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sexta-feira, 29 de março de 2013

«Miquiño mío del alma»


Un volumen recupera las efusivas cartas de Emilia Pardo Bazán a Benito Pérez Galdós
LUÍS POUSA

Empezó por ser el «querido y respetado maestro» para ser luego su «ratonciño del alma». La explosiva relación intelectual y sentimental entre dos de los gigantes de la literatura española del siglo XIX y principios del XX, Emilia Pardo Bazán y Benito Pérez Galdós, es uno de los capítulos más atractivos de la intrahistoria de nuestras letras.
El sello Turner recopila ahora en un suculento volumen las 92 cartas que la autora coruñesa envió a Galdós entre 1883 y 1915. Los escritos, reunidos por Isabel Parreño y Juan Manuel Hernández en Miquiño mío. Cartas a Galdós, componen el relato de lo que comenzó como una profunda admiración de la narradora al maestro consagrado, pasó luego de intensa amistad a relación íntima y remató, con cierta distancia, en un respeto mutuo entre dos de las voces más destacadas de su generación.
En 1883 nace esta relación -entonces estrictamente epistolar- con los habituales intercambios de opiniones literarias y sobre las polémicas en las que ya entonces se veía envuelta la indómita Pardo Bazán. Los saludos de estas misivas, muchas de ellas remitidas desde la «granja de Meirás» que el franquismo rebautizó como pazo, son afectuosos, pero correctos: «Ilustre maestro y amigo» o «Querido y respetado maestro».
Más efusivas son las cartas de los años 1888-1889. Las reflexiones de la condesa ya entran sin tapujos en su relación amorosa y los encabezamientos suben de tono. En 1889 la narradora tiene un escarceo con Lázaro Galdiano, lo que deriva en ruptura y posterior reconciliación con Galdós. Así saluda la narradora en una misiva del 27 de abril de 1889: «Miquiño, mi bien: me están volviendo tarumba tus cartitas. Creo que jamás escribiste con tanta sencillez, con una gracia más bonita y más tierna. No sé las veces que he leído esta última epístola, ni el bien que me hizo, ni cuánto se me humedecieron los ojos... Un beso del fondo del alma». Y, desde París, en septiembre de 1889, rubrica: «Triste, muy triste... como diría un orador de la mayoría, me quedé al separarme de ti, amado compañero, dulce vidiña». En estos tiempos, el tratamiento de Pardo Bazán a Galdós es habitualmente de «ratonciño mío», «querido de mi corazón» y el omnipresente «miquiño mío del alma».
Las cartas de 1890 a 1915 reflejan ya un distanciamiento entre ambos intelectuales, que, sin embargo, conservarán la amistad hasta la muerte de Galdós en 1920. Las epístolas de este período arrancan todavía con «amado roedor mío» o «ratonciño del alma», pero en 1891 nace la hija del prosista con Lorenza Cobián y el tono se enfría sin remedio. De «cariño: ya estoy rabiando porque vengas» y «chiquito mío» vuelve Pardo Bazán a «mi ilustre y querido amigo».

TEST DE ESPAÑOL


Los extranjeros que pidan la nacionalidad pasarán un test de español e “integración”
Justicia quiere crear un “examen oficial” que unifique los criterios en toda España
Habría dos o tres convocatorias al año y el expediente lo gestionarían notarios

VERA GUTIÉRREZ CALVO Madrid 28 MAR 2013 - 22:20 CET1217

El Gobierno planea crear un examen oficial de lengua española e “integración en la sociedad española” para los extranjeros que soliciten la nacionalidad (lo hacen unos 100.000 cada año). Así figura en el borrador del anteproyecto de Ley de Reforma Integral de los Registros, según adelantó este jueves Europa Press.

En la actualidad, el Código Civil ya establece que la concesión de la nacionalidad estará condicionada, entre otras cosas, a que el solicitante acredite “buena conducta cívica y suficiente grado de integración en la sociedad española”. Pero quien valora si eso está acreditado —y hasta qué punto, por ejemplo, se tiene en cuenta el dominio del idioma español— son los jueces responsables del Registro Civil en cada territorio; y sus criterios varían mucho. Algunos ya imponen un examen de cultura general, otros solo entrevistan al solicitante para hacerse una idea de su arraigo en el país. Lo que el Ministerio de Justicia propone ahora es crear un “examen oficial”, igual para toda España.


El programa electoral del PP en 2011 lo anunciaba: “Requeriremos el conocimiento de los valores fundamentales contemplados en la Constitución que son la base de nuestra sociedad, y el conocimiento suficiente de la lengua, la historia y cultura españolas para la obtención de la nacionalidad. Se dará una solemnidad adecuada al acto de adquisición de la nacionalidad española”. Ahora ese anuncio se ha puesto en un texto legal: en el artículo 60 del borrador de anteproyecto de la ley de los Registros. Ese artículo señala que el extranjero solicitante de la nacionalidad, en el momento de presentar los documentos que prueben que lleva un tiempo mínimo de residencia en España —entre dos y diez años—, tendrá que hacer constar también que ha superado un “examen oficial” que permita “acreditar un grado suficiente de conocimiento del idioma español y de integración en la sociedad española”.

Todo eso, además, ya no se haría ante un juez, sino en una notaría, porque esa futura reforma de los Registros delegará en los notarios la celebración de los matrimonios y la gestión de los expedientes de nacionalidad. Ellos estudiarían la documentación del solicitante y el resultado de ese examen y elevarían su propuesta, aunque la concesión o denegación final seguiría siendo competencia del Ministerio de Justicia.

En la actualidad, el reglamento de la Ley de Registro Civil determina que, para acreditar su “integración en la sociedad”, el solicitante indique, entre otras cosas, “si habla castellano u otra lengua española; cualquier circunstancia de adaptación a la cultura y estilo de vida españoles, como estudios, actividades benéficas o sociales, y las demás que estime conveniente”. Es decir, ahora el extranjero ya tiene que intentar convencer a la Administración y al juez de que está “integrado”, pero no tiene que pasar un examen oficial para demostrarlo (salvo en el caso de jueces que sí lo han instaurado).

“El anteproyecto aún está en elaboración y lo del examen está sin cerrar. Estamos hablando con el Ministerio de Educación para ver si puede hacerse y qué contenidos tendría. Pero la idea es acabar con la discrecionalidad actual, establecer una prueba objetiva y homogénea para que todos los solicitantes de nacionalidad cumplan los mismos requisitos en toda España”, explican fuentes de Justicia. La prueba, si llega a aprobarse, tendría un nivel “básico” y se convocaría “dos o tres veces al año”, de modo que los extranjeros tendrían que ceñirse a esas convocatorias a la hora de presentar su solicitud.

El borrador de anteproyecto modifica también el artículo 25 del Código Civil, el que recoge los motivos de pérdida de la nacionalidad de quienes no son españoles de origen. A los motivos actuales (haber seguido usando la nacionalidad anterior a la que se dijo renunciar, ser militar o cargo público en un país extranjero o haber falsificado el expediente) se añade otro: el Gobierno podrá retirar la nacionalidad “por razones imperativas de orden público o de seguridad o interés nacional”. Además, el hecho de ser militar o cargo público en otro país ahora solo implica la pérdida de nacionalidad si ese cargo se ha ocupado “contra la prohibición expresa del Gobierno” español; en el borrador ese matiz se elimina: asumir esos cargos implicará, siempre, la retirada de la nacionalidad.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE


locuciones latinas, errores frecuentes

Las locuciones latinas, estén o no asentadas en el uso, deben tratarse como el resto de los extranjerismos y escribirse tal y como se hacía en la lengua original, por tanto sin acentuación gráfica.

Por trartarse de extranjerismos se escriben en cursiva o, si no se puede usar este tipo de letra, entre comillas, tal y como señala la Ortografía académica.

Sin embargo, se ha observado una utilización inadecuada de algunas de ellas, debido principalmente a la tendencia a introducir las preposiciones o los plurales propios del español.

A continuación se relacionan las más habituales y sus correspondencias correctas:

corpore insepulto, no de corpore insepulto. Significa ‘con el cuerpo sin sepultar/de cuerpo presente’;
grosso modo, no a grosso modo. Significa ‘aproximadamente o a grandes rasgos’;
ipso facto, no de ipso facto. Significa ‘en el acto, inmediatamente’;
modus operandi, no modus operandis. Significa ‘modo de obrar’;
modus vivendi, no modus vivendis. Significa ‘modo de vivir’;
motu proprio, no de motu propio. Significa ‘por propia iniciativa’;
mutatis mutandis, no mutatis mutantis/mutatis mutandi. Significa ‘cambiando lo que se deba cambiar’;
peccata minuta, no pecata minuta. Literalmente, ‘pecados veniales’; indica una culpa o error menores;
sub iudice o sub judice, no subiudice/subjudice o subiúdice/subjúdice. Significa ‘pendiente de juicio’;
vox populi, no voz populi. Significa ‘voz pública/del pueblo’.

quinta-feira, 28 de março de 2013

'Efecto Francisco' en Brasil


Por: Juan Arias | 28 de marzo de 2013

El “efecto Francisco” lo habían anunciado los publicitarios brasileños: la fuerte inclinación del papa Francisco hacia los pobres, su vida sencilla, y sus denuncias contra las injusticias sociales, acabarán, según ellos, teniendo un efecto de contagio entre sacerdotes, obispos y cardenales. En Brasil eso acaba de suceder en la catedral de Petrópolis, la preciosa ciudad serrana de Rio de Janeiro, meta de turismo internacional.

El obispo Gregório Paixão celebró días atrás una misa por las 33 víctimas mortales producidas por las lluvias torrenciales que ya años atrás se habían cobrado centenares de ellas, todas de familias pobres que, al carecer de habitación, se fueron año tras año apiñando en las laderas de la ciudad, tierra movediza que acabó engullendo a las barracas y causando muerte y destrucción. Allí el obispo pronunció un discurso duro contra las responsabilidades de los gobernantes, presentes en abundancia en el acto religioso.
Para entenderlo hay que recordar que, tras la tragedia anterior a la de este año, en 2011, en la que murieron cientos de personas, las autoridades federales de Brasilia y las estaduales de Rio, habían destinado millones para ayudar a las víctimas, construirles casas dignas fuera de aquellos “morros” siempre peligrosos, y cuidar de los desabrigados. Al lugar se había trasladado ya en 2011 la presidenta Dilma Rousseff junto con el gobernador de Rio, Sérgio Cabral, cargados de promesas y buenas intenciones. Lloraron juntos los muertos y consolaron a los heridos y sin casa.
Se supo después que buena parte del presupuesto destinado a las víctimas de la tragedia de las lluvias acabó en los bolsillos de políticos y administradores, muchos de los cuales fueron alejados de sus puestos. Se llegaron a distribuir los fajos de billetos dentro de un retrete. Los desalojados de sus casas, que perdieron todo, siguieron sin habitación y muchos de los supervivientes se volvieron al lugar de la tragedia para reconstruir sus chabolas. Y han acabando muriendo esta vez.
Desde Brasilia obligaron a las autoridades locales a colocar sirenas que avisaran la llegada de las lluvias para que los habitantes de aquellas laderas y los que viven al lado de los ríos, pudieran huir para refugiarse lejos del lugar. Cuando este marzo el agua regresó, y con ella otros muertos y heridos, las autoridades acusaron a los habitantes de no haber querido dejar sus casas desobedeciendo a las sirenas.
Ante las experiencias pasadas, aquellas pobres gentes, por miedo a perder las pocas cosas que poseen en sus chabolas, prefirieron desafiar el peligro. “¿Donde quieren que vayamos en el corazón de la noche, con el agua hasta el cuello, teniendo que dejar lo poco que tenemos? Mejor morir aquí, porque además ya no creemos a las promesas de los políticos”, decía una madre de cuatro pequeños que al amanecer arrastraba dentro del agua un colchón, mientras la ayudaban voluntarios a salvar su vieja nevera.
En ese clima, el lunes pasado, tuvo lugar la Misa por los Difuntos en la catedral de Petrópolis. En primera fila estaban las máximas autoridades, desde la Presidenta Dilma, visiblemente emocionada, al gobernador Cabral, alcaldes y demás políticos. Y en ese momento, se pudo advertir el llamado “efecto Francisco”. En los diarios se destacaban aún los gestos del nuevo papa a favor de los más pobres y sus duras palabras de condena contra la desidia de los responsables por dicha pobreza.

Y a la catedral acudieron más de cien personas con pancartas de protesta que levantaron durante la comunión en las que se leía: “No queremos su oración, queremos su acción”, o “33 años de omisión enriqueciéndoos con nuestro dolor”. El obispo, en su homilía, calificada por la prensa de “dura y emocionante”, mostró en aquel acto litúrgico, el “efecto del papa Francisco”. No fue complaciente con las autoridades presentes. Les recordó que “las víctimas continúan gritando desde el silencio que llamamos muerte" y piden, dijo, "que a los que aún están vivos, no tengamos que verlos muertos en la próxima tragedia”. Pidió a los responsables del gobierno que “se pusieran manos a la obra” para que, el año próximo, “no tengamos que volver aquí a llorar a los nuevos muertos”.
Contra las críticas de los gobernantes a aquellas gentes que se niegan a dejar sus chabolas cuando arrecian las lluvias, el obispo defendió: “Ellas se van a vivir en esos lugares peligrosos porque no les dan otras opciones”. Dirigiéndose directamente a los políticos presentes, les recordó que “la pobreza empuja a esos pobres hacia estos lugares inadecuados. Muchos son subempleados. Soñaban con tener una casa con varios cuartos como las vuestras, con vista desde lo alto de los “morros”, y acabaron en chabolas, donde cinco hijos duermen en el mismo cuarto”. Concluyó: “La sangre de los inocentes grita en medio al lodo y en medio a las lluvias golpeando nuestros ojos y nuestros oídos El silencio de los muertos continúa gritando para los que aún están vivos no tengan que seguir muriendo”.
Es posible que el papa Francisco aplaudiera al obispo que habló fuerte, frente a las autoridades presentes, en defensa de aquellos pobres y olvidados. Quizá por ello se empieza a decir que el mundo político habría preferido un papa “menos peronista”. Los cristianos prefieren llamarle “evangélico” a secas. Y les están gustando sus gestos que lo acercan a la gente de la calle más que a los poderosos de los palacios.
En el cónclave les había dicho a los cardenales presentes en el nombramiento del nuevo papa que la Iglesia debe salir de sí misma y de su teología narcisista para ir al encuentro "de la periferia del mundo".
Aquellas palabras duras, divulgadas ahora por un cardenal cubano tras haber sido dispensado por el papa Francisco del secreto del cónclave, acabaron colocándolo con mucha probabilidad, en la sede de Pedro. Ahora la periferia pobre, explotada y olvidada del mundo lo está esperando.

Fuente: http://blogs.elpais.com/vientos-de-brasil/2013/03/efecto-francisco-en-brasil.html

Optimistas vs. pesimistas



Por Noé Jitrik - Página 12 - Buenos Aires

Es sabido que ciertos personajes de la literatura han traspasado los límites del texto en el que estaban encerrados, pegaron un salto y empezaron a circular triunfalmente por la vida y la cultura, a veces, como Edipo, durante siglos. Fue una suerte para él, pero no fue el único que la tuvo, aunque el tránsito que recorrieron y recorren los menos afortunados, como Hamlet o Alonso Quijano el Bueno, es de menor duración, pero no de menor intensidad; debemos decir que esa menor duración no es resultado de una incapacidad para pegar ese salto, sino sólo de un hecho de nacimiento: nacieron siglos después y no pudieron disfrutar del glorioso envejecimiento del Cid Campeador o el del astuto Ulises, pero siguen gozando de su representatividad, son citados a cada rato. Sin ellos la noción de ejemplo fallaría.

Estas comparaciones –hay muchos personajes más, igualmente vivos fuera de las páginas en los que fueron cobijados, como Raskolnikov, Madame Bovary, el Capitán Nemo, Pedro Páramo y tantos otros– no son vanas: permitirían establecer un cuadro en el que se destacan por su universalidad por oposición a otros personajes cuya gravitación es relativa a la situación en la que se desempeñan: una cosa es el Quijote y otra Funes, el memorioso.

De entre éstos quisiera destacar al Cándido, de la novela de Voltaire. Tanto se ha impuesto que ha dado lugar a un sustantivo, la “candidez” –que ya existía, pero que sin él habría conservado su sentido original, o sea la blancura–, y a un adjetivo, “cándido”, ingenuo, susceptible de ser fácilmente engañado, carente de malicia aunque tal vez no de inteligencia. Voltaire se mofa de su personaje, un optimista radical, fiel seguidor de una famosa consigna de Leibniz: “Este es el mejor de los mundos posibles”. Así, pues, este personaje perdura porque encarna el optimismo, así como Quijano representa la utopía y el Cid el arrojo patriótico. Y puesto que estamos en personajes literarios diría que los opuestos a los de Voltaire serían, más allá de los que no son ni una cosa ni la otra, los héroes de la novela negra, los Marlowe que siempre desconfían, los que creen que detrás de toda promesa hay una traición, que nada es tan bello como pretende serlo y que los crímenes más espantosos se dan en las familias más respetables sin que haya modo de contradecir esta ley. ¿Pesimismo?

¿Optimismo? Cándido y Pangloss parecen ser optimistas a rabiar y contra toda evidencia, pero la fórmula –la inventó Leibniz– en realidad está satirizada por Voltaire: ¿quién podría creer, después del terrible terremoto de Lisboa de 1755, que éste es el mejor mundo? Para burlarse del filósofo, quizás teniendo a la vista esa catástrofe natural, Voltaire hace caer sobre sus personajes, en 1759, toda clase de desgracias; me atrevería a decir que, al contrario, la fórmula sería en verdad dramáticamente pesimista: si esto que nos rodea, o sea el mundo, es lo posible, o sea que no se puede aspirar a más, qué nos espera, en dónde estamos, sometidos a una naturaleza impiadosa –¿qué tal lo que pasó en Japón en ese desdichado año 2011?– y a seres humanos crueles y ambiciosos; en verdad no se trata de lo posible sino de lo imposible. Y ahí, en esa contradicción, reside el problema.

Por eso, el optimismo –lo “óptimo”, del latín “lo mejor”– parece ser la condición de la lucha contra el pesimismo (del latín “pejus”, lo peor); en la palabra optimismo estarían encerrados conceptos tales como fe, esperanza, ilusión, creencia, cambio, transformación y todo lo que sigue, que no es poco y que nos permite vivir; en pesimismo la falta, la sin salida, lo aciago, todo ese ejército de males que amenaza la vida.

Pero si para Voltaire importaba el juego entre lo posible explícito y grotesco y lo imposible deseable, los hechos posteriores, la Revolución Francesa y luego las revoluciones americanas mostraron que lo imposible era alcanzable y que, en consecuencia, el optimismo, por contraste, tenía su razón de ser y el pesimismo, al menos en ese momento, había sido derrotado, aunque luego las cosas volvieran a su cauce, como parece que siempre sucede: la Revolución Rusa fue una gran desmentida al pesimismo, pero ¿qué pasó con el optimismo cuando llegó el stalinismo?

De modo que, vistas las cosas de la historia desde arriba, da la impresión de que no hay mucho lugar para el optimismo, entendido como regocijo por el presente, aceptación alegre del pasado e idea luminosa del futuro; catástrofes, guerras, pestes, crueldades, miseria, colonialismo, imperialismo, fundamentalismo, delincuencia, narcotráfico y las restantes plagas, incluidas las innovaciones tecnológicas y los monstruos que crean así como la crisis de la lectura inteligente y de la formación intelectual, quitan no sólo el perfume del optimismo, sino que no dejan respirar tranquilos, uno no sabe qué le espera ni, lo peor, qué les espera a sus hijos. ¿De qué hablar entonces? ¿En qué recipiente de basura queda este concepto? ¿No son a esta altura patéticos los optimistas?

Hay más de una razón para ver todo negro, pero si se piensa que hay dos clases de optimismo así como de pesimismo tal vez se pueda hallar una salida. Por empezar, cierta disposición crítica, que aspira a no dejarse engañar por espejismos o por repetitivas o burdas promesas, es considerado vulgarmente “pesimista”; pero lo es auténticamente quien no percibe ninguna señal en lo que lo rodea, que centra su discurso en lo que no va a ser, el que piensa que si algo puede salir mal saldrá mal, como lo quiere una muy difundida filosofía de bolsillo. Del lado opuesto, están los que contra toda evidencia y experiencia ven todo bien, hasta las razones del enemigo les parecen admisibles, suponen que nada terrible está pasando ni pasará y que éste, si no es “el mejor de los mundos posibles”, al menos es muy bueno, está lleno de cosas hermosas, los niños son almas puras, los pueblos no se equivocan, los peores criminales algo de humano tienen y, en definitiva, no hay que ver las cosas con miradas turbias sino el bien que está regado por doquier. Correlativamente, hay un optimismo que llamo de “laboratorio”, que está en toda perspectiva y prospectiva de un trabajo transformador.

Este optimismo me gusta; admite la existencia de falencias severas –ningún gobierno es como el que uno podría dirigir–, de tendencias agresivas –¿cómo negarlas?–, pero se propone enfrentarlas, una a una, sin perder las esperanzas de una vida mejor, “paso a paso”, como decía el poeta Pessoa, admitiendo el costo y la perplejidad.

Así que, no muy tristemente, diría que ni Cándido, que no llega a la verdad, ni Marlowe, que la restablece, sino Roberto Arlt cuando decía: “El futuro es nuestro por prepotencia de trabajo”. Aunque no supiera cómo podría ser ese futuro ni cómo podría ser el trabajo ni si podría llegar a ser nuestro.

LA LENGUA VIVA


El prestigio de las metáforas
Amando de Miguel

La metáfora no es un recurso literario que corresponda solo a los poetas, a los escritores y similares. Todos hablamos metafóricamente de cutio porque así el lenguaje se hace más expresivo. Lo que ocurre es que resulta muy trabajoso inventar una metáfora nueva en cada momento. Además, eso nos llevaría a oscurecer demasiado el discurso corriente. La solución que adoptamos consiste en echar mano de una serie de repertorios de metáforas o comparaciones que ya están troquelados. Eso facilita la búsqueda de imágenes y al mismo tiempo hace más comprensible el discurso. Esos repertorios son limitados. Son campos del conocimiento o de la experiencia que resultan simpáticos, que dan prestigio. Así, todos contentos. Veamos algunos ejemplos.
Un campo de imágenes muy agradecido es el de los toros. Ya es un salto metafórico llamarlo de los toros y no de los toreros. Las imágenes de ese campo resultan particularmente floridas. Recordemos algunas: entrar al trapo, ponerse el mundo por montera, brindis al sol, recrearse en la suerte, salir por la puerta grande, lanzarse al ruedo, saltarse a la torera. Obsérvese que se refieren más a conductas de los toreros.
El mundo militar nos provee de imágenes muy aptas para entender las cuestiones organizativas, ahora tan centrales. Ejemplos: estar en el punto de mira, vanguardia, objetivo, ir con el paso cambiado, logística, estrategia, táctica, en primer tiempo de saludo.
Atravesamos un momento en que la economía lo domina todo. Es la alquimia de nuestra época. No es casualidad que se impongan tantos términos de la jerga económica que luego se pueden aplicar a otros campos. Recordemos: ajustes, blanquear dinero, desarrollo sostenible, crecimiento cero, paraíso fiscal.
Se dice que estamos en un mundo secularizado, pero la tradición religiosa está presente con sus imágenes (nunca mejor dicho) en el lenguaje coloquial. Unas muestras: vivir como Dios, armarse la de Dios es Cristo, Dios nos coja confesados, donde Cristo dio las tres voces, hacer el inri, música celestial, acabar como el rosario de la aurora, armar un belén (o un cirio), hacer un pan como unas hostias, comulgar con ruedas de molino. Curiosamente, algunas de esas metáforas sirven para describir acciones violentas.
Es evidente el prestigio que concedemos hoy a la ciencia y la técnica. Lo resumimos en la voz tecnología, que no deja de ser ya una metáfora. Los sociólogos hacíamos encuestas, pero ahora queda más científico llamarlas sondeos o barómetros. Cualquier nuevo organismo público recibirá mejores subvenciones si se denomina observatorio. Por lo mismo, cualquier enseñanza práctica queda mejor si se llama taller. Hacer trampas legales queda muy mal, pero no tanto si se dice que son ingeniería financiera o jurídica.
La base de la ciencia es la matemática y la geometría. También es una fuente de imágenes muy útiles para el discurso de cualquier tipo. Veamos: segmento, sector, círculo, coordenadas, parámetros, triángulo amoroso, segunda derivada.
Todas esas imágenes o comparaciones que cito no sirven de mucho si se circunscriben al campo original. Lo bueno es que se pueden aplicar a cualquier otro razonamiento. No hace falta explicarlas, pues todos saben lo que significan o por lo menos a lo que aluden. A veces resultan difíciles de entender para un extranjero que está aprendiendo nuestra lengua.

Contacte con Amando de Miguel: http://www.libertaddigital.com/opinion/amando-de-miguel/el-prestigio-de-las-metaforas-67912/

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