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terça-feira, 22 de janeiro de 2013
LA PALABRA: TIRAR
Alexis Márquez
Ultimas Noticias.com (Venezuela)
«Tirar» es palabra polisémica, muy rica en significados. El DRAE le atribuye 39 acepciones, algunas divididas en más de un significado. Una sola, la 35ª, posee un valor erótico: 'coloq. Poseer sexualmente a alguien'.
Sin embargo, cada vez que la oímos o leemos es esta la primera acepción que se nos viene a la memoria casi en forma automática. Pero no es esa la única acepción de «tirar» referida al sexo.
En efecto, «tirar» no es solo 'poseer sexualmente a alguien', como en «Fulano se tira a la muchacha de servicio», sino también 'realizar el coito': «Ellos tiran todas las noches». Esta última no aparece en el DRAE.
Al margen de esto, el verbo «tirar» tiene muchos otros usos. Uno de ellos, de los más empleados, es arrojar o lanzar algo: «Ella tiró los restos a la basura»; «Voy a tirar toda esa porquería lejos de aquí»; «Ese muchacho siempre está tirando piedras».
También se usa con frecuencia con el valor de disparar un arma, principalmente de fuego: «La policía llegó tirando sin contemplaciones»; «Los tipos nos tiraban desde arriba»; «La tirazón era impresionante»; «Incluso tiraban cañonazos».
Se usa igualmente como sinónimo de despilfarro: «Ese tipo tiró todo el dinero que se había ganado»; «Él logró muchas riquezas, pero las tiró todas».
Es frecuente que el verbo «tirar» se emplee en el lenguaje de la imprenta: «Hoy hay que tirar el periódico temprano»; «De ese libro falta tirar dos pliegos»; «Ayer tiramos casi toda la revista».
El DRAE da como propio de Venezuela y de Cuba el uso de «tirar» en el sentido de 'Cerrar con fuerza algo, como una puerta': «Salió tirando la puerta»; «Salga por aquí, pero no tire la puerta».
Igualmente es frecuente el uso de «tirar» con el significado de arrastrar algo una persona o un animal: «Tira del armario de ese lado»; «La bestia tiraba la carreta con dificultad».
En el lenguaje coloquial es frecuente el uso de este verbo con el valor de echarse o arrojarse en un lugar: «Llegué muy cansado y me tiré en la cama»; «Había un sofá en el que provocaba tirarse»; «No había cama en el calabozo, por lo que me tiré en el suelo».
En algunos casos, especialmente en actividades como la política, es posible usar el verbo «tirar» en una frase con la que se representa una controversia más o menos permanente: «La política es un tira y encoge».
CON LA LENGUA: LOS NOMBRES DE LAS PERSONAS (1)
Alexis Márquez
Tal Cual.com (Venezuela)
La costumbre de poner nombres a las personas es muy antigua. Surgió cuando el aumento creciente de la población impuso la necesidad de identificar a cada quien, diferenciándolo de los demás. Al principio bastó con el nombre solo, sin apellido. Este apareció más tarde, cuando de nuevo el aumento de la población hizo necesario que se distinguiese entre personas que llevasen el mismo nombre.
A este propósito inicialmente se recurrió principalmente al lugar de origen o pertenencia, o al oficio u ocupación, hasta que se establecieron los apellidos propiamente. De esto hablaré más adelante.
De manera explícita distinguimos entre los nombres, estrictamente hablando, conocidos como nombres de pila o de bautismo, y los apellidos o nombres de familia. Esto da una idea de la relación, a veces muy indirecta y casi imperceptible, entre llevar algún nombre y las prácticas religiosas.
Pero lo que inicialmente fue una costumbre de orden práctico, por la necesidad, como ya se ha dicho, de identificar a los individuos y diferenciarlos unos de otros, con el tiempo se convirtió en un fenómeno cultural de enorme importancia, sobre todo por la multiplicidad de factores que en ello se involucran.
El aparentemente simple acto familiar de poner nombre a los hijos se ha convertido en un verdadero ritual, en el cual se han vinculado valores religiosos, como ya lo señalé, pero también tradicionales, filosóficos, literarios, mitológicos, sociológicos, etc.
De hecho, todos los elementos de la cultura en general están, de una manera u otra, vinculados con ese simple acto de poner nombres a las personas. Hasta el punto de que esta actividad, en apariencia solo doméstica y meramente familar, es un verdadero ejercicio de cultura.
Los nombres de pila tienen diversos orígenes. En la antigüedad era frecuente el empleo de nombres compuestos artificialmente, palabras que se formaban, expresamente o no, para darles nombre a determinadas personas.
Aristóteles, por ejemplo, es palabra compuesta de dos raíces griegas: aristos, que significa 'el mejor', y telos, que significa 'realización, resultado, fin, objeto'. Como nombre se hizo tal a partir de haberlo llevado el más famoso filósofo de la antigüedad.
Platón, el otro gran filósofo griego, se llamaba en realidad Aristocles, pero como era además un destacado atleta, con los músculos de los hombros sumamente desarrollados, su profesor de ginmasia le puso el sobrenombre de Platón, que a la larga se consagró como su nombre de pila.
El nombre de María, de origen hebreo, corresponde al de Miriam, hermana de Moisés y de Aarón. Durante mucho tiempo María se consideró demasiado sagrado, por lo cual no se usaba como nombre de pila.
VIDAS BREVES: ARTHUR RIMBAUD
Autor de "Una temporada en el infierno" e "Iluminaciones", el poeta que anticipó el surrealismo escribió toda su obra entre los 15 y los 20 años. Tuvo una relación fundamental y escandalosa con Paul Verlaine. Pasó la última década de su vida en un pequeño pueblo en Etiopía trabajando como comerciante, totalmente renegado de su vida como escritor.
POR ANDRÉS HAX - FUENTE: REVISTA Ñ
Si uno quisiera filmar una película de la vida de Arthur Rimbaud haría bien en comenzar con dos largas tomas que servirían como elementos básicos de la narración, pero también como claves simbólicas para ilustrar la gloria y la tragedia del poeta francés que murió en 1891 a los 37 años y que dejó de escribir a los 20.
Una toma sería del poeta caminando. Se podría filmar con la perspectiva desde el suelo, a unos cuatro metros detrás del caminante, mostrando su andar por los pastos altos de los campos de Francia, Italia y Bélgica. Y también por las calles adoquinadas de París y Londres de la segunda mitad del siglo XIX, acompañado por su mentor, amante y compañero maldito, Paul Verlaine.
La segunda, sería de la punta de la pluma de Rimbaud trazando palabras sobre hojas en blanco. Allí lo veríamos haciendo sus deberes de latín de la escuela primaria —fue alumno estrella de su colegio provincial— y la redacción de sus poemas inmortales (es uno de los pocos casos en que se puede usar este abusado término correctamente) que escribió entre los 16 y los 20 años.
Con esa misma pluma, muchos años después, lo veríamos en el desierto en Etiopía haciendo meticulosas cuentas de mercancías cuando ya había renunciado a la literatura, como lector y como escritor, en un intento de ganar una fortuna como comerciante de armas, especias, café y, algunos dicen, esclavos -aunque los más responsables investigadores descartan totalmente esta hipótesis.
Durante toda su vida Rimbaud caminó y escribió. Caminaba porque le gustaba, pero también porque tenía una manía por viajar y era pobre y muchas veces no tenía otra forma de movilizarse. Y escribió porque quería penetrar, a través del arte de la poesía, la misteriosa esencia de la vida a la manera de un místico.
En 1871, cuando tenía 17 años, Rimbaud le escribió a su profesor Georges Izambard: “Je est un autre” (Yo es un otro) y en esa misma carta, declaró su proyecto artístico: “Quiero ser poeta y me estoy esforzando en hacerme Vidente... Consiste en alcanzar lo desconocido por el desarreglo de todos los sentidos... Y yo me he dado cuenta de que soy poeta. No es en modo alguno culpa mía”.
En 1878, cuando tenía 24 años, un médico le dijo que por caminar excesivamente sus costillas habían desgastado las paredes de su abdomen. Acababa de hacer una caminata desde Bélgica hasta Italia, dos veces.
Mientras que caminaba, o en los intervalos de calma, escribió versos cuyos contenidos y formas eran tan novedosos que no pudieron ser comprendidos hasta muchísimos años después de su primera aparición. Mientras escribía, quizás imaginaba viajes que, dada su pobreza, solo podía realizar a pie.
Pero el impulso subterráneo y esencial de esas dos actividades —caminar y escribir— es un secreto inhallable que ningún biógrafo descubrirá. Las pasiones y frustraciones de Rimbaud, sus talentos y búsquedas, se pueden enumerar y describir, pero eso no es lo mismo que entender. Sólo podemos mirarle la vida y la obra, y especular.
Entonces, estas dos tomas cinematográficas hipotéticas —el del caminante y del escribidor— sirven para indagar sobre los misterios de la vida de Rimbaud, que se pueden resumir en dos preguntas.
La primera: ¿Cómo puede ser que un niño de 16 años, sin ninguna preparación particularmente especial, haya entrado en una racha de producción creativa durante unos cuatro años, no más, que lo ubicó en el panteón de los panteones de los poetas líricos del mundo occidental, junto a Safo, John Donne, John Keats, Emily Dickinson y Ezra Pound? Y la segunda: ¿Cómo puede ser que semejante ángel de la palabra haya abandonado, abruptamente, a los 20 años aproximadamente, la tarea de escribir, como si lo que hizo no hubiera significado nada?
Por su rebeldía contra las normas de su tiempo, ha sido el idolo de cantantes de rock como Patti Smith y Jim Morrison (y también de innumerables adolescentes lectores). Pero por más caótica y anti-burguesa que fuera la vida de Rimbaud en su primera juventud, la base de su triunfo como poeta fue el trabajo riguroso y al fin de su vida volvió a abrazar los valores de un ciudadano respetable: su sueño era criar un hijo para ser ingeniero...
Rimbaud fue criado, junto a un hermano mayor y una hermana menor, en el pueblo de Charleville en el noreste de Francia por una madre que se autodenominaba viuda por la ausencia crónica de su marido. Rimbaud fue, lejos, el mejor alumno de su colegio. De hecho, sus profesores nunca habían visto un sujeto igual, hasta tal punto que uno dijo de él: “Es una máquina perfecta para triunfar en los exámenes.” De ahí que haya una leyenda acerca del niño Rimbaud que en un examen extremadamente exigente de tres horas se pasó las primeras dos mirando el techo, y en la última hora, con una velocidad supernatural, terminó la prueba consiguiendo los máximos honores.
Dentro de poco, Charleville le quedó chico y miró hacia París. Se había familiarizado con el ámbito cultural de la capital gracias a la lectura de revistas que le prestaban algunos profesores y conocidos de su pequeña aldea. Con apenas 16 años le escribió al poeta Paul Verlaine, uno de los pocos contemporáneos que el adolescente admiraba (y que le llevaba 11 años), mandándole unos versos. En poco tiempo recibió una respuesta: “Venga, querida y gran alma. Te esperamos. Te deseamos.” E incluyó un boleto de tren para el viaje.
Aquí empieza la segunda vida de Rimbaud, de la cual, años después en Harar, Etiopía, diría que fue solamente un episodio de borrachera. Fue eso y muchas otras cosas más. Verlaine estaba recién casado, aparentemente, para controlar sus tendencias de borracho y acomodarse en una situación financieramente más cómoda, ya que su esposa venía de una familia de dinero.
Sucede que Verlaine venía de una familia más complicada. Su madre guardaba sus primeros dos nacimientos –abortados espontáneamente- en frascos con alcohol en el cristalero del comedor. Una vez, en un ataque de ira en el cual le rogaba dinero a su madre para ir a beber, Verlaine estalló los frascos de sus dos hermanos homúnculos contra la pared.
Rimbaud, con manos de campesino y modales de un delincuente, entró al mundo burgués de Verlaine e hizo explotar todo. De golpe Verlaine y Rimbaud eran amantes, componían juntos poemas eróticos y escatológicos sobre el ano, se escaparon a Londres dos veces para vivir en la pobreza, se peleaban con cuchillos para entretenerse, se separaban y se reconciliaban –con viajes de por medio de la madre de Rimbaud para calmar las aguas en la casa Verlaine, mientras Verlaine intentaba volver a su vida en familia (tenía un hijo) y Rimbaud lo tentaba nuevamente al camino maldito.
Entre tanto Rimbaud escribió sus poemas y Verlaine los suyos.
Todo terminó mal, en un episodio tan violento y confuso como protagonizaron Van Gogh y Gauguin. Verlaine se había fugado a Bélgica. Allí estaba en un hotel con su suegra y su esposa. Desesperado, se había comprado un revolver de 7 milímetros. Ahí apareció Rimbaud. Se chocaron, se separaron y Verlaine le dio un tiro lastimándole levemente el brazo. Pero al día siguiente hubo otra confrontación que no terminó en disparos, pero sí, por una acusación de Rimbaud, llevó a la encarcelación de Verlaine por dos años. La reputación de los dos era infame, y Verlaine, aparte de ser acusado de intento de asesinato, fue sometido a humillantes y pseudocientificas pruebas para comprobar si era o no homosexual (le midieron la "dilatacion anal" y la forma del pene). La homosexualidad era un acto criminal en ese momento, y el juez determinó que Verlaine era culpable.
Nunca se vieron más, aunque después Verlaine fue fundamental en difundir la obra y reputación de Rimbaud. Rimbaud, por su lado, era despreciado en París. Los que lo conocían, lo consideraban un criminal en el mejor de los casos. Una etapa de su vida se había agotado. Con poco más de 20 años, Rimbaud le dio la espalda a la literatura.
En una breve pero magistral biografía, Edmund White escribió:
Hay que enfatizar que Rimbaud se despidió de la literatura para siempre. No la escribió ni la leyó más. Miraba a sus años creativos (de los 15 a los 19 años) como un tiempo vergonzoso, un tiempo de borrachera, de escándalo homosexual, de arrogancia y rebelión que lo llevó a ningún lado.
White también escribe una últil síntesis sobre la obra de Rimbaud:
Lo que es extraordinario es que en su breve carrera como escritor Rimbaud cubrió la historia completa de la poesía, desde versos en latín, pasando por los Románticos y el Parnasianismo y los simbolistas hasta el surrealismo, aun antes que existiera el surrealismo.
Y aquí comienza la tercera vida de Rimbaud, como comerciante en África. Solamente de esta etapa se han escrito varias biografías. En todas, los autores luchan para reconciliar al poeta con el hombre de negocios. Los únicos libros que Rimbaud le pedía a su madre desde África -nunca perdió en contacto con su madre, siempre le exigía y la buscaba- eran de ingeniería, geología y ciencias prácticas. Nunca consiguió la fortuna que buscaba. En las poquísimas ocasiones en las cuales fue recordado por su pasado como escritor, reaccionaba como si le estuvieran hablando de un extraño.
Aparte de su revolucionaria obra y su tumultuosa vida, la existencia de Rimbaud nos deja con una inquietante certeza: escribir bien — ¡escribir como un ángel! ¡O como un demonio!— no es suficiente para lograr la paz.
La última toma de nuestra película es de Rimbaud en una cama, devuelto a Francia, en un hospital en Marsella con la pierna amputada. Ya no es un niño genio. Si no fuera por sus ojos azul cristalinos pasaría por un árabe. Sus caminatas están terminadas y sus versos olvidados en un pasado remoto. El hombre tiene 37 años y está terminado, al borde de la muerte. Sus botas y su pluma no le sirven más.
Fuentes / Más Información
Rimbaud: the double life of a rebel, Edmund White (2008)
Rimbaud el hijo, Pierre Michon (1991)
Disaster was my God, Bruce Duffy (2011)
I promise to be good. The Letters of Arthur Rimbaud. Wyatt Mayson (ed.) (2003)
FUNDÉU RECOMIENDA...
Recomendación del día:
en sí mismo, concordancia
22/01/2013
El adjetivo mismo, en la expresión en sí mismo/-a, concuerda en género y número con aquello a lo que hace referencia: «Las alternativas son insuficientes en sí mismas».
Sin embargo, muchas veces en los medios de comunicación aparece mismo como si fuera invariable: «La declaración, en sí mismo, no resultó ser una clara acusación» o «Las subidas de impuestos suponen en sí mismo una declaración de intenciones».
Dado que lo apropiado es establecer la concordancia, lo adecuado en los ejemplos anteriores habría sido escribir «La declaración, en sí misma, no resultó ser una clara acusación» y «Las subidas de impuestos suponen en sí mismas una declaración de intenciones».
segunda-feira, 21 de janeiro de 2013
CARLOS FUENTES
Mis amigos los artistas
“Personas” son los retratos que hizo Carlos Fuentes sobre personajes como Neruda, Cortázar y Susan Sontag.
POR ALEJANDRA ZINA
•
El libro ya estaba listo. Una compilación de semblanzas de viejas y entrañables amistades. Retratos de amigos desaparecidos. Así nombra Carlos Fuentes a los que ya no están, como si la muerte fuese un truco resultado del chasquido de dedos de un mago supremo. Es que la muerte siempre es sorpresiva, como un truco de magia. El mismo Fuentes muere semanas antes de la publicación de Personas y el libro póstumo se transforma, de pronto, en un obituario que lo incluye a él.
Memorias, retratos, biografías, epistolarios, diarios íntimos, pueden ser leídos como distintas formas de acumulación. Acumulación de vida y acumulación de objetos: cartas, fotos, cuadernos, recuerdos. Un capital, un legado, la textura de una vida. Y aunque se hable de otras personas, no se deja de escribir sobre uno mismo.
Recordar y recordarse
Los retratos están cruzados por este doble movimiento de recordar y recordarse. En el caso de Fuentes, se trata de personas que ya eran figuras al momento de conocerse: Pablo Neruda, Julio Cortázar, Susan Sontag, François Mitterrand, Bill Clinton, Lázaro Cárdenas, son apenas algunos de los recordados. No hay amigos anónimos, todos tienen un nombre, es decir un reconocimiento social, un estatus nacional e internacional. Y todos forman parte, de un modo relevante, de la historia del siglo XX. Tanto los maestros y padrinos de su juventud cuando todavía era un estudiante de leyes, como los amigos y colegas que se irá cruzando en su vida adulta. Fuentes se sabe parte de una elite liberal, cosmopolita y con sensibilidad social. Una estirpe de intelectuales latinoamericanos que se va extinguiendo.
Su prosa es la del viejo sabio del pueblo, el sobreviviente de muchas guerras. Se contiene en nombres, fechas y lugares, aunque lo tienta desbocarse. Se vuelve distante en los pasajes solemnes y ampulosos. Y es extraordinaria cuando se olvida del homenaje, de la posteridad y vuelve a los detalles. Ahí su voz rejuvenece. Como el capítulo que abre con la receta del “Buñueloni”: mitad ginebra, un cuarto de cárpano y un cuarto de martini dulce. El trago que le ofrecía Luis Buñuel cada vez que lo visitaba en su casa de la ciudad de México, y se embarcaban en esas charlas místicas sobre cine y religión.
O cuando recuerda el fallido matrimonio entre el dramaturgo Arthur Miller y Marilyn Monroe. La confianza herida de ella ante una cena de escritores: “Marilyn empezaba a prepararse al mediodía, se peinaba, se maquillaba, se despeinaba para peinarse de nuevo, cambiaba el maquillaje, bebía para calmarse, volvía a beber y a las seis de la tarde ya no podía ir a ningún lado”.
En todos estos momentos, y en muchos más, la mano de Carlos Fuentes tiene la palabra precisa y la imagen perfecta, que son en realidad las que no se olvidan. Nadie podrá olvidarse del general Bernardo Reyes después de leer esta frase: “Una larga bala lo mató. Venía persiguiéndolo toda la vida”. O del periodista y novelista mexicano Fernando Benítez (“feo pero con cara de gente decente”) que en un bar portuario de Veracruz saca a bailar a una muchacha y se le aparece el novio que es un marinero argentino: –Dejala. ¿No ves que podrías ser mi papá?
–Pude. Pero no quise –responde Benítez antes de empezar a las trompadas.
Estas son las personas que más gozamos leer, porque tienen vida, porque lo trascendente es cómo escribe el que las recuerda, porque la literatura puede hacerlas reaparecer con un chasquido de dedos
“Personas” son los retratos que hizo Carlos Fuentes sobre personajes como Neruda, Cortázar y Susan Sontag.
POR ALEJANDRA ZINA
•
El libro ya estaba listo. Una compilación de semblanzas de viejas y entrañables amistades. Retratos de amigos desaparecidos. Así nombra Carlos Fuentes a los que ya no están, como si la muerte fuese un truco resultado del chasquido de dedos de un mago supremo. Es que la muerte siempre es sorpresiva, como un truco de magia. El mismo Fuentes muere semanas antes de la publicación de Personas y el libro póstumo se transforma, de pronto, en un obituario que lo incluye a él.
Memorias, retratos, biografías, epistolarios, diarios íntimos, pueden ser leídos como distintas formas de acumulación. Acumulación de vida y acumulación de objetos: cartas, fotos, cuadernos, recuerdos. Un capital, un legado, la textura de una vida. Y aunque se hable de otras personas, no se deja de escribir sobre uno mismo.
Recordar y recordarse
Los retratos están cruzados por este doble movimiento de recordar y recordarse. En el caso de Fuentes, se trata de personas que ya eran figuras al momento de conocerse: Pablo Neruda, Julio Cortázar, Susan Sontag, François Mitterrand, Bill Clinton, Lázaro Cárdenas, son apenas algunos de los recordados. No hay amigos anónimos, todos tienen un nombre, es decir un reconocimiento social, un estatus nacional e internacional. Y todos forman parte, de un modo relevante, de la historia del siglo XX. Tanto los maestros y padrinos de su juventud cuando todavía era un estudiante de leyes, como los amigos y colegas que se irá cruzando en su vida adulta. Fuentes se sabe parte de una elite liberal, cosmopolita y con sensibilidad social. Una estirpe de intelectuales latinoamericanos que se va extinguiendo.
Su prosa es la del viejo sabio del pueblo, el sobreviviente de muchas guerras. Se contiene en nombres, fechas y lugares, aunque lo tienta desbocarse. Se vuelve distante en los pasajes solemnes y ampulosos. Y es extraordinaria cuando se olvida del homenaje, de la posteridad y vuelve a los detalles. Ahí su voz rejuvenece. Como el capítulo que abre con la receta del “Buñueloni”: mitad ginebra, un cuarto de cárpano y un cuarto de martini dulce. El trago que le ofrecía Luis Buñuel cada vez que lo visitaba en su casa de la ciudad de México, y se embarcaban en esas charlas místicas sobre cine y religión.
O cuando recuerda el fallido matrimonio entre el dramaturgo Arthur Miller y Marilyn Monroe. La confianza herida de ella ante una cena de escritores: “Marilyn empezaba a prepararse al mediodía, se peinaba, se maquillaba, se despeinaba para peinarse de nuevo, cambiaba el maquillaje, bebía para calmarse, volvía a beber y a las seis de la tarde ya no podía ir a ningún lado”.
En todos estos momentos, y en muchos más, la mano de Carlos Fuentes tiene la palabra precisa y la imagen perfecta, que son en realidad las que no se olvidan. Nadie podrá olvidarse del general Bernardo Reyes después de leer esta frase: “Una larga bala lo mató. Venía persiguiéndolo toda la vida”. O del periodista y novelista mexicano Fernando Benítez (“feo pero con cara de gente decente”) que en un bar portuario de Veracruz saca a bailar a una muchacha y se le aparece el novio que es un marinero argentino: –Dejala. ¿No ves que podrías ser mi papá?
–Pude. Pero no quise –responde Benítez antes de empezar a las trompadas.
Estas son las personas que más gozamos leer, porque tienen vida, porque lo trascendente es cómo escribe el que las recuerda, porque la literatura puede hacerlas reaparecer con un chasquido de dedos
LA LENGUA VIVA
Funciones del lenguaje
Amando de Miguel
Gabriel Ter-Sakarian comenta que, lo que yo designo como lenguaje, en Lingüística se dice habla. Don Gabriel propone la distinción de estos tres conceptos:
• Lenguaje: la facultad de comunicarse con algún sistema de signos.
• Lengua: el sistema de signos utilizados por una comunidad.
• Habla: la actualización de la lengua por los hablantes.
No soy lingüista y no me convence la tríada dicha. Parto de la lengua viva como un sistema de comunicación elemental (palabras, signos, gestos, etc.). La lengua la entiendo propiamente como ese sistema de elementos comunicativos. El lenguaje es el uso que se hace de la lengua por unos u otros grupos. Puede ser de dos clases: el habla, es decir, los elementos orales de esa comunicación (alocuciones, declaraciones, conversaciones, comentarios, etc.), y el texto (los elementos escritos). Habla y texto pueden resumirse en la unidad del discurso. La clasificación que propongo me resulta más útil.
Aunque la función teórica de la lengua es la comunicación, la del lenguaje es mucho más difusa y diversa. En efecto, hablamos o escribimos también para presumir, despistar, disimular, alardear, divertir, quedar bien, pasarlo bien, aparentar, disfrutar, halagar, engañar, expresar todo tipo de sentimientos o de impulsos. Si utilizáramos el lenguaje nada más que para comunicar algo estaría de más esta seccioncilla, pues no existiría nada parecido al politiqués, el tertulianés o las otras divertidas excrecencias. Las palabras no solo sirven parea construir frases con sentido, sino para hacer divertidos juegos de palabras. Hay multitud de palabras ociosas o de significación confusa. Lo curioso es que no por eso se desechan.
Luis Cáceres aporta un buen ejemplo de lo anterior. Su idea es que el lenguaje sirve también para "enmascarar la realidad". Cita el caso de la compañía Iberia de hace años, cuando anunció que iba a cobrar más por los billetes que se sacasen en papel frente a los que se obtuvieran por la internet. La propuesta generó numerosas críticas. "Si hubiera dicho que iba a cobrar menos por los que sacaran por la internet, a todo el mundo le habría parecido bien". Ambos razonamientos conducen a lo mismo, pero son razonamientos diferentes.
Otra ilustración es la que proporciona Gerardo Sánchez. Recuerda lo que oyó en una misa hace poco. Era la plegaria "para que los fieles crezcamos en valores". Por visto, razona don Gerardo, ya no importan las virtudes, sólo "crecer en valores". Añado que me intranquiliza siempre una expresión que ahora se dice mucho: poner en valor. Francamente, no sé qué significa, pero queda muy bien decirla.
Uno de los hechos más sorprendentes en esto del lenguaje es que la lengua que utilizamos de forma usual la aprendemos naturalmente, sin demasiado esfuerzo. Además, es un activo económico porque produce, pero es prácticamente gratuito. Es muy difícil (y muy útil) dominar un par de lenguas, pero es sencillísimo servirse de una, la que llamamos materna.
Casi todo lo que se escribe sobre la lengua es de carácter prescriptivo: si está bien dicho o mal dicho de acuerdo con ciertas normas que guarda la Real Academia Española. El punto de vista de esta seccioncilla es otro, es más bien expositivo o interpretativo. Lo que interesa es también averiguar cómo se utiliza el lenguaje y por qué se recurre a ciertas palabras o expresiones. El porqué de las cosas es siempre lo más difícil de saber, pero es también lo más atractivo.
Contacte con Amando de Miguel:http://www.libertaddigital.com/opinion/amando-de-miguel/funciones-del-lenguaje-67096/
FRACKING O FRACTURA HIDRÁULICA. -
El 'fracking' y los frikis
Jorge Alcalde – Libertad Digital - http://www.libertaddigital.com/opinion/jorge-alcalde/el-fracking-y-los-frikis-67101/
Se equivocaron una vez. Alertaron de que 2012 iba a ser el año más cálido desde que tenemos registros científicos y en realidad le costará estar entre los diez más calientes desde 1850. Así lo ha demostrado el informe de temperaturas globales del Met Office del Reino Unido.
Se equivocaron otra vez. Nos convencieron de que el aumento de las temperaturas provocado por el calentamiento global estaba detrás del inédito incremento de la población de medusas en mares como el Mediterráneo. Hoy sabemos que el número de estos animales gelatinosos no está aumentando a escala global; más bien experimenta variaciones cíclicas naturales.
No contentos con eso, algunos grupos ambientalistas están dispuestos a volver a equivocarse. Esta vez, por oponerse frontalmente a la tecnología de fracking: el nuevo demonio contra el que las organizaciones verdes van a apuntar sus armas este año. Y como es evidente que oiremos hablar de ello mucho este año (y no siempre con el rigor necesario), mejor será que vayamos añadiendo argumentos a la cesta del debate.
¿Qué es el 'fracking'?
Conocido en español como fractura hidráulica, este método consiste en la inyección de agua a alta presión en rocas enterradas a más de 3.000 metros de profundidad. Con ello se consigue extraer una gran cantidad de gas encerrado en las rocas durante cientos de miles de años, que puede ser fácilmente utilizable como fuente de energía. España cuenta con importantes yacimientos de gas pizarra en algunas zonas de Cataluña, la cuenca de Guadalquivir y la cordillera Subbética, y ahora un buen puñado de empresas han iniciado las gestiones para proceder a su explotación. En Estados Unidos, el fracking es una tecnología de uso habitual desde hace 30 años. Hay medio millón de instalaciones de extracción repartidas por todo el país. Desde su puesta en marcha, la producción de gas se ha multiplicado por ocho. Para 2035 se prevé que la mitad del gas consumido en USA proceda de esta fuente, lo que aumentará evidentemente la independencia energética de la nación.
¿Qué efecto tiene el 'fracking' sobre la economía y el clima?
Una de las principales quejas de las organizaciones ecologistas contra esta tecnología es que contribuye al aumento de emisiones de CO2. Evidentemente, el uso de gas como combustible es más contaminante en términos de emisiones de efecto invernadero que recurrir a otras fuentes de energía, como la nuclear, la solar o la eólica. ¿Pero lo es frente al carbón y el petróleo? El gas pizarra emite la mitad de CO2, un tercio de óxidos de nitrógeno y menos de un 1% de óxidos de azufre que otras alternativas, como el carbón. En ese sentido, usar gas extraído por fractura hidráulica reduce la emisión de gases de efecto invernadero. Sólo existen algunas dudas fundadas sobre el aumento de las emisiones de metano que esta técnica exige. La industria debe mejorar este aspecto si quiere ser realmente competitiva en emisiones. Para hacernos una idea, en Estados Unidos, desde que el fracking es moneda común, se han reducido las emisiones per cápita de CO2 cerca de un 20%. Hoy están a niveles similares a los de 1961.
Por su parte, Europa parece empeñada en seguir la carrera contraria. Vivimos una especie de "edad dorada del carbón", como alertó recientemente la experta de la Agencia Internacional de la Energía Anne Sophie Courbeau. En algunos países la quema de carbón (el peor combustible en términos de emisiones contaminantes) ha aumentado un 50% en 2012. La combinación no puede ser más fatal: es lo que la revista The Economist ha llamado "el peor escenario energético posible". El aumento de la producción de gas pizarra en Estados Unidos ha conducido a los productores de carbón americanos a buscar nuevos mercados en Europa. Al mismo tiempo, el descenso en la demanda de China ha empujado los precios a una caída imparable. Entre agosto de 2011 y agosto de 2012 una tonelada de carbón redujo su precio en un 33%. Así que tenemos a un montón de productores de energía europeos dispuestos a comprar a precio baratísimo carbón que no quiere nadie en Estados Unidos ni en China, contaminando aquí y dejando el dinero al otro lado del charco.
Pero es que, incluso si lo comparamos con las energías renovables, la adopción del gas pizarra podría suponer una reducción de gases de efecto invernadero mayor que la obtenida por energía eólica o biofuel en todos los escenarios, salvo en uno: que sólo se produjera energía mediante tecnologías renovables, algo altamente idílico. Por si fuera poco, utilizar gas como combustible de automoción supone una espectacular mejora en las emisiones contaminantes. Según datos del Departamento de Energía de Estados Unidos, si todos los vehículos funcionaran con gas en lugar de gasoil o gasolina las emisiones de CO2 se reducirían en un 90%. Sí, lo sé, también es un planteamiento altamente idílico.
Comparando los costes y la eficacia de las medidas parece evidente que, tanto económica como climáticamente, el fracking ha ganadoallá donde las políticas de subsidio de energías renovables, los protocolos internacionales y las tasas que graban emisiones han demostrado ser ineficaces.
¿El 'fracking' amenaza nuestras reservas de agua?
Es uno de los efectos secundarios más criticados de esta tecnología. No hay duda de que la fractura requiere grandes reservas de agua. El 30% de los millones de litros que se necesitan en cada explotación es agua perdida para siempre. El agua fue uno de los mayores obstáculos con los que se encontró la tecnología para implantarse en Estados Unidos. En realidad, la mayor parte de ese agua procede de acuíferos demasiado profundos para ser utilizados en el suministro potable de las ciudades. Los datos de las extracciones ya operativas nos pueden dar una idea. En Pennsylvania hay 2.916 licencias de explotación por fractura hidráulica. El estado consume unos 9.500 millones de galones diarios de líquido elemento (unos 35.000 millones de litros) De ellos, 1,9 millones se gastan en fracking, 62 millones en ganadería, 96 millones en minería convencional y 770 millones en la industria. No existen evidencias de deterioro de las reservas de agua en las zonas donde la extracción se produce, pero no cabe duda de que en un país como España, donde el equilibrio hídrico es tan precario, será necesario prestar especial atención a este punto.
Por otro lado, muchos ecologistas alertan de la posibilidad de que los acuíferos que surten de agua potable a las ciudades puedan ser contaminados por agua residual tóxica de los pozos de fracking. La realidad es que las inyecciones de agua para la fractura se realizan a una profundidad tal que parece casi imposible que el agua residual supere todas las barreras geológicas hasta llegar a filtrarse en una bolsa de agua potable (cientos de metros más arriba). El líquido usado, que está enriquecido con aditivos, es demasiado denso para filtrase hacia arriba más de 3.000 metros. De todos modos, no existe riesgo cero. De las decenas de miles de extracciones realizadas en Estados Unidos, se tiene constancia de al menos dos contaminaciones de depósitos de agua potable para uso civil. En ambos casos, el acuífero de agua potable estaba demasiado cerca de la extracción de gas. Las autoridades tienen y deben tener potestad para garantizar el cumplimiento de las medidas de seguridad y revocar las licencias que no se ajusten a ellas.
¿Produce el 'fracking' microterremotos?
Permítanme que en esta respuesta me extienda justo lo que la pregunta requiere. No, de ninguna de las maneras, no existe ninguna posibilidad y pensar lo contrario es una absoluta falta de rigor científico.
Las voces que se alzan ahora contra el fracking (excluyendo los exóticos críticos que quieren hacer negocio con el miedo de los ciudadanos a los terremotos, como si fueran remedos frikis de Erin Brockovich) deberán ofrecer argumentos sólidos para convencernos a los que siempre hemos estado a favor del desarrollo de la ciencia y la tecnología. En los próximos meses tendremos más de una ocasión para conocerlos. Veremos si aciertan con el tiro u ocurre como con las medusas.
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