Con motivo de las elecciones presidenciales que se celebran este fin de semana en México, se ofrecen algunos consejos específicos para una adecuada redacción de las noticias relacionadas con este acontecimiento.
Además, en esta otra recomendación pueden consultarse unas claves generales válidas para la cobertura de cualquier proceso electoral.
1. México, mejor que Méjico, y su capital, Ciudad de México
El nombre oficial del país es Estados Unidos Mexicanos; sin embargo, habitualmente se emplea la denominación México, cuya x mantiene el sonido de j que esta grafía tenía antiguamente.
Su capital, antes denominada México D. F., se llama desde el año 2016 Ciudad deMéxico, con la c mayúscula, puesto que la palabra ciudad forma parte del nombre.
2. Los partidos y las coaliciones, con mayúsculas iniciales
Las palabras significativas de los nombres de los partidos, las coaliciones y las iniciativas ciudadanas se escriben con mayúscula: Partido Revolucionario Institucional(PRI), Partido Acción Nacional(PAN), Todos por México, El Día Después…
3. Priista, no priísta
El término priista, referido a los partidarios del Partido Revolucionario Institucional de México, se escribe sin tilde (no priísta), ya que dos vocales iguales juntas forman siempre un hiato, de modo que se trata de una palabra trisílaba, llana y terminada en vocal.
Para aludir a quien ya no milita en esa formación, lo adecuado es utilizar la voz expriista, en una sola palabra y sin guion (no ex priista ni ex-priista), siguiendo las reglas de escritura de prefijos.
4. Las mayúsculas también se acentúan
Las palabras escritas en mayúsculas se tildan siguiendo las normas generales de acentuación, igual que las minúsculas, por ejemplo: RICARDO ANAYA CORTÉS, ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR…
5. República, minúsculas y mayúsculas
El término república se escribe como norma general con minúscula, excepto cuando forma parte del nombre de un país (no es el caso de México) o de una institución (Presidencia de la República). La Ortografía de la lengua española recoge la posibilidad de que algunos nombres comunes, como este, se empleen con mayúscula por antonomasia.
6. La presidenta, la vicepresidenta, la jefa de Gobierno…
Presidenta, vicepresidenta y jefa son los femeninos recomendados de presidente, vicepresidente y jefe, por lo que lo preferible es emplear estos términos para referirse a una mujer que ocupe esos cargos.
7. Gobernatura/gubernatura
Tanto gobernatura como gubernatura son términos correctos para aludir al ‘ejercicio del cargo del gobernador’, como señala el Diccionario de americanismos, que indica que en México se usa con más frecuencia la forma con u.
8. De facto, en cursiva
La locución latina de facto, que significa literalmente ‘de hecho, sin reconocimiento jurídico, por la sola fuerza de los hechos’, se escribe en cursiva por ser un extranjerismo: «El Gobierno es una alianza de facto».
9. Sobrerrepresentación, con doble erre
El término sobrerrepresentación, que hace referencia a la obtención por un partido político de un porcentaje de curules o escaños superior al porcentaje de votos obtenidos o permitidos por la ley, se escribe con doble r, de acuerdo con las normas de escritura de la grafía rr en palabras prefijadas y compuestas.
10. Cazamapaches, en una sola palabra
La expresión cazamapaches, utilizada para referirse a las personas que se dedican a detectar cualquier intento de compra o coacción del voto durante la jornada electoral, se escribe en una sola palabra y sin guion (no caza mapaches ni caza-mapaches), con minúscula inicial y no necesita cursivas ni comillas.
La irrupción de un tercer género gramatical sacude viejos hábitos y causa polémica, pero es además un intento de que el lenguaje se adecue a las nuevas realidades
La irrupción de un tercer género gramatical sacude viejos hábitos y causa polémica, pero es además un intento de que el lenguaje se adecue a las nuevas realidades
Hace unas semanas, una estudiante secundaria habló por televisión en el contexto de la movilización por la legalización del aborto. El contenido no llamó la atención, pero sí algunas palabras que incluyó en su discurso, con una naturalidad pasmosa. Explicó que "les estudiantes" resolvieron tomar el colegio "hasta que termine la sesión de diputades".
Este novedoso uso consiste en la creación de un tercer género gramatical con desinencia en "e" en reemplazo del valor genérico, no marcado, que el masculino tiene en nuestra lengua para algunos pronombres, sustantivos y sus modificadores que refieran a seres animados. Dicho de otra forma, en español, como en muchos otros idiomas, el masculino cumple más de una función: en singular y en plural, sirve para referirse a hombres, pero también a la especie en su conjunto. Frente a esto, este tercer género propone limitar el masculino a la función específica de referirse solo a hombres, mientras ofrece otro -más preciso- para el valor genérico.
La entrevista se viralizó y tuvo al menos dos efectos. Mucha gente se enteró entonces por alguna pantalla de que hay en nuestra lengua algunas propuestas de cambio en marcha. Pero también, entreverado el nuevo uso con temas polémicos como aborto, tomas de colegios, feminismo y diversidades sexuales, dejó que quien así lo prefiriera pudiera confirmar sus prejuicios, apoltronándose en la idea errónea de que estaba ante un fenómeno nuevo, local y afectado.
No creo que sea así. La insatisfacción con el uso del masculino genérico lleva ya varias décadas. La solución con desinencia en e no es más que un mojón, no sabemos si el último, en un largo camino espontáneo de prueba y error. Vimos desdoblamiento ("diputados y diputadas"), que ofrece una alternativa pero duplica, en contra del principio de economía que suele prevalecer en la lengua. Vimos la x y la @ ("diputadxs", "diputad@s"), igual de compactos que el masculino como genérico, más precisos, pero impronunciables. Y ahora la e parece estar imponiéndose en una suerte de supervivencia lingüística del más apto, porque ofrece concisión y pronunciabilidad. Es, vale decirlo, incluso mejor que algunos usos aceptados desde hace mucho en nuestra lengua, como el "diputados/as", tampoco fácil de leer.
Por otra parte, basta un googleo para ver que el fenómeno no es solo porteño ni privativo de una orientación partidaria, sino que ocurre en otros lugares del país de modo transversal y también en otros países hispanoparlantes. Sin contar con que, además, algo parecido viene ocurriendo también en otras lenguas, como el francés, el portugués y el alemán, con similar adhesión y resistencia que en la nuestra.
Se le objeta a este nuevo género que pretende modificar un orden que, a los ojos de muchos, funciona bien. En pocos ámbitos de nuestra vida tiene el hábito tanta fuerza como en el idioma que usamos. El genérico en e (les diputades, les alumnes, nosotres) representa sin duda una violencia importante para nuestras costumbres. Leído o escuchado por primera (o segunda o centésima) vez, a muchos les suena "raro". Algunos, por ejemplo, señalaron jocosamente que "todes les diputades" les sonaba a "le mer estebe serene". Puede ser. Pero no más que "todas las diputadas" a "la mar astaba sarana" y "todos los diputados" a "lo mor ostobo sorono".
Hay también quienes nos recuerdan que el nuevo género es gramaticalmente innecesario, puesto que lo que esta novedad propone ya lo hace bien, y con pleno consenso entre los lingüistas, el uso no marcado del masculino. No me parece gran idea aducir la norma como argumento en contra de la propuesta de modificación de la norma, sobre todo cuando esa voluntad de modificación no parte ni de la ignorancia ni de la mala comprensión de la norma, sino más bien de un malestar con ella. Algo distinta, aunque se vea semejante, me parece la reacción de la RAE cuando afirma la norma ante la consulta frente al cambio. Está haciendo lo que debe hacer. Sería un error de su parte aceptar prematuramente cambios en proceso, incipientes, extendidos, pero todavía minoritarios.
¿De dónde viene el malestar con el masculino como genérico? ¿Tiene que ver con la militancia feminista y los movimientos por la diversidad? En parte sí. Seguramente sin estos movimientos no habríamos estado atentos a estas cuestiones. Pero me parece que solo con el impulso de estos grupos este fenómeno lingüístico habría quedado en jerga de nicho. Según yo lo veo, el tercer género no es resultado de un proyecto militante que busca cambiar el lenguaje para que el lenguaje cambie el mundo, sino más bien un intento espontáneo de que el lenguaje se adecue mejor a una realidad que ya cambió. Es cierto que cómo nombramos la realidad tiene efectos en cómo la percibimos, pero no es menos cierto que hay a veces también razones prácticas detrás del modo en que la lengua se configuró, así como también en el modo en que la seguimos usando.
No resulta difícil entender por qué el masculino funcionó siempre muy bien como genérico. Ni por qué, hasta hace poco, eso no llamó mayormente la atención de nadie y hoy sí. A lo largo de nuestra historia y hasta no hace tantas décadas, como resultado de la discriminación de la mujer, los grupos relevantes y más visibles en la vida cívica, pública y profesional de nuestras sociedades estaban compuestos exclusiva o mayoritariamente por hombres. En ese contexto tenía pleno sentido, por el principio de mayorías, utilizar el género numéricamente dominante para referirse al grupo, al hombre para referirse a la especie, más aún si muchas veces el grupo no incluía más que varones. Y tiene pleno sentido que a nadie eso le sonara discordante, como no suena discordante, tal como lo indica la última Gramática de la RAE, que en grupos históricamente con mayoría de mujeres -enfermeras, amas de casa, secretarias, azafatas- el género gramatical femenino pueda utilizarse como genérico.
Ignacio Bosque, gran lingüista y miembro de la RAE, nos da un ejemplo sugestivo. "Los directivos acudirán a la cena con sus mujeres", nos dice, es sexista, pero expresiones como "los trabajadores de la empresa", con un impecable masculino genérico, no lo es. Tiene razón, pero también veo evidencia ahí de por qué a algunos hoy les resultan insatisfactorias por imprecisas y muchas veces confusas las dos frases casi por igual. Hace, digamos, un siglo, las chances de que entre los directivos de cualquier institución hubiera mujeres eran casi nulas. Ahora ya no. El masculino como genérico hoy no implica, entonces, tanto un trato lingüísticamente discriminatorio o sexista, sino sobre todo un desajuste con una realidad que poco a poco, y ciertamente en las escuelas y universidades a las que asisten los jóvenes que han ido incorporando progresivamente el tercer género, ya ha dejado (y sigue dejando) en gran parte de ser así.
¿Es este cambio indispensable? No, de ninguna forma. ¿Es descabellado? Tampoco. Tenemos, como todos, una lengua hermosa. Una lengua en la que, como en todas, pugnan el impulso de conservar y el impulso de actualizar. Vivimos, creo, un momento de gran vitalidad en nuestras lenguas y en nuestras sociedades. Hay hace un tiempo un cambio gramatical grande en proceso, incipiente, pero -en cuanto incipiente- avanzado. No sabemos si quedará en intento pasajero o si terminará por modificar la estructura de nuestra lengua. No veo señales de alarma. Lo más cauto y sensato ahora es, creo, esperar atentos. Y mientras tanto disfrutar, tanto como a cada uno de nosotros nos lo permitan nuestros hábitos y resquemores, de este gigantesco experimento natural de final incierto que está pasando ahora mismo delante de nuestros ojos.
Doctora en Lenguas y Literaturas Romances; profesora de la Universidad Torcuato Di Tella
Con motivo de la celebración del Día Internacional del Orgullo LGTB, se ofrecen algunas recomendaciones sobre términos que pueden aparecer en las informaciones de este encuentro mundial.
1. Día Internacional del Orgullo LGTB
Los nombres de los días internacionales se escriben con mayúscula en los términos relevantes. Por lo tanto, la escritura adecuada de esta festividad es Día Internacional del Orgullo LGTB y su mención abreviada: Día del Orgullo.
También es posible utilizar en español la traducción Orgullo Mundial así como la versión abreviada Orgullo (en ambos casos con el año, si se alude de modo específico a cada edición, o sin él). De modo más informal pueden emplearse denominaciones como fiesta o manifestación (mundial) del orgullo LGTB, en minúsculas por tener carácter descriptivo.
2. Lesbianas, gais, transexuales y bisexuales (LGTB)
Las siglas LGTB, correspondientes a este colectivo, se escriben en mayúsculas y sin puntos. En algunas ocasiones se pueden encontrar extensiones de esa sigla que añaden las letras I de intersexual, A de asexual… (LGTBIA). Por otro lado, el orden de las letras que conforman esta sigla puede alterarse en función de distintas razones (GLTB, LTGB…).
3. LGTBfobia
Este término se escribe unido, sin necesidad de guion o de espacio:LGTBfobia. También está bien formada en español la forma elegetebefobia. Con este mismo sufijo se construyen sustantivos como lesbofobia, homofobia, transfobia y bifobia.
Para referirse a la persona que muestra rechazo a este colectivo se recomienda emplear la forma LGTBfóbico, también en redonda y sin comillas.
4. Gais, plural de gay
El plural del término gay es gais, se forma cambiando la y por i y añadiendo una -s. Cuando gay funciona como adjetivo, concuerda con el sustantivo al que califica, como en boda gay, bodas gais.
5. Gais y lesbianas, mejor que homosexuales y lesbianas
Se recomienda usar la expresión gais y lesbianas, en lugar de homosexuales y lesbianas, ya que el término homosexual puede aplicarse tanto a hombres como a mujeres y es, por tanto, redundante.
6. Transgénero y transexual
Aunque en algunos contextos se emplean indistintamente para referirse a las personas cuya identidad de género no se corresponde con el sexo que se les asignó al nacer, en otros transexual se aplica solo a quienes, además, han iniciado un proceso de reasignación mediante tratamientos como la hormonación o la cirugía.
7. Trans, acortamiento válido
Trans es un acortamiento válido tanto de transexualcomo de transgénero y, al igual que estas voces, es un adjetivo que se emplea en ocasiones como sustantivo («un/una trans»). La comunidad LGTB rechaza este uso y prefiere que se utilice como adjetivo («una persona trans»). En todo caso, no es preciso destacarlo con cursivas ni comillas.
8. Travesti y transexual no son lo mismo
Untransexual es una persona cuya identidad de género no se corresponde con el sexo que se le asignó al nacer, mientras que un travesti (o travestí) es alguien ‘que se viste y caracteriza como alguien del sexo contrario’.
9. Arcoíris, mejor que arco iris
Se recomienda escribir arcoírisen una sola palabra y con tilde en la i, mejor que arco iris, en expresiones como bandera arcoíris, manifestación arcoíris o liga arcoíris. Su plural es invariable, arcoíris, aunque si usamos la forma arco iris su plural es arcos iris.
El término asteroidehace referencia a un cuerpo menor del sistema solar que orbita alrededor del Sol; mientras que meteoro y meteorito dan nombre a los cuerpos sólidos procedentes del espacio que entran en la atmósfera terrestre.
En los medios de comunicación es frecuente hallar casos en los que se confunden esos conceptos: «Este meteoro en realidad no significa ningún peligro, ya que en su momento de mayor proximidad estará a una distancia de 4,2 millones de kilómetros» o «Un meteoro de 40 metros de diámetro pasará por la Tierra».
El Diccionario de la lengua española explica que un asteroide es un ‘cuerpo menor del sistema solar, de dimensiones inferiores a 1000 km de diámetro y que frecuentemente gira alrededor del Sol entre las órbitas de Marte y Júpiter’.
Por su parte, un meteoroide es un cuerpo celeste que se desprende de otros de mayor tamaño, como planetas o asteroides. La Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales explica que si es atraído por la gravedad terrestre y cruza la atmósfera dando lugar a una estrella fugaz se denomina meteoro, término también utilizado para nombrar a cualquier fenómeno que se origina en la atmósfera, como la nieve o el arco iris. Si este cuerpo llega a caer sobre la superficie de la Tierra, recibe el nombre de meteorito.
Así, en los ejemplos anteriores lo adecuado habría sido escribir «Este asteroide en realidad no significa ningún peligro, ya que en su momento de mayor proximidad estará a una distancia de 4,2 millones de kilómetros» y «Un asteroide de 40 metros de diámetro pasará por la Tierra».
Con todo, a muerte, a tope y a por todas son alternativas válidas a la expresión a full (o a ful en su forma adaptada).
En los medios de comunicación se pueden ver frases como «Si no estoy a full, me tengo que ir», «Las autoridades policiales estarána full laburando en los alrededores para evitar cualquier cruce entre las hinchadas» o «Es el partido. Vamos a ir ‘a full’ desde el inicio».
Esta expresión híbrida, formada por la preposición a y el adjetivo inglés full, se refiere a aquello ‘que se hace con mucha dedicación o intensidad’.
En español, este sentido ya tiene cabida en locuciones como a muerte, con todo, a tope y a por todas, que pueden suponer alternativas válidas en función del país y del contexto. Otras expresiones con esta misma significación serían a pleno rendimiento o al máximo. También es posible emplear la adaptación a la ortografía del español a ful (con una sola l), que, como señala el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), se emplea en buena parte de América, en general en el registro popular.
Por esto, en los ejemplos anteriores lo adecuado habría sido escribir «Si no estoy a tope, me tengo que ir», «Las autoridades policiales estarán laburando a ful en los alrededores para evitar cualquier cruce entre las hinchadas» y «Es el partido. Vamos a ir con todo desde el inicio».
Ver también expresiones con full que tienen traducción.
La Universidad de Córdoba, en colaboración este año con el CSIC, la Universidad de Castilla – La Mancha y el Instituto Superior de Estudios Lingüísticos y Traducción (ISTRAD), organiza el XV Congreso Internacional Traducción, Texto e Interferencias del año 2018, bajo el título “La práctica de la traducción jurídica, literaturas traducidas y otras variedades traductológicas”. Así, el evento se celebrará los días 4, 5 y 6 de julio de 2018 en la Facultad de Letras de la Universidad de Castilla – La Mancha.
A través de este congreso internacional se pretende crear un foro relevante del mundo de los Estudios de Traducción. La convocatoria de este XV Congreso está abierta a la comunidad científica en general, en especial a los especialistas que desarrollen su investigación en el campo de la traducción jurídica, de la literatura traducida, así como en otras variedades traductológicas. Por ello, concede prioridad a los trabajos que traten sobre traducción jurídica y sobre literatura traducida; de cualquier modo, estos temas no excluyen cualquier otro tipo de trabajos relacionados con el ámbito de los Estudios de Traducción.
Congreso Internacional de Estudios de Traducción
En este congreso se impartirán tres o cuatro Conferencias Plenarias a cargo de los siguientes profesores: Luis Arroyo Zapatero, graduado en laUniversidad de Castilla – La Mancha, es especialista en Derecho Penal Internacional, fundador y actualmente director del Instituto de Derecho Penal Europeo e Internacional, hablará de ‘Entre la Escuela de Traductores de Toledo y el Derecho de Bruselas’. Pedro Ruiz Pérez, de la Universidad de Córdoba, es catedrático de Universidad e investigador español, su programa tratará sobre ‘Traducción y edición: algunos paralelismos’. Y Jesús Tronch Pérez es profesor de la Universitat de València, donde enseña literatura inglesa y traducción creativa, y su conferencia se referirá al ‘Salto cultural en las nuevas traducciones para EMOTHE: los clásicos del teatro europeo de los siglos XVI y XVII’.
Secciones del congreso
Las contribuciones presentadas en el congreso internacional versarán sobre cualquiera de los siguientes apartados: Traducción especializada (traducción jurídico-económica, traducción humanístico-literario, traducción científico-técnica, traducción biosanitaria, traducción audiovisual y localización); Terminología, Lexicología y Lexicografía; Lenguas de especialidad; Teoría e Historia de la Traducción; Didáctica de la traducción; Diccionarios Tesauros y Glosarios; Herramientas auxiliares para la traducción; e Interpretación en todas sus modalidades.
El verbo endorsar, al igual que su variante endosar, alude a la cesión de un documento de crédito o al traslado de una carga molesta, por lo que no equivale a apoyar o respaldar.
En los medios de comunicación se está extendiendo por influencia del inglés este uso impropio, como se comprueba en los siguientes ejemplos: «Einstein nunca endorsó la astrología y la criticó como superstición», «La cláusula prohíbe gastos de fondos públicos para promover o endorsar una fe» o «También cerca de medio millón de personas se endorsaron a esta petición».
Según el Diccionario académico, endorsar es una variante de endosar con los significados de ‘ceder a favor de alguien una letra de cambio u otro documento de crédito expedido a la orden’ y ‘trasladar a alguien una carga, trabajo o cosa no apetecible’. El empleo de endorsar, así como de endosar, con el sentido de ‘apoyar, respaldar’ tiene su origen en el falso amigo to endorse, verbo inglés de apariencia similar, pero de significado distinto.
El Diccionario de americanismos sí recoge como propia de Puerto Rico la forma endosarcon el significado de ‘confirmar, apoyar, recomendar a alguien’. No obstante, se trata de un uso restringido geográficamente y con un sentido más limitado que el que se está dando a endorsar; al existir voces españolas de uso general que equivalen al inglés to endorse, no hay razón para no preferirlas.
Por ello, lo recomendable es emplear los verbos españoles citados u otros similares, como defender, sustentar o auspiciar, de modo que en los ejemplos anteriores se podría haber dicho «Einstein nunca defendió la astrología y la criticó como superstición», «La cláusula prohíbe gastos de fondos públicos para promover o respaldar una fe» y «También cerca de medio millón de personas se sumaron a esta petición».