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sexta-feira, 4 de maio de 2018

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

igual de,

expresión invariable

Recomendación urgente del día
En la construcción comparativa igual de, el adverbio igual permanece invariable: igual de furiosos y no iguales de furiosos.
En los medios pueden verse frases como «Los demás vehículos son iguales de lujosos», «Todos los políticos son iguales de corruptos» o «Sus métodos son iguales de antidemocráticos que los de las autoridades».
Esta construcción, según queda recogida en el Diccionario panhispánico de dudas, es una locución formada por el adverbio igual, y, como tal, debe permanecer invariable.
Así, en los ejemplos antes citados lo adecuado habría sido escribir «Los demás vehículos son igual de lujosos», «Todos los políticos son igual de corruptos» y «Sus métodos son igual de antidemocráticos que los de las autoridades».
Ver también: las mejor vestidas, y no las mejores vestidas.

quinta-feira, 3 de maio de 2018

FILOSOFÍA


Marco Aurelio, meditaciones para vivir

Autor: Esteban López 

marco-aurelio

Marco Aurelio (121-180 AD) fue un emperador romano y filósofo muy amado por su pueblo. Se le conoció por una gran humanidad, adherencia a la justicia y espíritu pacífico. Roma como imperio conoció a cinco buenos emperadores: Nerva, Trajano, Adriano, Antonino Pío y Marco Aurelio. Hay informes sobre todos ellos gracias al historiador Tácito, el biógrafo Suetonio y Casio Dión.
Marco Aurelio nació en Roma en el año 121, pero sus antecesores habían vivido antes en Córdoba, Sevilla y Cádiz, donde habían amasado una enorme fortuna con la explotación olivarera. Quedó huérfano siendo un niño y fue adoptado por su abuelo, Vero, de quien escribió, “De mi abuelo Vero heredé un carácter afable y poco dado a la cólera “.
De su madre, Domicila Lucila, quien ejerció en el joven Marco una gran influencia, escribió, “De mi madre, en cambio, heredé la religiosidad, la generosidad y una tendencia a no obrar mal, a ni siquiera pensar mal; y también a llevar una vida frugal y poco apegada a las riquezas “. Y de su bisabuelo, “le debo la costumbre de no discutir en público y de frecuentar a los mejores maestros, consciente de que en tales asuntos no conviene reparar en gastos “.
De su tío y padre adoptivo, el emperador Antonino Pío, escribe de forma elogiosa y agradecida:
De mi padre aprendí la mansedumbre de ánimo y una serena firmeza a la hora de sostener las decisiones que tomo tras sopesar pros y contras; a no vanagloriarme con honores vacuos; a amar el trabajo y a ser perseverante; a prestar atención a quienes pueden aportar algún beneficio a la comunidad… Aprendí a ser riguroso y constante a la hora de investigar y a no darme por satisfecho con las primeras impresiones; el afán por conservar los amigos, sin disgustos ni acaloramientos locos; la autosuficiencia y la serenidad en todo… Me enseñó a usar los bienes que contribuyen a hacer la vida más fácil – y la fortuna se los había ofrecido generosamente – sin afectación y con honradez; él los tomaba con naturalidad cuando estaban a su alcance, y no los echaba en falta cuando escaseaban… Nunca fue cruel, ni hosco ni violento, y nadie pudo decir de él: ‘está que bufa’. Al contrario, sopesaba cada cosa en cada momento en con calma, sin inmutarse, ordenadamente, con decisión y sentido de la proporción. Y cuadraría a la perfección decir de él lo que se decía de Sócrates: que podía abstenerse y disfrutar al mismo tiempo de aquellos placeres que pocas personas son capaces de rechazar y a cuyo goce se abandona casi todo el mundo. Tener tal vigor y mostrarse superior y sobrio al mismo tiempo es algo propio de una persona que posee un espíritu equilibrado e indómito, cosa que demostró durante la enfermedad que llevó a Máximo a la tumba”.
Pero fue su maestro, Junio Rústico, quien más influyó en su formación, hasta el grado de que suele admitirse que, sin esa influencia, Marco Aurelio habría llegado a ser emperador pero no filósofo, y mucho menos el autor de sus conocidas Meditaciones. Todo lo anterior ilustra muy bien cómo el ser humano que finalmente se llega a ser, depende en gran medida del entorno y de las influencias que se reciben.
En el ámbito del Imperio romano no era poco común que miembros de clase influyente se interesaran, además de en los deberes en el Senado, en el estudio de la filosofía, la poesía, la historia o la literatura. Fueron los casos también de Cicerón y Séneca. Y fue la filosofía estoica la que más cautivó a Marco Aurelio después de haber leído una copia de las Disertaciones del filósofo Epícteto que le había regalado su maestro Rústico.
En la antigüedad ser filósofo no era, como sucede hoy día, dar clases o escribir libros. Era más bien alguien cuya vida seguía la línea de las ideas de alguna escuela filosófica. Era una posición o actitud más vital que profesional. En el caso de Marco Aurelio, parece que estaba vinculado al movimiento o escuela filosófica del Estoicismo, sobre todo a su ética, cuyo pensamiento era el de la ‘coherencia con uno mismo‘, y que hunde sus raíces en la ética socrática, la física de Heráclito y la dialéctica de Aristóteles. El estoico debía acomodar su vida armónicamente a la naturaleza de la que todos formamos parte, lo que proporciona libertad e independencia de los demás factores externos (“nada es malo si es conforme a la naturaleza “). Asume además la idea de la fraternidad universal entre todos los seres humanos, como es el caso del Estoicismo de Séneca y Epicteto.
Las Meditaciones de Marco Aurelio consisten en un conjunto de escritos o notas de carácter personal, mezcolanza de ideas y apuntes desordenados y repetidos. Las escribió hacia el final de su vida y están divididos en doce libros. A veces la narración es en primera persona y parece que el autor escribe de sí mismo y para sí mismo; otras veces escribe en tercera persona, y otras son citas de otros filósofos o pensadores. Y aunque trata de diversos temas relacionados con llevar una vida buena, parece que el más recurrente de todos es el de lo efímero de la existencia y que más pronto que tarde todos desaparecemos. Es interesante el hecho de que en las Escrituras hebreas o Antiguo Testamento de la Biblia, encontremos un estilo de pensamiento parecido en el caso del libro de Eclesiastés con aquella expresión tan propia de su autor de “todo es vanidad y un esforzarse para nada “.
Marco Aurelio muestra sabiduría práctica en sus escritos basada en la experiencia y la observación personal. Fue un hombre profundamente reflexivo que intentó plasmar lo que significa vivir una vida buena y de provecho. Su pensamiento, sigue siendo actual en muchos aspectos, tanto como es el caso de muchos otros clásicos, y que siempre sorprenden por su actualidad. Muchas de sus ‘meditaciones’ calan por su sentido común y brillo certero. Sin embargo, carecen de lo que a menudo a mucha filosofía humana le falta: la esperanza de que esta existencia no sea simple ‘vanidad y un esforzarse para nada’.
Algunas de sus ‘Meditaciones’
La felicidad de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos: por lo tanto mantén la guardia y cuida de que se entretengan en nociones adecuadas a la virtud y el carácter razonable “.
Cuando te veas obligado por las circunstancias a entrar en estado de turbación, retorna a tu propio ser cuanto antes, y no rompas tu ritmo más de lo necesario. Serás tanto más dueño de tu armonía interior cuanto más retornes a él“.
“Los elementos de la naturaleza se mueven hacia arriba, hacia abajo, en círculo; pero la virtud se mueve de otra manera bien distinta: es algo divino, y camina felizmente por un sendero inconcebible”.
La gente busca el retiro en el campo, en el mar o en la montaña; y tú también sueles buscar tales retiros; pero todo ello es de lo más vulgar, porque puedes retirarte hasta tus adentros cuando lo desees. En ninguna parte puede el hombre hallar lugar más tranquilo ni más libre de preocupaciones que en su propia alma… Concédete ese tipo de retiro una y otra vez, y renuévate “.
No actúes como si fueras a vivir diez mil años. El destino pende sobre nosotros, de modo que mientras vivas y te sea posible, sé un hombre de bien”.
Aporta no solo la tranquilidad de ánimo que permite obrar bien, sino además la que se deriva de no estar demasiado ocupado. Lo cierto es que la mayor parte de las cosas que decimos y que hacemos, al no ser imprescindibles, las podríamos suprimir, con lo que conseguiríamos mayor tiempo para el ocio y más tranquilidad… En una palabra: la vida es breve; debemos aprovechar con buen criterio el presente y hacerlo de modo justo. Sé sobrio y vive con tranquilidad de ánimo”.
Presta atención a quienes son sabios y a sus motivaciones. Fíjate en qué cosas evitan y cuáles persiguen “.
Tu dignidad consiste en hacer y decir siempre lo que es conforme a naturaleza. Que no te aparten nunca de tu camino las opiniones o las calumnias de otras personas; por el contrario, si has dicho y hecho lo que se debe, no te consideres indigno. Los demás siguen su propio criterio y sus propios impulsos. Tú no codicies esas cosas y sigue tu camino particular, el que te marca tu naturaleza y la naturaleza común. Para ambas existe un único camino “.
Trata con cariño y generosidad a los animales y en general a todos los objetos, pues tú tienes la razón de la que ellos carecen. Y a los hombres -que además están dotados de razón- trátalos como a iguales. Para dicho cometido, invoca ayuda a los dioses. Y no te preguntes cuánto tiempo tendrás que actuar así: con tres horas que vivieras serían suficientes “.
No te disgustes, ni desfallezcas ni te muestres impaciente si tus acciones no se ajustan a tus rectos principios. Una vez que hayas superado ese contratiempo inicial, inténtalo de nuevo con renovadas fuerzas y date por satisfecho si tus actos y tus objetivos se han vuelto más humanos “.
Ama el modesto oficio que aprendiste y encuentra solaz en él. Pasa el resto de tus días como quien ha confiado a los dioses toda su hacienda, de todo corazón, sin creerte señor ni esclavo de nadie “.
Abstráete en ti mismo; tu conocimiento racional puede, por naturaleza, bastarse a sí mismo con tal de que practique la justicia y, consecuentemente, consiga la calma “.
Cada uno disfruta con una cosa; yo disfruto con que mi conciencia sea sana, con que no dé la espalda a ningún ser humano ni a nada que les afecte; que mire todo con ojos benévolos y acepte y use cada cosa según su valía “.
Esteban López


quarta-feira, 2 de maio de 2018

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

in extremis,

no

en extremis

Recomendación urgente del día
In extremis es la expresión latina correcta, no en extremis.
Sin embargo, en la prensa se encuentran frases como «La anotación en extremis bastó para certificar la victoria» o «Se está haciendo una campaña preventiva inadecuada e insuficiente, ya que muchas de las limpiezas se hacen en extremis, es decir, cuando llueve».
La fórmula latina adecuada de la locución adverbial que significa ‘en los últimos instantes de la existencia’ y ‘en los últimos instantes de una situación peligrosa o comprometida’ es in extremis, con la preposición latina in, no en extremis, con la preposición en español.
Por lo tanto, en los ejemplos anteriores lo adecuado habría sido utilizar la locución latina in extremis, escrita en cursiva, o entrecomillada si no se dispusiera de este tipo de letra, como indica la Ortografía académica.
Ver también locuciones latinas, escritura correcta.

terça-feira, 1 de maio de 2018

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

los nadie y

los nadies,

plurales válidos

Recomendación urgente del día
Tanto los nadie como los nadies son plurales adecuados para hacer referencia a las personas que parecen invisibles para la sociedad.
En los medios de comunicación pueden verse frases como «Los ‘nadie’, víctimas de la xenofobia institucional», «Los nadies y sus sueños», «Nadie habla de los nadie» o «Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada».
Aunque el Diccionario de la lengua española recoge la voz nadieexclusivamente como un pronombre, el diccionario de María Moliner registra esta palabra también como sustantivo, con el significado de ‘persona insignificante, de poca importancia o de poco carácter’.
En la actualidad, este uso sustantivo de nadie está especializándose para designar a un colectivo integrado por todas aquellas personas que parecen invisibles, de las que nadie habla o por las que la sociedad no muestra interés.
Respecto al número, resulta válido emplear tanto los nadie, con el habitual plural invariable que corresponde a los pronombres, como los nadies, considerado ya sustantivo y marcando el plural regularmente, como se hace con otras voces sustantivadas (por ejemplo, el adverbio , plural síes, o el pronombre yo, plural yoes o yos).
Así pues, los cuatro ejemplos iniciales son válidos, si bien las comillas del primero de ellos resultan innecesarias.
Cabe señalar, finalmente, que esta palabra se encierra en el ámbito de lo sociológico, por lo que no equivale al sustantivo don nadie, de uso más general y que a menudo está cargado de un matiz peyorativo.

segunda-feira, 30 de abril de 2018

PALABRAS EN LA JAULA

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Una estatua de Miguel de Cervantes en Alcalá de Henares CreditCurto De La Torre/Agence France-Presse — Getty Images
CAMBRIDGE, Massachusetts — Admirado don Miguel: Quién sabe si andará vuesamerced en el Parnaso o siguiendo los pasos de Virgilio por el infierno, pero me atrevo a perturbar su esparcimiento para participarle algunos hechos notables que están ocurriendo con la lengua española o castellana en unas tierras americanas que vuesamerced tristemente nunca llegó a conocer.
Nuestra lengua, con infinidad de términos trocados desde que nos dejara en 1616, se ha hecho de uso ordinario al norte de este continente y se ha instalado con ímpetu y arraigo en un país llamado Estados Unidos de América. Aquí, el español convive con el inglés, repartiéndose con esa lengua diversos menesteres o creando una angliparla que acaba sirviendo para el entendimiento de las gentes.
Los modos en que el español se despliega por Estados Unidos son cosa de maravillar. Las expresiones se renuevan por doquier; surgen libremente nuevos dichos, difundiéndose mediante unos artefactos que envían misivas al momento, en habla o escritura, y a distancias impensables; los significados se renegocian, al tiempo que giros advenedizos arrinconan a los tradicionales con asombrosa premura. Las palabras del español revolotean en este país como los pajarillos que describe en su Quijote, aquellos que saludaban la venida de la aurora por el manchego horizonte, salvo que aquí el horizonte suele mostrar, no molinos de viento, sino altísimas torres a las que llaman rascacielos.
Como estudioso del lenguaje que soy, he considerado deber inaplazable tomar cumplida nota de lo que está ocurriendo en este país americano. Y, al ser tanto y tan dificultoso, decidí hacerlo por partes. Elegí como primer empeño la colecta de palabras, significados y expresiones cuyo origen está en la llamada lengua inglesa, y confinando mi interés a lo que acontece en Estados Unidos. No por ello dejan de interesarme otras empresas ni reniego de lo que ocurre en latitudes diferentes, pero los que trabajamos con la parla sabemos que los usos proceden de lugares y momentos concretos y que a ellos forzosamente hay que referirse.
Con ese espíritu publiqué un Diccionario de anglicismos del español estadounidense, sin entrar en la disputa de si lo allí dirimido había de llamarse “espanglish” o “español” y si lo incluido eran préstamos o translenguaje. Mi vocabulario, por no querer ser escolar, normativo, ni resolutivo de dudas, podría parecerle a alguno que no es nada, pero en él explico que es un “diccionario diferencial, descriptivo y de uso”. Y es que los diccionarios no tienen por qué ser normativos, ni siquiera cuando los ha confeccionado alguien de una academia.
Los diccionarios que hacen los lingüistas pueden ser descriptivos, como el mío, y, como la realidad lingüística es cambiante, la descripción ha de hacerse cada cierto tiempo para averiguar cómo se desarrolla su evolución. De hecho, “fijar” la exuberante realidad léxica en un simple listado sería como encerrar en una jaula a los inquietos pajarillos de la mañana.
Con toda la prudencia que confiere el haber confeccionado vocabularios que ya se cuentan con los dedos de dos manos, vi salir a la luz mi nuevo repertorio con tanto gozo, como diría vuesamerced, que reventaba por las cinchas del caballo. Pero en esto que el alcaide de la cueva del español en Estados Unidos, el guardián Montesinos que vigila y decide quién sube y quién baja por ella, un encantador llamado Stavans, puso sus ojos en la nueva criatura para afearle algunas notas de su factura, como las que tienen que ver con las nacionalidades y las academias. Me acusa nuestro particular Montesinos en “‘Customizar’ el idioma: los anglicismos y el español” de sostener que las lenguas necesitan una nacionalidad para legitimarse. Nunca he sido de nacionalidades, porque las lenguas las sobrepasan, pero soy de los que piensan que, para el estudio de las lenguas, hay que echar pie a tierra y decir de dónde se entresacan los datos, sin atribuirles geografías que no les corresponden.
La cantidad de variaciones que aquí se hallan es tan copiosa que suenan irrisorias afirmaciones como las de nuestro Montesinos: “eso no se dice” o “eso no lo he escuchado”, ya que nadie ha podido oírlo o leerlo todo. En realidad, algunos de mis datos podrían parecer imprecisiones de artesano, cuando son el simple reflejo de una contrastada realidad. Las cosas se dicen como se dicen y se escriben como se escriben, sin que de ello deba achacarse a dubitación del observador.
El diccionario incluye voces tanto nuevas como consignadas en repertorios anteriores, mas con la diferencia de que ahora han sido contrastadas mediante cuestionarios anotados en todo Estados Unidos, en un invento llamado “internet” y por expertos de las grandes regiones hispanohablantes. Voces como caucioso (precavido), buquear(reservar), taipear (teclear) o yonque (vertedero), entre otro millar escaso, se explican en su origen, significado, uso, sociología, variantes y estilo. Algunas de ellas proceden de las redes sociales digitales, como fangirlear (ser fanático) o favear (marcar como favorito), otras de las nuevas actitudes comunicativas (hateo, ‘odio’, o jarcorear, ‘adoptar una conducta sexual explícita’).
La influencia del inglés en el español —el anglicismo— se presenta en mi diccionario como un proceso dinámico, siempre con posibilidades de evolución desde dentro de la propia lengua. Los anglicismos, como hijos de la convivencia, forman parte esencial del español en Estados Unidos y lo enriquecen. Comprenderlos y explicarlos a través de un diccionario es una manera de aproximarse a ellos. En mi caso, lo intenté hacer más desde el oficio del naturalista que los observa en su hábitat natural que como taxidermista que diseca pajarillos para admirarlos en su quietud.
En cuanto a las academias, don Miguel, hay quienes andan obsesionados con su menosprecio a toda costa, mas de justicia es decir que buena parte de los trabajos de estas sociedades son descriptivos, sin el empeño, por tanto, de meter a la fuerza los pájaros de la lengua en las jaulas de gramáticas y lexicones. A este respecto, soy más del Sancho que rezonga por ser sermoneado, que del Quijote que afea los dichos ajenos. Vale.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Primero de Mayo

en mayúscula, pero

puente de mayo

en minúscula

Recomendación urgente del día
Con la llegada del mes de mayo y la celebración de diversas fiestas, se recuerda el uso adecuado de mayúsculas y minúsculas en los términos relacionados con estas fechas.
En los medios se observa cierta vacilación respecto al empleo de mayúsculas y minúsculas: «El primero de mayo las oficinas públicas estarán cerradas por la conmemoración del día internacional del trabajo», «El día de la madre es un homenaje a la mujer más importante de su vida» o «Cinco ideas para pasar el Puente de Mayo en Andalucía».
Tal y como indica la Ortografía, los sustantivos y adjetivos que forman parte del nombre de festividades, ya sean civiles, militares o religiosas, se escriben con mayúscula inicialPrimero de MayoDía Internacional del Trabajo y Día de la Madre.
Sin embargo, los sustantivos que designan los días de la semana, los meses y las estaciones deben escribirse en minúscula, ya que se consideran nombres comunes. Así, en la expresión puente de mayo, dado que no es una festividad, no hay razón para escribir ninguno de sus términos en mayúscula.
Por tanto, en los ejemplos anteriores habría sido preferible escribir «El Primero de Mayo las oficinas públicas estarán cerradas debido a la conmemoración del Día Internacional del Trabajo», «El Día de la Madre es un homenaje a la mujer más importante de su vida» y «Cinco ideas para pasar el puente de mayo en Andalucía».

sábado, 28 de abril de 2018

ESTOICISMO MODERNO

Más Séneca y menos ansiolíticos

Más Séneca y menos ansiolíticos

Vanidad sin control, obsesión por la seguridad, aceleración tecnológica, ... ¿Qué tiene

que decir el renovado interés editorial por el estoicismo sobre el mundo en el que vivimos?

Cultiva el espíritu porque obstáculos no faltarán. El consejo de Confucio podría haberlo firmado cualquiera de los filósofos estoicos. Una versión moderna de esta máxima se la debemos a Woody Allen: “Si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes”. Un poeta barcelonés la remató con un verso lapidario sobre el inexorable juicio del tiempo: “Que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde”. Esos son, a grandes rasgos, los tres vértices del estoicismo antiguo, que parece resurgir en nuestros días. ¿Se trata de un espejismo? Las sociedades modernas se encuentran dominadas por la rentabilidad tecnocrática del selfie, la autoindulgencia (todo nos lo merecemos, sobre todo si hay desembolso) y el capricho. Se trata de fabricar un ego frágil e injustificadamente vanidoso. Una situación que supuestamente podría remediar una buena dosis de estoicismo. Dado que no podemos controlar lo que nos pasa y vivimos totalmente hacia afuera, atemorizados y estresados, dado que somos más circunstancia que nunca, quizá pueda ayudarnos esta antigua filosofía que inspiró a Marco Aurelio, un hombre que, dada su posición, conoció el estrés mejor que nadie.
Pero en ese desplazamiento, en esa búsqueda de inspiración en el pasado grecolatino, se corre el riego de confundir, y de hecho se hace, estoicismo con voluntarismo, tan vigente y puritano. La cultura del esfuerzo y la búsqueda del éxito dominan las sesiones de coaching, que es, según sus proponentes, el arte de ayudar a otras personas a cumplir sus objetivos o a “llenar el vacío entre lo que se es y lo que se desea ser”. No cabe mayor traición al legado estoico. El voluntarismo reseca el alma y uno de los fines del estoicismo es recrearla. Lo que llamamos “retos” o “metas” no son sino anteojeras que no permiten ver más que un único aspecto de la realidad y uno acaba estrellando el avión contra la montaña, como en el caso de Germanwings. Esas metas nos trabajan por dentro y parecen diseñadas para excluir la contemplación y la observación atenta y desinteresada. Frente a la tiranía de la meta, los estoicos pretendían desembarazarse de pasiones demasiado apremiantes y acaparadoras. De hecho, uno de sus signos distintivos fue considerar la poesía como medio legítimo de conocimiento. La lírica nos mantiene en una actitud abierta y nada sabe de metas y objetivos. La poesía era para los estoicos, sobre todo la de Homero, genuina paideia. Entender esto requiere ganar una libertad interior, no estar eternamente abducidos por el circo o las pantallas, una independencia moral, no la opinión general o el vocerío de Twitter, y trascender la dependencia de la persona respecto a su parte animal (en el supuesto de que el hombre es ese ser singular que, como decía Novalis, vive al mismo tiempo dentro y fuera de la naturaleza). Con ese “cuidado de sí”, que Marco Aurelio llamaba meditaciones, era posible lograr una autarquía ética que tendría una importancia decisiva en el pensamiento político griego.
No quedan muy lejos algunos ejemplos de estoicismo moderno. Wittgenstein cuenta que de joven experimentó esa sensación de que “nada podía ocurrirle”. Era un modo de decir que, ocurriera lo que le ocurriera (una bala perdida, un cáncer), sabría aprovechar la experiencia. Una actitud que le permitió asumir el puesto de vigía en medio del fuego cruzado durante la primera gran guerra. Algo parecido encontramos en Simone Weil, siempre arriesgándose, ya fuera en la fábrica de la Renault o en los hospitales de Londres, con la humildad como valor supremo, que hace que el ego no apague la llama de lo divino. Curiosamente, la actitud de estos dos grandes filósofos, en los que reviven los viejos ideales grecolatinos, contrasta con algunas obsesiones actuales. Desde el miedo al propio cuerpo, que requiere un examen continuado, hasta la obsesión por la seguridad (to feel safe, to feel at home). Como si un escáner o un refugio pudieran otorgar esa tranquilidad, como si hubiera que encerrarse para sentirse seguro. Mientras un mandatario reciente se preguntaba cuánto dinero necesitaba para sentirse seguro y, al no hallar la cifra, se consagró a amontonar capitales, Wittgenstein se exponía en la trinchera y Weil en la columna de Durruti.
El estoicismo supone, como apuntó Zambrano, la recapitulación fundamental de la filosofía griega. En este sentido fue y es tanto un modo de vida como un modo de estar en el mundo. Zenón de Citio, natural de la colonia griega de Chipre, figura como fundador de la escuela. Tenían algo en común con los cínicos, sobre todo la vida frugal y el desprecio de los bienes mundanos, y reflexionaron sobre el destino y la relación entre naturaleza y espíritu. Hubo un estoicismo medio (platónico, pitagórico y escéptico), pero los que dieron fama a la escuela fueron sus representantes romanos: un emperador, un senador y un esclavo. Todos ellos surgieron, como ahora, al abrigo del Imperio. Aquel imperio era militar, el de hoy es tecnológico. Imaginen ustedes a Zuckerberg abrazando el estoicismo; pues bien, eso es lo que hizo el emperador Marco Aurelio. Séneca nació en la periferia del Imperio, en la colonia bética de Hispania, pero fue una figura fundamental de la política en Roma, senador con Calígula y tutor de Nerón. Epicteto había llegado a la ciudad siendo un esclavo. Cuando fue liberado fundó una escuela, y aunque, siguiendo el ejemplo de Sócrates, no escribió nada, sus discípulos se encargarían de transmitir su legado.
Moralistas y contemplativos, todos ellos defendieron la vida virtuosa, la imperturbabilidad y el desapasionamiento, sentimientos todos ellos muy poco rentables para una sociedad del entretenimiento. El estoicismo conquistó gran parte del mundo político-intelectual romano, pero, a diferencia del 15-M, no cristalizó en “partido”, sino que se decantó en norma de acción y su influencia alcanzaría a grandes filósofos como Plotino o Boecio. No entraremos a describir su refinada lógica, pero merece la pena recordar que la subordinaban a la ética. Al contrario de hoy, al menos en el mundo financiero, donde el algoritmo domina la moral. Destaca en ella su doctrina de los indemostrables, probablemente de origen indio. Concebían el alma como un encerado donde se graban las impresiones. De ellas surgen las certezas (si el alma acepta la impresión) y los interrogantes (si es incapaz de ubicarla). Para los estoicos, el mundo era, como para nosotros, sustancialmente corporal, pero su física no niega lo inmaterial. Concibe la naturaleza como un continuo dinámico, cohesionado por el pneuma, un aliento frío y cálido, compuesto de aire y fuego. Heredaron de Heráclito el fuego como principio activo y primordial, del que han surgido el resto de los elementos y al que regresarán. Como el humor o el llanto, el pneuma no se desplaza, sino que se “propaga”, contagiando alegría o enfermedad.
Hoy no estaría de más poner en práctica algunos de sus principios. El imperativo ético de vivir conforme a la naturaleza, que nuestro planeta agradecería. El ejercicio constante de la virtud, o eudemonía, que permite el desprendimiento. Y, finalmente, lo que Nietzsche llamó el amor fati, la aceptación y querencia del propio destino, remedio eficaz para todo aquello que produce desasosiego. No puede decirse que estos principios proliferen en nuestros días. Si un viejo estoico pudiera asomarse a nuestro tiempo, vería, en las grandes desigualdades propiciadas por la economía financiera, un descuido de sí, un olvido de esa autonomía moral que evita que se desaten emociones como el miedo y la vanidad, que crean la codicia. Emociones contrarias a la razón del mundo que, en nuestro caso, es la razón del planeta.

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