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quarta-feira, 7 de novembro de 2012

FUNDÉU RECOMIENDA...


Recomendación del día


dar la casualidad de que, no dar la casualidad que

En las expresiones dar la casualidad y dar la impresión no es adecuado suprimir la preposición de.

Ambas locuciones se construyen normalmente seguidas de una oración subordinada introducida por la conjunción que, según indica el Diccionario panhispánico de dudas.

La supresión indebida de una preposición (en este caso de) delante de la conjunción que, cuando alguna palabra del enunciado la exige, da lugar al queísmo.

Por este motivo no es apropiado decir «Dio la casualidad que pasaba por allí en ese momento» o «Me dio la impresión que me estaba mintiendo» sino «Dio la casualidad de que pasaba por allí en ese momento» o «Me dio la impresión de que me estaba mintiendo».

EXÓNIMOS


Conozca qué son los exónimos y cómo se deben utilizar en el lenguaje
Por: FERNANDO ÁVILA |

Los exónimos son los nombres de lugares geográficos traducidos. Por ejemplo, Colombia tiene como exónimo turco Kolombiya y como exónimo francés La Colombie.
De allá para acá, muchos nombres propios geográficos tienen su exónimo en español, que se deben usar con preferencia a la forma original, especialmente cuando son palabras tradicionales.
Así, topónimos ingleses como England y London tienen como exónimos españoles Inglaterra y Londres. Los alemanes Deutschland, München y Mainz tienen como exónimos españoles Alemania, Múnich y Maguncia.
Hay que decirles a artistas y modelos que viajan a Milán y Florencia, que esos son los exónimos de las denominaciones italianas Milano y Firenze. Y a escritores, que no se les olviden las tildes de París y Río de Janeiro, que las formas originales en el francés y portugués no tienen, pero sus exónimos españoles sí.
En lo que toca a Estados Unidos, no olvidemos que USA es la sigla de ese país en inglés, mientras que EE. UU. es la abreviatura en español. Muchos locutores se esmeran en pronunciar en perfecto inglés New York, cuando existe el exónimo Nueva York, cuyo gentilicio es neoyorquino, no nioyorquino (que seguramente escriben newyorkino), como se oye en canales televisivos de Miami.
Otros exónimos de ese país son Misisipi (exónimo de Mississippi), Luisiana (de Louisiana) y Carolina del Norte (de North Carolina). Además, muchos nombres estadounidenses son originalmente españoles, por lo que no hay que esforzarse en darles una pronunciación gringa al leerlos en radio y televisión: California, Florida, Los Ángeles, San Francisco, San Antonio, Orlando, El Paso...
Fernando Ávila
Delegado para Colombia de Fundéu BBVA

GUARANÍ






La primera academia de lengua indígena de América, en Paraguay
La Academia de la Lengua Guaraní unificará criterios para usar este idioma junto al español

EFE Asunción 7 NOV 2012 - 03:56 CET

Paraguay ha creado la Academia de Lengua Guaraní, la primera en su tipo en América, que articulará la unificación de los criterios sobre el uso de este idioma nacional paraguayo junto al español.
El titular de la Secretaría de Políticas Lingüísticas, Carlos Villagra Marsal, informó sobre la instauración de la academia, también denominada Ava Ñe'e Rerekuá Pave en guaraní, que está integrada por 15 miembros. Villagra destacó que por primera vez en la historia de América una lengua indígena de las 2.000 preexistentes a la llegada del europeo, tiene una academia. Según él, la idea es que la nueva institución sea “absolutamente independiente de toda clase de política estatal, como es el caso de todas las academias del mundo” y remarcó que buscarán dotarla de la infraestructura necesaria para lograr esa autonomía.
La Academia de Lengua Guaraní fue promovida a través de la Ley de Lenguas, aprobada en 2010 y que también autorizó la creación de la Secretaría de Políticas Lingüísticas, que posee rango ministerial. En la actualidad, un 92% de la población paraguaya utiliza tanto el castellano como el guaraní. Esta lengua, hablada antes de la llegada de los españoles a América, fue elevada a la categoría de idioma oficial, que ya tenía el español, en la Constitución de 1992, donde además se incluyó la obligatoriedad de su enseñanza. En la Carta Magna de 1967 ya figuraba como idioma nacional.

ONETTI





Un recuerdo de Onetti
En aquel anciano enfermo, anclado en su deterioro físico, había una lucidez intacta y algo que yo había encontrado siempre en su literatura: el desengaño de la vida y el amor por la vida, la propensión a una tristeza sin alivio y al mismo tiempo a una ternura pudorosa y sin límite
ANTONIO MUÑOZ MOLINA 3 NOV 2012 - 00:00 CET
FUENTE: El País.es

Cuando se ha vivido muchos años en la misma ciudad uno tiene a veces la sensación de cruzarse con una versión muy anterior de sí mismo, un fantasma al que le costaría trabajo reconocer si de verdad pudiera verlo. Yo paso con mucha frecuencia, en Madrid, por la acera de la avenida de América donde está el edificio en el que vivió hasta su muerte Juan Carlos Onetti, y siempre me acuerdo de la mañana de hace casi veintidós años justos en que vine a visitarlo. Junto a esa acera ancha delante del portal bajé de un taxi, llevando una bolsa de viaje, porque había pasado en Madrid poco más de un día y en apenas unas horas tenía que salir camino del aeropuerto. Sólo unos días antes había ido de Granada a Lisboa. Volvería a Granada esa misma tarde. Vivía entonces a rachas un aturdimiento de viajes y no sabía que me estaba aproximando a una frontera invisible del tiempo que iba a cambiar con igual fuerza mi vida y mi literatura. Aquella acera, el paisaje del tráfico hacia el aeropuerto, el mareo de la falta de sueño, los veo ahora en el recuerdo como indicios seguros de lo que ya había cambiado sin que yo lo supiera. Me detuve delante del portal con mi bolsa en la mano y comprobé de nuevo la dirección que llevaba apuntada. En unos minutos, después de un trayecto breve en ascensor, iba a encontrarme con Onetti.
La tarde anterior una señora muy amable, con ojos claros y acento porteño, se me había acercado al final de un acto literario. Me dijo que era Dolly Onetti. “A Juan le gustaría que vinieras a casa mañana”. Todo me sucedía al mismo tiempo, en un mareo de emociones simultáneas. El acto en el que yo había participado, junto a Enrique Vila-Matas y el poeta Juan Luis Panero, era un homenaje a Adolfo Bioy Casares. Acababa de conocer a Bioy y de experimentar por primera vez su generosa cortesía, y de golpe se me presentaba la oportunidad de encontrarme también con Onetti al cabo de unas pocas horas.
Los dos, cada uno a su manera, venían siendo, junto a Borges, mis maestros más queridos en la literatura en español: los que hacían resonar las cuerdas más hondas de mi imaginación literaria, los que modelaban mi manera de entender el oficio de escritor. En Bioy estaba la delicadeza irónica, en Onetti el desgarro, la pura poesía de contar lo que de tan doloroso o tan arrebatador casi no puede ser contado. De otros escritores de América Latina a los que admiraba por sus novelas me alejaban sus figuras públicas, demasiado oficiales, demasiado adictas a los protocolos. De Onetti y de Bioy me gustaba la intensa sensación de privacidad que desprendían. Para eludir las ocasiones de hablar en público Bioy decía: “Yo soy escritor por escrito”. En cuanto a Onetti, vivía retirado legendariamente en aquella casa en la que yo iba a visitarlo, como en un exilio en el interior de otro exilio, sin levantarse de la cama, fumando y sorbiendo whisky y leyendo novelas de misterio.
El corazón me latía muy fuerte cuando salí del ascensor en el último piso y llamé a la puerta. Me abrió Dolly, con su sonrisa grave de bienvenida. Las estanterías del pequeño comedor estaban llenas de libros, casi todos en ediciones de bolsillo muy usadas, muchos de ellos novelas policiales. El comedor lo recuerdo en penumbra. En la habitación donde estaba Onetti había una fuerte luz matinal. Una ventana con macetas daba a una terraza y a los tejados de Madrid. Onetti me recibió echado en la cama, en pijama, un pijama azul claro como de la Seguridad Social, en una postura forzada, de costado, apoyado en un codo. Tenía la piel pálida y enrojecida, y una barba escasa. Como no llevaba gafas resaltaban más sus grandes ojos saltones, esos ojos de pena o de tedio abismal que se le veían en las fotos.
Se apoyaba en un codo y en la otra mano tenía el cigarrillo. Era una mano de dedos muy largos, el índice y el corazón manchados de nicotina, una mano desganada que desde muchos años atrás no había hecho más esfuerzo que el necesario para sostener vasos y cigarrillos, una de esas manos que se doblan y caen como desfalleciendo desde la muñeca.
En la pared, detrás de la cabecera, había fotos y recortes, pegados con chinchetas o cinta adhesiva. En la mesa de noche cabía apenas un cenicero inseguro junto a una pila de novelas. Onetti estaba acatarrado y oía con dificultad. De vez en cuando, cuando no conseguía escuchar algo que yo le había dicho y se adelantaba un poco para oírme mejor, le cruzaba por la cara un gesto rápido de impaciencia, como de rencor contra la vejez. Hablamos sobre todo de Faulkner y de Nabokov. Le gustó que le contara que cuando yo era muy joven, en una época en la que costaba mucho encontrar libros suyos, había robado El Astillero en la casa de alguien. Cuando mencioné que la tarde anterior había estado con Bioy dijo, con un desdén rioplatense en el diminutivo: “Adolfito”. Onetti era muy radical políticamente, muy consciente de las diferencias de clase. Pero no le costó nada reconocer que Bioy había escrito al menos una obra maestra, de la que habló enseguida con entusiasmo, El sueño de los héroes.
Bebía de vez en cuando un sorbo de un whisky barato con agua. Bebía y fumaba. Yo llevaba en mi bolsa de viaje una botella de whisky de malta que había comprado en el duty free del aeropuerto de Lisboa. Le pedí permiso a Dolly para dejársela como regalo. Ella asintió, encogiéndose de hombros: “Así por lo menos beberá algo de buena calidad”.
De modo que bebí whisky de malta con Onetti a las doce de la mañana, en ayunas, y el mareo inmediato acentuó la irrealidad de aquellas horas, el tiempo en suspenso de la conversación, en la que se me insinuaba poco a poco la urgencia de marcharme para no perder mi avión a Granada. En aquel anciano enfermo, anclado en su deterioro físico, había una lucidez intacta y algo que yo había encontrado siempre en su literatura, y que había tenido desde muy joven sobre mí un efecto parecido al del whisky a media mañana y al fervor secreto que llevaba conmigo ese día de noviembre: el desengaño de la vida y el amor por la vida, la propensión a una tristeza sin alivio y al mismo tiempo a una ternura pudorosa y sin límite. La indignación lo reanimaba. Renegó de los obispos españoles y de su afición a invadir el derecho a la felicidad sexual de la gente. Le pidió a Dolly que me diera el primer volumen de la biografía de Faulkner de Joseph Blotner. “¿Y por qué no los dos?”, dijo Dolly. “Para que así tenga que volver”.
Pero ya se me acababa el tiempo, y él estaba cansado. Por timidez, por miedo a importunar a un hombre enfermo, ya no volví nunca. Lo que recuerdo exactamente, veintidós años después, es su mano débil apretando la mía en la despedida, y las palabras que me dijo: “Es lindo sentirse amigo”.
antoniomuñozmolina.es/

ALFREDO BRYCE ECHENIQUE

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b>“Hay algunos que quieren todos los premios para ellos... ¡que se jodan!”

El escritor sale al paso de las críticas por su premio Feria Internacional de Guadalajara de Literatura en Lenguas Romances 2012
En Madrid, repasa su vida a través de siete libros esenciales

WINSTON MANRIQUE SABOGAL Madrid

“¡Que se jodan!”. Es el único momento en que el imperturbable Alfredo Bryce Echenique se deja llevar. El mensaje, desde Madrid, es para todos aquellos que desde hace dos meses le tienen como blanco de sus críticas por la concesión del premio Feria Internacional de Guadalajarade Literatura en Lenguas Romances 2012. Aunque el premio es a su obra literaria, (entre la que se cuentan libros importantes como Huerto cerrado, Un mundo para Julius y La vida exagerada de Martín Romaña)escritores e intelectuales mexicanos y latinoamericanos han expresado su desacuerdo al revivir las acusaciones de plagio contra el autor peruano por varios artículos periodísticos.
“No he plagiado… Nunca lo he hecho”, asegura el escritor, quien no se muestra del todo sorprendido ante la reacción que ha suscitado el galardón de la feria mexicana. “Es un grupo de extrema derecha. Hay gente que quiere todos los premios para ellos. Son unos frustrados”, según Bryce Echenique (Lima, 1939). E insiste en que los tribunales no lo han condenado, y, por el contrario, lo han absuelto en seis o siete casos. “Todo ha sido por la maldad de alguien. Por envidia”, remacha el novelista, que ayer inauguró la VII Conferencia Internacional Literatura y Automóvil, organizada por la Fundación Eduardo Barreiros, en colaboración con la Fundación MAPFRE. Cinco días en los que estarán Cees Nooteboom, James Ellroy, Eduardo Mendoza, Enrique Vila-Matas y Paul Theroux.
Con un panorama dividido entre la indiscutible calidad de la obra de ficción de Bryce Echenique y su obra periodística en entredicho, la FIL decidió, en un hecho inédito, entregarle el premio la semana pasada en su casa de Lima, y no durante la celebración de la feria, del 24 de noviembre al 2 de diciembre. El escritor se muestra un poco triste y al tiempo comprensivo ante esta medida de precaución: “Allá me querían linchar”.
Ante las reflexiones de escritores como Juan Villoro que argumentan que “la ética de un autor no puede estar al margen de su escritura”, Bryce Echenique insiste en que no ha plagiado, y acto seguido pregunta: “¿Cuántos poetas han estado fuera de la ética?”. Lo dice en su habitual tono tranquilo, pausado y sin inmutarse.
La misma actitud con la que, minutos antes, ha dado los brochazos clave de su vida de escritor. Una actividad que nació de forma solitaria y en contra de su familia. Eso lo empujó a escaparse en 1964, con 25 años, de Lima en un barco de carga hasta terminar en París donde emprendería el camino que lo ha traído hasta aquí y que él resume a través de siete libros:
Huerto cerrado (1968). “Son cuentos y es mi primer libro. Significó muchísimo porque era el resultado de mis primeros escritos. Mi familia me habría matado para que no escribiera, así que cuando empecé a hacerlo, lloré”.
Un mundo para Julius (1970). Surge tras la lectura de Cortázar con el cual descubrí mi estilo, la oralidad, la ironía, los diferentes tipos de humor”.
Tantas veces Pedro (1977). “Es mi libro favorito, al que más quiero y el que menos éxito ha tenido, menos en Japón donde lleva no sé cuantas ediciones. Lo escribí en un momento feliz de mi vida, cuando vivía en Menorca”.
La vida exagerada de Martín Romaña (1981). “El primer libro en que un latinoamericano critica al boom porque el autor no se ocupa de su país si no que habla de otro. Es mi novela parisina”.
Dos señoras conversan (1990). “Mi homenaje personal a Henry James creador de ese maldito género que es la nouvelle”.
La amigdalitis de Tarzán (1999). “Una linda historia de amor”.
Dándole pena a la tristeza (Anagrama, 2012). “Es mi última novela, la novela de mi vida. He esperado muchos años para escribirla, tanto que el título lo tengo desde 1972. Siempre había querido contar el ascenso y caída de una familia limeña. Una burguesía que no se sabe mirar al espejo”.
Y una burguesía que no deja de tirarle puyas, a las que Bryce Echenique ya no hace caso. ¿Y a las de quienes lo critican por el premio FIL, que les dice? “¡Que se jodan!”, repite.

TRADUCCIÓN



Francisco J. Uriz,
Premio Nacional 2012 a la Obra de un Traductor

Luz Gómez García ha logrado el Premio Nacional a la Mejor Traducción por su traducción de la obra «En presencia de la ausencia», de Mahmud Darwix
EFEABC_CULTURA / MADRID

Francisco J. Uriz ha sido galardonado con el Premio Nacional a la Obra de un Traductor 2012, que concede el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte con una dotación de 20.000 euros, con el objeto reconocer y distinguir el conjunto de la labor realizada por un traductor español.
Por su parte, Luz Gómez García ha obtenido el Premio Nacional a la Mejor Traducción, con la misma dotación económica, por su traducción de la obra "En presencia de la ausencia" (Pre-Textos), deMahmud Darwix.
El jurado que ha fallado el Premio Nacional a la Obra de un Traductor ha elegido la obra de Francisco J. Úriz "por una vida dedicada a la traducción, por una obra inmensa como traductor de literatura nórdica al castellano y por la fundación de la Casa del Traductor". Francisco J. Uriz (Zaragoza, 1932), licenciado en Derecho por la Universidad de Zaragoza, ha vivido treinta años en Estocolmo dedicado a la enseñanza y a la traducción de narrativa, literatura dramática y poesía. Ha sido traductor oficial en el Ministerio de Asuntos Exteriores de Suecia y fundador de la Casa del Traductor de Tarazona (Zaragoza).
El galardonado traduce del sueco al castellano y, en colaboración con traductores suecos, obras en castellano de teatro español e iberoamericano al sueco. También ha traducido poesía nórdica de poetas daneses, finlandeses, noruegos y, principalmente, suecos; y poesía de otras lenguas (esloveno, albanés, búlgaro, checo) a nuestro idioma, en colaboración con diferentes traductores. En colaboración con el poeta sueco Artur Lundkvist ha traducido obras de poetas españoles y latinoamericanos de J. L. Borges, C. Vallejo, A. Hidalgo, Pablo Neruda, Blas de Otero, Miguel Hernández, Federico García Lorca, Rafael Alberti y Julio Cortázar, entre otros.
Por su parte, Luz Gómez García (Madrid, 1967) es profesora titular de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid y doctora en Filología Árabe por la UAM. Sus traducciones del poeta palestino Mahmud Darwix han cimentado el reconocimiento de la obra de este autor en España, siendo sus principales campos de trabajo el estudio del islam y del islamismo, y la traducción de poesía árabe.
Ha sido investigadora en el CEDEJ (Centro de estudios y de documentación económica, jurídica y social) de El Cairo y en el IFEAD (Instituto Francés de Estudios Árabes de Damasco), y profesora titular de Estudios Árabes e Islámicos y de Traducción e Interpretación de la Universidad de Alicante. Además, ha impartido cursos y conferencias en numerosas instituciones y ha publicado artículos de investigación o de divulgación en Revista de Occidente, Meridiano CERI, Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos, Revista de Estudios de Asia y África, Awraq y Nación Árabe. Colabora con el diario El País y es analista en CNN+, TVE, Cadena SER y RNE.
El jurado
El jurado ha estado compuesto por Juan Gil, a propuesta de la Real Academia Española; Rosario Álvarez por la Real Academia Gallega; Jorge Giménez, por la Real Academia de la Lengua Vasca; y Susana Rafart, por el Instituto de Estudios Catalanes; Además, han formado parte Miguel Domingo, por la Escuela de Traductores de Toledo; Miguel Sáenz, por la Asociación Colegial de Escritores de España (ACE); Luis Miguel Pérez, por la Conferencia de Rectores de las Universidades de España (CRUE); Marta Rivera, por la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE); María Soledad Sánchez, por el Instituto de Investigaciones Feministas; y Guillermo López, por el ministro de Educación, Cultura y Deporte.
Ha actuado como presidenta la directora general de Política e Industrias Culturales y del Libro, Teresa Lizaranzu, y como vicepresidenta la subdirectora general de Promoción del Libro, la Lectura y las Letras Españolas, Mónica Fernández. Adicionalmente han formado parte del jurado los galardonados correspondientes a 2010 y 2012: Adan Kovacsics y Selma Ancira del Premio Nacional a la Obra de un Traductor, y Mauro Armiño y Olivia de Miguel del jurado del Premio Nacional a la Mejor Traducción.

terça-feira, 6 de novembro de 2012

INSTITUTO CERVANTES







Víctor García de la Concha: «El Instituto Cervantes o crece o muere»

Contra la crisis, el patrón del buque insignia del idioma español abre cabezas de playa, desvela proyectos de autofinanciación, y anuncia que solo se cerrarán una o dos sedes
ANTONIO ASTORGA / MADRID
ERNESTO AGUDO

Víctor García de la Concha (Villaviciosa, Asturias, 1934). Sobrevivió a un bombardeo en la guerra incivil con apenas dos años. Se licenció en Teología por la Universidad Gregoriana de Roma. Se doctoró en Filología por la de Oviedo. Colaboró con el cardenal Tarancón. Fue catedrático en Salamanca.Crítico e historiador de la literatura, pilotó «Ínsula».En 1992 ingresó en la Real Academia Española, que dirigió desde 1998 a 2011, y allí puso en órbita elDiccionario (DRAE), el Panhispánicode Dudas, la Gramática y la Ortografía. Fernando Lázaro le dijo: «Ocúpate de América» y él, carretera y manta, visitó cada una de las 21 Academias de la LenguaEspañola. Hizo muchísimos kilómetros. Con 75 años sobrevivió a un terremoto en Chile, y desde el 1 de febrero capitanea el acorazado Potemkin del español:el Instituto Cervantes. Mil personas a su cargo, 40 países... El nombramiento le cogió trabajando: en los códices autógrafos de Lope de Vega. Antes, revisó la poesía española de posguerra,el arte de Santa Teresa, León Felipe, Lazarillo, fray Luis de León, san Juan, Calderón...
-¿Cómo se lleva el timón de uno de los buques insignia de la España democrática: el Instituto Cervantes?
-Lo conocía desde fuera, de una manera muy cercana: desde la Academia Española y la Asociación de Academias veníamos organizando los congresos internacionales de la lengua con el Instituto Cervantes. Fui llamado para la dirección institucional y me sentí muy honrado. Me tocó durante tres meses estar al frente de todo, y me pasé las horas firmando y firmando. Nunca firmé en mi vida tantos papeles.
«El Cervantes no puede estancarse, pararse, ni retroceder»
-¿Qué otea desde la cabina de mando?
-Que el Cervantes se ha ganado por su buen hacer ser uno de los grandes instrumentos de la acción cultural exterior de España. El Cervantes tiene un gran reconocimiento, muy ancho y muy alto, lo que ocurre es que esta es una entidad que o crece o muere. O crece o muere. Es decir, el Cervantes no puede estancarse, no puede pararse, y mucho menos retroceder, porque si dejas posiciones esto es como una batalla. Nosotros lo que tenemos que hacer es ir abriendo cabezas de playa, no retrocediendo. El momen to es delicado por razones económicas. Y exige una dedicación tanto al secretario general, Rafael Rodríguez Ponga, como a mí, muy intensa.
-¿Cuál es la realidad del Cervantes?
-Extraordinariamente positiva, de imagen pero que, precisamente, por la dinámica que lleva, de un crecimiento muy rápido, está exigiendo un ritmo que hay que mantener por esa razón de lo que acabo de decir: o crece o muere. Crecen la expectativas, crece la demanda.
-¿A qué les obliga la crisis?
-Primero, a una austeridad grande, como a todo el mundo. Y a ingeniárnoslas para plantearnos: ¿cómo cumplimos el objetivo del Cervantes, que es crecer, con menos cantidad de ingresos? Tenemos que potenciar los ingresos propios. Tenemos que elevar el índice de autofinanciación, tanto por la vía de la austeridad en la gestión como por la vía de promocionar nuevos productos...
«A día de hoy no se cerrarán Sofía, Nicosia ni Recife; como mucho uno o dos centros»
-¿Cuántos centros, al final, va a cerrar el Cervantes en todo el mundo?
-A día de hoy (falta todavía que se reúna el Consejo de Administración) no se va a cerrar el Centro Cervantes de Sofía, no se va a cerrar Nicosia, no se va a cerrar Recife, etc... Vamos a tratar de evitarlo a toda costa. Desde luego, no va a ser el número que se ha dicho [unos cuatro]. De ninguna manera, y se quedará en uno o en dos centros, a lo más, salvo que sobrevenga una catástrofe.
-¿Y sobre la venta de centros?
-Ahí es donde, a veces, la necesidad hace virtud. El centro de Tel Aviv va muy bien, tiene muy buena relación con los de ladino, etc... y hay que ver si nos compensa el poder vender ese edificio con opción a recompra, o nos conviene desplazarnos a la zona donde están el Goethe Institute y el Bristish Council. Y así en el resto de sitios. En Sao Paulo, en un edificio tenemos la planta baja, la primera y la séptima, pues quizás de esta última planta se pueda prescindir. Ahora mismo acaba de venir de Sidney una propuesta: hay una universidad que quiere comprar el Centro donde está el Cervantes allí, y cedería una parte al Instituto para funcionar. Estamos tratando de renegociar las rentas [el centro de Tokio cuesta dos millones de euros al año].
-China quiere convertir al Cervantes en el primer gran centro, por encima del Goethe y el British. ¿Y la conquista de Estados Unidos?
-Lo tenemos que convertir en objetivo prioritario. Según la Academia Norteamericana de la Lengua Española, los emigrantes que llegan, los que pasan la frontera, los padres que pasan con sus hijos la frontera lo primero que quieren es que sus hijos aprendan inglés. A muchos ni siquiera les preocupa que sigan estudiando el español, a otros sí, y van a colegios bilingües, pero la calidad de la enseñanza en los colegios bilingües públicos es muy deficiente, por falta de preparación de los profesores. Y eso hay que remediarlo. Estamos negociando la creación de un observatorio permanente del español en Estados Unidos en una gran Universidad.
«No hay riesgo para el español en ninguna región de España»
-¿Goza el español de salud de hierro?
-De muy buena salud. Tenemos que elevar el nivel de consideración del español. Que tenga la de una lengua de excelencia. Porque si no, los hispanos que llegan a Estados Unidos se desprenderán de nuestra lengua.
-¿Está en riesgo el español en Cataluña?
-Yo, honradamente, no creo que haya riesgo ninguno para el español en ninguna región. Primero, porque hay una inmensa tradición de la presencia del castellano –aquí, ya tenemos que hablar del castellano, para ser constitucionalistas–, y otras lenguas de España. Ha habido una presencia de muchos siglos, de convivencia: en Galicia desde comienzos de la Edad Moderna desaparece el gallego literario, pero queda el gallego en el pueblo y, sobre todo, en el campo, en las villas. Yo viví catorce años con mi familia en Galicia, y me acuerdo de esto. Y en Cataluña no creo que haya peligro ninguno de todo ello. Y hasta ahora las estadísticas oficiales señalan que los chicos que terminan el bachillerato en Cataluña salen con igualdad de preparación unos y otros en catalán y en castellano. En mi currículum está el haber promovido los encuentros de Verines de escritores y críticos de las lenguas de España. Durante los dieciséis años que los dirigí nunca hubo el menor problema. Por ejemplo, Bernardo Atxaga, el gran novelista vasco, dejó escrito en la presentación en el Círculo de Bellas Artes de uno de los Encuentros de Verines: «Para los escritores jóvenes de euskera hubo un antes y después de Verines». Yo recuerdo que cuando vinieron el primer año no los conocía nadie. El Cervantes, en sus centros, ofrece la enseñanza de estas lenguas, en donde hay demanda de ellas, y en las actividades culturales. Nosotros ofrecemos una enorme cantidad de actividades culturales de catalán, euskera, etc... Y eso el Cervantes lo vive con gran naturalidad. Y en cuanto al peligro de que el español padezca tal o cual peligro... yo no lo creo para nada.
-¿Sin libertad muere una lengua?
-Es que matar una lengua es muy difícil. Bien es verdad que la tentación del poder siempre es cambiar una lengua. En Italia, en la época fascista Mussolini introdujo cambiar el «usted» por el «tú». Y en vez de «lei», que es usted, se decía «voi», que es tú. Y, entonces, los italianos, que la zumba la tienen muy fácil, decían: «Pues habrá que cambiar el nombre de Galileo, ya no será Galileo Galilei sino Galileo Galivoi». El poder, los políticos tienden a tratar de cambiar las lenguas, pero las lenguas las hace el pueblo, que es muy libre, salvo que le pongan bozales de hierro. Y el pueblo hace y cambia la lengua a su arbitrio. El uso es el que hace arbitrio de la lengua.
«Educar es ir sacando, que no imponiendo»
-¿Al niño que mama la lengua hay que enseñarle a preguntarse, a ser crítico, reflexionar, y no adoctrinarle?
-Sin duda ninguna. Bueno, educar, etimológicamente, es ir sacando, que no es ir imponiendo. Es un principio que todos hemos asimilado cuando nos educan bien, y tratamos de educar a nuestros hijos, y los hijos a los nietos, y eso se va haciendo de generación en generación. Hay que enseñar libremente, y que cada uno vaya eligiendo: es lo que enriquece la lengua.
-¿La convivencia lingüística es vital?
-Eso es esencial. Es decir, para España tener varias lenguas es una riqueza.El Rey Alfonso el Sabio fue uno de los codificadores de la lengua castellana, que aplica en las cancillerías, etc... No es el que oficializó, como se dice, el español, el castellano, pero sí contribuyó, y él escribía en gallego. Hay que fomentar la convivencia de las lenguas, que es lo que la hace entre las personas.
-¿Cuál es para el patrón de la nave cervantina la palabra más bella del español?
-Me remito a Lorca, cuando le preguntaron ¿qué es poesía? Y él respondió: poesía, poesía, poesía es juntar dos palabras que nunca se pensó que pudieran estar unidas, por ejemplo ciervo vulnerado, de San Juan de la Cruz. En cada uno de los ámbitos hay tantas palabras hermosas, como la de madre...

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