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terça-feira, 2 de janeiro de 2018

"HYPE"


¿Qué significa “hype”?

hype
No por encontrar muchas veces un término en Internet podemos llegar a entender bien qué significa. Algo que sucede con las personas más alejadas del entorno digital leyendo “xD” y pensando que implica cualquier otra cosa menos una cara riéndose es lo que ocurre a veces con palabras como “bombo“. Está en todas las redes sociales, está en algunos artículos de medios de comunicación y forma parte del lenguaje hablado, desde jóvenes a ministros.
MONEDA DE CAMBIO CORRIENTE EN TWITTER, EL HYPE VIENE DEL INGLÉS Y ES EMPLEADO USUALMENTE PARA SEÑALAR EXCITACIÓN
“Hype” viene de la palabra inglesa “hipérbole“, y su traducción al castellano tiene más que ver con la intención y el contexto que con un término cerrado de nuestro idioma.
Empleado en inicio por los jugadores de videojuegos, fans de cómics y por ende de Youtube, esta plataforma fue la puerta de entrada a una expresión que implica excitación, nerviosismo o altas expectativas frente a casi cualquier cosa: el lanzamiento de un nuevo producto, una serie, una buena noticia en el grupo de amistades de WhatsAp
El término, aunque aún no vaya a desbancar en España a “desmesurado”, o “excitación”, sí se emplea desde hace un tiempo, sobre todo en el campo de la publicidad: la intención del márketing es generar “hype” a los clientes para que tengan las ganas suficientes de desembolsar dinero en el producto.
No parece que la RAE tenga entre sus prioridades de 2018 incluir esta palabra en el diccionario, pero la Fundéu, la Fundación para el español urgente, sí ha tomado nota de la conversación en redes para tratar de poner algo de orden a la hora de explicar qué significa, exactamente, el hype. ¿Se tiene, se da, o se hace hype?
Así, la Fundéu recomienda dejar a un lado el hype y emplear en su lugar “sobreexcitación” o “bombo”, pero probablemente los millennials no estén por la labor de abandonar una acepción que tan popular se ha hecho en 2017.

sábado, 30 de dezembro de 2017

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

aporofobia


palabra del año 2017 


para la Fundéu BBVA

Recomendación urgente del día
Aporofobia, el neologismo que da nombre al miedo, rechazo o aversión a los pobres, ha sido elegida palabra del año 2017 por la Fundación del Español Urgente, promovida por la Agencia Efe y BBVA.
Esta es la quinta ocasión en la que la Fundéu BBVA da a conocer su palabra del año, escogida entre aquellos términos que han estado presentes en mayor o menor medida en la actualidad informativa durante los últimos meses y tienen, además, interés desde el punto de vista lingüístico.
Tras elegir escrache en 2013, selfi en 2014, refugiado en 2015 y populismo en 2016, el equipo de la Fundación ha optado en esta ocasión por aporofobia, un término relativamente novedoso que alude, sin embargo, a una realidad social arraigada y muy antigua.
La voz aporofobia ha sido acuñada por la filósofa española Adela Cortina en varios artículos de prensa en los que llama la atención sobre el hecho de que solemos llamar xenofobia o racismo al rechazo a inmigrantes o refugiados, cuando en realidad esa aversión no se produce por  su condición de extranjeros, sino porque son pobres.
Este término se acaba de incorporar al Diccionario de la lengua española y el pasado mes de septiembre el Senado español aprobó una moción en la que pide la inclusión de la aporofobia como circunstancia agravante en el Código Penal.
A estos hechos, se suma el interés lingüístico de un neologismo a cuya creación se le puede poner fecha y autor, y el social e informativo de un término capaz de designar una realidad palpable, pero a menudo invisible.
«No es una palabra creada este año, ni tan siquiera conocida por el gran público, pero es una voz que recomendamos hace tiempo en Fundéu BBVA y que ahora la Academia ha decidido incorporar a su diccionario», señala el director general de la Fundación, Joaquín Muller.
«Aporofobia pone nombre a una realidad, a un sentimiento que, a diferencia de otros, como la xenofobia o la homofobia, y aun estando muy presente en nuestra sociedad, nadie había bautizado», añade.
«Conviene recordar —agrega Muller— la importancia de poner nombre a las cosas para hacerlas visibles. Si no lo tienen, esas realidades no existen o quedan difuminadas. No se pueden defender o denunciar. En esta ocasión, la filósofa valenciana ha hecho una gran aportación a la sociedad y al idioma, y Fundéu ha considerado que es merecedora de ser elegida palabra del año».
«Lamentablemente,  la aporofobia no ha dejado de estar presente en la actualidad informativa de 2017, con el drama de los migrantes en diversas partes del mundo, el empobrecimiento de extensas capas de la sociedad en muchos países… y con las actitudes de algunos líderes y ciudadanos ante estos fenómenos, en las que son claramente visibles el rechazo y la aversión a los pobres y a la pobreza», añade.
Antes de dar a conocer la decisión definitiva, la Fundación publicó una lista de doce palabras finalistas en la que figuraban otros términos de nueva creación, como turismofobia, que alude al rechazo al turismo masificado; uberización, con la que se denomina un cierto tipo de actividad económica basada en plataformas colaborativas, o machoexplicación, la costumbre de algunos hombres de dirigirse a las mujeres de forma condescendiente.
Además, se incluían otras que traducen o adaptan voces extranjeras (aprendibilidad frente a learnabilitynoticias falsas por fake news o la adaptación a la ortografía española bitcóin) y algunas más que, no siendo nuevas, han asumido otros usos o sentidos; es el caso de odiador y soñadores, alternativas a hater y dreamers.
Completaban la lista transcomo acortamiento válido de transexual o transgénero; destripe, como alternativa a spoiler, y superbacteria.
Ver también la crónica Aporofobia: la historia de una palabra nacida para cambiar la realidad.

APOROFOBIA


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Lo que no tiene nombre no existe. Por eso es necesario buscar palabras que nos ayuden a definir realidades sociales innegables y cotidianas como el miedo, el rechazo o la aversión a los pobres.

Solo así, dando nombre a esa realidad, podremos hacerla presente en el debate social, conocer sus causas, enfrentarnos a ella, buscar soluciones...

Eso es lo que pensó la filósofa española Adela Cortina cuando en 1995 preparaba una columna para "ABC Cultural" en la que denunciaba que, bajo muchas de las actitudes racistas y xenófobas que vemos cada día a nuestro alrededor, late una fobia distinta: la que nos producen los pobres, aquellos que en esta sociedad del intercambio, del dar y recibir, no parecen tener nada que ofrecernos.

Como ella misma explica en su libro "Aporofobia, el rechazo al pobre" (Paidós, 2017), "no repugnan los orientales capaces de comprar equipos de fútbol o de traer lo que en algún tiempo se llamaban 'petrodólares', ni los futbolistas de cualquier etnia o raza que cobran cantidades millonarias pero son decisivos a la hora de ganar competiciones".

"Por el contrario -explica Cortina-, lo cierto es que las puertas se cierran ante los refugiados políticos, ante los inmigrantes pobres, que no tienen que perder más que sus cadenas. (...) Las puertas de la conciencia se cierran ante los mendigos sin hogar, condenados mundialmente a la invisibilidad".

"El problema no es entonces de raza, de etnia ni tampoco de extranjería. El problema es de pobreza", concluye.

La existencia de esa "lacra sin nombre" llevó a la catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia a rebuscar en sus diccionarios escolares de griego hasta encontrar el término "áporos" ('pobre', 'sin recursos') y construir, a partir de él, el neologismo "aporofobia".

Volvió a emplearlo en otros artículos y conferencias, en libros de texto... y pronto la palabra fue ganando terreno entre las organizaciones sociales y los defensores de las personas sin recursos. Por fin había un término capaz de señalar una realidad lacerante, de hacerla visible.

En la Fundación del Español Urgente le dedicamos una de nuestras recomendaciones diarias sobre el buen uso del idioma, en la que explicábamos su significado, su utilidad y su formación válida.

Varias personas y colectivos pidieron, siguiendo una propuesta de la propia Cortina publicada en el año 2000 en "El País", la incorporación de esa voz al "Diccionario de la Lengua Española", que se ha producido finalmente hace unas semanas.

El término llegó incluso a las instituciones: el Senado español aprobó el pasado mes de septiembre una moción en la que pide la inclusión de la aporofobia como circunstancia agravante en el Código Penal.

Todo ello hizo que esa voz fuera desde el primer momento una de las candidatas del equipo de la Fundéu BBVA para ser palabra del año 2017.

Como en ocasiones anteriores, tratamos de poner en la balanza el interés lingüístico del término y su presencia y utilidad desde el punto de vista informativo.

En el primer aspecto, "aporofobia" es el sueño de todo estudioso del idioma: una voz con autor conocido y fecha de nacimiento, una "rara avis" en el análisis del origen de las palabras.

En el ámbito informativo parecía en cambio evidente que otras de las candidatas han tenido mayor proyección y presencia en los medios ("bitcóin", "turismofobia", "superbacteria"...).

Sin embargo, no es tan seguro que la aporofobia como concepto, las actitudes personales, políticas y sociales de rechazo al pobre no estén marcando cada vez más el devenir del mundo.

Poner esa realidad sobre la mesa, ayudar a que las palabras nos permitan entender y mejorar nuestro entorno es igualmente un buen objetivo para este galardón con el que cada doce meses pretendemos reflexionar sobre las palabras y el mundo que con ellas construimos.

quinta-feira, 28 de dezembro de 2017

PALABRAS

Pinqui, chusmear, 


postureo y otras 


palabras que ya 


existen en español

Publicado: 28 dic 2017 06:19 GMT
¿Sabe qué es un cracker, un buenista o un lacha, o que hacemos cuando comadreamos? La RAE ha aceptado estas y otras palabras que ya existen 'oficialmente' en nuestro idioma.
Pinqui, chusmear, postureo y otras palabras que ya existen en español
Diccionario de la lengua española.
wikipedia.org / Real Academia Española / CC BY-SA 4.0
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La Real Academia Española anunció este mes su decisión de hacer 3.345 modificaciones en la versión digital del Diccionario de la lengua española (DLE), introduciendo nuevas palabras, excluyendo otras y agregando algunas enmiendas.
La RAE también anunció que planea hacer cambios con periodicidad anual y que la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), integrada por las academias de la lengua española existentes en los países hispanohablantes, ha comenzado a preparar la 24.ª edición del DLE.

Chicanos, jueza y clicar

Los cambios incluyen la incorporación de varios regionalismos, como, por ejemplo, la denominación 'chicano' para los mexicanos en EE.UU.; así como anglicismos vinculados con computadoras o la piratería electrónica, entre otros. Así, la RAE prefiere ahora que digamos 'clicar' o 'cliquear' en vez de 'pinchar', y a un 'hacker' ahora se puede llamar 'cracker'.
Una veintena de palabras, como 'inceptor' (persona que comienza algo) han sido retiradas del DEL, que ahora incluye la versión femenina de algunos empleos como 'jueza' o 'embajadora'.
Hemos escogido 10 palabras que ahora existen 'oficialmente' tras la decisión de la RAE.
  • Postureo – "Actitud artificiosa e impostada que se adopta por conveniencia o presunción".
  • Posverdad – "Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales".
  • Pinqui – "Prenda femenina que cubre la planta, el talón y los dedos del pie, y que se pone para proteger este del calzado".
  • Pasada – "Mucho o muy".
  • Nota – "Persona a la que le gusta llamar la atención o que tiene un comportamiento inconveniente", o "persona cuyo nombre y condición se ignoran o no se consideran".
  • Lacho, lacha – "Persona enamoradiza".
  • Comadrear – "Chismear, murmurar", o "charlar, conversar, generalmente de cosas sin importancia", o "contar algo con indiscreción o malicia".
  • Chusmear – "Hablar con indiscreción o malicia de alguien o de sus asuntos", o "husmear, fisgar, curiosear", o "contar algo con indiscreción o malicia".
  • Buenismo (y buenista) – "Actitud de quien ante los conflictos rebaja su gravedad, cede con benevolencia o actúa con excesiva tolerancia".
  • Aporofobia – "Fobia a las personas pobres o desfavorecidas".

EL IDIOMA ESPAÑOL

Tiempo ha que la ciudad de Valladolid, el corazón de Castilla y uno de los burgos más españoles imaginables, se declaró la capital universal del idioma hispánico. Lo hizo catalogada como la urbe donde se hablaba y escribía "el mejor español del mundo", el más puro. Tremendas palabras para una comunidad lingüística de 500 millones de habitantes.
Sucedía al mismo tiempo que en Valladolid y provincia, así como en gran parte de la vieja Castilla y de Madrid, el uso de los pronombres personales es poco menos que conflictivo. Valladolid, Zamora, Salamanca y parte de León son leístas, mientras que Madrid, la capital de España, se sumerge en el laísmo. Por extraño que pudiera parecer, el "español neutro" de Castilla se hablaba con una sistemática y bastante evidente falta de ortografía.
No debemos culparles: las diferencias entre "lo", "la" y "le" son uno de los quebraderos de cabeza más habituales de cualquier hispanohablante a cualquier lado del Atlántico en el que se encuentre. La RAE es consciente de ello y adiverte que, pese a la aparente sencillez de la norma, es habitual que diversas variantes dialectales incurran en leísmo, loísmo o laísmo. La célebre "pues la dije que" que cualquier no madrileño de la península habrá parodiado alguna vez.
Hay diversos manuales de uso de los pronombres personales a lo largo de la red, y uno de los más útiles es este complejo pero muy didáctico gráfico de Sin Faltas. Parte de una disyuntiva muy simple: "¿El complemento corresponde a lo + participio?". Y a partir de ahí, el caos.
Para la RAE el asunto es sencillo: siempre que el objeto de nuestra oración sea directo tendremos que utilizar "lo" o "la". En caso de que el pronombre venga a ejercer de objeto indirecto, tendremos que optar por el "le". Con una simple excepción: dada su habitual utilización en el registro culto del castellano, el "le" podrá utilizarse como objeto directo siempre y cuando el referente sea un hombre. Pues bien, de estos mimbres se desgaja la casi infinita cascada de excepciones.
En ejemplos prácticos, podremos decir "¿Has visto a Juan? Sí, lo vi ayer" y "¿Has visto a Juan? Sí, le vi ayer", pero no podremos decir "¿Has recogido a las niños? Sí, les recogí antes de ir al taller". En este último caso, la acción del verbo se dirige directamente hacia los niños (son objeto directo) por lo que debemos utilizar de forma obligatoria "los". Sucede lo mismo en "Compré la medicina y se la di sin que nadie me viera" (Le di la medicina sin que nadie me viera).
Sin
Las complicaciones suelen surgir con la variante del objeto indirecto. En "Le pedí disculpas a mi madre" la petición no se dirige hacia las disculpas, sino a "mi madre", por lo que el pronombre personal funciona como objeto indirecto. Así las cosas, no podríamos decir "La pedí disculpas a mi madre" (que, ya decimos, es célebre en el centro peninsular) o "Lo dije a su hermano que viniera" (caso de loísmo, habitual en partes andinas de Perú y Bolivia y en la cornisa cantábrica peninsular).
Como indica el gráfico/mapa, la clave para utilizar correctamente los pronombres es identificar con claridad a qué hace referencia el verbo. En "Dije una tontería", la tontería es "lo dicho" (la norma: lo/la + participio); mientras que en "Dije una tontería a Ana", Ana no es lo dicho (lo que le convierte en el objeto indirecto de la oración, por lo que tenemos que optar irremediablemente por "le").
Una vez aquí, hay numerosas excepciones y variantes a la utilización de "lo", "la" y "le" marcada por la simple regla de la RAE. En general, para sancionar la excepcional utilización de "le" en casos de objeto directo. Lo importante del gráfico, amén de su capacidad didáctica, es que recalca algo que la mayor parte de hablantes de la lengua española ya sabíamos: que los pronombres personales y su correcta o incorrecta utilización son, muy a menudo, una pesadilla
Una hermosa pesadilla gramatical.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

«¡Feliz año», 


mejor que 


«Feliz año!»

Recomendación urgente del día
En las oraciones interrogativas y exclamativas, si se desea emplear un único signo, lo apropiado es emplear el de apertura («¡Feliz año»), no el de cierre: «Feliz año!».
En los medios de comunicación es muy habitual encontrar frases con los signos mal empleados: «Se pinchó la burbuja del bitcóin?» o «Qué van a saber estos del idioma!», entre otras muchas.
El Centro Superior de Investigaciones Ortográficas Complejas de la Universidad de Terlingua (Texas, Estados Unidos) y la Facultad de Cuestiones Ortográficas de Salcedillo (Teruel, España), adscrita a la Universidad de Wisconsin, han redactado una separata de la Ortografía de la lengua española en la que explican que el uso de los signos de cierre de interrogación y exclamación (? y !) solo es adecuado en textos en inglés y que en español se considera un anglicismo ortográfico que debe evitarse a toda costa en el lenguaje esmerado.
Cabe destacar que, en textos clásicos, los autores únicamente utilizaban el signo de apertura, como se ve en Don Juan Tenorio, de José Zorrilla: «¡Ah, ¿No es cierto, ángel de amor, que en esta apartada orilla más pura la luna brilla y se respira mejor», pero que luego los  impresores, por su cuenta y riesgo, decidieron añadir el mismo signo girado ciento ochenta grados para embellecer la composición.
Por eso, en los ejemplos anteriores, habría sido mejor escribir «¿Se pinchó la burbuja del bitcóin» y «¡Qué van a saber estos del idioma», solo con el signo de apertura.
Se recuerda, en todo caso, que en puridad, de acuerdo con la ortodoxia y los usos rectos imperantes, siempre es posible mantener los signos de apertura y cierre, práctica viejuna en franco retroceso.
La Fundación del Español Urgente les desea feliz Día de los Santos Inocentes.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

convencer


conjugación 


adecuada

Recomendación urgente del día
El verbo convencer es regular se conjuga como el verbo vencer, de modo que lo adecuado es convenza, no convezca.
En los medios de comunicación es frecuente encontrar este verbo conjugado, de manera inapropiada, como el irregular agradecer: «La empresa está al borde del abismo, ya que no consigue sacar al mercado un móvil que convezca», «El club está a la espera de una oferta que lo convezca lo suficiente para firmar» o «Los jóvenes no podrían acceder a esas páginas a no ser que convezcan a sus padres de lo contrario».
Según el Diccionario panhispánico de dudasconvencer, que significa ‘mover con razones a alguien para que crea o haga algo’, se conjuga igual que los verbos regulares terminados en -er:  convenzo, convenza, convenzamos,etc.; por tanto, es inapropiado usar formas como convezcoconvezcaconvezcamos o convezcan, que se ven con alguna frecuencia en los medios.
Así pues, en los ejemplos antes citados lo adecuado habría sido escribir «La empresa está al borde del abismo, ya que no consigue sacar al mercado un móvil que convenza», «El club está a la espera de una oferta que lo convenza lo suficiente para firmar» y «Los jóvenes no podrían acceder a esas páginas a no ser que convenzan a sus padres de lo contrario».
Ver queísmo, una incorrección gramatical y estar convencido de, no estar convencido en.

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