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segunda-feira, 4 de abril de 2011

AMAZONIA




Un estudio financiado por la NASA, a partir de información satelital, mostró una importante reducción en el verdor de la cuenca del Amazonas, producida por la sequía récord de 2010.




La sensibilidad de la selva amazónica a la sequía es un tema que preocupa a los científicos. Un equipo de profesionales estadounidenses y brasileños, liderado por el doctor Liang Xu, de la Universidad de Boston (EE.UU.), recoge en su trabajo conclusiones anteriores, que señalan que, ante un mayor estrés de humedad derivado del calentamiento global, los bosques tropicales podrían ser reemplazados por sabanas.
Esto implicaría liberar a la atmósfera las enormes reservas de dióxido de carbono atrapadas en la selva –unos 100.000 millones de toneladas–, lo que aceleraría notablemente el calentamiento global.
Ya se conocía que las sequías severas asociadas al fenómeno de El Niño provocaron altas tasas de mortalidad de árboles e incrementaron la vulnerabilidad de los bosques a los incendios. En ese sentido, la intensa sequía de 2005 impactó especialmente en el sudoeste del Amazonas, pero no en la zona central ni en el este. No obstante, las observaciones satelitales no mostraron entonces la cuantiosa pérdida de biomasa registrada en 2010.
El trabajo actual, a ser publicado en la revista Geophysical Research Letters , interpretó datos recogidos durante una década por los satélites MODIS (a través de un espectrorradiómetro) y TRMM, que mide las precipitaciones en milímetros, hora a hora. Las imágenes satelitales fueron procesadas filtrando las nubes y corrigiendo los efectos de los aerosoles.
El nivel del río Negro en el puerto de Manaos fue el más bajo desde que se llevan registros, en 1902 ; y ese río recoge todas las lluvias del oeste de la cuenca amazónica. También en el río Solimões –el principal afluente del Amazonas– se produjeron niveles mínimos récord.
La sequía de 2010, medida por el déficit de agua caída, afectó un área 1,65 veces más amplia que la de 2005, es decir, unos 5 millones de kilómetros cuadrados con vegetación. Y la reducción de la vegetación verde abarcó un área cuatro veces más extensa (2,4 millones de kilómetros cuadrados).
Lo que más preocupa a los científicos es que esta pérdida extendida de la capacidad de fotosíntesis de la vegetación amazónica puede acarrear una perturbación significativa del ciclo global del dióxido de carbono, ya que estas selvas inciden en un 15% en la producción anual global. En qué medida ha ocurrido esto, es un dato que queda aún por cuantificar.
Ambas sequías coincidieron con la estación seca; en los dos casos, las precipitaciones volvieron a sus niveles normales en los meses siguientes.
Sin embargo, esta vez la reducción de la vegetación verde persistió durante tres meses más (de octubre a diciembre de 2010).

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