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quarta-feira, 27 de maio de 2015

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

depurativo


mejor que 


detox 

Recomendación urgente del día

Depurativo es una denominación adecuada para sustituir al anglicismo detox que aparece con frecuencia en los medios referido a un determinado tipo de dieta.
En los medios de comunicación se pueden leer frases como «La fiebre detox
llega a tu neceser y hasta a tu plato de ducha», «Lo que no te contaron de las dietas detox» o «¿Qué son los zumos détox?».
El término inglés detox alude, según el Diccionario Oxford, a un ‘proceso o periodo de tiempo en el que alguien se abstiene o elimina de su cuerpo sustancias tóxicas o poco saludables’.
El término español depurativo (‘que purifica el organismo’) tiene una amplia tradición y puede sustituir sin problemas al anglicismo.
Aunque no tienen uso en el ámbito científico, se emplean con frecuencia en distintos tipos de textos sobre nutrición y dietética en español para referirse a un conjunto de dietas de ingredientes y resultados diversos que tratan de combatir rápidamente los excesos que se comenten, en ocasiones, en la alimentación.
Así, en los ejemplos anteriores hubiera resultado preferible «La fiebre depurativa llega a tu neceser y hasta a tu plato de ducha», «Lo que no te contaron de las dietas depurativas» y «¿Que son los zumos depurativos?».
Si, en todo caso, se emplea la forma detox, lo adecuado es resaltarla con cursivas o entre comillas si no se dispone de ese tipo de letra por tratarse de un extranjerismo.

terça-feira, 26 de maio de 2015

ESPACIO DE LENGUA

Espacio de lengua: el “barro” del “cerro” junto al “arroyo”, una frase “bárbara”

Hoy continuamos hablando de los préstamos léxicos, esas palabras que son tomadas por un determinado idioma a pesar de no pertenecer originalmente a él. En concreto hablamos de la evolución de las lenguas en la Península Ibérica y de cómo “barro”, “cerro”, “arroyo” o “izquierdo” existían antes de la llegada de los romanos.

25/05/2015 a las 13:00
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Espacio de lengua: el “barro” del “cerro” junto al “arroyo”, una frase “bárbara”
Espacio de lengua: el “barro” del “cerro” junto al “arroyo”, una frase “bárbara”
La historia de las lenguas es una historia viva. Por ejemplo les hablamos de cómo el latín se dividió en dos: uno culto y otro más a pie de calle. Y fue éste el que poco a poco se fue adaptando a diferentes realidades y culturas, dando lugar al castellano, al catalán, al francés o a gran parte del rumano.
En ese sentido queremos ejemplificar cómo algunas palabras que existían con anterioridad, en las lenguas pre-románicas de las culturas anteriores a la Hispania romana, siguieron utilizándose pero incorporadas al latín vulgar que se hablaba en estas tierras y que acabó dando lenguas como el castellano o el gallego.
Por eso les descubrimos que “cerro”, “arroyo”, “barro” o “izquierdo” eran conceptos que evidentemente existían en la Roma imperial, pero que aquí fueron descritos a través de los términos que ya existían, y que han perdurado con ligeras modificaciones a lo largo de los siglos hasta nuestros días.

A ESQUINA DE IDIOMA

¿Existe el vocablo «enantes»?

Piedad Villavicencio Bellolio

 
¿Existe el vocablo «enantes»?
Una palabra existe desde el mismo instante en que un hablante la emplea. En ese momento el vocablo cobra vida. Su existencia no se determina por su inclusión en el Diccionario, sino por el uso.
El adverbio «enantes» se registró en el Diccionario en 1791. Significa ‘hace un instante’, ‘poco tiempo antes’ o ‘recientemente’. No debe usarse para referirse a fechas pasadas, con el sentido de ‘en antes’. En este caso se recomienda «antes».
En la última edición del Diccionario consta «enantes» con la marca de término desusado. También se indica que era empleado como vulgar.
El Diccionario de americanismos lo encasilla como de registro rural, popular y obsoleto. Pero, aunque los académicos perciban y transmitan que «enantes» se emplea en ámbitos poco instruidos, este adverbio es muy común en el habla familiar o coloquial del pueblo ecuatoriano, donde también se usa en diminutivo (enantitos). Se recomienda que se evite en escritos y diálogos formales.
ENANTE
La forma en singular suele aplicarse con los significados anteriores, pero igualmente se registra como adverbio de tiempo en desuso. La grafía «enante» también se refiere a una hierba de tallo grueso que produce hojas como las del apio y frutos en forma de huevo.
ENDENANTES Y DENANTES
En algunos sectores rurales del Ecuador suelen emplearse estos adverbios, aunque están etiquetados como vulgarismos y voces en desuso. (Se actualizó de La esquina del idioma del 17/07/2011).
¿Por qué escriben «papa Francisco» y no «Papa Francisco»?
La Ortografía indica que los nombres de cargos, títulos y tratamientos son sustantivos comunes. Por lo tanto, sin importar el ámbito o el rango, se deben escribir con minúscula estén o no junto al nombre: El papa visitará Ecuador. El papa Francisco visitará Ecuador. Van con mayúscula cuando están al inicio de la frase: Papa Francisco, bienvenido al Ecuador. (F)
FUENTES:
Diccionario de la lengua española (2014), Diccionario de americanismos (2010) y Ortografía de la lengua española (2010), de la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española.

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les dijo a ellos

no 


le dijo a ellos

Recomendación urgente del día
El pronombre le debe ir en plural si el complemento al que se refiere también es plural: «El funcionario les dijo a los asistentes que se fueran» y no «el funcionario le dijo a los asistentes que se fueran».
Es común encontrar en la prensa casos en los que se descuida esa concordancia, como los siguientes: «A diferencia de Rajoy e Iglesias, yo no le voy a decir a los españoles lo que quieren escuchar» o «Yo no le voy a decir a los publicitarios cómo comunicar».
Se escribe le cuando el complemento al que se refiere es singular («le dijo a él»), y les cuando el complemento es plural («les dijo a ellos»), tal como lo explica el Diccionario panhispánico de dudas.
En consecuencia, en los ejemplos citados debió escribirse: «A diferencia de Rajoy e Iglesias, yo no les voy a decir a los españoles lo que quieren escuchar» y «Yo no les voy a decir a los publicitarios cómo comunicar».




segunda-feira, 25 de maio de 2015

LA PUNTA DE LA LENGUA


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Miembros y miembras

Hay dos tendencias en este asunto, pero ni la una merece la ridiculización ni la otra ser llamada machista

.en El país -españa


Me referí el domingo anterior, aunque de pasada, a la expresión “miembros y miembras” y la califiqué de “inconveniencia”. Lamento la simplificación. Como penitencia, me aventuraré aquí a adentrarme en tan espinoso tema.

Se dan a mi parecer dos tendencias en este asunto. Una corriente social pretende forzar el lenguaje (“ciudadanos y ciudadanas”...) para alentar así el cambio de una realidad discriminatoria. Y otro sector considera una pesadez tal empeño y cree que será el cambio de la realidad, por otros medios, lo que altere la percepción de las palabras.

La duplicación logra, en efecto, llamar la atención sobre la desigualdad. Pero al mismo tiempo es cierto que los contextos y la realidad influyen en cómo percibimos las palabras. Si oímos que en una detención intervinieron tres policías, nos imaginaremos a tres varones, aunque no haya atisbo de género en la frase. Si leemos “en el concurso de belleza participaron veinte jóvenes” pensaremos en veinte mujeres. En cambio, una expresión como “los universitarios españoles” nos remite a visualizar una colectividad de mujeres y hombres en igualdad.

La realidad altera los significados.

Muchos de quienes se encuadran en alguna de esas dos corrientes buscan sinceramente la igualdad entre sexos, y por tanto no merecen la ridiculización (lo cual sufren los primeros) ni la descalificación por machismo (como les pasa a los segundos).

Sin embargo, el caso de “miembros y miembras” forma parte de otro costal.


La palabra “miembro” procede demembrum, voz latina de género neutro que significaba “pieza”, “pedazo”, y se aplicaba a las partes del cuerpo

Gramática en mano, tiene sentido decir “vascos y vascas” o “gaditanos y gaditanas”. Pero no “brazos y brazas” o “dedos y dedas” –por hablar de miembros–, pues se trata de palabras sin flexión de género y con un significado propio de objetos que luego se proyecta metafóricamente sobre unas personas.

La palabra “miembro” procede de membrum, voz latina de género neutro que significaba “pieza”, “pedazo”, y se aplicaba a las partes del cuerpo. Y así como podemos decir “Gertrudis es el brazo derecho del presidente” y “Atanasio es la mano derecha de la vicepresidenta” (sin cambiar el género del brazo ni de la mano), hablamos también de “las partes de un juicio” (no hay partes y partos) o de “las piezas fundamentales de nuestro equipo” (no hay piezas y piezos).

Estas razones, y no otras, me llevaron a exponer (con torpeza) la inconveniencia gramatical de decir “miembras y miembros”.

Ahora bien: el revuelo formado hace unos años tras expresarse así la ministra Bibiana Aído y las descalificaciones machistas que después sufrió nos recordaron que aún queda mucho por andar en pro de la igualdad. Por ello, bien podemos plantearnos si no habrá valido la pena que se subvirtiera en algo la estructura de la lengua si a cambio se iluminaba el camino

PALABRAS

6 expresiones “actuales” con más de 100 años de uso



shimgray (CC) | Flickr
shimgray (CC) | Flickr
Publicado por Daniel Medina
En el uso diario, el común de las personas no suele preguntarse por el origen de las expresiones que suelen emplear a la hora de describir situaciones cotidianas.
Algunas de las formas frecuentes que utilizamos para referirnos a algún fenómeno o actividad llevan más de un siglo pronunciándose, pese a que en nuestros oídos aún pueden sonar frescas.
Revisa a continuación seis expresiones que hasta hoy se ocupan en un nivel más informal de nuestras conversaciones y que heredamos de nuestros antepasados.

1. Poner los cuernos

Esta poco afortunada frase para denotar infidelidad es de una larga data y de un origen no muy bien definido. Una de las explicaciones más difundidas es la que apunta hacia el medioevo y, en particular, al Ius primae noctis, o “derecho de la primera noche”.
El señor feudal, de acuerdo a lo que apunta esta explicación, estaba facultado para mantener relaciones sexuales con cualquier mujer que estuviera a punto de casarse con alguno de sus siervos. Algunas versiones de esta misma explicación señalan que, a modo de “compensación”, el futuro marido contaba con acceso a cazar en los terrenos del señor, mientras éste colgaba un cuerno de caza en la puerta de la vivienda.
La escasa documentación con la que se cuenta de esa época hace imposible corroborar esta más que extendida versión. Lo cierto es que ya en los tiempos de los romanos, según detalla la BBC, a los soldados con un buen desempeño en la guerra eran honrados con cuernos como gesto simbólico. El problema era que también simbolizaban una larga ausencia del dueño de casa, lo que para muchos significaba dejar la puerta abierta al engaño.
El Diccionario de la frase y de la fábula publicado en 1898 por el inglés Ebenezer Cobham Brewer apunta en esta temática a la disputa de los ciervos por las hembras durante la época de apareamiento. El vencido, añade en su explicación, era “corneado” y pierde a su pareja, por lo que la asociación se define bajo estos términos.

2. Al tiro

Aún vigente en el vocabulario chileno, esta expresión está bien lejos de ser algo nacido en tiempos cercanos. Ya en 1875 figuraba documentado en el Diccionario de Chilenismos de Zorobabel Rodríguez, y que recoge a su vez el Diccionario Coa de Armando Méndez Carrasco.
“En la tarde de ayer uno de los trabajadores que se ocupan de estucar el frente del portal Fernández Concha, se cayó del andamio y se mató al tiro”, es el ejemplo que consigna Rodríguez en su publicación de hace ya 140 años.

3. Al apa

También conocido como “al hacha”, se emplea para indicar que un individuo lleva a cuestas o sobre sus espaldas alguna carga. El origen más probable que tendría esta expresión viene del quechua y figura en el añoso “Diccionario Quichua-Castellano y Castellano-Quichua” de Honorio Mossi.
“Apac significa llevar, apani, la bestia cargada, i apa el jornalero que gana su vida acarreando”, recoge Zorobabel Rodríguez en 1875.

4. Cahuín

Como muchas de las palabras que empleamos los chilenos, su origen está en el mapuzugun (o mapudungún). Antes de utilizarse como sinónimo de “chisme”, esta palabra denotaba las reuniones de los cabecillas de las tribus araucanas.
En estas instancias, los caciques se referían a la situación de quienes integraban sus grupos, lo que persistió posteriormente cuando los españoles irrumpieron en los suelos nacionales. Las reuniones daban pie a que surgieran curiosas elucubraciones y teorías, las que adoptaron el nombre de las citas en las que se generaban.

5. Paco

Para esta forma despectiva de referirse a los efectivos de Carabineros de Chile, también habría que mirar al vocabulario quechua. Cuando los “abuelos” de los actuales carabineros, denominados como serenos en la época colonial, resguardaban las calles y comprobaban el estado del alumbrado público, vestían ponchos de color castaño. “P’aku” es la palabra en quechua para denominar dicho color, y su desambiguación dio origen a la expresión.

6. Concho

Utilizado por lo general para referirse al líquido sobrante en un vaso, la palabra “concho” ya era recogida por el político e historiador Benjamín Vicuña Mackenna, fallecido en 1886.
En su “Historia crítica y social de la Ciudad de Santiago“, publicada en 1869, recoge que en algunas celebraciones del siglo XVIII , los restos de los refrescos que se servían a las autoridades eran repartidos al pueblo, denominándolos como “conchos”.
Eso sí, la explicación desde el quechua es mucho menos “digerible”, ya que se pronunciaba para referirse a las heces.

NOTICIAS DEL ESPAÑOL

Lingüista diserta en Cervantes sobre palabras prestadas del español al árabe

El lingüista español Alberto Gómez Font disertó en Rabat sobre los préstamos de palabras del árabe al español, pero especialmente los llegados del español al árabe dialectal de Marruecos, extremo este menos conocido y que sorprendió al público del Instituto Cervantes.

Gómez Font, que residió en Rabat durante los dos años (2012-14) en que fue director del Cervantes, sacó a relucir primero las palabras ya caídas en desuso en España para designar antiguamente las «comidas o afeites de moros» como el alcuzcuz, hoy más conocido como cuscús, o la alheña, que todo el mundo llama henna.
Sacó a colación el kohl con el que las árabes se maquillan los ojos, que es la misma palabra que alcohol o laalhóndiga (patio de huéspedes con dos pisos), palabra ya olvidada para lo que también se llamó fonda o que los árabes siguen llamando funduk.
Pero lo que sin duda más divirtió a los asistentes a la conferencia, realizada con motivo de las Semanas de amistad hispano-marroquí, fue la cantidad de palabras de uso corriente en el árabe dialectal prestadas del español, o más bien «robadas —matizó Gómez Font— pues no se devolvieron».
Así los marroquíes calzan sabbat (zapatos), montan en coche o carro que tienen ruedas, y si tienen mala suirti y enferman, se sanan en el sbitar (hospital).
Algunos incluso se enteraron de que cuando comen su sopa llamada bufartuna están comiéndose su buena fortuna y que sus sabrosos pocadeos son una deformación local del castizo bocadillo.
El lingüista demostró lo viajeras que son algunas palabras: la naranja, por ejemplo, fue llamada así en España por un vocablo de origen árabe (laranya), pero luego llegaron desde China variedades más dulces que los españoles llamaron naranjas de la China y aun hoy en Puerto Rico y en el norte de Marruecos se siguen llamando chinas.
En el dialectal marroquí, curiosamente, la palabra más corriente para la naranja es limún, mientras que nuestras mandarinas viajaron por el mundo anglosajón con la denominación de tangerinas, por haberse aclimatado con tanta facilidad al clima de Tánger.
El lingüista prometió a la asistencia un próximo libro sobre lo que llamó el «Rabat canalla», bares y tugurios donde abundan las malas compañías y que piensa describir en una guía sui generis.

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