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quinta-feira, 1 de outubro de 2015

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

me gusta 


en redes sociales, 


plural 


los me gusta

Recomendación urgente del día
La expresión me gusta, común al hablar de redes sociales y en particular deFacebook, se escribe con me en minúscula y su plural es invariable:muchos me gusta, no muchos me gustas.
En este tipo de contextos son habituales frases como «Sara Carbonero e Iker Casillas han disfrazado al pequeño Martín y han conseguido muchos “me gustas”», «Hubo miles de Me Gusta» o «Animó a los espectadores a ver la escena y a que los obsequiaran con un ‘megusta’ para aumentar las visitas», donde lo indicado habría sido escribir me gusta.
Me gusta se utiliza con valor de nombre común o, más exactamente, de locución nominal, tanto para aludir al apoyo o adhesión a lo que otra persona ha expresado o publicado como para referirse específicamente al botón de algunas redes sociales, como Facebook, con el que se concreta esta acción. En cualquier caso, se recomienda escribir me gusta en dos palabras, tal como indica la Ortografía de la lengua española para expresiones similares como un no sé qué o el qué dirán.
Respecto al plural, resulta preferible la forma los me gusta (en lugar de los me gustas o los me gustan), mayoritaria en el uso y una de las opciones válidas para formar el plural de las locuciones, según recoge la Nueva gramática de la lengua española.
Además, dado que la expresión me gusta se entiende como locución, no hay razón para escribirla con mayúscula, con independencia de la grafía con la que figure en las distintas plataformas. Lo apropiado, por tanto, será recurrir a la minúscula: «Los usuarios revelan gran cantidad de información privada a través de acciones en apariencia tan inocuas como hacer clic en me gusta».
Por otra parte, aunque no es imprescindible marcar me gusta con resalte alguno, si se considera que de este modo se favorece la comprensión del texto por parte del lector, siempre es posible destacar esta expresión con comillas.
Todo lo anterior sería extensible a un posible botón de no me gusta y a la locución correspondiente: «El botón de no me gusta en Facebook servirá para mostrar tu apoyo en situaciones y momentos negativos, no para discutir» o «Los me gusta en Facebook influyen más que los no me gusta».

quarta-feira, 30 de setembro de 2015

DÍA INTERNACIONAL DE LA TRADUCCIÓN

Día Internacional de la Traducción 2015


 Todo el día
Día Internacional de la Traducción 2015El Día Internación de la Traducción se celebra todos los años el día 30 de septiembre.Esta fecha fue seleccionada para conmemorar el fallecimiento de Jerónimo de Estridón, traductor de la Biblia y santo patrono de los traductores.
En este día se pretende difundir la importancia de esta profesión, especialmente en la actualidad ya que es de vital importancia para promover la comunicación tanto por la globalización como por motivos de comunicación entre culturas

Sigue leyendo: http://www.cuandoo.com/dia-internacional-de-la-traduccion-4829.html#ixzz3mNbnhZ52

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

clasificarse para, 

no


clasificarse a

Recomendación urgente del día
Con el verbo clasificar(se), la competición o la fase a la que se logra acceder va introducida por la preposición para, no a: clasificar(se) para el Mundial.
Es común leer noticias en las que se emplea de forma inapropiada la preposición a, como en «Lo positivo fue clasificarse a Río 2016», «Chivas venció 2-1 a Morelia y se clasificó a cuartos» o «Alemania cerca de clasificarse a la Eurocopa».
El Diccionario panhispánico de dudas hace referencia concreta a este uso preposicional y señala que, cuando el verbo clasificar(se) es intransitivo y se refiere a ‘conseguir los resultados necesarios para participar o continuar en una competencia o competición’, va normalmente acompañado de un complemento introducido por para y no por a.
La confusión puede tener su causa en que tanto para como a son preposiciones que expresan destino. La diferencia, según recoge la Nueva gramática de la lengua española, es que a se refiere a un destino físico, deubicación, mientras que para incluye también un sentido de destino figurado, el de finalidad y propósito.
Así, en los ejemplos anteriores lo más adecuado habría sido decir «Lo positivo fue clasificarse para Río 2016», «Chivas venció 2-1 a Morelia y se clasificó para cuartos» o «Alemania cerca de clasificarse para la Eurocopa».

terça-feira, 29 de setembro de 2015

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

al contado, 


en economía, 


mejor que


spot

Recomendación urgente del día
Al contado es una alternativa en español al anglicismo spot, voz empleada en textos económicos para referirse a transacciones o pagos inmediatos, por oposición a aquellas operaciones financieras cuya liquidación está diferida.
En las noticias económicas pueden encontrarse frases como «La actividad en el mercado spot durante abril disminuyó respecto al mes anterior», «El precio spot del oro registra su mayor racha positiva desde agosto de 2012» o «A corto plazo, no esperamos grandes movimientos en el tipo de cambio spot».
De acuerdo con el Diccionario de términos de la banca, de José Mateo Martínez, la voz inglesa spot puede traducirse como al contado en expresiones como mercado al contado (spot market), precio al contado (spot price), tipo de cambio al contado (spot rate), transacción al contado (spot transaction)…
Así pues, en los ejemplos anteriores habría sido preferible escribir «La actividad en el mercado al contado durante abril disminuyó respecto al mes anterior», «El precio al contado del oro registra su mayor racha positiva desde agosto de 2012» y «A corto plazo, no esperamos grandes movimientos en el tipo de cambio al contado». 

segunda-feira, 28 de setembro de 2015

IDIOMA ESPAÑOL

El Heraldo



Detalle de ‘La familia de Felipe V’, obra de Louis Michel Van Loo. Felipe V fue el primer rey de la dinastía Borbón, en el siglo XVIII.



El español, un idioma internacional



Por:


Andrés Hoyos Restrepo






El punto de partida de un manual de escritura es el idioma, en nuestro caso, el español. En España, la cuna de este maravilloso vehículo de expresión, existe una polémica sobre el nombre, pues algunos prefieren llamarlo castellano para no herir la susceptibilidad de las otras naciones y regiones de la península. Semejante polémica resulta absurda en América Latina. Lo que hablamos los 350 millones de personas que vivimos al sur del Río Bravo y al oeste de Brasil es español, no castellano, por la simple razón de que no fuimos colonizados mayoritariamente por castellanos –que sí abundaban entre los altos dignatarios de la Colonia–, sino por gentes de toda la península: andaluces, extremeños, canarios, asturianos, murcianos, toledanos, cántabros, navarros, incluso catalanes, vascos y gallegos hispanohablantes, y me quedo corto. Todos ellos nos dejaron sus virtudes y sus vicios, además de su idioma, que ya en el nuevo continente sufrió transformaciones importantes, aunque nunca radicales. En Argentina se habló lunfardo unas pocas décadas, y en tal cual reducto de esclavos cimarrones, digamos San Basilio de Palenque en la Costa Caribe colombiana, se llegó a usar un dialecto difícil de entender, pero ambos fenómenos tuvieron corta vida.


La Real Academia Española (RAE en adelante) es, como su nombre lo indica, una institución de raigambre monárquica y peninsular. Surgió por razones ideológicas que no podemos discutir aquí y, desde un principio, ancló su ideario en la profunda desconfianza que causaban en la Corona del siglo XVIII las formas de hablar y de escribir de la gente del común. Al referirse a ellos, los académicos los llamaban «el vulgo», palabra de obvia connotación despectiva. Pasaron dos siglos y medio y subsistió, morigerada y matizada, esta desconfianza, la cual por décadas fue dirigida con particular énfasis a los latinoamericanos. Ya para los años cincuenta del siglo XX, y tras algunas escaramuzas como la que enfrentó a Borges con Américo Castro, se decía que la supervisión académica del idioma era necesaria porque este se hallaba en peligro de desintegración. Pasó otro medio siglo y la unidad del español no aparece amenazada por ninguna parte, excepción hecha de Filipinas, donde la derrota de la Corona española en la guerra contra Estados Unidos condujo a un debilitamiento paulatino de la cultura en español. Al final, los hispanohablantes prácticamente desaparecieron del archipiélago por la fuerza mancomunada del tagalo y del inglés, las dos lenguas oficiales. También hay quien diga que la forma de hablar de los latinos de segunda y tercera generación en Estados Unidos implica una desintegración del español. La verdad, sin embargo, es que la mayoría de ellos habla spanglish, no español. Dado que con el tiempo el inglés ha disuelto en Estados Unidos el idioma de casi todos los inmigrantes, exceptuando algunos chinos e italianos, el spanglish puede interpretarse como una muestra de fortaleza, no de debilidad del español. Si en ningún país de América Latina pegaron las monarquías, no se entiende por qué deberíamos adoptar instituciones de origen monárquico.


Entrando ya en el habla concreta, el español, aparte de alguna palabra o giro que significa A en un país, B en otro y nada en un tercero, tiene una sorprendente unidad, de suerte que los neologismos y las incorrecciones son lo que los chinos llaman «un tigre de papel», o sea, una amenaza falsa. Dos son los fenómenos que pueden destruir un idioma: un analfabetismo rampante, como el que siguió a la caída del Imperio romano y destruyó el latín en el sur de Europa durante la larga Edad Media; el segundo es el derrumbe de un régimen político, por el estilo del que sucedió en Filipinas.


Claro, si la unidad del español no está amenazada, tampoco es necesario atrincherarse para defenderla. Decía don Pedro Salinas en su ensayo “La responsabilidad del escritor” que «la lengua, como el hombre, de la que es preciosa parte, se puede y se debe gobernar». A despecho de sus excelsas calidades poéticas, es necesario contradecir a don Pedro, porque pocos propondrían hoy que un idioma, cualquier idioma, sea gobernable. Muy al contrario, los idiomas, por su propia naturaleza multitudinaria y desbordada, son desobedientes. Muchísimas veces las ‘autoridades’ autoerigidas de un idioma proponen una regla que les parece útil y sensata, y la regla no se sostiene, al tiempo que prospera la excepción. En este manual citaremos varios intentos fallidos que resultan instructivos. Por lo demás, el lema de la RAE, «Limpia, fija y da esplendor», suena bien el español, un idioma internacional en el papel hasta que uno entiende que es imposible limpiar y fijar una lengua y que a veces lo que le da esplendor es lo cotidiano o lo vulgar.


Tomará todavía años, pero el criterio central que otorga o niega la carta de nacionalidad a una palabra en cualquier idioma es que la aprueben los hablantes, no una junta de notables. La filología contemporánea considera justamente que el uso en sus distintas vertientes –culto, especializado o popular– es la principal norma lingüística que existe, lo que no significa que cada cual no sea libre de seguir las normas, académicas o no, que prefiera. Dicho de otro modo, estimado lector, nada impide que usted opte por un enfoque purista en materia de idioma si es el que le llena el corazón. En cuanto a nosotros, nos interesa señalar aquí que un idioma se enriquece a medida que quienes lo hablan se educan y adquieren experiencias diversas. Por definición, un profesor de posgrado hablará un idioma más rico y variado que quien no terminó el bachillerato. Ambos, sin embargo, podrán entenderse sin ningún problema en español y lo enriquecerán.


El español tiene de particular que las naciones en las que se habla como lengua nativa están dispersas. México alberga la mayor comunidad, seguido en su orden por Colombia, España y Argentina. Por cuenta de esta dispersión, el nombre del fastidio que se siente al día siguiente de beber en exceso será resaca en algunas partes, guayabo, cruda, caña, ratón, goma o chuchaqui en otras. Un fenómeno análogo se repite para multitud de palabras. ¿Conduce esto a la incomunicación? En lo más mínimo. Averiguadas las definiciones locales de aquellas palabras y expresiones que cambian de sentido apenas uno cruza la frontera o que se usan en un determinado país o región y en otros no, y acostumbrado el oído al amplísimo abanico de acentos locales, un hispanohablante se hará entender de otro sin más inconveniente que tal cual confusión divertida.


Las dispersiones de sentido que fueron surgiendo en el siglo y medio de aislamiento relativo en que vivieron España y América Latina después de las guerras de Independencia empezaron a ser derribadas por los libros, primero, y por la radio, el cine y la televisión, después. Estos cuatro medios de comunicación viajaban de país en país instruyendo a millones de lectores, radioescuchas, espectadores y televidentes. Ahora se sumaron Internet y sus sucedáneos, por lo que es raro que un suramericano no entienda a qué se refieren dos mexicanos cuando platican, en vez de hablar, que no sepa que una recámara en México es lo que en otras partes se conoce como una alcoba y que una chamaca es lo mismo que una niña o una muchacha.




México es el país con mayor número de hispanoparlantes en el mundo.


El diccionario más famoso del inglés americano es el Merriam-Webster, cuya versión completa agrega al título una palabra importante: se llama Third New International Dictionary. Aquí sobre todo nos concierne eso de «internacional», pues el español, al igual que el inglés, es un idioma internacional, como no lo son, digamos, el italiano o el catalán. El español, en realidad, es uno de los idiomas más internacionales (o menos nacionales) que existen. Esta dispersión tiene implicaciones fundamentales que influirán en lo que discutiremos aquí. Aclaremos de entrada que la internacionalidad de nuestro idioma es una de sus características más envidiables –ya querrían contar con algo parecido los italianos o los catalanes– y que por cada problema menor que causa la proliferación de nacionalidades de los hispanohablantes, surgen diez beneficios en términos de riqueza y variedad.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

expidiendo, 


no


expediendo

Recomendación urgente del día
El verbo expedir es irregular y se conjuga como pedir, de modo que lo adecuado es expidiendo, no expediendo.
En ocasiones se encuentra en la prensa el verbo expedir mal conjugado: «Hasta el día del atentado trabajaba de funcionaria expediendo pasaportes y documentos nacionales de identidad», «La falta del código de barras que sí tiene la que expede el municipio del sur de la provincia» o «El funcionario que expedió el polémico certificado de divorcio ha sido suspendido de su cargo».
Según se señala en el Diccionario académico, el verbo expedir, que significa ‘dar curso a las causas y negocios’ y ‘despachar, extender por escrito, con las formalidades acostumbradas, bulas, privilegios, reales órdenes, etc.’, es un verbo irregular y se conjuga como pedir. Así, en algunas de sus formas verbales cambia la vocal e de la raíz por la vocal i (expido y no expedo,expidió y no expedió…).
Por tanto, en los ejemplos anteriores habría sido preferible redactar: «Hasta el día del atentado trabajaba de funcionaria expidiendo pasaportes y documentos nacionales de identidad», «La falta del código de barras que sí tiene la que expide el municipio del sur de la provincia» y «El funcionario que expidió el polémico certificado de divorcio ha sido suspendido de su cargo».
Ver también expedir no es lo mismo que expender.

sábado, 26 de setembro de 2015

CUBA

El Foro

por Arturo Chang


Siempre lo mío primero

Resulta beneficioso dominar varias lenguas, sobre todo las que más se usan mundialmente, pero para su aprendizaje hay que partir del idioma materno...
10 comentarios
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Siempre lo mío primero
En Cuba se habla el español, idioma que es base y fundamento de todas las demás que aprendamos después, por eso merece mucho más respeto. (Alfredo Martirena Hernández / Cubahora)
Cuando en la década de los años 50 del siglo pasado, a mi madre o mi padre le hablaban en español y no lograban entender noté que trataban de llevar la conversación a un tema donde tuvieran mayorvocabulario, o sencillamente dejaban de escuchar y provocaban que la charla languideciera, a veces dejando la falsa impresión de que no les interesaba el asunto.
Lo mismo le ocurría a una estudiante universitaria, que con solo haber soñado que le daban una clase en latín despertó queriendo abandonar la carrera, hasta que se percató de que era solamente una pesadilla.
No se trata de rechazar o no una lengua, pues muy musicales son el latín o el cantonés, con cuya entonación me deleitaba en el seno familiar como si fuera un receso al español, el cual comencé preferir cuando descubrí la riqueza de matices en cada palabra y la cantidad de sinónimos y antónimos a través de los cuales podía transmitir un sentimiento aunque lo dijera monótonamente.
Otro punto de vista tenía mi madre, quien a su manera me dijo que había dos países donde sus habitantes hablaban ladrando, y en cuanto al español, me dio la clave de por qué los chinos encuentran tantos obstáculos para asimilar el idioma cervantino. No entendía ella el porqué de la conjugación: yo “hablo”, tú “hablas”, él “habla”, nosotros “hablamos” y ellos hablan; y no decir yo hablar, tu hablar, él hablar y nosotros hablar. Al no encontrar explicación, solo alcanzó a pensar que es como dominar decenas de lenguas, y más aún cuando, a su paso por Canadá supo que en inglés, salvo los verbos irregulares, los demás no sufren tantas variaciones.
Recuerdo que ya a finales de la década de los años 60 del siglo XX pensé que estudiar inglés era como aprender dos idiomas, pues lo escribimos de una manera y lo pronunciamos de otra. Y ya excesivamente tarde, en los 90, cuando la computación obligó a entender la lengua de Shakespeare opté erróneamente por decirlo tal y como lo leía porque mi objetivo era solo entender los tutoriales en inglés para usar las nuevas tecnologías.
En estos días de visita del papa Francisco, tal vez los de más edad recuerden aquellas misas en latín, y quienes no alcanzaron a escucharlas, sencillamente les haya parecido muy familiar la voz del Sumo Pontífice que, según ha dicho, en esta gira se comunicará mediante la lengua de Cervantes, pero en el Congreso de EE. UU. leyó sus palabras en inglés para evitar otras interpretaciones, pues nada tan preciso como el idioma materno, en este caso, el de los congresistas norteamericanos.
Sin dudas, la primera lengua, que en Cuba es el español, es base y fundamento de todas las demás que aprendamos después, por eso merece mucho más respeto, para que nadie nos considere un asere al cual haya que decirle: “Mi no entender a tú hablar español”.

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