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quinta-feira, 4 de maio de 2017

UN ERROR LLAMADO ESPAÑOL



Y, cuando despertó, el español todavía estaba allí, con sus cosillas.
POR ÁLEX HERRERO
Cada vez me resulta menos sorprendente escuchar frases como «¿Has visto qué patadas le meten al idioma?», «¿Y es que esta gente que solo sabe inventarse palabras?» o «¡Hala, otro anglicismo! A ver si con el brexit y el murito de Trump dejan de invadirnos el idioma», y yo, desde hace un tiempo, me he currado una respuesta escatológica a la par que molona: «No creas. Antes hablábamos como el culo, ahora hablamos que te cagas».

Muchos no saben qué responder y cambian de tema, otros sonríen con cara de póker y unos poquitos —no más de dos personas en un grupo de doce tomando cervezas— se atreven a preguntarme por qué pienso así.

Son muchas las ciudades que en los albores de su fundación construían aquí o allá sin tener un plan de ordenación urbanística ni nada por el estilo; el pueblo edificaba, derribaba y volvía a edificar según les interesaba: la iglesia, en el centro; el bar, cerca;el ayuntamiento, al otro lado… Sin tener en cuenta que con estas acciones estaban creando la estructura. Pero nada es eterno, y muchas veces las ciudades tienen que crear planes de urbanismo, reorganizarse o trasladarse por falta de espacio o porque algunos edificios o barrios dejan de tener un sentido práctico. Y esto es lo mismo que sucedió con el español: esta pronunciación es más difícil que encontrar ropa de nuestra talla en rebajas, o no la utiliza ni Jordi, o ya no se utiliza con el significado de antaño.
En este caso, el primer toque de atención a la forma de hablar y escribir lo que sería más tarde el español tuvo lugar hace un montón de años —incluso dos montones—, entre los siglos iii y iv d. C., cuando los habitantes de Roma, que hablaban un latín algo diferente al que aprendimos en el instituto, se toparon con una obra bastante curiosa: el Appendix Probi, una lista de errores ortográficos y de pronunciación en latín con las correspondientes formas consideradas correctas, que fue redactada por un gramático posterior a Marco Valerio Probo.
Por ejemplo, el gramático insistía en casos como «diga camera, no cammaratabula, no tablamensa, no mesa…», y otros muchos que hoy damos por supuesto que son correctísimos. Interesante, ¿verdad? Sin embargo, también puede que nos llamen la atención otros del tipo «diga articulus, no articlusaquaeductus, no aquiductus; pavor, no paor…».
La ciudad del español se fundó sobre los pilares de distintos idiomas y dialectos —principalmente el latín y árabe— sobre los que se levantan distintos edificios: verbos, adverbios, sustantivos, adjetivos… Los cuales se emplazan en un lugar o en otro según los planes de ordenación lingüística —para entendernos—: la gramática y la ortografía.
Estos edificios cambian según las necesidades de los vecinos. Por ejemplo, hace muchos años varios franceses quisieron comprar una palabra en la que veranear y hacerle una buena reforma por dentro y respetar la fachada, porque era lo suficientemente bonita para respetarla y mucho más barato y sencillo que hacer una nueva. Es el caso de lívido —que no se debe confundir con libido—, que hasta finales del diecinueve significaba estrictamente en español ‘amoratado’ y que, por la influencia de los nuevos inquilinos en los vecinos, también pasó a significar ‘intensamente pálido’, aunque al principio la Real Academia Española rechazara ese sentido. A día de hoy encontramos ambos sentidos en nuestro diccionario.
Es curioso que, en muchas ocasiones, a la hora de remodelar edificios, nos hemos pasado con la capa de yeso y hemos corregido —más de lo necesario— términos que no hacía falta corregir y que hoy están más que asentados, como la palabra cocodrilo (del latín crocodilus) e incluso, según distintas hipótesis, el propio sustantivo español.
Al igual que en nuestras ciudades físicas, en las de los idiomas también hace falta crear o adaptar nuevas palabras que designan realidades distintas que antes no teníamos —o que no nos hacían falta— y a las que llamamos neologismosinternetpizzahackearremover
Según lo anterior, podríamos preguntarnos: «¿Significa eso que todo término ajeno al español debe quedarse?». La respuesta es clara: no.
Al igual que muchas personas se van de vacaciones unos días y luego se marchan, o trabajan en un lugar concreto durante una temporada, algunostérminos vienen para pasar quince días metafóricos en el español y, más tarde, volver a su idioma correspondiente o a compartir significado con otro término y nadie lo vuelve a echar en falta.
Sin duda, estas palabras que llegan a nuestras conversaciones y diccionarios son los nuevos edificios que hermosean nuestro idioma actualmente —y que lo harán durante muchos años— y se adaptarán a las necesidades que tenemos los hablantes para comunicarnos de forma adecuada.
Dado que el español es una ciudad viva, atrevido lector, te diré dos cosas: no tengas miedo a construir, revisar y disfrutar de las palabras del español y no te olvides de que los jornaleros del idioma también pasamos sed y una cerveza siempre será bienvenida.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

mientras y 


mientras que


significados

Recomendación urgente del día
Mientras y mientras que pueden significar ‘durante el tiempo en que’ y ‘en cambio’, excepto en el español culto europeo, donde no se considera adecuado el uso de mientras que con el primero de estos sentidos.
Como explica la Gramática académica, mientras proviene de la reducción de mientras tanto y expresa simultaneidad, superposición temporal de dos situacionesMientras que es una locución conjuntiva que, con este mismo sentido, solo pervive en el español americano, pero no se encuentra en la lengua culta del español europeo.
Por otro lado, mientras que y mientras expresan contraposición, contraste de dos estados de cosas o de dos propiedades, y su uso está asentado tanto en el español americano como en el europeo.
Por tanto, son adecuadas en todo el ámbito culto hispánico frases consentido meramente temporal como «Mientras hacemos el amor» o «Mientras tuvo dinero tuvo amigos», y con sentido contrastivo como «Valdesquí abre 12 pistas, mientras que Navacerrada finaliza la temporada», «Vettel gana en Baréin, mientras que Alonso y Sainz abandonan», «Mientras los niños crecen con la capacidad para elegir la profesión que deseen, las niñas se ven limitadas desde pequeñas» o «Mientras los niños han visitado este curso el Santiago Bernabéu, las niñas han acudido a un comedor social».
Además, en el español americano se considera apropiado el uso de mientras que con sentido temporal: «No es posible una solución política mientras que Asad siga en el poder».

quarta-feira, 3 de maio de 2017

ABELARDO CASTILLO


Muere el argentino Abelardo Castillo, maestro de escritores

Con él se va otro de los grandes de la literatura argentina del siglo XX

Buenos Aires 
El escritor argentino Abelardo Castillo en una foto de diciembre de 2016.
“Arreció la muerte sobre la literatura argentina”, dijo Abelardo Castillo en una entrevista en enero pasado. Con dolor, enumeró a La Nación la lista de “amigos” que se habían ido sólo en 2016 y 2017: Alberto LaisecaRicardo Piglia, Josefina Ludmer. “Antes”, dijo, “Dalmiro Sáenz, David Viñas y Ernesto Sábato”. Ahora la muerte también lo ha alcanzado a él, apenas cumplidos los 82 años. Castillo fue uno de los protagonistas de la vida cultural argentina del último medio siglo, testigo y protagonista de una de las etapas más prolíficas de la literatura del país sudamericano, y su partida deja huérfanos de referente a decenas de escritores que año tras año se han formado en sus talleres literarios. Autores como Liliana Heker, Guillermo Martínez, Juan Forn o Gonzalo Garcés nacieron a las letras bajo la mirada de Castillo, pese a la insistencia del maestro de que estudiar para escritor “no sirve para nada”. La cultura argentina también debe a su nombre revistas literarias ahora legendarias: El escarabajo de oroEl grillo de papel y El Ornitorrinco.
Castillo nació en Buenos Aires en 1935, pero se crio en San Pedro, una ciudad con costa al río Paraná. Allí comenzó escribir, cuando era un adolescente, sus diarios, publicados a modo de autobiografía no sistemática en 2014. Esos textos son un recorrido por su vida como escritor en ciernes, sus problemas con el alcohol y sobre cómo adquirió el hábito de la lectura en el colegio Wilfrid Barón, el mismo en el que estudió el papa Francisco. También son relatos de su compromiso político. Fue justamente su revista El Ornitorrinco, que dirigió junto con la escritora Silvia Iparraguirre, su pareja durante más de 40 años, uno de los pocos medios gráficos que en 1981, en plena dictadura, publicó la carta de las Madres de Plaza de Mayo pidiendo a los militares por sus hijos desaparecidos.
Castillo escribió teatro, novela, ensayos y cuentos, pero fue también un gran orador. En 2014, recibió junto a Piglia el premio Konex de Brillante a las letras argentinas de la última década, un galardón que en 1984 mereció Jorge Luis Borges y diez años después Adolfo Bioy Casares. Castillo se excusó de ir a recibir el premio por una “contractura”, pero luego admitió que estaba “muy contento”. El jurado tuvo en cuenta una larga lista de obras singulares: Israfel, Cuentos crueles, Las panteras y el templo, El que tiene sed, Las maquinarias de la noche, Ser escritor, El oficio de mentir, El espejo que tiembla y Las palabras y los días. Castillo siempre dijo que esas obras eran su verdadero diario, mucho más que la prosa escrita adrede como recuerdo ordenado: “Las memorias suelen ser bastante novelescas y mentirosas. En cambio todo texto literario de alguna manera es un hito en un mapa autobiográfico”.
Castillo se ha ido en silencio, pero no como esos artistas que con el paso de los años sienten curiosidad por la muerte y, poco a poco, parecen acostumbrarse a su inminencia. Hace sólo cuatro meses declaraba su rebeldía. “Odio a la muerte, la detesto”, dijo, “la vida es algo que sucede en un sentido. Todo lo que nace debería ser inmortal si aplicamos una lógica abrumadora. Sé que me voy a morir, pero también sé que mientras esté vivo soy inmortal”. Allí están sus libros, para no contradecirlo.

XII SEMINARIO INTERNACIONAL DE LENGUA Y PERIODISMO LENGUAJE CLARO





Agencia EFE

La reina pide un lenguaje claro y riguroso en el periodismo y ámbito público

La reina Letizia ha deseado hoy que los expertos que participan en el seminario que aborda El lenguaje claro, reto de la sociedad del siglo XXI realicen una reflexión «exitosa" para lograr un lenguaje claro y riguroso en el periodismo y en el ámbito público.

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Doña Letizia ha inaugurado el XII Seminario Internacional de Lengua y Periodismo Lenguaje claro, reto de la sociedad del siglo XXI, organizado por la Fundación San Millán de la Cogolla y la Fundación del Español Urgente (promovida por la Agencia EFE y BBVA).
La reina ha pedido a los asistentes al seminario que, en sus conclusiones, dibujen, «seguro que con claridad”, «un mapa confiable -sobre lenguaje claro-, que guíe a quienes, con sus textos, afectan de forma, a veces profunda, la vida de numerosas personas».
«Ya veréis vosotros -ha añadido- si debe o no sacrificarse todo a la claridad o si ser claro significa ser simple», o «si dejamos la abstracción, la complejidad semántica y la suntuosidad de adjetivos solo a los textos académicos y literarios y buscamos la sencillez y la concisión en los jurídicos, los administrativos y los informativos».
Ha indicado que ha hecho el ejercicio de acudir a un periódico cualquiera a detectar posibles faltas de claridad y, «claro, hay de todo», y abundan verbos como se desataestallase rebelan, arrasa o arranca.
«Quizá el trazo que dibujan estos verbos sea grueso. Quizá, y para construir el relato periodístico, la realidad requiera, o no, un lenguaje más apacible, aunque no menos riguroso», ha incidido.
Doña Letizia ha afirmado que este seminario le concierne y le importa y ha indicado que «hay muchas preguntas sobre la mesa y dos días de debate», por lo que ha deseado una «exitosa» reflexión sobre el lenguaje claro.
La lección inaugural la ha pronunciado la catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia, Adela Cortina, y también directora de la Fundación ÉTNOR (Ética de los Negocios y las Organizaciones Empresariales).
En su intervención, ha defendido que el esfuerzo por el lenguaje claro ha sido un necesidad permanente, pero se ha convertido en una exigencia «ineludible» en el actual «tiempo nuevo».
«Sin el lenguaje claro y llano en determinados sectores no existen sociedades democráticas», según Cortina, quien ha citado «el derecho de cada persona a comprender aquello que le afecta para poder asumir su respuesta de forma autónoma» .
Y ha añadido, respecto a los gobiernos y las administraciones públicas, que suelen utilizar en sus documentos «una jerga de rufianes», con «un lenguaje abstruso y unilateral», aunque «tal vez lo hagan sin intención».
A ello ha sumado «el lenguaje judicial, hermético, duro y casi ofensivo, que ignora, de hecho, la presunción de inocencia»; la reclamación de claridad en el lenguaje sanitario y textos comprensibles en el mundo empresarial y financiero.
Cortina ha afirmado que recurrir a «un lenguaje claro, llano y bien cuidado» es una cortesía y un deber indeclinable de los gobiernos, las administraciones públicas, los poderes del Estado, como el legislativo y el judicial; los profesionales, los medios de comunicación, las empresas y las entidades financieras.
«Es, sencillamente, una exigencia de justicia, porque resulta imprescindible para que los afectados en cada campo puedan ejercer su autonomía, que supone comprensión y posibilidad de participación activa», ha explicado.
También ha intervenido el director de la Real Academia Española (RAE), Darío Villanueva, quien ha dicho que la claridad del lenguaje es todo un reto para la sociedad del siglo XXI y que la entidad que dirige «está empeñada» en ayudar con sus aportaciones al logro de ese objetivo en las áreas judicial y jurídica.
Ha indicado, que «desafortunadamente, existen leyes escritas de tal modo que los que tenemos que cumplirlas no somos capaces de comprenderlas, por la oscuridad que a veces parece incluso deliberada por parte de los legisladores, que empaña su formulación verbal».
Con tal motivo, la RAE ha elaborado, en concordancia con el Tribunal Supremo y el Consejo General del Poder Judicial, un Diccionario de español jurídico, publicado en 2016 y puesto ya en la red para su consulta gratuita.
A la inauguración ha acudido también el presidente del Gobierno riojano, José Ignacio Ceniceros, quien ha asegurado que «la información que no se comprende no genera conocimiento, sino ruido».

EL LENGUAJE EN EL ÁMBITO JUDICIAL

La RAE está empeñada en contribuir a un lenguaje claro en el ámbito judicial

El director de la Real Academia Española (RAE), Darío Villanueva, ha dicho que la claridad del lenguaje es todo un reto para la sociedad del siglo XXI y la entidad que dirige «está empeñada" en ayudar con sus aportaciones al logro de ese objetivo en las áreas judicial y jurídica.

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Villanueva ha intervenido hoy en la inauguración del XII Seminario Internacional del Lengua y Periodismo, organizado por la Fundación San Millán de la Cogolla y la Fundación del Español Urgente (promovida por la Agencia EFE y BBVA), y que ha inaugurado la reina Letizia.
Ha indicado que «desafortunadamente existen leyes escritas de tal modo que los que tenemos que cumplirlas no somos capaces de comprenderlas, por la oscuridad que a veces parece incluso deliberada por parte de los legisladores, que empaña su formulación verbal».
Con tal motivo, la RAE ha elaborado, en concordancia con el Tribunal Supremo y el Consejo General del Poder Judicial, un Diccionario de español jurídico, publicado en 2016 y puesto ya en la red para su consulta gratuita.
Ahora se trabaja de nuevo en ese diccionario, con el fin de enriquecerlo con el léxico específicamente referido a las leyes y las prácticas jurídicas hispanoamericanas, ha avanzado Villanueva, quien ha recordado que este año se ha presentado el Libro de estilo de la Justicia.
El también presidente del patronato de la Fundación del Español Urgente, Fundéu BBVA, ha citado la frase de Ortega y Gasset «la claridad es la cortesía del filósofo».
«Pero también lo es del político, del periodista, del profesor, del médico, del predicador, del ejecutivo, del empresario, del diplomático, del tertuliano», según Villanueva, «en fin, de todos los hombres y mujeres que tengan conciencia de esa capacidad que caracteriza a nuestra especie, el lenguaje».
A ello ha añadido «la lengua o lenguas de que hacemos uso para comunicarnos con los demás, para expresar nuestra intimidad, para referirnos al mundo que nos rodea, o para incidir en el pensamiento y la conducta de nuestros interlocutores».
Ha recordado que se conmemora el cincuentenario del fallecimiento, ocurrido el 2 de mayo de 1967, del miembro más longevo de la llamada generación del 98, el alicantino José Martínez Ruiz, conocido por su seudónimo de Azorín.
«La prosa periodística y literaria de Azorín se considera un modelo difícilmente superable de claridad, precisión y belleza», ha indicado el director de la RAE, al recurrir a «una sintaxis simple, de frase cortas, a un léxico preciso pero con frecuencia sorprendente por no ser excesivamente habitual, y por la elección muy medida de las series de adjetivos yuxtapuestos».

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

ex número uno


escrito en 


tres palabras

Recomendación urgente del día
La expresión ex número uno se escribe con el prefijo ex separado del resto de las palabras que la componen.
En las noticias sobre eventos deportivos, pero también en la prensa en general, las denominaciones número uno, número dos, etc., aparecen con cierta frecuencia y, cuando alguien ha perdido esa posición, se aprecian vacilaciones a la hora de referirse a este hecho de forma adecuada: «El exnúmero uno del tenis casi muere al chocar su lujoso auto», «Los esfuerzos por desacreditar al ex ‘número dos’ de la policía» o «El exnúmero uno acabó el partido con solo 11 errores no forzados y un destacado 92 % de los servicios».
Según indica la Ortografía académica, el prefijo ex- se escribe, como norma general, unido a la palabra a la que acompaña, como excampeónpero separado cuando precede a una expresión formada por varios términos que tienen un significado unitario, como número uno, número dos, etc.
Por ello, en los ejemplos anteriores lo adecuado habría sido escribir «El ex número uno del tenis casi muere al chocar su lujoso auto», «Los esfuerzos por desacreditar al ex número dos de la policía» y «El ex número uno acabó el partido con solo 11 errores no forzados y un destacado 92 % de los servicios».
Número uno es, por lo demás, una expresión que figura en el Diccionario académico con el sentido de ‘persona o cosa que sobresale en algo, destacando sobre todas las demás’ y que, por tanto, no necesita ningún tipo de resalte o de entrecomillado, y esto puede hacerse extensivo a otras formas como número dos, número tres, etc.
Ver también escritura del prefijo ex y prefijos, cuatro claves para una buena redacción.

LA RECOMENDACIÓN DIARIA

  LA RECOMENDACIÓN DIARIA resistencia a los antimicrobianos , mejor que  resistencia antimicrobiana   Resistencia a los antimicrobianos , no...