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terça-feira, 13 de janeiro de 2015

EL INSULTO



«El insulto es siempre más sincero que el piropo 
o el halago»



De la mano de Pancracio Celdrán, autor de «El gran libro de los insultos», ABC ofrecerá a sus lectores un serial diario sobre el origen de los términos ofensivos más conocidos del castellano

«No es lo mismo estar dormido que estar durmiendo, porque no es lo mismo estar jodido que estar jodiendo», avisaba el insigne Camilo José Cela, Premio Nobel de literatura en 1989, ejemplificando una vez más las fuertes raíces que unen al castellano con el amplio abanico de palabras malsonantes que posee. La riqueza de nuestro idioma, unido al sutil uso de la ironía que maneja la sociedad, ofrece un terreno abonado para la proliferación de lo que también se conoce como tacos. Un reguero de términos que nos acompañan casi diariamente sin que podamos o queramos hacer nada para evitarlo.
Pancracio Celdrán, autor de la obra «El Gran Libro de los insultos», publicado por la editorial La Esfera, donde quedan recogidos alrededor de 10.000 improperios, pone el foco en la larga tradición que atesoran, «entre las voces del léxico, en cualquier idioma, destacan los adjetivos de valoración: malo, bajo…incluyendo en sus épocas muy formativa de las lenguas los insultos. De hecho, estas voces críticas se encuentran entre las más antiguas. En castellano insultos como fementido, felón, vil o villano pueblan los primeros monumentos literarios: Poema de Mío Çid, Auto de los Reyes Magos».
Incluso en las situaciones más comprometidas se nos puede haber escapado algún exabrupto, y es que su expansión desde hace siglos es un hecho innegable, «ello es así porque forman parte de la cosmovisión del hablante, de la manera peculiar que cada uno tiene de considerar a las cosas y a los individuos, siempre en relación con la experiencia personal». Celdrán señala la inclinación natural del hablante a la crítica negativa, más que a la alabanza, «a menudo el emisor no es mesurado en el uso de estas armas arrojadizas que son los insultos, de modo que conviene andar avisado al respecto, y a quien sólo es un canalla no cargarle con la responsabilidad adicional de ser también un cabrón».
Sin necesidad de que este artículo se convierta en un diccionario de sinónimos, habrá observado el lector que aún no ha salido mencionado el término 'palabrota'. «Acaso no deba hablarse de palabrotas, ya que el aumentativo no se aviene con la realidad. Tampoco hay palabritas, fuera de las del amor. Debemos hablar de palabras, que por su etimología (del griego parabola) indica un acercamiento figurado a la realidad de las cosas. De ahí que un término no sea inferior ni superior a otro, sino que todos remiten a una realidad nombrada. Esto vale también para el insulto y el elogio, para la imprecación y la blasfemia», explica Celdrán.
La importancia que desprenden este tipo de vocablos queda reflejado en la intención con que se profieren, «el insulto es siempre más sincero que el piropo o el halago, y ello es así porque quien insulta es porque se siente agredido, no es cosa que se haga de manera gratuita o sin motivación oculta. Y es que remedando al clásico: ‘Ay de quien es adulado, porque acabará corrido o engañado’».
El alto número de blasfemias que recoge el Diccionario de la lengua española (DRAE) impresiona a primera vista, pero no tanto si atendemos al conciso análisis que expresa Celdrán, «la cantidad sorprende, pero no tanto si se advierte que cada región, cada pueblo, cada rincón del mundo hispano parlante tiene peculiaridades al respecto. El tesoro lingüístico del castellano o español es particularmente extenso en este tipo de términos».

Apelativos «marcados» por el sexo

Una de las cuestiones que más sorprende es la aparente exclusividad que parecen tener determinados improperios en relación al género del destinatario, «no es lo mismo braguetero dicho al hombre que da el braguetazo…, que braguetera o mujer que se calienta con facilidad, referido a la hembra lujuriosa atacada de lascivia. El gorrón, es criatura que vive parasitariamente…, pero la gorrona es mujer que se prostituye; el cambio de sexo del término se da en miles de insultos, donde el femenino es más grave que el masculino: guarro es malo, pero guarra es peor. Decimos que es quedón el muchacho un tanto bromista…, pero es quedona la muchacha que rápidamente accede a los avances del varón».
Celdrán termina explicando que gran parte de culpa de esta polémica procede de la confusión sustentada en la creencia de que el género gramatical es inherente al sexo de la cosa nombrada, «en latín, lengua de la que procedemos lingüísticamente, el concepto de genus hominum alude al género humano sin distinción de sexo; el términohomo aludía al individuo de la especie y no distinguía entre hombre y mujer. En latín civis (ciudadano), es masculino y femenino; parens es femenino y masculino, y significa 'padre' o 'madre' o ambas cosas; 'parentes' alude a la familia o parentela, incluidos cuantos viven bajo un mismo techo. La ignorancia de estos usos hace que caigamos en disputas vanas propiciadas por cierta hipersensibilidad feminista que algunos personajes han querido aprovechar para aparecer como los salvadores de la extensa grey femenina»

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

espacio Schengen, 


con la e inicial 


minúscula

Recomendación urgente del día
La denominación espacio Schengen (o espacio de Schengen), con eminúscula en espacio y Schengen sin comillas, es la grafía adecuada para referirse a la Europa sin fronteras internas.
En los medios de comunicación pueden encontrarse frases como «Circulación de personas por el Espacio Schengen», «Muchos inversores aprovechan este visado para viajar libremente y hacer negocios en el Espacio de Schengen» o «Al ser España miembro del “espacio” de Schengen, cualquier ciudadano español puede viajar a otro Estado miembro sin necesidad de pasaporte».
Schengen, con entre la ese y la hache y sin después de la ge, es el nombre de un pueblo luxemburgués que se encuentra en la frontera con Alemania y Francia y donde se firmó en 1985 el primer acuerdo de levantamiento de fronteras entre esos dos países, Luxemburgo, Bélgica y los Países Bajos. A partir de entonces se conoce como espacio de Schengen a la zona formada por los países que, progresivamente, se han adherido a dicho acuerdo.
Dado que espacio (de) Schengen es una denominación meramente descriptiva, y no un nombre propio oficial, lo adecuado es escribir espacio con minúscula. Además, puesto que el sustantivo espacio se está utilizando con su significado habitual, no hay razón para emplear las comillas ni ningún otro resalte.
Respecto a la presencia o ausencia de la preposición entre espacio Schengen, la opción más asentada es espacio Schengen, si bien también es válida la estructura espacio de Schengen.
Por otra parte, cuando se alude al Acuerdo de Schengen y al Convenio de Schengen, los documentos que regulan esa eliminación de fronteras, las palabras acuerdo y convenio se escriben con inicial mayúscula según laOrtografía, ya que se trata del nombre de dos documentos oficiales. Además, el Libro de estilo interinstitucional de la Unión Europea prefiere esas denominaciones a Tratado de Schengen, que se ve con frecuencia en los medios.
Finalmente, en las noticias sobre este asunto se menciona en ocasiones el acervo de Schengen, que se refiere al conjunto de textos (acuerdo, convenio y normas y acuerdos relacionados) que regulan esta cuestión y en el que, por no tratarse del nombre propio de un documento, acervo se escribe con minúscula.

segunda-feira, 12 de janeiro de 2015

LA ESQUINA DEL IDIOMA:

   ¿Qué es una ruma?

 | 
PIEDAD VILLAVICENCIO BELLOLIO (EL UNIVERSO.COM, ECUADOR)

La palabra «ruma» no está en el Diccionario de la lengua española (DLE), pero en este libro sí consta el verbo «arrumar», que, entre otros significados, se refiere a la acción de amontonar o poner cosas unas encima de otras (en desorden).



Por lo tanto, una ruma es un conjunto de cosas que están amontonadas; es decir, que no tienen orden ni concierto. Y aunque «ruma» se registra en el Diccionario de americanismoscon la etiqueta de nombre obsoleto, su empleo es común en el Ecuador.
En el DLE también está el término «rumazón» con el sentido de ‘conjunto de nubes’. No obstante, una rumazón asimismo equivale a una ruma o apilamiento de cosas: Hay que donar esa ruma o rumazón de libros.
¿Qué es un deán?
Deán es un canónigo que preside el cabildo de una catedral después del obispo. Del vocablo «deán» parten los nombres «deanato» o «deanazgo», que se vinculan con el referido cargo canónigo. Así, deanato puede referirse a la dignidad de canónigo y también a la circunscripción eclesiástica donde este ejerce.
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UNBROKEN


‘Invencible’ no es ‘unbroken’

 |  
ÁLEX GRIJELMO (EL PAÍS.COM, ESPAÑA)

En español tal vez expresaríamos mejor esa idea con «indómito», «íntegro» o «indemne»

Muchos comentaristas deportivos decían hace años que «el marcador se mantiene inalterable». La denuncia sobre lo incongruente de tal expresión tuvo eco, y hoy ya señalan que «el marcador se mantiene inalterado». Lógico, porque un marcador inalterable nunca podría ser un marcador, salvo que todos los partidos en ese estadio terminasen por decreto con empate a cero; y entonces carecería de sentido no sólo el marcador sino su mero propósito informativo, pues a nadie habría que informar porque nadie asistiría a unos encuentros que proporcionan resultados tan aburridos.
El sufijo –ble sirve, entre otras funciones, para formar adjetivos a partir de verbos, y para significar que el sustantivo al que acompañan tiene la capacidad de recibir la acción verbal referida. De ese modo, «discutible» es un adjetivo según el cual la idea con la que se vincule ofrece la virtualidad de ser discutida. Y, lógicamente, «indiscutible» quiere decir lo contrario: que no se puede discutir. Por ejemplo, si dijéramos «es indiscutible que en México vive más gente que en Guatemala».
Así pues, –ble se encarga de significar una capacidad teórica proyectada hacia el futuro, mientras que los vocablos que se completan con el sufijo –ado denotan una capacidad concreta verificada en pasado. Véase la diferencia entre «comprable» y «comprado», entre «comible» y «comido».
[…]
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FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

régimen y regímenes


no régimenes 


ni regimenes

Recomendación urgente del día
La palabra régimen lleva tilde en la primera e por ser esdrújula, pero el acento cambia a la siguiente sílaba cuando forma el plural: regímenes.
Sin embargo, es frecuente encontrar frases en las que aparece el plural derégimen como sobresdrújula (régimenes) o sin tilde (regimenes): «Frente a las dietas milagro, regimenes que usen el sentido común», «La caída de régimenes autocráticos que llevaban decenios gobernando con mano de hierro».
Según el Diccionario panhispánico de dudas, al formar el plural de régimenel acento cambia de lugar, y en este caso también la tilde, pues la voz resultante sigue siendo esdrújula: regímenes.
De este modo, en los ejemplos anteriores lo adecuado habría sido escribir «Frente a las dietas milagro, regímenes que usen el sentido común» y «La caída de regímenes autocráticos que llevaban decenios gobernando con mano de hierro».

JOSÉ LUIS GÓMEZ

«No nos sentimos tan orgullosos de nuestra 
lengua como los ingleses»



Apasionado por el teatro y nuestro idioma, hoy pone en marcha la segunda edición de «Cómicos de la lengua»

IGNACIO GIL


Hace poco menos de un año que José Luis Gómez (Huelva, 1940) entró en la RAE consciente de ser el primer hombre de su oficio, director yactor de teatro, en ingresar en tan magna institución. Desde ese primer día, con su discurso, intentó transmitir la emoción por el arte de la representación escénica de nuestro idioma. Y continuó con la organización del ciclo «Cómicos de la lengua», donde académicos y actores compartían la tarea de la lectura y análisis de textos medulares de nuestra literatura. Hoy comienza, con el «Cantar del Mío Cid» en elteatro de La Abadía y con su propia participación, la segunda edición de esta iniciativa que durará hasta el 23 de marzo

–Si hay una segunda temporada, se supone que la primera fue satisfactoria.

–Fue tal el éxito que se hicieron unos abonos para la Academia, el Centro Dramático Nacional, la Compañía Nacional de Teatro Clásico, el teatro Español y el teatro de La Abadía, y a una semana estaban todos vendidos. Igual ha ocurrido ahora, reduciendo el sitio de exposición solo a La Abadía y a la Academia. Parece que era necesario.

–¿Cuál es su objetivo principal?

–Hacer accesible a un público mayoritario y a través de la oralidad, el devenir de la lengua española desde sus orígenes en el Mío Cid, que es el primer documento escrito de la lengua española, hasta Valle-Inclán, con quien la lengua alcanza, hasta el momento, su máxima complejidad y riqueza. Son lecturas muy trabajadas. Como decían algunos grandes maestros del teatro, hablar para que el público vea. Eso que parece a primera vista obvio y sencillo, es complejo y requiere una cierta maestría. Por eso contacté con algunos de los mejores actores que tenemos en el país –en esta ocasión estarán, entre otros, Julia y Emilio Gutiérrez Caba, Carlos Hipólito y Beatriz Argüello–.

–¿Se ha visto obligado a buscar patrocinio para ponerlo en marcha?

–Hoy se necesitan patrocinios para actividades culturales complejas como esta, y bienvenidos sean. Las empresas se implican demasiado poco en acciones culturales, y curiosamente, en este caso, es una multinacional. Hubiera sido estupendo que participara alguna empresa española.

–Resulta curioso que una editorial francesa, Gallimard, esté rescatando a los clásicos españoles mientras que parece que las de aquí van detrás de los bestsellers anglosajones.

–El problema es que no somos conscientes del patrimonio de la lengua. En absoluto. La acción de los gobiernos es muy magra en términos de acción cultural en torno a la lengua. Pongo el ejemplo del teatro, que es donde se emite la lengua en su mejor sonido y en su mejor sentido. Sin embargo, el apoyo de las instituciones al teatro, véase el 21 por ciento de IVA, es, digamos, que sorprendente, por no decir escandaloso. Esto es una falta muy seria que tenemos en España, y así estamos perdiendo algunos trenes, espero que no definitivos.

–¿Por ejemplo?

–Por ejemplo, que España no es una potencia cultural, sino que lo es la lengua española a través de Latinoamérica; eso es clarísimo. El producto cultural tiene en Latinoamérica un dinamismo creativo y literario que en este momento no tiene España. También en el campo de las artes escénicas. Aquí hay una cantidad de talento increíble, pero falto de apoyo. Y el panorama de las ciudades españolas que son portadoras de una gran memoria histórica, si se examina laprogramación de los teatros, deja mucho que desear. La mayoría son obras de consumo, no responden al patrón de ofrecer lo mejor de la cultura europea y española, sino muchísimo entretenimiento, al nivel más digestivo. Esa es la realidad, pero bueno, tenemos que lidiar con ella y trabajar para mejorarla.

–Hay quien afirma que esa falta de apoyo responde al hecho de que el mundo de los artistas siempre es crítico con el poder.

–Eso es una inmensa ceguera. En Alemania, país que todos envidiamos, hay 150 o 180 teatros mantenidos por las ciudades, los estados y el gobierno central, con elencos fijos contratados todo el año, y con un repertorio donde se exhibe lo mejor de la escritura dramática europea y universal. Eso es darle un servicio al ciudadano y no dar obras de entretenimiento. El mundo del arte o del pensamiento siempre ha sido crítico con el poder, y bueno, en algún momento los «teatreros» han sido muy valientes, por la guerra de Irak y todo eso, y seguramente esto ha despertado la incomodidad del poder político.

–¿El fomento de nuestra lengua y la cultura común podría ser una buena argamasa para forjar un sentimiento de unión entre Comunidades Autónomas?

–Voy a citar un dato. En Alemania, país que conozco bien porque estudié ahí y tengo todavía vínculos intensos, en plena guerra fría, el canciller de entonces, Willy Brandt, empieza con su política de apaciguamiento frente a la República Democrática. Eso conllevaba darles subvenciones a fin de facilitar el tránsito y la comunicación entre personas y familias. Así empezó la reunificación de dos estados de distinto signo político e ideologías, pero con la misma lengua y cultura. El cuidado del patrimonio mayor que tenemos, que es la lengua, se manifiesta a través de múltiples y cuidadosas acciones. La cultura teatral es la que lleva la lengua día a día a los escenarios, y la lengua mejor hablada, con el mejor sonido y el mejor sentido. Estoy hablando de eso, de que estamos perdiendo trenes. No nos sentimos nosotros tan orgullosos de nuestro idioma como los ingleses de la suya. La Real Academia ha sufrido unos recortes en su mantenimiento tremendos, y bueno, creo que es una situación que debe llamar la atención. Soy una persona sosegada, no lo digo de una manera beligerante, pero sí me preocupa.

–Darío Villanueva acaba de tomar posesión del cargo como director de la RAE. ¿Qué le espera en esta etapa tan complicada?

–Es un filólogo eminente, y además un hombre extraordinariamente conciliador, y extraordinariamente eficaz en la labor de gestión. Creo que está sobrado para lidiar con los desafíos que tiene la Academia por delante, que no son pocos. Pero ya están puestos los primeros pasos en ese sentido. Él es muy consciente y tiene el apoyo, como bien se sabe, del pleno de la Academia. Su elección lo ha demostrado.

–¿Cuáles son esos desafíos?

–El principal es consolidar una gestión económica acorde con las necesidades de una institución que es vital para la cultura española. Vital, central. No hay otra institución de mayor importancia en torno a la lengua española, que a su vez es nuestro mayor patrimonio.

–Pérez-Reverte se quejaba de la desaparición del Quijote en la aulas. ¿Cómo es la presencia de nuestros clásicos en la sociedad española?

–Muy exigua. A través de los clásicos se conoce la riqueza de la lengua, su evolución, y la supresión y reducción de los estudios de humanidades es un golpe de gracia a todo este asunto.

–Hablando del poder de la palabra, hoy en la televisión tienen gran éxito los programas de debates, de gente que habla. ¿Cómo cree que está el nivel de esos tertulianos?

–Cada uno es deudor de una cierta máscara que se va forjando a lo largo de la vida. No tengo intención de emitir juicios sobre nadie. Hay algunos programas que son ciertamente de gran interés, y otros que son simple cotilleo político.

–En esos debates, parece que Podemos es capaz de hacer llegar bastante bien su mensaje a la gente.

–Han conseguido manejar los medios de comunicación de una manera excelente, y evidentemente tienen una intención entre revolucionaria y reformista muy intensa, respetable. Hay una correspondencia directa entre la situación actual, el hartazgo de los ciudadanos y la aceptación de Podemos. La gente está insatisfecha, harta, y se puede entender.

–Sabemos más o menos cuáles son sus planteamientos políticos, ¿pero a nivel cultural?

–Hasta ahora Podemos no ha hecho ningún pronunciamiento a nivel cultural, lo que es bastante preocupante.

–¿El poder de la palabra provoca situaciones como el reciente atentado de París?

–La palabra es un instrumento muy poderoso. La evolución decisiva del hombre empieza cuando, como decía bien Homero, emite aire semántico a través del círculo de los dientes. Ahí empieza la evolución. El lenguaje como estructura es poderosísimo. Las derivaciones como estructura y las aplicaciones en el mundo social y político son infinitas.

–¿El miedo puede poner en peligro la libertad de expresión?

–Y tanto que sí.

Veinte años de La Abadía

–Se celebran veinte años desde que usted fundó y dirige el Teatro de La Abadía. ¿Qué balance hace de este tiempo?
–Cuando lo fundé sabía perfectamente que me tenía que dedicar de lleno a ello, renunciando a actuar y a dirigir en otros teatros. Pero me movió algo que me sigue moviendo, y es hacer una aportación al teatro de mi país más allá de mis capacidades como intérprete y director. Mirando hacia atrás creo que fue de las mejores inversiones que he hecho en mi vida. No esperaba ni pretendía que La Abadía se convirtiera en un teatro de referencia, pero lo que nos devuelve la sociedad es que sí lo es.
–¿Objetivos para el futuro?
–Consolidar La Abadía y dejarla en buenas manos para que conserve el sentido fundacional: un lugar donde la formación permanente es central, orientado a los teatros de arte del principio del siglo XX europeos y a los intentos de algunos reformadores españoles que se truncaron con la Guerra Civil.
–¿Tiene previsto abandonarla, entonces?
–No, no, de momento no. Pero el curso del tiempo es indomable, y hay que hacer las previsiones correctas para que todo llegue a buen fin antes de que el fin esté cerca.

LÍNEA DIRECTA



 Del idioma como una de las bellas artes


El hijo de una compañera del diario, joven licenciado en ciencias de la comunicación, escribe en un tuit: "Las selfies ya son re 2014, ¿no?", lo cual equivale casi a decir: "Las selfies ya fueron, ¿no?". Una afirmación demoledora, sobre todo si se tiene en cuenta que selfie fue la palabra del año para la Fundación del Español Urgente (Fundéu).
Efectivamente, a pesar de reconocer que autofoto y autorretrato, palabras bien formadas, son las alternativas adecuadas para reemplazar a la omnipresente selfie (nadie juzga, por supuesto, si vale la pena o no sacarse una selfie), Fundéu concluye que, dado su uso abrumador en todo el mundo hispanohablante, habría que empezar a pensar en castellanizarla. Y propone "la grafía selfi (pluralselfis) como una adaptación adecuada al español".
Nada sabemos de cuántos estuvieron, están o estarán de acuerdo con la propuesta. Pero hubo un editorial del diario español El País, de los que llevan por título "El acento", que rápidamente se expidió al respecto, así: "El (mal) genio del idioma" (http://bit.ly/1tue8Os).
Entre otras consideraciones, en el editorial se dice: "La Fundéu cumple con el protocolo al proponer el trío, pero sabe bien que si «selfi» es la palabra del año no es por su estética ni por su corrección, sino porque domina la calle". Y aquí hay un concepto que vale la pena rescatar: la estética, porque el comentario que sigue es este: "Otra cosa es la estética. «Selfi» resulta una ablación feísta deselfie, cuya gracia principal, de tenerla, radica en la ie final. La extrusión de las palabras para encajarlas en otro idioma rara vez ofrece buenos resultados". El artículo concluye dando el poder al usuario: "...a veces es conveniente importar los extranjerismos tal como son y confiar en el buen criterio del hablante. Eso es el genio del idioma, ¿no?".
Uno puede concordar o no con las objeciones de "El acento", pero lo que aquí importa es volver al tema de la estética. ¿Cuántas veces nos hemos dado cuenta de que una palabra no estaba correctamente escrita porque la veíamos "fea", porque casi nos producía "dentera" verla (valga la sinestesia)?
Y hay otro punto importante en el aprendizaje o la enseñanza de un idioma: el sonido. Aunque parezca una verdad de Perogrullo (lo es). Justamente, en un artículo muy breve -"Susurros: la intervención urbana que recita poesía de Gabriela Mistral a los transeúntes", aparecido en el periódico digital BiobioChile (www.biobiochile.cl), se contaba una experiencia digna de considerar: en la tercera jornada del Festival Santiago a Mil, el grupo "Comandos poéticos" sorprendió a las personas que quisieran participar del hecho susurrándoles al oído "poemas de la destacada poetisa nacional Gabriela Mistral" (adviertan, en Chile no se avergüenzan de usar poetisa). El sábado pasado fue el aniversario de la muerte de Mistral, la primera escritora latinoamericana y, hasta ahora, la única mujer iberoamericana premiada con el Nobel (en 1945).
La teoría podría ser entonces: si empezamos por enseñar el idioma como una más de las bellas artes, ¿escribiríamos mejor y leeríamos mejor en voz alta? ¿Nos entenderíamos mejor?

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