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quinta-feira, 13 de julho de 2017

DIÁLOGOS


Alargamientos innecesarios: 


un atentado contra la economía del lenguaje

En esta entrega, Ana María y Francisco ponen en discusión el uso de palabras y expresiones alargadas innecesariamente. Este error, perpetuado por comentaristas y periodistas, además de complicar una frase atenta contra la economía del lenguaje. Advierten, sin embargo, que no siempre se trata de un error. 
Ana María Nafría y Francisco Domínguez

 
 
 La lingüista Ana María Nafría y el lexicógrafo Francisco Domínguez conversan en uno de los jardines de La Casa de Las Academias. Foto: Fred Ramos
La lingüista Ana María Nafría y el lexicógrafo Francisco Domínguez conversan en uno de los jardines de La Casa de Las Academias. Foto: Fred Ramos
Francisco: Ana María, acabo de encontrar, en el libro de Álex Grijelmo La seducción de las palabras (Taurus, 2000), este párrafo que le quiero leer: “Ya es conocida la propensión de los personajes públicos a estirar las palabras por esa creencia tan absurda y tan arraigada según la cual los términos con muchas sílabas resultan más prestigiosos. Buscan con ello la fascinación de los oyentes, que se quedan perplejos ante esa supuesta elevación de los conceptos...”. Él pone como ejemplos algunos términos como concretizarregularizaciónproceso gripal en lugar de concretarregulacióngripe. ¿Está de acuerdo usted con esto?
Ana María: Eso se observa no solo en los personajes públicos, sino en periodistas, maestros, abogados, es decir, profesionales de todo tipo; pero en ello tienen mucha culpa los personajes públicos, pues quienes los escuchan o leen sus artículos reproducen su vocabulario sin reflexionar si dichas expresiones son adecuadas o no. Y esto ocurre por dos motivos: por falta de formación lingüística que les permita hacer ese análisis o por admiración no cuestionada hacia ellos.
F: ¿Pero es correcto el uso de esos vocablos alargados que tienen el mismo significado que las formas cortas?
AM: Desde el punto de vista gramatical, la mayoría están construidos según las normas morfológicas del español; por tanto, son correctos. Pero hay que tener cuidado, siempre hay que consultar el diccionario para verificar que los dos términos tienen el mismo significado, como los ejemplos que has puesto, porque no siempre es así.
F: ¿Me puede dar un ejemplo de cuando no es así?
AM: Te puedo dar varios: iniciar (“comenzar”) e inicializar (“establecer los valores iniciales para la ejecución de un programa”); abanderar (“ponerse al frente de un movimiento”) y abanderizar (“dividir en bandos”). Por ello, insisto en que siempre hay que consultar el diccionario.
F: Entiendo que sí puedo elegir entre los términos que tienen el mismo significado porque ambos son correctos. ¿Entonces cuál es el problema?
AM: El problema es que los alargamientos innecesarios atentan contra la economía del lenguaje: expresarse con el menor número de elementos, sean vocablos o frases. Así, si tenemos el término uso, ¿por qué empleamos utilización? Si tenemos influir, ¿por qué influenciar? O si podemos expresarnos con una palabra, ¿por qué decir tres?: la importancia de la producción de materiales…por la importancia de producirmateriales... o debemos trabajar en el aseguramiento de la calidad… por debemos trabajar en asegurar la calidad
F: Entonces, no hay en esos términos una incorrección gramatical, sino más bien un alargamiento injustificado o una complicación de la expresión.
AM: Efectivamente, no se justifica el inventar esas palabras alargadas cuando ya existen otras cortas que dicen lo mismo y que son comprendidas y usadas por todo el grupo social. Por eso muchos alargamientos no están recogidos en los diccionarios, lo cual nos impide comprobar su significado y adecuación.
F: ¿Me puede dar algunos ejemplos de esas palabras?
AMVehiculizar no está en el diccionario (DEL), pero sí vehicular, lo cual indica que es esta palabra la que usa la población en general; sin embargo, los profesionales en el área de la química, en sus artículos científicos, prefieren usar el primero y con el mismo significado que el segundo. Por lo tanto, en este ámbito de la química, ese término vehiculizar es adecuado, no así fuera de ese campo; porque adecuación quiere decir que la expresión es la indicada para el contexto y el grupo social al que va dirigido.
F: Pero, entonces, vehiculizar quizá aparezca pronto en el diccionario, como muchas otras palabras especializadas que todavía no son de uso común.
AM: Probablemente.

Sobre los autores
Hace treinta años, los caminos de Ana María Nafría y Francisco Domínguez se cruzaron gracias a las palabras. En 1986, él ingresó a la carrera de Filosofía de la Universidad Centroamericana (UCA) y recibió clases de Lingüística con ella. Su desempeño en la cátedra fue excepcional y Ana María decidió reclutarlo como instructor los cinco años siguientes y luego contratarlo como profesor. Desde entonces, mantienen un diálogo constante sobre los errores que encuentran en los textos que corrigen. Esta experiencia les dio la idea de escribir estos artículos.
Cuando a Ana María se le pregunta qué le gusta, ella responde: “Me entusiasma facilitar a mis estudiantes la comprensión de la estructura de la lengua española”. Ella estudió Filología Moderna en la Universidad de Salamanca y Filosofía Iberoamericana en la UCA, donde ha trabajado durante más de cuarenta años. Es miembro de número de la Academia Salvadoreña de la Lengua.
A Francisco le gustan las novelas de Hesse y Kundera, el cine francés y la música barroca. Además de Filosofía, él estudió Lingüística en la Universidad Complutense y Lexicografía Hispánica en la Real Academia Española. Desde septiembre 2016 es becario de la Academia Salvadoreña de la Lengua.
Ambos trabajan como profesores del área de lenguaje en universidades privadas. Ella en la UCA y él, desde hace diez años, en la Escuela Superior de Economía y Negocios (ESEN). Por sus aulas han desfilado periodistas de El Faro y de otros medios del país.
El Faro presenta estos Diálogos gramaticales, una serie que se actualizará cada quince días.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

salmonela


sin doble ele 


y en minúscula

Recomendación urgente del día
El término salmonela, que alude tanto a unas bacterias como a las enfermedades que estas producen, se escribe en español con una sola ele en la última sílaba y no con dos, y en minúscula.
En los medios de comunicación puede verse a menudo la grafía salmonella, con ll, como en «La salmonella, con un tratamiento adecuado, puede mejorar en menos de 48 horas», «Se identificó la presencia de salmonella en productos vencidos que salieron a la venta» o «Lo que exterminó a los pueblos originarios de México fue la salmonella».
El Diccionario académico recoge la voz salmonela con dos significados: ‘bacteria anaerobia que contamina los alimentos, produciendo trastornos intestinales’ y ‘salmonelosis’, que a su vez es ‘infección por bacterias del género Salmonella’.
El nombre científico del género de las bacterias es Salmonella, escrito en cursiva y con mayúscula inicial, y a partir de él se forma el nombre común salmonela, en redonda y adaptado al español. El uso ha hecho que el nombre de la bacteria se aplique también a la enfermedad, tal y como se recoge en la obra citada, aunque conforme al Diccionario de términos médicos, de la Real Academia Nacional de Medicina de España, en textos especializados lo adecuado es mantener la distinción entre la bacteria (salmonela) y la enfermedad (salmonelosis).
Por ello, en los ejemplos anteriores, lo adecuado habría sido «La salmonela, con un tratamiento adecuado, puede mejorar en menos de 48 horas», «Se identificó la presencia de salmonela en productos vencidos que salieron a la venta» y «Lo que exterminó a los pueblos originarios de México fue la salmonela», aunque en el primero habría sido más preciso hablar de salmonelosis.

quarta-feira, 12 de julho de 2017

PALABRAS

Palabras que caen del cielo


TERESA GUERRERO en El Mundo - Madrid


Numerosos términos y expresiones tienen su origen en la astronomía Daniel Kunth repasa su etimología en el libro 'Las palabras del cielo'


Una de las primeras cosas que seguramente hizo el hombre fue mirar el cielo. "Ahora nos parecen 
normales los cambios que se producen en pocas horas, pero hace 10.000 años sobrecogían a nuestros antepasados, que trataban de entenderlos. Su vida y sus cosechas dependían de ello", afirma J. Miguel Mas Hesse, director del Centro de Astrobiología (CSIC-INTA).

Observar el cielo y tratar de descifrarlo ha sido una tarea común en prácticamente todas las culturas. Su importancia ha quedado reflejada en nuestro lenguaje, pues numerosas palabras y expresiones que usamos en nuestra vida cotidiana tienen su origen en la astronomía. El astrónomo francés Daniel Kunth ha recopilado algunas de ellas en Las palabras del cielo (editado por Gedisa), un libro en el que repasa su etimología.

"Daniel Kunth es un enamorado del cielo al que le gusta buscar el sentido poético de las cosas cotidianas, y esa pasión por el cielo la ha plasmado en este libro", señala Mas Hesse durante la presentación en Madrid del libro, editado ahora en castellano.

Como señala el divulgador científico Jorge Wagensberg en el prólogo, "una estrella puede ser tratada con método científico, como harían Galileo o Newton, o bien con método artístico, como harían Van Gogh o Neruda". Kunth, señala, "es un físico del cosmos que ama las palabras" y "tantos milenios de maravilla ante una noche estrellada han dejado mucha más huella en el lenguaje de lo que en principio se podría sospechar".

Según relata Kunth, el origen de esta obra se remonta a 1991, cuando fue a la televisión, invitado por la actriz Jeanne Moreau, para que explicara en el programa Mon zénith a moi (Mi propio cénit) el significado de cénit desde la perspectiva astronómica. Esta palabra de origen árabe hacía referencia al camino sagrado que conduce al cielo y fue el primer término cuyo etimología investigó.

A partir de ahí se encontró con una sorprendente cantidad de términos provenientes de la astronomía. Y es que, aunque la procedencia es evidente en términos como astrónomo, astrólogo, astronauta o cosmonauta, menos conocida es su vinculación con desastre (mal astro o astro funesto), cosmopolita, asterisco o croissant. "Descubrí palabras que me sorprendieron, como canícula, cosmética o girasol", señala. Deseo es su favorita.
El astrónomo francés Daniel Kunth -  LAURENCE HONNORAT

Kunth habla español con un ligero acento chileno que adquirió durante los dos años que estuvo en el país sudamericano cumpliendo el servicio social con el que reemplazó el servicio militar francés. Contemplando uno de los cielos más bellos de la Tierra, decidió dedicarse profesionalmente a estudiarlo. Hace ya 31 años que investiga en el Instituto de Astrofísica de París, donde se ha especializado en la formación y evolución de las galaxias.
Respeto, curiosidad y temor

Tras compilar alrededor de 200 palabras y expresiones decidió reunirlas en una obra, aunque su intención, aclara, no era hacer un diccionario. "¿Por qué hay tantas palabras que se refieren al cielo, a diferencia de otras ramas científicas, como la biología y la física? Es muy sencillo. La astronomía, el cielo, están en el cruce de la religión, la poesía y la ciencia", explica. "El cielo se ve con respeto, con curiosidad y, a veces, con temor", añade.

Así, kamikaze proviene de kami (que en japonés es la entidad superior o la divinidad) y kaze (el viento que sopla). Al final de la Segunda Guerra Mundial, esta palabra designaba los ataques suicidas de los pilotos de una unidad de la Armada Japonesa. "Los kamikazes surgían del cielo y esparcían el terror" explica Khunt.

Pero la observación astronómica también contribuyó al desarrollo del comercio y ayudó a controlar los imperios de ultramar. El Real Observatorio de Madrid, el lugar elegido para presentar el libro, es un ejemplo de ello. Fue construido en el siglo XVIII, cuando España era una potencia mundial y la astronomía, una ciencia estratégica, pues era imprescindible para la navegación. Mediante la posición de las estrellas, los marineros podían saber en qué punto del globo se encontraban. Orientarse, por cierto, proviene del latín oriri (levantarse, salir o aparecer al horizonte, sobre todo se dice de los cuerpos celestes).

La palabra cielo (caelum), cuyo origen etimológico sigue siendo un misterio, ha dado lugar a múltiples términos como celeste, arcoíris o cerúleo. Considerar viene del latín considerare: cum-sideris) y significaba mirar las estrellas. En el lenguaje de la marina, explica Kunth, se empezó a usar con el significado de mirar atentamente y reflexionar.

Terminamos con el objeto astronómico más conocido, la estrella,que también proviene de una palabra latina, stella, que viene a su vez de una raíz indoeuropea, stel, que significa sembrado de estrellas. Si en el pasado los agricultores y los marineros tenían que conocerlas bien, hoy en día las estrellas siguen siendo referencia y guía para las estaciones orbitales y los satélites más sofisticados. Los árabes dieron nombre a muchas de ellas, como Aldebarán, mientras otras conservan los nombres mitológicos con los que los griegos las bautizaron (Sirio o Procyon). Daniel Kunth es, por ciento, miembro fundador del festival Les Nuits des étoiles (las noches de las estrellas), que se celebra en varios países desde hace dos décadas. "¿Saben que hay más estrellas en el cielo que granos de arena en la Tierra?".

PEQUEÑO DICCIONARIO FEMINISTA

Vocabulario feminista que ya todos deberíamos dominar en 2017

¿Qué es la sororidad? ¿Vivimos en la cultura de la violación? ¿Qué diferencia hay entre machismo y masculinismo? Resolvemos todas las dudas en este pequeño diccionario.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
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peñón de Gibraltar


pero 


el Peñón

Recomendación urgente del día
El sustantivo peñón se escribe con minúscula en peñón de Gibraltar,mientras que puede escribirse con mayúscula si aparece de forma aislada, el Peñón, de acuerdo con las normas sobre mayúsculas y minúsculas de la Ortografía de la lengua española.
Con motivo de la visita del rey Felipe VI al Reino Unido, algunos medios están escribiendo peñón de Gibraltar con pe mayúscula: «El rey Felipe VI podría hablar del Peñón de Gibraltar» o «España siempre ha reclamado su soberanía sobre el Peñón de Gibraltar».
Los sustantivos comunes que forman parte de los nombres de accidentes geográficos se escriben generalmente con minúscula: el cabo de Gata el río Orinoco; no obstante, el sustantivo común puede escribirse con mayúscula si se emplea por sí solo y la referencia resulta inequívoca para los hablantes: el Peñón es el peñón de Gibraltar para los españoles, igual que el Estrecho es el estrecho de Gibraltar, tal como indica la Ortografía. Esto mismo se puede aplicar a la Verja (para referirse a la verja de Gibraltar).
Así pues, en los ejemplos anteriores lo apropiado habría sido escribir «El rey Felipe VI podría hablar del peñón de Gibraltar» y «España siempre ha reclamado su soberanía sobre el peñón de Gibraltar».
Se recuerda además que el municipio de La Línea de la Concepción, denominado a menudo simplemente La Línea, se escribe con ele mayúscula en el artículo, por lo que, en lugar de «Pescadores de la Línea denuncian que Gibraltar lanza bloques de hormigón en los caladeros», lo apropiado habría sido escribir «Pescadores de La Línea denuncian que Gibraltar lanza bloques de hormigón en los caladeros».
Ver también el estrecho de Gibraltar, pero el Estrecho

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Agencia EFEFundéu - BBVA
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pollero


en inmigración, 


no necesita comillas

Recomendación urgente del día
El sustantivo pollero, empleado para referirse a la persona que transporta trabajadores indocumentados a los Estados Unidos, no necesita comillas ni cursiva.
En los medios de comunicación, especialmente mexicanos, es habitual encontrar frases como «Dos “polleros” abandonan a una mujer y se queda colgada en el muro fronterizo», «El año pasado Estados Unidos echó a 143 “polleros” mexicanos» o «Los “polleros” usan Uber para llevar migrantes a Estados Unidos».
El término pollero, aparte de hacer referencia a la ‘persona que tiene por oficio criar y vender pollos’, se emplea, sobre todo en México, con el sentido de ‘persona que transporta ilegalmente trabajadores indocumentados a otro país, generalmente a los Estados Unidos de América’, de acuerdo con la definición del Diccionario de americanismos.
Dado que este mexicanismo aparece recogido tanto en la citada obra como en el Diccionario de la lengua española, en los ejemplos anteriores habría sido preferible escribir pollero sin comillas.

terça-feira, 11 de julho de 2017

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

mentoría


mejor que 


mentoring

Recomendación urgente del día
La palabra mentoría es una alternativa válida al anglicismo mentoring.
Cada vez de manera más habitual se pueden encontrar en los medios de comunicación frases como «Clausurarán mañana la primera edición de su programa de “mentoring”», «Implementar estrategias basadas en el mentoring es una forma de invertir en el desarrollo del talento» o «Ha podido recibir ‘mentoring’ de un joven emprendedor durante todo un mes».
Según el Diccionario Oxford, el verbo to mentor, del que deriva mentoring, significa ‘aconsejar y formar a alguien, normalmente más joven’. Este último vocablo puede sustituirse en español por el sustantivo mentoría, derivado del término mentor, que el Diccionario de la Academia define como ‘consejero o guía’ y que ya cuenta con uso entre los especialistas en dicho sector.
Así pues, en los ejemplos anteriores habría podido escribirse «Clausurarán mañana la primera edición de su programa de mentoría», «Implementar estrategias basadas en la mentoría es una forma de invertir en el desarrollo del talento» o «Ha podido recibir una mentoría de un joven emprendedor durante todo un mes».
En español, existen también las voces mentorizar y mentor, que son alternativas válidas para designar la acción y a la persona que la lleva a cabo, respectivamente: «Cómo mentorizar a tus empleados» y «Encuentra tu mentor en la web».
Si de todas maneras se prefiere usar estas voces en inglés, se recomienda escribirlas en cursiva o, si no se dispone de este tipo de letra, entre comillas por tratarse de un extranjerismo.

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