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terça-feira, 16 de outubro de 2012

EL DICCIONARIO DE CRISTÓBAL COLÓN







Por Claudia Peiro | cpeiro@infoabe.com

En las carabelas, traía intérpretes de árabe, arameo y tártaro, pero de nada le sirvieron, porque había llegado a un nuevo mundo. En su diario, anotó las palabras que aprendía



“Canoa es una barca en que navegan, y son de ellas grandes y de ellas pequeñas”. Esa fue la primera palabra autóctona que el Almirante inscribió en su cuaderno de viaje el día 26 de octubre de 1492. Estaba describiendo las embarcaciones que usaban los nativos y, como no se parecían a ninguna de las que conocían en Europa, usó el vocablo local. “Son navetas de un madero adonde no llevan velas. Ëstas son las canoas”.

En otra ocasión repitió: “Muy grandes almadías, que los indios llaman canoas”. Almadía es un arabismo para balsa o barca.

Éste y otros detalles sobre el aspecto lingüístico del choque cultural que representó la llegada de Cristóbal Colón y sus hombres a América pueden leerse en el ensayo La andadura del español por el mundo (2010, Santillana), del filólogo cubano españolHumberto López Morales, una apasionante historia de cómo este idioma se expandió en todo un continente y más allá, sin perder por ello la unidad lexical, gramatical y sintáctica.


“De nada le sirven a Cristóbal Colón los intérpretes que le acompañan, expertos en latín, griego, árabe, arameo y hasta tártaro", escribe López Morales en su libro. Una total incomprensión fue el resultado de estos primeros intentos (de hablar con los aborígenes). Todavía no sabían –Colón nunca llegó a saber- que no habían llegado a Cipango (Japón) ni al Catai-Mangui (China), pero sí que no le había sido posible entregar las cartas que llevaba para el Gran Khan, en ‘la afortunada tierra de Marco Polo’”.

La primera etnia con la cual tomó contacto Colón fueron los taínos, que poblaban las Antillas, Puerto Rico, Cuba y Jamaica, y vivían en la Edad de Piedra. Empujados por los caribes –una tribu agresiva y caníbal- estaban migrando hacia el oeste.

En sus intentos por comunicarse, los españoles empiezan a descubrir vocablos nuevos. En algunos casos, la novedad del objeto que quieren nombrar los lleva a adoptar la denominación indígena. Por ejemplo, la palabra canoa empieza a aparecer con mayor frecuencia, desplazando a almadía, que no le servía para describir acabadamente el tipo de embarcación local. Dice López Morales: “Este proceso de penetración de un indigenismo, tras quedar vencedor sobre la palabra castellana, o usada en Castilla, se repite en varias ocasiones”.


“El ají es su pimienta”

Por lo general, como se dijo, sucede cuando la cosa a nombrar –utensilio, planta, fruto, animal- no existe en Europa y no tiene por lo tanto nombre español. De este modo, otros vocablos que quedarán incorporados al idioma conquistador son por ejemplo, hamaca, cacique, ají y tiburón. Todos ellos aparecen en el “diccionario” colombino.

En el caso de la hamaca, Colón empieza describiendo el objeto: “camas (que) son como redes de algodón”. Y más adelante, el 3 de noviembre, escribe: “redes en que dormían, que son hamacas”. Del ají, el Almirante dice que “es su pimienta”.

Otros términos indígenas presentes en el Diario de Colón no subsistirán. Es el caso por ejemplo de ajes (un tubérculo parecido a la batata), cazabe (pan), nitaine (un miembro de clase noble), tuob y nocay (términos usados para el oro), etcétera. Tendrán mejor suertebohío y caribe.

El 16 de diciembre, por ejemplo, el Almirante escribe sobre estos “niames, a que ellos llaman ajes”, pero la palabra no persistirá.

Otra palabra tempranamente registrada en documentos oficiales (1500….) es jagüeycomo “pozo o depósito subterráneo de agua”. Pero este indigenismo pronto será abandonado por aljibe, pozo o cisterna.

En cambio el antillanismo huracán, que recién se registra en la 2ª mitad del siglo persistirá. En 1582, la Memoria de Melgarejo, dice: “suele haber tormentas [que] llaman huracanes”.

Otra palabra que logrará imponerse es cayo, “islote, isla rasa, frecuentemente anegadiza”.

El mayor caudal de palabras indígenas vendrá de la flora: guayaba, ceiba, guayacán, caoba, maní, mangle, papaya, aguacate, atole, cacao, camote, chocolate, mole, tamal, tomate, etcétera. Y de la fauna: guacamayo, manatí, iguana, caimán, jején, etc. Finalmente, objetos como piragua (palabra de origen caribe), maraca (sonajero) obarbacoa (fuego).

Estos términos aborígenes empezarán incluso a aparecer –normalmente, no como exotismos- en textos de Cervantes (cacao, caimán, huracán, caribe), Lope de Vega(macana, chicha, tambo) y también Tirso de Molina, Calderón, Quevedo.


Mestizaje y castellanización

Con la llegada de Colón al continente, se inició un largo proceso de mestizaje. Cabe recordar las dimensiones de esta empresa colonizadora: “Los soldados españoles", dice López Morales, "pisaron múltiples tierras: desde el sur de la Florida hasta lo que mucho después se llamaría Canadá, desde tierras floridanas hacia el oeste, hasta llegar a Texas. Hacia el otro extremo (…): de California a Alaska, más largos recorridos para ir desde la costa del Golfo de México a Iowa, de las Dakotas a Nebraska”.

“Tan temprano como en 1503, una Instrucción Real ordenaba que se agrupara a los indios en pueblos ‘para ser adoctrinados como personas libres que son, y no como siervos’”, señala también el autor. Para castellanizar a los indígenas, la Corona se apoyó en las órdenes religiosas, sin embargo frecuentemente fueron éstas las que contribuyeron a resguardar las lenguas nativas.

El caso guaraní es quizás el más claro. Se dará una tensión: “Toda la segunda parte del siglo es testigo de esta dicotomía: la Iglesia, preocupada por la evangelización, inclinándose a favor de las lenguas indígenas mayores; el poder civil, con preocupaciones más terrenales, pero comprometido con la catequesis, votaba por el español”.

La misión evangélica defendía, por lo tanto, la conservación de las grandes lenguas indígenas. “Los dominios españoles en América constituyen el único ejemplo que se conoce en el que lenguas dominadas, el nahua (náhuatl) y sobre todo el quechua, hayan salido fortalecidas en su extensión geográfica al finalizar el período de dominación”.

Ahora bien, en términos generales, cumplido el proceso de expansión del idioma, fueron muy pocos los términos nativos que quedaron incorporados en el léxico español.

A los ya mencionados, podemos sumar, para Sudamérica, voces tomadas del quechua y del aymara (como poro, cóndor, vicuña o yapa); del guaraní (como yaguareté, urutaú, matete), y del mapuche (choique, laucha, pilcha, cultrum).

La castellanización de los indígenas fue sobre todo consecuencia del mestizaje. La descendencia de español e india (la mujer europea prácticamente no participó de la conquista) ya hablaba español, explica el filólogo.


Pero otro motivo por el cual el español se impuso a los idiomas locales fue que, al momento de la llegada de Colón, pocas lenguas aborígenes eran mayoritarias. Sí lo eran, por ejemplo, el náhuatl (México), el quechua y el aimara (Perú y Bolivia), el chibcha (Colombia, Panamá), el guaraní (Paraguay) y el mapuche (Chile).

“Es evidente", concluye Humberto López Morales, "que, además del cúmulo de razones político-administrativas que así lo aconsejaban, la atomización lingüística del territorio americano parecía favorecer la implantación del español”.

En efecto, del encuentro entre expedicionarios que se expandieron de Norte a Sur y de Este a Oeste, y que usaban todos el mismo idioma, y nativos que hablaban un sinnúmero de lenguas diversas, surgió como resultado la hegemonía de la lengua que representó un vehículo de comunicación único para todo el extenso dominio.


De la resistencia a la declinación

De todas las lenguas que se hablaban en Hispanoamérica al momento de la Conquista, persisten hoy 271, no todas con el mismo vigor ni la misma extensión.

Humberto López apela a la clasificación de Enrique Margery Peña, que definió cinco estadios: florecimiento, resistencia, declinación, obsolescencia y extinción.

Las lenguas florecientes son las que poseen más de un millón de hablantes, tienen escritura y medios de difusión. Son sólo cuatro: zapoteco (México), aimara (Perú, Bolivia, norte de Chile y Argentina), guaraní (Paraguay, parte de Bolivia y norte de Argentina) y quechua (Ecuador, Perú, Bolivia y partes de Chile y Argentina).

Las lenguas resistentes -22 en total- disponen de entre un millón y cien mil habitantes, no tienen sistema de escritura y carecen de grandes posibilidades de difusión. Once de estas lenguas son mexicanas (el náhuatl es una, además del mazateco y el mixteco, entre otras), otras son el misquito (Nicaragua, Honduras), el quiché (Guatemala) el guajiro (Colombia, Venezuela) y el mapuche (Chile y Argentina).

Las declinantes son las que tienen entre cien y diez mil habitantes -muy pocos de ellos monolingües- y pocos medios de difusión. Son 54, distribuidas en partes más o menos iguales entre México, América Central y del Sur. Las obsolescentes son las que tienen menos de 10.000 hablantes en su mayoría bilingües. El 90% de estas lenguas desaparecerá en un plazo más o menos breve. El cuadro que sigue fue tomado del libro de López Morales.


ESTADOUNIDISMOS








Los ‘estadounidismos’ entran en el Diccionario de la RAE
Su nueva edición incluirá una decena de términos acuñados en Estados Unidos

EVA SÁIZ - Washington
Fuente: El País - España


La Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE) anunció la inclusión de “estadounidismos” en la próxima edición del Diccionario de la Real Academia Española (DRAE). Se trata de términos propios del español que se habla en Estados Unidos y que se han ido acuñando a lo largo de los últimos años, entre ellos billón, email, hispanounidense, paralegal (asistente de abogados) o van (microbús).
Con más de 55 millones de hispanos, EE UU es el segundo país en número de hispanohablantes. “El reconocimiento de la RAE de losestadounidismos es un reflejo de la creciente influencia del español de EE UU”, asegura Gerardo Piña-Rosales, presidente de la ANLE.
La inclusión de 'estadounidismos' supone un reconocimiento por parte de la RAE de la existencia de un Español exclusivo, propio de EE UU"
Gerardo Piña-Rosales
La próxima edición impresa del DRAE incluirá palabras como aplicar, con el significado de solicitar; departamento, para referirse a un ministerio; parada, para designar un desfile; o elegible, en el sentido de beneficiario. “Son términos en español que reflejan la idiosincrasia nacional [en referencia a EE UU]”, explica en conversación telefónica Piña-Rosales. “Son modalidades del idioma al que se han debido habituar los hispanohablantes que han ido llegando a EE UU”, puntualiza.
Piña-Rosales se muestra satisfecho de la inclusión en el DRAE de esos estadounidismos -término que la RAE también ha aceptado con la definición de “palabra o uso propios del español hablado en los Estados Unidos de América”- porque supone “un reconocimiento por parte de la RAE de la existencia de un Español exclusivo, propio de EE UU, al igual que lo hay en otros países de habla hispana: argentinismos, mexicanismos...”.
Entre los criterios de selección para determinar qué palabras se incluían y cuáles no ha primado, explica el presidente de la ANLE, su grado de penetración en el habla, su presencia en la prensa o su uso habitual en las traducciones. “Si aquí hablas de Ministerio en lugar de Departamento, ningún hispanohablante te va a entender”, puntualiza Piña-Rosales.
Incluirá palabras como aplicar, con el significado de solicitar, departamento, para referirse a un ministerio, parada, para designar un desfile, o elegible, en el sentido de beneficiario
La idea de identificar estadounidismoscon la intención de incorporarlos en el diccionario surgió hace cuatro años con motivo del acuerdo de colaboración que firmó la ANLE con el Gobierno de EE UU para asesorar a sus distintos departamentos / ministerios en la traducción al castellano de sus formularios e impresos públicos y de sus páginas web. “Fruto de esta cooperación la Academia está logrando mejorar,normativizar y defender el correcto uso de la lengua española en este país”.
El presidente de la ANLE alerta sobre el error de equiparar losestadounidismos con el espanglish, otro término también aceptado por la RAE con cuya definición disiente. “Los estadounidismos son términos propios del español que se habla en EE UU, mientras que el espanglish es un ‘fenómeno lingüístico’ en el que, a diferencia de lo que se sostiene en el DRAE, no creo que 'deforme elementos léxicos y gramaticales del español y del inglés', se trata más bien de saltos, mezclas de un idioma a otro”, defiende Piña-Rosales.
Lo que se podrá decir
En poco tiempo frases como: “He enviado un ‘email’ con una ‘aplicación’ para ‘rentar’ un piso frente a la tienda de ‘bagels’”, no podrá ser considerada una mala traducción del inglés. Estos términos son algunos que se contienen en el listado que la ANLE ha enviado a la Real Academia para su inclusión en la próxima edición de su Diccionario con la marca EU (Estadounidismo)
 Agencia. Por calco del inglés, todo tipo de entidad que normalmente tiene otros equivalentes en los países hispanohablantes, como entidad, dependencia, organismo, etc.
 Bagel. Vocablo inglés de uso común que denota un panecillo en forma de rosquita salada.
 Billón. Mil millones.
 Departamento. Ministerio; agencia gubernamental
 Email. Vocablo inglés de uso común que denota correo electrónico
 Hispanounidense. Persona de habla, origen o ascendencia hispana que reside en los Estados Unidos de América.
 Latino. Designación común de los hispanounidenses.
 Parada. Desfile popular con carrozas
 Paralegal. Oficio de asistente de abogados
 Phishing. Vocablo inglés de uso común en el español de Estados Unidos que denota una técnica delictiva de adquirir datos de usuarios de correo electrónico
 Podiatría. Podología
 Pretzel. Vocablo inglés de uso común que denota una galleta con forma de lazo y a veces también de palito.
 Rentar. Alquilar
 Suplementar. Completar, complementar
 Trillón. Mil billones
 Van. Apócope de caravan. Microbús o camioneta cerrada de cuatro ruedas que se utiliza para transportar cargas o tiene varias filas de asientos.
 Estanflación. Calco del inglés: stagflation, palabra compuesta a partir de stagnation, estancamiento, e inflation, inflación). Indica el momento o coyuntura económica en que, dentro de una situación inflacionaria, se produce un estancamiento de la economía y el ritmo de la inflación no cede.

segunda-feira, 15 de outubro de 2012

CONSEJOS PARA ESCRIBIR MEJOR

www.perio.unlp.edu.ar/.../escribir_...

El presente documento intenta aportar a los alumnos del Taller de Producción de Mensajes una herramienta de aplicación práctica que resulta vital para la labor del comunicador. La escritura personal, cartas, correos electrónicos y notas personales pueden estar empapados de aquello que nos hacer ser únicos. Lo mismo sucede con la redacción creativa o artística. Pero la redacción con fines laborales o académicos debe poner la claridad por encima de todo, estamos escribiendo para hacerle entender algo a otro ser humano, alguien que posiblemente no haya cruzado jamás una palabra con nosotros y que por lo tanto no podrá adivinar detrás de nuestras muletillas la verdadera intención que teníamos.


Por otra parte, la claridad de un texto es un reflejo de la claridad de las ideas de quien lo escribe. Si escribe mal, estará dando a entender que ignora o no domina aquel tema sobre el que escribe. Por todo esto, una redacción sencilla y clara es un requisito indispensable para el profesional de la comunicación.

A continuación, presentamos una serie de consejos que pueden ser aplicados a cualquier tipo de redacción, aunque están enfocadas en aquellas que hacen a nuestra labor profesional o académica... Las sugerencias señaladas pertenecen a un documento creado por directivos y docentes de la Universidad Austral.


Veintiún consejos generales

1) Los párrafos deben ser cortos. No más de seis o siete renglones. Deben ser de pocas oraciones. Las oraciones deben tener pocas palabras. Las palabras deben tener pocas letras. Escriba, después de una oración larga, una corta. Como esta.

2) Redacte párrafos más o menos homogéneos: ni un párrafo larguísimo, ni una oración por párrafo.
1. La primera línea debe ser como un gran golpe, decía Hemingway. Debe seducir, invitar a la lectura. Escríbala al final, cuando ya escribió todo el texto.
2. El orden habitual de las palabras es: Sujeto, Verbo, Objeto y Circunstancias. Coloque el verbo lo más cerca posible del sujeto. Ordene sus oraciones. Léase en voz alta. Lea sus textos a un colega. Asegúrese de que lo escrito es realmente lo que quiso decir. Y nunca, nunca, nunca se permita escribir peor de lo que habla.

3) Escriba en voz activa antes que en voz pasiva.

4) No comience las oraciones con adverbios (Ej. “Allí donde el año pasado…”). Si quiere informar, lo usual es empezar con el acontecimiento (qué) o con el protagonista (quién).

5) No abuse del gerundio (Ej. “Viajando hacia el sur, podemos…”). En la duda, suprímalo. Nunca lo use para referirse a una acción posterior a la del verbo principal.

6) Divida las oraciones con el punto seguido. No escriba: “Los empleados, que realizaron este año el curso de perfeccionamiento, ya escriben mucho mejor”. Escriba: “Los empleados ya escriben mucho mejor. Cursaron este año...”.

7) Evite la ambigüedad de todos los posesivos y determinantes. Pregúntese a quién se refieren. Si necesita más de una semana para darse cuenta, es posible que esté poco claro.

8) Orden: La producción de ideas no es lo mismo que la producción del texto. Si no hace un esquema antes de redactar, irá corrigiendo sobre la marcha (y el texto terminará en la papelera).

9) No incluya cláusulas incidentales: “Al terminar el martes la sesión de trabajo...”.

10) Quedan terminantemente prohibidos los errores de concordancia entre el sujeto y el predicado.

11) No abuse de los adjetivos. Es preferible uno significativo a dos o tres acumulados. “El adjetivo, cuando no da vida, mata”, Vicente Huidobro.

12) La clave de toda narración estriba en elegir un punto de vista adecuado desde el que se narra. Una narración es un entretejido de hechos. Importan mucho tanto la elección del tiempo verbal en el que se narra como el respeto a la correlación de los tiempos verbales.

13) Deseche los verbos ‘baúl’ y las palabras ‘comodín’ (‘decir’, ‘hacer’, ‘tema’, ‘cosa’, etc.).

14) Evite cacofonías y rimas internas: “Actualmente se ha perdido totalmente la ética”.

15) Los elementos que se yuxtaponen en una enumeración deben ser homogéneos. Lo mismo sucede con las coordinaciones: “Triste, solitario y final”.

16) Sea sencillo. No duplique innecesariamente las referencias a un sustantivo con expresiones como ‘dicho’ o ‘el mismo’. No escriba: “La llegada del CEO era muy esperada dada la experiencia de dicho profesional”. Escriba: “dada su experiencia”. Ahorra tres palabras y evita parecer un falso sofisticado.

17) Sea claro. Claro. Si usted quiere decir que el sol entró por la ventana, la mejor manera de hacerlo es esta: “El sol entró por la ventana”.

18) Sea conciso. Una palabra es mejor que dos. Concisión.

19) Sea riguroso. Evite expresiones del tipo ‘varios’, ‘algunos’, ‘numerosos’, ‘un grupo’. Sustitúyalas por datos concretos o dará la impresión de que no domina el tema sobre el que escribe.

20) Sea elegante. Huya tanto del estilo frívolo como del solemne. Evite los eufemismos y los lugares comunes.

21) Evite la indecisión y la prisa. Concéntrese tan solo en cumplir bien todos los pasos y no sea demasiado duro, exigente, ansioso, irónico, macabro, terrible o amargo con usted mismo y sus resultados.


No intente escribir como habla, salvo que se proponga reproducir por escrito un momento de oralidad. Cada lenguaje tiene sus potencialidades y limitaciones.

LEA MUCHO e intente leer cosas bien escritas. Por placer lea lo que guste, para mejorar su escritura lea prestigiosos escritores y medios.



Apéndice



Errores muy frecuentes



Expresiones Incorrectas
Expresiones correctas
De acuerdo a
De acuerdo con
En relación a
En relación con o Con relación a
A nivel de
En el nivel de
En base a
Sobre la base de o A partir de
Si yo tendría que Si yo tuviera que



Adherir (se)

‘Adherir’ significa ‘pegar’. ‘Adherirse’ significa ‘unirse’. Por lo tanto, son incorrectas expresiones del tipo “El secretario adhirió a la propuesta”. La expresión correcta sería “se adhirió a la propuesta”.


Mientras/Mientras que

‘Mientras’ posee referencia temporal, de simultaneidad de acciones: “Mientras lees, yo voy escribiendo”.

‘Mientras que’ indica diversidad de acciones o estados de cosas, sin referencia temporal: “Mientras que tú trabajas todo el día, yo trabajo solo unas horas”.


Deber/Deber de

‘Deber’ indica obligación: “Deben venir a verme”.

‘Deber de’ indica suposición: “Deben de ser las cuatro de la tarde”.

Palabras que suelen usarse impropiamente

Álgido significa “muy frío”.
Enervar significa “aplacar”.
Lívido significa también “amoratado”.
Mesarse el pelo equivale a “arrancárselo”.
Detentar significa “ocupar un cargo en forma ilegítima”.


Sujeto y verbo

El sujeto y el verbo NUNCA se separan por medio de comas.
El sujeto y el verbo DEBEN concordar en el número.



Cuestiones de estilo


1. Introducción.

En este texto se destacan y comentan algunos vicios frecuentes en la redacción informativa (se hace referencia a vicios, no a incorrecciones gramaticales).


2. Rimas internas.

Si las rimas son un recurso importante en el verso, deben ser eliminadas de la prosa informativa porque resultan desagradables al oído:

Uno de los defectos de estilo más ostensibles en la elaboración de una redacción es la repetición de una misma palabra o expresión.

Parece evidente que las nuevas medidas adoptadas por el Gobierno son claramente prudentes.


3. Las cacofonías.
Las recurrencias fónicas, que en el lenguaje literario producen efectos estilísticos interesantes, deben desecharse de la prosa informativa al igual que la rima:

Se apoderó de él un terrible terror que se quedó sin saber qué contestar.


4. Pobreza léxica.

Uno de los defectos de estilo más frecuente en la elaboración de textos informativos es el de repetir las mismas palabras o expresiones:

El pueblo de Goradze es pequeño, y lo más importante del pueblo es su plaza.

Debe evitarse la repetición de verbos excesivamente polisémicos como “hacer”, “haber”, “tener”, “ser”, “decir”, “dar”, “echar”, etc., o de sustantivos como “cosa”, “cuestión”, etc. Se trata de conseguir más variedad léxica y mayor riqueza de matices semánticos, empleando otras palabras más exactas y precisas.

También debe buscarse la variedad en los nexos conjuntivos. Así, para la unión se usarán nexos del tipo y, asimismo, también, además, así como...

Para contrastar, pueden emplearse nexos como pero, mas, sino (que), no obstante, sin embargo, por otra parte, por el contrario, a pesar de, en cambio.
Si se quiere manifestar una relación de causa o de consecuencia, habrá que utilizar nexos como porque, pues, ya que, como quiera que, puesto que, como, por tanto, por consiguiente, con que, así que...
Como nexos explicativos pueden emplearse o sea, esto es, es decir, por ejemplo, en otras palabras, mejor dicho, de hecho...
Para concluir o sintetizar algo: en fin, en conclusión, en síntesis, en resumen, finalmente, en resumidas cuentas.
Para narrar o relatar historias, anécdotas, etc., son fundamentales los nexos conjuntivos y los adverbios de carácter temporal. A veces se manifiesta la tendencia a narrar repitiendo siempre los mismos nexos, lo que produce un efecto de pesadez y poca agilidad (entonces... entonces; cuando... cuando... cuando; luego... luego). Véase la siguiente lista: entonces, luego, después, a continuación, al rato, pasado un tiempo, al día siguiente, al principio, en aquel momento, inmediatamente, pronto, después de, antes de, desde que, hasta que, cuando, tan pronto como, en cuanto, una vez que, etc.

Conviene vigilar la excesiva repetición del vocablo que tanto con valor de conjunción como de relativo:

“El general Balza se negó a que se le informase a los padres de los conscriptos de que sus hijos se tenían que presentar en el cuartel o que, de no ser así, no sería fácil que pudiesen seguir con sus licencias”.


5. Adjetivación inexpresiva.

Otro defecto de estilo, debido también a pobreza léxica, es el uso de adjetivos semánticamente descoloridos por su uso frecuente y su significado amplio en exceso: estupendo, maravilloso, precioso, fantástico, divino, bonito, fabuloso...

El lenguaje escrito, por ser más reflexivo que el oral, exige una adjetivación más apropiada. Este argumento justifica la no inclusión de los llamados epítetos-tópicos (o constantes), que suelen empobrecer la expresión:

fiel reflejo
verdadera o auténtica pena
claro exponente
pura verdad
activa participación
altos rascacielos
sincero pésame
blanca nieve
parte integrante
negro carbón
mansos corderos
verde hierba
estrecha colaboración
auténtica catástrofe
plena confianza
palpitante actualidad
meridiana claridad
ferviente deseo
(dar) cumplida cuenta
base fundamental
belleza estética
casualidad imprevista
clímax máximo
divisas extranjeras
ejemplo práctico
enfermedades patológicas
Erario o Tesoro público
idiosincrasia particular, propia
paradigma ejemplar
peluca postiza
protagonista principal



6. El hipérbaton.

El orden lineal o lógico de la frase es aconsejable porque ayuda a la claridad de lo que se quiere exponer, sobre todo cuando las ideas que se pretende comunicar presentan un alto grado de complejidad, de ahí que se sugiera en un principio elaborar las redacciones sometiéndolas a este orden:

Sujeto  Verbo  C. Directo  C. Indirecto
 C. Circunstancial, o bien

Sujeto  Verbo  Atributo

Ahora bien, hay que tener en cuenta que esta construcción lineal, si se usa en castellano con profusión, puede hacer monótono el escrito. Por eso, habrá que acudir, en algunas ocasiones y sin abusos, a la alteración de ese orden lógico.


7. La ambigüedad.

La ambigüedad, como se sabe, puede ser léxica o sintáctica, y hay que evitarla en la prosa informativa (en el lenguaje artístico se busca la ambigüedad intencionalmente como fenómeno estilístico).

Ambigüedad léxica: se manifiesta en el uso de alguna palabra polisémica u homónima cuyos significados encajan en un mismo contexto. Por lo general, un contexto lingüístico más amplio suele arrojar luz suficiente.
La ambigüedad sintáctica es más peligrosa y puede producirse por la defectuosa colocación de los elementos de la frase o por la polivalencia funcional de algunos de sus componentes:

Llaman al hijo del presidente cobarde (¿al presidente o al hijo del presidente?)
Se venden calcetines para niños de algodón
Se venden sombreros para hombres de paja
Vi al cantante bajando del avión (¿quién bajaba, yo o él?)

Hay que prestar mucha atención al uso del posesivo ambivalente “su, sus”, que da lugar a muchas ambigüedades sobre las que se basan chistes y comedias de enredos. Eso debería ser un llamado de atención cuando nuestra intención es ser claros.


8. El gerundio.

Es el abuso del gerundio —y no su uso— lo que resulta desechable. En muchos casos, su empleo está justificado y sirve para producir efectos estilísticos importantes debido al aspecto imperfectivo-durativo por el que se consiguen imágenes prolongativas de la acción verbal.


9. Las redundancias.

Hay que evitar el empleo de redundancias en la lengua escrita, pero no el de pleonasmos, pues mientras que estos aportan un cierto valor expresivo, aquellas nada añaden al contenido del texto:

asomarse al exterior
bajar abajo
bifurcarse en dos direcciones
caso muy extremo
constelación de estrellas
coordinadas entre sí
dentro del seno del equipo
encargado de la misión de repartir el pan
entrar dentro
hablar tres idiomas diferentes
hacer especial hincapié
hijo primogénito
injerencia en los asuntos ajenos
insistir de nuevo, reiteradamente
interconectados entre sí
40 kgs. de peso
marchar en dirección a un sitio
poco entreabiertas (un)
prever con antelación
progresar hacia delante
retroceder hacia atrás
proyecto de futuro
salir afuera
seguir detrás
soler ir a menudo
vigente en la actualidad
volver a releer, resurgir, retomar, etc.


10. Vicios contra la concisión.

Ya se ha hablado de algunos vicios contra la claridad: el hipérbaton exagerado y violento y la ambigüedad. Ahora se habla de los vicios contra la concisión, que en algunos casos son defectos que dificultan la comprensión del texto.


10.1 Sinónimos consecutivos:

Hay que explicitar o sacar a la luz lo que está latente o larvado en el texto.
Alfonsín tuvo una actitud clara y manifiesta de desprecio contra los presentes.


10.2 Constituyentes discontinuos:

“Lo que es... es”. Lo que defendemos y propugnamos es un mayor acercamiento a los problemas de la mujer en la sociedad contemporánea/Defendemos...


10.3 Secuencias y adverbios de relleno:

Deben evitarse, cuando sean añadidas sin contenido semántico ni sintáctico, expresiones como pura y simplemente, simple y llanamente, de alguna manera, como es habitual, bien es verdad, claro está...
Otro tanto sucede con adverbios que nada añaden al contenido: positivamente, evidentemente, obviamente, realmente, verdaderamente, indudablemente, lógicamente, prácticamente, particularmente, etc.

10.4 Circunloquios:

Siempre será preferible a



conocer tener conocimiento de
considerar tener en cuenta
poder estar en condiciones de
llamar por teléfono efectuar una llamada telefónica
comunicar hacer saber
manifestar poner de manifiesto
descenso evolución descendente
ascenso evolución ascendente
fuera de en el exterior
opinar ser de la opinión de
atajar interrumpir el curso de
comenzar dar comienzo
finalizar dar por finalizado
efectuar llevar a cabo
publicar hacer público
revocar dictar resolución de revocación
ser agredido ser objeto de agresión
archivar proceder al archivo
autorizar dar autorización
avisar dar aviso
usar hacer uso
fugarse darse a la fuga
presentarse hacer acto de presencia

Asimismo, ha de preferirse el adjetivo a la proposición adjetiva sintáctica y semántica equivalente.

Las personas que carecen de fuerza de voluntad.../ Las personas abúlicas...
Hay que buscar un estilo que no emplee más palabras de las necesarias/ Hay que buscar un estilo conciso.



10.5 Giros y locuciones preposicionales innecesarios:

Siempre que se pueda, hay que buscar la preposición sencilla.

A juicio del presidente de la compañía/ mejor: según
Nos preparamos al objeto de ganar la licitación/ mejor: para
Estaremos con ustedes por espacio de una hora/ mejor: durante
Invertiremos sin opción de peligro/ mejor: sin
Iremos a bordo de un auto/ mejor: en



11. Vicios contra la naturalidad y la sencillez.

11.1 Léxico pedante:

Neologismos

Entendimiento /mediación
Basamentar /basar
Atractividad /atracción
Conflictual /conflictivo
Inicializar /iniciar
Obstruccionar /obstruir

Extranjerismos

Suceso /éxito
Rol /papel,misión
chance /oportunidad
remarcar /destacar, resaltar

Otros

Clarificar /aclarar
Concretizar /concretar
Influenciar /influir


11.2 Subordinación sintáctica excesiva y construcciones sintácticas foráneas:

La subordinación excesiva da lugar a períodos y párrafos demasiado largos, lo que dificulta y oscurece el contenido. Se prefiere el período breve, la sucesión y/o yuxtaposición de oraciones y secuencias cortas.
También es aconsejable huir de las construcciones sintácticas foráneas tales como la pasiva calcada del inglés “estar siendo  participio”:

Los resultados empresariales están siendo evaluados por el Comité de Crisis/El Comité de Crisis está evaluando los resultados empresariales.


11.3 El uso de la pasiva:

Si bien este uso no siempre es un vicio contra la sencillez, conviene tener en cuenta las siguientes consideraciones:

a) Las construcciones pasivas producen un efecto de lentitud, pesadez y rigidez.
b) Las construcciones activas manifiestan mayor rapidez y agilidad expresivas.
c) Es preferible en castellano la pasiva refleja (con se), por su ligereza y flexibilidad, a la pasiva normal con ser.

Mañana se proyectará la película/mañana será proyectada la película.


11.4 Léxico exagerado e imágenes ‘cursis’ y tópicas:

Dientes /perlas
gotas de lluvia /lágrimas
sol /astro rey
aprobar/ admitir/dar luz verde

CALIDAD Y TRADUCCIÓN (segunda parte)



En la primera parte de este artículo (número 85 de PUNTOYCOMA) presenté un instrumento para medir la calidad de las traducciones, cuya principal característica, y tal vez la más dada a la polémica, es la distinción que hace entre errores aditivos y no aditivos. Los errores de semántica no son aditivos, de forma que uno solo de ellos determina el nivel de calidad de toda la traducción. Dentro de ese nivel, la calidad podrá alcanzar un valor numérico u otro en función del peso y de la frecuencia de los errores aditivos, que son todos los demás.
Mi objetivo en esta segunda parte es demostrar que el instrumento de medida que se propone cuenta con el suficiente respaldo teórico y metodológico como para que su utilidad se pueda aceptar sin demasiados reparos.
El instrumento de medida
A todo instrumento de medida se le deben exigir, al menos, validez, sensibilidad y fiabilidad. Veamos, pues, hasta qué punto posee el nuestro estas tres características.
Validez. ¿Mide realmente aquello que queremos medir?
Con la única excepción de los neologismos para los que todavía no exista una traducción aceptada, la respuesta es SÍ, porque disponemos de suficientes referencias terminológicas y de otro tipo para identificar los errores en la traducción.
Sensibilidad. ¿Es capaz de detectar mínimas diferencias de la variable que medimos?
La respuesta, por definición, es SÍ. De hecho, la sensibilidad del instrumento está determinada básicamente por el número de opciones que admite en la medición (algo así como el número de decimales de una balanza). Así pues, la sensibilidad se decide en la fase de diseño y se pone a prueba durante la fase de ensayo previa a la aceptación del instrumento. Es en esta fase cuando hay que asegurar el mayor acuerdo interjueces posible, objetivo que solo se alcanzará si las opciones se han definido con precisión, y si además son exhaustivas y mutuamente excluyentes.
Fiabilidad. ¿Los resultados son independientes de la situación y del momento en que se lleva a cabo la medición?
Aquí tenemos que reconocer que el instrumento, o mejor dicho, su aplicación, presenta los mismos problemas que cualquier instrumento no automático, ya que el evaluador que lo maneja no es inmune a la fatiga, a la distracción, o al estrés. Estos y otros factores imputables al evaluador están sujetos a variaciones y tienen, sin duda, un reflejo en el resultado de la medición.
No obstante, a pesar de los problemas de fiabilidad, me parece que la utilidad de este instrumento no puede negarse solo porque requiera un manejo cuidadoso. En todo caso, habrá que garantizar que el evaluador posee el adecuado nivel de conocimientos y experiencia, y asegurar al mismo tiempo unas condiciones de medición que hagan mínima la probabilidad de cometer fallos.
El resultado de la medición
Se trata ahora de comprobar si efectivamente el resultado obtenido con este instrumento es una buena medida de la calidad de la traducción. En este punto, nuestro instrumento puede suscitar una duda razonable: ¿Por qué los deméritos penalizan toda la traducción, y además lo hacen sin tener en cuenta su frecuencia? Para dar respuesta a esta cuestión hay que decantarse por uno de estos dos planteamientos teóricos:
a. la traducción, como texto, es un todo unitario
b. la traducción, como texto, es un agregado de partes.
Yo defiendo la tesis de que una traducción es un todo unitario, y lo hago apoyándome en los siguientes argumentos:
Todo texto tiene como finalidad que alguien lo lea. Como consecuencia de la lectura, se produce en el lector inevitablemente una respuesta en forma de opinión, decisión, actitud, etc. Esta respuesta es unitaria, y lo es porque el lector ha convertido el texto, al leerlo, en una unidad. Es él quien integra los significados de cada elemento del texto y cambia su opinión respecto al uso de aerosoles (artículo en una revista de divulgación científica), o modifica su actitud hacia los minusválidos (reportaje en una revista semanal), o toma la decisión de comprar un determinado producto (folleto publicitario), o de votar a un partido político (programa electoral).
En un texto de seis frases, un error de traducción en la tercera de ellas no puede dar como resultado una calidad 5/6, puesto que el significado del párrafo equivocado puede influir en la interpretación de los otros, y por lo tanto, afectar a todo el texto.
En el proceso de traducción (y posterior revisión), el traductor busca activamente el contexto, y para ello rastrea en los párrafos o frases anteriores y posteriores cuando se encuentra, por ejemplo, ante una palabra polisémica. En ese momento no se pregunta por el significado de esa palabra, o por el significado de esa palabra en esa frase, sino por el significado de esa palabra en ese texto. Lo que está tratando de hacer es percibir el texto como un todo. Me gustaría ilustrarlo con un ejemplo. Supongamos que se debe traducir el título «La naturaleza engendra monstruos». El significado de este título no habría que buscarlo en el propio título, sino fuera de él, precisamente en el texto al que pertenece. Es el texto el que da significado a este título (otras veces es justamente al revés), de forma que no podrá traducirse antes de haber leído aquel en su totalidad. ¿Se trata de una crítica feroz a una persona? Entonces monstruo significa una cosa y tiene una traducción. ¿Se trata, por el contrario, de una muestra de admiración hacia una figura del deporte? Entonces monstruo tiene un significado diferente y su traducción es otra.
Aceptando este planteamiento, es fácil entender la lógica en la que descansa el doble sistema de calificación que se ha propuesto aquí. Por un lado, los errores que interactúan con otros elementos del texto le afectan por completo (deméritos), y por otro lado, los errores que no interactúan con otros elementos del texto se ponderan y se acumulan. El hecho de que la frecuencia de deméritos a partir de n = 1 no influya en el resultado es consecuencia del planteamiento de que hemos partido, es decir, de la consideración de la traducción como un todo. Quizá sea útil un símil. Los desperfectos observables en una bola de billar (el todo unitario) se pueden dividir en aditivos y no aditivos. Las rayas, manchas, fallos del color o picaduras son errores aditivos, unos más graves que otros (ponderación), y unos más numerosos que otros (cuantificación). En cambio, una abolladura, una sola, ya sitúa a toda la bola en una categoría, digamos B = la bola rueda dando saltos, del mismo modo que un aplanamiento de la superficie la sitúa en otra categoría, digamos C = la bola se para. Estos últimos serían los errores no aditivos.
El único problema que se nos puede plantear en este momento es el del volumen del texto. Es evidente que, por razones prácticas, no podemos tomar un texto de 500 páginas como unidad y, por razones teóricas, no podemos clasificar su calidad en la categoría B solo porque hay una frase mal traducida en la página 48. Afortunadamente existen técnicas de muestreo compatibles con los planteamientos expuestos en este trabajo. Es tarea del evaluador elegir una u otra en función de los objetivos y de las limitaciones de su plan de control de calidad.
Nota final
La traducción no es una ciencia exacta, pero tampoco es arte abstracto. Existe la necesidad de ir introduciendo en la práctica de la profesión elementos de objetividad, por mucha polémica que susciten. La traducción tiene, sin duda, su vertiente artística y creativa, pero también tiene su vertiente profesional, y es aquí donde debe dotarse de herramientas capaces de darle un nivel de tratamiento y elaboración equiparable al de otros productos del trabajo. La medición de la calidad es uno de los retos a los que debemos hacer frente los traductores. Tendremos que empezar haciendo concesiones y admitiendo la utilidad de la estadística y de los planes de muestreo; tendremos que seguir automatizando muchos procesos, y confiar a la informática problemas de traducción que hasta hace muy poco solo era capaz de resolver con éxito un cerebro humano. En cualquier caso, solo el rigor en los procedimientos y en la metodología podrán situar la profesión en el nivel de reconocimiento que todos queremos que alcance.
Referencias
http://universum.utalca.cl/contenido/index-86/rojas.htmlhttp://www.ntu.edu.au/education/csle/student/jang/jang0.htmlhttp://www.nist.gov/speech/tests/mt/doc/ngram-study.pdfhttp://www.ifi.unizh.ch/cl/volk/papers/LREC2000.pdfhttp://www.erudit.org/revue/meta/2001/v46/n2/003141ar.pdfhttp://www.unilat.org/dtil/MEXICO/dieguez.htmlhttp://www.bib.uab.es/pub/quaderns/11385790n1p65.pdf
Andrés López Ciruelos
Traducción médica. Alemania
minus3plus4@t-online.de

FUNDÉU RECOMIENDA...


Recomendación del día


jibarizar, un verbo adecuado

El término jibarizar significa ‘reducir, disminuir’, generalmente con connotaciones negativas, y es un verbo bien formado que proviene de una metáfora que alude a la práctica del pueblo jíbaro de cortar las cabezas y reducirlas.

Cada vez es más frecuente ver este verbo o su correspondiente sustantivo jibarización en los medios de comunicación, como en «El presidente defenderá la jibarización del mastodóntico sector público» o «Los empleados han visto como su sueldo se ha jibarizado».

Aunque el Diccionario académico no registra todavía esta voz, sí la recoge el Diccionario del español actual (de Seco, Andrés y Ramos) con la definición de ‘reducir el tamaño de algo’.

Ocasionalmente se usa la forma jivarizar, a partir de jívaro, una variante ortográfica con cierto uso del nombre del pueblo, aunque no recogida en el Diccionario académico, que solo da jíbaro.

domingo, 14 de outubro de 2012

CALIDAD Y TRADUCCIÓN (Primera parte)


Definición de calidad
En todas las ramas del saber existen dos clases de definiciones: aquellas que nunca se van a poder comprobar y aquellas que sí. Las primeras pertenecen al mundo de lo que podríamos denominar pseudociencia, y las segundas pertenecen al campo de las ciencias, en el que quisiera enmarcar este pequeño trabajo. Y en este campo, hacer una definición es adquirir un compromiso, puesto que lo que definamos se tendrá que poder medir después. ¿Confuso? Voy a decirlo de otra forma. Si decimos que una traducción es «bastante buena, aunque le falta algo de coherencia al texto y el estilo es mejorable», estamos hablando de la calidad de la traducción, pero en clave de pseudociencia. En realidad, nunca sabremos si esta traducción es mejor o peor que otra «bastante buena también, aunque con más sentido de la estructura, mejor articulada y menos vaga en los adjetivos». Si lo que queremos es saber la calidad que tiene una traducción, no nos queda más remedio que medirla, y dado que todo lo que se mide, se mide en relación con un patrón, habrá que hacer tres cosas: definir qué es calidad, decir con qué patrón se va a medir, y medirla.
En casi todas las actividades de producción, la tarea es relativamente sencilla. Se define la calidad como el grado de similitud entre lo que se fabrica y un patrón ideal, con sus dimensiones, su peso, su color y su composición química, por poner un ejemplo. A continuación se miden estas características en el producto acabado y listo.
Sin embargo, en el caso de la traducción, la tarea se complica un poco. En primer lugar, porque el texto cuya calidad queremos medir no tiene un patrón de referencia, sino dos: el texto original y el idioma de destino. En segundo lugar, porque algunas de las características que definen la calidad de la traducción son en cierto modo intangibles.
Voy a definir aquí la calidad de la traducción del siguiente modo:
«La calidad de una traducción es el grado de similitud entre los significados del texto terminal y el original, y el grado de ajuste entre el texto terminal y las normas lingüísticas del idioma de destino.»
Quizá alguien se haya preguntado por qué he tenido en cuenta las normas lingüísticas del idioma de destino a la hora de medir la calidad de la traducción. La respuesta parece sencilla: el traductor ha cometido errores en su propio idioma porque está traduciendo. Si esto fuese cierto, la cuestión estaría zanjada. Pero no siempre es así. Por poner un ejemplo, una falta de ortografía solamente será imputable a la traducción si el traductor no la comete cuando redacta en español. Dicho de otra forma, la diferencia entre el número de faltas de ortografía que comete un traductor cuando traduce y el número de ellas que comete cuando redacta en su propio idioma puede deberse con bastante probabilidad al proceso de traducción, y por lo tanto sería justo tenerlas en cuenta al medir la calidad. Sé que este planteamiento nos llevaría demasiado lejos y, como no es mi intención convertir la medición de la calidad en un trabajo de laboratorio, iré directamente al grano.
Cómo se mide la calidad de una traducción
Primer paso
Hemos dicho que la calidad se mide por referencia a un patrón ideal. Normalmente ese patrón no se toma como modelo en su totalidad, sino que de todas sus características se extraen como referencia solamente aquellas que resultan relevantes para lo que estamos produciendo, en este caso la traducción. En traducción, los patrones ideales son el texto original y el idioma de destino. Son patrones porque sirven como punto de referencia y son ideales porque el texto original es justamente lo que queremos reproducir fielmente, y el idioma de destino contiene todas las normas que deseamos que cumpla nuestro texto traducido.
Respecto al texto original, las características que nos interesa tomar como referencia son:
• los significados
• el número de unidades semánticas
• el estilo
Digo «los significados» en plural pensando en que un texto no solamente transmite el significado más o menos literal de sus palabras, sino también un significado intencional, simbólico, situacional, o como se le quiera llamar, que también tiene que estar presente en la traducción. El significado literal de una carta puede ser el de disculpa, y sin embargo la forma en que está redactada puede dejar en el lector la sensación de reproche.
El número de unidades semánticas es un criterio objetivo, y sin embargo discutible, con el que me refiero al número de significados diferentes expresados en el original. Por poner un ejemplo, alguien podría defender que «total y absolutamente» expresa dos ideas. Eso es cierto objetivamente hablando, puesto que lo total no es lo absoluto, pero puede discutirse si lo analizamos desde otros puntos de vista. Sería cierto si hablamos de un cantante que cautivó al público total (por ejemplo, del todo) y absolutamente (por ejemplo, él solo). Sin embargo, no sería cierto si decimos que «estoy de acuerdo total y absolutamente».
En cuanto al estilo, es necesario decir que la traducción deberá transmitir los mismos matices que el original, si bien adaptados a la mentalidad y a la cultura de los lectores. Un texto que diga The motor may produce noises that could interfere with the user's working no se debería traducir por «El motor hace un ruido del demonio, y así no hay quien trabaje», pero quizá tampoco sería acertado traducirlo por «El motor genera unos niveles acústicos que podrán interferir con la actividad ergonómica del usuario».
Respecto al idioma de destino, las características que nos interesa tomar como referencia son:
• Ortografía
• Gramática
• Sintaxis
• Terminología
Como errores no se prestan a mucho comentario, pero sí como síntomas. La experiencia que ya empiezo a acumular en este oficio me dice que los errores cometidos en este apartado se deben a una de las siguientes razones:
• El traductor no conoce su idioma suficientemente
• El traductor ha buscado una expresión «rara» para mejorar el texto
• El original era complicado y el traductor ha buscado una solución de urgencia
Segundo paso
Una vez definidas las características que nos servirán de referencia, tenemos que concretar qué unidades vamos a utilizar para medirlas en nuestra traducción y dividirlas en dos grupos: las que se pueden contar y las que no. Se pueden contar, por ejemplo, las faltas de ortografía, o las supresiones y añadiduras. Los errores de significado también se pueden contar, pero lo que nos interesa no es saber cuántos contiene una traducción, sino lo graves que son. Esto nos obliga a establecer un sistema de deméritos, que podría ser el siguiente:
Errores muy graves: el original y la traducción tienen significados opuestos (por ejemplo, traducir turn on the light por «apagar la luz»).
Errores graves: el original y la traducción tienen significados diferentes (por ejemplo, traducir turn on the light por «darse la vuelta con ligereza»).
Errores leves: el original y la traducción tienen significados parecidos (por ejemplo, traducir turn on the light por «activar el interruptor»).
No obstante, si alguien considera que es peor omitir un acento que una 'h', puede establecer también el correspondiente sistema de deméritos para las faltas de ortografía. Mi opinión es que nos debe salir más económico medir la calidad de una traducción que hacerla. Por esa razón me parece suficiente establecer un sistema de puntos para las características que se pueden contar, y un sistema de deméritos para las que no.
Ejemplo práctico
Queremos medir la calidad de una traducción técnica. Si cumple todos los requisitos que hemos comentado anteriormente vamos a asignarle una calidad 100, y además la vamos a clasificar en el grupo A. De lo contrario, esa puntuación irá decreciendo de acuerdo con la siguiente tabla de evaluación:
Tipo de error Descripción del error Penalización por cada error
significados opuestos
diferentes
parecidos Grupo D
Grupo C
Grupo B
unidades semánticas omisiones
añadiduras -10 puntos
-5 puntos*
estilo parecido
diferente Grupo B
Grupo C
ortografía cualquier falta -5 puntos
gramática cualquier error -10 puntos
sintaxis cualquier error -5 puntos
terminología cualquier error -15 puntos*
imprecisiones cualquier error -5 puntos
* Normalmente, las añadiduras que encontramos en las traducciones son pequeñas aclaraciones que hace el traductor, como experto en el tema que traduce, a fin de hacer más comprensible un texto que quizá en el original resulte confuso. Por ese motivo, no se penalizan tanto como las omisiones. Por otro lado, los errores de terminología se penalizan más que otros por tratarse de un texto técnico.
La traducción es la siguiente:
Inform the user that the knocking sounds during the measurement are caused by switching the coils on and off.
Informe al usuario que los golpes que escuchará durante la medición son causados por la conexión y la desconexión de los debanados.
Tipo de error Descripción o cantidad Penalización
significados opuestos
diferentes
parecidos Grupo B
unidades semánticas omisiones
añadiduras -10 puntos
-5 puntos*
estilo parecido
diferente Grupo B
Grupo C
ortografía c1 -5 puntos
gramática 1 -10 puntos
sintaxis
terminología 1 -15 puntos
imprecisiones 1 -5 puntos
Esta traducción quedaría clasificada en el grupo B con 65 puntos.
En primer lugar, el traductor asume innecesariamente un riesgo al traducir knocking sounds por «golpes», pudiendo haber dicho algo así como «ruidos similares a golpes». Se comete un error ortográfico al escribir «debanado» con b, un error gramatical en «informe... que», cuando lo correcto es «informe... de que», un error de terminología en «devanados», que deberían ser «bobinas», y una imprecisión al decir que el usuario «escuchará» golpes, cuando habría sido mejor decir «oirá».
El sistema de puntuación que acabo de comentar asigna a los errores valores absolutos y los acumula en forma de puntuaciones directas. Una de las ventajas de este sistema es su sencillez, pero en cambio presenta algunos inconvenientes. El principal de ellos es el sesgo a favor de las traducciones cortas, que por efecto de la probabilidad contendrán menos errores que las largas. Este problema se podría resolver indicando el tamaño de la traducción junto a su nivel de calidad. Lo que ocurre es que comparar una traducción B 74 (250 palabras) con otra C 65 (380 palabras) puede suponer algo más que un simple trabajo rutinario. Mi opinión es que la calidad de dos o más traducciones se debe poder comparar de un vistazo sin necesidad de operaciones intermedias. Esto se consigue computando los errores en términos de porcentajes. Como los porcentajes se pueden comparar entre sí, también se podrán comparar los niveles de calidad obtenidos por diferentes traducciones, independientemente de su tamaño. Lo único que debemos definir claramente en este punto es la unidad de medida. Yo soy partidario de utilizar como unidad la palabra. Casi todos los programas que utiliza el traductor disponen de una función para contar palabras. Si el programa nos ofrece además la posibilidad de contar el número de frases, no habría inconveniente alguno en tomarlas como unidad de medida para calcular, por ejemplo, el porcentaje de errores de sentido.
La tabla que aplicaremos, tomando en este caso la palabra como unidad de medida, es la siguiente:
Tipo de error Cantidad Porcentaje Penalización Resultado parcial
Significados opuestos -50
Significados diferentes -30
Significados parecidos -20
Omisiones -10
Añadiduras -5
Estilo parecido -20
Estilo diferente -30
Ortografía -5
Gramática -10
Sintaxis -5
Terminología -15
Imprecisiones -5
____________________
Resultado total 100
Este podría ser el resultado de una traducción de 500 palabras que contiene dos omisiones.
Tipo de error Cantidad Porcentaje Penalización Resultado parcial
Omisiones 2 0,4 -10 -4
En la columna «Cantidad» hemos anotado «2». A continuación hemos calculado qué porcentaje suponen esos dos errores en un texto de 500 palabras (2 / 500 x 100) y hemos anotado el resultado (0,4) en la columna «Porcentaje». Después hemos multiplicado este porcentaje por su correspondiente penalización y hemos llevado el resultado (-4) a la columna «Resultado parcial». Por último, sumando todos los resultados parciales obtendremos un valor que reflejará el nivel de calidad de la traducción. Respecto a las penalizaciones, deseo aclarar que también puede adoptar el signo positivo, siguiendo la lógica de que «cuanto menos, mejor». En tal caso, la mejor traducción no sería la que obtuviera 100, sino 0 puntos. Si alguien prefiere seguir la lógica del «cuanto más mejor», puede otorgar de entrada 100 puntos a la traducción y restarle al final los obtenidos tras la evaluación.
El planteamiento de esta tabla es bien sencillo: los errores se expresan en porcentajes y, como no todos son igualmente graves, aplicamos a cada uno de ellos su correspondiente factor de penalización. Finalmente, si la calidad se mide con el objetivo de tomar decisiones, es aconsejable establecer unos valores límite de aceptación junto a aquellos errores que consideremos más graves. Así, aunque una traducción haya obtenido una buena puntuación general, no será aceptada si sobrepasa el límite de aceptación, por ejemplo, en el apartado «significados opuestos».
Nota final
Con esta pequeña aportación he pretendido solamente transmitir la idea de que la calidad de la traducción se puede medir, y he intentado dejar caer una gota de objetividad en un campo tan dado a la opinión como este. Nunca me ha parecido un disparate considerar la traducción como un servicio, con su cliente, su proveedor, su precio y, por qué no, su calidad.
Andrés López Ciruelos
Traducción médica. Alemania
minus3plus4@t-online.de
FUENTE: http://ec.europa.eu/translation/bulletins/puntoycoma/85/pyc854_es.htm

EL PERFIL DEL TRADUCTOR







Esta lista define el perfil del traductor.
¿Se sienten identificados? Yo sí, ¡jajaja!, y mucho.


1. Pasión patológica por las palabras.
2. Obsesión por toda clase de diccionarios.
3. Curiosidad inagotable.
4. Pensamiento lateral. Aunque esto valdría para casi todas las profesiones, en general...
5. Conocimientos transdisciplinarios, cultura general.
6. Voluntad y paciencia para negociar con los clientes.
7. Una red de apoyo e intercambio de información (colegas, foros, etc.).
8. Visión crematística de la profesión.
9. Habilidad para la tecnología.
10. Ser un estudiante/estudioso crónico.
11. Equilibrio entre seguridad en sí misma y reconocimiento de aprendizajes pendientes y retos de cada texto.
12. Amor al detalle.
13. Capacidad de pensar más allá (think outside the box, para usar un cliché), de retar las normas establecidas, doblegarlas, investigarlas y sacar nuestras propias conclusiones, en oposición a aceptar las cosas como son «porque así son».
14. Amor por la lectura. (¿Está de más mencionarlo?).
15. ¡Saber dos o más lenguas! Y capacidad de utilizar activamente al menos una de ellas (¡nadie lo había mencionado todavía!).
16. Dominar a la perfección las lenguas de trabajo.
17. Pasión casi patológica por el trabajo (no hay lunes, no hay domingos... todos los días son laborables).
18. Muy buena organización de los tiempos.
19. Temple de acero para enfrentar a la Ley de Murphy (servidores que se caen, apagones de luz en todo el país, etc.).
20. Facilidad para transformarse en médico, ingeniero, agricultor, experto en moda, pastelero, viajero, historiador, etc.
21. Saber vender las 21 cualidades anteriores (y las que sigan).
22. Conocer (y bien a fondo) la cultura de los clientes para que el trato sea más positivo para las dos partes.
23. Conciencia del cuerpo y atención a la salud en general. Auto cuidado.
24. Sentido de autocrítica.
25. Capacidad de distanciarse del trabajo hecho y preguntarse: ¿pero realmente esto se diría así?
26. Amigos y familia comprensivos que entiendan que estar en casa NO significa estar ocioso y que te perdonen por no poder ir al cine un sábado porque tienes que trabajar (porque así lo has elegido). Si encima te preparan té en los momentos de agobio, entonces ya es lo máximo.
27. Respeto y fascinación por la diversidad cultural.
28. Sabiduría (y valentía) para relacionarse con los diccionarios: casi siempre nos ayudan, pero no debemos pegarnos a ellos dogmáticamente. A veces, no nos ayudan. A veces, nos entorpecen. Un traductor debe saber usar el diccionario.
29. Ser un buen escritor (en camino de convertirse en excelente).
30. Conocimiento profundo de la cultura de los idiomas que traduce.
31. Agilidad mental.
32. Dominio de por lo menos una especialidad.
33. Carrera universitaria y/o capacitación profesional de alto nivel y/o experiencia demostrada.
34. Habilidad para los negocios.
35. Adaptabilidad.
36. Mantenerse constantemente actualizado.
37. Respetarse y respetar la profesión.
38. Humildad para saber cuándo es mejor decir que no a determinada especialidad, a determinado par de idiomas, a determinado volumen en determinado plazo. No para decir que sí y cobrar menos "porque estoy empezando".
39. Dotes de investigación y documentación. Saber dónde buscar, cómo buscar, y cómo cribar fuentes.
40. Intuición para detectar las trampas de un texto, e incluso los errores conceptuales (ya estén en una frase, EN UNA CIFRA, O EN UN GRÁFICO).
41. Plantearse la sostenibilidad de la profesión. Actuar no solamente para vivir hoy, y mañana, y el mes que viene, sino pensar en poder seguir haciendo lo mismo en 10-20 años.
42. Capacidad para ponerse varios gorritos según la circunstancia: el gorrito de currante, el gorrito de secretario, el gorrito de vendedor, el gorrito de negociante... y el gorrito más importante de todos: el de gerente.
43. Apegarse fielmente a un código de ética (como el de la ATA, por ejemplo).
44. Ser conscientes en todo momento de por qué traducimos como traducimos y no vacilar en fundamentar y defender ante el cliente o el corrector el porqué de nuestras elecciones.

FUENTE:http://albatraductora.blogspot.com/2008/03/perfil-del-traductor.html

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