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quarta-feira, 22 de junho de 2016

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

referéndum en el 


Reino Unido, 


claves de redacción

Recomendación urgente del día
Con motivo de la celebración del referéndum sobre la posible salida del Reino Unido de la Unión europea, se ofrecen algunas claves para una adecuada redacción de las noticias relacionadas con este acontecimiento.

1. La palabra brexit, en cursiva y con minúscula

El término brexit, con el que suele aludirse en los medios a una hipotética salida del Reino Unido de la Unión Europea, se escribe en cursiva por tratarse de un extranjerismo y con inicial minúscula por ser un nombre común.

2. Referendo y referéndum, plural referendos yreferéndums

Las formas referendo y referéndum (con tilde) son adecuadas para referirse al proceso por el que se someten al voto popular leyes o decisiones políticas. Sus plurales respectivos son referendos y referéndums, noreferenda.

3. Inglaterra, el Reino Unido y Gran Bretaña no son equivalentes

Inglaterrael Reino Unido y Gran Bretaña no son lo mismo. Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del Norte son las cuatro naciones que componen el Estado denominado Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte o, en su forma abreviada, el Reino UnidoGran Bretaña es el nombre de la isla que comparten Inglaterra, Gales y Escocia. Así, es impropio escribir frases como «Los sondeos apuntan a que ganará el no a la salida de Gran Bretaña de la UE».

4. El Reino Unido, mejor que Reino Unido

Es aconsejable anteponer el artículo al nombre de ese Estado: el Reino Unido, mejor que Reino Unido.

5. Sí no, en redonda

Los sustantivos  y no no necesitan resaltarse ni en cursiva ni con comillas en oraciones como «En el referéndum triunfó el sí» (ejemplo recogido en la Ortografía de la lengua española). En el caso de , se recuerda que al utilizarse como sustantivo se escribe con tilde diacrítica.

6. Síes y noes, plurales correctos

El plural del sustantivo  es síes, y el de nonoes. No son adecuados los plurales sís y nos, que se ven empleados con frecuencia en los medios de comunicación.

7. Escrutinioconteo, recuento…

Para referirse al ‘reconocimiento y cómputo de votos’ en una consulta de este tipo pueden emplearse los términos escrutiniocómputoconteo yrecuento.

8. Posreferéndum, en una palabra y sin t

Para aludir al periodo que sigue a la consulta puede emplearse la palabraposreferéndum (en una palabra y sin t), mejor que postreferendum, pero en cualquier caso no post-referéndum ni pos referéndum.

9. La City, en mayúsculas para aludir al distrito financiero

City o Ciudad de Londres se escriben con mayúscula inicial cuando se refieren al distrito financiero por ser denominaciones de carácter antonomástico, como se explica en la Ortografía académica.

terça-feira, 21 de junho de 2016

EL IDIOMA ESPAÑOL


«América es la gran fuente que nutre nuestra lengua de palabras»

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  • Los escritores defienden un idioma mestizo que se enriquece con la emoción y la musicalidad que aportan los diferentes acentos


La lengua española es mestiza y dispar, ecléctica, emotiva y musical, toma de aquí y allá, contamina y se deja contaminar. Esa es su gran virtud, que es espejo de la cotidianidad y se fija y se hace magia a través de la literatura, que pese a ser tan distinta es tan parecida, tan útil y tan hermosa que es la herramienta de comunicación que une a 500 millones de personas. 'Futuro del español, el idioma que nos une' reunió ayer en el Laudeo de la Universidad de Oviedo las palabras de escritores de este y el otro lado del charco para hablar de ese español común.
'El español, viaje alrededor de un idioma compartido' fue el título en e l englobar las palabras del asturiano Ignacio del Valle -que actuó de moderador- del periodista cultural colombiano, poeta, escritor y traductor Mario Jursich, el escritor y cineasta chileno Luis Sepúlveda y el escritor y periodista peruano y venezolano Doménico Chiappe.
Del Valle fue el encargado de plantear la pregunta dle millón: «¿Es posible homologar el español?» Fueron muchas las respuestas y todas conducían en la misma dirección, en apuntar que las normas y las reglas estrictas están de más en un mundo tan libre y anárquico como es el de las palabras. De hecho, fue Mario Jursich quien apuntó en primer término hacia los históricos desencuentros que han alumbrado los lingüístas en distintas épocas ya desde que a finales del siglo XVIII se creó la Real Academia Española (RAE), cuyo papel homologador se ha observado desde América Latina con cierto temor. Nunca ha gustado demasiado ese tutelaje del lenguaje, que se tradujo incluso en malestares tan destacados como el de Gabriel García Maárquez, que allá por los años sesenta cuando llegaron a España sus primeras novelas rechazó que estas aparecieran corregidas para adaptarlas al castellano que se habla en España. «¿Por qué esta autoridad?», se preguntó Jursich, antes de añadir que ni el inglés ni el francés tienen una RAE que ejerza esa misión de vigilancia. «Se fían de su idioma», dijo. No tiene sentido, añadió, el temor a que las diferencias dificulten la comunicación entre esos 500 millones de hablantes de español.
Luis Sepúlveda, el escritor afincado en Gijón, lo dejó clarísimo: «Nombramos las cosas con diferentes palabras pero nos entendemos». Recordó una expresiva anécdota sobre la definición de chimichurri para dejar clara la viveza y cotidianidad de la lengua. La RAE puso su origen en la lengua aimara, cuando en realidad el término es fruto del error de pronunciación de algún inmigrantes de origen desconocido afincado en Argentina o Uruguay que ante la inminencia de uno de esos asados que impusieron en territorio austral los terratenientes ingleses. De aquellos «curris» británicos nacieron estos «chimichurris» hispanos. Sin más. Sepúlveda fue de la prosaica salsa a aliños mucho más poéticos y de enorme valor sociólógico para poner en 'La Araucana' de Alonso de Ercilla el punto de inflexión que marcó la relación entre las palabras y las personas de este y el otro lado del Atlátnico. «Rompe con el odioso paternalismo y se pone del lado del otro», reflexionó Sepúlveda. El chileno definió la lengua como una «casa común» que no ha parado de enriquecerse desde que llegó a América, y eso a pesar de la invasión de anglicismos. «El continente americano es la gran fuente que nutre nuestra lengua de palabras de forma cotidiana», concluyó.
Ese continente es la riqueza mayúscula, y en ella más que de países hay que hablar de regiones. Lo dejó claro Doménico Chiappe, para quien encerrarlo en demasiadas normas es empobrecerlo. Aunque, también es cierto, el propio debate sobre la necesidad o no de que la RAE marque su ritmo, sirve para enriquecer la lengua. Dio un paso más allá el venezolano, quien unió otro ingrediente al que dictan los usos regionales a la hora de que el idioma esté vivo y sea diferente. «Detrás de las palabras están los acentos, que dan significados y emoción». Y eso no está en los diccionarios, incapaces de recoger las formas de decir, de pronunciar, de ponerle ese componente que trasciende las letras.
De emociones sabe mucho la literatura, que añade un punto más de complejidad, que elije las justas para contar historias y para hacerlo como en una pulpería de la Patagonia, es decir, «como un poeta y no como un doctor», como relató Sepúlveda. Es decir, con esa emoción que trasciende las fronteras y consigue lo que Cervantes logró con el Quijote, «que independientemente del lugar y del tiempo en el que esté el lector, se traslade inmediatamente a La Mancha». Porque en este mundo cada vez más cinematográfico y más visual, el texto escrito debe permitir ver. Obrar ese milagro exige de una ambición universal que deje de lado las naciones y el buen hacer de quien escribe: «La magia está en la elección de unas palabras y no de otras», apuntó Doménico Chiappe.
El exilio interior
Que las literaturas de las orillas del Atlántico y las que baña el Pacífico se quieran, se lean, se admiren y atraviesen las aguas que las separan depente no solo de las editoriales -cuya propiedad está cada vez más concentrada lo que dificulta la travesía y, por tanto, la huida del exilio interior-, sino también de la voluntad. «El océano se cruza de manos de bibliotecarios y lectores», afirmó Chiappe. Porque quien quiere leer un libro, conocer a un autor, da con la manera de hacerlo: «Yo antepongo la curiosidad y el deseo de conocer, nunca he dejado de leer un libro que quisiese leer, hacen falta tiempo y ganas», afirmó Mario Jursich. Eso sí, en eso coincidieron los ponentes, la utopía de lo digital se ha quedado por ahora en una utopía que aún no alcanzado ese cruce de caminos marítimos y literarios universal. También destacaron el papel que cumplen las editoriales pequeñas a la hora de acabar con un problema «muy gordo», en palabras de Sepúlveda. Lo es que los uruguayos no sepan lo que escriben los argentinos y estos a su vez no conozcan lo que se hace, se dice y se cuenta por Venezuela.

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dividendo en 


acciones


mejor que


scrip dividend

Recomendación urgente del día
Dividendo en acciones es una alternativa en español a scrip dividend.
En las noticias económicas pueden encontrarse frases como «Claves para seguir el scrip dividend de la entidad telefónica», «El scrip dividend es una peculiaridad de los tiempos de crisis» o «¿Qué hacer con el scrip dividend?».
La expresión inglesa scrip dividend describe la práctica de algunas sociedades de retribuir a sus accionistas mediante el reparto gratuito de derechos de suscripción de acciones liberadas (es decir, que no exigen a su adquirente hacer desembolso alguno). El nombre en inglés de estos derechos (scrip) es el origen de la expresión inglesa.
Esta técnica de retribución al accionista suelen utilizarla las empresas que quieren aumentar su capital o que desean evitar el desembolso en efectivo que exige el pago de dividendos. Aunque la expresión utiliza la palabradividend, la retribución obtenida por el accionista no suele tener esa consideración fiscal, lo que en muchos países —como en España— puede suponer ventajas para los pequeños accionistas.
La expresión scrip dividend puede, pues, traducirse con carácter general como dividendo en acciones, a sabiendas de que la retribución no es técnicamente un dividendo a efectos fiscales y de que lo repartido no son directamente acciones, sino derechos de suscribirlas de forma gratuita.
Dado que con frecuencia las empresas ofrecen a sus accionistas la posibilidad de elegir entre recibir tales derechos de suscripción (que podrán utilizar para suscribir las nuevas acciones o podrán vender en el mercado o a la propia sociedad) o recibir un dividendo en efectivo, esta técnica de retribución a los accionistas suele denominarse asimismo dividendo flexible.
Así pues, en los ejemplos citados más arriba lo adecuado habría sido escribir «Claves para seguir el dividendo en acciones de la entidad telefónica», «El dividendo en acciones es una peculiaridad de los tiempos de crisis» y «¿Qué hacer con el dividendo en acciones?».

segunda-feira, 20 de junho de 2016

DICCIONARIO DE USO DEL ESPAÑOL

La proeza de Moliner: su diccionario 

superó todas las pruebas


por Laura Ventura para LA NACIÓN - BUENOS AIRES
Conocido como DUE, fue calificado por García Márquez como el "más útil,
completo y divertido" del español.
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MADRID.- POCO ANTES DE GANAR EL PREMIO NOBEL GAbriel García Márquez viajó a España. En su agenda tenían cita editores, colegas y amigos, pero sólo quería conocer a la autora de una proeza, una mujer ajena al mundillo literario y sus vanidades: María Moliner. Esta dama de Zaragoza estaba muy enferma y el plan del colombiano se frustró. Tres semanas después moría la autora del Diccionario de uso del español (DUE). 


"Me sentí como si hubiera perdido a alguien que sin saberlo había trabajado para mí durante muchos años", escribió García Márquez en 1981, en un tono diferente al de una nota necrológica, con admiración y agradecimiento. Moliner bien podría ser un personaje suyo: un ser común que, en su ambiente doméstico, crea magia con la acción y la palabra.


El DUE cumple 50 años y la Zarzuela de Madrid estrenó la ópera María Moliner, con libreto de Lucía Vilanova y música de Antoni Parera Fon. En la cartelera porteña se representa El diccionario, de Manuel Calzada Pérez, en una versión de Oscar Barney Finn, con Marta Lubos.



De puño y letra y, luego, acompañada por una máquina de escribir, en su casa, mientras sus cuatro hijos crecían, con algunos colaboradores, pero sin un equipo coordinado de trabajo, Moliner escribió "el diccionario más completo, más útil, más acucioso y más divertido de la lengua castellana", según García Márquez. La tarea comenzó en 1951 y se extendió hasta 1966: "A mi marido y a nuestros hijos les dedico esta obra terminada en restitución de la atención que por ella les he robado".


En 1972 se propuso a Moliner como miembro de la Real Academia Española (RAE), pero no obtuvo los votos. Un hombre ocupó ese sillón. Hoy la recuerda otra lexicógrafa, Paz Battaner, miembro de la RAE: "Su vida, su trabajo en las bibliotecas republicanas y su trabajo callado en la elaboración del DUE son proezas, acciones valerosas llevadas a cabo en situaciones nada favorecedoras. De la palabra proeza se lee en el diccionario de María Moliner: «f. Acción *heroica = *Hazaña, heroicidad. Se emplea con frecuencia hiperbólica y, también, irónicamente». Espero que se use en el sentido denotativo de «1. f. Hazaña, valentía o acción valerosa», que da el diccionario académico. Aunque en estos matices diferenciadores radica una de sus grandezas, la de saber reflejar empleos habituales en su lengua, valores connotativos generalizados, que los diccionarios se prohibían por respeto a cierta despersonalización que la descripción del léxico parecía exigir, pero que escondía la fiel descripción de la lengua en uso".
Lucha titánica


El de Moliner es un ejemplo de lucha contra la adversidad, un resultado titánico obtenido a fuerza de disciplina y de amor por las palabras. Cuando tenía 13 años, su padre, médico de un barco, viajó a la Argentina y nunca jamás regresó. María obtuvo la licenciatura en Historia porque no había cerca de su casa dónde estudiar Filología.


Esta falta de formación lingüística es otro argumento con el cual se califica de épica su tarea. Es una de las grandes bibliotecarias de España, ya que como miembro de las Misiones Pedagógicas durante la Segunda República, una cruzada cuyo fin era sembrar literatura en los poblaciones rurales, seleccionó los libros para los lectores y redactó una carta sencilla -buscaba siempre alejarse de toda erudición- para los bibliotecarios, hoy, un clásico.


Con la victoria de Francisco Franco es apartada de sus cargos, como también su marido, docente. No se marchan al exilio. Moliner acepta algunos trabajos poco interesantes y luego se encierra en su casa a escribir un diccionario, quizá como modo de ordenar aquel caos.


El DUE guía al hablante común y al más exquisito. Este fin lo consigue a través de un sistema de sinónimos, palabras afines y catálogos de referencias, y a través de indicaciones gramaticales. Moliner reconstruye cada artículo a través de una agrupación lógica y alfabética y agrupa las palabras por familias. Explica Paz Battaner: "Otro nuevo recurso que utilizó fue una tipografía novedosa, con asteriscos, flechas, círculos concéntricos que condensan la información y facilitan las remisiones a sinónimos, catálogos de voces relacionadas semánticamente aunque de categoría gramatical y registro diferentes, expresiones pluriverbales. Esto, junto a las sugerencias de los verbos con los que aparecen muchos sustantivos, los adjetivos más frecuentes, el régimen de preposiciones que exigen las voces predicativas, da a su trabajo en solitario un valor admirable".


El diccionario fue rediseñado por la editorial Gredos para actualizar el texto al habla del siglo XXI, un hecho sujeto a críticas de los expertos, que denuncian que se trata de una "edición apócrifa". La familia Moliner se presentó ante la justicia, sin lograr una respuesta favorable. La edición original no está más a la venta.


Hay otra virtud del DUE y es la perspectiva desde la cual se escribe: "Me parece importante señalar la visión de la lengua desde un modo femenino, que María Moliner muestra en su diccionario. No hablan igual las mujeres que los hombres. Además, entre mujeres se observa una inclinación preferencial por el mundo del léxico o del vocabulario; en la transmisión de la lengua materna, con que ellas señalan a los pequeños sus primeras curiosidades; en su dedicación a la docencia con la enseñanza de la lengua escrita en la que las palabras se aíslan; en los trabajos universitarios que realizan, en los que se encuentran nombres de mujeres entre los más seguidos", explica Battaner.


Moliner inspiró y abrió el camino a varias lexicógrafas de habla hispana. Concha Maldonado, profesora de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, quien ha dirigido más de 100 diccionarios, opina: "Hablamos de proeza, sobre todo porque es un diccionario que rezuma pasión por las palabras; desborda cariño hacia el mundo que describen, y transmite cercanía hacia esa realidad cotidiana que los seres humanos vivimos a diario. Hay trabajos que esclavizan y trabajos que liberan: los primeros secan el espíritu; los segundos, en cambio, te dan alas de libertad aunque te roben el tiempo. Y resulta evidente que este diccionario fue para doña María (como la llamamos los lexicógrafos con cariño y con respeto) un proyecto pleno de vida".

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brexit


en cursiva y 


con minúscula

Recomendación urgente del día
El término brexit, con el que suele aludirse en los medios a una hipotética salida del Reino Unido de la Unión Europea, se escribe en cursiva por tratarse de un extranjerismo y con inicial minúscula por ser un nombre común.
En las noticias es frecuente encontrar frases como «Bruselas intenta evitar el ‘Brexit’ con concesiones mínimas a Cameron» o «Enda Kenny dice que no quiere el “bréxit”, pero apoyará algunas reformas».
Brexit es un acrónimo inglés formado por la unión de las palabras Britain (en alusión a Gran Bretaña y, por extensión, al Reino Unido) y exit (‘salida’), de modo que la expresión salida (del Reino Unido) de la Unión Europea es una alternativa válida en español.
Si se prefiere emplear brexit, lo adecuado es escribirlo en cursiva, por tratarse de un extranjerismo no adaptado, o entre comillas si no se dispone de ese tipo de letra. Por esta misma razón, no se tilda, aunque su pronunciación es llana: /bréxit/.
Así, en los ejemplos anteriores habría sido preferible usar la expresión salida (del Reino Unido) de la Unión Europea o escribir «Bruselas intenta evitar el brexit con concesiones mínimas a Cameron» y «Enda Kenny dice que no quiere el brexit, pero apoyará algunas reformas».
Pese a que en ocasiones se escribe con mayúscula inicial, probablemente heredada de la palabra Britain, en español conviene usar la minúscula, ya que se trata de un nombre común.
En cuanto al género, puede considerarse ambiguo (el brexit/la brexit), aunque el uso mayoritario es el masculino.
Todas las consideraciones anteriores son aplicables a grexit, otro acrónimo inglés que también es frecuente en los medios para referirse a una hipotética salida de Grecia de la zona euro.

domingo, 19 de junho de 2016

LA PUNTA DE LA LENGUA



Resultado de imagem para gayo Cómo decimos "gay"

El poco uso de la voz española “gayo” dificultó que se le añadiese la nueva connotación de su palabra hermana




La matanza perpetrada en Orlando ha aumentado la circulación de la palabra “gay” en estos días, y por esa lamentable razón se ha podido observar con intensidad el uso de tal término en los medios: La prensa lo muestra sin cursiva y con el plural españolizado: gais. Pero en la radio (lo que coincide quizás con el lenguaje oral común) oímos con más frecuencia la pronunciación guei y gueis, en vez de la correspondiente naturalización fonética gai y gais. Por tanto, este vocablo está librando una lucha interior entre su grafía y su sonido. La Academia decidió que la escritura “gay” marcara la pronunciación en español, pero quién sabe si la costumbre de los hablantes obligará a seguir algún día el trayecto contrario.
El término “gay” tiene su origen lejano en el latín gaudium (gozo), de donde pasó como “gai” al occitano (lengua romance de esplendor medieval en el sur de Francia). En español, la voz “gai” derivó en “gayo”, con el significado de “alegre” y “vistoso”. Corominas y Pascual datan esa aparición hacia 1400. Por su parte, Covarrubias (1611) hace equivaler “gayo” con “alegre” y “apacible”; y tiempo después el diccionario castellano de Esteban Terreros y Pando (1787) le añadirá por vez primera al femenino “gaya” la acepción de “mujer pública”. Este sentido lo incorporó también la Academia (en 1852), pero se desvanecería a principios del siglo XX (lo borró del Diccionario en 1939).
Mientras tanto, en las Galias ya se venía usando “gai” como equivalente de “alegre, amigo de los placeres”. Siglos más tarde nombraría asimismo en francés (tal vez por esa desnortada idea de la “vida alegre”) a las prostitutas. Según Gregorio Doval (Palabras con historia, 2002), en los antiguos teatros británicos el galicismo “gay” (alegre) designaba al personaje femenino promiscuo y picante. Y como todos los papeles eran representados por hombres (incluidos los de mujer), se asociaron luego las dos ideas y se fijó su connotación de homosexual.
Por tanto, los términos “gayo” y “gaya” funcionaron en nuestro idioma como espejo de las evoluciones que en inglés y francés afectaron a “gay” y “gai”, excepto en lo que se refiere a la homosexualidad.
El poco uso de esa alternativa en castellano dificultó que se le añadiese la nueva acepción de su palabra hermana; y el español periodístico adoptó “gay” desde el inglés, para dejar en segundo plano “homosexual”.
Su consagración en el Diccionario usual se produjo en 2001, con esta definición: “Gay. Del inglés gay; propiamente ‘alegre’, y este del francés gai, ‘alegre’. Dicho de una persona, especialmente de un hombre: homosexual. ‘Sus mejores amigos son gais”. Sin embargo, el largo recorrido de esta palabra no ha concluido. Quince años después de esa bendición académica, la escribimos en redonda pero todavía la decimos en cursiva.

sábado, 18 de junho de 2016

EN DEFENSA DEL IDIOMA


Es más sencillo decir 'ayer' que 'en el día de ayer'.




















Redundancias poco perceptibles


Los hallazgos encontrados son como las actividades

realizadas o los hechos ocurridos: redundancias.




Por: JAIRO VALDERRAMA

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El esnobismo parece romper cualquier límite, según lo demuestra quien desea presumir frente a sus amigos: “Asistí a un show espectacular”, sin tomar en cuenta que “show” (anglicismo) y “espectáculo” son sinónimos.Quizás, esta expresión corresponde a la misma persona que asistió a la “velada nocturna”

Para aludir a una situación obvia o a una expresión sobreentendida, es común escuchar la expresión “descubrió que el agua moja”. Casi nadie duda de la evidente redundancia que entraña esa idea. Sin embargo, los contagios de muchos usos del idioma, debido a su novedad y a la aparente elegancia, llevan a que hablantes y escribientes incurran en esos excesos de significado.


La preposición en (para citar otro caso) guarda el significado preciso que “denota en qué lugar, tiempo o modo se realiza lo expresado por el verbo a que se refiere” (www.rae.es). Por eso, “al interior de” aparece como un recurso muy retocado al hablar. Ejemplos hay muchos: “nos reunimos al interior del auditorio”, “al interior de la junta tomamos la decisión”. Y tal fácil que es decir “nos reunimos en el auditorio”, “en la junta tomamos la decisión”. Cuando se está en las afueras, a los lados o costados, sí es muy pertinente su uso: “Luego de conocer Cartagena, los turistas viajaron al interior del país”

A cientos de locutores radiales se les escapa “en el día de ayer regresamos de Guacamayas, en Boyacá”. Y tan sencillo que es “ayer regresamos de Guacamayas, en Boyacá”. Por eso se dice que la brevedad es virtud de pocos.

Alargar las expresiones sin añadir un sentido distinto parece ser el recurso de quienes no tienen mucho por decir. Con la reiteración y la redundancia, imaginan que impresionarán a sus interlocutores. Entonces, como “en el día de ayer”, empiezan a añadir las características evidentes de los sustantivos que mencionan: “en el mes de diciembre viajaremos al exterior”, “estuvimos en la ciudad de Bogotá”, “las actividades realizadas llamaron la atención del público”, “el partido jugado dejó un empate en el marcador”, “las personas que asistieron a la conferencia aplaudieron con mucho entusiasmo”.


De nuevo, aconsejamos la sencillez: “en diciembre viajaremos al exterior”, “estuvimos en Bogotá”. En serio: ¿Acaso en otras circunstancias decimos: “al ser humano Fabio lo nombraron director del noticiero”, “el país de Colombia cuenta con variados pisos térmicos”? Al hablar, somos directos: “Fabio fue nombrado director del noticiero”, sin pensar que ese director pueda pertenecer a otra especie viva. Y en el otro ejemplo, por el contexto, sabemos que Colombia es un país: “Colombia cuenta con variados pisos térmicos”.


Veamos las demás oraciones y acudamos a la lógica simple: “las actividades realizadas llamaron la atención del público” (¿existen actividades sin realizar?), “el partido jugado dejó un empate en el marcador” (¿cómo pudo empatarse en un partido si este no se jugó?), “las personas que asistieron a la conferencia aplaudieron con mucho entusiasmo” (¿habrá quienes aplaudan a distancia?). Noten las simpleza y la claridad de las ideas cuando evitamos empalagar con el lenguaje: “las actividades llamaron la atención del público”, “el partido dejó un empate (obvio: en el marcador)”, “en la conferencia, se aplaudió con mucho entusiasmo”.


Enumerar los pleonasmos (que son formas de redundancia) nos tomaría varios volúmenes. También se sabe que muchos se valen para enfatizar: “yo mismo, con mis propios ojos, observé cuando el funcionario recibía el dinero”. Por supuesto que en el habla coloquial y espontánea, ninguna objeción hay al respecto; eso conforma el dinamismo y la vitalidad de una lengua. La inquietud aparece porque son las personas que ofician como modelo del buen decir y escribir quienes cometen los desaciertos en esta materia: periodistas, políticos, publicistas, entre otras.


Sé que el siguiente ejemplo ya lo he citado muchas veces, pero, como sigo escuchando su afectado y equivocado uso, acudo a la reiteración: “Funcionario público”. Todo funcionario es, necesariamente, “público”. Por eso, unir las dos palabras es una redundancia. Basta con decir “funcionario”: ya se sabe que es empleado del sector público. Y por una simple inferencia, no hay “funcionarios” en el sector privado. Quizás, con ese uso afectado se quiere evitar el término “empleado” (suena a “usado"), pero se incurre en una impropiedad.


Aprovechando una época festiva, pero muy lluviosa, alguien se dirigió a uno de sus compañeros de trabajo para invitarlo a ver en la noche los “fuegos pirotécnicos” (piro = fuego). Entonces, el invitado quiso compensar a su invitador con un café, mientras cada uno abría su paraguas, y los dos recordaban cuán favorable era protegerse de “la lluvia húmeda de agua mojada”.
Con vuestro permiso.
JAIRO VALDERRAMA
Profesor de la Facultad de Comunicación
Universidad de La Sabana

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