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segunda-feira, 22 de julho de 2013

LA LENGUA VIVA


Cultismos de oído
Amando de Miguel en Libertad Digital - España

Si uno quiere pasar por una persona culta, o por lo menos cultivada, puede aprestarse a tomar nota de las nuevas palabras que dejan caer los hombres públicos. Nada más práctico que disponerse a seguir con atención sus parlamentos y declaraciones, por ejemplo, a través de la radio o la tele. Es lo que hago yo de cutio. Ahí van algunas perlas que he ido anotando en los últimos días.

Es sabido el proceso para componer nuevas palabras derivadas de las antiguas. Por ejemplo, de "recibir" se deriva “recepción”, lo que permite el neologismo o la pedantería de "recepcionar". Acabo de oír una réplica de ese proceso con la palabra "impulsionar". Procede de “impulsión”.

Estupefacto me quedé al comprobar que un joven político, para referirse a los nuevos sistemas de formación, dijo que había que plantear "estrategias de habilidades". Me costó unos minutos averiguar a qué se refería.

El verbo "requerir" nos da dos derivados: “requerimientos” (= exigencia para un acto administrativo) y “requisitos” (= condiciones necesarias para algo). Se parecen, pero no son equivalentes. Ahora es moda emplear "requerimientos" en el sentido de “requisitos”. La cosa procede del inglés, claro está.

Todo el mundo sabe que el "observatorio" es un lugar destinado a observar el cielo con propósitos astronómicos o meteorológicos. Pero ahora proliferan los observatorios para analizar cualquier cosa que requiera una ayuda pública. Es palabra que produce mucha admiración. Tentado estoy de llamar "observatorio de las palabras" a esta seccioncilla.

Uno de los rasgos de la lengua española es su escasa capacidad para componer abstractos, por ejemplo, en comparación con el inglés o el alemán. Es causa y consecuencia de que los hispanoparlantes hayan descollado tan poco en la ciencia. Hay algunos ejemplos de feliz innovación para producir nuevos abstractos. Es el caso de la "mismidad" de Ortega y Gasset. Acabo de oír en la radio a un político de pan llevar que se ha atrevido con “abusividad”. El hombre promete.

Claro que el premio al mérito de los nuevos abstractos me lo comunica Luis Cáceres. Nuestro libertario curioso ha leído en el BOE que se ha publicado una "ley de la galleguidad". Con la misma falsilla se podrían componer unos 8.000 nuevos abstractos, uno por cada municipio español. Por lo menos se podrían administrar 17 abstractos para cada una de las regiones. Sería divertido lo de la “riojosidad” o la “extremadureidad”.

En las tertulias de la radio o la tele el asunto estrella es la corrupción política. El otro día tomé nota de la crítica de un tertuliano respecto a los políticos que habían "amansado una fortuna". Repitió el verbo "amansar" varias veces, que hasta ahora equivalía a apaciguar o domesticar a un animal fiero. Puede ser un hallazgo.

No para ahí la cosa. En la misma tertulia que digo se introdujo un corte (que llaman "total", no sé por qué) de Rubalcaba en el que insistió en "poner blanco sobre negro". El químico repitió el hallazgo, lo que indica que le había gustado la analogía. Francamente, ignoro qué pueda ser esa acción de poner blanco sobre negro. Reconozco mi ignorancia. ¿No será una forma nueva de prejuicio racial?

HENRY KISSINGER


Henry Kissinger: dramática futurología
Por JAVIER CORNEJO en El Tribuno - Salta - Argentina

Poco antes de su cumpleaños 89 (en mayo), sir Henry Kissinger brindó un reportaje, me impactaron profundamente sus escalofriantes conceptos que transcribo a continuación:


“EEUU está dejando sentir su resuello ante China y Rusia, y el último clavo del ataúd será Irán, que es, por supuesto, el principal objetivo de Israel. Hemos permitido a China aumentar su fuerza militar y a Rusia recuperarse de la sovietización, lo que les dará una falsa sensación de valentía, pero que traerá para todos juntos una muerte más rápida. Somos como el tirador que se atreve a dejar que el novato coja el arma, y cuando lo intentan, es bang bang. La próxima guerra que viene será tan grave que solo una superpotencia puede ganar, y esa somos nosotros”.

“­Oh, cuánto he soñado con este momento! Controla el petróleo y controlarás las naciones, controla los alimentos y controlarás la gente”. “Si usted es una persona normal, entonces usted puede prepararse para la guerra trasladándose a las zonas rurales y construyéndose una granja, pero aun así hay que tomar las armas con las que defenderse de las hordas de hambrientos que se acerquen. Además, aunque la élite tendrá sus refugios y sus centros de acogida especializados, deben ser igual de cuidadosos durante la guerra como los civiles de a pie, porque sus refugios aun pueden verse comprometidos”.

La cuestión militar

“Le dijimos a los militares que tendrían que conquistar más de siete países de Medio Oriente por sus recursos y casi han completado su trabajo. Todos sabemos lo que pienso de los militares, pero tengo que decir que han obedecido las órdenes someramente en esta ocasión”.

“Es solo la última piedra del camino, es decir Irán, la que realmente inclinará la balanza”.

“¿Cuánto tiempo pueden China y Rusia esperar y ver a América poniendo orden?”.

“El gran oso ruso y la hoz china se han despertado de su letargo, y aquí es cuando Israel tiene que luchar con todas sus fuerzas y armas. Nuestros jóvenes han sido bien entrenados en la última década, más o menos, con consolas de juegos de combate”.

“Fue interesante ver el nuevo juego Call of Duty Modern Warfare 3, que refleja exactamente lo que está por venir en un futuro próximo con su programación de predicción. Nuestros jóvenes, en los EEUU y Occidente, están preparados, ya que han sido programados para ser buenos soldados, carne de cañón, y cuando se les ordene salir a las calles y luchar contra los chinos y los rusos, obedecerán las órdenes”.

“De las cenizas vamos a construir una nueva sociedad, solo quedará una superpotencia, y será el gobierno mundial que gane. No lo olvide, los EEUU tienen las mejores armas, tenemos cosas que ninguna otra nación tiene, y vamos a introducir esas armas en el mundo cuando sea el momento adecuado”.

Si fueron capaces de una Hiroshima y una Nagasaki, no nos sorprenda lo que hoy pueden realizar.
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EL ESPAÑOL NEUTRO

El español neutro, ¿de verdad existe?
Por Graciela Melgarejo | LA NACION - Buenos Aires
Twitter: @gramelgar | Mail: lineadirecta@lanacion.com.ar |


Inesperadamente, un hecho político como fue hacer entrar en vigencia una ley de 1986 -el miércoles pasado, más de un cuarto de siglo después de su creación, se publicó en el Boletín Oficial la reglamentación de la ley de doblaje- renovó el interés acerca de un hecho lingüístico: el llamado castellano neutro.

Es curioso también que esto haya coincidido más o menos en el tiempo con otro hecho, más parroquial: en una columna pasada, "Tiempo de inauguraciones y encuentros especiales", del 8/7, el presidente de la Academia Argentina de Letras, José Luis Moure, se había referido a "la diferencia entre el empleo del lenguaje en sus registros cotidianos y su forma estándar, la elaborada como lengua de cultura". Algunos comentaristas habían confundido "lenguaje estándar" con el "castellano neutro", y otros comentaristas habían recordado oportunamente varios artículos de la profesora Lucila Castro para aclarar el tema. Uno en particular, publicado en la sección Opinión de este diario el 19/11/2004, que se llama "Nadie puede ser neutral".

El artículo está, por supuesto, lleno de conceptos brillantes, de manera que se aconseja fervorosamente su lectura (en http://bit.ly/156Gcgv ). En tanto eso ocurra, he aquí algunos fragmentos: "?los hispanohablantes siempre celebramos la unidad en la diversidad. Así era antes, cuando no estaba de moda la comunicación y tal vez por eso no nos diéramos cuenta de todo lo que nos separaba. Por eso ahora hemos emprendido la búsqueda del vellocino de oro del español internacional (?) Llegaríamos así al famoso español neutro que algún avispado empresario del doblaje nos quiso hacer creer que existía, al castellano neutro (un oxímoron) de la ley de doblaje argentina"; "un aspirante a hispanoneutroescribiente poco avisado seguramente evitaría la palabra pibe , pero difícilmente se le ocurriría que manejar , en la acepción de conducir un vehículo, es un americanismo. Y emplearía tranquilamente ese verbo en una traducción al español neutro. Pero poco importaría, porque de todos modos lo entenderían y, de paso, los españoles enriquecerían su vocabulario".

La profesora Castro concluye así su lección: "Es preferible una buena traducción al madrileño o al porteño o al guatemalteco, con toda su carga de intencionalidad y connotación, a esos engendros supuestamente neutros que no son ni chicha ni limonada".

El tiempo dirá cómo sigue este proceso de doblar las series de TV y las películas "al argentino", e incluso qué camino harán estos productos si consiguen acceder a otros mercados de América latina. De tener éxito nuestra interpretación del neutro, no nos encontraremos con la sorpresa de oír (sí) doblados a los actores argentinos. Quien esto escribe descubrió una noche en un canal de cable que sólo pasa películas dobladas al español la versión en castellano neutro de Un novio para mi mujer : Adrián Suar y Gabriel Goity discutían en un parque de diversiones bien porteño, pero doblados al colombiano. ¿Deberíamos deducir, como lo menciona la profesora Castro en otro artículo, que el español neutro es "cualquiera menos argentino?" Por suerte, la canción de fondo de la película, que era de Cacho Castaña, no estaba doblada.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

stage, extranjerismo innecesario

Recomendación urgente del día
Concentración (generalmente de pretemporada) es una alternativa adecuada en el mundo del deporte al extranjerismo stage.

Sin embargo, en los medios de comunicación es habitual encontrar frases como «El Valencia empieza su ‘stage’ de pretemporada en Speyer» o «CR7 renovará en el ‘stage’ estadounidense».

El Diccionario terminológico del deporte, de Jesús Castañón, define stage como ‘concentración que los equipos celebran en la pretemporada o como preparación previa a un acontecimiento de alta competición’; de forma similar, el diccionario Clave recoge concentración como ‘reclusión o encierro voluntario de deportistas antes de competir’.

Así pues, por tratarse de un extranjerismo innecesario, en los ejemplos anteriores habría sido preferible sustituir stage por concentración: «El Valencia empieza su concentración de pretemporada en Speyer» y «CR7 renovará en la concentración de pretemporada estadounidense».

Por otra parte, con el fin de enriquecer el estilo y aunque no se trate de equivalentes directos de stage, también podría haberse optado por «El Valencia empieza su preparación (de pretemporada) en Speyer» y «CR7 renovará en la gira (de pretemporada) estadounidense».

domingo, 21 de julho de 2013

Ojo de Dios, oído del Diablo



Las revelaciones de Snowden han puesto al siglo XXI ante el espejo de sus propias aberraciones: abolición de la intimidad, apatía y sumisión. Ignorábamos que esto llegaría a ocurrir con nuestra participación activa
RAFAEL ARGULLOL en El País - España

El verano pasado fui a comprar un coche. Les ahorro los detalles automovilísticos para explicarles por qué no lo compré. A mí me preocupaba la altura del volante. El vendedor, un hombre muy atento continuamente pegado a la pantalla del ordenador, me explicó que en el modelo de coche del que estábamos hablando la altura del volante era adaptable. De repente pareció encontrar lo que buscaba en la pantalla y dijo: “Como usted mide metro ochenta y siete…”. Me quedé perplejo. Comenté: “¿Cómo sabe mi estatura?”. El hombre, al inicio, no reaccionó. Luego, por fin, sacó los ojos de la pantalla y me miró desconcertado. Se hizo el silencio. Le repetí mi pregunta. El vendedor pasó del desconcierto a la desesperación, como si no estuviese acostumbrado a este tipo de preguntas por parte de los clientes. Contestó con ansiedad, señalando a su ordenador: “Lo dice aquí”.

El resto de nuestra conversación duró 10 minutos, en los que no solo se frustró la venta de un coche sino que se aclararon algunos enigmas. Le pedí al vendedor que me dejara ver “lo que decía allí”. Alegó débilmente el carácter confidencial de aquellas informaciones, aunque se derrumbó pronto al advertir que se trataba precisamente de mi confidencialidad, y no de la de ningún otro cliente. Balbuceó que estaba avergonzado, pero que no se trataba de un asunto de su establecimiento sino de algo que procedía de la empresa multinacional de la que él era un mero empleado.

Siempre había información relacionada con hipotéticos clientes y, como todos los ciudadanos eran hipotéticos clientes, en el ordenador había información sobre todos. Me senté a su lado y leí en la pantalla las cosas que me concernían. Eran muchas, tantas que incluían una operación en la espalda a la que me había sometido años atrás. De vez en cuando interrumpía la lectura para mirar a los ojos a mi interlocutor. El hombre estaba con la frente sudada pese a que el aire acondicionado de su despacho era potente. Finalmente, harto de leer informaciones que, naturalmente, ya sabía, junto con otras que apenas recordaba, me levanté de la silla y me despedí. El vendedor se disculpó con bastante torpeza, pero creo que con sinceridad.

Tras el asesinato de Palme, Suecia alegó la importancia de preservar la privacidad de los ciudadanos
Desde el despacho en el que había estado recluido para la frustrada compra de un coche hasta la puerta de salida de la concesionaria advertí varias cámaras de vigilancia que, con toda probabilidad, habían grabado mis movimientos. Era lo mismo que ocurría en cualquier local. Me había acostumbrado, como mis conciudadanos, a que las lentes aéreas siguieran mis pasos. En esta ocasión reparaba en su presencia porque mi ánimo había sido golpeado por lo sucedido en el despacho del vendedor. Esos ojos de cristal me agredían singularmente. ¿Pero mañana me acordaría de la violencia que ejercen sobre nuestra intimidad esos centinelas omnipresentes? Seguramente mi reacción sería tan sumisa como la de los otros ciudadanos.

Hubo un tiempo en que eso producía escándalo. A la salida de la concesionaria de automóviles hacía mucho calor. De pronto me vi buscando cámaras de vigilancia y me fue fácil localizar varias en plena calle. Vino a mi memoria un acontecimiento que conmovió al mundo en mis años de estudiante: el asesinato de Olof Palme. Al primer ministro sueco, si no recordaba mal, lo mataron en una calle peatonal de Estocolmo, a la salida de un cine al que había acudido, como siempre, sin escolta. A consecuencia del magnicidio, alguien, en el Parlamento de Suecia, planteó la posibilidad de instalar unas cámaras en la calle peatonal. La inmensa mayoría se opuso. Se alegó que la primera regla de una sociedad libre era preservar la intimidad de los ciudadanos. Eran otros tiempos, me dije mientras rememoraba la figura, por tantos conceptos ejemplar, de Olof Palme. Aún no disponíamos de Internet y de teléfonos móviles. Faltaba bastante para que el atentado de las Torres Gemelas de Nueva York, en 2001, impulsara una drástica cesión de libertad a cambio de una proclamada seguridad.

Estos días me he acordado de la truncada compra de un coche el verano pasado a partir del caso Snowden. Nuestra imaginación con respecto a las posibilidades del mal es siempre muy pobre cuando la comparamos con la intensidad que el mal, en la realidad, puede alcanzar. Antes de estar en el despacho del vendedor de coches nunca habría imaginado que alguien tuviese tanta información sobre mí para conseguir algo tan banal como venderme un coche. Después de conocer el sistema de espionaje universal desvelado por Snowden, todas las tramas de control concebidas hasta ahora parecen infantiles. Ya no se espía a individuos, entidades o instituciones; se espía, y de manera global, la intimidad misma de las personas. El ojo de Dios lo ve todo; el oído del Diablo lo escucha todo. Y lo peor es que los seres humanos ya no ofrecen resistencia, sea porque se sienten impotentes, sea porque han olvidado que es propio de un ser humano que aspira a la libertad ofrecer este tipo de resistencia.

Una vez conocido el sistema de espionaje actual, todos los controles concebidos parecen infantiles
Ni Aldous Huxley ni Georges Orwell, en sus negras profecías, llegaron a una percepción de este estilo. No pudieron prever, al menos en toda su extensión, la forma ni tampoco las consecuencias sobre la naturaleza humana. Es curioso que ni ellos, ni prácticamente ningún otro escritor, fuesen capaces de intuir los instrumentos técnicos decisivos del futuro. La imaginación, aunque sea potente, es siempre pobre. El ojo avasallador del Gran Hermano estaba concebido según un modelo clásico: un Dios todopoderoso controlaría hasta el anonadamiento a los hombres, si bien, desde el siglo XX de Stalin y Hitler, ya se presuponía que en el siglo XXI ese dios no vigilaría desde el Sinaí o el Olimpo sino desde estilizados rascacielos de poder.

Pero las profecías fallaron, o no advirtieron la hondura de lo profetizado, precisamente por aplicar un modelo clásico. Ni Huxley ni Orwell podían intuir que sería el propio hombre el que pondría en pie gigantescos engranajes de control, no bajo la amenaza de los dioses o por la aplicación de ideologías totalitarias, sino por el uso aniquilador de la propia intimidad de invenciones maravillosas como Internet o la telefonía móvil. Es verdad que la sed de control por parte de los poderes es insaciable, pero lo más inquietante es la complicidad con que los ciudadanos se prestan gustosa e insensatamente a saciar aquella sed.

Las revelaciones de Snowden son demoledoras fundamentalmente porque ponen de relieve esta complicidad. Por mucha que sea la histeria acusadora contra este agente secreto que se ha convertido en delator, lo que, en el fondo, se le reprocha a Snowden es que, consciente o inconscientemente, haya puesto al siglo XXI ante el espejo de sus propias aberraciones: abolición de la intimidad, apatía, sumisión. Aunque quizá no con el celo que han demostrado Obama y Cameron, ni con la magnitud de las cifras, ya estábamos advertidos del amor al espionaje masivo de la humanidad por parte de quienes se han convertido en nuestros centinelas frente a la amenaza terrorista; lo que ignorábamos es nuestra colaboración activa en el arrasamiento de la libertad individual gracias a las conversaciones, mensajes, cartas e imágenes que cedemos a empresas sin escrúpulos para que, transformados en pura mercancía, seamos impunemente encerrados en cárceles de sospecha.

La magnitud de las cifras no ofrece dudas: toda la humanidad es sospechosa. Incluso puede extraerse una conclusión más radical: toda la humanidad es casi culpable. Por eso debe ser acechada, controlada, vigilada. No es una idea reconfortante del ser humano. Pero aún lo es menos que los propios hombres, por estulticia o por servilismo, se presten alegremente como víctimas del sacrificio.

Rafael Argullol es escritor.

FRANCISCO EN BRASIL

El Papa lanzará a América y al mundo su “evangelio social” desde Brasil
Francisco ha escogido el continente de donde salió para presentar su programa a un millón de jóvenes llegados de todo el mundo
JUAN ARIAS Río de Janeiro en El País


El pontificado del primer papa no europeo y el primero llegado de las Américas arrancará definitivamente con su viaje a Brasil, desde donde lanzará la próxima semana el programa revolucionario de su pontificado basado en el llamado “evangelio social”. Llegado a la silla de Pedro desde la periferia de la Iglesia, Francisco ha escogido el continente de donde salió para presentar su programa a un millón de jóvenes llegados de todo el mundo para la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ).



El Papa ha elegido el país con mayor número de católicos del mundo y que aunque está saliendo de la pobreza aún tiene las venas abiertas de una profunda desigualdad social. Desde Brasil hablará a todas las periferias abandonadas y humilladas del planeta y a todos los países emergentes que pueden caer en la tentación de poner sus riquezas en manos de los que menos las necesitan.

Amigos del Papa aseguran que la importancia que ha dado a su viaje a Brasil, donde permanecerá una semana, se debe a que desde allí desea presentar al mundo su programa de gobierno. Lo escucharán cerca de seis mil periodistas llegados desde todos los rincones del mundo.

En sus primeros cuatro meses de pontificado, Francisco ha ido mostrando con la simbología de los gestos y algunas afirmaciones clave que desea centrarse en los olvidados del planeta. Ha pedido que la Iglesia no solo se preocupe por los pobres sino que sea pobre ella misma y hasta mostró su tristeza en una visita al parque móvil de coches de lujo de los prelados del Vaticano, a los que pidió austeridad en su testimonio de vida. También ha arremetido contra las mafias anidadas en el Banco del Vaticano mientras él sigue viviendo en una habitación de hotel tras haber renunciado a los aposentos pontificios.

Francisco se ha ido despojando de los símbolos del poder que alejaron durante siglos al papa de Roma de sus los obispos de la Iglesia. Ni siquiera se ha llamado "papa" a sí mismo, solo obispo de Roma, que es lo que es. Ha criticado la “tiranía del dinero” y la “globalización de la indiferencia” hacia los que sufren.

En Brasil abrirá el resto de su caja de sorpresas y presentará la identidad de la Iglesia que él desea. Hay hasta quien apuesta que a partir de sus discursos en Brasil, el catolicismo de América Latina ya no será el mismo.

Se engañan los que han pronosticado que el papa Francisco va a Brasil y a América Latina para “frenar la avanzada de los evangélicos” en favor de los católicos, Francisco aspira a un programa para la Iglesia mucho más amplio, que sirva incluso como acicate para todas las otras confesiones religiosas, a las que pronto desea convocar a Roma.

La visión del futuro de la Iglesia que él sueña no pasa por las viejas teologías, ni siquiera por la teología de la liberación, que nació en tierras latinoamericanas como antídoto contra las injusticias sociales y que se inspiraba socialmente en las ideas de El Capital de Marx. La revolución que presentará Francisco en Brasil viene del cristianismo de hace dos mil años, del profeta Jesús que proclamó las bienaventuranzas de los pobres, de los que tienen hambre y sed de justicia, de los hacedores de paz. La teología que Francisco predicará es la del “evangelio social” del cristianismo, no ideológico sino práctico.

Hace unas semanas ya pudo escucharse de sus labios el eco de lo que será el verdadero y definitivo mensaje de su pontificado, cuando recordó en la periferia de Italia el drama de los emigrantes ilegales que arriesgan su vida en busca de trabajo. El Papa se preguntó "quién llora por ellos” en el mundo y en la Iglesia.

En la idílica playa de Copacabana, en Río de Janeiro, han organizado un vía crucis representado por artistas. Quienes conocen de cerca al papa Francisco han alertado de que bajo ese escenario casi irreal de la Pasión de Cristo, él dirá a los jóvenes cuales son las “nuevas heridas del crucificado”, las “venas aún abiertas en su carne” por las injusticias sociales que conviven con la opulencia del consumismo mundial.

Hace 15 días Francisco anticipó parte de lo que dirá en Río: “El cuerpo de tu hermano está herido porque tiene hambre, tiene sed, está desnudo, humillado, porque es un esclavo, porque está encarcelado, porque sufre en un hospital”. Y añadió: “Estas son las heridas de Jesús, hoy”. Esa quiere que sea la nueva revolución social de la Iglesia, con menos perifollos teológicos e ideológicos y más encarnada en el hermano que sufre.

El de Francisco será, según los obispos brasileños, un programa y un mensaje que servirá para creyentes y agnósticos, para todos los que dicen inspirarse en el evangelio de las bienaventuranzas y para los creyentes de cualquier dios. En ese contexto, no extraña que el Papa haya confirmado que estará al lado de los jóvenes brasileños que están saliendo a las calles a pedir más justicia social y mejor calidad de vida para todos.

Por eso, Francisco ha pedido que no quiere estar blindado en sus encuentros con la gente. Quiere poder mirarles a los ojos sin que se interpongan ni cristales antibalas ni militares armados. Ya le había dicho a su amigo, el rabino de Buenos Aires, Abraham Skorka, que él “no tiene miedo a morir”.

Por amor a Marcel Proust


Reeditan el ensayo que Samuel Beckett escribió inspirado en su colega francés. El dramaturgo irlandés supo detectar del autor de "En busca del tiempo perdido" la tensión entre la memoria voluntaria e involuntaria, entre el aburrimiento, el tedio, la costumbre y la impostura.
En "Proust", Samuel Beckett armó en 1931 un ensayo corto, compacto que es una pieza maestra de ironía y serenidad alcanzada después de mucho pensar y descartar cualquier forma de identificación con su objeto de estudio, que nunca es Proust sino el texto de Proust.
En este libro, reeditado por Tusquets, Beckett aparece no sólo como un políglota sino como un joven con una lucidez algo extraviada que le permitía leer "En busca del tiempo perdido" no como una celebración autobiográfica de su colega francés sino como un camino que tuvo que recorrer para acertar a dar con una voz propia.
Y como una manera de que ese polizón de las letras europeas despuntara su visión de las cosas después de cambiar de idioma, tomar distancia de su país, su familia y amigos de juventud.

VIAJES Y ALGO MAS

La inteligencia de Beckett nunca pierde de vista que no se trata de él sino de ese escritor al que André Gide devolvió un manuscrito que probablemente jamás haya leído.

Beckett nace en Dublin en 1906 y muere en París en 1989; estudia en la Portora Royal School y el Trinity College, y posteriormente es profesor de la Ecole Normale Supérieure de París. En esta ciudad participa en la resistencia francesa durante la segunda guerra mundial y en 1945 se instala definitivamente en ese país.

Premio Nobel de Literatura en 1969, Beckett es autor de obras de teatro como "Esperando a Godot", "Fin de partida" y "Eleutheria". Y de una trilogía de novelas excelentes: "Molloy", "El innombrable", "Malone muere".

Este texto, escrito porque sí, por amor a Proust, lo redactó de un tirón y es posterior a su primer viaje a París (cuando conoció a James Joyce) y su vuelta a Irlanda, para dar clases en el Trinity College. Jamás pudo hacerlo. Jamás soportó las camarillas. Explotó y terminó en el diván de Wilfred Bion.

Luego de dos años, dijo adiós al psicoanálisis, se dedicó a viajar, a las mujeres y al alcohol. Se cansó. Se quedó en Francia. Sabía dos cosas: tenía que cambiar de idioma y escribir.

Había escrito "Proust" y una serie de poemas. De Proust supo detectar la tensión entre la memoria voluntaria e involuntaria, entre el aburrimiento, el tedio, la costumbre y la impostura. Y cómo la interrupción de esa serie es causa de una epifanía o sorpresa, el acontecimiento que años después teorizará el filósofo de ultraizquierda Alain Badiou.

DE LA SOLEDAD

De Proust, Beckett aprendió que la soledad no es una cárcel sino una condición, y que mejor escuchar ese silencio porque es atronador cuando el ruido se convierte en obsesión y contra la obsesión no hay narcótico o anestesia que valga. En la cárcel de paredes abiertas, dirá el irlandés, lo único que consuela es esperar a Godot.
Porque "puede que la costumbre no esté muerta (o, lo que es lo mismo, condenada a morir), sino dormida. Esta experiencia, más efímera, puede estar o no exenta de dolor. No inaugura un período de transición", apunta.

"Pero la primera y más importante de estas formas es inseparable del dolor y de la angustia, del dolor del moribundo y de la angustia celosa del excluido -prosigue-. El viejo ego es difícil de matar. Estando como estaba al servicio del tedio, hacía también las veces de un agente de seguridad".

En "Proust", Beckett intuye la función de la mediocridad, el despecho y la envidia como válvulas de seguridad contra lo ignoto, lo desconocido, lo infinito, lo que no se sabe, lo que jamás podrá saberse. Para enfrentar a esas hidras ni la risa ni el resentimiento. Acaso la indiferencia que permita salir en busca del tiempo perdido.

La Prensa - Buenos Aires



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