algunos salpicados de sopa y otros con evidentes huellas de taco de goma (…) Ahora que junté todos esos pequeños textos, y los estuvimos leyendo y criticando con Aurora, tengo la impresión de que no se excluyen de ninguna manera, aunque reflejan distintas épocas e intenciones. (…) Si sigue usted con ganas de publicar esas cosas, será cuestión de que primero me escriba diciendo con su franqueza habitual (y que es la razón (una de las razones) de mi simpatía por usted) los méritos y deméritos del bicharraco”.
Risa. Así se iban haciendo los libros; ante Plinio Apuleyo Mendoza (el escritor colombiano) se asombraba en París, cuando ya tenía 64 años y seguía pareciendo un niño de dientes separados, de la cantidad de libros que había publicado; tenía la certeza, decía, de que eso debía constituir un error, “no son míos”. Los iba haciendo así, como si fueran bicharracos pintados desde dentro pero con risa. Así hizo La vuelta al día en ochenta mundos (1967); con la ayuda de su amigo el pintor Julio Silva (que hizo la portada, los interiores) no sólo lo escribió sino que lo construyó, como quien dibuja una rayuela. Todo lo que tocaba o recortaba, todo lo que veía viajando o sentado, todo lo que le inspiraba el exterior, se convirtió en literatura. Como si el niño que siempre fue le llevara la mano y le hiciera recortables. Así hizo también, con las fotos tremendas de Antonio Gálvez, Prosa del observatorio(1972). En esos dos libros están sus descubrimientos y la gente, miradas para que permanecieran aún siendo vulgares, o extraordinarias.
Fin. El fin vino después de varias tristezas, la muerte de Carol Dunlop, su propia enfermedad. Mario Muchnik, su amigo y editor, lo invitó a su molino de Segovia. Cortázar podía ser circunspecto o alegre, pero en ambas actitudes conservaba la mirada del niño que fue, asustado o curioso. Aquí, sin embargo, en su último viaje español, su mirada era esencialmente la de la tristeza. Muchnik lo retrató en una fotografía inolvidable en la que Julio aparece escribiendo sin decir cómo le habían sobrevenido el tiempo con su noche. Aquel niño que fue siguió con él, un animalito metafísico buscando el hueco

CE, ZETA Y ESE...



   Letras hermanitas

 |  
JAIRO VALDERRAMA V. (UNIVERSIDAD DE LA SABANA, COLOMBIA)


Muchas dudas agobian a los hispanohablantes americanos cuando escriben las letras ce, zeta y ese.


De esas incertidumbres, sin embargo, se libra la mayor parte de los españoles, porque esa pronunciación, que a nosotros nos suena mezclada con jota y de (jd), para ellos resulta en casi todos los casos muy habitual: «conjdierto», «canjdión», «lápijd», «vorajdes», que equivaldrían a nuestros «concierto», «canción», «lápiz» y «voraces». Resultarían, por ejemplo en los verbos, palabras como «pertenejdco», «conojdco», «padejdco» y «hajder», que sonoramente escribiríamos «pertenezco», «conozco», «padezco» y «hacer».
Cualquier americano que hable español tomaría como pretexto esa falta de distinción sonora entre la zeta y la ce, por un lado, y la ese, por el otro, cuando escriben erróneamente una infinidad de palabras con estas letras. No obstante, nuestros siempre bien acogidos hermanos de la península Ibérica sí logran establecer esta diferencia, porque aun antes de llegar a este mundo quizás ya han escuchado expresiones como «corajdón, najderás en marjdo» («Corazón, nacerás en marzo»).
Para redondear y darles elementos de orientación a los lectores que nacieron en el único continente que une por tierra el Polo Norte con el Polo Sur, y hablan la lengua de Miguel (El Inmenso), aclaro que las letras zeta y ce son hermanitas. Por favor, por ahora, vamos a posponer la aclaración acerca de la paternidad de estas.
Un truquito bastante útil ayuda a considerar la escritura de algunas palabras que llevan estas letras para relacionarlas con aquellas que son derivadas. Por ejemplo, si ya sabemos que verbos como «enternecer», «reconocer», «perecer», «padecer» y muchísimos más se escriben con ce, pues, al modificarlos en su conjugación, cambian a zeta. Atentos: de zeta a ce, o de ce a zeta. Para nada mezclemos aquí la letra ese. Entonces, si decimos «enternecer», al conjugar el verbo quedará «enternezco», «enternezca», y así con los demás:
«reconocer» («reconozco» o «reconozca»), «perecer» («perezco» o «perezca»), «padecer» («padezco» o «padezca»). O la orden para ejecutar acciones con el verbo «hacer» (con ce): «Haz tu tarea» (cambia a zeta).
Otras personas se confunden un poco cuando aparecen ciertos adjetivos que terminan en un sonido que  (otra vez) a nosotros los hablantes del español americano nos resultan iguales. Y sonoramente sí son iguales, pero en la escritura debe notarse la diferencia. Por ejemplo, «dantesco», «quijotesco» (¡qué lindo adjetivo!), «grotesco» (¡qué feo!). Estas palabras no son verbos, sino adjetivos; por eso, deben escribirse con ese.
Desde este punto de vista, los motivos para cometer desaciertos en el uso de nuestra lengua parecen ser mayores para nosotros, los americanos, que para los herederos directos de Hispania. A pesar de ello, el «esfuerjdo» por superar este «tenajd» problema apenas demanda «jdierta» «conjdentrajdión».  ¿Se entendió?
Citemos ahora el caso de algunos sustantivos y adjetivos que terminan en zeta en su forma singular: «doblez», «veraz», «fugaz», «pertinaz», «nariz», «secuaz», «haz», «voraz», «capaz», «feliz», «juez», «actriz», «lombriz», «pez», «barniz», «invalidez», «estupidez», «palidez» o «vejez». Por supuesto, hay muchísimos más, pero dejemos solo estos a manera de modelos.
Cuando es necesario pluralizar palabras como estas, basta con convertir la zeta en ce (por eso son hermanitas) y luego añadir las letras e y ese, de acuerdo con las normas de la Real Academia Española.
Entonces, esas mismas palabras, en plural, serán las siguientes: «dobleces», «veraces», «fugaces», «pertinaces», «narices», «secuaces», «haces», «voraces», «capaces», «felices», «jueces», «actrices», «lombrices», «peces», «barnices», «invalideces», «estupideces», «palideces» o «vejeces».
Por eso, quizás los prejuicios populares resultan tan simpáticos. Por ejemplo, cuando se cae un zapato, una persona dice: «Me están pensando por la letra ese». «Ese debe de ser el César», responde otra. 
Con vuestro permiso.

NUEVO DICCIONARIO HISTÓRICO DEL ESPAÑOL


 |  
REAL ACADEMIA ESPAÑOLA (RAE)


El artículo segundo de los estatutos vigentes establece que la Academia «perseguirá la elaboración del Diccionario histórico de la lengua española».


Fiel a este mandato, el Nuevo diccionario histórico del español (NDHE), proyecto vinculado al Instituto de Investigación Rafael Lapesa, pretende presentar de modo organizado la evolución del léxico español a lo largo del tiempo. Su director es el académico José Antonio Pascual.
El objetivo fundamental del NDHE consiste en ofrecer a los filólogos, y al público en general, aquella información relevante sobre la historia de las palabras que les permita interpretar los textos del pasado. Para ello se dará cuenta de la evolución de los significados de las palabras e incluso de los usos lingüísticos accidentales de una época determinada. Para cumplir este fin básico, el NDHE se basará en los métodos de la lingüística, la filología y la informática. El hecho de que esta obra se conciba como un diccionario electrónico permite presentar la evolución de las unidades léxicas teniendo en cuenta las relaciones (genéticas, morfológicas, semánticas, etc.) que estas mantienen entre sí, de forma que se sitúe la evolución de las palabras dentro de la red de conexiones establecidas entre ellas.
Un proyecto de gran envergadura como este, concebido como un trabajo de investigación aplicada, cuya terminación exige un amplio espacio de tiempo, obliga a actuar con gran pragmatismo. El trabajo se desarrolla de manera gradual, en distintas etapas, lo que permite ir dando cuenta progresivamente de los resultados parciales, para que lo realizado pueda ser consultado cuanto antes por los filólogos y los estudiosos de la lengua en general.
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