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segunda-feira, 22 de outubro de 2018

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

de minimis,

en cursiva y sin tilde

Recomendación urgente del día
La locución latina de minimis, propia del lenguaje jurídico, se escribe en letra cursiva y sin tilde en minimis.
Sin embargo, en la prensa es frecuente encontrarla escrita de varias maneras: «El proyecto de ley de medidas contra la sequía, que incluye un fondo para lo afectados, ayudas “de mínimis” o subvenciones al agua desalada» o «Deberían destinarse ayudas acogidas al régimen de mínimis».
La locución de minimis se aplica a aquello relacionado con las cosas pequeñas o más específicamente a lo que no tiene la suficiente importancia para que la ley le preste atención. Proviene de las expresiones latinas de minimis non curat praetor y de minimis non curat lex , que podrían traducirse como ‘de los asuntos intrascendentes no se ocupa el magistrado’ y ‘la ley no se ocupa de los asuntos insignificantes’, como señala el Diccionario panhispánico del español jurídico de la Real Academia y el Consejo General del Poder Judicial español.
En los medios de comunicación, este latinismo suele aparecer en relación con determinadas ayudas de la Unión Europea y con el régimen que las regula. Se trata de aquellas que los estados miembros pueden otorgar a empresas siempre que no superen una cierta cantidad (en general 200 000 euros a lo largo de tres años), pues se entiende que por su cuantía no alteran la libre competencia y por tanto no hay que comunicarlas a la Comisión Europea.
Además, al tratarse de una locución latinalo apropiado es escribirla en cursiva y sin tilde conforme a las normas de la Ortografía de la lengua española.
Así pues, lo adecuado en los ejemplos anteriores habría sido «El proyecto de ley de medidas contra la sequía, que incluye un fondo para los afectados, ayudas de minimis o subvenciones al agua desalada» y «Deberían destinarse ayudas acogidas al régimen de minimis».

sexta-feira, 19 de outubro de 2018

TRADUCCIÓN

El caballero andante que tradujo el mito del Grial

LITERATURA

Martín de Riquer, en su casa, en 1991. DOMÈNEC UMBERT
De manera intermitente, y durante más de cuatro décadas, Martín de Riquer estuvo trabajando en la más cuidada y querida de sus traducciones, 'Li contes del graal', la novela en verso póstuma de Chrétien de Troyes que introdujo en nuestra cultura el mito del grial. Numerosas ediciones -en Espasa, Acantilado y Siruela- dan fe de un proyecto heroico.
Desconozco cuáles son las lecturas obligatorias y/o recomendadas en el actual bachillerato, pero hubo una época en la que, para sacarte bien el BUP, tenías la opción de leer viejos romans franceses de lo que, años más tarde, sabríamos que se llamaba «materia de Bretaña» o el Ciclo Artúrico. Lo cual, qué quieren que les diga, tenía mucho fundamento porque no sólo proponía un viaje a los orígenes de la literatura europea -El caballero del león y El caballero de la carreta, sobre Yvain y Lancelot, que podían ser nuestros primeros ídolos si le echábamos valor y comprensión lectora-, sino que además lo hacía por la vía sencilla de camuflar un poema épico simbólico y en verso en forma de breves novelitas en prosa sobre señores con armadura. Era también la época en la que, a la que te cruzaras con profesores muy estrictos, te hacían leerte el Quijote entero y buena parte del TirantY así salimos, con la imaginación desviada y curtidos como adolescentes espartanos capaces de leer cualquier cosa. En aquella época, por tanto, ya nos sonaban nombres como Victoria Cirlot, Carlos García Gual, Luis Alberto de Cuenca o Martín de Riquer.
Martín de Riquer fue el mejor medievalista de su generación, el padre de toda una escuela que -fundamentalmente desde Barcelona- hizo todo lo posible por rescatar, traducir y dar brillo a una tradición de poesía trovadoresca y novelas de entretenimiento de la que no estábamos, ni de lejos, desapegados. Una de las cosas que te enseñaban en el colegio era que Don Quijote se había vuelto loco por leer aquellos mamotretos fantasiosos, como el Tristán de Leonís o el Policisne de Boecia, pero tarde o temprano también se asumía que de aquel ciclo había obras rescatables, y que entre ellas estaban las de Joanot Martorell, los primeros libros del Amadís y las de un autor francés llamado Chrétien de Troyes.
Chrétien vivió en el siglo XII y dejó escritos largos poemas sobre los hechos del rey Arturo y sus caballeros, y el último de ellos -que dejó incompleto a su muerte, alrededor de 1183- es, en muchos aspectos, uno de los libros más influyentes de toda la literatura europea. En Li contes del graal se explica el encuentro dePerceval, el más ingenuo y puro de los caballeros de la Mesa Redonda, con el rey Pescador en un castillo fantasmagórico, y cómo asiste al rito del desfile de una lanza sangrante y un extraño objeto al que se llamará Graal, más tarde Grial. Por tanto, el grial es, desde Chrétien, un poderoso símbolo que aún hoy nos intriga y nos fascina. Y no fue hasta 1961 cuando se pudo leer con cierta normalidad aquel poema que, más allá de la mística -que alcanzó su mayor expresión artística en las dos óperas griálicas de Wagner, Lohengrin y Parsifal-, era también literatura maravillosa con imágenes tan bellas como la de la gota de sangre de Parsifal que cae sobre la nieve, tras pincharse el dedo con una rosa.
Martín de Riquer tenía 45 años cuando entregó su primera traducción de Li contes del graal a la editorial Espasa-Calpe, en 1961. Le precedía el prestigio de ser catedrático de Historia de las Literaturas Románicas en la Universitat de Barcelona y abundantes estudios sobre la poesía provenzal, los trovadores, Ausiàs March y la novela épica en catalán. En 1961 aún no se había producido la posterior moda de la literatura medieval, que iría tomando forma a lo largo de los 70 con varios de los títulos de la Editora Nacional y, en los 80, con los catálogos de Siruela y El Festín de Esopo, impulsados por Jacobo Fitz-James Stuart y Jaume Vallcorba. Precisamente, la primera traducción de Riquer -en prosa y sin posibilidad de cotejar con el texto original francés, hecha a partir de varias ediciones críticas francesas y alemanas de la segunda mitad del siglo XX, que revisaban a fondo el famoso Manuscrito T que incluye el texto original de Chrétien y las continuaciones de siglos posteriores- volvió a reaparecer en actualizaciones o nueva traducción en Siruela y en Quaderns Crema (al catalán).
En 2003, De Riquer afrontó su último servicio al texto de Chrétien al retocar una edición en verso para Acantilado que recuperaba el texto francés en su edición definitiva, y aportaba una revisión de la traducción en la que había «procurado extremar el rigor y la literalidad, no evitando repeticiones de palabras ni bruscos cambios de tiempos verbales, a fin de seguir bien de cerca el roman francés, ya que la presente traducción sólo ambiciona prestar ayuda al que lee el texto francés». La primera, pues, era «más literaria que literal» y ambas, juntas, un enorme tesoro en castellano que nos acerca al misterio de la materia de Bretaña.

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glacial y glaciar 

no significan lo mismo

Recomendación urgente del día
Los adjetivos glacial y glaciar no significan lo mismo: glacial es ‘helado’, mientras que glaciar se aplica a las masas de hielo que se forman en las laderas de las montañas y se deslizan lentamente.
Sin embargo, se encuentran frases como «Aranjuez no escapó tampoco al frío glaciar», «El océano Glaciar Ártico, sin hielo en verano» o «Nos hipnotiza la mirada glaciar de la modelo australiana».
Como señala el Diccionario académico, un glaciar es una ‘masa de hielo acumulada en zonas de las cordilleras por encima del límite de las nieves perpetuas y cuya parte inferior se desliza muy lentamente, como si fuese un río de hielo («La parte inferior de un glaciar siempre está en movimiento»). Como adjetivo, designa a lo relacionado con estas masas de hielo («Un circo glaciar es una depresión en forma de anfiteatro producida por la erosión glaciar»).
Por su parte, glacial solo es adjetivo y significa ‘extremadamente frío’, ‘muy frío’, ‘helado’. Está presente en los nombres de los océanos más próximos a los polos: el océano Glacial Ártico y el océano Glacial Antártico, aunque también se usan y son válidos los nombres abreviados océano Ártico y océano Antártico.
Por tanto, en los ejemplos anteriores lo adecuado habría sido escribir «Aranjuez no escapó tampoco al frío glacial», «El océano Glacial Ártico, sin hielo en verano» y «Nos hipnotiza la mirada glacial de la modelo australiana».

quinta-feira, 18 de outubro de 2018

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after party,

alternativas

Recomendación urgente del día
Las expresiones posfiestafiesta de después fiesta posteriorson alternativas válidas en español para referirse al anglicismo after party.
En los medios de comunicación es frecuente ver frases como «Las celebridades que no quisieron perderse la ‘after party’ de Elton John», «Las premiaciones son lo máximo, pero el after party siempre tiene diversión asegurada» o «Eso en realidad sucedió en el after party del lanzamiento de Demon Days».
Según el diccionario Merriam-Webster, el término after party designa la celebración que sigue a una gran fiesta o un evento.
En español cabe optar por la voz posfiesta, que puede servir para designar aquello que sucede a una fiesta, incluso una segunda posterior, y que está bien formada gramaticalmente, de modo análogo a prefiesta, preúvas posboda. También es posible traducir after party por las expresiones fiesta de después o fiesta posterior.
Así, en los ejemplos anteriores habría sido preferible escribir «Las celebridades que no quisieron perderse la posfiesta de Elton John», «Las premiaciones son lo máximo, pero la fiesta de después siempre tiene diversión asegurada» y «Eso en realidad sucedió en la fiesta posterior al lanzamiento de Demon Days».
No obstante, si desea utilizarse la forma extranjera, lo adecuado es escribirla en cursiva o, si no se dispone de este tipo de letra, entre comillas.

quarta-feira, 17 de outubro de 2018

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Xylella fastidiosa,
en cursiva y con la primera letra en mayúscula

Recomendación urgente del día
Xylella fastidiosa y X. fastidiosa, con mayúscula solo en la primera palabra e íntegramente en cursiva, son formas adecuadas de escribir el nombre de la bacteria que está afectando en algunos países de Europa a la vid, el olivo y distintos árboles frutales.
En las noticias relacionadas con esta bacteria, se puede encontrar su nombre escrito de diversas maneras: «Primer caso de Xylella fastidiosa en Bélgica», «El plan prevé el arranque de más de 55 800 árboles (entre almendros afectados por la Xylella Fastidiosa y sanos)» o «Indignación entre los afectados por la xylella fastidiosa ante la negativa del presidente a escuchar sus reivindicaciones».
Los nombres científicos de las bacterias están regulados por normas internacionales que establecen que se escriben con mayúscula inicial en la primera palabra que los forman (que es el género), aunque no en la segunda (que alude a la especie), e íntegramente en cursiva.
Además, es recomendable dar el nombre científico la primera vez que se menciona, si bien se admite que luego se abrevie la primera palabra, tomando la letra inicial y conservando la cursiva: X. fastidiosa.
Si se nombra solamente por el género, lo adecuado es escribirlo también con mayúscula y en cursiva: Xylella.
Por tanto, en los ejemplos anteriores lo apropiado habría sido escribir «Primer caso de Xylella fastidiosa en Bélgica», «El plan prevé el arranque de más de 55 800 árboles (entre almendros afectados por la X. fastidiosa y sanos)» e «Indignación entre los afectados por la Xylella ante la negativa del presidente a escuchar sus reivindicaciones».
Ver también nombres científicos de animales y plantas.

terça-feira, 16 de outubro de 2018

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Ingusetia,

nombre de la república rusa

Recomendación urgente del día
Ingusetia es el nombre de esta república de la Federación de Rusia, y no Ingushetia.
En los medios de comunicación pueden verse frases como «El líder de Ingushetia aseguró hoy que Putin ha descartado la posibilidad de disolver por la fuerza las protestas gubernamentales», «Crecientes protestas en Ingushetia por un deslinde que favorece a Chechenia» o «Ingushetia, el lugar más violento del Cáucaso».
Sin embargo, el Diccionario panhispánico de dudas señala que la transcripción adaptada a la forma y pronunciación españolas es Ingusetia, y descarta expresamente la inglesa Ingushetia. Esta misma obra también desaconseja la forma Inguchiaen la actualidad en desuso.
Así pues, en los ejemplos anteriores lo adecuado habría sido escribir «El líder de Ingusetia aseguró hoy que Putin ha descartado la posibilidad de disolver por la fuerza las protestas gubernamentales», «Crecientes protestas en Ingusetia por un deslinde que favorece a Chechenia» e «Ingusetia, el lugar más violento del Cáucaso».
Se recuerda además que, para referirse a los habitantes de esta república, lo recomendable es hablar de ingusetios, que es el gentilicio recogido en el Diccionario de la lengua españolano de ingushetiosingushes ni inguches.
Su capital es Magás, con tilde, mejor que Magas, pues la pronunciación aguda refleja más fielmente la original.
Ver también Rusia: transcripción de topónimos.

segunda-feira, 15 de outubro de 2018

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personas con 

discapacidad,

expresión recomendada

Recomendación urgente del día
La expresión personas con discapacidad es la preferible para referirse a aquellas personas que tienen algún tipo de limitación física, intelectual o sensorial.
Según la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de la Organización de la Naciones Unidas, personas con discapacidad es la expresión adecuada para referirse a quienes «tengan deficiencias físicas, mentales, intelectuales o sensoriales a largo plazo que, al interactuar con diversas barreras, puedan impedir su participación plena y efectiva en la sociedad, en igualdad de condiciones con las demás».
Como se ve en esa convención y en los documentos de las organizaciones que representan a estas personas, se prefiere en general la fórmula persona con discapacidad, al uso del sustantivo discapacitado, que, si bien no es reprochable desde el punto de vista lingüístico, supone aludir a la persona por una sola de sus características, en este caso la discapacidad.
Tampoco se recomienda la voz minusválido, utilizada durante mucho tiempo y aún presente en documentos y trámites diversos. Aunque se trata de una palabra correctamente formada, se desaconseja su uso en los medios de comunicación, ya que en la actualidad se interpreta, en especial por los colectivos citados, como peyorativa.
Asimismo se desaconsejan palabras o expresiones con matiz claramente despectivo (como anormalsubnormaldeficienteincapazinválidoimpedido), así como las que denotan sufrimiento (como sufre,padece o arrastra una discapacidad).
 
F_jMfDFi_biggerEsta recomendación es adaptación de la publicada originalmente por Fundéu Argentina para los medios y profesionales de ese país: personas con discapacidad, expresión adecuada.

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