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sexta-feira, 6 de abril de 2018

MARK TWAIN

El libro negro de Mark Twain
Mark Twain tenía un hermano gemelo en su infancia. Para diferenciarlos le ataban a uno una cinta a la muñeca. Un día los dejaron solos en la bañadera y uno se ahogó. El chapoteo en el agua había desatado la cinta, de manera que nunca se supo a ciencia cierta cuál de los dos había muerto. “Desde entonces no sé si yo soy yo o mi hermano”, remataba siempre la anécdota aquel hombre que adoraba tanto las historias apócrifas sobre su persona, que llegó a declarar alguna vez: “Mark Twain es un hombre hecho de partes, pero no todas pertenecen al mismo rompecabezas”. 
Hasta sus fechas de nacimiento y muerte parecen alimentar lo mítico: vino al mundo con el cometa Halley en 1835 y partió con él cuando volvió a pasar por la Tierra en 1910. A los doce años, luego de la muerte de su padre, dejó la escuela y entró a trabajar como aprendiz en una imprenta, luego fue grumete en aquellos barcos de rueda que recorrían el Mississippi. Evitó la Guerra Civil porque no quería pelear del lado de los esclavistas, partió a Nevada tentado por su hermano, en plena fiebre del oro. Ponerse a escribir fue el Plan B cuando fracasó el Plan A. 
El periodismo le dio dinero y alta exposición. En 1870 se casó, tuvo tres hijas y un varón que murió de difteria a los dos años. Con esas tres hijas y su esposa se mudó a un castillo en Connecticut, que pagó con las ganancias de su libro La edad dorada, donde retrataba la codicia de los millonarios norteamericanos. A partir de entonces comenzó su propia edad dorada: publicó Aventuras de Tom Sawyer, Príncipe y mendigo y Aventuras de Huck Finn (lo que llevó a William Faulkner a declarar, cincuenta años después: “Toda la literatura norteamericana viene de los bolsillos del chaleco blanco de Mark Twain”) y también dio rienda suelta a su falta de criterio comercial: además de dilapidar su fortuna financiando inventos que invariablemente fracasaban, llevó a la quiebra su propia editorial, algo que parecía imposible luego de los dos exitazos con que la había iniciado (su Tom Sawyer y las Memorias del general Grant). 
  A los cincuenta y seis años debió salir de nuevo a los caminos, a dar conferencias y escribir para los diarios que le pagaran más. Aceptó una gira por Europa que le permitiría pagar sus deudas. Partió con su esposa, sus hijas y una novela que estaba escribiendo. Ninguno de sus libros hasta entonces le había llevado más de seis meses; éste le llevaría trece dolorosos años.
La idea de Twain era contar la visita de un joven Satán a la Tierra. Dos veces debió abandonar la historia. La primera cuando su hija favorita, Susy, murió de meningitis en Connecticut (había viajado a ver en qué condiciones estaba la casa familiar; la encontraron muerta en esa misma casa, sola, junto a una carta ilegible de 47 páginas). La segunda cuando su esposa Livy murió en el palacio que alquilaban en Florencia (la propietaria del palacio, la condesa Massiglia, prohibió que la enferma yaciera en el dormitorio principal, por temor a futuros contagios).
Enloquecido de pena, furioso contra la religión en general y contra la Ciencia Cristiana en particular (su hija Susy se había puesto en manos de Mary Baker Eddy, la fundadora de la Christian Science), Twain reformuló la novela que estaba escribiendo: ahora no hablaba del Diablo sino sobre Lo Oscuro, aquello que yace en el fondo de todos nosotros, lo que vemos y lo que no vemos de nosotros mismos. Usando sus recuerdos juveniles como aprendiz de impresor y aquella estadía en Europa, ambientó su novela en un castillo de Austria, en los primeros tiempos de la imprenta, cuando la Inquisición aún castigaba con la hoguera todo lo que pareciese brujería. En ese castillo hay un taller de imprenta clandestino, adonde se presenta en las primeras páginas un misterioso aprendiz llamado simplemente 44. Así se titulaba el libro: 44.
Antes de partir a Europa, Twain se había fascinado con los hermanos siameses Chang y Eng del circo Barnum & Bayley. En sus diarios imaginaba a uno borracho mientras el otro bebía, a uno pensando mientras el otro hablaba. Años más tarde anotó en sus diarios: “Hay dos personas en nuestro interior: el que está despierto y el que aparece cuando dormimos, que se separa de nosotros y puede vagar por donde quiera, haciendo lo que no nos atrevemos a hacer despiertos. Los actos y las palabras de una persona son sólo una ínfima parte de su vida. Su vida verdadera se da en su cabeza y ni siquiera esa persona la conoce. Todos los días, durante todo el día, el molino de su mente muele y tritura esa masa que bulle sin descanso mientras duerme”.
De eso trataba su libro, debajo de toda la parafernalia de época. De eso y de su odio contra la religión. Twain usó 44 como catarsis y como respiro de aquella dolorosa catarsis: escondió, debajo de su proverbial encanto y maestría verbal, ese fuego negro que bullía en su interior contra la superstición, la codicia, la esclavitud, la prepotencia del poderoso y la propia ignorancia. Leerlo es ponerse en sus zapatos: uno puede deslizarse gozoso por su superficie como si patinara sobre hielo y al mismo tiempo ver con escalofríos los monstruos que yacen debajo de esa capa de hielo, en lo profundo de nuestro corazón. 
No fueron fáciles los últimos días de Twain: la menor de sus hijas murió de epilepsia y la única hija sobreviviente, Clara, abrazó la Ciencia Cristiana y se casó por esa iglesia. El libro quedó inédito a su muerte. Siete años más tarde, aquella hija convenció al albacea de Twain para publicar una versión del libro, que no alcanzó a cumplir su cometido (generar dinero): pasó sin pena ni gloria en Estados Unidos, aunque tuvo cierto éxito en traducción (en nuestra infancia se lo conocía como El forastero misterioso). Hubo que esperar medio siglo, hasta que esa hija pasó a mejor vida, para que se supiera que aquella versión no era el libro de Twain: había sido cercenada y manipulada por el albacea (Albert Bigelow Paine), con la anuencia de Clara y la ayuda de un editor religioso llamado Frederick Duneka. Entre los tres suprimieron el 25 por ciento del texto (las “profanidades” según ellos), inventaron un personaje que era astrólogo y le adjudicaron torpemente todas las acciones que en el libro realizaba un maligno cura de la Inquisición y todas las sospechas sobre lo diabólico que estremecen a los cándidos personajes del libro.
Lamentablemente, cuando 44 por fin se publicó, hace poco, fue en una editorial universitaria muy seria de California: nadie ajeno al mundo académico se enteró, razón por la cual hasta el día de hoy son más los lectores que conocen El forastero misterioso que los que saben de la existencia de 44. El último gran libro de Mark Twain, el lado más oscuro del hombre que nos dio las primeras alegrías literarias, lleva un siglo escondido debajo de una copia vil, que apesta a santurronería y a humo de Inquisición. Es un acto de justicia, además de una celebración, que hoy se dé por fin a conocer en nuestro idioma.
* 44, de Mark Twain, acaba de ser publicado por Tusquets, en su colección Rara Avis.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
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aprendizaje 

automático,

mejor que

machine learning

Recomendación urgente del día
La expresión aprendizaje automático es una alternativa al anglicismo machine learning.
En los medios de comunicación cada vez son más frecuentes frases como «Qué es “machine learning” y por qué será tan grande como la llegada de internet», «Dentro de la inteligencia artificial, uno de los campos prioritarios es lo que se conoce como machine learning» o «Los cibercriminales también emplearán métodos de machine learning para potenciar sus ataques».
De acuerdo con la base de datos terminológica compartida por las instituciones europeas, la expresión machine learning, con la que se hace referencia a una rama de la inteligencia artificial cuyo objetivo es desarrollar técnicas que permitan a las computadoras aprender, equivale en español a aprendizaje automático.
Aunque la forma inglesa se traduce a menudo como aprendizaje de máquinas, se trata de un calco menos extendido y no recomendable, pues su significado es menos transparente al resultar ambiguo si las máquinas son las que aprenden o estas son objeto de aprendizaje por parte de las personas.
Así pues, en los ejemplos anteriores lo recomendable habría sido escribir «Qué es el aprendizaje automático y por qué será tan grande como la llegada de internet», «Dentro de la inteligencia artificial, uno de los campos prioritarios es lo que se conoce como aprendizaje automático» y «Los cibercriminales también emplearán métodos de aprendizaje automático para potenciar sus ataques».

quinta-feira, 5 de abril de 2018

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
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flexiseguridad,

acrónimo válido

Recomendación urgente del día
El término flexiseguridad es un acrónimo válido a partir de flexibilidad y seguridad, con el que se hace referencia a un tipo de política laboral que pretende combinar la flexibilidad en contratos y despidos con la seguridad o protección durante el tiempo de desempleo.
En los medios de comunicación pueden verse frases como «La flexiseguridad como motor de la reforma laboral europea», «Rivera aboga por la flexiseguridad» o, con la variante flexiguridad, «El sistema de flexiguridad de Dinamarca, por ejemplo, muestra cómo los marcos regulatorios pueden brindar protección y flexibilidad al mismo tiempo».
El acrónimo flexiseguridad alude a un tipo de mercado laboral sin restricciones para el contrato o el despido, pero con elevada protección de desempleo y políticas activas para la formación continua.
Se trata de un modelo que tiene su origen en Dinamarca a principios de los años ochenta y que ha sido adaptado posteriormente a países como Holanda, Austria o Alemania.
También se ve en ocasiones la variante flexiguridad, que, sin ser incorrecta, es menos recomendable que flexiseguridad, que puede resultar más transparente en su significado y goza de mayor uso.
Por tanto, los ejemplos anteriores son correctos, aunque en el último habría sido preferible escribir «El sistema de flexiseguridad de Dinamarca, por ejemplo, muestra cómo los marcos regulatorios pueden brindar protección y flexibilidad al mismo tiempo».

quarta-feira, 4 de abril de 2018

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intocable

no necesita comillas

Recomendación urgente del día
El sustantivo intocable, que se aplica a quien forma parte del grupo social más bajo de la India, no es necesario destacarlo con comillas ni cursiva.
En los medios de comunicación pueden verse frases como «Ocho muertos en la India por las protestas de los ‘intocables’» o «La frustración de los ‘intocables’ estalla en India con protestas y disturbios».
El Diccionario de la lengua española recoge la palabra intocable como adjetivo (‘que no se puede tocar’) y como sustantivo común en cuanto al género (el intocable / la intocable), en este caso con el significado de ‘en la India, persona considerada impura, perteneciente a la más baja categoría social y cuyo contacto procuran evitar las demás castas’.
Teniendo en cuenta que se trata de un uso asentado y recogido en el Diccionario académico, no hay razón para destacarlo con comillas, por lo que en los ejemplos anteriores habría sido preferible prescindir de ellas.
Con este mismo sentido puede emplearse el vocablo paria, definido como ‘habitante de la India, de ínfima condición social, fuera del sistema de las castas’, si bien suele utilizarse también con el sentido más amplio de ‘persona excluida de las ventajas de que gozan las demás, e incluso de su trato, por ser considerada inferior’.
Por otra parte, en ocasiones se hace referencia a los integrantes de este grupo social con la forma dalit: «La víctima pertenece a la marginada comunidad de ‘los Dalit’» o «Miles de dalit se manifiestan en Bombay tras la muerte de un miembro de la comunidad».
En este sentido, cabe señalar que lo adecuado es someter la transcripción dalit a las normas ortográficas y gramaticales del español, por lo que se escribe en minúscula, sin tilde, pues es voz aguda, y su plural es los dalits, no los dalit (igual que el plural de debut es debuts).
Por tanto, en las dos frases anteriores lo apropiado habría sido escribir «La víctima pertenece a la marginada comunidad de los dalits» y «Miles de dalits se manifiestan en Bombay tras la muerte de un miembro de la comunidad».

terça-feira, 3 de abril de 2018

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eCall

es

llamada de emergencia

Recomendación urgente del día
Llamada de emergencia o botón de emergencia son alternativas posibles a eCall.
Con motivo de la implantación obligatoria de este sistema en los vehículos que se matriculen a partir del 1 de abril de 2018 en la Unión Europea, en los medios de comunicación pueden verse frases como «El sistema e-Call ayudará a incrementar la seguridad vial a través de una reducción significativa en los tiempos de respuesta de los servicios de emergencia», «La Unión Europea hace obligatorio el botón ‘e-call’» o «El ‘ecall’ ya es obligatorio en todos los turismos nuevos en Europa».
El eCall es un sistema inteligente de llamada de emergencia que se activa de manera automática en caso de accidente o que los ocupantes del vehículo pueden activar.
Por extensión, se da ese nombre a la llamada y al botón que permite hacerla, por lo que las expresiones llamada de emergencia y botón de emergencia son alternativas válidas en español a la forma inglesa, que, además, explican de forma más transparente su significado.
El nombre dado por la Unión Europea al sistema es el acrónimo inglés formado por los términos emergency (‘emergencia’, del que toma la e) y call(‘llamada’), y se pronuncia /icól/, siguiendo la pronunciación original.
Si se prefiere usar esa forma, lo adecuado es escribirla en redonda, por tratarse de un nombre propio, sin guion y con la letra c en mayúscula, como señala la base terminológica de la Unión Europea y se aprecia en los documentos comunitarios.
De esta manera, en los ejemplos anteriores habría sido más acertado decir «El sistema de llamada de emergencia ayudará a incrementar la seguridad vial a través de una reducción significativa en los tiempos de respuesta de los servicios de emergencia», «La Unión Europea hace obligatorio el botón de emergencia» y «El eCall ya es obligatorio en todos los turismos nuevos en Europa».

segunda-feira, 2 de abril de 2018

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devenir

no es lo mismo que

 provenir

Recomendación urgente del día
Para expresar que algo procede o se origina de otra cosa, lo adecuado es emplear el verbo provenir y no devenir, que significa ‘convertirse en algo’.
En los medios de comunicación es cada vez más frecuente leer frases como «Pienso que la razón de su éxito deviene de la gestión bilateral por la que se rige» o «Explicó que su apodo deviene de la ocurrencia de un entrenador».
El Diccionario de la lengua española recoge este verbo con el significado de ‘convertirse’ o ‘sobrevenir, suceder, acaecer’, pero ninguna de sus acepciones guarda relación con la de provenir: ‘nacer, originarse, proceder de un lugar, de otra persona, de otra cosa’.
Por ello, el uso de este verbo con el sentido que se pretende comunicar en estas oraciones puede transmitirse con términos comoprovenir, proceder o venir de.
Además de las diferencias en su significado, es importante señalar que cada verbo tiene una estructura sintáctica diferente. Devenir se forma con un complemento sin preposición («Lo vertical devino horizontal») o con la preposición en («El pensamiento económico devino en ortodoxia»), mientras que provenir se construye con la preposición de («Una importante cantidad de fondos públicos provienen de los impuestos»).
Así, en los ejemplos anteriores lo adecuado habría sido escribir «Pienso que la razón de su éxito proviene de la gestión bilateral por la que se rige» y «Explicó que su apodo proviene de la ocurrencia de un entrenador».

EL IDIOMA ESPAÑOL

Estamos en plan explicando la expresión "en plan"

Aunque la expresión no es nueva, su uso se ha modificado en los últimos años



Los jóvenes no hablan igual que sus mayores, y esos mayores no hablaron, en su momento, igual que hablaban sus padres. El empleo de determinadas palabraspuede revelar la fecha de nacimiento que hay en tu carné: en los setenta se decía “chachi”; en los ochenta, “guay”; antes de esa etapa se decía que algo era “muy pera” (por muy bueno). Si miramos al lenguaje juvenil actual, vemos que uno de los identificadores de los jóvenes actualmente es el uso de “en plan”.
Atención a esta frase: “Le digo a mi madre que salgo, en plan me voy a la calle en plan tranquilo. Meto en el bolso en plan todo lo que necesito para echar el día fuera y resulta que me dejo las gafas de sol nuevas que me costaron caras, en plan 60 euros o más”. No es real, pero podría serlo: “en plan” es el nuevo chicle, es flexible y está todo el día en la boca de nuestros hablantes más jóvenes.
Esta construcción (preposición “en” + sustantivo “plan”) no es nueva en el idioma y la usamos hablantes de todas las edades para una función concreta, la de “Venimos en plan de auditoría” o “Acudieron en plan de buscar pelea”, casos que se dan desde mediados del siglo XX y donde “plan” tiene el significado de intención, proyecto, modo. Pero en los últimos años esta estructura ha ido modificándose de dos maneras. Por una parte, su forma ha variado y se usa más sin “de” (“Héctor está ya haciendo maletas en plan vacaciones” y no “en plan de vacaciones”). Por otra parte, y esta es la historia verdaderamente novedosa, en el español de España ha asumido entre los hablantes jóvenes muchos otros significados nuevos.
Si decimos la frase “Brenda no viene hoy a trabajar. En plan, se ha pedido el día”, vemos que “en plan” significa “o sea” y explica de otra forma o ejemplifica lo que se está diciendo.
Otro valor innovador se usa en frases del estilo “Jaime me escribió en plan te vamos a subir el sueldo”, donde “en plan” tiene un valor similar al de poner unas comillas en el discurso escrito. Cita las palabras de otro.
Puede servir para situar el foco sobre algo, poniendo de relieve justo lo que sigue a “en plan”: “Una cosa es tatuarse una palabra, pero Mari Luz se ha tatuado en plan toda la pierna”. Y se usa también para mitigar y paliar el efecto de lo que se dice: “Emi se acaba de sacar el carné de conducir, en plan que prefiero no ir en su coche”.
Que sea útil para quienes lo usan y que tenga unos valores definidos no quiere decir que no pueda resultar exasperante oírlo constantemente en cada frase de un adolescente español. De hecho, ha despertado quejas por parte de profesores, que dicen que sus alumnos abusan de esta expresión. E incluso los propios usuarios, que reconocen que “en plan” es un elemento definitorio de su forma de hablar, pueden llegar a parodiar ese empleo extremo. Así, el youtuberocatalán Pol Gise la ridiculiza en este vídeo: “No tengo vocabulario ni quiero un diccionario y se quejan, se quejan, se quejan de mí”.
El lenguaje juvenil español tiene, como todos los lenguajes juveniles, sus marcas propias, cambiantes y muy poco duraderas. La forma de interacción que emplean entre ellos los jóvenes, oralmente y de forma coloquial, es históricamente una constante fuente de cambios lingüísticos, cambios efímeros que aguantan en vigor hasta que son reemplazados por una nueva generación. Una lee este artículo de 2015 sobre lenguaje juvenil y comprueba que alguna de las palabras que se señalaban como propias de los jóvenes españoles han quedado ya anticuadas (¡en solo tres años!). Y, si hacemos un viaje hacia atrás en el tiempo, vemos un fenómeno similar: en los finales de los setenta, el Manifiesto de lo Borde que publicaron los componentes del genial grupo de rock andaluz Smash dividía la humanidad entre los hombres de las praderas, de la montaña, de las cuevas lúgubres y de las cuevas suntuosas. Leerlo es leer las palabras del lenguaje juvenil de los setenta:
Los hombres de las praderas son los únicos que están en el rollo y que han salido del huevo. Los hombres de las cuevas lúgubres se enrollan por el palo del dogma y te suelen dar la vara chunga. Los hombres de las cuevas suntuosas se enrollan por el palo del dinero y del roneo”.
Algunas de esas expresiones se han mantenido, otras no. La grandeza de las lenguas es que suelen ser bastante democráticas en la génesis y el ocaso de estos cambios lingüísticos. Tal vez dentro de unos años seamos capaces de hablar del inicio y del fin de la moda del emplanismo. Por eso, no tiene sentido escribir en plan “alarma: los jóvenes hablan raro”, porque estas modas lingüísticas vienen y se van. No te pega tener más de 35 y decir “hasta nunqui”, al igual que a esa edad no es común ser un emplanista o adicto a “en plan”.
Han pasado casi cuarenta años de la canción de Radio Futura, pero con ellos ya aprendimos que lo que le toca a cada joven que empieza a hacerse con el mundo es caer enamorado de la moda juvenil, en plan lo que sea.

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