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terça-feira, 10 de abril de 2018

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Estado federal

no es lo mismo

que estado federado

Recomendación urgente del día
La denominación estado federado alude, generalmente, a cada una de lasdiversas unidades territoriales que forman parte de una entidad más amplia, que recibe el nombre de Estado federal. 
En los medios de comunicación es frecuente encontrar frases como «La Fiscalía del estado federal alemán de Schleswig-Holstein ha solicitado la extradición del expresidente» o «En México, sobre todo en los 32 estados federales, hay muchos medios que obtienen más de la mitad de su facturación en la publicidad del Gobierno».
El Diccionario de la lengua española recoge Estado federal como aquel en el que ‘las distintas competencias constitucionales son distribuidas entre un Gobierno central y los estados particulares que lo conforman’. Estos últimos se denominan de forma genérica estados federados, aunque en algunos países reciben denominaciones específicas, como entidades federativas en México.
Así, en los ejemplos anteriores lo adecuado habría sido escribir «La Fiscalía del estado federado alemán de Schleswig-Holstein ha solicitado la extradición del ex presidente» y «En México, sobre todo en las 32 entidades federativas, hay muchos medios que obtienen más de la mitad de su facturación en la publicidad del Gobierno».
Ver también: estado, uso de mayúsculas y minúsculas.

segunda-feira, 9 de abril de 2018

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

virus, claves de escritura

Recomendación urgente del día
Ante la presencia en los medios de comunicación de noticias relacionadas con enfermedades causadas por diversos virus, se ofrece a continuación una serie de claves acerca de las diferentes formas de identificarlos.

Como nombre común o vernáculo

Esta es la forma más habitual en los medios de comunicación, que consiste en designaciones más o menos descriptivas y convencionales, como virus del papiloma humano o virus del Ébola.
Este tipo de denominaciones se escriben en minúscula, salvo los nombres propios que contengan, de modo que es virus del papiloma humano o virus del dengue, todo en minúscula por aludir a los nombres comunes de las enfermedades que provocan, pero virus del Ébola y virus del Zika, con mayúscula en Ébola y Zika por ser los nombres propios de un río y un bosque, respectivamente.

Como nombre científico

Son denominaciones neolatinas aplicadas a los niveles taxonómicos del género y superiores, que se escriben en cursiva y con la primera letra en mayúscula, casi siempre tras voces como género familia en textos periodísticos. En los virus no hay nombres científicos latinos para las especies.
De ellos se pueden formar —y a menudo es preferible— nombres vernáculos como papilomavirus (en minúscula, en redonda, en una sola palabra y con una sola ele), que procede del científico Papillomavirus (en mayúscula y cursiva). Así, en lugar de decir «un virus de la familia Papillomavirus» se puede optar por «un papilomavirus».

Como sigla

Es la identificación más detallada y en la prensa se emplea solo en ocasiones, aunque VIH está asentada para el virus de la inmunodeficiencia humana. Pueden contener caracteres como guiones o barras, e ir alternando mayúsculas y minúsculas, como por ejemplo PAdV-B o AvRV-F/A4. Se recomienda respetar estas grafías.

Virus frente a enfermedades

Se aconseja no emplear los nombres de los virus para las correspondientes enfermedades, ni a la inversa. Así, el sida es la enfermedad provocada por el VIH y las gastroenteritis suelen tener su causa en un norovirus.
Solo en un número reducido de casos han aparecido nombres de enfermedades basados en los de los virus, como ocurre con ébola, nombre popular para la enfermedad causada por el virus del Ébola y que técnicamente es fiebre hemorrágica del Ébola. Como otros nombres de enfermedades, se escriben en minúscula.

sexta-feira, 6 de abril de 2018

MARK TWAIN

El libro negro de Mark Twain
Mark Twain tenía un hermano gemelo en su infancia. Para diferenciarlos le ataban a uno una cinta a la muñeca. Un día los dejaron solos en la bañadera y uno se ahogó. El chapoteo en el agua había desatado la cinta, de manera que nunca se supo a ciencia cierta cuál de los dos había muerto. “Desde entonces no sé si yo soy yo o mi hermano”, remataba siempre la anécdota aquel hombre que adoraba tanto las historias apócrifas sobre su persona, que llegó a declarar alguna vez: “Mark Twain es un hombre hecho de partes, pero no todas pertenecen al mismo rompecabezas”. 
Hasta sus fechas de nacimiento y muerte parecen alimentar lo mítico: vino al mundo con el cometa Halley en 1835 y partió con él cuando volvió a pasar por la Tierra en 1910. A los doce años, luego de la muerte de su padre, dejó la escuela y entró a trabajar como aprendiz en una imprenta, luego fue grumete en aquellos barcos de rueda que recorrían el Mississippi. Evitó la Guerra Civil porque no quería pelear del lado de los esclavistas, partió a Nevada tentado por su hermano, en plena fiebre del oro. Ponerse a escribir fue el Plan B cuando fracasó el Plan A. 
El periodismo le dio dinero y alta exposición. En 1870 se casó, tuvo tres hijas y un varón que murió de difteria a los dos años. Con esas tres hijas y su esposa se mudó a un castillo en Connecticut, que pagó con las ganancias de su libro La edad dorada, donde retrataba la codicia de los millonarios norteamericanos. A partir de entonces comenzó su propia edad dorada: publicó Aventuras de Tom Sawyer, Príncipe y mendigo y Aventuras de Huck Finn (lo que llevó a William Faulkner a declarar, cincuenta años después: “Toda la literatura norteamericana viene de los bolsillos del chaleco blanco de Mark Twain”) y también dio rienda suelta a su falta de criterio comercial: además de dilapidar su fortuna financiando inventos que invariablemente fracasaban, llevó a la quiebra su propia editorial, algo que parecía imposible luego de los dos exitazos con que la había iniciado (su Tom Sawyer y las Memorias del general Grant). 
  A los cincuenta y seis años debió salir de nuevo a los caminos, a dar conferencias y escribir para los diarios que le pagaran más. Aceptó una gira por Europa que le permitiría pagar sus deudas. Partió con su esposa, sus hijas y una novela que estaba escribiendo. Ninguno de sus libros hasta entonces le había llevado más de seis meses; éste le llevaría trece dolorosos años.
La idea de Twain era contar la visita de un joven Satán a la Tierra. Dos veces debió abandonar la historia. La primera cuando su hija favorita, Susy, murió de meningitis en Connecticut (había viajado a ver en qué condiciones estaba la casa familiar; la encontraron muerta en esa misma casa, sola, junto a una carta ilegible de 47 páginas). La segunda cuando su esposa Livy murió en el palacio que alquilaban en Florencia (la propietaria del palacio, la condesa Massiglia, prohibió que la enferma yaciera en el dormitorio principal, por temor a futuros contagios).
Enloquecido de pena, furioso contra la religión en general y contra la Ciencia Cristiana en particular (su hija Susy se había puesto en manos de Mary Baker Eddy, la fundadora de la Christian Science), Twain reformuló la novela que estaba escribiendo: ahora no hablaba del Diablo sino sobre Lo Oscuro, aquello que yace en el fondo de todos nosotros, lo que vemos y lo que no vemos de nosotros mismos. Usando sus recuerdos juveniles como aprendiz de impresor y aquella estadía en Europa, ambientó su novela en un castillo de Austria, en los primeros tiempos de la imprenta, cuando la Inquisición aún castigaba con la hoguera todo lo que pareciese brujería. En ese castillo hay un taller de imprenta clandestino, adonde se presenta en las primeras páginas un misterioso aprendiz llamado simplemente 44. Así se titulaba el libro: 44.
Antes de partir a Europa, Twain se había fascinado con los hermanos siameses Chang y Eng del circo Barnum & Bayley. En sus diarios imaginaba a uno borracho mientras el otro bebía, a uno pensando mientras el otro hablaba. Años más tarde anotó en sus diarios: “Hay dos personas en nuestro interior: el que está despierto y el que aparece cuando dormimos, que se separa de nosotros y puede vagar por donde quiera, haciendo lo que no nos atrevemos a hacer despiertos. Los actos y las palabras de una persona son sólo una ínfima parte de su vida. Su vida verdadera se da en su cabeza y ni siquiera esa persona la conoce. Todos los días, durante todo el día, el molino de su mente muele y tritura esa masa que bulle sin descanso mientras duerme”.
De eso trataba su libro, debajo de toda la parafernalia de época. De eso y de su odio contra la religión. Twain usó 44 como catarsis y como respiro de aquella dolorosa catarsis: escondió, debajo de su proverbial encanto y maestría verbal, ese fuego negro que bullía en su interior contra la superstición, la codicia, la esclavitud, la prepotencia del poderoso y la propia ignorancia. Leerlo es ponerse en sus zapatos: uno puede deslizarse gozoso por su superficie como si patinara sobre hielo y al mismo tiempo ver con escalofríos los monstruos que yacen debajo de esa capa de hielo, en lo profundo de nuestro corazón. 
No fueron fáciles los últimos días de Twain: la menor de sus hijas murió de epilepsia y la única hija sobreviviente, Clara, abrazó la Ciencia Cristiana y se casó por esa iglesia. El libro quedó inédito a su muerte. Siete años más tarde, aquella hija convenció al albacea de Twain para publicar una versión del libro, que no alcanzó a cumplir su cometido (generar dinero): pasó sin pena ni gloria en Estados Unidos, aunque tuvo cierto éxito en traducción (en nuestra infancia se lo conocía como El forastero misterioso). Hubo que esperar medio siglo, hasta que esa hija pasó a mejor vida, para que se supiera que aquella versión no era el libro de Twain: había sido cercenada y manipulada por el albacea (Albert Bigelow Paine), con la anuencia de Clara y la ayuda de un editor religioso llamado Frederick Duneka. Entre los tres suprimieron el 25 por ciento del texto (las “profanidades” según ellos), inventaron un personaje que era astrólogo y le adjudicaron torpemente todas las acciones que en el libro realizaba un maligno cura de la Inquisición y todas las sospechas sobre lo diabólico que estremecen a los cándidos personajes del libro.
Lamentablemente, cuando 44 por fin se publicó, hace poco, fue en una editorial universitaria muy seria de California: nadie ajeno al mundo académico se enteró, razón por la cual hasta el día de hoy son más los lectores que conocen El forastero misterioso que los que saben de la existencia de 44. El último gran libro de Mark Twain, el lado más oscuro del hombre que nos dio las primeras alegrías literarias, lleva un siglo escondido debajo de una copia vil, que apesta a santurronería y a humo de Inquisición. Es un acto de justicia, además de una celebración, que hoy se dé por fin a conocer en nuestro idioma.
* 44, de Mark Twain, acaba de ser publicado por Tusquets, en su colección Rara Avis.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

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aprendizaje 

automático,

mejor que

machine learning

Recomendación urgente del día
La expresión aprendizaje automático es una alternativa al anglicismo machine learning.
En los medios de comunicación cada vez son más frecuentes frases como «Qué es “machine learning” y por qué será tan grande como la llegada de internet», «Dentro de la inteligencia artificial, uno de los campos prioritarios es lo que se conoce como machine learning» o «Los cibercriminales también emplearán métodos de machine learning para potenciar sus ataques».
De acuerdo con la base de datos terminológica compartida por las instituciones europeas, la expresión machine learning, con la que se hace referencia a una rama de la inteligencia artificial cuyo objetivo es desarrollar técnicas que permitan a las computadoras aprender, equivale en español a aprendizaje automático.
Aunque la forma inglesa se traduce a menudo como aprendizaje de máquinasse trata de un calco menos extendido y no recomendable, pues su significado es menos transparente al resultar ambiguo si las máquinas son las que aprenden o estas son objeto de aprendizaje por parte de las personas.
Así pues, en los ejemplos anteriores lo recomendable habría sido escribir «Qué es el aprendizaje automático y por qué será tan grande como la llegada de internet», «Dentro de la inteligencia artificial, uno de los campos prioritarios es lo que se conoce como aprendizaje automático» y «Los cibercriminales también emplearán métodos de aprendizaje automático para potenciar sus ataques».

quinta-feira, 5 de abril de 2018

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flexiseguridad,

acrónimo válido

Recomendación urgente del día
El término flexiseguridad es un acrónimo válido a partir de flexibilidad y seguridad, con el que se hace referencia a un tipo de política laboral que pretende combinar la flexibilidad en contratos y despidos con la seguridad o protección durante el tiempo de desempleo.
En los medios de comunicación pueden verse frases como «La flexiseguridad como motor de la reforma laboral europea», «Rivera aboga por la flexiseguridad» o, con la variante flexiguridad, «El sistema de flexiguridad de Dinamarca, por ejemplo, muestra cómo los marcos regulatorios pueden brindar protección y flexibilidad al mismo tiempo».
El acrónimo flexiseguridad alude a un tipo de mercado laboral sin restricciones para el contrato o el despido, pero con elevada protección de desempleo y políticas activas para la formación continua.
Se trata de un modelo que tiene su origen en Dinamarca a principios de los años ochenta y que ha sido adaptado posteriormente a países como Holanda, Austria o Alemania.
También se ve en ocasiones la variante flexiguridad, que, sin ser incorrecta, es menos recomendable que flexiseguridad, que puede resultar más transparente en su significado y goza de mayor uso.
Por tanto, los ejemplos anteriores son correctos, aunque en el último habría sido preferible escribir «El sistema de flexiseguridad de Dinamarca, por ejemplo, muestra cómo los marcos regulatorios pueden brindar protección y flexibilidad al mismo tiempo».

quarta-feira, 4 de abril de 2018

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intocable

no necesita comillas

Recomendación urgente del día
El sustantivo intocable, que se aplica a quien forma parte del grupo social más bajo de la India, no es necesario destacarlo con comillas ni cursiva.
En los medios de comunicación pueden verse frases como «Ocho muertos en la India por las protestas de los ‘intocables’» o «La frustración de los ‘intocables’ estalla en India con protestas y disturbios».
El Diccionario de la lengua española recoge la palabra intocable como adjetivo (‘que no se puede tocar’) y como sustantivo común en cuanto al género (el intocable la intocable), en este caso con el significado de ‘en la India, persona considerada impura, perteneciente a la más baja categoría social y cuyo contacto procuran evitar las demás castas’.
Teniendo en cuenta que se trata de un uso asentado y recogido en el Diccionario académico, no hay razón para destacarlo con comillas, por lo que en los ejemplos anteriores habría sido preferible prescindir de ellas.
Con este mismo sentido puede emplearse el vocablo paria, definido como ‘habitante de la India, de ínfima condición social, fuera del sistema de las castas’, si bien suele utilizarse también con el sentido más amplio de ‘persona excluida de las ventajas de que gozan las demás, e incluso de su trato, por ser considerada inferior’.
Por otra parte, en ocasiones se hace referencia a los integrantes de este grupo social con la forma dalit: «La víctima pertenece a la marginada comunidad de ‘los Dalit’» o «Miles de dalit se manifiestan en Bombay tras la muerte de un miembro de la comunidad».
En este sentido, cabe señalar que lo adecuado es someter la transcripción dalit a las normas ortográficas y gramaticales del español, por lo que se escribe en minúscula, sin tilde, pues es voz aguda, y su plural es los dalits, no los dalit (igual que el plural de debut es debuts).
Por tanto, en las dos frases anteriores lo apropiado habría sido escribir «La víctima pertenece a la marginada comunidad de los dalits» y «Miles de dalits se manifiestan en Bombay tras la muerte de un miembro de la comunidad».

terça-feira, 3 de abril de 2018

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eCall

es

llamada de emergencia

Recomendación urgente del día
Llamada de emergencia o botón de emergencia son alternativas posibles a eCall.
Con motivo de la implantación obligatoria de este sistema en los vehículos que se matriculen a partir del 1 de abril de 2018 en la Unión Europea, en los medios de comunicación pueden verse frases como «El sistema e-Call ayudará a incrementar la seguridad vial a través de una reducción significativa en los tiempos de respuesta de los servicios de emergencia», «La Unión Europea hace obligatorio el botón ‘e-call’» o «El ‘ecall’ ya es obligatorio en todos los turismos nuevos en Europa».
El eCall es un sistema inteligente de llamada de emergencia que se activa de manera automática en caso de accidente o que los ocupantes del vehículo pueden activar.
Por extensión, se da ese nombre a la llamada y al botón que permite hacerla, por lo que las expresiones llamada de emergencia y botón de emergencia son alternativas válidas en español a la forma inglesa, que, además, explican de forma más transparente su significado.
El nombre dado por la Unión Europea al sistema es el acrónimo inglés formado por los términos emergency (‘emergencia’, del que toma la e) y call(‘llamada’), y se pronuncia /icól/, siguiendo la pronunciación original.
Si se prefiere usar esa forma, lo adecuado es escribirla en redonda, por tratarse de un nombre propio, sin guion y con la letra c en mayúscula, como señala la base terminológica de la Unión Europea y se aprecia en los documentos comunitarios.
De esta manera, en los ejemplos anteriores habría sido más acertado decir «El sistema de llamada de emergencia ayudará a incrementar la seguridad vial a través de una reducción significativa en los tiempos de respuesta de los servicios de emergencia», «La Unión Europea hace obligatorio el botón de emergencia» y «El eCall ya es obligatorio en todos los turismos nuevos en Europa».

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