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quarta-feira, 2 de janeiro de 2013


Brasil, el continente literario secreto
Tras los pasos precursores de João Guimarães Rosa, Clarice Lispector y Rubem Fonseca, la narrativa del país latinoamericano pasa en la Argentina por un saludable apogeo de traducciones que permite trabar conocimiento de su producción sin aguardar que el tiempo la legitime. Aquí, una cartografía del fenómeno y entrevista con dos de sus figuras
Por José María Brindisi | Para LA NACION


Hasta hace diez o quince años, preguntarse en voz alta en la Argentina por la literatura brasileña era evocar la figura todopoderosa y rendidora de Jorge Amado. En el mejor de los casos, podía echarse mano de un par de referencias más, algo alejadas de la circulación popular: el clásico Machado de Assis, tal vez Clarice Lispector (cuyos libros llegaban con cuentagotas y en costosísimas ediciones importadas). También, hasta cierto punto, a la obra poética de Carlos Drummond de Andrade o la de Haroldo de Campos, o a los célebres escritos "antropófagos" de Oswald de Andrade.
Aunque esa sensación todavía persiste en el aire, se trata de una percepción equivocada. En gran medida gracias al impulso estatal, la literatura del país vecino se ha proyectado con fuerza más allá de sus fronteras y el último decenio trajo a la Argentina un vasto muestrario de lo que se ha escrito en Brasil en las décadas recientes -más la recuperación, en nueva traducción, de algunos textos fundacionales como Gran Sertón: Veredas, de João Guimarães Rosa, o las crónicas de Graciliano Ramos-, así como el impulso inmediato de traducir a algunos autores sin la necesidad de que el paso del tiempo los legitime. Es probable que el verdadero punto de inflexión haya sido la aparición, en 2004, de Revelación de un mundo (Adriana Hidalgo), la primera parte de las crónicas que Clarice Lispector (1920-1977) escribió para el Jornal do Brasil entre fines de los años 60 y comienzos de los 70, un sorpresivo éxito editorial que luego se completaría con Descubrimientos (2010), aunque en su lengua de origen ambos libros se publicaron en un solo volumen. No deja de ser extraño que fuese justamente Lispector la que ayudara a vencer aquella reticencia, con su escritura enmarañada y microscópica (que en las generaciones posteriores parece estar en todas partes y en ninguna), pero asimismo es posible que esos textos breves y en su mayoría independientes favorecieran el encantamiento.
Un año más tarde, en 2005, una antología de cuentistas brasileños, Vereda tropical (Corregidor), abarcó un larguísimo espectro de casi un siglo -de Machado de Assis y Lima Barreto a André Sant 'Anna y Silviano Santiago- y permitió abordar eso que su antóloga, Maria Antonieta Pereira, definía como un corpus híbrido, sin constelaciones evidentes en torno a sus precursores. Una segunda antología, titulada Terriblemente felices (Emecé) -combinación en apariencia contradictoria que cristaliza el carácter melancólico de la literatura brasileña-, enriquecía aquel panorama acercándonos en particular a una serie de autores de fervorosa actualidad. Una de esas plumas descollantes era la de João Gilberto Noll, cuyo relato "Algo, urgente" aparece en ambos volúmenes y es una muestra extraordinaria de ese entrecruzamiento incómodo entre lo sensible y lo cruel que tan bien se da en esa lengua que acaricia las palabras, sí, pero con cierta brutalidad. Los lectores ya estaban advertidos de su singular modo de captar el sinsentido de la vida a partir de Lord, una novela tardíamente iniciática que aquí se editó en 2006 y cuyo éxito daría pie a la traducción de la casi totalidad de su obra.
Terriblemente felices recuperaba además la figura de Jorge Mautner, más conocido en su faceta de músico y compinche de Caetano Veloso y Gilberto Gil, y ponía en el mapa a un escritor desconocido por estas latitudes: Caio Fernando Abreu (1948-1996), autor de la deliciosa ¿Dónde andará Dulce Veiga?, de 1991, publicada en castellano en 2008. También, junto a nombres como Cíntia Moscovich y Marçal Aquino, avisaba de la existencia de Luiz Ruffato (1961), uno de los escritores más notorios de su generación. Los libros de Ruffato han comenzado a circular en la Argentina y es evidente que, más allá de la reconocible influencia de Rubem Fonseca, Ellos eran muchos caballos y Estuve en Lisboa y me acordé de ti (Eterna Cadencia), poseen una voz propia, más ingenua, más ostensiblemente cómica, acaso menos cruel, que la de su inspirador, el genial artesano de Agosto.
Fonseca es, junto con Lispector y João Guimarães Rosa, el tercer vértice de ese triángulo isósceles que parece ocupar la base de la literatura moderna en Brasil, más allá de otros autores esenciales como Dalton Trevisan o Moacyr Scliar. Contemporáneo de Lispector, Fonseca comenzó a publicar cerca de los cuarenta años, en 1963, cuando tanto ella como Guimarães llevaban ya dos décadas en carrera y estaban alumbrando sus obras fundamentales. Aunque es indudable que el clímax de su producción se concentra en la década de 1980 (las novelas Pasado negro, El gran arte o Vastas emociones y pensamientos imperfectos están allí para probarlo), la vigencia de este hombre que revolucionó el género policial es, aún hoy -a los ochenta y siete-, innegable, y ha dado como resultado en los últimos años al menos una maravilla: Diario de un libertino (Norma). Entre sus continuadores, Patrícia Melo es el nombre insoslayable. Resulta llamativo que títulos como Mundo perdido, Infierno o Elogio de la mentira todavía estén vedados para el lector argentino.
La sombra omnipresente de Guimarães Rosa (1908-1967) se extiende, como un virus perfecto, sobre gran parte de la narrativa brasileña actual, pero a la vez es infrecuente toparse con experimentos lingüísticos de similar riesgo. Sin embargo, la relación medular y profundamente poética que su literatura establece con el espacio puede rastrearse en la obra de dos de las voces actuales más sólidas: Bernardo Carvalho, autor de la celebrada Nueve noches (Edhasa) a mitad de camino entre la crónica y la autobiografía falseada, y Ronaldo Correia de Brito, que en Galilea elige dialogar con la misma geografía de la novela cumbre de Guimarães -el sertón nordestino-, pero además trabaja de un modo similar con la morosidad de los recuerdos o las trampas de la memoria.
Son apenas un puñado de nombres. Podrían agregárseles muchos otros: la escritura de tinte político de Adriana Lisboa (Azul cuervo), la saga familiar de Andréa del Fuego (Los Malaquias), la prosa reposada y nostálgica del inacabable Chico Buarque (Budapest, Leche derramada), los entreveros seudo-policiales de Altair Martins (La pared en la oscuridad). Por fortuna, parece sólo el comienzo de una larga amistad.

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Recomendación del día


cesar en sus ataques, no cesar sus ataques

Cesar, con el significado de ‘dejar de hacer algo’, va seguido de las preposiciones en (cesó en sus ataques) o de + infinitivo (cesó de atacar).

Sin embargo, en los medios de comunicación es muy frecuente encontrar oraciones como «Aceptaremos la tregua después de que Israel cese sus agresiones» o «La siderúrgica Corrugados cesa su actividad», donde lo apropiado habría sido «Aceptaremos la tregua después de que Israel cese en sus agresiones» y «La siderúrgica Corrugados cesa en su actividad».

Tal como señala el Diccionario panhispánico de dudas, este verbo significa igualmente ‘terminarse o dejar de producirse’, de forma que también se considera adecuado escribir «Cesan las agresiones de Israel» o «Cesa la actividad de la siderúrgica Corrugados».

ANTENOMBRES






Antenombres como santa, papa y monseñor se escriben en minúscula
Por: FERNANDO ÁVILA
Fernando Ávila, delegado para Colombia de la Fundéu BBVA, da este y otros consejos gramaticales.

Dado que próximamente será canonizada la madre Laura Montoya Upegui, les recuerdo que los antenombres, como madre, santa, papa, monseñor y doctor, se escriben con minúscula: madre Laura, santa Laura, papa Benedicto XVI, monseñor Ricardo Tobón y doctor Carlos Eduardo Restrepo Gómez.
Los sustantivos correspondientes a esos antenombres también van con minúscula inicial, la misionera, el papa, el arzobispo, el médico.
El proceso hasta llegar a los altares tiene tres pasos, venerable, beata y santa, que también se convierten en antenombres, venerable Laura, beata Laura, santa Laura.
Debido a que ya hay una santa con ese nombre, santa Laura de Córdoba, viuda y mártir española del siglo IX, a la nuestra seguramente se le dirá santa Laura Montoya.
La palabra santa se escribe con mayúscula inicial cuando se trata de un nombre propio. Por ejemplo, cuando se funde un colegio con el nombre de la santa antioqueña, se escribirá Colegio de Santa Laura Montoya.
Debido a que los milagros los hace Dios, según la fe cristiana, se suele usar la palabra intercesión, para referirse a las curaciones que avalan la beatificación y la canonización, como en la frase “el doctor Restrepo Gómez fue curado por intercesión de la beata Laura”, en vez de “el doctor Restrepo Gómez fue curado por la beata Laura”.
Como la futura santa trabajó con indígenas, lo mismo que hacen hoy en Ecuador las religiosas de la comunidad por ella fundada, les recuerdo también que los nombres de las etnias se escriben con minúscula: “La beata Laura evangelizó a los emberas” y “las lauritas atienden a los quichuas” y no “... a los Embera” ni “... a los Quichua”.
FERNANDO ÁVILA
Delegado para Colombia de la Fundación del Español Urgente, Fundéu BBVA

terça-feira, 1 de janeiro de 2013

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Recomendación del día


salir al paso de algo, no ante algo o frente a algo

Salir al paso de algo, y no ante algo o frente a algo, es la construcción adecuada para expresar que alguien, habiéndose enterado de algo, duda de su veracidad o fundamento y lo rebate o impugna, como en «El actor salió al paso de los rumores sobre su boda».

Se pueden ver, sin embargo, numerosas noticias en los medios de comunicación en las que se hace un uso inapropiado de esta locución: «Cientos de personalidades salen al paso ante la ola soberanista de Artur Mas», «Parlamentarios locales salen al paso ante la lapidaria evaluación ciudadana» o «Los directivos de los canales de TV salen al paso frente a la acusación de “falta de inquietudes culturales”».

En estos ejemplos, lo adecuado habría sido usar la preposición de después de paso («salen al paso de la ola soberanista», «de la lapidaria evaluación» y «de la acusación»), o bien cambiar esta construcción por otras formas equivalentes, como cuestionar, poner en tela de juicio, etc.

sexta-feira, 28 de dezembro de 2012

FUNDÉU RECOMIENDA...


Recomendación del día


macrofiesta, en una sola palabra

El sustantivo macrofiesta se escribe en una sola palabra y sin guion intermedio.

Al igual que el resto de los prefijos, macro- se escribe junto a la palabra a la que se añade, como en macrofiesta, macromolécula o macroeconomía, siempre con el significado de ‘grande’, según indica el Diccionario académico.

En los medios de comunicación, sin embargo, es habitual encontrar oraciones como «Una macro fiesta de Nochevieja como la que el año pasado reunió a 4000 jóvenes empieza ya a promocionarse por internet» o «Formalizó el contrato para organizar la macro-fiesta», donde lo apropiado habría sido escribir macrofiesta en una sola palabra y sin guion.

quinta-feira, 27 de dezembro de 2012

LOS 10 DESCUBRIMIENTOS DE 2012









¿Qué descubrimientos alcanzó la ciencia este año para cambiarnos la vida?
Un repaso de las creaciones más llamativas que están destinadas a modificar nuestro día a dia.
La ciencia y el ingenio se unieron para dar lugar a un sinnúmero de desarrollos que buscan aportar soluciones, mejoras, mayor confort o seguridad.

Esta es una acotada selección de las creaciones más llamativas del año.
1° NUBES DE INTERIORES
Aunque parezca un efecto logrado con alguna técnica de retoque fotográfico, es real. El artista alemán Berndnaut Smilde desarrolló una forma para crear una pequeña y perfecta nube blanca en el medio de una habitación. La proeza requiere una planificación meticulosa: la temperatura, humedad e iluminación tienen que encontrarse en un punto específico. Una vez que todo está listo, Smilde crea la nube utilizando una máquina de humo. Dura sólo unos momentos pero el efecto es llamativo. "Evoca a la vez el surrealismo de Magritte y la belleza clásica de los grandes maestros, mientras recuerda lo efímero del arte y la naturaleza", destacó la revista Time.
2° LIQUIGLIDE
Cinco estudiantes del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) junto a su profesor, Kripa Varanasi, hallaron la manera de lograr superficies en la que cualquier cosa se deslice -desde ketchup de una botella hasta hielo en las alas de un avión-. El producto -de base vegetal- que desarrollaron permite añadir a casi cualquier material (vidrio, cerámica, metal o plástico) un recubrimiento resbaladizo microscópico. Parece entonces que dentro de poco ya no habrá que golpear los envases para sacar hasta la última gota de nuestro aderezo preferido.
3°DESTILADOR DE AGUA "ELIODOMESTICO" SOLAR
El diseñador independiente Gabriele Diamanti creó este destilador que funciona con energía solar para su uso en aquellas áreas de países subdesarrollados que no tienen acceso al agua potable. El invento es la mitad de caro y un 67% más efectivo que los modelos ya existentes. Diamanti espera que los productores locales adopten su diseño -de libre acceso- y lo produzcan de manera masiva para las poblaciones que lo necesitan.
4°GUANTES QUE HABLAN
Cuatro estudiantes ucranianos crearon guantes que permiten a personas sordas o mudas comunicarse con aquellas que no utilizan o no entienden el lenguaje de señas.
Los guantes están equipados con sensores que reconocen el lenguaje de señas y lo traducen a texto en un teléfono inteligente, el cual luego convierte el texto en palabras habladas. Un verdadero progreso para derribar los obstáculos que suelen enfrentar las personas con alguna discapacidad.
5° NEUMATICOS AUTOINFLANTES
Ni bien la presión de estos neumáticos baja demasiado, la situación es detectada por un regulador de presión interno que se abre para permitir el pasaje de aire dentro de un tubo inflador. Mientras la rueda gira, la parte baja del neumático ayuda a extraer aire del tubo, a través de una válvula interna, hacia el neumático. Una vez que la presión de aire llega al nivel óptimo, el regulador se cierra, sin que el conductor se haya dado cuenta de que algo andaba mal.
6° IMAGEN QUE REBOTA
Un estudiante del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) y un agente de la armada se las ingeniaron para ofrecer a los grupos de salvataje una tecnología del tipo de la que tienen los grupos de elite SEAL. Para brindarle a los bomberos o policías la posibilidad de obtener una imagen completa de un edificio en llamas o una situación de secuestro, sólo hay que arrojar la órbita -del tamaño de una pelota de baseball- en el área. Sus seis cámaras capturan fotos mientras que sus sensores detectan la calidad del aire, temperatura, radiación y otras amenazas. Luego envía la información a dispositivos móviles.
7° ANTEOJOS GOOGLE
Por explicarlo de modo sencillo, este invento consiste en una computadora creada dentro de una montura de anteojos y es el dispositivo que transformará la realidad aumentada en parte de nuestra vida cotidiana.
Con un display de 1.3 centímetros, que queda en foco al mirar hacia arriba a la derecha, los usuarios podrán compartir fotos, video chatear, consultar citas y acceder a mapas o sitios web. Se estima que estarán a la venta en 2014.
8° PLASTICO "VERDE"
Desarrollado por un grupo de investigadores de la Universidad del Sur de California, en Estados Unidos, este plástico de bajo costo es mucho más que un producto "amigable con el medioambiente". Se trata de un plástico que posee la capacidad de absorber cantidades significativas de dióxido de carbono de la atmósfera. Sus utilidades son más que claras: este material no sólo puede prevenir nuevos daños al medioambiente, sino que puede reducir dramáticamente el exceso existente de dióxido de carbono. Esto podría incluso salvar al planeta de su extinción prematura debido al calentamiento global.
9° EL TELEFONO MAS INTELIGENTE
Según científicos del Instituto Avanzado de Ciencia y Tecnología de Korea (KAIST, por sus siglas en inglés), pronto tendremos acceso a una rango de teléfonos inteligentes que podrán decir si una persona sufre alguna condición latente de salud con sólo ponerse en contacto con su muestra de ADN. El equipo de investigadores pudo desarrollar una interface de pantalla táctil sensible a la carga eléctrica producida por ciertas proteínas y moléculas del material genético. De acuerdo con los científicos, las pantallas táctiles son capaces de reconocer las cargas eléctricas emitidas por biomoléculas. Esto apunta a la posibilidad de que las pantallas táctiles de los teléfonos inteligentes puedan ser programadas de modo que puedan recoger los impulsos de ciertas proteínas y moléculas de ADN para diagnosticar afecciones serias de salud, como el cáncer.
10° SEDA DE ACERO
Un grupo de científicos de la Universidad de Wyoming, en Estados Unidos, introdujo ciertas modificaciones genéticas en gusanos de seda que los hacen capaces de producir seda con una fuerza de resistencia equiparable al acero. Más allá de su resistencia, el volumen de seda que puede ser producida por estos gusanos genéticamente modificados también es enorme.





















¡Caray con la literatura!






Por JORGE MAGANO

Gonzalo Torrente Ballester es un nombre que formó parte de mi primera juventud por diversas razones. La primera, que así se llamaba el instituto en el que cursé el Bachillerato. La segunda, que en casa había multitud de novelas escritas por un señor del mismo nombre, todas ellas cariñosamente dedicadas a mi padre. Y la tercera, que así se llamaba un gallego viejo con poca vista y mucha sabiduría que tuvo el detalle de venir a hacernos una visita a clase y de quien luego supe que había sido amigo de mi progenitor, lo que explicaba los autógrafos en los libros.
Nunca tuve mucho más de él salvo opiniones sueltas: que Los gozos y las sombras es una obra maestra imprescindible y que La saga/fuga de J.B. es un coñazo, argumentos ambos que hasta el momento no he podido aceptar ni rebatir debido a mi desconocimiento casi total de la trayectoria de este autor. Y digo casi porque recientemente ha caído en mis manos una primera edición de la novela que le hizo ganar el Planeta allá por 1998, una obra con título tan sugerente como Filomeno a mi pesar. Memorias de un señorito descolocado. Ya saben: uno de esos títulos que uno conoce por las bibliografías y los medios de comunicación, pero que a determinadas edades, ni fu ni fa. Ha sido ahora, en esta madurez que equilibra la treintena en su punto medio cuando he decidido aproximarme por primera vez a la obra torrentiana. Y aparte de que me han bastado las dos primeras páginas para cuestionarme seriamente mi vocación, he encontrado entre sus párrafos un pasaje que creo apropiado reproducir aquí por su sorprendente similitud con la situación actual (¿o debería decir permanente?) del planeta Tierra.
Les pongo en antecedentes. En algún momento durante los años previos a la Segunda Guerra Mundial, Filomeno, hombre de familia supuestamente aristocrática, se encuentra almorzando en Londres con Úrsula, una compañera de trabajo de origen alemán que lo ilustra con las siguientes palabras:
“Pero la economía del mundo es mucho más compleja. Existe esa zona inferior, la de las huelgas y de los obreros parados, a la que cualquier profesional da una explicación generalmente falsa; porque no es cierto, como se dice, que de la situación actual tenga la culpa sólo la torpeza yanqui. Eso es un factor, pero la causa está en el sistema mismo. Eso lo saben perfectamente los de arriba, los que están en esa zona oscura, impenetrable, salvo para ellos, los que la habitan, los que la poseen, los que la gobiernan, y sólo desde ella puede verse la verdadera realidad, que debe ser fascinante y terrible, porque es más que el juego de las riquezas y abarca el porvenir del mundo. Lo que ahí se trama no podemos adivinarlo. No es sólo que manden, como tú piensas, sino el modo como mandan, y lo que proyectan, o lo que se les viene encima, porque, a veces, la realidad se les escapa de las manos. Si continúas en esto, verás cómo renacen las industrias de guerra, única solución del paro, y las industrias de guerra conducen a la guerra”.
Tras leer esto uno levanta los ojos del libro, traga saliva, recuerda vagamente un discurso que solía estar en labios de su difunto abuelo, piensa en lo que escuchó el día anterior en una tertulia televisiva, en lo que leyó en el periódico, en lo que dijo ese analista tan listo en una red social. Luego vuelve a leer el pasaje y exclama: ¡caray con la literatura!
Al menos es lo que hice yo.
@Jorge_Magano

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