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sexta-feira, 8 de novembro de 2013
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE
kamikaze, sin comillas
Recomendación urgente del día
El sustantivo kamikaze, con el significado de ‘persona que se juega la vida realizando una acción temeraria’, aparece en el Diccionario académico y en los diccionarios de uso de referencia habitual, por lo que lo apropiado es escribirlo sin comillas.
En los medios de comunicación es común encontrarse con frases como «El Tribunal Supremo ha anulado el indulto que el Gobierno concedió en diciembre de 2012 a un conductor “kamikaze”» o «La familia de la víctima del ‘kamikaze’ pide al Gobierno que acate el fallo».
Aunque en su origen designaba al ‘piloto japonés que tripulaba un avión con explosivos con el que se lanzaba contra objetivos, suicidándose, en la Segunda Guerra Mundial’, el uso de kamikaze como ‘conductor extremadamente temerario’ se halla también plenamente asentado en nuestro idioma.
Respecto a su grafía, la Ortografía de la lengua española indica que «la letra k en representación del fonema /k/ se emplea hoy en español, en cualquier posición, en la escritura de numerosos préstamos de muy diverso origen», harakiri o ikebana entre las que proceden del japonés; además, señala que «existen en español algunas palabras que se escriben siempre con z ante e, i», como zeta o nazi.
Así pues, kamikaze se considera en la actualidad una palabra española, por lo que en los ejemplos anteriores lo apropiado habría sido escribir kamikaze sin comillas.
Por otra parte, tal como señala el Diccionario del estudiante, de la Academia, se trata de un sustantivo común en cuanto al género: el kamikaze y la kamikaze.
UNA VISITA A LA REAL ACADEMIA
Por Martín Rodríguez Yebra | LA NACION - Buenos Aires
Twitter: @myebra |
MADRID.- Algo le pasaba al castellano. Desde que el Diccionario de la Real Academia Española está disponible en Internet , el término más buscado por los usuarios resultaba, invariablemente, "cultura". Pero en agosto del año pasado el área de tecnología de la institución emitió un informe desconcertante. Ese mes la palabra que ganaba siempre había sido superada por otra de melodía caribeña: "majunche". Había un culpable: Hugo Chávez, que en el fragor de su última campaña electoral se refería a su rival, Henrique Capriles, con ese adjetivo despectivo y coloquial que significa "de calidad inferior, deslucido, mediocre".
"Fue gratificante descubrir que la palabra estaba en el diccionario; tenía una buena definición y estaba viva, como lo prueba que la usara Chávez", señala el académico Darío Villanueva, actual secretario de la Real Academia Española (REA). Una pequeña batalla ganada, tal vez, para el grupo selecto de lingüistas, escritores y científicos que lucha día tras días por registrar la evolución de un idioma en cambio permanente, sometido al vendaval de la comunicación digital, a los constantes inventos tecnológicos y a las presiones de la política. Es una carrera contrarreloj que transcurre en cámara lenta, con el método artesanal y las formas solemnes que idearon hace 300 años los ocho tertulianos que fundaron la Real Academia Española con la misión de detener el deterioro del castellano y acometer la descomunal tarea de documentar sus palabras.
Los 46 miembros de la academia pueden discutir hasta los gritos por precisar la definición de un término controvertido, pero nunca dejarán de tratarse de usted, llamarse "excelentísimo" o ponerse de pie al final de cada sesión para oír la oración en latín con la que el director da por concluido los debates. "Hay exposiciones acaloradas y mucha discrepancia. Pero nunca se pierde la camaradería formal y la altura argumentativa que convierten en un placer cada reunión", dice el novelista Arturo Pérez-Reverte, académico desde 2003.
La fuerza de la tradición impacta al correr los cortinados rojos de la Sala de Plenos, el corazón del palacio que aloja desde fines del siglo XIX a la Real Academia, justo detrás del Museo del Prado. Cuarenta y seis sillones rodean una mesa ovalada forrada con paño verde. Cada uno está coronado por una letra del abecedario tallada en la madera, en mayúscula o minúscula: el símbolo que acompañará de por vida a quien resulte admitido en el club de los académicos. Frente a los asientos se apilan carpetas y libros en distintos idiomas bajo la luz tenue que proyecta una lámpara de tamaño inverosímil que desciende desde el techo. Todo recuerda un templo; un lugar sagrado, de ésos donde se construye la historia.
Todos los jueves se repite allí el ritual centenario. Siempre secreto. A las 7 de la tarde, el tilín-tilín de una campanita marca el inicio del pleno. El director de la academia lee un breve rezo en latín y, después de algunas formalidades, pronuncia la palabra mágica: "papeletas". Entonces, cualquiera de los académicos podrá proponer un término que merezca una oportunidad de ingresar en el diccionario. O que deba ser eliminado. O una acepción que requiera ser adaptada. Los ficheros históricos de la Real Academia recogen millones de esas papeletas con propuestas que alguna vez entraron en el diccionario o se hundieron en el intento, pero funcionaron como disparador del debate entre los guardianes de la lengua.
"Limpia, fija y da esplendor", el lema histórico de la Real Academia Española.
"Hoy se intenta objetivar al máximo el trabajo de definición de las palabras. Los académicos contamos con un soporte científico para decidir la entrada de una palabra. Cada año incorporamos a las bases de datos 25 millones de formas del español, tomadas de fuentes de prensa, radio, televisión, canción, política, literatura, ciencia", explica Villanueva, dueño del sillón "D".
Aunque la decisión final sobre el destino de una palabra se toma con una votación en la Sala de Plenos, el cuerpo profesional de lingüistas que trabajan en la academia se encarga de nutrir las bases de datos que informan a los académicos cómo evoluciona el idioma "en la calle" y de elaborar análisis sobre sus usos en España y los distintos países de América.
"No somos la policía del lenguaje, sino los notarios", acota Arturo Pérez-Reverte, el académico "T". Y recuerda uno de sus recientes triunfos: el cambio en la definición de "grafiti" y la incorporación de "grafitero", que él promovió después de investigar el mundo del arte callejero para El francotirador paciente , su nueva novela. "Hubo mucha discrepancia. Para algunos académicos, se trata de una actividad poco menos que deleznable. En la discusión se llegó a proponer que se lo mencionara como un acto de vandalismo. A mí no me dejaron poner que el grafitero es un escritor, porque parecía un honor excesivo. Pero finalmente conseguí que se admitiera una definición cauta y que se eliminara la doble f." El diccionario registra ahora el grafiti como un "letrero o dibujo, de estética peculiar, realizado con aerosoles sobre una pared". Lo que se diría un empate.
Es inevitable. El diccionario invita siempre a la controversia. En la RAE se saben bajo fuego: cada decisión que toma despierta reacciones públicas. Se cuestiona que "no se acepten" determinadas palabras, que se cambie la ortografía, que se incluyan definiciones que pueden resultar ofensivas. "La academia no inventa el idioma. El diccionario no tiene que ser correcto políticamente, sino correctamente descriptivo", explica el filólogo José Manuel Blecua, director de la RAE, dueño del sillón "H" desde 2006. Villanueva añade:
"Hay dos asuntos especialmente delicados. Uno es el espacio. Es normal que la gente encuentre ausencias, porque el diccionario no pretende abarcar todo el idioma. El otro gran tema es el de la corrección política. Hoy la postura asumida de la Real Academia consiste en no censurar las palabras cuyo uso está extendido, más allá de que pueda recomendar no emplearlas." Cuando los académicos se reunieron por primera vez en el palacio del marqués de Villena, en 1713, establecieron en sus bases que no se incluirían en el diccionario los nombres propios ni los términos que designen acciones o realidades obscenas o indecorosas. "¿Hoy quién aceptaría tal cosa?", se pregunta Villanueva.
La nueva versión del diccionario de la RAE, que se presentará el año próximo, incluye varias decenas de variantes para nombrar los órganos sexuales y cientos de expresiones que se aplican únicamente para insultar. También palabras que están bajo presión. Cuentan en el palacio de la academia que meses atrás se reflotó una discreta campaña para eliminar del diccionario una acepción de "jesuítico" que refleja el uso que se da en España a ese término: "Dicho del comportamiento: hipócrita, disimulado". "Por nuestras bases de datos tenemos comprobado su uso -indica Villanueva-. No tenemos nada contra la Compañía de Jesús ni es que nos queramos meter con el papa Francisco."
Más explícita ha sido la queja de la Sociedad Española de Lucha contra el Cáncer, que exige a la academia retirar la cuarta acepción que recoge el diccionario de esa palabra ("proliferación de situaciones o hechos destructivos en un grupo social"). Sostiene que estigmatiza y perjudica la recuperación de los enfermos. "Pero la definición está ahí y tiene su lógica. Cuando se habla del cáncer de la droga, por ejemplo. El problema es que cuando la cosa es mala, la palabra que la denomina se contamina y entonces se apela al eufemismo. Que al principio es más suave, pero acaba contaminado también", sostiene Villanueva.
Los académicos admiten que quedan expuestos a menudo a debates incómodos, en los que hasta la posición de una coma en una definición puede desatar un vendaval de cuestionamientos. "Hay términos como dios, patria, nación o incluso cultura que están en permanente debate y modificación", relata Pérez-Reverte. Cuenta que en esas discusiones suele buscarse un equilibrio que prevenga reacciones airadas fuera del recinto sagrado donde se definen las palabras. "Existe un sector duro, en el que estamos Javier Marías, (José Manuel) Sánchez Ron y yo, que militamos contra lo políticamente correcto. Somos los más gamberros", se ríe el creador del Capitán Alatriste. Incluir en la definición de "matrimonio" la posibilidad de unión entre dos personas de un mismo sexo llevó años de análisis y varias sesiones de discusión subida de tono.
Los académicos se enorgullecen de su independencia y su tendencia a rechazar las presiones de los gobiernos por moldear la lengua en su beneficio. Ni Franco en el apogeo de su poder dictatorial consiguió que la conducción de la academia -por cierto, de afinidad franquista- aceptara cubrir los sillones que pertenecían a republicanos exiliados después de la Guerra Civil.
Las diferencias de criterio no parecen asustar a los académicos. De hecho, parecen buscarlas. Fue pública la reprobación de algunos de los miembros más famosos -Marías, el propio Mario Vargas Llosa- a la última versión de la ortografía que publicó la institución, al igual que las habituales opiniones disidentes sobre algunas incorporaciones o exclusiones en el diccionario.
Una tensión recurrente es la que se da entre los escritores y los lingüistas que integran la academia. "Yo me siento un francotirador en la academia. Como escritor tengo una relación cotidiana con las palabras; diría una relación física. La creación a veces lleva a la transgresión, que a menudo choca con la posición de quienes tienen una relación científica con la lengua", resume José María Merino (el señor "M"), reciente ganador del Premio Nacional de Narrativa de España.
El filólogo Salvador Gutiérrez ("S") acota: "Todas las disciplinas pueden ser objeto de opinión pero la pasión se acentúa en la ortografía. Pertenece a lo más íntimo de nosotros. Que nos quiten una tilde a veces duele más que que nos corten un dedo". Él fue el encargado principal de la última reforma ortográfica, presentada poco después de aquel famoso congreso de la lengua en el que Gabriel García Márquez recomendó "jubilar" la ortografía.
De todos los cambios introducidos se recuerda en particular la polémica por la eliminación de la tilde en "sólo" (cuando reemplaza a solamente). "Los novelistas nos opusimos con fuerza y logramos que al final se aceptara la opción de mantener ese acento -recuerda Pérez-Reverte-. El que escribe sabe que la tilde se necesita. ¿Cómo evito la ambigüedad en frases como: ?camino solo por ciudades tristes' o ?estaré solo esta noche'?" Gutiérrez replica que la ambigüedad es inevitable en el castellano. "Siempre dependemos del contexto. ¿Cómo hacemos si no para aclarar el sentido de la expresión ?el futbolista jugó limpio'? Lo que busca la academia es dotar de lógica al idioma. En el siglo XIX, hubo discusiones dramáticas en los plenos cuando se dispuso sacar la "h" que se ponía en Christo."
Cada sillón porta la letra de un académico: la "L" pertenece a Mario Vargas Llosa.
LA FÁBRICA DE PALABRAS
Las pasiones más acaloradas se atenúan ante la elegancia de las habitaciones del palacio, de techos altos y paredes decoradas con cuadros de ilustres académicos con peluca blanca y trajes de gala. El aura de respetabilidad habita en los pequeños detalles, como los percheros dorados sobre madera noble en los que están grabados los nombres de cada uno de los miembros activos. Estos hombres y mujeres de buenos modales, puristas del lenguaje, se encuentran una vez por semana en las reuniones plenarias -de estricta hora y media de duración- y trabajan también en comisiones reducidas, de seis o siete integrantes, que elaboran propuestas sobre distintas materias.
A un pasito de las salas donde se reúnen tienen a disposición uno de los mayores tesoros de la lengua castellana: la deslumbrante biblioteca de 250.000 volúmenes. En sus anaqueles con vistas a la iglesia de San Jerónimo -donde se extravían a diario los académicos- descansan los seis tomos del primer diccionario (de 1739), la edición del Quijote compuesta por el impresor Joaquín Ibarra a fines del siglo XVIII, manuscritos de Neruda y cientos de incunables del Siglo de Oro.
Las reuniones más informales se llevan a cabo en la denominada "Sala de Pastas", llamada así porque los académicos suelen compartir té con masitas (pastas, como le dicen en España) antes de ingresar en el territorio solemne del pleno.
Detrás de escena -y apoyados más por la última tecnología que por los tesoros del pasado- opera un equipo de 50 personas que se encarga de tomar la temperatura del castellano en todo el mundo y desarrolla la base científica para que los académicos completen la faena con el antiguo ritual de los jueves. "No operamos por intuición -señala Gutiérrez-. Tenemos a disposición tres bases de datos de un valor incalculable, que nos permiten saber si un término se usa, en qué zonas, de qué modo. Nos aportan un identikit de la palabra para después trabajar de la forma más precisa posible en su definición."
Los lingüistas, filólogos e informáticos de planta trabajan en un edificio menos glamoroso, oficinesco, una suerte de taller de las palabras: el Centro de Estudios de la RAE. Muchas de las propuestas que llegan al diccionario parten de esos despachos ubicados en la calle Serrano, a cinco kilómetros del palacio. Los técnicos pueden elevar una propuesta formal a los académicos, a partir de las pistas que da el análisis de millones de artículos de prensa, grabaciones de programas de radio, canciones, películas, telenovelas, discursos políticos, hasta mensajes virales difundidos por las redes sociales? Son como alertas tempranas sobre la salud del idioma. Así, por ejemplo, se abrió lugar el ahora popular "majunche".
La sede principal de la academia se encuentra justo detrás del Museo del Prado.
También son ellos los que procesan las palabras candidatas a entrar en el diccionario que se aprueban en los plenos de la sala de la gran mesa ovalada. Buscan relaciones, documentan su uso en distintas regiones, analizan su lógica y con toda esa información devuelven un informe técnico que será fundamental a la hora de aprobar o rechazar la propuesta. "La actual versión del diccionario tiene 88.000 entradas. La que presentaremos el año próximo va a acercarse a las 100.000. Pero no quiere decir que ahí esté todo el español. Entonces debemos garantizar que ingrese lo que sea de uso más extendido", indica Villanueva.
La 23º edición del DRAE incluirá palabras de aparición reciente como tuit, tuitero, chat, sushi, sudoku, bloguero, euroescéptico, cuentacuentos, espanglish y también otras que hubieran alarmado a un viejo profesor de lengua, como "almóndiga" o "vagamundo". Por no hablar de curiosidades arrabaleras como "culamen" y "canalillo" ("comienzo de la concavidad que separa los pechos de la mujer tal como se muestra desde el escote", una definición por la que Pérez-Reverte suele expresar cierto orgullo).
"La lógica que se sigue es que la lengua está en la calle", sostiene el escritor Luis Mateo Díez ("I")". ¿Y si la calle habla mal? "Ahí entra el criterio de los académicos de no recoger cualquier cosa. Antes la academia era más normativa; hoy se pone el énfasis en la extensión del uso de una palabra. Se busca no dar por buenos términos que tienen un uso efímero."
Es el dilema constante con las palabras tecnológicas. La inclusión de "tuitear" ameritó un largo debate, que se zanjó después de que la academia se rindiera a que no tenía otra palabra mejor para describir una actividad que ella misma ejecuta a diario para difundir sus novedades institucionales y conectarse con la comunidad hispanohablante. "Tal vez un día Twitter no exista más. Pero no es problema. Una palabra siempre puede ser eliminada del diccionario", dice Villanueva.
La academia procura no dejarle la cancha libre al inglés, la influencia más "peligrosa" para el castellano, tal como era el francés para los tertulianos que fundaron la institución en Madrid en los inicios de la era borbónica. Por eso la revolución informática plantea desafíos constantes: el que inventa la tecnología es el que la bautiza. Pasó con el tren y todos sus derivados en el siglo XIX, aunque ahora parezca que esa palabra existió toda la vida en el idioma castellano.
Steve Jobs hizo trabajar a los académicos con el exitoso lanzamiento del iPad. ¿Cómo llamar al artilugio que deslumbró al mundo?, ¿rendirse al inglés y aceptar " tablet" ? "Estuvimos dándole vueltas y vueltas a la cuestión. Había una posibilidad interesante en ?tablilla', que ya existe y refiere a un soporte de escritura, y podría haber encajado bien. Pero vimos que iba a ser difícil su difusión. Si hay que luchar contra el inglés tablet , es mejor incluir una nueva acepción para ?tableta', que significaba cosas muy distintas, que imponer ?tablilla', aun cuando desde un punto de vista científico pareciera más lógico", relata el secretario de la RAE.
En otros casos, si no se encuentra una adaptación semántica con un término español, se busca la asimilación fonética, con una castellanización (como funcionó con "tren" y fracasó con "güiski"). Una tercera posibilidad es el anglicismo puro, que se usa en cursiva: así se optó, por ejemplo, en el caso del inadaptable y a la vez perfecto " jet lag ".
Una vez por año la Real Academia Española abre sus puertas al público general.
LA CONQUISTA AMERICANA
En la digestión de las nuevas palabras, los académicos aseguran que no pierden de vista nunca lo que pasa en América, donde vive casi el 80 por ciento de los hablantes del castellano. Luchan contra la percepción de centralista que carga la RAE. Antes de incorporar una palabra o cambiar sus acepciones, se informa a las academias de todos los países latinoamericanos, de Estados Unidos (ya uno de los países con más hablantes del castellano) y de Filipinas. A partir de ese momento, llegarán a Madrid informes detallados con nuevos usos, percepciones de significados no previstos, matices.
"El lenguaje nos pertenece a todos. Me gusta que me lo digan en muchas melodías. Hoy la relación con América Latina es constante, esencial", enfatiza Merino. Pérez-Reverte añade: "Hay un esfuerzo diplomático inconmensurable de los directores de la academia para manejar esas relaciones y aceitar el intercambio".
El filólogo Gutiérrez coincide en la importancia de incluir a América en todas las decisiones, lo que ha atenuado la percepción de que el diccionario de la RAE refleja sólo el idioma que se habla en Madrid y alrededores. "El gran desafío que tenemos es velar por la unidad del idioma; casi diría que ése debería ser el lema que prime sobre el histórico ?limpia, fija y da esplendor' que impusieron los fundadores." Uno de los gestos de la academia para acercarse a América fue incluir en las definiciones del diccionario la marca regional "España" para palabras que sólo se usan en la península, tal como hizo siempre con los términos habituales de un determinado país del otro lado del Atlántico.
Los latinoamericanos son también los que más usan el diccionario a través de Internet y quienes más interactúan en los canales de participación que abrió la academia. "Ingresan miles de mensajes, que nos encargamos siempre de responder. Suelen ser dudas o sugerencias, pero a veces se llega a promover un cambio por la opinión de un usuario", explica Villanueva. Da un ejemplo: una mujer colombiana que vive en Australia envió una queja porque al término champú se lo definía como una loción y en realidad es un jabón. La nueva versión del diccionario adaptará la descripción. En cambio, a un mexicano afincado en California le rechazaron su propuesta para combatir el extendido uso de " brunch " por el neologismo "desmuerzo". "La academia no inventa palabras. Si algún día desmuerzo arraiga se analizará", le respondieron.
UN CLUB MASCULINO
Además del de centralista, la RAE carga con el estigma de machista. En 300 años apenas siete mujeres entraron en el colegio de académicos, la primera de ellas -Carmen Conde-, en 1979. En la actualidad son cinco de cuarenta miembros en funciones (mientras otras dos ya fueron elegidas para ocupar vacantes recientes). "Es algo que va a cambiar de manera natural. No puede decirse que existe una actitud hostil hacia las mujeres en la academia", sentencia Blecua.
La escritora Soledad Puértolas ("G"), la última mujer en incorporarse al club, destaca la importancia de la poca influencia femenina en el laboratorio de las palabras. "La falta de mujeres se deberá remediar de forma natural, con la sensibilidad que tenga cada uno para incorporarlas. Yo tengo esa sensibilidad y las echo en falta", opina. Pérez-Reverte se muestra terminante si se le pregunta por el "machismo" de la academia: "Me pongo beligerante con la tontería del desdoblamiento entre hombres y mujeres. Esto no se puede cambiar por decreto; la academia cambia como lo hace la sociedad. Habrá una adaptación paulatina, basada en los méritos . Y de hecho, a medida que se producen vacantes, crece el número de mujeres".
Los filólogos que trabajan en la academia enfatizan que el trabajo científico apunta a reducir el sesgo que podría introducir en el diccionario el predominio de la mirada masculina en el colegio de académicos. Insisten en que las bases de datos con millones de entradas de términos y contextos en que se usan significan un aporte objetivo que refleja en detalle la influencia de la sensibilidad femenina en el habla cotidiana. Ese cúmulo inagotable de documentación oral y escrita en formato digital está disponible a través de Internet para cualquier estudioso de la lengua. Constituye la herramienta de trabajo esencial para fundamentar cualquier nueva inclusión en el diccionario, al igual que para las reformas ortográficas y de gramática o las revisiones a obras como el Diccionario panhispánico de dudas .
El operativo lleva tiempo, un insumo que a veces escasea en el señorial palacio de la academia. En estos días se nota algo de vértigo en su escenografía majestuosa y reposada: quedan pocos meses para la presentación de la nueva edición del diccionario y hay que completar la inclusión de cientos de términos y acepciones. "Trabajamos a marcha forzada, aprobando muchas palabras directamente en los plenos", cuenta Díez. La agenda es inagotable: tecnicismos, extranjerismos, localismos propuestos desde más de 30 países, léxico científico? "En el diccionario no entra todo", se ataja Villanueva, en previsión de las quejas que seguro despertarán muchas omisiones.
Pérez-Reverte les resta importancia a esas polémicas. Dice que en sus 300 años de historia, la Real Academia contribuyó a un pequeño milagro: que 500 millones de personas separadas por un océano y extendidas por medio mundo puedan entenderse como si en realidad hubieran nacido en el mismo barrio..
DEL IDIOMA:
Del cíclope al ciclo
MARÍA LUISA GARCÍA MORENO (REVISTA PIONERO, CUBA, SEPTIEMBRE 2013)
Si no has leído La Odisea, de Homero, seguramente has tenido la oportunidad de acercarte a esta interesante obra de la literatura universal a través de alguna historieta, animado o película, de modo que la historia de Ulises u Odiseo, alejado de Ítaca, su tierra natal, por una venganza de los dioses, no debe resultarte del todo ajena.
Una de los personajes más conocidos de esta epopeya es Polifemo, el gigantesco cíclope, que apresó a Ulises y sus compañeros para devorarlos sin piedad. Para huir, tuvieron que cegarlo, clavando en su único ojo, una enorme estaca; entonces pudieron ocultarse bajo las ovejas y escapar, cuando estas salieron a pastar.
La palabra cíclope es un término compuesto, que procede del latín ciclops, y este, a su vez, del griego kyclos, ’círculo’, más óops, ‘ojo’. En la mitología griecolatina, los cíclopes eran criaturas de estatura y fuerza descomunales cuyo nombre se debe al único ojo, grande y redondo, que llevaban en medio de la frente, con el cual lograban una visión panorámica.
Lo curioso en materia de idiomas —para que veas qué curiosas resultan las asociaciones lingüísticas— es que de ciclops también se derivan ciclo, cíclico y además ciclón, en clara alusión a los remolinos del huracán y a su ojo o centro. De igual forma, integran esta curiosa familia ciclismo, ciclista y bicicleta —esta última compuesta por el elemento compositivo bi- más ciclo, ‘círculo’.
Ahora y no solo entre nosotros, pues se usa también en Colombia, por ejemplo, ha aparecido el término bicitaxi —acrónimo (vocablo formado con las iniciales o elementos de dos o más palabras), de bicicleta y taxi (acortamiento de taxímetro)—. Sin embargo, el término bicitaxi no está muy bien formando, pues los vehículos empleados para esta función no son en realidad bicicletas, sino triciclos, pues tienen tres ruedas. Se ha propuesto que se les llame ciclotaxis, voz mucho mejor conformada; pero ¿prenderá esta propuesta o se mantendrá bicitaxi, vocablo ya extendido en el uso?
Así son las cosas del idioma: recuerdo que cuando apareció el concepto de medio ambiente fue también muy criticado, porque medio y ambiente son sinónimos y la palabra resulta redundante; pero se quedó. ¡Ah! Y debes escribirla así: medioambiente.
Así ves, que desde tiempos antiguos las palabras llegan, se mantienen o cambian; pero enriquecen nuestra lengua.
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE
cambio climático, claves para una buena redacción
Recomendación urgente del día
Con motivo de la celebración de la cumbre sobre el cambio climático en Varsovia (Polonia), se ofrecen algunas claves para una buena redacción de las noticias relativas a este acontecimiento:
Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático es el nombre oficial de esta reunión, a la que los medios suelen denominar también cumbre sobre el cambio climático o cumbre del clima, expresiones que se escriben en minúscula al no tratarse del nombre oficial.
La sigla COP, con la que también se alude a estos encuentros anuales, corresponde a la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático y, aunque viene del inglés Conference of the Parties, su uso está asentado también en castellano. Se le añade el número de la edición correspondiente, en este caso la decimonovena, por lo que la actual se denomina COP19.
La sigla de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático es CMNUCC (no UNFCCC, que corresponde a la forma inglesa).
El acuerdo alcanzado en 1997 sobre la reducción de emisiones de CO2 es el Protocolo de Kioto. Esta es la transcripción adecuada al español del nombre de esa ciudad japonesa.
Es preferible escribir medioambiente en una sola palabra, aunque está aceptada también la forma medio ambiente. Su adjetivo derivado es medioambiental, que se escribe en una sola palabra.
Los adjetivos sostenible y sustentable (el primero más utilizado en España y el segundo más común en América) son válidos para referirse al modelo de desarrollo consciente de la necesidad de no agotar los recursos.
El término verde, con el significado relacionado con la ecología o lo natural, se escribe en redonda y no en cursiva o entrecomillado, como aparece en numerosos medios, puesto que se trata de una nueva acepción de esta palabra.
Desertización y desertificación pueden emplearse como sinónimos, aunque la primera es la que se ha usado tradicionalmente en español.
quinta-feira, 7 de novembro de 2013
LA IMPORTANCIA DE LA CORRECCIÓN EN TRADUCCIÓN
La importancia de la corrección al producir un texto
por Amira Plascencia Vela
La corrección es un proceso que no siempre le queda claro al cliente cuando ofrecemos nuestros servicios, por lo que aquí se describirá una manera de explicarlo.
Al transmitir un mensaje, el traductor tiene muchas tareas, a saber: leer, seleccionar palabras, construir frases, tomar decisiones en cuanto a léxico, gramática, sintaxis, etc., adaptar los mensajes de acuerdo con un contexto cultural, redactar y, por supuesto, corregir.
La corrección, aplicada a los textos propios y a los de otros colegas es fundamental, ya que con ella redondeamos un texto y, sobre todo, como especialistas, nos otorgamos un espacio para reformular nuestras ideas, nuestras decisiones.
Ahora bien, la corrección se da a diferentes niveles, y las agencias y equipos de traductores y correctores tienen sus propias formas de abordar esta labor una vez que se considera finalizado el proceso de traducción. No obstante los clientes, sobre todo los nuevos, no siempre saben lo que está detrás de la producción de un texto y se desconciertan cuando se les presenta un presupuesto para «solo pasar un mensaje de una lengua a otra». Precisamente de eso es de lo que se hablará en este artículo, de los diferentes niveles de corrección y su impacto en nuestro trabajo diario.
En mis años de profesión, he podido observar que se considera al trabajo de corrección «el patito feo» dentro del proceso de producción textual, ya que no solamente se requiere revisar el texto de principio a fin y dar los toques finales para pulirlo, sino también indagar en las mentes del productor y receptor de dicho texto (preguntarse, por ejemplo: ¿por qué se escribió esto aquí?, ¿qué se interpreta acá?, ¿cómo podemos decir esto de otra forma?). Por lo tanto, traducir y corregir son procesos distintos que, a su vez, necesitan abordarse de maneras diferentes al momento de vender nuestros servicios. Hay que agregar que un traductor puede ser un buen corrector, y viceversa; pero normalmente se necesita de un equipo mínimo de dos personas para traducir y corregir.
Habiendo dicho esto, hay que pensar que, generalmente, al cliente le interesa el texto final, y no es su labor preguntar qué se requiere para que un mensaje se entienda en otra lengua (a menos que se trate de una editorial, una empresa de comunicación especializada o una agencia de traducción con procesos ya específicos). Nos toca a nosotros, los profesionales, explicarle al cliente lo que pasa cuando recibimos un texto, y preguntarle qué desea que suceda con el mensaje que se ha de transmitir. Para hacerlo de forma más sencilla, se puede crear una hoja de servicios donde se incluyan los distintos procesos por los que pasa un texto (puede variar, dependiendo de la capacidad de la agencia o del equipo de traductores/correctores en cuestión):
a) Traducción y corrección básica: errores «de dedo», gramática, sintaxis, etc. Es decir,
revisión y corrección de los elementos básicos que hagan del texto algo legible y
comprensible.
b) Traducción, corrección básica y de estilo (primera fase): se incluye lo anterior, pero también
una adaptación de la forma del texto. Aquí podemos pensar, por ejemplo, en la extensión
textual en cuanto al espacio que se va ocupar: ¿se necesita economizar y usar
menos palabras para expresar el sentido del original? También podría pensarse en
una adaptación del original para un tipo de público en específico: ¿a quién va dirigido el
texto?, ¿cuál es el nivel de lectura de este tipo de público?
c) Traducción, corrección básica y de estilo (primera y segunda fases): la segunda fase de
corrección de estilo es muy común cuando se trata de mensajes publicitarios (slogans) o de
frases u oraciones que requieran de fuertes cambios idiomáticos para que tengan sentido
dentro de una comunidad específica. En inglés, a esta fase se le llama transcreation, y como
la misma palabra lo apunta, se requiere volver a crear el mensaje original. En sí, es más
que una corrección de estilo pero, para visualizarlo de manera más sencilla, se puede incluir
como una etapa más de la estilística.
d) Traducción, corrección básica y de estilo (primera y segunda fases), revisión de prueba
impresa (en caso de manuales o libros, equivaldría a la prueba de galeras): en la prueba
impresa ya no deberían incluirse cambios. No obstante, sí hay que confirmar que el trabajo
realizado con anterioridad se vea reflejado en esta prueba. Asimismo hay que asegurarse
de que no haya cambios de último minuto no autorizados por el cliente o por el coordinador
del proyecto.
e) Ronda de preguntas y respuestas con el cliente: esta fase es opcional y se puede
implementar en cualquiera de las opciones anteriores. De igual manera, puede ofrecerse sin
costo alguno como una atención hacia el cliente.
La hoja de servicios sirve para aclarar y facilitar las decisiones del cliente y, naturalmente, en ella también deben incluirse los precios de cada servicio, lo cual varía según la región en la cual se trabaje. Sin embargo, hay que pensar que la corrección que va más allá de lo básico puede costar entre un 50% a un 70% de lo que se le paga al traductor original, y a la revisión de la prueba impresa hay que asignarle, aproximadamente, un 10% o 12% del precio total del trabajo. Para calcular los costos y tener un margen de ganancia, hay que pensar bien en los siguientes factores: la distribución porcentual; la existencia previa de memorias de traducción (en caso de clientes ya existentes); el tipo de servicio que se está ofreciendo; el número de personas que participarán en el proyecto (y, también, cuál será su papel dentro del equipo de producción); y, claro está, la fecha final de entrega. Esta es la regla básica de todo equipo de producción textual: No deberíamos aceptar un trabajo si no contamos con los elementos necesarios para realizarlo bien y entregarlo a tiempo.
Como se puede observar, la corrección tiene varios matices, y todos ellos son de importancia, por lo que debemos considerarlos seriamente cuando establezcamos nuestra cartera de servicios.
Biografía:
Amira Plascencia Vela tiene un doctorado en Letras y Lengua Española. Es profesora de Español como Lengua Extranjera y también se dedica a la traducción, corrección y edición de textos en las áreas de humanidades, ciencias sociales y mercadotecnia.
ESPAÑOL EN INTERNET
Un plan de formación busca promover los contenidos en español en internet
AGENCIA EFE
Google y el Centro Knight de Periodismo Digital de la Universidad de Austin (Texas, EE. UU.) lanzaron una iniciativa para reducir la escasez de contenidos en español en la web, que suponen tan solo el 5 % del total pese a ser la segunda lengua con más hablantes nativos.
Se trata de un curso en línea abierto y gratuito para periodistas, profesores y estudiantes de periodismo que comenzará el 18 de noviembre y concluirá el 15 de diciembre, según se anunció en México durante la inauguración de una reunión organizada por Google con periodistas de América Latina.
El español es la lengua materna con un mayor número de hablantes después del chino mandarín, con 420 millones de hablantes, y la tercera lengua más utilizada con más usuarios de Internet (182 millones, el 8 % del total), según internetworldstats.
El uso del español en la red ha experimentado un crecimiento del 807,4 % entre los años 2000 y 2011, de acuerdo con el Instituto Cervantes, y la demanda de documentos en español es la cuarta en importancia entre las lenguas del mundo
Sin embargo, solo el 5 % de los contenidos de la web está en español, el mismo porcentaje que el alemán, que tiene cuatro veces menos hablantes nativos que el español.
De las 285 lenguas en las que actualmente se divulgan contenidos en Wikipedia, el español ocupa la séptima posición por número de artículos escritos, por detrás del alemán, el francés, el italiano, el ruso e incluso el holandés, una lengua minoritaria y con una proyección internacional casi nula comparada con el español.
El programa de Google y el Centro Knight se denomina «Desarrollando Emprendimientos Periodísticos para la Web: Cómo ser un Periodista Emprendedor» y tiene como objetivo «latinizar» la web.
Las inscripciones deben hacerse en el sitio http://open.journalismcourses.org.
El curso está diseñado para proveer habilidades prácticas para crear modelos de negocio en plataformas digitales, atraer audiencias y desarrollar esquemas que permitan hacer rentables los emprendimientos periodísticos en la web.
Google y el Centro Knight de Periodismo entregarán becas a los mejores proyectos presentados en el marco del curso para que sus autores puedan asistir al Simposio Internacional de Periodismo Digital y al Coloquio Iberoamericano en Periodismo Digital, que se llevarán a cabo en Austin en abril del 2014.
«Es imperativo capacitar y crear modelos de incentivo para alentar la producción de contenido digital (en español) para el desarrollo cultural, económico y social de Hispanoamérica», sostuvo la jefa de Comunicaciones para Google en la región, Ana Paula Blanco.
«Queremos una web cada vez más relevante para los hispanoparlantes y por eso creamos y apoyamos iniciativas como ésta» agregó.
Por su parte, el fundador y director del Centro Knight, Rosental Calmon Alves, señaló en un comunicado que su objetivo es que los participantes del curso «se animen a lanzar sus proyectos en la Web, contribuyendo a aumentar la oferta de contenido en español disponible en línea».
El Centro Knight fue creado en el 2002 y desde que en el 2003 puso en marcha su programa pionero de enseñanza en Internet, ha capacitado a más de 7 000 periodistas de todos los países hispanohablantes, en más de 100 cursos en línea de corta duración para pequeños grupos.
En el 2012, el Centro lanzó el primero curso masivo (MOOC) del mundo sobre periodismo. Desde entonces, los MOOCs del Centro Knight ya llegaron a más de 20.000 personas en todo el mundo.
Blanco considera que el potencial del español no se aprovecha en la web, porque los contenidos en castellano son escasos, y los hispanohablantes consumen más contenidos extranjeros que propios.
«Esta situación es crítica, porque no se trata sólo de la escasez de traducciones, sino de la pérdida de la cultura local», señala.
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