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quinta-feira, 18 de maio de 2017

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
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proceso de 


destitución


alternativa a 


impeachment

Recomendación urgente del día
Las expresiones proceso de destitución y procedimiento de destitución son apropiadas para referirse al procedimiento conocido en inglés como impeachment.
En los medios de comunicación es frecuente encontrar frases como «El impeachment a Trump ya tiene el apoyo de un republicano» o «Piden un ‘impeachment’ contra Temer por una grabación comprometedora».
El anglicismo impeachment designa el procedimiento, característico de algunos sistemas políticos, por el que un órgano legislativo procesa a un alto cargo para una eventual destitución.
Con este sentido pueden emplearse en español las expresiones proceso de destitución y procedimiento de destitución o, en función del ordenamiento jurídico de cada país, otras como juicio políticojuicio de desafuero o proceso político.
Así, en los ejemplos anteriores habría sido preferible escribir «El proceso de destitución de Trump ya tiene el apoyo de un republicano» o «Piden un procedimiento de destitución contra Temer por una grabación comprometedora».
En ocasiones se usa el término impeachment para la destitución en sí, pero es un uso inapropiado porque el proceso no siempre se resuelve con ella; así, en el caso de «Tras el impeachment del presidente de Paraguay, este país fue expulsado de Mercosur», realmente se quería hablar más específicamente de su destitución.
De optarse por la palabra inglesa, se recomienda escribirla en cursiva o, en su defecto, entre comillas.

quarta-feira, 17 de maio de 2017

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hacker y cracker, 


diferencias 


de significado

Recomendación urgente del día
Los términos hacker y cracker tienen significados diferentes, ya que, mientras que el primero alude a aquella persona capaz de introducirse en sistemas informáticos ajenos, el segundo se refiere a aquel otro que lo hace con fines ilícitos.
En las noticias es frecuente encontrar frases como «El grupo hacker que hizo posible el caos de la semana pasada “prepara algo peor”» o «Unos ‘hackers’ extorsionan a Disney con la filtración de Piratas del Caribe: La venganza de Salazar».
Aunque en el uso general es frecuente asociar la palabra hacker a ‘pirata informático’ y, por tanto, a quien usa sus conocimientos con fines ilegales, en el ámbito de la informática se diferencia claramente entre hacker y cracker.
Así lo recogen los principales diccionarios de inglés y algunos de español como el de María Moliner, que indica que un hacker es una ‘persona con sólidos conocimientos informáticos capaz de introducirse sin autorización en sistemas ajenos para manipularlos, obtener información, etc., o simplemente por diversión’.
La palabra cracker, en cambio, se aplica a quien, además de ser capaz de entrar en sistemas ajenos, lo hace con fines delictivos, como señala el diccionario de Oxford.
Así, en los ejemplos anteriores, y teniendo en cuenta el tipo de actividad que se les atribuye, habría sido preferible escribir «El grupo cracker que hizo posible el caos de la semana pasada “prepara algo peor”» y «Unos crackers extorsionan a Disney con la filtración de Piratas del Caribe: La venganza de Salazar».
Un uso adecuado de ambos términos es el que figura en el siguiente ejemplo: «Las empresas necesitarán 825 000 hackers para frenar a los crackers en 2025».
Al tratarse de extranjerismos no adaptados al español, ambos términos han de escribirse en cursiva, como puede apreciarse en el Diccionario académico. En cambio, los derivados españoles de esas palabras (hackearhacktivismo, hackatón…) se escriben en redonda, como explica la introducción de esta misma obra.
Es posible, asimismo, adaptar los anglicismos hacker y cracker al español como háker y cráker, siguiendo los criterios que figuran en la Ortografía de la lengua española. Esas formas adaptadas se escriben en letra redonda y con tilde.

terça-feira, 16 de maio de 2017

"QUILOMBO"

¿Por qué para los argentinos todo es un ‘quilombo’?

De dónde proviene uno de los términos más utilizados en el país sudamericano y que más llama la atención de los visitantes


Buenos Aires - EL PAÍS - AMERICA


Cientos esperan por un lugar en el autobus, en Plaza Constitución.Ampliar foto
Cientos esperan por un lugar en el autobus, en Plaza Constitución. TÉLAM

Diversos medios de Argentina señalan que el dueño de un correo privado le dijo a un sindicalista: “Si va a haber quilombo, que haya”; un guitarrista define a su propia banda como “un caos total, todo esto es un quilombo”; y el hijo de un actor se refiere a una obra de su padre como “un quilombo en el que mi papá se divertía”; el periodista Ernesto Tenembaum tituló su columna en EL PAÍS: "La Argentina es un kilombo". Resulta imposible establecer un solo significado del término quilombo en Argentina, Incluso es posible que cada vez que se lo usa se quiera decir una cosa diferente. Se trata de uno de los términos más utilizados en las calles de Buenos Aires y también en el interior del país, aunque muchos argentinos ni siquiera sepan su origen y sus diferentes usos.
 La Real Academia Española la define como “Lio, barullo, gresca, desorden”, aunque en el sur americano adquiere algunos significados más.
Quilombo se le llama a cualquier ocasión conflictiva, de difícil resolución. Pero también existe una acepción positiva. Una fiesta muy divertida puede ser un gran quilombo, también puede serlo una idea renovadora y, en ocasiones, puede tratarse hasta de una amenaza. En Argentina, todo es según cómo se diga, de qué manera el histrionismo envuelve al término. “Es de esas palabras valija. Palabras que o combinan distintas palabras o combinan distintos conceptos. En cierto sentido son un empobrecimiento del lenguaje y un enriquecimiento de la figuración”, dice José Luis Fernández, investigador y docente de la Universidad de Buenos Aires.

“No sos porteño si no decís quilombo”, explica.
El lunfardo es considerado el argot bonaerense, y se usa en forma muy habitual. Se nutre sobre todos de términos que llegaron con la inmigración, tanto europea, como africana, aunque es también lenguaje carcelario. Es tan importante en la cultura local que la licenciatura en folclore de la Universidad Nacional de las Artes tiene al lunfardo como materia obligatoria. El titular de esa cátedra es el académico Oscar Conde, quien recuerda que “la palabra quilombo se introduce en Buenos Aires a mediados del siglo XIX, antes de la creación del tango y del surgimiento del lunfardo. En las épocas donde germina el tango puede llegar a aparecer, pero no en las letras sino en poemas anónimos o milongas. Hay testimonio de eso en un libro que publicó el alemán Robert Lehmann-Nitsche, en 1923, y acá se tradujo recién en 1981 con el nombre Textos eróticos del Río de la Plata. Ahí se lee la palabra quilombo en varios poemas, pero solo con la acepción prostibularia”.
Prostíbulo es otro de los significados que recibe la palabra.
¿Pero cuál es su origen? Viene del Quimbundo, la lengua de los bantúes del centro y el norte de Angola, de la cual también viene ‘milonga’, y tiene que ver con la idea de unión. “En el siglo XVII se llamaba quilombos a las poblaciones de esclavos fugitivos de las plantaciones. Eran lugares que fortificaban para defenderse de los amos que iban a buscarlos.
 Hubo muchos quilombos en Brasil y uno fue muy famoso, el Quilombo dos palmares, en el estado de Alagoas. Resistió durante mucho tiempo bajo la dirección de un esclavo llamado Zumbí hasta que cayeron derrotados en 1695”, dice Conde.
“En situación de queja, ante una larga fila de un trámite nos miramos entre los porteños y decimos ‘esto es un quilombo’”, describe Fernández, “En términos generales, presupone una opinión, no es descriptivo, porque nuestra sociedad es mucho más prescriptiva y argumentativa que descriptiva. No decimos ‘llueve’, podemos decir ‘es como que llueve’. La segunda frase agrega una interpretación psicológica, lo cual indica que no hablamos de los fenómenos sino de su causalidad y su destino”. “Ya sabemos que no hay ninguna palabra que tenga significado en sí”, agrega Conde, “Las palabras y las imágenes son pasajes de sentido. Podes meter quilombo en una declaración de amor y en una de guerra. Las palabras no tienen significado propio, lo que importa es entender el sistema de intercambio discursivo. Quilombo es como todas las palabras, una nota musical con un significado más o menos estable”.
“Hacer quilombo no es lo mismo que tomar el poder, cortar las calles y destruir vidrieras. Es un concepto paraguas y eso permite entender que la sociedad tiene un número indeterminado de situaciones conflictivas. Es un término que permite hacer un primer ordenamiento. El problema es cuando eso se convierte en palabra política de gestión. Cuando Francisco dice ‘hagan lío’ (aquí hubiese dicho hagan quilombo), está genial, pero si después encuentro a un tipo rompiendo una iglesia diciendo que el Papa dijo que hagamos lío, hay que explicarle que no se trata de eso”, dice el lingüista.
Para conocer a los porteños, quien mejor que un taxista, esos que conducen verdaderos bancos de sonidos citadinos. Sobre todo uno con experiencia, como Eduardo Stizza, que maneja desde hace 30 años unas 12 horas por día. Aproximadamente, unas 90.000 horas de de su vida. “Quilombo es una de las palabras que más usamos. Yo mismo la utilizo muchísimo. Si el que va atrás te habla del país, es un quilombo; si te habla del tránsito, es un quilombo, de la AFA y [Jorge] Sampaoli es un quilombo, los derechos humanos, las tarifas, la inflación; y si te habla de su propia vida también es un quilombo. En realidad no es culpa de la palabra, es culpa de la realidad”, resume antes de cobrar y quejarse porque recibe un billete de 500. Ese que después es un quilombo cambiar.

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a menos que


mejor que 


a menos de que

Recomendación urgente del día
El giro a menos que, mejor que a menos de que, es el apropiado para introducir una condición con una salvedad.
En los medios de comunicación no es raro encontrarse con la construcción inadecuada: «No acepta participar en una película, a menos de que esté completamente convencido», «El crecimiento de Estados Unidos seguirá débil, a menos de que la productividad suba inesperadamente» o «La península de Yucatán estaría fuera de peligro, a menos de que ese sistema ciclónico retrocediera».
Se trata de un caso de dequeísmo que puede surgir como cruce con a menos de. Esta última forma, que apenas tiene uso en la actualidad, se emplea cuando la oración que sigue tiene el verbo en infinitivo en lugar de en subjuntivo, como en «Exhortó a no salir a la calle a menos de ser necesario».
La Gramática académica señala que a menos de que tiene cierto uso en las variantes americanas del español, pero aun así considera que lo recomendable es evitar el dequeísmo empleando la fórmula a menos que, tal como también se señaló con anterioridad en el Diccionario panhispánico de dudas.
En consecuencia, en los ejemplos anteriores habría sido mejor «No acepta participar en una película, a menos que esté completamente convencido», «El crecimiento de Estados Unidos seguirá débil, a menos que la productividad suba inesperadamente» y «La península de Yucatán estaría fuera de peligro, a menos que ese sistema ciclónico retrocediera».

PALABRAS

Palabras en las malas y las buenas

segunda-feira, 15 de maio de 2017

LA COMA

Comas: el infierno de la puntuación

Elena Álvarez Mellado (eldiario.es, España)

Resultado de imagen para coma

Photo published for Javier Fernández, suspenso en ortografía: 26 erratas en su carta de respuesta a Pablo IglesiasSi la comparamos con la escritura, la puntuación es un invento relativamente reciente. El padre de la coma fue  Aristófanes de Bizancio, un bibliotecario de la célebre Biblioteca de Alejandría que vivió allá por el siglo III a. C. Por aquel entonces, la forma de escribir era en scriptio continua, es decir, los textos se escribían de corrido, sin signos de puntuación ni espacios entre palabras. La finalidad de los textos escritos no era la lectura individual tal y como hoy la concebimos, sino que los textos se entendían como partituras pensadas para que el orador ejecutase en directo el discurso. Nos gusta pensar que toda lengua pasada fue mejor y que ya no hay decoro lingüístico como el de antes, pero lo cierto es que la scriptio continua de la Antigüedad nos resultaría hoy ilegible y haría que hasta el más nostálgico de los talibanes ortográficos modernos abrazase con alegría el lenguaje abreviado y telegráfico de las redes sociales y de los servicios de mensajería.

Reconozcámoslo abiertamente: la puntuación en general es un dolor de muelas y las comas en particular nos llevan por el camino de la amargura al común de los mortales. 
Aquel que esté libre de una coma mal puesta que tire el primer diccionario.
Ver imagen en TwitterSi la comparamos con la escritura, la puntuación es un invento relativamente reciente. El padre de la coma fue  Aristófanes de Bizancio, un bibliotecario de la célebre Biblioteca de Alejandría que vivió allá por el siglo III a. C. Por aquel entonces, la forma de escribir era en scriptio continua, es decir, los textos se escribían de corrido, sin signos de puntuación ni espacios entre palabras. La finalidad de los textos escritos no era la lectura individual tal y como hoy la concebimos, sino que los textos se entendían como partituras pensadas para que el orador ejecutase en directo el discurso. Nos gusta pensar que toda lengua pasada fue mejor y que ya no hay decoro lingüístico como el de antes, pero lo cierto es que la scriptio continua de la Antigüedad nos resultaría hoy ilegible y haría que hasta el más nostálgico de los talibanes ortográficos modernos abrazase con alegría el lenguaje abreviado y telegráfico de las redes sociales y de los servicios de mensajería.
Si la comparamos con la escritura, la puntuación es un invento relativamente reciente. 

El padre de la coma fue Aristófanes de Bizancio, un bibliotecario de la célebre Biblioteca de Alejandría que vivió allá por el siglo III a. C.

La propuesta de Aristófanes de Bizancio era sencilla y eficaz: indicar mediante un sistema de puntos la cantidad de aire que el orador debía tomar en cada pausa para poder acometer sin ahogos el fragmento de texto hasta la siguiente pausa. En una época en la que era el lector quien debía apañárselas para separar correctamente el espagueti continuo de caracteres, se asumía que para comprender totalmente un texto eran necesarias varias re lecturas. En ese sentido, la notación que proponía Aristófanes suponía una mejora notable, ya que permitía al orador enfrentarse al texto de primeras con más claridad.
Lejos de ser una anécdota irrelevante sobre eruditos de la Antigüedad, la invención de Aristófanes de Bizancio es un buen ejemplo del problema que supone reflejar por escrito la infinidad de matices relevantes que tiene la lengua oral y del ingenio de los hablantes para proponer soluciones creativas a las limitaciones de la escritura. En último término, el espíritu de su propuesta no es tan diferente del uso creativo que hacemos hoy de emojis, gifs y otros elementos extralingüísticos recientes (y que por ahora viven extramuros de la normativa): al fin y al cabo, lo que tanto Aristófanes como los hablantes de hoy buscamos es indicar visualmente al lector cómo debe interpretarse oralmente una frase y el tono adecuado con el que queremos ser leídos.
Con el transcurso de los siglos, la tradición de la oralidad fue siendo sustituida por una tradición centrada en los textos escritos y la escritura fue entendiéndose cada vez menos como un elemento auxiliar de la oralidad y más como un sistema en sí mismo con su propia lógica interna. Lo que en su día habían sido signos de respiración puestos un poco a la buena de Dios según la capacidad pulmonar del orador se convirtió en un protocolo lingüístico formal con poco margen de maniobra. En contra de lo que solemos pensar, las comas hoy no representan respiraciones sino que se rigen por criterios exclusivamente gramaticales, coincidan o no con pausas orales. Las reglas de puntuación se parecen al código de circulación: intentan dar lógica a los enunciados, resolver ambigüedades y aislar de forma unívoca pero fluida los elementos que forman las oraciones.
Hay comas evidentes y poco problemáticas, como la que separa las enumeraciones ( salir, beber, el rollo de siempre). Otras, en cambio, corren peor suerte. La coma del vocativo (esa que aísla el nombre del destinatario al que va dirigida nuestra frase, como en Houston, tenemos un problema o Tócala otra vez, Sam) es raro verla fuera de contextos formales y esmerados. 
Entre los sibaritas ortográficos, la coma del vocativo levanta unas pasiones que hacen que la polémica sobre la tilde en sólo parezca una discusión de patio de colegio; si quiere conquistar a un purista de la lengua, no se olvide de ponerla:
Por otro lado, están las comas de más, aquellas que ponemos cuando nos puede la hiperventilación tipográfica y nos dejamos llevar por la emoción de puntuar según nos suena. Los correctores llaman “coma asesina” a la coma innecesaria que habita entre sujeto y predicado y que campa a sus anchas en titulares y entradillas de los más reputados medios. Quizá su éxito se deba a que en la lengua hablada tendemos a hacer una breve parada cuando el sujeto es particularmente largo.
Lo que nuestra incapacidad para poner comas de acuerdo a la norma nos recuerda es que la lengua es, antes que ninguna otra cosa y a pesar de los milenios de tradición escrita y del empeño de los puristas ortográficos, oralidad. Por eso cuando toca puntuar un texto optamos por tocar de oído y ponerlas intuitivamente allá donde nos parecería natural respirar. 
Seguimos siendo hijos de la tradición aristofánica. 
 Nos duele la espalda porque evolutivamente aún no nos hemos acostumbrado a la bipedestación y no sabemos poner las comas porque, en último término, seguimos siendo seres fundamentalmente orales.

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imán e imam


formas válidas

Recomendación urgente del día
Tanto imán, con tilde y acabado en ene, como imam, sin tilde y acabado en eme, son formas válidas para aludir al guía o jefe religioso musulmán.
En los medios se aprecia que ambas formas se usan indistintamente: «Turquía emite una orden de detención contra 101 imames del Ejército» o «Una representación de la comunidad encabezada por Abdellah Mhanna (imam de la mezquita del centro histórico y coordinador provincial de imanes) visitaba a la cónsul de Francia».
El Diccionario académico recoge el término imán con las acepciones ‘encargado de presidir la oración canónica musulmana, poniéndose delante de los fieles para que estos lo sigan en sus rezos y movimientos’ y ‘guía, jefe o modelo espiritual o religioso, y a veces también político, en una sociedad musulmana’, al tiempo que señala que también es válida la grafía imammenos habitual en el uso.
Ambas voces son agudas, pero mientras que imán lleva tilde por acabar en ene, imam no la lleva por acabar en eme. Los plurales respectivos son imanes e imames, este último de formación excepcional, pues las palabras que terminan en -m normalmente se pluralizan con –s.
Aunque las dos variantes son válidas, es recomendable mantener la coherencia en un texto, de modo que siempre se use bien imán e imanes o bien imam e imames. Por ello, el primer ejemplo es correcto, pero en el segundo sería mejor «Una representación de la comunidad encabezada por Abdellah Mhanna (imán de la mezquita del centro histórico y coordinador provincial de imanes) visitaba a la cónsul de Francia».
Dado que los imanes son tradicionalmente hombres, estas voces se usan casi exclusivamente en género masculino, pero en caso de que se tratara de una mujer es aconsejable hablar de una imán o una imam, en femenino, como en «Comenzó a gestarse la idea de abrir una mezquita para mujeres en la que una de ellas fuera la imán».

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