Las denominaciones euríbor y euríbor plus se escriben con iniciales minúsculas y con tilde en la i.
En los medios de comunicación pueden leerse frases como «El Euribor de junio rebajará 77 € al año las hipotecas», «¿Estará a tiempo el Euríbor Plus?» o «El Euribor volvió a ahondar en mínimos en su cierre de junio».
El término euríbor es un acrónimo formado a partir de euro interbank offered rate, esto es, «tipo europeo de oferta interbancaria». Al igual que sucede con otros acrónimos y siglas a los que el uso ha convertido en sustantivos comunes(láser, sida, ovni, diu, radar…), lo adecuado es escribirlo con inicial minúscula.
Lo apropiado, además,es tildar la i, ya que se trata de una palabra llana terminada en consonante distinta de n o s: euríbor.
Si el euríbor se crea para indicar el tipo de interés a un año al que los bancos dicen que se intercambian dinero, el euríbor plus pretende reflejar el tipo de interés al que de hecho se producen tales intercambios, evitando de este modo posibles manipulaciones.
Por tanto, en los ejemplos iniciales, lo adecuado habría sido escribir «El euríbor de junio rebajará 77 € al año las hipotecas», «¿Estará a tiempo el euríbor plus?» y «El euríbor volvió a ahondar en mínimos en su cierre de junio».
Reunión de los miembros de la Real Academia Española, 2014. EL MUNDO/ANTONIO HEREDIA
Fútbol y balompié
LUIS MARÍA ANSON
Cuando se produjo el auge del deporte en el siglo XX, la Real Academia Española, que cuida el idioma desde hace más de 300 años, decidió castellanizar los nuevos anglicismos. Así llamó balonvolea al volleyball, baloncesto al basketball, balonmano al handball, y balompié al football. Hoy, en España casi todo el mundo dice balonvolea, baloncesto o balonmano. Y ni su padre, balompié.
Con muy buen criterio, la Academia incorporó a su Diccionario normativo fútbol como primera acepción del deporte de Zarra e Iniesta, porque era el término de uso generalizado y el idioma no lo hacen los académicos sino el pueblo. La Academia, con una serie de cautelas científicamente muy bien estudiadas, sanciona el uso de la lengua, esforzándose siempre por preservar la unidad del español, aparte de limpiar, fijar y dar esplendor al idioma de Cervantes y Borges, de García Lorca y Pablo Neruda.
Generalmente, los quinientos millones largos que hablan español aceptan las decisiones académicas. En contadas ocasiones, no. Nadie escribe hoy, por ejemplo, güisqui y en el diccionario figura ya como una cuestión de hecho el anglicismo whisky. Las críticas que recibe la Academia son a veces certeras y en muchas ocasiones irrazonables o sin sentido. Escribí en su día frente a los que calificaron de "extravagante majadería" la inclusión en el Diccionario de amigovio, término que nadie usa en España. Resulta que los españoles solo somos el diez por ciento del idioma y que Fernando Lázaro Carreter y Víctor García de la Concha tuvieron el acierto al frente de la Corporación, de dar esplendor al Diccionario, incorporando la firma de todas las Academias hispanoamericanas, la norteamericana, la filipina y en el futuro la ecuatoguineana y la sefardí. Cerca de doscientos millones de hispanohablantes en Méjico, Argentina, Uruguay y Paraguay emplean el término amigovio al referirse a persona que mantiene con otra una relación de menor compromiso formal que un noviazgo. Recientemente, por poner otro ejemplo, un escritor de nota fustigó a los hablantes que emplean jueza y afirmó que "la juez será jueza cuando la altivez sea altiveza". Pues no. Conforme al Diccionario, el femenino de juez es jueza y quien así lo emplea lo hace con corrección lingüística.
El idioma suscita tal interés entre los hispanohablantes que raro es el día en que no recibo cartas referentes a su uso. Idos e iros ha provocado un debate nacional al que ha puesto serenidad y sosiego Pedro Álvarez de Miranda. En la segunda persona del plural del imperativo de ir, idos es y seguirá siendo el registro formal e iros se ha aceptado porque así se emplea en el habla coloquial. Son los ciudadanos, repito, los que hacen el idioma y no los académicos.
Y como digresión final para los que se refieren a ciertas acepciones de carácter machista, que, por supuesto, es necesario matizar o suprimir, quiero subrayar el feminismo que preside el Diccionario en algunas áreas, como en las profesiones. Abogado, feminiza en abogada, cirujano en cirujana, psicólogo en psicóloga, pero periodista no masculiniza en periodisto ni psiquiatra en psiquiatro ni futbolista en futbolisto ni atleta en atleto ni fisioterapeuta en fisioterapeuto. La ciencia del lenguaje exige huir de la tendenciosidad, de la ideologización y de la invectiva, anclándose en la serenidad y la reflexión profunda.
Luis María Anson, de la Real Academia Española.
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El plural del sustantivo pitbulles pitbulls, y ambas formas se escriben con inicial minúscula.
Con motivo de los recientes acontecimientos sucedidos en México, en los medios de comunicación pueden verse frases como «Dos pitbull son asesinados en Coyoacán», «Marcha en defensa de los pitbull» o «Una pequeña de dos años murió luego de ser atacada por dos Pitbull».
De acuerdo con la Nueva gramática de la lengua española, los sustantivos procedentes de otras lenguas terminados en grupo consonántico se pluralizan con -s, por lo que el plural de pitbull es pitbulls, según se aprecia en el Diccionario general de Vox.
Por otra parte, de acuerdo con la Ortografía de la lengua española, los adjetivos o sustantivos que se usan para designar las razas de animales se escribenen minúsculas, aun cuando procedan de otras lenguas.
Así pues, en los ejemplos iniciales lo apropiado habría sido escribir «Dos pitbulls son asesinados en Coyoacán», «Marcha en defensa de los pitbulls» o «Una pequeña de dos años murió luego de ser atacada por dos pitbulls», sin necesidad de cursiva ni comillas, según se aprecia en los ejemplos de la Ortografía.
El elemento compositivo eco-, que significa entre otras cosas ‘ecología’ y se emplea en términos como ecoparque, ecotasa o ecoterrorismo, se escribe unido a la palabra a la que se incorpora, sin guion ni espacio intermedio.
En los medios de comunicación es habitual leer frases como «La alcaldía considera necesario cercar todo el terreno donde se encuentra el eco parque», «Bariloche: comenzaron a cobrar una eco-tasa a los turistas» o «Detienen a dos personas por robo con violencia de un eco taxi».
De acuerdo con las normas de la Ortografía de la lengua española, los prefijos y elementos compositivos se escriben unidos a la palabra a la que acompañan: hipocalórico, infravivienda, neoliberal, precampaña…
En el caso concreto de eco-, el Diccionario académico incorpora el significado de ‘ecología’ en su vigesimotercera edición, ausente en ediciones anteriores, que solo recogían los sentidos de ‘casa, morada, ámbito vital’ y ‘onda electromagnética, sonido reflejado’.
Por tanto, en los ejemplos iniciales lo adecuado habría sido escribir «La alcaldía considera necesario cercar todo el terreno donde se encuentra el ecoparque», «Bariloche: comenzaron a cobrar una ecotasa a los turistas» y «Detienen a dos personas por robo con violencia de un ecotaxi».
Darío Villanueva es presidente de la Asociación de Academias de la Lengua y director de la Real Academia Española.CreditReal Academia Española
MADRID — La Real Academia Española (RAE) genera sentimientos contradictorios en la mayoría de los 472 millones de hispanohablantes: para algunos, es la máxima referencia en cuanto al lenguaje; para otros, es el mayor limitante de la riqueza de nuestro idioma.
Pero la RAE es solo una de las veintitrés academias que conforman la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), que edita el Diccionario de la lengua española (DLE), que desde 2004 se encuentra en línea gratuitamente y es una de sus publicaciones más exitosas: en 2016 sumó 800 millones de consultas y tan solo en los primeros dos meses de este año tuvo 81 millones de consultas. España, México, Colombia, Argentina y Estados Unidos son los países que más revisaron esta publicación el año pasado.
La edición más reciente del DLE, la 23.ª, se presentó en octubre de 2014 y contiene 93.000 lemas y unas 200.000 acepciones. Afortunadamente, la tecnología se ha infiltrado en esta institución centenaria y para la nueva edición, que se presentará en diciembre, cambiará el orden de los factores: está concebida para un soporte digital, sin problemas de espacio y habrá lugar para muchas palabras que a veces se cree que la academia rechaza o incluso prohíbe.
The New York Times en Español conversó con el director de la academia española y presidente de la ASALE, Darío Villanueva, quien respondió a preguntas que nuestros lectores nos enviaron, así como a qué nuevas palabras pueden incluirse en el diccionario, qué sucede con la tilde en el adverbio “solo” y cuál es el mayor riesgo para nuestro idioma.
¿Cómo entra una palabra nueva en el diccionario?
Continuamente estamos registrando las palabras que van apareciendo a través de una gran base de datos, el Corpus del Español del Siglo XXI. Cada año, introducimos en la memoria de nuestras computadoras 25 millones de formas del español, no palabras porque no hay tantas, sino realizaciones de las palabras en distintos países. La fuente es escrita (literatura, periodismo, ciencia, medicina, política, economía) y oral (radio, televisión, música); la procedencia es un 70 por ciento de América y un 30 por ciento de España para que predomine el aporte americano, porque es evidente que el español tiene más hablantes en América que en España. Todos los países están representados.
Esa base de datos nos proporciona la palabra y el contexto en el que aparece para que podamos ver exactamente qué significa. Así, detectamos la aparición de nuevas palabras o de nuevos significados de palabras que ya están en el diccionario. Eso lo procesamos en la academia a través de nuestro Instituto de Lexicografía y en el Pleno de los académicos; luego lo consultamos con las academias de la ASALE. La introducción de una palabra en el diccionario nunca nace de una voluntad individual de un académico, sino que siempre viene después de que hemos acreditado testimonialmente que esa palabra ha irrumpido, que tiene un uso en un territorio amplio y con un índice de frecuencia elevado.
¿La RAE es muy intervencionista o más bien permisiva?
Tenemos el problema de que hay quien nos llama intervencionistas de la lengua y hay quien nos acusa de muy relajados y permisivos: son legítimas todas las opiniones. Todo lo que tiene que ver con la lengua es materia muy sensible porque los ciudadanos nos sentimos dueños de nuestro idioma y realmente lo somos.
La academia va siempre detrás de las decisiones que han tomado los hablantes del español, nunca nos adelantamos a proponer una palabra, a proponer una acepción; siempre recogemos lo que hay. No es que bajemos la guardia, que nos estemos convirtiendo en muy permisivos. Nuestra función no es la de “aprueba y reprueba”, sino de recoger lo que existe.
¿Qué pasa con la tilde de “solo”?
Se ha interpretado mal porque lo que se dice en la Ortografía de la lengua española de 2010 es que no consideramos necesario el uso de la tilde ya que los lingüistas dicen que, por ejemplo, en el caso de “solo”, el contexto de la frase permite ver si se trata de un adverbio o de un adjetivo. La academia no prohíbe el uso de la tilde, sino que dice que no es necesaria. Algo parecido pasa con la acentuación de los adjetivos pronombres “este”, “ese”, “aquel”.
¿O sea que se puede acentuar o se puede no acentuar?
Sí, aunque hay una polarización: la mayoría de los escritores está a favor del acento y, sin embargo, los lingüistas dicen que no es necesario. Estamos empezando a preparar la segunda edición de la ortografía y ahí vamos a procurar ser todavía más claros para que se entienda cuál es la posición. De todas formas, creo que es una tempestad en un vaso de agua.
Hace poco, la RAE recibió una solicitud para eliminar la acepción de sexo débil como “el conjunto de las mujeres”. ¿Qué han decidido?
La academia no va a censurar nunca el diccionario. En primer lugar, no es obligatorio usar esa expresión, pero existe y el diccionario recoge lo que existe y no lo puede censurar. La expresión de la que hablamos no fue inventada por las academias, en lo personal no la usaré jamás y creo que la mayoría de los académicos tampoco.
En el diccionario tenemos lo que llamamos las “marcas”; para esta acepción se podrían incorporar las de “discriminatorio”, “desusado”, “ofensivo”, para que se sepa la consecuencia semántica que tiene utilizar sexo débil. Se espera que en diciembre se dé a conocer.
¿Qué decirle a la gente que sigue pensando que España es el lugar desde el que se decide el español que se hablará en América Latina?
No puedo manifestar mi acuerdo con esa expresión. En la Nueva gramática de la lengua española de 2009 están recogidas todas las variantes gramaticales americanas; en el diccionario hay unos 20.000 americanismos y tenemos el Diccionario de americanismos.
Por ejemplo, los mexicanos hablaban, hablan y seguirán hablando lo que quieran; es decir, si la academia española propusiera cosas impositivas y absurdas no tendría ni el más mínimo éxito. La RAE trabaja con la ASALE y con la Academia Mexicana de la Lengua, con la que tenemos un contacto intensísimo. Y así con todos los países hispanohablantes.
¿Por qué incluir en el diccionario palabras como “amigovio” o “asín”?
La palabra “amigovio” así como “marinovio” son dos creaciones americanas que son palabras perfectamente admisibles, están muy bien construidas. “Marinovio” se refiere a las parejas de hecho, entre las que no hay un matrimonio oficial. Los idiomas están continuamente en ebullición, están creando palabras continuamente. No es que nosotros las hayamos autorizado, sino que simplemente las recogemos y nos sentimos muy orgullosos de poner en el diccionario creaciones tan ingeniosas, tan expresivas.
Que mantengamos palabras como “asín”, un arcaismo que figura en el diccionario es porque este pretende ser útil para la comprensión de textos desde 1500 hasta ahora, por lo tanto hay palabras que no se usan, pero que están recogidas para que alguien que lea un texto de 1560 que se encuentre con esa palabra tenga respuesta.
¿Qué palabras entrarán a la nueva edición del DLE?
Estamos trabajando con la palabra “posverdad”: el año pasado, el Diccionario de Oxford eligió a post-truth como la palabra del año. Posverdad es una traducción perfecta al español; es una palabra que ha cobrado mucha fuerza y que refleja un fenómeno muy significativo de nuestro tiempo, muy relacionado a la política y a los medios de comunicación. Estamos estudiándola y creo que con toda certeza entrará al diccionario en diciembre.
¿”Guglear”? Yo “gugleo”, tú “gugleas”…
Sí, “guglear” es un verbo que estoy seguro que acabará imponiéndose. No hay manera de traducirlo porque parte de una raíz que es una marca. Con los anglicismos se plantea el problema: ¿los escribimos transcribiendo la pronunciación o los escribimos con las letras exactas del inglés?
Por ejemplo, en español usamos desde hace tiempo la palabra “mitin”, del inglés meeting; en otros casos no hemos tenido demasiada suerte: con whisky, en el diccionario pusimos “güisqui”, pero no hemos conseguido que esa forma predomine. Para esos casos, mantenemos el doblete, es decir, ponemos la transcripción a español y la palabra tal y como está en inglés —que en nuestra Ortografía dice que hay que escribir en cursivas—; se mantienen las dos con la esperanza de que acabe predominando la forma adaptada al español.
¿Cuál es el mayor riesgo al que se enfrenta nuestra lengua?
Me preocupa mucho la aceptación, a veces frívola, de los anglicismos por parte de los hablantes, de los escritores, de los periodistas… Es terrible, aquí me llevo grandes disgustos cuando veo que los comercios se rotulan en inglés, que la publicidad termina con frases en inglés, cuando veo también que términos ingleses —por ejemplo, el caso de tablet-tableta—, que son muy fáciles de adaptar a nuestra lengua, no se adaptan. Parece como si tuviéramos un complejo de inferioridad, como si pensáramos que nombrar algo en inglés tiene más categoría, más valor; si se trata de un producto, de mejor calidad, y eso es absolutamente falso, es una total y absurda frivolidad. Uso el término “papanatismo” para referirme a esa entrega a los términos ingleses.
La expresión moda pronta, que ya cuenta con uso en español, es una alternativa válida para la denominación inglesa fast fashion.
En los medios de moda y tendencias es frecuente ver esta expresión empleada para aludir a un tipo de moda que se produce y comercializa rápidamente: una temprana identificación de las tendencias, una producción en serie, normalmente a bajo coste, y una vida corta, de apenas una temporada, pero muy intensa.
Así, se pueden encontrar ejemplos como «La estrategia online de Zara consagra la marca dentro del fast fashion», «Uniqlo va calentando motores con su esperadísimo producto de alta calidad y funcional, alejado del fast fashion» o «Así fueron las primeras tiendas de los gigantes del fast fashion».
La alternativa española moda pronta ya cuenta con uso para denominar a este mismo concepto, como en «Comprar, usar y tirar. La filosofía de la moda pronta que cambia de un mes a otro ha acabado por imponerse». Por ello, esta expresión resulta preferible al anglicismo.
Además, otras alternativas como moda rápida también son válidas. Si, por el contrario, se opta por emplear el anglicismo, lo adecuado es escribirlo con letra cursiva o entrecomillado.
Así, en los ejemplos anteriores habría sido preferible optar por «La estrategia online de Zara consagra la marca dentro de la moda pronta», «Uniqlo va calentando motores con su esperadísimo producto de alta calidad y funcional, alejado de la moda rápida» y «Así fueron las primeras tiendas de los gigantes de la moda pronta».
La palabra glampin, en redonda, es una adaptación válida del término glamping, acrónimo de glamury campin.
En la prensa se pueden encontrar frases como «Cataluña, epicentro europeo del glamping», «En el “glamping” los detalles marcan la diferencia» o «El ‘Glamping’, un hotel 5 estrellas bajo las estrellas».
El glampinges ‘una variedad del campin tradicional con instalaciones y servicios más lujosos’, según la definición del diccionario de Oxford. Su adaptación en español, como se desprende de las normas de la Ortografía de la lengua española, es glampin, acabado en -in. El plural de glampin es glámpines, igual que sucede con cámpines (plural de campin).
De esta manera, en los ejemplos anteriores habría sido preferible escribir «Cataluña, epicentro europeo del glampin», «En el glampin los detalles marcan la diferencia» y «El glampin, un hotel 5 estrellas bajo las estrellas».
Además, existen otras alternativas en español como campin de lujo. Si, a pesar de esto, se prefiere usar la voz inglesa, se recomienda escribirla en cursiva o, si no se dispone de este tipo de letra, entre comillas.