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domingo, 23 de dezembro de 2012
TRADUCCIÓN Y ESCRITURA
por Rafael Ferrer Méndez
Juan Daniel Pérez Vallejo
Profesores de la Facultad del Ciencias Educativas de la Universidad Autónoma del Carmen
La escritura desempeña un papel importante en cualquier traducción. Toda traducción ocurre en un contexto e implica la transposición de un texto fuente a un texto meta.
Por lo tanto, el texto traducido debe cumplir con las mismas formalidades que tendría si fuera un texto originalmente escrito en la lengua meta (Aksoy 2001).
En traducción, el tener un conocimiento profundo del idioma fuente y el de llegada es esencial para decodificar y codificar apropiadamente un mensaje. De hecho, la escritura es tan importante como la comprensión de lectura para hacer una buena traducción. La primera ayuda a expresar al traductor las ideas de la lengua fuente y la segunda a comprender el mensaje plenamente
El escribir no se debe entender como el plasmar una serie de palabras en una hoja, aunque una sola palabra podría ser un enunciado completo. Tampoco se debe considerar como una serie de enunciados o ideas sino como un conjunto organizado de ideas mediante el uso de interjecciones, palabras y enunciados que pertenecen a un sistema de escritura.
Si realizamos un análisis del español y el inglés, la puntuación es el primer aspecto que presenta diferencias específicas, evidentes. Por ejemplo, en español se requiere un signo de interrogación al inicio y al final de la pregunta. En los diálogos, el cambio de personaje se hace utilizando un guión largo (¯) mientras que en inglés se utilizan las comillas sencillas (‘).
Por otra parte, en inglés existe un símbolo que en español nunca se utiliza, es decir, el apóstrofe. Ambos sistemas tienen su propia forma de llamar la atención del lector. En español las palabras extrañas se resaltan con comillas, paréntesis o letra cursiva; en inglés normalmente se utiliza la comilla sencilla (Newmark 1988:171)
Cada lengua organiza las ideas utilizando palabras en enunciados de diferente forma y longitud. Los textos en inglés comúnmente se estructuran mediante enunciados cortos en voz pasiva y con el uso de un sujeto o pronombre obligatorio. Además, se expresa en una estructura rígida. El español, por otra parte, utiliza enunciados más largos con cláusulas explicativas unidas por conectores. Además se utilizan indistintamente la estructura activa o el pasivo reflexivo y se omite por completo el pronombre, excepto cuando se usa para hacer énfasis.
Pero estas diferencias van más allá de las oraciones. En español, los párrafos son más largos que en inglés∗.
Mientras que en inglés los párrafos son más lacónicos, en español son más explicativos. Los párrafos en español generalmente inician con un verbo, un pronombre reflexivo o cualquier otro elemento, pero en inglés casi siempre inician con el sujeto, el objeto, un pronombre personal o un gerundio. En cuanto a estilo, un párrafo en español siempre va justificado mientras que en inglés no es obligatorio.
Sin embargo, no todo es diferente entre ambos idiomas. Hay por lo menos tres elementos comunes: concordancia, coherencia y cohesión. Todo texto debe contener estos tres elementos para que se pueda entender, la falta de alguno de ellos ocasionaría que al lector le parezca extraño; a un traductor le implicaría un enorme desafío traducir el mensaje del texto fuente al texto meta.
En resumen, para traducir adecuadamente es necesario: conocer los sistemas de escritura tanto en inglés como en español, estar familiarizado con los diferentes usos de los signos de puntuación, traducir las ideas en vez de palabras, oraciones o estructuras –apegadas a los elementos del sistema de escritura-, escribir toda la traducción de acuerdo con el sistema de escritura de la lengua meta, y “cada traducción debe parecer como si nunca se hubiera escrito en una lengua extranjera.” (Brockbank 2001)
Referencias
Aksoy, Berrin. (2001). ‘Translation as a rewriting: the concept and its implications
on the emergence of a national literature’. Translation Journal. Vol. 5, No. 3 [En
línea]. Disponible en: http://accurapid.com/journal/16prof.htm [Consultado el 8
de abril de 2005]
Brockbank, Eileen. (2001). ‘The translator is a writer’. Translation Journal. Vol.
5, No. 2 [En línea]. Available at: http://accurapid.com/journal/16prof.htm
[Consultado el 8 de abril de 2005]
Newmark, Peter. (1988) Approaches to translation. Cambridge: University Press
Nota: El artículo en inglés se publicó por vez primera en TranslationDirectory.com.
http://www.translationdirectory.com/article427.htm
¡Menos filósofos, más ingenieros!
Por Andrés Oppenheimer | LA NACION
MIAMI.- Cuando Xi Jinping fue designado nuevo líder de China hace unas semanas, una de las cosas que más me llamaron la atención de su currículo es que es ingeniero. Más exactamente, es un ingeniero que ha reemplazado a otro ingeniero como líder del país más poblado del mundo.
En Occidente, la mayoría de los presidentes son abogados, que en casi todos los casos hablan bonito. El presidente de Estados Unidos es un abogado graduado en Harvard, quien recientemente fue reelegido tras derrotar a Mitt Romney, otro abogado graduado en Harvard. El ex presidente mexicano Felipe Calderón es abogado y acaba de ser reemplazado el 1° de diciembre por Enrique Peña Nieto, otro abogado. En América del Sur, la mayoría de los palacios presidenciales han sido habitados desde hace mucho tiempo por abogados.
En cambio, el nuevo líder chino es un ingeniero químico que fue designado por el Congreso Nacional del Partido Comunista para reemplazar a Hu Jintao, un ingeniero hidráulico, que a su vez reemplazó al presidente Jiang Zemin, un ingeniero eléctrico.
¿Por qué es interesante todo esto? No se trata de que los ingenieros sean mejores gobernantes (no siempre lo son) ni de incurrir en generalizaciones, sino de reflejar el hecho de que la ingeniería es mucho más popular en China y otros países asiáticos que en Occidente. Eso es importante porque estamos viviendo en una economía global basada en el conocimiento, en la que las patentes de nuevas invenciones -producidas en general por ingenieros, científicos y técnicos- generan a las naciones mucho más riqueza que las materias primas.
Durante un reciente viaje a China visité la Universidad Tsinghua de Pekín, una de las más prestigiosas del país, y me enteré de que el 72% de sus estudiantes de licenciaturas, maestrías y doctorados están inscriptos en las escuelas de ingeniería y ciencias duras, mientras que tan sólo el 28% estudia humanidades o ciencias sociales. Según datos de la Fundación Nacional de la Ciencia de Estados Unidos, mientras el 31% de todos los graduados universitarios de China se especializan en ingeniería, la cifra comparativa en Estados Unidos es tan sólo del 5%.
En la mayoría de los países latinoamericanos, la primacía de las humanidades y ciencias sociales sobre la ingeniería y las ciencias duras es aún mayor. Nuestras universidades producen demasiados filósofos y psicólogos, y demasiado pocos ingenieros. La última vez que miré las cifras de la Universidad de Buenos Aires, una de las más grandes de América latina, tenía 29.000 estudiantes de psicología y 8000 estudiantes de ingeniería, lo que equivale a producir tres psicólogos para curar los problemas de cada ingeniero.
"En Occidente, los jóvenes prefieren ir al dentista antes que estudiar ingeniería", bromea David E. Goldberg, profesor emérito de ingeniería de la Universidad de Illinois y fundador de un movimiento para modernizar la enseñanza de ingeniería. "Abogacía, administración de empresas y medicina, casi cualquier cosa antes que ingeniería, parecen ser las carreras preferidas de los jóvenes de hoy."
La receta de Goldberg: hacer el estudio de la ingeniería más divertido y más creativo. "En lugar de empezar la carrera de ingeniería con la parte creativa, estamos empezándola con matemáticas, ciencia y toda la parte abstracta, y eso hace que deserte casi el 50% de los alumnos", me comentó Goldberg.
Mi opinión: cada vez que escribo que deberíamos producir más ingenieros y científicos -y tal vez menos filósofos-, muchos lectores me señalan que en sus países no hay salida laboral para los jóvenes ingenieros. "¿Para qué sacrificarse con un estudio tan difícil y terminar manejando un taxi?", me dicen. Pero en la mayoría de los casos eso no es cierto. Cada vez más empresas se quejan de la escasez de ingenieros bien preparados en sus países.
Y la experiencia de China, India, Taiwán y otros países asiáticos revela que la producción masiva de ingenieros da buenos resultados: muchos de esos países empezaron a producir grandes números de ingenieros sin preocuparse demasiado en si conseguirían empleo, y los empleos aparecieron después.
No creo que debamos ver a Xi ni a la dictadura china como modelos políticos. Pero el hecho de que China esté gobernada por ingenieros y de que los estudiantes chinos se vuelquen masivamente a la ingeniería debería servirnos de recordatorio de la necesidad de producir mas ingenieros y de hacer que la ingeniería sea un estudio más divertido.
© LA NACION.
CATASTROFE
Fuente: Página 12 – Buenos Aires
“No hay nada como dedicarse a escribir. Te levantás y te ponés a escribir en tu cuarto. Trabajar en tu habitación es una maravilla porque no tenés que rendir cuentas a nadie. Escribís y te imaginás que es El Ciudadano y que todo lo que estás haciendo es genial. Pero cuando tenés que llevarlo a la práctica es cuando se impone la realidad. Entonces, las perspectivas que tenías de lograr una obra maestra se reducen a un pensamiento: ‘Me prostituiré todo lo necesario para sobrevivir a esta catástrofe’.”
(Reflexiones del cineasta Woody Allen en la película Woody Allen, el último documental, que se estrena la próxima semana en Europa.)
LA GUERRA DEL AGUA
Guerra por el agua en África
Multinacionales agroalimentarias, fondos de inversión y Gobiernos extranjeros pelean por el control de los acuíferos en el Este del continente
MIGUEL ÁNGEL GARCÍA VEGA 23 DIC 2012
Hace años que los agricultores africanos aprendieron que es imposible regar sus tierras con lágrimas. Los campos se agostan y quedan yermos. Porque de ser posible, la mayoría, en vez de ser de secano, serían de regadío. No les faltan motivos para el llanto. Multinacionales, fondos de inversión e incluso Gobiernos extranjeros se están quedando con sus aguas a través de la compra o arrendamiento de ingentes extensiones de campos de labor. Hasta ahora se había advertido del riesgo del acaparamiento de tierras, pero estos días le ha llegado el turno al agua dulce. “Esto puede tener implicaciones dramáticas para las personas que dependen de estos recursos”, advierte Paul Brotherton, de la organización no gubernamental holandesa Wetlands International. “Podrían perder su medio de subsistencia y no serían capaces de mantener a sus familias a través de la pesca o la agricultura a pequeña escala”. Y una población desplazada de sus tierras ancestrales y privada de alimentos es una invitación a la violencia. Etiopía y Kenia (delta del Tana) ya han tenido varios brotes. Por tanto, poco extraña que algunos hablen de una “guerra por el agua en África”.
La fragilidad de este elemento es tal que es el único recurso imprescindible para el ser humano que no está protegido por ningún acuerdo internacional. Y ante esta debilidad los mercados han saltado sobre ella. “Lo más valioso no es la tierra”, explica Neil Crowder, director en África de la firma de inversión Chayton Capital, con sede en Reino Unido y que ha estado adquiriendo tierras en Zambia. “El valor real está en el agua”. Así lo denuncia la organización no gubernamental Grain en un reciente trabajo titulado Exprimir África hasta la última gota.
Porque los tiburones de las finanzas hace tiempo que detectaron el potencial de este elemento. Judson Hill, director de la consultora de inversiones estadounidense NGP Global Adaptation Partners, abrió camino cuando en una conferencia en Ginebra sobre el negocio de la agricultura le preguntaron si era posible hacer dinero con el agua. “Baldes, baldes de dinero”, contestó sin inmutarse. Y añadió: “Hay muchas maneras de producir un retorno muy atractivo en este sector si sabes dónde ir”.
La frágil cuenca del Nilo sufre una oleada de proyectos agrícolas
Esto sucedía en 2010. Dos años después ya sabemos a qué lugares fueron. Sobre todo a las estribaciones de los grandes ríos africanos (Níger, Nilo, Limpopo, Omo, Wami, Tana). La cuenca del Nilo, que padece una extrema fragilidad política y social, está recibiendo una oleada de proyectos agrícolas a gran escala dirigidos sobre todo a la agricultura de exportación.
Las operaciones de acaparamiento de tierras y agua son tantas y de tal volumen que merece la pena echar un vistazo al detalle de las mismas en el único portal de mundo que las compila (http://landportal.info/landmatrix/get-the-detail/by-investor/903). Hay 925 recogidas. Y evidencian la voracidad de este nuevo hidrocolonialismo. Los protagonistas “son sobre todo empresas del gran negocio agroindustrial que están usurpando tierras y agua para incrementar su cuenta de resultados”, denuncia Gustavo Duch, coordinador de la publicación Soberanía Alimentaria.
La presión sobre los países es enorme, y tres de los principales territorios de la cuenca del Nilo (Etiopía, Sudán y Sudán del Sur) ya han cedido vastas extensiones de tierra. En Sudán y Sudán del Sur se han entregado 4,9 millones de hectáreas (una superficie superior a la de los Países Bajos) desde 2006 a firmas extranjeras. En Gambela (Etiopía), en la frontera con Sudán del Sur, multinacionales como Karuturi Global (India) o Saudi Star (Arabia Saudí), capitaneadas por los multimillonarios Ramakrisha Karuturi y Sheikh Al-Amoudi, están construyendo canales de riego para extraer agua del Nilo desde Etiopía. “La llegada masiva de estos actores deja situaciones tan difíciles de explicar como que ese país del cuerno de África, un territorio que pasa hambre, sea exportador de alimentos”, apunta Henk Hobbelink, coordinador de la organización no gubernamental Grain.
Y claro, para poner toda esta tierra en producción, debe de ser regada. ¿Hay agua suficiente? Parece que no. Si los 40 millones de hectáreas de tierra —detalla un trabajo del think tank californiano The Okland Institute— que se compraron en África en 2009 se cultivaran, harían falta entre 300 y 500 kilómetros cúbicos de este recurso al año, aproximadamente el doble (184,35 kilómetros cúbicos) de lo que consumió toda la agricultura africana en 2005. De seguir este ritmo de adquisiciones, en 2019 la demanda de agua dulce solo para dar respuesta a esas tierras nuevas superará la oferta existente.
Etiopía, Sudán y Sudán del Sur ya han cedido vastas extensiones de tierra
Incluso al mítico Nilo las cuentas no le salen. Según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura), los 10 países que pertenecen a la cuenca de este río tienen, como máximo, agua para regar ocho millones de hectáreas, pero, por sí solos, Etiopía, Egipto, Sudán y Sudán del Sur ya han puesto en marcha, según Grain, infraestructuras de riego para cubrir 5,4 millones, y acaban de entregar 8,6 millones de hectáreas adicionales. “Es mucha más agua de la que existe en la cuenca y supone un suicidio hidrológico”, alerta Henk Hobbelink. Poco parece importarle a las corporaciones extranjeras que operan en la zona, como Pinosso Group (Brasil), Hassad Food (Catar), Foras (Arabia Saudí), Pharos (Emiratos Árabes) o ZTE (China). Es la búsqueda del beneficio económico, pero también una forma para muchos países de asegurarse un granero lejos de casa. Arabia Saudí tiene tierras, pero no agua. Y China tiene una ingente población que alimentar.
El agua parece acorralada e incluso la legislación diríase que está en su contra. ¿Quién tiene los derechos del agua de un río? ¿La gente que vive en sus riberas, los agricultores que dependen de él para regar o aquellos que están aguas arriba o aguas abajo? Esta naturaleza inasible es un hándicap serio. “Los límites entre legalidad e ilegalidad son a menudo borrosos y muchas veces los acaparadores se aprovechan de esta complejidad”, reflexiona Lyla Mehta, profesor en la University of Life Sciences de Noruega.
El poeta uzbeko Muhammed Salikh escribió: “No se puede rellenar el Mar de Aral con lágrimas”. Pero estamos abocados al llanto. “Si el problema de la gestión eficiente de este recurso no se resuelve, algunos países tendrán que importar agua para cultivar, desalinizar, o incluso traer de fuera las cosechas propias”, narra por correo electrónico un representante del fondo Pictet Agriculture. Un mundo que bien semeja el Dune imaginado por Frank Herbert.
sábado, 22 de dezembro de 2012
LOS MAYAS
El falso mito de su desaparición
AITOR SANTOS MOYA / MADRID
Aún hay seis millones repartidos en cinco países: México, Honduras, El Salvador, Guatemala y Belice. Sin embargo, esta errónea teoría sigue estando muy presente
EFE
En los últimos días, el mundo ha mirado con estupor y sorpresa la manida «profecía maya» sobre el fin del mundo. Una teoría que ha trascendido más allá del «simple» cambio de era previsto en el calendario de aquella civilización mesoamericana, debido a la equivocada interpretación de una inscripción referente al pasado 21 de diciembre de 2012 en un panel jeroglífico encontrado al este de Nicaragua.
Este hecho, aparte de hacer noticia al planeta Tierra por continuar girando, ha servido para volver a colocar el foco sobre todo lo concerniente a esta enigmática cultura surgida hace 4.000 años, cuyo legado, en contra de la creencia generalizada, sigue vivo hoy en día. A lo largo del día de ayer, los líderes espirituales de los pueblos descendientes han participado en actividades místicas llevadas a cabo en centros arqueológicos y ceremoniales mayas para despedir el «13 B'aktun», o dicho de otra forma, el anterior ciclo de su calendario extendido durante 5.125 años.
Suele atribuirse la «extinción» de los mayas a la llegada de los españoles
Suele atribuirse la «extinción» de los mayas a la llegada de los españoles tras el descubrimiento de América, pero lo cierto es que cuando comienza la conquista de las tierras donde habían desarrollado toda una civilización solo quedaban escasos vestigios al norte de Yucatán y unas pocas comunidades agrícolas. «Cuando ven las maravillas de ciudades se preguntan ¿dónde están estos antiguos habitantes? Y piensan que desaparecieron… En mi opinión es una falta de interés en reconocer a las comunidades indígenas que son las herederas de toda esta tradición», reflexiona Daniel Juárez Cossio, encargado de la Sala Maya del Museo Nacional de Antropología de México.
Los mayas no desaparecieron por ciencia infusa, sino que una sucesión de malas cosechas sumado a varias rebeliones internas y guerras contra invasores provenientes de México central, hizo que muchos grupos reducidos dejasen la zona para encontrar nuevos refugios donde sobrevivir, motivando la dispersión del imperio pero no su eliminación. Aquellas nuevas comunidades se repartieron por el sudeste mexicano y varias regiones de Honduras, El Salvador, Belice y Guatemala.
Tradiciones, creencias e idiomas
En torno a 6 millones de mayas existen actualmente repartidos entre los cinco estados citados anteriormente. Herederos de la raza y la cultura, gran parte de ellos han conservado el estilo de vida de sus antepasados manteniendo vivas las milenarias tradiciones y creencias. Y a pesar de que en su momento llegaron a emplear cientos de dialectos derivados de numerosas lenguas mayas diferentes, los actuales descendientes aún conservan algunos de los idiomas originarios.
La actividad del lingüista como corrector de estilo
Jornadas de Lengua Española: las profesiones del filólogo
Valencia, 16-18 de noviembre de 2004
Antonio Hidalgo Navarro
Grupo Val.es.Co. Universitat de València
La importancia de escribir "correctamente" en la sociedad actual
La sociedad actual está dominada por la escritura. Nuestra actividad se halla continuamente envuelta por los textos escritos; y textos de muy diversa índole, desde los cuadernos y manuales escolares hasta los prospectos de las medicinas, pasando por las facturas de los bancos, la declaración de la renta, el periódico, etc. La sociedad de la información (a través de la informática) ha incrementado aún más si cabe el peso e importancia de la escritura, hasta el punto de que sobre el teclado del ordenador podemos reproducir en determinadas circunstancias (al "chatear" p.e.) el lenguaje oral mismo: la escritura ha llegado a suplantar, pues, al discurso oral. Una posición fundamental ocupan en este estado de cosas los textos académicos, que deben reflejar conocimientos adquiridos, de acuerdo con la capacidad de su autor para seleccionar información relevante, para argumentar, demostrar, refutar, verificar hipótesis, etc. En suma, un buen o mal dominio de la escritura pueden condicionar decisivamente el éxito o fracaso de nuestra actividad profesional, sea esta académica o no.
La comunicación escrita, pues, domina gran parte de la actividad social y económica de nuestras vidas y a ello obedece que un texto "bien" escrito sea, las más de las veces la mejor tarjeta de presentación, tanto para un particular como para el más laureado de los literatos.
Efectivamente, la multiplicidad de textos escritos se refleja en un amplio arco de posibilidades que, a manera de ejemplo, por su importancia como medio de transmisión, podríamos ejemplificar en los llamados textos "expositivos" (monografías, informes, proyectos, etc.) o en las cartas profesionales, comerciales y/o privadas. En la conferencia anterior se aludió también a un tipo de textos fundamentales cuales son los periodísticos, con lo que obviaré hacer referencia a ellos. No hay que olvidar, por lo demás, los textos literarios. Con todo ello, podría decirse que las posibilidades o campos de actuación de un corrector de estilo son, cuando menos, no escasas.
La cuestión es ¿qué papel corresponde en este bosque textual al corrector de estilo? No importa que se trate de textos breves o amplios, personales o de divulgación, el hecho es que todos ellos son susceptibles en mayor o menor medida de "corrección"; las empresas que editan los diarios, los periódicos y las revistas, así como todas las editoriales de libros cuentan con personas dedicadas a corregir los textos escritos. Son los correctores de estilo, encargados de leer y releer cada párrafo para corregir errores. No sólo deben controlar las faltas de ortografía (erratas), sino también la sintaxis y la semántica de cada oración, es decir asegurar que esté correctamente construida y que se entienda la idea que se quiere transmitir.
Por otro lado, no cualquiera puede ser corrector de estilo. Aunque no es necesario tener un título universitario, es un oficio para el que hacen falta una gran concentración y muchos conocimientos generales. En este sentido, y como se verá después con más detalle, el mejor aliado de un corrector es el diccionario, al que deberá recurrir en casos de duda.
La corrección de estilo es un oficio histórico, que surgió con la aparición de la imprenta. Es también un trabajo humano irreemplazable, porque aunque hoy los ordenadores tienen programas que corrigen la ortografía, ninguna máquina es capaz de controlar el estilo y el ajuste de significado de un texto.
Pero el corrector de estilo no es sólo un operador a posteriori sobre el trabajo final. Un buen corrector de estilo debería tener en cuenta además cuáles son los pasos implicados en la planificación, elaboración y revisión final de un texto. Veamos, pues, en qué puede consistir su especialización profesional.
Actividades relacionadas con la confección de un texto "correcto"
Cuando hablamos de texto "correcto" somos conscientes (se ha comprobado en 1.) de la diversidad tipológica de los textos y de que, en consecuencia, la corrección no supone lo mismo en todos ellos. No obstante, por el carácter general de mi exposición me permitiré cierta extrapolación y entenderé por texto correcto aquel que se corresponde con un uso contextual del idioma adecuado a los distintos casos y ámbitos de interés particulares. En este uso, creo entender que existe un denominador común: el uso correcto del idioma es el que atañe al nivel culto-formal (del español en nuestro caso), independientemente de la especialidad del texto (humanidades, ciencias empíricas, artes, etc.).
Todo corrector de estilo deberá tener en cuenta, pues, cuáles son los principios fundamentales que rigen la buena escritura de un texto, y con ello no nos referimos sólo, claro está, a la buena "ortografía".
Fundamentos de la escritura correcta.
Veamos a continuación cuáles puedan ser los requisitos principales en el proceso de redacción de un texto (recuérdese que, en cualquier caso, este tipo de contenidos debería formar parte inseparable del currículo académico del corrector de estilo).
2.1.1 Contextualización y coherencia
Un primer aspecto que debería tenerse en cuenta a la hora de escribir es la necesidad de que el texto producido posea un adecuado grado de contextualización y coherencia (Reyes, 2001:121-158). Efectivamente, para que un texto funcione debe conectarse con los marcos de referencia que posee su potencial lector: sus datos deben ser compartidos al menos parcialmente por autor y lector, y, evidentemente, el responsable de que esto se cumpla es en gran medida el autor (este aspecto debería ser tenido en cuenta por un corrector de estilo eficiente).
Cuando se habla de contextualización se hace referencia a la conexión de los significados textuales con datos extra textuales; es un proceso con dos aspectos complementarios (Reyes, 2001:123): en primer lugar el texto debe adecuarse al entorno comunicativo en que va a insertarse; en segundo lugar, hay que crear, a través del propio texto el conjunto de datos que permiten a los lectores potenciales interpretar lo que el autor dice o escribe. El contexto, pues, en parte es preexistente al texto y en parte va siendo creado progresivamente.
Cuando hablamos o escribimos decimos poco, pero sabemos y entendemos mucho más de lo dicho o escrito, y este es un factor de estilo que tampoco debe perderse de vista.
Otra cuestión fundamental en relación con la coherencia del texto es la necesidad de que esté organizado lógicamente. Un texto será coherente si su estructura significativa tiene organización lógica, armonía sintáctica, semántica y pragmática entre sus partes y si su significado es interpretable porque ayuda al lector a hacer las inferencias necesarias. En este camino es fundamental el proceso de interpretación del texto: por un lado descodificamos los signos lingüísticos atribuyéndoles significados, por otro lado inferimos todo lo que no está dicho. La coherencia surgirá, pues, de la interacción entre la estructura del texto y la interpretación del lector. Para ello deben cumplirse las llamadas "condiciones de coherencia" (Reyes, 2001:131):
el texto debe ser relevante
el texto debe presuponer correctamente la información conocida
el texto debe tener un tema central
el texto debe argumentar de manera adecuada
el texto debe emplear los mecanismo de cohesión necesarios
De los aspectos considerados algunos afectan más directamente a la labor del corrector de estilo: así, si la trabazón lógica de las partes de un texto no funciona el texto resultará incoherente: el proceso de argumentación, en su caso, debe ser en la medida de lo posible escrupuloso y preciso. Por otra parte la cohesión entre las partes del texto a través de mecanismos lingüísticos resulta ineludible; para ello se deben emplear determinados recursos tales como los conectores textuales, los elementos deícticos y anafóricos, el recurso a la repetición sinonímica, a la elipsis, etc.
A ello se añaden otros recursos capaces de crear coherencia, como p.e. el orden de palabras. No siempre estructura semántica y estructura informativa van de la mano: en este sentido el orden de palabras en español es flexible, sí, pero no se elige un orden al azar, sino según las necesidades comunicativas (la información conocida o tema va primero y la nueva o rema va al final de la oración). Cada palabra debe ocupar en la oración el lugar en donde más claramente se vea a qué otra u otras palabras se refiere. Ello supone que lo que sepamos o no en cada momento dependerá de cada texto particular: así, p.e. en la conversación los hablantes van calculando rápidamente lo conocido y lo nuevo y, en su caso, van corrigiendo o reponiendo cuando resulta oportuno; en cambio, la información conocida de un texto es un cálculo que debe hacer el autor que, si falla por exceso o por defecto, acabará produciendo un texto incoherente.
Algunos recursos usuales para el realce de la nueva información son la anteposición con refuerzo, las denominadas estructuras ecuacionales (p.e. en fue Juan quien mató al fugitivo), los intensificadores (algunos marcadores discursivos son habitualmente intensificadores: también, lo que es peor, además, etc.)
2.1.2. El proceso de planificación textual
Un segundo aspecto no menos importante que el de contextualización y coherencia es el de la planificación del texto ("pre composición" en términos de Reyes, 2001:192-216). La planificación, obviamente, es el proceso de reflexión previo a la escritura, y hay que otorgarle la importancia que tiene: antes de lanzarse a escribir hay que detenerse a pensar en las circunstancias que rodean al texto, esto es, debemos hacernos ciertas preguntas previas, tales como ¿para qué se escribe el texto?¿a quién va dirigido el texto? ¿qué lector estamos seleccionando? ¿qué imagen pretende transmitir el autor al lector? ¿qué debe decir el texto exactamente y cómo debe organizar dicha información? ¿a qué género se adscribe tipológicamente el texto? ¿qué secuencias textuales (argumentación, exposición, descripción, narración) se emplean o van a emplear en el texto? Es necesario que el corrector conozca bien en qué consiste este proceso de planificación, si no el del texto particular que está revisando, sí al menos como proceso reflexivo necesario en la confección de todo texto.
Es obvio que un texto escrito se elabora habitualmente para transmitir información: suele tener, pues, en su mayor parte, valor informativo. Algunos textos, como los científicos, añaden a este propósito informativo otro más, el deseo de convencer: tienen inicialmente un carácter expositivo, pero pueden ser también argumentativos; intentan convencer al lector de las teorías y puntos de vista que defiende el autor.
En cualquier caso, las características de estilo y estructura de un texto vienen determinados por sus objetivos. Una cosa es clara, en general, es positivo que cualquier texto sea de agradable lectura, pero su amenidad puede ser más o menos necesaria en función de la "aridez" del tema, del mismo modo que prescindir de la exposición de datos, por farragosos que estos resulten, puede constituir un fraude en el caso de un texto científico.
Como paso previo, en el proceso de planificación es necesaria una adecuada selección del destinatario: el conocimiento del lector ayuda a crear un texto lo más adecuado posible. Antes de escribir un texto es conveniente, pues, recopilar todos los datos disponibles acerca del lector (conocimientos, edad, intereses, ideología, extracción sociocultural, etc.). El escritor experto debería escribir textos a medida del lector que ha seleccionado, y sin duda la forma y estilo en que lo haga exigen un esfuerzo notable. El corrector debería velar por que esta sintonía se consiga en una medida óptima.
En este sentido, en relación con la información que deba conocer el lector, hay que hacer algunas consideraciones: un texto que contenga información obvia resultará tan aburrido como incomprensible el que incorpore conocimientos desmesurados para el lector destinatario.
Tan importante o más que la selección del destinatario es la imagen del autor: así, para que el texto alcance sus objetivos resulta conveniente que el autor:
manifieste conocimiento sobrados sobre el tema
manifieste certeza sobre el interés intrínseco del tema sobre el que está escribiendo
Aspecto esencial en la planificación textual es el de la producción y organización de ideas. En el texto deben figurar las ideas estrictamente pertinentes. El primer paso, pues, es conseguir la información necesaria relativa a tales ideas. A este proceso se le denomina fase de documentación. Tal fase es compleja: hay que reunir toda la información posible, pero ello no basta, después hay que relacionar entre sí las informaciones. Finalmente, la labor original del autor será la de valorarlas aplicando su sentido crítico.
A tal efecto el autor debe llevar a cabo una tarea de selección: la tarea de selección suprema es, precisamente, la capacidad de someter todo un texto a una idea central, esto es, de otorgar un título al texto que lo resuma completamente.
Progresivamente el autor deberá ir reordenando la información y organizarla en subtemas, para lo cual será especialmente adecuado que los sitúe en el marco de un esquema claro, en partes bien definidas. El corrector de estilo deberá ser especialmente sensible a este aspecto, crucial en la fácil, difícil o imposible comprensión de un texto.
2.1.3. Planificación y secuencias textuales
¿Qué características debería cumplir un texto "correctamente" escrito? Ante todo las de precisión, claridad y objetividad (esta última fundamental si se trata de un texto académico). La claridad es resultado del empleo de un léxico idóneo y de una planificación escrupulosa: no cabe la improvisación en el texto "correcto".
Muchos de los textos escritos posibles comparten características de estilo, comenzando por el hecho de que en su mayor parte se construyen atendiendo a las mismas secuencias textuales: descripción, narración, exposición, argumentación y diálogo.
Cada tipo de secuencia textual lleva aparejado un modo distinto de organizar, una estructura específica y unas convenciones propias. El corrector de estilo deberá estar muy atento a todo ello. Veamos esto último con algún detalle.
2.1.3.1. DESCRIPCIÓN
La descripción representa (o trata de representar) la realidad circundante. La información debe aparecer ordenadamente en el texto descriptivo, según partes bien definidas, de lo externo a lo interno, de izquierda a derecha, etc. Por supuesto, de acuerdo con el tipo de texto descriptivo los rasgos de estilo vienen establecidos por el predominio de ciertas categorías gramaticales (p.e. sustantivos referidos a terminología científica, uso de verbos en presente, enumeraciones, etc. en los textos científicos).
Otra estrategia habitual en textos descriptivos complejos es la analogía (comparar lo que se describe con alguna otra cosa que el lector entienda fácilmente).
2.1.3.2. EXPOSICIÓN
Su objetivo principal es transmitir la experiencia y saber de una comunidad. Toda secuencia expositiva consta al menos de dos movimientos:
señalar cuál es el problema
desarrollar su solución
Toda secuencia expositiva debe seguir, pues, un esquema claro y pormenorizado, sin saltos en el vacío. Por lo demás, lo importante de la estructura expositiva es mostrar el orden del razonamiento, siguiendo un orden lógico. A tal efecto son fundamentales las estrategias discursivas del texto expositivo:
reformulación (paráfrasis)
inserción de ejemplos
citas de autoridad
clasificación: permite ordenar y sistematizar la información
Todos ellos son aspectos que debería supervisar un buen corrector de estilo. Además, conviene una presentación jerárquica de la información: hay informaciones primarias y secundarias que el autor debe hacer ver al lector con claridad.
2.1.3.3. ARGUMENTACIÓN
Argumentar es intentar convencer a otro de una afirmación u opinión del autor. Los textos escritos actuales están repletos de secuencias argumentativas. Una secuencia argumentativa se construye como respuesta a una (o varias) opiniones contrarias. El autor debe, pues, necesariamente presuponer la existencia de dos o más interlocutores (el autor y el otro u otros), de modo que toda secuencia argumentativa deberá incluir dos tipos de información:
la tesis
los argumentos que sustentan la tesis
El autor debe formular explícitamente la tesis. En cualquier caso, dicha tesis debe apoyarse siempre en argumentos racionales. Y dichos argumentos deberían ir ensamblados adecuadamente mediante los recursos lingüísticos apropiados, entre los más destacados figuran los conectores: en esencia se trata de procedimientos gramaticales o textuales que se utilizan para engarzar entre sí las oraciones que forman parágrafo, o bien para engarzar distintos parágrafos entre sí. Los conectores atienden adecuadamente a las relaciones lógico-semánticas existentes entre dos o más oraciones o entre dos o más parágrafos, en este sentido actúan como "señales de tráfico": advierten de las características, de la importancia, relevancia o irrelevancia de la información que relacionan. Son imprescindibles en el proceso de construcción textual: un texto poseerá mayor articulación interna, mayor cohesión, mayor claridad en la medida en que utilice más adecuadamente las expresiones conectivas. Ahora bien, no debe introducirse cualquier expresión conectiva gratuitamente buscando un falso efectismo estilístico: el corrector de estilo debería velar por evitar este defecto en el texto revisado. En caso de dudas siempre será preferible, obviamente, el uso del diccionario.
Otros elementos del razonamiento argumentativo a los que deberá prestar mucha atención el corrector de estilo son:
la regla general: es una creencia o un supuesto más o menos aceptado por la comunidad que puede permitir ciertos saltos en una argumentación
la fuente: fundamento de la información que se proporciona para garantizar las reglas generales o la verdad de los datos que agrupan la tesis; aparece generalmente como cita de autoridad
la reserva: el propio autor puede albergar alguna reserva sobre las posibles consecuencias que se deriven de sus argumentos
Hay, pues, múltiples recursos argumentativos para un autor: citas de autoridad, ejemplificación, analogía, exposición de causas y consecuencias, apoyo de datos objetivos, discusión o desestimación de posibles objeciones a la tesis de partida (contra argumentación). De todos ellos es especialmente interesante la contra argumentación, que consta de tres fases: presentación del contraargumento, desarrollo de la refutación y refuerzo de la tesis principal. Papel fundamental en este plano es el que corresponde a los conectores contra argumentativos y sobre su manejo por parte del autor debe incidir especialmente la labor del corrector de estilo.
2.1.4. La (s)elección del léxico y el significado
Aspecto fundamental en la elaboración de textos, y por tanto en los conocimientos y trabajos que debe saber aplicar el buen corrector de estilo es el de la selección del léxico y vocabulario en el texto. Efectivamente, uno de los principales problemas en la composición de un texto es encontrar las palabras justas para expresar lo que se quiere. Debe haber adecuación al género y al tema; por supuesto, el registro también desempeña un papel decisivo en la elección léxica.
Un buen sistema para adquirir vocabulario es la lectura de buenos textos, pero no disponemos en nuestro conocimiento de todas las palabras ni de las más justas: no conocemos todo el vocabulario de nuestra propia lengua. Hay Por lo demás, es imprescindible un vocabulario abundante para escribir, pero eso no implica aprender todas las palabras posibles del vocabulario. En todo caso, la ausencia de vocabulario producirá textos vagos y/o repetitivos.
Si, finalmente, tenemos dificultades para hallar la/s palabra/s necesaria/s deberemos acudir al diccionario: el corrector de estilo debe ser frecuente consultor del mismo. Algunos diccionarios aptos para el corrector son:
el Diccionario de uso del español de Mª Moliner, que incluye definiciones amplias, con información gramatical e información sobre construcción de palabras y su adecuación contextual (ed. de 1998). Distingue asimismo entre usos literarios, formales, informales, vulgares, cultos…
el Diccionario Salamanca de la lengua española, que distingue entre usos restringidos, rurales, vulgares, jergales, coloquiales…
el Gran Diccionario de la lengua española que diferencia entre el lenguaje de argot, culto, coloquial, despectivo, familiar, formal, jergal, literario, vulgar…
En todo caso, son sin duda importantes los grandes diccionarios para el corrector de estilo, es decir, aquellos que poseen gran cantidad de información (DRAE, 1992), también son muy necesarios los diccionarios ideológicos, uno de cuyas más recientes muestras corresponde al Diccionario Redes coordinado por Ignacio Bosque.
En el ámbito del léxico merece especial atención el uso de neologismos (algunos de los cuales son simples barbarismos innecesarios). Por neologismo se entiende toda palabra reciente que se refiera a cosas o hechos nuevos, o que se aplique a denominaciones nuevas. Actualmente la mayoría procede del inglés. Es difícil que un diccionario general recoja rápidamente un neologismo, pero hoy los diccionarios modernos (Larousse, p.e.), recopilan todas las palabras que circulan, sin descartar los neologismos.
En otro sentido, hay que saber discriminar los préstamos y los calcos. Los primeros pueden ser necesarios, pero los segundos son construcciones ajenas que copian exactamente del original, violentando así los patrones sintácticos o semánticos del español. Los préstamos son particularmente útiles en el lenguaje científico, necesitado de términos técnicos, precisos, unívocos, etc. Hay que conocer, pues, estos términos, a la hora de traducir o bien, al revisar el estilo de un texto científico. Los calcos en cambio deberían rechazarse siempre.
En cualquier caso, no se puede escribir correctamente si no se escribe en "buen español": el español rico, flexible, matizado, etc. Los anglicismos u otros extranjerismos usados innecesariamente empobrecen el caudal léxico del español.
En el ámbito de los significados, al margen de los explícitos, existen significados de palabras y expresiones que no están en los diccionarios, y que tampoco son siempre significados previsibles. Se trata de aquellos significados posibles de una palabra, a excepción de los denotativos y se llega a ellos por inferencia; hay varios tipos, los más frecuentes son los connotativos (se deben a los contextos habituales en que aparecen ciertas palabras, asociadas así a determinados contenidos) y los contextuales (sus implicaciones son inferidas gracias al contexto).
Hay, en suma, muchos tipos de significados implicados, y una disciplina lingüística que trata de explicarlos, la pragmática. No le son, pues, ajenos, al corrector de estilo, los conocimientos sobre esta disciplina; al menos deberá estar familiarizado con sus principios fundamentales.
Algunas cuestiones particulares de dificultad en la selección del léxico:
Problemas en la precisión del vocabulario: hay que evitar, p.e., verbos comodines (tener, haber, poner, dar, decir, romper, cambiar).
Distinción de significados de acuerdo con los diferentes derivados adjetivos de sustantivos (celeste/celestial, cárnico/carnal)
Problemas relativos a la valoración del léxico: a menudo las palabras acarrean una valoración sobre la idea que expresan: los vocablos no siempre son asépticos ni objetivos. Muchos términos traen consigo una toma de postura, una opinión ante lo expresado por el hablante (bebedor tenaz no es lo mismo que bebedor empedernido; esposo tenaz no es lo mismo que esposo fiel).
Problema de los términos parónimos: palabras que se asemejan en cuanto a la forma, pero expresan significados diferentes (inerme/inerte, preeminente/prominente, sima/cima)
Cultismos inadecuados: tendencia a redimensionar las palabras, esto es, tendencia a utilizar palabras de muchas letras, en lugar de los términos correctos (Grijelmo, 1997, habla en este sentido de "archisílabos": climatología por clima, utilización por uso).
Confusión de significado entre términos formales (obsérvese o incorrecto de la expresión su argumento adolece de rigor, frente a su argumento adolece de falta de rigor)
Atracción ocasional por palabras o expresiones nuevas que llegan a nosotros como creaciones más o menos recientes o, a veces, muy expresivas; o por ser palabras de resonancias cultas, con acentuación esdrújula (plúmbeo, hermenéutica, atrabiliario)
Llegados a este punto, el siguiente paso es enfrentarse directamente con el texto. Una vez el corrector tiene asumidos una serie de conocimientos teóricos y prácticos, metodológicos y empíricos, etc., deberá enfrentarse al texto, tratando de responder a las expectativas que su cliente (autor, autores, empresa, institución, etc.) han depositado en él. ¿qué deberá hacer para enfrentarse al texto? Veámoslo con detalle a continuación.
3. Actividades relacionadas con la corrección de un texto (académicamente correcto). La revisión
La revisión de texto, la fase en que el papel del corrector es determinante está condicionada por factores muy diversos, que van desde la ineptitud del autor para la redacción hasta la tendencia de este a resultar excesivamente "florido" en su expresión. Se hace necesario, pues, asumir una serie de consideraciones preliminares sobre la base de las cuales deberá operar el corrector de estilo.
¿Qué revisar?
Hay tendencia a pensar que sólo deben corregirse los errores ortográficos y/o gramaticales. Pero también es muy importante la revisión del contenido. El corrector, pues, no sólo ha de ajustarse a la prescripción de la gramática normativa. Hay que cuidar de que el texto sea comprensible y no contenga pasajes de difícil interpretación. Sólo debe incluirse información relevante para el desarrollo textual, evitando las ambigüedades y las redundancias. Debe huirse en lo posible de las valoraciones personales (sobre todo si el texto es de carácter formal o académico).
En general, la unidad de sentido preserva la inteligibilidad del texto. Deben quedar bien explicitadas las relaciones entre las distintas partes del texto, no basta con que las ideas estén bien conectadas en la mente del autor. Una buena forma de conseguir esa unidad de sentido es cambiar de tema lo menos posible a lo largo de un párrafo y evitar introducir sin necesidad digresiones evitables.
Otro elemento eliminable del texto es la ambigüedad. Un texto sólo debe poseer una correcta interpretación. En este plano la sintaxis puede ayudar a clarificar al máximo su interpretación.
Asimismo, las redundancias informativas afectan negativamente a la coherencia del texto. Las informaciones redundantes no suelen ser pertinentes, sino innecesarias. Hay que evitarlas.
Otra cuestión fundamental es la adecuación del contenido a la situación comunicativa: así, en un texto formal no caben coloquialismos excesivos; del mismo modo que en una situación informal es inadecuado por pedante el recurso a términos cultos.
Necesidad de facilitar la lectura
Cuando un texto se lee con dificultad es porque el tema es difícil en sí mismo, o bien porque el lector no se halla suficientemente interesado por dicho tema. O bien simplemente el texto está mal escrito: hay que hacer lo posible para facilitar la lectura. Hay que ser claro, ordenado, calcular bien los conocimientos del lector destinatario del texto.
Existen además diversas estrategias de captación del lector que el buen corrector de estilo deberá tener en cuenta en caso de haber de tener que aconsejar a un escritor no demasiado competente:
Es conveniente guiar al lector en la lectura: hay que hacer recapitulaciones, resúmenes de lo dicho hasta el momento, etc.
El lenguaje debe ser simple, sin demasiadas repeticiones innecesarias, sin vocabulario rebuscado, etc. La oscuridad expositiva no incrementa la calidad del texto, más bien evidencia que el autor no domina el contenido que transmite o ha olvidado que escribe para un lector determinado. Se escribe para conseguir un efecto en el receptor
Hay que cuidar el aspecto formal del texto, evitar erratas, descuidos tipográficos, etc. Evítese crear la impresión de ser un autor "dejado".
La extensión del párrafo no debería exceder ciertas dimensiones. Por ejemplo, no son aconsejables los párrafos de una página entera, ni tampoco los párrafos telegráficos de un par de líneas. Deben tener además equilibrio entre ellos.
Es asimismo fundamental la revisión de la estructura textual: hay que comprobar que el texto sujeto a corrección presenta ordenadamente la información y que su distribución es la más conveniente para el objetivo del autor. No sólo es una cuestión del orden, sino que es necesario que la extensión dedicada a la exposición de cada idea esté equilibrada. Por otro lado, la distribución de la información en el texto dependerá también del tipo de texto elaborado: si es expositivo la información deberá avanzar de lo conocido a lo nuevo, de forma progresiva, para que el lector vaya adquiriendo las claves necesarias para la comprensión del texto. Si el texto es argumentativo/contra argumentativo, p.e., será imprescindible que se formule la tesis explícitamente, sin lugar a dudas.
Control sobre el uso de recursos retóricos o efectistas
Es correcto el uso de ciertos recursos como la metáfora, que a veces hace más claro y comprensible un texto. Pero hay ciertos recursos que conviene emplear con cautela, por ejemplo el de la ironía. Evítese el riesgo de ambigüedades o faltas de entendimiento por parte del lector.
La importancia de la presentación
Entre los defectos de presentación más usuales a que se debe enfrentar el corrector de estilo están:
textos sin márgenes o con márgenes escasos
abundancia de errores tipográficos
incoherencia en el empleo de convenciones de subrayado de títulos, palabras extranjeras, mayúsculas, comillas, citas, referencias bibliográficas, etc.
número excesivo de páginas
mala puntuación, por exceso o por defecto
desorganización
lenguaje "infiltrado" (Reyes, 2001:269): términos y expresiones que proceden de la burocracia, los medios de comunicación, ciertos textos académicos, etc. Son en general expresiones "rimbombantes" innecesarias, fácilmente simplificables e incluso eliminables.
La importancia del estilo
Por supuesto la revisión afecta a la puntuación, a las disposiciones de la gramática normativa, al vocabulario, al estilo. El estilo es un aspecto fundamental, para conseguir un texto con buen estilo resulta fundamental prestar atención a cuestiones de léxico y sintácticas. Hay que atender así a la longitud de las oraciones y evitar alargarlas innecesariamente.
En general tres son los principios básicos de un estilo correcto, claridad, naturalidad y propiedad. La claridad en la expresión se alcanza según la elección de palabras apropiadas y exactas. De las palabras comunes han de utilizarse las más sencillas y breves, de las técnicas y cultas las inteligibles. La naturalidad de estilo se alcanza escribiendo sobre cosas de las que se tenga conocimiento y que interesen al lector; hay que prevenirse en este sentido contra la tentación de querer singularizarse, por lo que debe analizarse con cuidado toda expresión antes de emplearla. La propiedad se alcanza siempre que se utilicen palabras que no expresen una idea distinta de la que se quiere comunicar, evitando en lo posible los términos genéricos y tratando de que las palabras no presenten las ideas de forma más compleja de lo que son en realidad.
3.5.1. Sintaxis
La armonía del período depende, por una parte, de las construcciones, de la coordinación y la distribución de todos los miembros en el período y, por otra, de la cadencia final.
En este sentido es fundamental atender a la longitud de las frases. No hay prescripciones claras sobre cuál deba ser la extensión apropiada de una frase en un texto. Depende en gran medida del estilo de cada uno. Así p.e. a partir de la segunda mitad del S. XX se observa cierta inclinación hacia la frase breve, sobre todo en los textos científicos y técnicos. Pero no por ello una frase larga es necesariamente errónea. Todo depende de la habilidad del escritor para conseguir que no se pierda el hilo discursivo. Lo cierto es, en todo caso, que cuanto más larga sea una frase más posibilidades habrá de que se incurra en anacolutos o inconsecuencias sintácticas. Ello no supone, sin embargo, que las frases deban ser telegráficas. En todo caso, la extensión de las frases es una cuestión que supone en muchos casos una marca de estilo: p.e. las frases largas, con abundancia de subordinación, paráfrasis, complementos circunstanciales, referencias espaciales y temporales, etc. desarrollan un tempo lento, apropiado para textos de tono serio, grave, como los jurídicos.
Un aspecto sintáctico más: los incisos no deben interrumpir caprichosamente una oración. Es preferible su colocación al final de la frase que así podrá leerse de un tirón sin incómodas interrupciones.
3.5.2. Aspectos léxicos
Otra cuestión importante desde el punto de vista léxico es el cuidado por la combinatoria de palabras: no todas las combinaciones de palabras son posibles. Deben evitarse asimismo las repeticiones léxicas, recurriendo p.e. a la sinonimia para mejorar el estilo.
El problema de la revisión informática
Hay que considerar que con los correctores informáticos no se ha resuelto el problema de la corrección de textos. Los ordenadores han supuesto la aparición de errores nuevos que hay que tener en cuenta. Así, los correctores ortográficos y gramaticales son de gran ayuda, sí, pero también plantean problemas. No siempre discriminan efectivamente categorías gramaticales, ya que corrigen sistemáticamente siguiendo un criterio por defecto, lo que hace que cometan frecuentemente ciertos errores (p.e. cuando y cuándo, p.e. encabezando una interrogación aparecerán siempre corregidos como "cuándo").
4. Conclusiones. Recapitulación final.
Al margen de todas las consideraciones anteriores no debemos perder de vista ciertas ideas fundamentales:
Un buen corrector cambia de perspectiva, dependiendo del texto: no es lo mismo enfrentarse a un texto publicitario, que a uno jurídico o literario. El corrector debe poseer olfato e intuición para conservar la voz del autor y, al mismo tiempo, aumentar su brillantez y claridad.
Hay que buscar la perspectiva, lo que significa moldear unos criterios propios. Para esto, es necesario conocer las diferentes herramientas de que dispone un corrector: diccionarios, gramáticas, textos de referencia y programas informáticos.
La corrección sigue distintas fases o momentos:
a)Corrección tipográfica.
El corrector debe desarrollar un control integral de la calidad de la composición: detectar y corregir las erratas y los errores tipográficos y la partición incorrecta de palabras, así como las líneas sueltas al final y al principio de página (viudas y huérfanas), los espacios mal colocados, los guiones en hilera...
Los correctores reflejan su trabajo en signos de corrección universales y anotaciones claras y concisas que facilitan la mejora de la obra y la revisión del proceso de edición. Todas las correcciones y enmiendas se anotan sobre la primera galerada, que simultáneamente se coteja con el manuscrito original con el fin de comprobar que no se ha perdido o trastocado ningún fragmento del texto original durante el proceso de volcado. Todo el proceso de corrección debería apoyarse en las normas que dicta la RAE, en sus distintas publicaciones, y una vasta literatura de apoyo.
b) Corrección gramatical. Se trata aquí de problemas de ortografía y/o morfología. Hay que saber distinguir entre error gramatical y error de estilo. La ortografía, la gramática y la puntuación de los textos deben ser en todo momento las correctas, en base a un adecuado uso del lenguaje; ello incluye la comprobación de que no se produzcan errores de tipográficos. La corrección ortográfica consiste en la minuciosa revisión del texto con el fin de comprobar que se adecua a las normas ortográficas.
c) Corrección de estilo. No hay que perder de vista que el corrector no es el autor. A partir de aquí se tendrá en cuenta el uso de los manuales de estilo, lo que permitirá definir un método de trabajo: revisión y corrección atendiendo a criterios de coherencia y cohesión semántica. La corrección de estilo buscará siempre la palabra exacta, evitando reiteraciones innecesarias y atendiendo constantemente a la finalidad, precisión y buen sentido del texto. La corrección de estilo consiste en una revisión general de todos los elementos que componen la obra: el estilo, la correcta elección de los términos empleados, la corrección o la adecuación de localismos, extranjerismos y modismos, la aplicación de las normas establecidas en los manuales de estilo... Con todo ello se pretende no sólo pulir la calidad general de la publicación, sino darle además una coherencia global.
El Plan de Estudios de Filología Hispánica en la Universitat de València y la corrección de estilo (oferta para el curso 2004/2005)
No existe en la actualidad ninguna asignatura específica en nuestro Plan de Estudios (vigente desde 2000); lo que nos mueve a pensar que en un futuro no muy lejano debería pensarse en algún módulo específico, al menos optativo, que reúna los contenidos necesarios para formar a profesionales de la corrección de estilo.
No obstante esto, existen asignaturas diversas que, a la vista del panorama que hemos venido presentando aquí, ofrecen contenidos idóneos, si bien complementarios, para la formación de estos profesionales.
Así, el conocimiento de buenos textos literarios, conditio sine qua non para la adquisición de un buen tono léxico se puede adquirir en las diversas asignaturas de nuestro Plan (véase anexo):
dos asignaturas troncales y una obligatoria en primer curso
una asignatura obligatoria en segundo curso
dos asignaturas troncales y una obligatoria en cuarto curso
dos asignaturas troncales en quinto curso
a lo que se añaden las diversas optativas de primer y segundo ciclo del plan de estudios (seis en primer ciclo y siete en segundo ciclo).
El nivel fónico y el conocimiento del componente vocal del español se desarrolla en 13828 (anexo) en primer curso, y a ello se añade la optativa de primer ciclo13880 (anexo). El conocimiento de las categorías gramaticales se imparte en 13871, en segundo curso (anexo), y la optativa de primer ciclo 13882 (anexo). La sintaxis es asumida en 13871 de segundo curso (anexo) y en 13888 de tercer curso (anexo). Del componente léxico-semántico se trata en 13831 de cuarto curso (anexo), 13855 de quinto curso (anexo), y la optativa de primer ciclo 13881 (anexo). La adecuación del uso de la lengua a la situación puede asumirse desde 13831 de cuarto curso (anexo), y las asignaturas optativas 13823 (anexo), 13873 (anexo), 13820 (anexo) y 13889 (anexo). Finalmente, el estudio pormenorizado de los rasgos lingüísticos de un texto en su globalidad se aborda con 13817 (anexo).
Así pues, un somero repaso a la oferta académica ofrece un panorama si no óptimo, sí al menos razonable para la formación profesional de correctores de estilo. Falta aún, eso sí, lo advertíamos unas líneas más arriba, la formación específica. Pero esperamos que en pocos años sea ya una realidad la especialidad de "corrector de estilo" en la Licenciatura de Filología Hispánica. Bolonia y la preconizada convergencia europea en materia de programas universitarios, y nosotros mismos como integrantes de la comunidad universitaria española tendremos mucho que hacer al respecto. Esperemos cumplir con nuestro cometido.
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AÑADIR DICCIONARIOS
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Valencia, 16-18 de noviembre de 2004
Antonio Hidalgo Navarro
Grupo Val.es.Co. Universitat de València
La importancia de escribir "correctamente" en la sociedad actual
La sociedad actual está dominada por la escritura. Nuestra actividad se halla continuamente envuelta por los textos escritos; y textos de muy diversa índole, desde los cuadernos y manuales escolares hasta los prospectos de las medicinas, pasando por las facturas de los bancos, la declaración de la renta, el periódico, etc. La sociedad de la información (a través de la informática) ha incrementado aún más si cabe el peso e importancia de la escritura, hasta el punto de que sobre el teclado del ordenador podemos reproducir en determinadas circunstancias (al "chatear" p.e.) el lenguaje oral mismo: la escritura ha llegado a suplantar, pues, al discurso oral. Una posición fundamental ocupan en este estado de cosas los textos académicos, que deben reflejar conocimientos adquiridos, de acuerdo con la capacidad de su autor para seleccionar información relevante, para argumentar, demostrar, refutar, verificar hipótesis, etc. En suma, un buen o mal dominio de la escritura pueden condicionar decisivamente el éxito o fracaso de nuestra actividad profesional, sea esta académica o no.
La comunicación escrita, pues, domina gran parte de la actividad social y económica de nuestras vidas y a ello obedece que un texto "bien" escrito sea, las más de las veces la mejor tarjeta de presentación, tanto para un particular como para el más laureado de los literatos.
Efectivamente, la multiplicidad de textos escritos se refleja en un amplio arco de posibilidades que, a manera de ejemplo, por su importancia como medio de transmisión, podríamos ejemplificar en los llamados textos "expositivos" (monografías, informes, proyectos, etc.) o en las cartas profesionales, comerciales y/o privadas. En la conferencia anterior se aludió también a un tipo de textos fundamentales cuales son los periodísticos, con lo que obviaré hacer referencia a ellos. No hay que olvidar, por lo demás, los textos literarios. Con todo ello, podría decirse que las posibilidades o campos de actuación de un corrector de estilo son, cuando menos, no escasas.
La cuestión es ¿qué papel corresponde en este bosque textual al corrector de estilo? No importa que se trate de textos breves o amplios, personales o de divulgación, el hecho es que todos ellos son susceptibles en mayor o menor medida de "corrección"; las empresas que editan los diarios, los periódicos y las revistas, así como todas las editoriales de libros cuentan con personas dedicadas a corregir los textos escritos. Son los correctores de estilo, encargados de leer y releer cada párrafo para corregir errores. No sólo deben controlar las faltas de ortografía (erratas), sino también la sintaxis y la semántica de cada oración, es decir asegurar que esté correctamente construida y que se entienda la idea que se quiere transmitir.
Por otro lado, no cualquiera puede ser corrector de estilo. Aunque no es necesario tener un título universitario, es un oficio para el que hacen falta una gran concentración y muchos conocimientos generales. En este sentido, y como se verá después con más detalle, el mejor aliado de un corrector es el diccionario, al que deberá recurrir en casos de duda.
La corrección de estilo es un oficio histórico, que surgió con la aparición de la imprenta. Es también un trabajo humano irreemplazable, porque aunque hoy los ordenadores tienen programas que corrigen la ortografía, ninguna máquina es capaz de controlar el estilo y el ajuste de significado de un texto.
Pero el corrector de estilo no es sólo un operador a posteriori sobre el trabajo final. Un buen corrector de estilo debería tener en cuenta además cuáles son los pasos implicados en la planificación, elaboración y revisión final de un texto. Veamos, pues, en qué puede consistir su especialización profesional.
Actividades relacionadas con la confección de un texto "correcto"
Cuando hablamos de texto "correcto" somos conscientes (se ha comprobado en 1.) de la diversidad tipológica de los textos y de que, en consecuencia, la corrección no supone lo mismo en todos ellos. No obstante, por el carácter general de mi exposición me permitiré cierta extrapolación y entenderé por texto correcto aquel que se corresponde con un uso contextual del idioma adecuado a los distintos casos y ámbitos de interés particulares. En este uso, creo entender que existe un denominador común: el uso correcto del idioma es el que atañe al nivel culto-formal (del español en nuestro caso), independientemente de la especialidad del texto (humanidades, ciencias empíricas, artes, etc.).
Todo corrector de estilo deberá tener en cuenta, pues, cuáles son los principios fundamentales que rigen la buena escritura de un texto, y con ello no nos referimos sólo, claro está, a la buena "ortografía".
Fundamentos de la escritura correcta.
Veamos a continuación cuáles puedan ser los requisitos principales en el proceso de redacción de un texto (recuérdese que, en cualquier caso, este tipo de contenidos debería formar parte inseparable del currículo académico del corrector de estilo).
2.1.1 Contextualización y coherencia
Un primer aspecto que debería tenerse en cuenta a la hora de escribir es la necesidad de que el texto producido posea un adecuado grado de contextualización y coherencia (Reyes, 2001:121-158). Efectivamente, para que un texto funcione debe conectarse con los marcos de referencia que posee su potencial lector: sus datos deben ser compartidos al menos parcialmente por autor y lector, y, evidentemente, el responsable de que esto se cumpla es en gran medida el autor (este aspecto debería ser tenido en cuenta por un corrector de estilo eficiente).
Cuando se habla de contextualización se hace referencia a la conexión de los significados textuales con datos extra textuales; es un proceso con dos aspectos complementarios (Reyes, 2001:123): en primer lugar el texto debe adecuarse al entorno comunicativo en que va a insertarse; en segundo lugar, hay que crear, a través del propio texto el conjunto de datos que permiten a los lectores potenciales interpretar lo que el autor dice o escribe. El contexto, pues, en parte es preexistente al texto y en parte va siendo creado progresivamente.
Cuando hablamos o escribimos decimos poco, pero sabemos y entendemos mucho más de lo dicho o escrito, y este es un factor de estilo que tampoco debe perderse de vista.
Otra cuestión fundamental en relación con la coherencia del texto es la necesidad de que esté organizado lógicamente. Un texto será coherente si su estructura significativa tiene organización lógica, armonía sintáctica, semántica y pragmática entre sus partes y si su significado es interpretable porque ayuda al lector a hacer las inferencias necesarias. En este camino es fundamental el proceso de interpretación del texto: por un lado descodificamos los signos lingüísticos atribuyéndoles significados, por otro lado inferimos todo lo que no está dicho. La coherencia surgirá, pues, de la interacción entre la estructura del texto y la interpretación del lector. Para ello deben cumplirse las llamadas "condiciones de coherencia" (Reyes, 2001:131):
el texto debe ser relevante
el texto debe presuponer correctamente la información conocida
el texto debe tener un tema central
el texto debe argumentar de manera adecuada
el texto debe emplear los mecanismo de cohesión necesarios
De los aspectos considerados algunos afectan más directamente a la labor del corrector de estilo: así, si la trabazón lógica de las partes de un texto no funciona el texto resultará incoherente: el proceso de argumentación, en su caso, debe ser en la medida de lo posible escrupuloso y preciso. Por otra parte la cohesión entre las partes del texto a través de mecanismos lingüísticos resulta ineludible; para ello se deben emplear determinados recursos tales como los conectores textuales, los elementos deícticos y anafóricos, el recurso a la repetición sinonímica, a la elipsis, etc.
A ello se añaden otros recursos capaces de crear coherencia, como p.e. el orden de palabras. No siempre estructura semántica y estructura informativa van de la mano: en este sentido el orden de palabras en español es flexible, sí, pero no se elige un orden al azar, sino según las necesidades comunicativas (la información conocida o tema va primero y la nueva o rema va al final de la oración). Cada palabra debe ocupar en la oración el lugar en donde más claramente se vea a qué otra u otras palabras se refiere. Ello supone que lo que sepamos o no en cada momento dependerá de cada texto particular: así, p.e. en la conversación los hablantes van calculando rápidamente lo conocido y lo nuevo y, en su caso, van corrigiendo o reponiendo cuando resulta oportuno; en cambio, la información conocida de un texto es un cálculo que debe hacer el autor que, si falla por exceso o por defecto, acabará produciendo un texto incoherente.
Algunos recursos usuales para el realce de la nueva información son la anteposición con refuerzo, las denominadas estructuras ecuacionales (p.e. en fue Juan quien mató al fugitivo), los intensificadores (algunos marcadores discursivos son habitualmente intensificadores: también, lo que es peor, además, etc.)
2.1.2. El proceso de planificación textual
Un segundo aspecto no menos importante que el de contextualización y coherencia es el de la planificación del texto ("pre composición" en términos de Reyes, 2001:192-216). La planificación, obviamente, es el proceso de reflexión previo a la escritura, y hay que otorgarle la importancia que tiene: antes de lanzarse a escribir hay que detenerse a pensar en las circunstancias que rodean al texto, esto es, debemos hacernos ciertas preguntas previas, tales como ¿para qué se escribe el texto?¿a quién va dirigido el texto? ¿qué lector estamos seleccionando? ¿qué imagen pretende transmitir el autor al lector? ¿qué debe decir el texto exactamente y cómo debe organizar dicha información? ¿a qué género se adscribe tipológicamente el texto? ¿qué secuencias textuales (argumentación, exposición, descripción, narración) se emplean o van a emplear en el texto? Es necesario que el corrector conozca bien en qué consiste este proceso de planificación, si no el del texto particular que está revisando, sí al menos como proceso reflexivo necesario en la confección de todo texto.
Es obvio que un texto escrito se elabora habitualmente para transmitir información: suele tener, pues, en su mayor parte, valor informativo. Algunos textos, como los científicos, añaden a este propósito informativo otro más, el deseo de convencer: tienen inicialmente un carácter expositivo, pero pueden ser también argumentativos; intentan convencer al lector de las teorías y puntos de vista que defiende el autor.
En cualquier caso, las características de estilo y estructura de un texto vienen determinados por sus objetivos. Una cosa es clara, en general, es positivo que cualquier texto sea de agradable lectura, pero su amenidad puede ser más o menos necesaria en función de la "aridez" del tema, del mismo modo que prescindir de la exposición de datos, por farragosos que estos resulten, puede constituir un fraude en el caso de un texto científico.
Como paso previo, en el proceso de planificación es necesaria una adecuada selección del destinatario: el conocimiento del lector ayuda a crear un texto lo más adecuado posible. Antes de escribir un texto es conveniente, pues, recopilar todos los datos disponibles acerca del lector (conocimientos, edad, intereses, ideología, extracción sociocultural, etc.). El escritor experto debería escribir textos a medida del lector que ha seleccionado, y sin duda la forma y estilo en que lo haga exigen un esfuerzo notable. El corrector debería velar por que esta sintonía se consiga en una medida óptima.
En este sentido, en relación con la información que deba conocer el lector, hay que hacer algunas consideraciones: un texto que contenga información obvia resultará tan aburrido como incomprensible el que incorpore conocimientos desmesurados para el lector destinatario.
Tan importante o más que la selección del destinatario es la imagen del autor: así, para que el texto alcance sus objetivos resulta conveniente que el autor:
manifieste conocimiento sobrados sobre el tema
manifieste certeza sobre el interés intrínseco del tema sobre el que está escribiendo
Aspecto esencial en la planificación textual es el de la producción y organización de ideas. En el texto deben figurar las ideas estrictamente pertinentes. El primer paso, pues, es conseguir la información necesaria relativa a tales ideas. A este proceso se le denomina fase de documentación. Tal fase es compleja: hay que reunir toda la información posible, pero ello no basta, después hay que relacionar entre sí las informaciones. Finalmente, la labor original del autor será la de valorarlas aplicando su sentido crítico.
A tal efecto el autor debe llevar a cabo una tarea de selección: la tarea de selección suprema es, precisamente, la capacidad de someter todo un texto a una idea central, esto es, de otorgar un título al texto que lo resuma completamente.
Progresivamente el autor deberá ir reordenando la información y organizarla en subtemas, para lo cual será especialmente adecuado que los sitúe en el marco de un esquema claro, en partes bien definidas. El corrector de estilo deberá ser especialmente sensible a este aspecto, crucial en la fácil, difícil o imposible comprensión de un texto.
2.1.3. Planificación y secuencias textuales
¿Qué características debería cumplir un texto "correctamente" escrito? Ante todo las de precisión, claridad y objetividad (esta última fundamental si se trata de un texto académico). La claridad es resultado del empleo de un léxico idóneo y de una planificación escrupulosa: no cabe la improvisación en el texto "correcto".
Muchos de los textos escritos posibles comparten características de estilo, comenzando por el hecho de que en su mayor parte se construyen atendiendo a las mismas secuencias textuales: descripción, narración, exposición, argumentación y diálogo.
Cada tipo de secuencia textual lleva aparejado un modo distinto de organizar, una estructura específica y unas convenciones propias. El corrector de estilo deberá estar muy atento a todo ello. Veamos esto último con algún detalle.
2.1.3.1. DESCRIPCIÓN
La descripción representa (o trata de representar) la realidad circundante. La información debe aparecer ordenadamente en el texto descriptivo, según partes bien definidas, de lo externo a lo interno, de izquierda a derecha, etc. Por supuesto, de acuerdo con el tipo de texto descriptivo los rasgos de estilo vienen establecidos por el predominio de ciertas categorías gramaticales (p.e. sustantivos referidos a terminología científica, uso de verbos en presente, enumeraciones, etc. en los textos científicos).
Otra estrategia habitual en textos descriptivos complejos es la analogía (comparar lo que se describe con alguna otra cosa que el lector entienda fácilmente).
2.1.3.2. EXPOSICIÓN
Su objetivo principal es transmitir la experiencia y saber de una comunidad. Toda secuencia expositiva consta al menos de dos movimientos:
señalar cuál es el problema
desarrollar su solución
Toda secuencia expositiva debe seguir, pues, un esquema claro y pormenorizado, sin saltos en el vacío. Por lo demás, lo importante de la estructura expositiva es mostrar el orden del razonamiento, siguiendo un orden lógico. A tal efecto son fundamentales las estrategias discursivas del texto expositivo:
reformulación (paráfrasis)
inserción de ejemplos
citas de autoridad
clasificación: permite ordenar y sistematizar la información
Todos ellos son aspectos que debería supervisar un buen corrector de estilo. Además, conviene una presentación jerárquica de la información: hay informaciones primarias y secundarias que el autor debe hacer ver al lector con claridad.
2.1.3.3. ARGUMENTACIÓN
Argumentar es intentar convencer a otro de una afirmación u opinión del autor. Los textos escritos actuales están repletos de secuencias argumentativas. Una secuencia argumentativa se construye como respuesta a una (o varias) opiniones contrarias. El autor debe, pues, necesariamente presuponer la existencia de dos o más interlocutores (el autor y el otro u otros), de modo que toda secuencia argumentativa deberá incluir dos tipos de información:
la tesis
los argumentos que sustentan la tesis
El autor debe formular explícitamente la tesis. En cualquier caso, dicha tesis debe apoyarse siempre en argumentos racionales. Y dichos argumentos deberían ir ensamblados adecuadamente mediante los recursos lingüísticos apropiados, entre los más destacados figuran los conectores: en esencia se trata de procedimientos gramaticales o textuales que se utilizan para engarzar entre sí las oraciones que forman parágrafo, o bien para engarzar distintos parágrafos entre sí. Los conectores atienden adecuadamente a las relaciones lógico-semánticas existentes entre dos o más oraciones o entre dos o más parágrafos, en este sentido actúan como "señales de tráfico": advierten de las características, de la importancia, relevancia o irrelevancia de la información que relacionan. Son imprescindibles en el proceso de construcción textual: un texto poseerá mayor articulación interna, mayor cohesión, mayor claridad en la medida en que utilice más adecuadamente las expresiones conectivas. Ahora bien, no debe introducirse cualquier expresión conectiva gratuitamente buscando un falso efectismo estilístico: el corrector de estilo debería velar por evitar este defecto en el texto revisado. En caso de dudas siempre será preferible, obviamente, el uso del diccionario.
Otros elementos del razonamiento argumentativo a los que deberá prestar mucha atención el corrector de estilo son:
la regla general: es una creencia o un supuesto más o menos aceptado por la comunidad que puede permitir ciertos saltos en una argumentación
la fuente: fundamento de la información que se proporciona para garantizar las reglas generales o la verdad de los datos que agrupan la tesis; aparece generalmente como cita de autoridad
la reserva: el propio autor puede albergar alguna reserva sobre las posibles consecuencias que se deriven de sus argumentos
Hay, pues, múltiples recursos argumentativos para un autor: citas de autoridad, ejemplificación, analogía, exposición de causas y consecuencias, apoyo de datos objetivos, discusión o desestimación de posibles objeciones a la tesis de partida (contra argumentación). De todos ellos es especialmente interesante la contra argumentación, que consta de tres fases: presentación del contraargumento, desarrollo de la refutación y refuerzo de la tesis principal. Papel fundamental en este plano es el que corresponde a los conectores contra argumentativos y sobre su manejo por parte del autor debe incidir especialmente la labor del corrector de estilo.
2.1.4. La (s)elección del léxico y el significado
Aspecto fundamental en la elaboración de textos, y por tanto en los conocimientos y trabajos que debe saber aplicar el buen corrector de estilo es el de la selección del léxico y vocabulario en el texto. Efectivamente, uno de los principales problemas en la composición de un texto es encontrar las palabras justas para expresar lo que se quiere. Debe haber adecuación al género y al tema; por supuesto, el registro también desempeña un papel decisivo en la elección léxica.
Un buen sistema para adquirir vocabulario es la lectura de buenos textos, pero no disponemos en nuestro conocimiento de todas las palabras ni de las más justas: no conocemos todo el vocabulario de nuestra propia lengua. Hay Por lo demás, es imprescindible un vocabulario abundante para escribir, pero eso no implica aprender todas las palabras posibles del vocabulario. En todo caso, la ausencia de vocabulario producirá textos vagos y/o repetitivos.
Si, finalmente, tenemos dificultades para hallar la/s palabra/s necesaria/s deberemos acudir al diccionario: el corrector de estilo debe ser frecuente consultor del mismo. Algunos diccionarios aptos para el corrector son:
el Diccionario de uso del español de Mª Moliner, que incluye definiciones amplias, con información gramatical e información sobre construcción de palabras y su adecuación contextual (ed. de 1998). Distingue asimismo entre usos literarios, formales, informales, vulgares, cultos…
el Diccionario Salamanca de la lengua española, que distingue entre usos restringidos, rurales, vulgares, jergales, coloquiales…
el Gran Diccionario de la lengua española que diferencia entre el lenguaje de argot, culto, coloquial, despectivo, familiar, formal, jergal, literario, vulgar…
En todo caso, son sin duda importantes los grandes diccionarios para el corrector de estilo, es decir, aquellos que poseen gran cantidad de información (DRAE, 1992), también son muy necesarios los diccionarios ideológicos, uno de cuyas más recientes muestras corresponde al Diccionario Redes coordinado por Ignacio Bosque.
En el ámbito del léxico merece especial atención el uso de neologismos (algunos de los cuales son simples barbarismos innecesarios). Por neologismo se entiende toda palabra reciente que se refiera a cosas o hechos nuevos, o que se aplique a denominaciones nuevas. Actualmente la mayoría procede del inglés. Es difícil que un diccionario general recoja rápidamente un neologismo, pero hoy los diccionarios modernos (Larousse, p.e.), recopilan todas las palabras que circulan, sin descartar los neologismos.
En otro sentido, hay que saber discriminar los préstamos y los calcos. Los primeros pueden ser necesarios, pero los segundos son construcciones ajenas que copian exactamente del original, violentando así los patrones sintácticos o semánticos del español. Los préstamos son particularmente útiles en el lenguaje científico, necesitado de términos técnicos, precisos, unívocos, etc. Hay que conocer, pues, estos términos, a la hora de traducir o bien, al revisar el estilo de un texto científico. Los calcos en cambio deberían rechazarse siempre.
En cualquier caso, no se puede escribir correctamente si no se escribe en "buen español": el español rico, flexible, matizado, etc. Los anglicismos u otros extranjerismos usados innecesariamente empobrecen el caudal léxico del español.
En el ámbito de los significados, al margen de los explícitos, existen significados de palabras y expresiones que no están en los diccionarios, y que tampoco son siempre significados previsibles. Se trata de aquellos significados posibles de una palabra, a excepción de los denotativos y se llega a ellos por inferencia; hay varios tipos, los más frecuentes son los connotativos (se deben a los contextos habituales en que aparecen ciertas palabras, asociadas así a determinados contenidos) y los contextuales (sus implicaciones son inferidas gracias al contexto).
Hay, en suma, muchos tipos de significados implicados, y una disciplina lingüística que trata de explicarlos, la pragmática. No le son, pues, ajenos, al corrector de estilo, los conocimientos sobre esta disciplina; al menos deberá estar familiarizado con sus principios fundamentales.
Algunas cuestiones particulares de dificultad en la selección del léxico:
Problemas en la precisión del vocabulario: hay que evitar, p.e., verbos comodines (tener, haber, poner, dar, decir, romper, cambiar).
Distinción de significados de acuerdo con los diferentes derivados adjetivos de sustantivos (celeste/celestial, cárnico/carnal)
Problemas relativos a la valoración del léxico: a menudo las palabras acarrean una valoración sobre la idea que expresan: los vocablos no siempre son asépticos ni objetivos. Muchos términos traen consigo una toma de postura, una opinión ante lo expresado por el hablante (bebedor tenaz no es lo mismo que bebedor empedernido; esposo tenaz no es lo mismo que esposo fiel).
Problema de los términos parónimos: palabras que se asemejan en cuanto a la forma, pero expresan significados diferentes (inerme/inerte, preeminente/prominente, sima/cima)
Cultismos inadecuados: tendencia a redimensionar las palabras, esto es, tendencia a utilizar palabras de muchas letras, en lugar de los términos correctos (Grijelmo, 1997, habla en este sentido de "archisílabos": climatología por clima, utilización por uso).
Confusión de significado entre términos formales (obsérvese o incorrecto de la expresión su argumento adolece de rigor, frente a su argumento adolece de falta de rigor)
Atracción ocasional por palabras o expresiones nuevas que llegan a nosotros como creaciones más o menos recientes o, a veces, muy expresivas; o por ser palabras de resonancias cultas, con acentuación esdrújula (plúmbeo, hermenéutica, atrabiliario)
Llegados a este punto, el siguiente paso es enfrentarse directamente con el texto. Una vez el corrector tiene asumidos una serie de conocimientos teóricos y prácticos, metodológicos y empíricos, etc., deberá enfrentarse al texto, tratando de responder a las expectativas que su cliente (autor, autores, empresa, institución, etc.) han depositado en él. ¿qué deberá hacer para enfrentarse al texto? Veámoslo con detalle a continuación.
3. Actividades relacionadas con la corrección de un texto (académicamente correcto). La revisión
La revisión de texto, la fase en que el papel del corrector es determinante está condicionada por factores muy diversos, que van desde la ineptitud del autor para la redacción hasta la tendencia de este a resultar excesivamente "florido" en su expresión. Se hace necesario, pues, asumir una serie de consideraciones preliminares sobre la base de las cuales deberá operar el corrector de estilo.
¿Qué revisar?
Hay tendencia a pensar que sólo deben corregirse los errores ortográficos y/o gramaticales. Pero también es muy importante la revisión del contenido. El corrector, pues, no sólo ha de ajustarse a la prescripción de la gramática normativa. Hay que cuidar de que el texto sea comprensible y no contenga pasajes de difícil interpretación. Sólo debe incluirse información relevante para el desarrollo textual, evitando las ambigüedades y las redundancias. Debe huirse en lo posible de las valoraciones personales (sobre todo si el texto es de carácter formal o académico).
En general, la unidad de sentido preserva la inteligibilidad del texto. Deben quedar bien explicitadas las relaciones entre las distintas partes del texto, no basta con que las ideas estén bien conectadas en la mente del autor. Una buena forma de conseguir esa unidad de sentido es cambiar de tema lo menos posible a lo largo de un párrafo y evitar introducir sin necesidad digresiones evitables.
Otro elemento eliminable del texto es la ambigüedad. Un texto sólo debe poseer una correcta interpretación. En este plano la sintaxis puede ayudar a clarificar al máximo su interpretación.
Asimismo, las redundancias informativas afectan negativamente a la coherencia del texto. Las informaciones redundantes no suelen ser pertinentes, sino innecesarias. Hay que evitarlas.
Otra cuestión fundamental es la adecuación del contenido a la situación comunicativa: así, en un texto formal no caben coloquialismos excesivos; del mismo modo que en una situación informal es inadecuado por pedante el recurso a términos cultos.
Necesidad de facilitar la lectura
Cuando un texto se lee con dificultad es porque el tema es difícil en sí mismo, o bien porque el lector no se halla suficientemente interesado por dicho tema. O bien simplemente el texto está mal escrito: hay que hacer lo posible para facilitar la lectura. Hay que ser claro, ordenado, calcular bien los conocimientos del lector destinatario del texto.
Existen además diversas estrategias de captación del lector que el buen corrector de estilo deberá tener en cuenta en caso de haber de tener que aconsejar a un escritor no demasiado competente:
Es conveniente guiar al lector en la lectura: hay que hacer recapitulaciones, resúmenes de lo dicho hasta el momento, etc.
El lenguaje debe ser simple, sin demasiadas repeticiones innecesarias, sin vocabulario rebuscado, etc. La oscuridad expositiva no incrementa la calidad del texto, más bien evidencia que el autor no domina el contenido que transmite o ha olvidado que escribe para un lector determinado. Se escribe para conseguir un efecto en el receptor
Hay que cuidar el aspecto formal del texto, evitar erratas, descuidos tipográficos, etc. Evítese crear la impresión de ser un autor "dejado".
La extensión del párrafo no debería exceder ciertas dimensiones. Por ejemplo, no son aconsejables los párrafos de una página entera, ni tampoco los párrafos telegráficos de un par de líneas. Deben tener además equilibrio entre ellos.
Es asimismo fundamental la revisión de la estructura textual: hay que comprobar que el texto sujeto a corrección presenta ordenadamente la información y que su distribución es la más conveniente para el objetivo del autor. No sólo es una cuestión del orden, sino que es necesario que la extensión dedicada a la exposición de cada idea esté equilibrada. Por otro lado, la distribución de la información en el texto dependerá también del tipo de texto elaborado: si es expositivo la información deberá avanzar de lo conocido a lo nuevo, de forma progresiva, para que el lector vaya adquiriendo las claves necesarias para la comprensión del texto. Si el texto es argumentativo/contra argumentativo, p.e., será imprescindible que se formule la tesis explícitamente, sin lugar a dudas.
Control sobre el uso de recursos retóricos o efectistas
Es correcto el uso de ciertos recursos como la metáfora, que a veces hace más claro y comprensible un texto. Pero hay ciertos recursos que conviene emplear con cautela, por ejemplo el de la ironía. Evítese el riesgo de ambigüedades o faltas de entendimiento por parte del lector.
La importancia de la presentación
Entre los defectos de presentación más usuales a que se debe enfrentar el corrector de estilo están:
textos sin márgenes o con márgenes escasos
abundancia de errores tipográficos
incoherencia en el empleo de convenciones de subrayado de títulos, palabras extranjeras, mayúsculas, comillas, citas, referencias bibliográficas, etc.
número excesivo de páginas
mala puntuación, por exceso o por defecto
desorganización
lenguaje "infiltrado" (Reyes, 2001:269): términos y expresiones que proceden de la burocracia, los medios de comunicación, ciertos textos académicos, etc. Son en general expresiones "rimbombantes" innecesarias, fácilmente simplificables e incluso eliminables.
La importancia del estilo
Por supuesto la revisión afecta a la puntuación, a las disposiciones de la gramática normativa, al vocabulario, al estilo. El estilo es un aspecto fundamental, para conseguir un texto con buen estilo resulta fundamental prestar atención a cuestiones de léxico y sintácticas. Hay que atender así a la longitud de las oraciones y evitar alargarlas innecesariamente.
En general tres son los principios básicos de un estilo correcto, claridad, naturalidad y propiedad. La claridad en la expresión se alcanza según la elección de palabras apropiadas y exactas. De las palabras comunes han de utilizarse las más sencillas y breves, de las técnicas y cultas las inteligibles. La naturalidad de estilo se alcanza escribiendo sobre cosas de las que se tenga conocimiento y que interesen al lector; hay que prevenirse en este sentido contra la tentación de querer singularizarse, por lo que debe analizarse con cuidado toda expresión antes de emplearla. La propiedad se alcanza siempre que se utilicen palabras que no expresen una idea distinta de la que se quiere comunicar, evitando en lo posible los términos genéricos y tratando de que las palabras no presenten las ideas de forma más compleja de lo que son en realidad.
3.5.1. Sintaxis
La armonía del período depende, por una parte, de las construcciones, de la coordinación y la distribución de todos los miembros en el período y, por otra, de la cadencia final.
En este sentido es fundamental atender a la longitud de las frases. No hay prescripciones claras sobre cuál deba ser la extensión apropiada de una frase en un texto. Depende en gran medida del estilo de cada uno. Así p.e. a partir de la segunda mitad del S. XX se observa cierta inclinación hacia la frase breve, sobre todo en los textos científicos y técnicos. Pero no por ello una frase larga es necesariamente errónea. Todo depende de la habilidad del escritor para conseguir que no se pierda el hilo discursivo. Lo cierto es, en todo caso, que cuanto más larga sea una frase más posibilidades habrá de que se incurra en anacolutos o inconsecuencias sintácticas. Ello no supone, sin embargo, que las frases deban ser telegráficas. En todo caso, la extensión de las frases es una cuestión que supone en muchos casos una marca de estilo: p.e. las frases largas, con abundancia de subordinación, paráfrasis, complementos circunstanciales, referencias espaciales y temporales, etc. desarrollan un tempo lento, apropiado para textos de tono serio, grave, como los jurídicos.
Un aspecto sintáctico más: los incisos no deben interrumpir caprichosamente una oración. Es preferible su colocación al final de la frase que así podrá leerse de un tirón sin incómodas interrupciones.
3.5.2. Aspectos léxicos
Otra cuestión importante desde el punto de vista léxico es el cuidado por la combinatoria de palabras: no todas las combinaciones de palabras son posibles. Deben evitarse asimismo las repeticiones léxicas, recurriendo p.e. a la sinonimia para mejorar el estilo.
El problema de la revisión informática
Hay que considerar que con los correctores informáticos no se ha resuelto el problema de la corrección de textos. Los ordenadores han supuesto la aparición de errores nuevos que hay que tener en cuenta. Así, los correctores ortográficos y gramaticales son de gran ayuda, sí, pero también plantean problemas. No siempre discriminan efectivamente categorías gramaticales, ya que corrigen sistemáticamente siguiendo un criterio por defecto, lo que hace que cometan frecuentemente ciertos errores (p.e. cuando y cuándo, p.e. encabezando una interrogación aparecerán siempre corregidos como "cuándo").
4. Conclusiones. Recapitulación final.
Al margen de todas las consideraciones anteriores no debemos perder de vista ciertas ideas fundamentales:
Un buen corrector cambia de perspectiva, dependiendo del texto: no es lo mismo enfrentarse a un texto publicitario, que a uno jurídico o literario. El corrector debe poseer olfato e intuición para conservar la voz del autor y, al mismo tiempo, aumentar su brillantez y claridad.
Hay que buscar la perspectiva, lo que significa moldear unos criterios propios. Para esto, es necesario conocer las diferentes herramientas de que dispone un corrector: diccionarios, gramáticas, textos de referencia y programas informáticos.
La corrección sigue distintas fases o momentos:
a)Corrección tipográfica.
El corrector debe desarrollar un control integral de la calidad de la composición: detectar y corregir las erratas y los errores tipográficos y la partición incorrecta de palabras, así como las líneas sueltas al final y al principio de página (viudas y huérfanas), los espacios mal colocados, los guiones en hilera...
Los correctores reflejan su trabajo en signos de corrección universales y anotaciones claras y concisas que facilitan la mejora de la obra y la revisión del proceso de edición. Todas las correcciones y enmiendas se anotan sobre la primera galerada, que simultáneamente se coteja con el manuscrito original con el fin de comprobar que no se ha perdido o trastocado ningún fragmento del texto original durante el proceso de volcado. Todo el proceso de corrección debería apoyarse en las normas que dicta la RAE, en sus distintas publicaciones, y una vasta literatura de apoyo.
b) Corrección gramatical. Se trata aquí de problemas de ortografía y/o morfología. Hay que saber distinguir entre error gramatical y error de estilo. La ortografía, la gramática y la puntuación de los textos deben ser en todo momento las correctas, en base a un adecuado uso del lenguaje; ello incluye la comprobación de que no se produzcan errores de tipográficos. La corrección ortográfica consiste en la minuciosa revisión del texto con el fin de comprobar que se adecua a las normas ortográficas.
c) Corrección de estilo. No hay que perder de vista que el corrector no es el autor. A partir de aquí se tendrá en cuenta el uso de los manuales de estilo, lo que permitirá definir un método de trabajo: revisión y corrección atendiendo a criterios de coherencia y cohesión semántica. La corrección de estilo buscará siempre la palabra exacta, evitando reiteraciones innecesarias y atendiendo constantemente a la finalidad, precisión y buen sentido del texto. La corrección de estilo consiste en una revisión general de todos los elementos que componen la obra: el estilo, la correcta elección de los términos empleados, la corrección o la adecuación de localismos, extranjerismos y modismos, la aplicación de las normas establecidas en los manuales de estilo... Con todo ello se pretende no sólo pulir la calidad general de la publicación, sino darle además una coherencia global.
El Plan de Estudios de Filología Hispánica en la Universitat de València y la corrección de estilo (oferta para el curso 2004/2005)
No existe en la actualidad ninguna asignatura específica en nuestro Plan de Estudios (vigente desde 2000); lo que nos mueve a pensar que en un futuro no muy lejano debería pensarse en algún módulo específico, al menos optativo, que reúna los contenidos necesarios para formar a profesionales de la corrección de estilo.
No obstante esto, existen asignaturas diversas que, a la vista del panorama que hemos venido presentando aquí, ofrecen contenidos idóneos, si bien complementarios, para la formación de estos profesionales.
Así, el conocimiento de buenos textos literarios, conditio sine qua non para la adquisición de un buen tono léxico se puede adquirir en las diversas asignaturas de nuestro Plan (véase anexo):
dos asignaturas troncales y una obligatoria en primer curso
una asignatura obligatoria en segundo curso
dos asignaturas troncales y una obligatoria en cuarto curso
dos asignaturas troncales en quinto curso
a lo que se añaden las diversas optativas de primer y segundo ciclo del plan de estudios (seis en primer ciclo y siete en segundo ciclo).
El nivel fónico y el conocimiento del componente vocal del español se desarrolla en 13828 (anexo) en primer curso, y a ello se añade la optativa de primer ciclo13880 (anexo). El conocimiento de las categorías gramaticales se imparte en 13871, en segundo curso (anexo), y la optativa de primer ciclo 13882 (anexo). La sintaxis es asumida en 13871 de segundo curso (anexo) y en 13888 de tercer curso (anexo). Del componente léxico-semántico se trata en 13831 de cuarto curso (anexo), 13855 de quinto curso (anexo), y la optativa de primer ciclo 13881 (anexo). La adecuación del uso de la lengua a la situación puede asumirse desde 13831 de cuarto curso (anexo), y las asignaturas optativas 13823 (anexo), 13873 (anexo), 13820 (anexo) y 13889 (anexo). Finalmente, el estudio pormenorizado de los rasgos lingüísticos de un texto en su globalidad se aborda con 13817 (anexo).
Así pues, un somero repaso a la oferta académica ofrece un panorama si no óptimo, sí al menos razonable para la formación profesional de correctores de estilo. Falta aún, eso sí, lo advertíamos unas líneas más arriba, la formación específica. Pero esperamos que en pocos años sea ya una realidad la especialidad de "corrector de estilo" en la Licenciatura de Filología Hispánica. Bolonia y la preconizada convergencia europea en materia de programas universitarios, y nosotros mismos como integrantes de la comunidad universitaria española tendremos mucho que hacer al respecto. Esperemos cumplir con nuestro cometido.
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AÑADIR DICCIONARIOS
2. Textos orientativos en español sobre la confección de trabajos científicos
Cremmins, E. T. (1982). The art of abstracting. Philadelphia, PA: ISI Press. Describe en detalle cómo crear un abstract; se focaliza en las habilidades cognitivas utilizadas (leer, pensar, escribir y editar).
Eco, U. (1982). Cómo se hace una tesis: Técnicas y procedimientos de investigación, estudio y escritura. Barcelona: Gesisa.
Linton, M. (1978). Manual simplificado de estilo para la preparación y redacción de artículos en psicología, ciencia y literatura. México: Trillas.
López Piñero, J. M. y Terrada, M. L. (1993). La información científica y técnica. Instituto de Estudios Documentales e Históricos sobre la Ciencia. Valencia: Universidad de Valencia - CSIC.
Primo Yúfera, E. (1994). Introducción a la investigación científica y tecnológica. Madrid: Alianza.
Romera, J., Pérez Priego, M. A., Lamíquiz, V., y Gutiérrez Araus, M. L. (1995). Manual de estilo. (2ª Ed.). Madrid: UNED.
Sierra, R. (1996). Tesis doctorales y trabajos de investigación científica. (4ª Ed.). Madrid: Paraninfo.
Solomon, P. R. (1989). Research report writing in Psychology. Glenview, IL: Scott, Foresman and Co. [Versión española: (1989). Guía para redactar informes de investigación
sexta-feira, 21 de dezembro de 2012
SEGÚN PREDICE IBM
Los ordenadores podrán traducir a los bebés en cinco años
IBM ha compartido cinco innovaciones que cambiarán la vida de las personas en los próximos cinco años.
IBM ha compartido cinco innovaciones que cambiarán la vida de las personas en los próximos cinco años. Las tecnologías destacadas por IBM tienen que ver con mejoras en los sistemas cognitivos de los ordenadores. ¿Nuestro invento favorito? Un traductor de bebés, que en la ficción fue creado por el hermano de Homer Simpson en la tercera temporada (1992) de la serie de animación de Matt Groening.
Durante los últimos 7 años, IBM ha publicado IBM 5 en 5. Se trata de una lista de innovaciones que podrían ser un motor de cambio de la sociedad. Las tecnologías planteadas por IBM tendrían el potencial de cambiar la forma en que las personas trabajan, viven e interaccionan.
Las cinco predicciones se formulan en base a tendencias sociales y del mercado, así como en tecnologías de los laboratorios de investigación de IBM. Este año las predicciones de la compañía se centran en innovaciones que forman la base de la nueva era de la computación, que IBM ha calificado como era de los "sistemas cognitivos".
Según la multinacional, la nueva generación de máquinas será capaz de aprender, adaptarse, sentir y comenzar a experimentar el mundo. Por eso, las previsiones de este año se centran en un elemento nuevo de la próxima era de la computación, la habilidad de los ordenadores para imitar a su manera los cinco sentidos de los seres humanos –tacto, vista, oído, gusto y olfato–.
"Científicos de IBM de todo el mundo están trabajando conjuntamente en las innovaciones que ayudarán a los ordenadores a sentir el mundo que les rodea. De manera similar a cómo el cerebro confía en la interacción de los sentido con el mundo, combinando estas innovaciones, los sistemas cognitivos serán capaces de generar mayor valor y conocimiento", ha comentado la directora de Innovación de IBM España, Elisa Martín Garijo.
Tocar a través del teléfono
La primera innovación tiene que ver con el sentido del tacto. Según IBM, se podrá "tocar a través del teléfono". Se trata de permitir a los equipos transmitir texturas.
Los científicos de IBM están desarrollando aplicaciones para el sector de la distribución y de la salud, entre otros, que utilizan infrarrojos y tecnologías de presión sensitiva para simular el sentido del tacto, de tal manera que un comprador pueda sentir la textura de una telacuando pase su dedo sobre la imagen de una prenda en la pantalla.
Desde IBM han explicado que utilizando la capacidad de los teléfonos de vibrar, cada objeto tendrá un patrón único de vibración que representará la experiencia del tacto (sucesión de vibraciones más o menos intensas, largas o cortas). Los patrones de vibración variarán según se trate de seda, lino o algodón.
Los equipos aprenderán a ver
Los ordenadores de hoy en día solo conocen el contenido de una fotografía por los textos que se utilizan para clasificarlas, no son capaces de interpretarlas. La mayor parte de la información que contiene una fotografía es un misterio para un ordenador. Según IBM, los sistemas podrán transformar los píxeles en significado, de una manera similar a cómo el cerebro humano interpreta una fotografía.
En el futuro, los ordenadores tendrán capacidades que imitarán las del cerebro humano, ayudando a los ordenadores a analizar rasgos como la texturas y extraer así información. Para IBM, esta capacidad tendrá un profundo impacto en sectores como el de la salud, la distribución o la agricultura.
Según la multinacional, dentro de 5 años, estas capacidades ayudarán al sector sanitario a analizar cantidades ingentes de imágenes médicas, como resonancias magnéticas, radiografías o imágenes procedentes de escáneres o TAC para capturar información que pueda utilizarse para tratamientos personalizados.
De esta forma, estas imágenes, que suelen contener detalles muy importantes que pueden ser casi imperceptibles, mejorarán tratamientos y diagnósticos. Entrenando adecuadamente a un ordenador sobre qué buscar o discriminar en una imagen –como por ejemplo, distinguir un tejido sano de uno enfermo– y buscar una correlación con la literatura médica y el historial del paciente, los sistemas podrán ayudar a los médicos a identificar problemas con más rapidez y precisión.
Aprender a escuchar
La tercera previsión de innovación es un sistema distribuido de sensores inteligentes que permitirá detectar elementos de los sonidos como la presión, vibración y ondas a diferentes frecuencias. IBM ha explicado que este sistema interpretará y podrá predecir la caída de un árbol en el bosque o un desprendimiento de rocas inminente.
"Los sonidos puros podrán ser identificados por sensores de forma similar a como lo hace el cerebro humano. Un sistema que reciba esta información podrá tener en cuenta la información visual o la táctil también, y clasificar e interpretar los sonidos en función de lo aprendido. Cuando detecte nuevos sonidos, el sistema extraerá conclusiones basándose en su conocimiento anterior y su habilidad para reconocer patrones", han explicado desde IBM.
La compañía ha ejemplificado las posibilidades de esta innovación. Por ejemplo, se podrá interpretar la jerga de un bebé y comunicar a médicos y padres lo que los niños quieren decir. Una vez que un ordenador aprenda lo que significan los sonidos de un bebé –hambre, calor, cansancio o dolor–, un avanzado sistema de reconocimiento de voz podría correlacionarlos con otra información sensorial o psicológica como el pulso, la temperatura o el ritmo cardíaco.
Para IBM, en los próximos 5 años, a través del aprendizaje sobre las emociones y los estados de ánimo, los sistemas podrán detallar aspectos de una conversación, analizar el tono o distinguir la vacilación de la voz, interpretando de forma más precisa la intención en las comunicaciones.
Comer de forma más inteligente
Los investigadores de IBM también están trabajando en un sistema de computación que pueda ser utilizado por los cocineros para crear recetas innovadoras. Se trata de la cuarta innovación planteada por IBM, que está enfocada directamente a imitación del sentido del gusto.
Este sistema descompondrá los ingredientes hasta su nivel molecular y mezclará la química de los componentes de la comida con la psicología que se esconde detrás de los sabores y olores preferidos del ser humano. "Un sistema de computación de estas características nos ayudará a comer de manera saludable ya que será capaz de crear nuevos sabores que nos hagan preferir un guiso de verduras a un plato de patatas fritas", ha explicado desde IBM.
El sistema será capaz de utilizar algoritmos que determinen la estructura química exacta de un alimento y por qué a las personas les gustan determinados sabores. Estos algoritmos analizarán la complejidad molecular de los componentes de los sabores y la estructura de sus enlaces. Esta información podrá combinarse con diferentes modelos de percepción para predecir el atractivo de los sabores.
Además, en el caso de las personas que precisan dietas específicas a causa de enfermedades, se podrá desarrollar recetas y sabores que se adapten a sus necesidades de azúcar en sangre pero que satisfaga su deseo de dulce.
Los ordenadores procesarán olores
Por último, en los próximos 5 años los ordenadores y móviles contarán con sensores que serán capaces de predecir un resfriado u otra enfermedad. Para ello, se utilizará el análisis de olores e información de marcadores biológicos que analizarán las moléculas existentes en la respiración de las personas.
En cuanto a las aplicaciones de esta tecnología, parece que irán más allá de las médicas. Los científicos de IBM ya están analizando las condiciones medioambientales en las que está una pieza de arte con el objeto de identificar variaciones que afecten a su preservación. Esta innovación también se puede utilizar para mejorar la higiene de los hospitales, uno de los mayores retos del sector sanitario en estos momentos.
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