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terça-feira, 7 de maio de 2013

LA LENGUA VIVA


El idioma castellano sigue formándose
Amando de Miguel


El título de esta seccioncilla no es una metáfora vana. El idioma castellano o español no concluyó de formarse con Nebrija (1492), ni con el Quijote (1605), ni siquiera con la generación del 98. Sigue su evolución, ahora con el grueso de los hablantes al otro lado del Atlántico. Acabo de escribir un ensayo sobre el uso de esa lengua en España. No es una recopilación de los artículos vertidos en Libertad Digital, aunque naturalmente todo esté relacionado. El libro estará en la calle a mediados de septiembre. Lo edita Espasa. Espero que sirva para que establezcamos aquí algunas polémicas, pues muy ortodoxo no es.

El castellano se entiende bien hoy si lo comparamos con el inglés, que es algo así como el latín de nuestro tiempo. Anoto estas peculiaridades de nuestra lengua:

Mantiene una escasa diferencia entre el lenguaje escrito y el hablado, incluso entre el culto y el popular.
Es fácil de aprender por los hablantes de otras lenguas.
Se observan escasas variaciones territoriales, sobre todo en la forma escrita, aunque los hablantes estén separados por miles de kilómetros.
No hace falta que el diccionario nos diga cómo se pronuncian las palabras.
Abundan las voces llanas (las acentuadas en la penúltima sílaba), lo que produce una cierta monotonía en el habla. Se corrige con el acento y el gesto.
Se toleran mal las repeticiones de una palabra en el mismo párrafo.
En el idioma escrito predomina el gusto por las voces polisilábicas.
Repito que esas características lo son si comparamos el español con el inglés. También en el inglés escrito gustan las palabras polisilábicas, pero hay muchas menos.

La fuente de la constante evolución de la lengua está en el número de contactos entre los hablantes, ahora multiplicados por un factor creciente gracias al teléfono y a las redes sociales. Los cambios del idioma se registran normalmente en los medios de comunicación, cada vez más audiovisuales.

El gusto por las palabras polisilábicas se manifiesta, por ejemplo, en el proceso por el que un término se alarga con un nuevo verbo a partir del sustantivo. Veamos algunas ilustraciones: influir-influencia-influenciar; ofrecer-oferta-ofertar. El camino puede ser también ese mismo alargamiento a partir de un sustantivo. Por ejemplo, matiz-matizar-matización.

Una moda actual es la querencia por las palabras de carácter negativo formadas con los prefijos des-, dis- o de-. No siempre son neologismos (como descodificar). Hay un término tan castizo como degustar, que posee un carácter positivo. Ya en latín se decía degustare para probar algo y apreciar así su sabor.

Otra moda no tan plausible es la supresión del artículo determinado en muchas frases. Seguramente se ha impuesto por la necesidad de titulares cortos en los periódicos.

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