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terça-feira, 1 de setembro de 2015

ACENTOS


El español y su infinidad de acentos

Por Hugo Passarello - http://www.espanol.rfi.fr/

La variedad de acentos del idioma español y la polisemia de ciertas palabras en función del país en el que se usen ya no son noticia. Pero, ¿cómo se trabaja en el mundo audiovisual? Y ¿qué sería un acento neutro?
 
Al escritor argentino Julio Cortázar le gustaba contar que en sus primeros tiempos en París, relataba peleas de boxeo para América Latina para ganarse la vida. Una experiencia que duró poco ya que, según sus propias palabras, su pronunciación en español era tan mala que no se entendía y lo despidieron.
Se puede escuchar una gran diversidad de acentos en los programas que nos llegan por televisión. El mexicano Humberto Vélez y el español Carlos Ysbert son actores de doblaje. Ambos hacen la voz en español del célebre Homero Simpson. Mismo personaje, mismo idioma, pero sonidos diferentes que no son intercambiables ya que están dirigidos a una audiencia diferente: “Es un personaje tan emblemático, que al escucharlo con voz distinta a la que tú estás acostumbrado, te llama mucho la atención”, sostiene Carlos.

LOS SIMPSON, COMPARACIÓN DE DOBLAJE:

Acerca del acento neutro que los actores de doblaje deben usar cuando les toca trabajar sobre series y películas que serán difundidas por toda la región latinoamericana, Humberto explica que “le decimos acento neutro o sin acento al hecho de que los actores de doblaje hacemos las cosas lo más claro posible con la idea de que toda Latinoamérica entienda el material que estamos doblando”.

 
 

Pero ¿se puede construir un acento estándar? Según Cristián Prado, profesor de Antropología de la Universidad de Chile,“significa un estándar para cada país”, aunque el estándar mexicano acabó imponiéndose.

Entrevistados: Humberto Vélez y Carlos Ysbert, actores de doblaje, y Cristián Prado, profesor de Antropología de la Universidad de Chile.
 

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
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arrancar


pero también 


empezar,comenzarabrir...

Recomendación urgente del día
Empezar, comenzar, abrir, iniciar, entablar, emprender o inaugurar son algunas alternativas al verbo arrancar, del que en ocasiones se abusa innecesariamente.
Es común encontrar en la prensa que arrancan las obraslos cursos de verano o incluso las declaraciones de los acusados; pero las obras también pueden comenzarse, los cursos empezar y abrirse el turno de las declaraciones de los acusados.
De la misma manera se pueden leer y escuchar en los medios frases como arrancan las primeras oposiciones a maestro, las aventuras veraniegaso los trabajos de pretemporada, donde habría sido preferible decir que las oposiciones comienzan o empiezan, las aventuras se emprenden y los trabajos de temporada se inician.
Aunque, en rigor, el empleo del verbo arrancar en estas combinaciones no es incorrecto, conviene recordar que el español ofrece múltiples alternativas y que el hablante puede escoger la del matiz más apropiado a cada caso.
Ver también la crónica Arrancar no es sinónimo exacto de empezar.

segunda-feira, 31 de agosto de 2015

EL ESPAÑOL DE TODOS




Los cromosomas del periodismo

El castellano tiene la necesidad de llenar los espacios vacíos que su genio no ha colmado

  - El País - España

La expresión es de Álex Grijelmo: el periodismo tiene unos cromosomas, una composición genética que subraya lo que está dentro y lo que queda fuera, lo que se puede hacer con arreglo a un patrón, a un ADN formado por la historia, y aquello que solo puede ser fruto del abigeato lingüístico, que roba y camufla como lengua española lo que el prójimo ha inventado y solo tiene sentido en un sistema diferente al nuestro. Todo ello, de importancia crucial para el periodismo.
Unamuno dijo aquellas nefastas palabras de ¡que inventen ellos!, y a fe que los anglosajones hacen notar la hegemonía mundial de la lengua inglesa en las expresiones del castellano, a uno y otro lado del océano. Pero no nos confundamos, los préstamos, el abigeato culto entre lenguas ha existido y existirá siempre. El que fue director de la Real Academia de la Lengua, Fernando Lázarro Carreter, lo dijo muy claro: “Una lengua que nunca cambiara solo podría hablarse en los cementerios”. El castellano tiene por ello la necesidad de llenar los espacios vacíos, notablemente los de la tecnología, que su genio natural no haya colmado, aunque eso no signifique talibanismo ni aún lingüístico, por lo que no me molestaría en buscarle equivalentes a chip o chat —en lo que difiero de Grijelmo (Defensa Apasionada del Idioma Español)—, término este último que es siempre una charla, pero solo a través de un medio electrónico, con lo que una traducción precisa sería tan anti-periodística como escribir charla por medios electrónicos o por Internet. En estos casos nos moveríamos fuera del ámbito de la composición cromosómica de la lengua, pero no tendríamos otro remedio, lo que tampoco significa que todo valga. Decir downlodear, entre otros muchos, sería ofensivo, porque hay cromosomas suficientes en el español para llenar el hueco: descargar, sin ir más lejos.

No nos confundamos, los préstamos, el abigeato culto entre lenguas ha existido y existirá siempre
Inventemos, como Gabo, cuando dijo que prefería eternitud a eternidad, porque la primera implicaría el tiempo de vida de los interesados, mientras que la fórmula aceptada se prolongaría hasta el fin de los tiempos y, aun siendo grandísimo el elogio, presentaría el grave inconveniente de que no lo podría disfrutar después de muerto el agraciado. Y un caso de fabricación cromosómica impecable, que encontró por fin en los años 90 su camino al diccionario es el mexicanismo ninguneo y su correspondiente verbo ningunear, que hoy son patrimonio de todos los hablantes del español. He ahí los cromosomas en su mejor momento. Pero, igualmente, tampoco estoy diciendo que estos sean por definición infalibles. Con la mejor de las intenciones la Academia homologó en su día güisqui, y el hispanófono siguió pensando que el mejor nombre para el escocés era el que le dieron sus progenitores. Los cromosomas son, por tanto, condición necesaria, pero no siempre suficiente, para que inventemos dentro del sentido común.
¿Tiene derecho el periodista a inventar palabras? A mí me salió el otro día, justamente en esta serie de artículos, humedeces en lugar de humedades, y hubo quien, raudo, presto, célere, me corrigió, mientras que algunos preguntaban simplemente si existía la palabra y otros celebraban su utilización porque les parecía bella y adecuada. Pero pienso que sí, que los periodistas, como cualquier profesional y quizá algo más que la mayoría por razón de su trabajo, pueden probar a ver qué sale, aunque siempre con la caución final de que es el hablante quien dirá la última palabra.
La autoridad, con su obstinación por mandar prueba, sin embargo, a echar su cuarto a espadas. Y lo digo porque han menudeado en el mundo occidental los intentos de ponerle puertas al campo, como cuando en 1980 se adoptó en Colombia la disposición de que ‘todo establecimiento, negocio o servicio abierto al público’ se anunciara en español. Pero me temo que muy pocos se han sentido especialmente concernidos por la norma. Y lo que probablemente es peor, la falta o el mal entendimiento de los cromosomas lleva a autoridades y también periodistas a escribir lo que no entendería ni mi amigo el marciano, el que ha de comprender los periódicos desde el primer día en que llegue a la tierra, como cuando leo en un letrero colgado bien a la vista del público: “… que contamos desde agosto de 2015 con foto de detección móvil… en todos los ejes viales del aeropuerto”. ¿Cómo ha sido que eje vial, con grave caos cromosómico, ha sustituido a carretera o acceso? y ¿qué diablos será eso de la foto de detección móvil?
El desacato a los propios genes no es, en último término, sino complicación innecesaria, lo que he llamado el chip colonial, enfermedad, por otra parte, muy común al periodista latinoamericano. Pero el remedio siempre son los clásicos: “Llaneza, muchacho, no te encumbres, que toda afectación es mala” (Retablo de Maese Pedro, Miguel de Cervantes)

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

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refugiado 


no es lo mismo 


que


inmigrante

Recomendación urgente del día
El término refugiado se aplica al que huye por un conflicto o por persecución política, por lo que no equivale a inmigrante, que es cualquier persona que llega a un país para fijar su residencia en él.
En las noticias sobre la crisis que vive Europa con relación a la llegada masiva de personas procedentes de África y de Asia se encuentran ejemplos como los siguientes: «La Guardia Costera griega rescata a más de 700 inmigrantes en 48 horas», «Una crisis de inmigrantes sin precedentes obliga a la UE a buscar respuestas» y «Merkel y Rajoy preparan juntos la cumbre de los refugiados».
Como criterio general y según las definiciones del Diccionario académico,inmigrante es un término que incluye a todos aquellos que inmigran, es decir, que llegan a un país para establecerse en él; también puede hablarse de emigrante, si el punto de vista es el del país de salida, o migrante, que incluye a ambos y es más frecuente en el español de América.
Desde un punto de vista lingüístico, y con independencia de la definición precisa establecida en derecho internacional, un refugiado es aquel que ‘se ve obligado a buscar refugio fuera de su país a consecuencia de guerra, revoluciones o persecuciones políticas’.
Dado que no todos los refugiados buscan establecerse en otro país, sino que solo huyen por su propia seguridad, a menudo de modo temporal como se aprecia en los casos donde la protección la han encontrado en un campamento fronterizo con el país en conflicto, es impropio llamarlosinmigrantes. En la actual crisis de la Unión Europea hay claros indicios de que este desplazamiento obedece a una guerra y a la persecución política, por lo que lo preciso en los ejemplos anteriores había sido optar porrefugiados.

sexta-feira, 28 de agosto de 2015

PERILLÁN

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Palabras con mucho cuento: «perillán»

POR M. ÁNGELES GARCÍA
C


ierto es que nadie, hoy en día, a no ser que tenga ya una edad y las canas pueblen su testa, use la palabra que hoy nos ocupa. Pero hubo un tiempo en que «perillán» llenaba las conversaciones de unos y de otras, y en las calles de aquella España tan escarnecida por hambres y guerras, muchos perillanes se buscaban la vida.



«Perillán», para entrar en situación, es un adjetivo usado más en su forma masculina que significa «persona pícara, astuta». Pero como todo tiene un origen, el de esta palabra se remonta al siglo XIII, y alude en realidad a un nombre propio: Per (Pedro) Illán (Julián).

No debieron ser muchos los logros de este hombre que vivió en Toledo y del que solo se conoce la fecha de su muerte (1247). Como muchos en su época, dedicó su vida al servicio del rey y de su ejército, al que se entregó con pundonor. Y debió de ser un hombre orgulloso. Tanto, que no podía soportar la idea de que alguien le pisara siquiera después de muerto. Así que pidió al rey, como recompensa por los años y servicios prestados a la corona, ser enterrado en alto en la catedral. Y lo consiguió. Vaya que si lo consiguió. Su sepulcro se halla, según explica Felipe Monlau en su Diccionario etimológico, en la capilla de Santa Eugenia de la catedral de Toledo.

No hay crónicas que cuenten cuánto debió costarle al buen Pedro (o Per) conseguir su propósito, pero a ciencia cierta que se valió para conseguirlo de mucha astucia, mucha maña y mucha insistencia. Como la anécdota trascendiera y llegara al pueblo, pronto empezó a llamarse perillán a cualquier hombre que se caracterizara por ser «mañoso, cauto y sagaz en su conducta y en el manejo de sus negocios» y, en general, a todos los que conseguían sus propósitos por descabellados que fueran.

Pero como el tiempo va pintando las palabras con otros tonos y colores, los perillanes acabaron convertidos en pícaros unos siglos más tarde, puesto que también estos debían poner a funcionar toda su astucia para sobrevivir en la mísera España de los Siglos de Oro.

Aunque se cargó de connotaciones negativas en su viaje a través del tiempo, sin embargo no deja de ser una palabra simpática. Quizá porque ya solo se la oigamos decir, con apenas voz, a nuestro abuelo, cuando le visitamos de tarde en tarde. «¡Ay, perillán!», nos dirá con ojos tristes, mientras nos da cariñosas palmaditas en la cara. Como la misma palabra, también él se va muriendo.

R



La erre

Las palabras sin prefijo se escriben con una sola r inicial, ruta, retrato, región, robo, rectora.



Lo primero que hay que decir es que la letra r se llama erre y no ere, como antiguamente. Por ejemplo, RCN se lee erre-ce-ene, y no ere-ce-ene. La distinción entre la sencilla, de caro, coro, cero, y la doble de carro, corro, cerro, se indica diciendo “erre sencilla” (r) y “erre doble” (rr).
Es bueno que profesores y alumnos involucrados en los concursos de ortografía lo tengan en cuenta en sus participaciones.

La r tiene sonido fuerte al comienzo de palabra, rata, rezo, Rita, ropa, rubio, y entre consonante y vocal, Israel, enredo, Enrique, enroque, enruanado, y sonido suave entre vocales, cara, Cereté, maorí, toro, Barú. Para indicar el sonido fuerte entre vocales se escribe r doble, parra, Herrera, zurriago, arroz, arrullo.
El asunto es muy claro si las palabras que dicta el profe son vara, con r sencilla, y barra, con r doble, pero se complica si dicta palabras compuestas, como cliclorruta, autorretrato, ecorregión, biorregión, antirrobo, vicerrectora, que muchas veces se ven escritas con una sola r intervocálica, lo que lógicamente da otro sonido.
El error obedece a que esas palabras sin prefijo se escriben con una sola r inicial, ruta, retrato, región, robo, rectora.
Y la necesidad de duplicar la r surge al anteponerles a estas voces prefijos terminados en vocal, lo que exige duplicar la r para mantener el sonido fuerte.
Más sobre la ge y la jota
A lo ya dicho sobre la g y la j la semana pasada, podemos agregar otras pistas.
Algunas palabras escritas con g en francés e inglés pasan con j al español; por ejemplo, reportaje (de reportage), garaje (de garage), sabotaje (de sabotage), bricolaje (de bricolage), golaveraje (de goal average).
La palabra giba expresa la misma idea de joroba, y para rematar tiene el mismo comienzo de jíbaro, dos relaciones que podrían llevarlos a escribir jiba. El mismísimo Diccionario de la lengua española, en algunas de sus ediciones, lo hizo, pero hoy, y desde hace ya varias décadas, la única escritura correcta para esta voz es giba.
El verbo ingerir, ‘consumir líquido o sólido por la boca’, convive con su homófono injerir, ‘meter una cosa en otra’, ‘injertar una planta’, ‘entrometerse’. Si al ‘profe’ se le ocurre dictarla, habría que pedirle contexto: “No se injiera en mis asuntos” o “No ingiera carne cruda”.
Si el profe tiene la edición del 2014 del Dile, les puede dictar palabras nuevas como mánager, júnior, magíster, ángelus. La pronunciación española de esas voces es /mánajer/, /júnior/, /majíster/, /ánjelus/. Si dijera /mánayer/, /yúnior/, /mayíster/, ányelus/, estaría pronunciando las dos primeras en inglés, y las dos últimas, en latín.
FERNANDO ÁVILA
Experto en redacción y creación literaria

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datos macro


mejor que datos 


macros

Recomendación urgente del día
Macro, mejor que macroses el plural preferido del acortamiento macro(de macroeconómico) cuando esta voz funciona como adjetivo, como ocurre en datos macro, mejor que datos macros, forma también válida.
En los medios de comunicación pueden encontrarse frases como «Los datos macros evidencian que la recuperación ha llegado hace varios trimestres», «Esta corriente ha permitido también enriquecer a la economía en términos macros» o «A niveles macros no parece una ecuación justa, particularmente para los países más pobres».
De acuerdo con la Nueva gramática de la lengua española, cuando losacortamientos se emplean como adjetivos se aprecia variación respecto al modo de crear los plurales: se dice películas porno, invariable, a partir de películas pornográficas, pero personas progres, con plural regulara partir de personas progresistas.
El plural regular en ese tipo de expresiones suele verse favorecido por la difusión del plural de dicho acortamiento como sustantivo: es habitual decir los progres, donde progres es sustantivo plural, de modo que se tiende a pluralizar también el acortamiento adjetivo y decir las personas progres; pero no se emplea las pornos como sustantivo para referirse a las películas pornográficas, por lo que tampoco se dice las películas pornos,sino las películas porno, con plural invariado.
Eso mismo sucede con macro (no se usa los macros como sustantivo en ese sentido), lo que ha dado lugar al uso mayoritario del plural invariable respecto al regular (datos macro frente a datos macros).
Así pues, aunque todos los ejemplos iniciales pueden considerarse válidos, habría sido más adecuado escribir «Los datos macro evidencian que la recuperación ha llegado hace varios trimestres», «Esta corriente ha permitido también enriquecer a la economía en términos macro» y «A niveles macro no parece una ecuación justa, particularmente para los países más pobres».
Cuestión distinta es el sustantivo macro, empleado en informática tanto enfemenino como en masculino como acortamiento de macroinstrucción, que sí forma el plural regularmente: «Las macros se pueden organizar en un diagrama de árbol o en una tabla» o «Los macros son utilizados para automatizar procesos y unificar tareas».
Ver también macrofiesta, en una sola palabra.

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