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terça-feira, 30 de abril de 2013

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE


menudeo, alternativa a smurfing

La palabra menudeo se puede aplicar a ciertas operaciones financieras ilícitas que se efectúan en cantidades pequeñas para que no sean registradas o para no levantar sospechas, y es preferible al anglicismo smurfing o al coloquialismo pitufeo.

El Diccionario académico define menudear como ‘hacer y ejecutar algo muchas veces, repetidamente, con frecuencia’, y en la práctica este término, así como el correspondiente sustantivo menudeo, suele llevar asociada la idea de algo que se hace en cantidades menudas o pequeñas, en especial en el ámbito comercial, donde se habla de venta al menudeo.

Sin embargo, tanto smurfing como pitufeo están apareciendo a menudo en noticias relacionadas con el blanqueo de capitales, como en «Se dice que usaba el método del ‘pitufeo’, es decir, de ir sacando el capital en pequeñas cantidades» y «Le llamó la atención porque según la investigación del blanqueo de capitales se utiliza el ‘smurfing’», donde habría sido preferible optar por menudeo.

El término inglés smurfing se ha formado a partir de smurf, nombre aplicado en esa lengua a los personajes de historietas conocidos en español como pitufos, y de ahí las adaptaciones de pitufeo y pitufear, voces que no son censurables, pero que es mejor evitar en la lengua formal y la periodística.

Otra posible adaptación, usada en ocasiones, es fraccionamiento, también válida, aunque menos precisa.

segunda-feira, 29 de abril de 2013

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE


etiqueta, mejor que hashtag

El término inglés hashtag puede sustituirse por su equivalente en español etiqueta.

Un hashtag es una palabra, frase o grupo de caracteres alfanuméricos, empleada en la red social Twitter mediante la cual se agrupan varios mensajes sobre un mismo tema; se identifica fácilmente, ya que está compuesto por el símbolo # (hash) y un nombre o etiqueta (tag), por ejemplo: #escribireninternet.

En los medios es frecuente encontrar el empleo de este término inglés: «Los usuarios se divirtieron con un hashtag que se hizo muy popular: #PeliculasEn1Tuit» o «El hashtag #PrayforBoston (Reza por Boston) se ha colocado en primera posición mundial».

En estos casos es innecesario el empleo de la palabra inglesa hashtag y por ello se recomienda que en su lugar se emplee el término etiqueta: «Los usuarios se divirtieron con una etiqueta que se hizo muy popular: #PeliculasEn1Tuit» o «La etiqueta #PrayforBoston (Reza por Boston) se ha colocado en primera posición mundial»

En cualquier caso, si se opta por el anglicismo, hashtag debe escribirse en cursiva.

sexta-feira, 26 de abril de 2013

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE


simulación o exageración, mejor que flopping

La palabra inglesa flopping, referida a la sobreactuación de algunos jugadores de baloncesto al contacto con un contrincante para tratar de engañar al árbitro y lograr que pite una falta, puede sustituirse en español por simulación o exageración.

Desde que la liga profesional norteamericana de baloncesto (NBA) aprobó al principio de la temporada normas para castigar ese tipo de actuación, es frecuente ver en los medios deportivos frases como «¿Falta personal a Rudy o ‘flopping’ del madridista?», «Reggie Evans recibe un nuevo aviso por ‘flopping’» o «Jarrett Jack, primera víctima de la nueva norma ‘anti-flopping’».

Para referirse a la norma que trata de erradicar este tipo de actuaciones en las canchas de baloncesto, pueden emplearse los términos españoles normativa antisimulación o normativa antiexageración en lugar del inglés anti-flopping.

Así, en los ejemplos anteriores habría sido mejor escribir «¿Falta personal a Rudy o exageración del madridista?», «Reggie Evans recibe un nuevo aviso por simulación», «Jarrett Jack, primera víctima de la nueva norma antisimulación».

Si se opta por emplear la palabra inglesa, debe escribirse en cursiva o, si no se dispone de este tipo de letra, entrecomillada, por tratarse de un extranjerismo.

quinta-feira, 25 de abril de 2013

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE


Bangladés, topónimo adaptado

Bangladés, en lugar de Bangladesh, es el topónimo propuesto por la Ortografía de la lengua española para referirse a este país asiático.

En las noticias sobre el edificio que se ha derrumbado en Bangladés, se está escribiendo mayoritariamente Bangladesh. Si bien se trata de la grafía más extendida, se aconseja optar, tal como señala la Academia, por la adaptación española Bangladés, capital Daca, con una sola ce, en lugar de Dacca.

Así pues, en lugar de «El derrumbe de un edificio en Bangladesh deja más de un centenar de muertos» o «El derrumbe de un edificio de fábricas textiles deja 110 muertos en Bangladesh», lo apropiado habría sido escribir Bangladés.

El gentilicio correspondiente es bangladesí, plural culto bangladesíes.


defensor del pueblo: institución, cargo y persona

La expresión defensor del pueblo designa en España tanto a una institución como un cargo y a la persona que lo desempeña, y su género y ortografía dependen de a cuál de estos tres conceptos se haga referencia.

Es bastante habitual encontrar esta expresión en los medios informativos escrita de diferentes formas: «La oficina del defensor del pueblo ha reclamado este jueves la puesta en marcha de un arbitraje universal sobre las participaciones preferentes», «Comienza la búsqueda de candidatos a defensor del Pueblo» o «La Defensora del Pueblo abre de oficio una investigación sobre la mina de oro».

La Real Academia Española señala en su Informe sobre la expresión defensor del pueblo que, cuando se hace referencia a la institución, ha de escribirse con mayúscula, por tratarse de un nombre propio, y en masculino, como en «La oficina del Defensor del Pueblo ha reclamado este jueves la puesta en marcha de un arbitraje universal sobre las participaciones preferentes».

En el caso de que la expresión se utilice para aludir al cargo, se escribe con minúscula y se utiliza el masculino genérico: «Comienza la búsqueda de candidatos a defensor del pueblo».

Por último, cuando defensor del pueblo se refiera a la persona que desempeña dicho cargo, se escribe con minúscula y en masculino o femenino atendiendo al sexo de su titular: «La defensora del pueblo abre de oficio una investigación sobre la mina de oro».

Se recuerda asimismo que en América se utiliza el término Defensoría del Pueblo para aludir a la institución y diferenciarlo así del cargo y de la persona que lleva a cabo esa labor. En España, sin embargo, esta expresión no tiene apenas uso.


quarta-feira, 24 de abril de 2013

LA LENGUA VIVA


Escrachea, que algo queda
Amando de Miguel

Andan los libertarios un poco revueltos con eso de los escraches, una invasión en toda regla. Para los argentinos y uruguayos es palabra común del lenguaje coloquial. Significa algo así como armar follón. Un escracho es una especie de mamarracho. Antonio del Saz me dice que la palabra viene del francés, donde escracher significa echar una bronca. Así que los escraches serían broncazos. Conviene advertir que, en España al menos, no se trata de manifestaciones ruidosas frente a los domicilios de los políticos, sino de los políticos del PP. Lo fundamental no es el tumulto sino la intención. Por ejemplo, no serían escraches las rondas de la tuna universitaria, ni siquiera las bromas callejeras de borrachos. Los escraches españoles suponen una organización, normalmente antisistema, aunque bendecida por los políticos de la izquierda. Al igual que las caceroladas, este rito se ha importado de nuestros hermanos hispanoamericanos, los del Cono Sur que dicen.

Francisco Moreno Doncel me señala que el palabro procede del inglés, de scratch (= arañar, rascar, rayar). No me cuadra. En inglés coloquial scratch equivale a pelas, duros, parné. Nos pilla muy lejos del escracheo político.

José María Navia-Osorio comenta que lo sorprendente es la pasividad de la policía ante los escraches. Se pregunta si la policía está para algo más que "poner multas a los ciudadanos honrados". Da este dato: "En Oviedo la policía local recauda multas por valor de 4,5 millones de euros, poco menos de la mitad de lo recaudado por el impuesto de circulación". A propósito, siempre me he preguntado por el sentido que puede tener el impuesto de circulación. Con esa misma lógica se podría poner un impuesto por pasear.

Buenaventura Carreras Egaña insiste en que escrache procede del inglés scratch, que también significa "borrar de una lista o retirarse de una competición". No me consta. En mi ambiente, el scratch paper es un papel con notas que sirven de borrador para un escrito. No creo que por ahí venga lo del nuevo fenómeno de protesta política. Tampoco estoy muy de acuerdo con que nos contentemos con el equivalente castizo de acoso domiciliario o intimidación callejera, según propone José María Navia-Osorio. Si hay que recurrir a dos palabras, mala cosa es. El acoso sin más puede revestir muchas formas; por ejemplo, puede ser individual. Pero los escraches, como las caceroladas, suponen algo colectivo, tumultuario. Me temo que la cosa va a ir a más. Es una forma baratísima de llamar la atención, de salir por la tele. Le va mucho al culto hispano por el ruido callejero.

Contacte con Amando de Miguel

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE


gentrificación, neologismo válido en español

Gentrificación es una adaptación adecuada al español del término inglés gentrification, con el que se alude al proceso mediante el cual la población original de un sector o barrio, generalmente céntrico y popular, es progresivamente desplazada por otra de un nivel adquisitivo mayor.

La palabra inglesa gentrification deriva del sustantivo gentry (‘alta burguesía, pequeña aristocracia, familia bien o gente de bien’). Se trata de un término que también se ha adaptado al francés (gentrification), al alemán (Gentrifizierung ) y al portugués (gentrificação).

Aunque inicialmente su uso estaba circunscrito al mundo de la sociología y el urbanismo, la palabra gentrificación ha comenzado a emplearse en los medios de comunicación, en los que pueden verse frases como «Chueca es un ejemplo clásico de gentrificación: el barrio se ‘limpió’ en todos los sentidos, el tejido social cambió y se revalorizó el suelo», «Para los vecinos, más hoteles supondrán un aumento del riesgo de gentrificación» y «Clinton Hill en Nueva York y Clerkenwell en Londres son ejemplos claros de gentrificación».

De las alternativas propuestas hasta ahora en español, elitización o, más precisamente elitización residencial, es la que más se ajusta al sentido del término original, frente a aburguesamiento, recualificación social o aristocratización, que no recogen los matices de la palabra en inglés.

terça-feira, 23 de abril de 2013

El secreto de Hitler era el odio


Laurence Rees analiza en su nuevo libro el “oscuro carisma” del líder nazi
JACINTO ANTÓN Madrid 21 Fuente: El País - España

Creemos saberlo prácticamente todo de Adolf Hitler, pero quedan secretos irreductibles de su personalidad y su liderazgo. Para el célebre historiador y documentalista británico Laurence Rees (Ayr, Escocia, 1957), ninguno como de qué manera consiguió arrastrar tras de sí, en la terrible espiral de la guerra y el genocidio, a millones de alemanes. A tratar de dilucidar eso y a explicar las claves de la fatal atracción del líder nazi, el autor de Auschwitz, El holocausto asiático, Una guerra de exterminio y A puerta cerrada, ha dedicado su nuevo libro, El oscuro carisma de Hitler(en Crítica, como todos los anteriores). Rees destaca en los rasgos de Hitler "su ilimitada capacidad de odio". Y advierte: "El poder del odio está infravalorado. Es más fácil unir a la gente alrededor del odio que en torno a cualquier creencia positiva".

Como persona, señala Rees, Hitler era bastante lamentable. Un tipo psíquicamente “muy dañado”, incapaz de amistades y afectos verdaderos, bañado en odio y prejuicios. “Solitario y con una visión de la vida como lucha y de los seres humanos como animales". Pero tenía carisma. "Solemos creer que el carisma es un valor positivo, pero lo pueden poseer personas despreciables", reflexiona. Rees "Lo más importante que hay que entender del carisma de Hitler es que dependía de la gente. El carisma no existe sin conexión. No se puede ser carismático en una isla desierta. Buena parte lo pone el otro". Vaya, como el amor. "Sí, la idea es que cuando sentimos una conexión especial con alguien creemos que depende de ese alguien pero en realidad depende en parte de nosotros. El carisma de Hitler procedía tanto de la gente que lo seguía como de él. Por eso ahora no lo percibimos en fotografías o películas. No nos habla a nosotros. No somos de su tiempo. Lo que ha cambiado no es él, sino la percepción que tenemos de él".


El historiador y documentalista Laurence Rees.
Rees explica cómo entre los propios alemanes fue cambiando la influencia del carisma de Hitler. "Personas que lo veían como un personaje ridículo o perturbado en 1928 pasaron a considerarlo un salvador en 1933". Siempre hubo, sin embargo, gente inmune a su carisma. Philipp Von Boeselager, que se conjuró para matarlo, lo encontraba indigno y decía que era repugnante verlo comer: un patán. "Bueno, pero hay que recordar que para muchos alemanes los políticos educados eran los que les habían llevado al Tratado de Versalles y al desastre: tiempos no convencionales requerían líderes no convencionales".

Había que estar predispuesto para seguir a Hitler, dice Rees, aunque él, el líder, aportaba su intransigencia, su absoluta seguridad de su papel como figura providencial, su habilidad para conectar con las esperanzas y los deseos de millones de alemanes, su descontrolada emotividad y, sobre todo, su contagioso odio. “Una de las cosas más difíciles del mundo es asumir las culpas y responsabilidades propias, todos estamos predispuestos a proyectar nuestras frustraciones sobre el otro, en forma de odio”.

¿Dependía el carisma de Hitler del éxito? "Sí, ese aspecto fue vital. Si alguien dice que va a hacer algo extraordinario y lo hace, la siguiente vez es más fácil tenerle fe. Hitler jugaba fuerte, al todo o nada, y cada triunfo fortalecía su carisma. Muchos militares, por ejemplo, que lo miraban con suspicacia, se rindieron a su genio, a su intuición, el famoso Fingerspitzengefühl, tras la larga serie de victorias que parecían inexplicables. Aunque hoy retrospectivamente no lo veamos así y Montgomery dijera que la regla número uno de la guerra era no invadir Rusia, para la mayoría parecía mucho más increíble vencer a Francia que a la URSS".

Entonces, ¿cómo sobrevivió su carisma a las derrotas a partir de Stalingrado? "Al revés que Mussolini, Hitler desmanteló las estructuras del estado, así que era más difícil apearlo del poder, además, a los alemanes se les había inculcado el miedo al Ejército Rojo y su venganza, que se iba a producir con la derrota aunque se deshicieran de Hitler, y por supuesto, Hitler incrementó el terror de su aparato represivo en proporción directa a la pérdida de su liderazgo carismático".

Hitler cultivaba su carisma. "Absolutamente, de muchas maneras pequeñas incluso. Usaba gafas pero nunca se dejaba ver y retratar con ellas. Cargaba una lupa. Hasta fabricaron una máquina de escribir especial con caracteres muy grandes para escribirle los textos que tenía que leer, la Führeschreibmaschine. También estudiaba mucho su imagen en el espejo y practicaba su famosa mirada penetrante”.

Rees señala las diferencias entre Hitler y Stalin en términos de carisma. "Stalin practicaba el carisma negativo, toda la imagen de Hitler le parecía una sandez. Con Stalin no había reglas para evitar ser asesinado. Nadie estaba seguro. En la Alemania nazi estaba claro quienes iban a ser perseguidos por el régimen, en la URSS estalinista no. Stalin unía con el miedo como Hitler con el odio".

Rees es un hombre afable, acostumbrado a tratar con la gente. Ríe y bromea a menudo pero debajo de esa capa alegre y aparentemente desenfadada se percibe la profundidad de un hombre que lleva años, toda su carrera, enfrentándose a lo peor del ser humano. Para sus libros y famosos documentales de la BBC ha entrevistado a innumerables personas que vivieron la II Guerra Mundial, soldados y civiles, víctimas y verdugos. Cuando le pregunto cuál de todos esos testigos de la barbarie le ha impresionado más, pensando que me dirá que algún miembro de Einsatzgruppen o Kenichiro Oonuki, el piloto kamikaze fracasado, se ensimisma un buen rato antes de contestar: "Toivi Blatt, un judío polaco deportado en 1940 al campo de exterminio de Sobibor, donde toda su familia fue asesinada. Blatt participó en la revuelta de prisioneros de 1943 y logró escapar con un balazo en la mandíbula. Hablábamos sobre lo que son capaces de hacer los seres humanos, y le pregunté qué había aprendido de su experiencia. Me contestó: ‘Solo una cosa, nadie se conoce de verdad a sí mismo'”.

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