Translate

segunda-feira, 22 de outubro de 2012





Emilio Bernal Labrada, miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, autor de La prensa liEbre o Los crímenes del idioma es el autor del siguiente artículo:
BREVE EXAMEN DE LA PUBLICIDAD EN ESPAÑOL PARA EMPRESAS Y AGENCIAS DE PUBLICIDAD HISPANAS

Si hubiera que traducir un anuncio hecho originariamente en inglés, ¿cuál sería el procedimiento más recomendable?
Pongamos dos posibilidades:
1. Entregarle el anuncio en inglés a un traductor para que lo ponga en español.
2. Darle el concepto a un redactor publicitario hispano y sugerirle que prepare el texto español que mejor corresponda.
Ustedes como profesionales sabrán sin duda que la segunda es la más sensata. Pero demos un paso más allá. Mejor sería, en realidad, una combinación de ambas cosas, advirtiendo que no corresponde traducir el texto palabra por palabra, sino en forma libre, buscando las expresiones y giros característicos que reflejen el genio y espíritu de nuestro idioma.
Si ustedes me lo permiten, partiremos de lo consabido en la materia. Es decir, que la versión castellana de un anuncio no puede ni debe ser una «traducción», sino una ADAPTACIÓN. ¿Por qué? Porque la traducción es cosa textual y la publicidad es mucho más: es también visual, auditiva y conceptual, por no decir que abarca los cinco –¿qué digo?—hasta el sexto sentido del ser humano. Se afinca en lo más recóndito, vernáculo y auténtico que encierran la esencia y espíritu de la lengua, a fin de que tenga máxima eficacia y «pegue» en la imaginación, que tenga efecto inmediato y, si es posible, duradero.
Sabiendo eso, es de lamentar que tengamos que preguntarnos:
¿Qué sucede con la publicidad en español producida en Estados Unidos?
Con honrosas excepciones –justo es reconocer que hay excelentes avisos que dan la positiva impresión de haber sido concebidos en castellano o cuidadosamente adaptados–, parecería que, en general, se pone la tarea en las inexpertas manos (como observaremos en la siguiente sección de ejemplos) de quienes hacen una traducción literal.
Antes de proseguir, queremos dejar constancia de que el presente escrito no va en son de crítica sino de evaluación constructiva. Pero vayamos ahora a ejemplos concretos, porque es ahí donde están las pruebas palpables y concretas del problema. Y adviértase que todos estos ejemplos proceden de UN SOLO NÚMERO de la popular revista People en español, de gran circulación en todo el país.
CREMA DERMATOLÓGICA. Un anuncio de crema para la piel de Clean & Clear Advantage está tan plagado de errores fundamentales que es casi imposible detallarlos todos. Pero escojamos. Dice: «El 100% de las personas vieron piel mejorada en sólo un día. Y los resultados después fueron aún mejores.»
Solución: «Mejora tu cutis en veinticuatro horas. . . y luego, aun más». Expliquémonos. La voz «piel» es genérica. En cambio, «cutis» se refiere más bien a la piel de la cara, que es lo que interesa en este caso. Lo de «100%» es estadística muy impersonal de prueba clínica que se podría mencionar en el texto, no en el titular (no hay que copiar los errores del anuncio original en inglés). Y la voz personas está de más, porque en español se da por supuesto (¿para quiénes va a ser, para conejos?). Además, las frases «sólo un día» y «los resultados después [etc.]», siguen el orden literal y el estilo anglo, lo que no se compadece con el español.
CUESTION DE «CALOR». En un artículo sobre ropa de temporada aparece un gran titular que, dice, con la típica redundancia del inglés (hot summer) dice: «Verano caliente». Es fundamental en español respetar el abismo que hay entre «caliente» (para cosas) y «caluroso» (para el clima, el tiempo, la actitud personal). Peor aun, no es el único aviso que confunde estos términos, pues la cadena hotelera Comfort Inns nos ofrece «una cálida bienvenida». Ahí también iría «calurosa» o, mejor –si el rigor veraniego lo desaconseja– «regia (o ¡refrescante!) bienvenida». (En cuanto al artículo, el castellano no necesita poner «UNA regia bienvenida», pues ya se sabe que no son dos). Que el inglés no tenga sino «hot» para ambos conceptos no es pretexto para dejarnos FRIOS con tan «climáticos» errores.
NEGOCIO PERSONAL. Otro anuncio reza así: «Empieza tu propio negocio», que es copia literal de «Start your own business». Es claro que en español no se diría así, sino más bien «Pon negocio propio». Hay, también, una diferencia entre «propio negocio» y «negocio propio», igual que entre «propia casa» (donde uno vive) y «casa propia» (la que le pertenece a uno).
AUTOMÓVILES. En esta categoría hay toda una serie de inexplicables sinsentidos. Un anuncio de autos habla de su «sistema de info-entretenimiento multimedia». ¿No será «sistema multimediático de información y entretenimiento»?
Otro caso: imágenes de un bello descapotable, con el siguiente texto: «techo duro retraíble». Nada, dos errores en tres palabras: en español queda más preciso y elegante «techo metálico»; además, «retraíble» no es la voz que corresponde, puesto que para eso tenemos «retráctil» y «plegable» (esta última voz es menos «técnica»). Nada, falta de un buen diccionario.
Un aviso de Hyundai nos sale con este casi incomprensible titular de seis líneas en letras mayúsculas sobre una página en blanco:
«NO ES TAN COMPLICADO. SI EL PRECIO DE LA GASOLINA ESTÁ TAN ALTO, ENTONCES ASEGURÉMONOS DE CONSTRUIR CARROS QUE USEN TAN POCA COMO SEA POSIBLE.»
Sin entrar en el análisis de toda esta perfectísima transliteración, digamos que SÍ, que está, más que complicado, ALAMBICADO, y que su redacción en castellano corriente y moliente rezaría así:
«Seamos prácticos. Con lo cara que está la gasolina, ¿por qué no andar en vehículos que la ahorren al máximo?»
Para terminar con el mundo automovilístico, no todo es negativo. Una marca muy conocida tiene por lema esta sola y elocuente palabra: «¡SÚBETE!». (Pero, por favor BÁJENSE de los textos deficientes.) ¡Lo bueno brilla, sobre todo si es escaso!
TINTES. Un producto de Clairol para la cabellera femenina nos da este titular: «¡Un color duradero que se cree acondicionador!». No podemos CREER que nos dice «se cree», giro autoburlón del inglés («thinks itself») que no solamente no «pega» en español, sino que nos hace dudar de la eficacia del producto. Solución: «¡Color duradero que también acondiciona!». (Otra vez, el artículo «UN» es innecesario en español, y distrae.)
Digamos, de paso, que ni uno solo de los productos para el conjunto de pelo de la cabeza femenina usa la palabra más adecuada: CABELLERA. ¿Será porque no existe en inglés? No obstante, el titular de un artículo emplea la voz «MELENA», que significa, entre otras cosas, cabello suelto (con connotación de desgreñado, por cierto) y, por si fuera poco, ¡«crin del león»!.
GALLETITAS. Un anuncio de Nabisco ignora el uso del diminutivo –aunque es para niñitos, nada menos– y, pese a su atractivo concepto general, pone un texto repleto de incomprensibles dislates. Aunque no se crea, reza así: «celebramos por la galleta que lo tiene todo… lo bueno del calcio… a tus hijos les va a encantar». ¿No sería mejor así?: «la galletita del osito* tiene de todo… calcio a manos llenas… a tus hijos les encantará». (*Por su forma; debe aprovecharse el diminutivo también para la graciosa forma de la galletita.)
SALUD. Los anuncios de GlaxoSmithKline son modelos de literalidad. Un titular reza así:
«¿Cómo PODEMOS AYUDAR a las comunidades que no consultan al médico con la frecuencia QUE DEBERÍAN?»
Para empezar el «podemos» («can») sobra, y lo demás se arregla así:
«¿Cómo SE AYUDA a los GRUPOS (no «comunidades») que no consultan al médico con la DEBIDA frecuencia?»
Otro anuncio de la misma compañía comete el mismo error (¿el mismo traductor?), pues dice «descubra cómo PUEDE respirar mejor», en vez de «descubra cómo respirar mejor».
Luego, un titular secundario dice: «Saber más, vivir mejor», en vez de «Sepa más… viva mejor». Son múltiples los demás errores de redacción, que evidencian la imitación del estilo y concepción del inglés.
COSMÉTICO PARA EL OJO FEMENINO. Y ahora, un caso tan sencillo que un niño de sexto grado sería capaz de redactarlo bien. Un gran titular de Maybelline dice: «¿Qué es rosado y verde y en el bolso de cada mujer?» Huelga decir que brilla por su ausencia el verbo «ESTAR». Debió decir «…y ESTÁ (o «se encuentra») en el bolso…». Por cierto que ni siquiera le ponen el acento al nombre genérico del producto, «MÁSCARA», de modo que dice, en realidad, «más cara». Cara les cuesta la cosa, puesto que demuestran ignorar que la voz inglesa «mascara» (con acento prosódico en la segunda A) se adoptó del español «máscara». Así que en español lo correcto es escribirla y pronunciarla así, «MÁSCARA».
ANUNCIO DE SERVICIO PÚBLICO. Los pobres muñecos sacrificados en las pruebas de choques automovilísticos nos sueltan este irredimible disparate: «Usted puede aprender de un muñeco tonto». Bueno, no conozco ningún muñeco pensante, ni menos inteligente. Cualquier colegial les daría la solución: ¡«Hasta un muñeco lo sabe»!
TARJETA DE CRÉDITO. La tarjeta Visa comete un espantoso disparate con este gran titular: «La vida TOMA oportunidades» (traducción seguramente de «Life takes opportunities»). ¡Es AL REVÉS! «La vida DA (u OFRECE) oportunidades» o bien, en todo caso, «En la vida, HACEN FALTA oportunidades».
OMNIBUS. La línea Greyhound tiene un anuncio ingenioso, pero lleno de errores de concepto, de ortografía, de lógica y de no sé qué más. Bastaría señalar dos detalles. Dice: «Presentando a…» («Presenting»), cuando el español no acepta este tipo de «presentación». Debió decir sencillamente: «¡Ya llegó!» Luego, al final, como especie de lema, nos suelta ésta: «Greyhound. Para menos. Viaja más». Lo que está «PARA MENOS» es esta frase de doble sentido no intencional que le DESINFLA por completo las llantas. ¿Qué tal si dijéramos «Detente menos y viaja más»?
DEPILACION. Un anuncio de Walgreen’s que promueve pinzas depiladoras nos deja con los pelos de punta con este titular: «Técnicas de depilación SIN INDOLORAS». ¿El pobre redactor estaba indeciso entre «sin dolor» e «indoloras», y puso las dos, por si acaso. Muy doloroso.
CREMA HUMECTANTE. Por último, el anuncio de una crema humectante que reza así: «también EMPARE el tono de tu piel». Aunque parezca cosa de risa, ¿será posible que nadie se fijó que le faltaba el «JA» a «EMPAREJA»? Increíblemente, el anuncio ha seguido saliendo así en repetidas ediciones de la revista.
En fin, que en vista de todo lo anterior, y en nombre de la integridad del idioma español y del interés público, les comunico que estoy dispuesto a colaborar para subsanar estas deficiencias con las agencias publicitarias que lo deseen.
Lo que importa es velar por la corrección textual de la publicidad y, sobre todo, por que se adapte cabalmente a la cultura y al idioma hispanos, no desde el punto de vista purista, sino de que simplemente no sea irrespetuoso de las normas generales y del genio de la lengua. Lo que para nada impide el uso de giros vernáculos auténticos y simpáticos, comprensibles a hispanounidenses de todos los países y regiones donde se habla nuestro idioma, que nos une y dignifica.

domingo, 21 de outubro de 2012

CRÓNICA DE LOS CRONISTAS DE INDIAS





Un carrusel con las palabras y los artilugios de los que se sirven

Por Alfonso Armada. Fuente:ABC.es

[Entre el 10 y el 12 de octubre, la capital mexicana acogió en el castillo de Chapultepec y en el Museo Nacional de Antropología un encuentro patrocinado por la Fundación Gabriel García Márquez para el nuevo periodismo iberoamericano (FNPI) y Conaculta (la secretaría mexicana de Cultura) bajo el título Nuevos cronistas de Indias 2. Un mundo de historias por descubrir. Pese al anuncio, lo que sigue no es una crónica, sino otra cosa.]

“Seguimos hablando como si el poder siguiera llevando la manija, y todos sabemos que no es así” (Mónica González, Chile. Directora de CIPER)

“Estamos tomando conciencia de que cuando trabajamos bien podemos intervenir en la agenda. Tradicionalmente estas crónicas estaban dirigidas a una élite ilustrada y concienciada. Pero las redes están ampliando la audiencia, hablando también de temas que afectan cada vez más a un número mayor de personas” (Ignacio Rodríguez Reyna, México. Director de la revista emeequis)

“Es un trabajo que requiere de una valentía personal, una ética periodística (y juicio), que va hacia el peligro cuando todos huyen, sin que ningún jefe se lo pida” (Santiago Gamboa, Colombia. Escritor y periodista)

“Pasamos tanto tiempo hablando de la crónica como escribiéndola. Me parece terrible el que escribe crónicas para confortar al lector. El efecto reconfortante es el peor de los peligros en los temas y en las formas. Anfitrionía. Estuve a punto de irme, pero siempre que vengo a México aprendo una nueva palabra. Anfitrionía. Me quedé. Nadie habla de Herodoto como cronista o escritor de viajes. Es más probable que un escritor te pida una crónica de 10.000 caracteres sobre el buen momento de la crónica que una crónica de 10.000 caracteres. Como argentinos empezamos a resignarnos a ser latinoamericanos. El boom: América Latina estaba sin construir y los narradores se confabularon para construirla. Apareció la no ficción como un medio más eficiente de hacerse cargo de esa misión. Otra ventaja de la crónica sobre la ficción: parece necesario enterarse de lo que pasa, cosa que la ficción no hace, y más cuando se encierra en la autoficción” (Martín Caparrós, Argentina. Escritor y periodista)

“La crónica parece crear una idea de América Latina. De qué hablamos cuando hacemos crónica” (Santiago Gamboa)

Asombra cómo escuchan los fotógrafos aquí.

“Dos mil palabras es lo que necesito para aclararme la garganta” (frase atribuida a Martín Caparrós y no del todo desmentida por su presunto padre)

“Cuando un cronista empieza a hablar más de sí mismo que de otra cosa se convierte en escritor. No escribo sobre la primera persona, siempre hay una subjetividad desde la que uno mira. Me interesan esos escritores, pero no es lo que yo hago. Mi postura como cronista es otra” (Martín Caparrós)

“Hasta que no di talleres en la Fundación [para un Nuevo Periodismo Iberoamericano] no había pensado sobre mi trabajo. Diseccionamos mi trabajo como si fuera un cadáver. Nos preguntamos: cómo eliges los temas, cómo te relacionas con las fuentes, cómo te relacionas con el editor, cómo comienzas y terminas, estás en una torre de marfil o te relacionas con los grandes públicos. La crónica es un abarcálotodo, pero lo bueno que tiene es que el tiempo la atraviesa. No siempre somos conscientes de los caminos que tomamos, aunque a veces los medios nos marcan los temas” (Jon Lee Anderson, Estados Unidos. The New Yorker)

“Cuando llego la gente puede pensar: esta chica no está haciendo nada. Y yo lo que hago es escuchar. Yo vengo de un país que no quiere serlo, que no sabe lo que es, que es todo frontera. Yo me entrego a la escucha. Lo que hago es escuchar y escuchar todo el tiempo, hasta veinte horas si es preciso, hasta que salga la voz” (Ana Teresa Toro, Puerto Rico. El Nuevo Día)

“Yo no puedo escribir una crónica sin haberla reporteado” (Óscar Martínez, El Salvador.Elfaro.net)

Voces de niños que visitan el castillo de Chapultepec se mezclan con las voces de los cronistas.

“El oficio de editor es sufrido, secreto y paradójico. Cada vez hay más programas de cocina, y los chefs son los nuevos pornógrafos, que ya no cocinan y nos excitan. El primer mandamiento de un editor es dar problemas. El trabajo de un editor es producir olvido, no memoria. Lo que yo hago con los autores, más que entretener o denunciar, es desengañar. El trabajo del editor es aprender a esperar, aprender a acompañar. Como editor, la falta de tiempo lo que produce son encargos en lugar de experiencias. No tenemos tiempo de leer lo que publicamos. Quiero ser más El faro y menos Etiqueta negra. Un privilegio del editor es intuir lo que ese lector infiel, enigmático y traidor no sabía que quería leer” (Julio Villanueva Chang, Perú. Etiqueta negra)

“Cuando la revista se acomoda a los autores acaba desdibujándose. Una de las cosas que menos nos interesa innovar es la crónica, porque es amable” (Daniel Samper Ospina, Colombia. SoHo)

“Pervertir la crónica para trasladarla a una nueva tecnología… eso a mí ha dejado de interesarme” (Gumersindo Lafuente, España. Periodista)
En gigantescos dinteles del patio principal del Museo Nacional de Antropología de México DF:

“Toda luna, todo año.
Todo día, todo viento,
camina y pasa también.
También toda sangre
llega
al lugar su quietud”
(Chilam-Balam)

¿Solo así he de irme?

¿Cómo las flores que perecieron?

¿Nada quedará en mi nombre?

¡Al menos flores, al menos cantos!”
(Cantos de Huexotzingo)

“Hay dos cosas que lo [me] remecen en la vida: el amor y la política. La fantasía de un periodismo anfibio: que puede cambiar el estado de las cosas. Pienso en un periodismo en el que las fronteras están en descomposición. Porque estamos en la frontera. En un momento nos quitamos la conciencia de que no somos intelectuales, sino un oficio, con lo que nos convertimos en instrumentos de los medios” (Christian Alarcón, Chile.Revistaanfibia.com y cosecharoja.org)

“Setenta y cinco compañeros han muerto en cumplimiento de su deber en los últimos diez años: pido un aplauso para ellos” (Sergio González Rodríguez, México. Escritor y periodista)

“Ya no se puede hacer buen periodismo en los medios. Nuestro reto, el de nuestra generación, es contar lo que está pasando en internet” (Graciela Mochkofsky, Argentina. Puercoespin.com.ar)

“Los periodistas hemos cometido pecados capitales frente al poder” (Mónica González)

“Hemos fracasado a la hora de contar las grandes transformaciones de América Latina en los últimos veinte años” (Graciela Mochkofsky)

“El dolor no se pasa” (Carlos Dada, El Salvador. Elfaro.net)

“Soy del Caribe colombiano, donde los piropos son creativos y la oralidad es muy grande. Por ejemplo: me gustaría ser tu profesor de tercero para pasarte a cuarto” (Alberto Salcedo Ramos, Colombia. Escritor y periodista)

“Los escritores no tienen por qué ser héroes, pero la lectura puede generar héroes” (Juan Fernando Andrade, Ecuador. SoHo y Diners)

“Me llaman la atención las cosas como a un niño, y me dejo llevar por ese interés casi infantil. De José Tomás me impresionó su rostro, que me pareció de un franciscano del siglo XIII más allá del mundo” (Pablo de Llano, España. El País)

“A estos encuentros ha estado invitado alguien que no acaba de llegar y que es el novelista” (Edgardo Rodríguez Juliá, Puerto Rico. Cronista y editor)

“Enseñar mejor a sacar su voz, no a que escriban como nosotros. Aprender a mirarse al espejo, conocerse a sí mismos. Aprender a mirar al otro: ver el mundo desde el punto de vista del otro. Aprender a escuchar y aprender a recordar (escribir la primera frase antes de abrir el bloc de notas. Si no recuerdas… [algo va mal]). Aprender a trabajar en equipo. Aprender a mirar. Aprender a leer. Aprender a escribir y a leerse, a autoeditarse. Aprender a pensar en el futuro. Aprender a trazarse el camino” (Roberto Herrscher, Argentina/Costa Rica. Periodista y director del Máster de Periodismo de la Universidad de Barcelona)

“Agradecido a la Fundación. Estamos sorprendentemente lejos” (Patricio Fernández, Chile. The Clinic)

El poder de la lengua española



El idioma español es un activo fantástico en EE UU, Latinoamérica y todo el mundo
BARBARA PROBST SOLOMON

Mientras el Gobierno griego piensa en vender algunas de sus islas para ayudar a pagar sus deudas, dos grandes constructoras españolas —Dragados y Judlau, su socio en esta operación conjunta— han obtenido un jugoso contrato en Nueva York para reconstruir el sistema de transportes de la ciudad. Por supuesto, no se puede generalizar, y dividir el Mercado Común Europeo sotto voce en países del norte (industriosos) y países del sur (inestables) es una sórdida forma de prejuicio geográfico. Y, de todas formas, España no es verdaderamente un país del sur, igual que Alemania no siempre fue en el siglo XX, por decirlo con palabras suaves, un modelo de moralidad. Alemania no se reconstruyó por motivos éticos, sino porque necesitábamos un parachoques contra Rusia. No conozco las negociaciones que mantuvieron la Autoridad de Transportes y las empresas españolas, pero por fin, por fin, ahora que Wall Street y los bancos están en una situación de debilidad, hemos decidido prestar atención a la reconstrucción física del país (cosas tan anticuadas como túneles y puentes). ¿Y quién sabe hacerlo? El alcalde Bloomberg está ocupado con nuestra necesidad de inmigrantes (tanto cualificados como no cualificados) y está muy comprometido en el empeño de impulsar proyectos de ley que faciliten a los estudiantes extranjeros realizar posgrados en nuestras universidades y luego quedarse en ellas. Mientras tanto, Dragados está terminando una tarea proyectada desde hace casi un siglo.
Un día de agosto de hace casi 100 años —el 1 de agosto de 1918, para ser más exactos—, los ingenieros más brillantes de Nueva York dieron el último paso necesario para la modernización de la vía rápida de la ciudad en la estación diagonal del cruce de la calle 42 y Park Avenue, el mismo sitio en el que se lleva a cabo la reconstrucción actual. La atmósfera era de júbilo. La hazaña se comparó con el histórico instante en el que los ferrocarriles de vapor de todo Estados Unidos se cambiaron al ancho de vía estándar en un solo día, una proeza de ingeniería que The New York Times había calificado de éxito inmenso: “En un plazo increíblemente breve de tiempo, las vías de ferrocarril por las que circulaba el tráfico más pesado del mundo se cambiaron por completo y la capacidad de soportar tráfico se duplicó...”. La nueva línea H de metro en la zona este de Manhattan conectaba las que iban de este a oeste con las que iban de norte a sur, y algunas zonas que hasta entonces no habían tenido acceso al suburbano se encontraron con que llegaba casi a su puerta. Mi madre, entonces una adolescente, escribió a su hermano mayor, que estaba destacado en Francia (en la I Guerra Mundial), varias cartas muy descriptivas sobre las festividades con las que se festejó el acontecimiento.
Dos grandes constructoras españolas -—Dragados y Judlau— han obtenido un jugoso contrato en Nueva York para reconstruir el sistema de transportes de la ciudad
Por el contrario, en los años sesenta, la ciudad se había convertido en el paraíso de los okupas: seguía habiendo excéntricos como yo, artistas, actores, pequeños grupos de intelectuales y profesionales, rodeados de una plétora de proxenetas, prostitutas y tráfico de drogas. Se derribó la vieja y encantadora Estación de Pennsylvania (Jackie Onassis consiguió salvar la Estación Central) y, para asombro de mis amigos europeos, yo vivía en un enorme piso de altos techos en la zona oeste, con vistas a Central Park, por una miseria. La delincuencia campaba por sus respetos. Los “ciudadanos responsables” se habían mudado a las afueras y se burlaban de los neoyorquinos. Y nada de arreglar metros, trenes ni túneles. Se consideraba que los trenes eran algo decimonónico, y además Nueva York, que de pronto se convirtió en el símbolo del mal, estaba en bancarrota. Washington se negaba a ayudarnos y tuvo que ser el Sindicato de Profesores quien pagara las deudas de la ciudad. Nueva York se había convertido en una ciudad turbia y pecaminosa, con una población que seguramente no necesitaba ferrocarriles. El poder político del país se había trasladado al sur, a Tejas, al oeste, lugares en los que la gente tenía coches y aviones. Yo no tenía coche y los microbuses no se habían puesto aún de moda. Un fin de semana de verano que tuve que ir a Long Island, la lluvia entraba por las goteras en el techo del vagón del tren, el aseo estaba en el vagón siguiente y tuve que saltar el ancho espacio entre uno y otro con un periódico encima de la cabeza; una aventura complicada.
Poco a poco, la ciudad revivió, pero sigue existiendo una grave escasez de mano de obra cualificada para construir puentes y túneles. Nueva York se reconstruyó gracias a artistas, estudiantes audaces, europeos e inmigrantes de otros países. Cuando se produjo el 11-S, Manhattan y Brooklyn estaban ya en medio de una expansión imparable.
No vivo en España (aunque sí con la imaginación) ni soy economista. Pero me atrevo a dar un consejo espontáneo. No dejen que la crisis actual les humille ni les obligue a entonar un mea culpa. El bienestar de los países no se traduce automáticamente en una lista de sus mejores valores. Piensen en lo que tienen de bueno. La lengua española —que no se menciona mucho en Europa cuando se discute sobre el euro— es un activo fantástico en Estados Unidos, Centroamérica, Latinoamérica y todo el mundo. Hoy es imposible ganar unas elecciones en Estados Unidos sin ella. Julián Castro, alcalde de San Antonio, Tejas, ha sido el primer hispano que ha pronunciado el discurso central en la convención demócrata (el mismo lugar en el que comenzó la trayectoria de Obama hacia la presidencia hace ocho años). Se habla de él como un posible futuro presidente. Y el poder de la lengua hablada es que se multiplica.

Barbara Probst Solomon es periodista y escritora estadounidense.
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

El gran professore














A solas en Milán con Umberto Eco, uno de los pensadores más brillantes de nuestro tiempo
Por Diego Mazzei | LA NACION – Argentina.
Foto: LA NACIÓN / Daniel Merle

MILÁN.- Esquivar los vaivenes del otoño. Pasar de una llovizna indolora a un sol que desata un aire bochornoso. Por las diagonales del centro milanés uno debe esquivar ese caos civilizado que es el tráfico, en el que un enjambre de motos y bicicletas pone el cuerpo ante los autos y viejos tranvías. En el centro de la escena, la imponencia gótica del Duomo, en cuya plaza y adyacencias uno puede quedar atrapado en un remolino de camaritas japonesas, un tour de jubilados suecos o una efímera protesta de empleados de una casa de comidas rápidas, el único incidente que altera el ritmo consumista de la galería Vittorio Emanuele II.
Desde la plaza del Duomo, por la Via Dante, peatonal de negocios y cafés, se llega al Castello Sforzesco, una fortaleza que los Visconti construyeron en el siglo XIV y que hoy alberga varios museos y hasta un evento de moda. Con vista a la historia, un edificio antiguo de interior refaccionado muestra un portero eléctrico. "U.E.", dice el timbre, y la voz que contesta guía: "Segundo piso a la izquierda". La misma voz áspera recibe detrás de una sonrisa. Umberto Eco se anticipa e indaga en el idioma para dialogar. "¿Inglés o italiano? Mi español no es bueno", se excusa. Tiene un suéter fino color ladrillo; debajo del suéter, una camisa blanca a rayas y unos tiradores que sostienen un jeans azul; medias bordó, mocasines negros y unos anteojos grandes que han leído vorazmente durante décadas.
Se ha dejado la barba nuevamente (se la había quitado porque decía que en las fotos parecía Genghis Khan enojado). Sostiene en sus labios un cigarrito apagado. Hace 8 años dejó de fumar, y es la única manera que encuentra de aplacar la nostalgia del vicio. Se queja un poco. Un achaque, el nervio ciático lo tiene a maltraer. Pero a los 80 años luce vital e hiperactivo.
"Disculpen que los atienda aquí, pero tenemos la casa un poco ocupada con los preparativos para una fiesta. Con mi mujer cumplimos 50 años de casados." Su mujer es Renate Ramge, alemana, profesora de artes visuales, con quien se conoció cuando ella trabajaba en la editorial Bompiani, que aún hoy edita los libros de su marido. Este lugar es un paraíso para cualquier bibliófilo. La mitad de la casa funciona como su estudio. Un pasillo, otro pasillo..., todo tapizado de libros. Bibliotecas blancas, muy prolijas, con miles y miles de libros. Varias escaleras para llegar a los estantes más altos. Y el espacio de trabajo, con más y más bibliotecas. Y más escaleras. "Son aproximadamente 30.000 libros. Después, entre la casa del campo y mi oficina en Bolonia sumarán unos 50.000." En Bolonia está la Universidad, en la que ya no enseña, pero donde aún preside la cátedra de Semiótica. Eco ha sido un académico toda su vida. Publicó su primer ensayo en 1956, sobre Santo Tomás de Aquino. Su primer trabajo fue en televisión, cuando ésta comenzaba. Ya se había licenciado, como filósofo, en estética medieval en la Universidad de Turín. Después ingresó en el mundo editorial, siguió estudiando, siguió investigando. Empezó a dar clases y nunca paró. En la mitad de su vida se decidió a escribir una novela que pensó que iría a parar al archivo de la Universidad y terminó siendo un clásico que aún hoy sigue vendiéndose a raudales en todo el mundo: El nombre de la rosa, publicada en 1980
"Estoy seguro de una cosa. Si la hubiera escrito diez años antes o diez años después, nadie se habría acordado. Por tanto, hay ciertos momentos en que cierto libro va a responder a ciertas cuestiones. Esas cuestiones no habrían existido diez años antes o después. ¿Cuáles son esas cuestiones? No estoy en condiciones de decirlo. Y el misterio es doble en el sentido de que hay dos dimensiones. Una es que el libro se ha promocionado a través del boca en boca de la gente. Y la otra es que este fenómeno se ha dado en Italia, en Australia, en México, en la India, en todos los países. Este fenómeno no puedo explicarlo, sino que miro a través de los ojos de los traductores. Un crítico italiano amigo mío ha dicho que los libros de sus traductores están mejor escritos que los suyos."

¿A pesar de aquello de traductor-traidor?
Yo creo en la traducción. Incluso escribí un libro sobre la traducción. Creo que el autor debe trabajar mucho con el traductor. Incluso el traductor de lenguas que no conoce. Trabajo muy bien con mi traductora rusa o con mi traductor japonés. Cuáles son los problemas que hay y que no logran resolver. Naturalmente no he podido controlar mi traductor de coreano. O el chino. Pero para las lenguas mayores, en cuanto escribo un libro mando a todos un dossier. Se manda el texto entero, con transparentes, explicaciones, comentarios, que vean que en su lengua esto no se puede decir... El Cementerio de Praga [su más reciente novela, publicada en 2010] fue mandada por el editor italiano a todos los editores extranjeros en cuanto yo le di el manuscrito, antes de que fuera impreso en Italia. Los traductores son lectores fabulosos, porque controlan diez veces cada palabra. Alguno encontró un error, una contradicción. Ayer por la mañana recibí diez mails de traductores. Uno había mandado copia a todos diciendo de una corrección. Y con cada uno el libro cambiaba. Eran cambios pequeños. Pero los traductores son gente tremenda. Uno dice: "Habla de esta calle de París, hablando del 1860, pero yo he controlado y esta calle sólo se llama así a partir de 1865". Cosas por el estilo.
Eco trabaja compulsiva y metódicamente, aun a los 80 años. Para las novelas suele tomarse un tiempo. Ocho años tardó en escribir El Péndulo de Foucault; seis años las otras. ¿Obsesión? "Sí, porque quiero hacer el trabajo bien. Podría hacer una silla por día. Pero prefiero hacer sólo una silla por semana. Porque la parte más bella para mí es el período que paso escribiendo un libro. Y por qué debo apurarme cuando es el período más bello. Cuando busco la documentación, cuando veo una cosa y me detengo. Todo eso es la parte más bella. Cuando el libro está terminado ya no me importa nada. Pero los pobres desgraciados que hacen un libro al año no tienen este placer."
¿Vuelve a leer el libro que ha escrito?
Sí, pero eso es otra cosa. Cuando digo la bella experiencia de construir un libro, quiero decir que la experiencia bella para una madre es estar nueve meses encinta, no el parto. Si tuviera que parir todos los días, sería tremendo.
Usted ha escrito en Confesiones de un joven novelista que para escribir una novela exitosa tiene que mantener algunas cosas en secreto...
Lo que digo es que en el período en el que estoy escribiendo no le digo a nadie lo que estoy haciendo. Es un placer mío. Lo cultivo para mí.
¿Ni la familia sabe?
No, nadie. Es cierto que una vez dije que el secreto del éxito es no aparecer jamás en televisión.
Eco nació y creció en Alessandria, en el Piamonte, pero desde hace muchos años su base está en Milán. En esta casa. En este estudio. Hay dos escritorios en fila. En uno trabaja por la mañana; en el otro, por la tarde. Cada uno tiene una computadora. Sobre los escritorios acumula libros, sobres, papeles, dos cajillas de cigarritos Café Crème, una tarjeta de embarque a nombre de Umberto Giuseppe Eco, un pocillo de café ya bebido, dos aparatos de teléfono, una lupa, una notebook, una lámpara de pie que cae sobre los papeles. Más allá, otro escritorio es ocupado por una asistente. Fuera de charla, prima el silencio, aunque si hay parlantes, en algún momento hay música. "Fundamentalmente amo escuchar música clásica. También escucho esa música que los americanos llaman de nostalgia, de los años 20 a 30. Cuando trabajo pongo un canal clásico o el canal donde se escucha a Frank Sinatra, Bing Crosby, las canciones de mi infancia. De la canción moderna diré que después de los Beatles no seguí tanto la evolución del rock, etcétera. Y toco la flauta dulce, cosas de Bach, Telemann, música clásica", dice.
Ah, la tecnología... No utiliza Twitter. La cuenta con su nombre es falsa. Tiene un teléfono celular que usa sólo para llamar taxis. "Sin volverme un cretino que camina por la calle hablando solo. Estamos obsesionados por los medios de comunicación que, ciertamente, son uno de los males de nuestro tiempo. Son un mal como en un tiempo eran las epidemias. La peste. Así como mucha gente logró sobrevivir a la peste, también podrán sobrevivir muchos a los medios de comunicación."
Con tantos estímulos, Internet, la TV, las redes sociales, ¿cuándo encontramos tiempo para leer?
Aquí también hay una selección natural. El que no encuentra tiempo para leer, peor para él. Esto vale también para el mecánico de autos. Yo uso Internet y no me impide leer. Me gusta muchísimo ver televisión. Pero no es que me paso 24 horas viendo televisión. El alcohol es muy resistido. Pero están los alcohólicos y están los que beben un whisky después de la cena. Hay infinitos estímulos. Lo veo con mis nietitos. Son llevados a leer menos libros porque ven mucho cine. Es igualmente educativo leer un buen libro y ver un buen film. Es igualmente un modo de crecer y de hacerse una experiencia. Naturalmente depende de la educación, un niño que es dejado delante de la televisión por la madre para poder salir, pobre. Existen los niños a los que los padres vuelven estúpidos. Pero una persona que tiene interés y curiosidad puede sobrevivir al exceso de comunicación. Piense en la gente que está siempre con el celular. Yo lo tengo siempre conmigo y vivo muy bien. Se puede sobrevivir.
Las nuevas tecnologías están cambiando constantemente, pero el libro como objeto permanece...
Sí, yo no soy un pesimista. La semana pasada había perdido esto -un pendrive- y podían desaparecer todas mis labores de los últimos treinta años. Estaba desesperado, pero después lo encontré. Es facilísimo perder este pendrive, pero es muy difícil perder toda una biblioteca. El libro da una garantía de supervivencia. Puede bastar un gran apagón para destruir toda mi biblioteca electrónica. Pero yo colecciono libros antiguos. Aquí hay libros de quinientos años, que parecen impresos ayer, de una frescura. Esa es la ventaja del libro, da una mayor garantía de supervivencia. Naturalmente es menos transportable. Yo prefiero que mi nietito aprenda el latín sobre la pantalla de un iPad antes de que sufra escoliosis por cargar libros. Por qué va a cargar con toda la biblioteca si puede verla allí adentro. O si busco cierto libro, es más fácil buscarlo en Internet. Pero más allá de esto, el libro tiene mayor supervivencia. Y después está el acto físico, la cuestión afectiva, el poder tocar el objeto, poder tomar apuntes. Si busco en el sótano mi Pinocho de cuando tenía 8 años, si busco todas las marcas que le hice, ciertamente no hay ninguna relación sentimental con la versión digital. Quiero decir, la invención del automóvil no ha eliminado la bicicleta. La invención de la fotografía no ha eliminado la pintura. Lo máximo que ha eliminado es el retrato. No hay más pintores que hacen retratos. Picasso vino después de la invención de la fotografía. Las dos cosas pueden coexistir. Tendremos ciertamente en el futuro una mayor cantidad de información a través de los medios electrónicos. Es posible que para los apasionados, las bibliotecas personales se reduzcan. Tanto mejor. Cuesta menos. Pero no sólo los que piensan en la muerte del libro. Tanto más los que los coleccionan dirán: espero que no haya más libros. Tanto más valdrán en el anticuario.
Acompaña cada sentencia con una gesticulación. Y la remata con una sonrisa franca y maliciosa. Revuelve las preguntas que no lo convencen. Busca entre la ironía y sale con paso picaresco. ¿Cómo se define como novelista? Ahí viene el sarcasmo. "Cuando me preguntan cómo me llamo, contesto: yo no me llamo, son los demás los que me llaman. No soy yo el que me defino, son los demás. Durante un tiempo acepté la definición de escritor posmoderno. No sé exactamente qué quiere decir posmoderno, pero hay ciertos aspectos del posmoderno, la meta-fiction, la ficción sobre la ficción. En mis novelas siempre hay dos o tres capas, incluyendo la voz del narrador que habla de aquello que está narrando. La ironía. No la ironía de primer nivel, sino la ironía intertextual. Citar otras obras. Todos estos aspectos vagos pueden hacerme entrar no en el neorrealismo de la posguerra, sino en el posmoderno. Tampoco soy novelista histórico. El Péndulo de Foucault, La Reina Loana se ven con nuestros ojos. Pero sí hay siempre elementos del tipo de la evocación de la memoria. Me resulta muy difícil ubicarme. Porque yo no me llamo, me llaman los demás."
¿Para quién hay que escribir? ¿Se debe escribir para uno mismo? Faulkner decía que si uno no entiende después de leer el texto dos o tres veces, hay que leerlo cuatro.
Los que dicen que escriben para sí mismos se equivocan. Se escribe para los demás. Se escribe como un acto de comunicación. Pero no se escribe para los lectores que existen, sino para los lectores que no existen aún, que se quieren formar, que se quieren construir. Pero hay lectores que leen diez páginas y se aburren. No nos casamos todos con la misma mujer. No estamos obligados a amar todos lo mismo. Se escribe para un lector ideal y un libro es una máquina para construir un lector. Piense en cómo comienzan las fábulas: había una vez. Ya es un modo de construir el lector. Dice tú debes ser un niño o un adulto que finge ser un niño. Son ya señales de qué tipo de lector se quiere. Hay muchos libros que leí en mi vida y dejé después de cinco páginas. Años después leí un capítulo. Y finalmente he devenido aquello que aquel libro quería que deviniese. Eso ha sido muy importante para mí. Con el libro puede no estallar de entrada el amor. Coup de foudre. Puede ser un enamoramiento lento.
Mucha gente cree que los personajes son un reflejo del autor.
El lector piensa que los libros son siempre autobiográficos. En una novela yo cuento que uno se ha enamorado de una mona y el lector débil se imagina que yo en mi vida me he enamorado de una mona. En el caso de El Cementerio de Praga [N. de la R.: fue cuestionada tanto por sectores vinculados al Vaticano como a la comunidad judía] diré que el personaje se presenta de modo tan negativo que es imposible para el lector. Una de las pruebas interesantes la tuve hoy y es que encontré en Internet que los ataques mayores me los hacen los fascistas. Dicen que esto es lo que sostiene la internacional hebraica, de los protocolos de los sabios de Sion, que esto fue escrito por un judío, etcétera.
Hoy se publican muchísimos libros. ¿Quedarán sólo los que han sido escritos para la eternidad?
Vea, ciertamente el pobre que entra a una librería, al ver semejante cantidad de libros, ¿cómo hace para elegir? Hay dos posibilidades. Una, si se busca un libro importante se termina por encontrarlo. Segundo, no todos los libros son importantes para todos. Un libro es importante para usted, otro libro es importante para mí. No hace falta pensar en la literatura como una revelación divina y que todo el mundo esperaba sólo el Ulises de Joyce. El mundo podría vivir también sin el Ulises de Joyce. Uno puede haber leído otro libro que resultó igualmente formativo e importante para sí. Además sucede, mirando mi historia personal, pero creo que corresponde a la historia de todos, que han resultado enormemente importantes para mí libros que no valen nada, pero que en aquel momento fueron formativos, me hicieron pensar, me han alimentado la fantasía. No son libros importantes para todos. Pero fueron importantes para mí experiencia. Y puede darse que en la inmensa cantidad de libros que hay en las librerías se produzca una especie de selección natural a la Darwin, donde los que no vale la pena que vivan mueren.
¿Qué es más importante, enseñar a escribir o a leer?
No se enseña a escribir. Todos los que hacen escuelas para enseñar a escribir son comerciantes que lo único que quieren es dinero que les sacan a los jóvenes que pagan para hacerse escritores. Sí se enseña a leer. Los grandes escritores siempre han sido grandes lectores. Así como los grandes pintores son gente que mira los cuadros de los demás. Así se aprende. Sólo entrando en el taller se puede saber cómo se hace. Y hay algunos ensayos críticos, pienso en el ensayo crítico de Proust sobre Flaubert, que sirven para ver cómo él lee, cómo él analiza los modos de escribir de Flaubert. Leer, leer. Y no sólo leer para saber que es así. Leer para ver cómo está construido el texto. Se puede enseñar a escribir noticias periodísticas, cómo una noticia se puede dar en tres líneas en vez de nueve.
¿Cómo ve la evolución de la lengua? Parece que el celular, la computadora, han cambiado la forma de comunicarnos.
Las lenguas cambian continuamente. Dante, que escribió un pequeño tratado sobre las lenguas, ha dicho "vean que el dialecto que hablan hoy en Pavia es distinto del que hablaban hace cincuenta años". Ya se tenía esta clara sensación de que las lenguas cambian. Y sobre el cambio de las lenguas influyen infinitos elementos económicos, políticos, etcétera. En cuanto a que los nuevos medios puedan influir inmediatamente sobre el cambio de las lenguas, yo estoy muy atento. Está el caso del telegrama. El telegrama se inventó hace 80 años. Y la gente escribía: Llego mañana. Stop. Pero la gente sólo escribía así el telegrama. Es cierto que el joven que usa el celular no lee, pero esto era cierto antes del celular. No creo en esta intervención inmediata del medio tecnológico sobre la lengua. Por ejemplo, la televisión en Italia ha tenido una influencia sumamente positiva sobre el cambio de la lengua, porque después de la guerra dos tercios de los italianos hablaban dialectos. La televisión ha enseñado a todos un italiano medio. No es el italiano de Boccaccio, pero es un italiano bueno como el que estamos acostumbrados. Ahí hay una influencia de la tecnología sobre la lengua. Pero lo ha hecho en veinte, treinta años, lentamente. Existe esta influencia, pero actúa lentamente. Y no es que todos los medios influyen inmediatamente. Es cierto que el correo electrónico, con las notas más breves, está matando el arte de la correspondencia. Pero hace diez minutos usted me decía que hay muchos libros en las librerías, entonces no es que el e-mail ha hecho que no se escriba más. Serán pésimos la mayoría de esos libros, pero están escritos en un italiano aceptable.
Y se escribe menos a mano.
Sí, ha matado el arte de la caligrafía, que quizá vuelva, pero como han vuelto los deportes, como la equitación: no se va a caballo por razones prácticas, pero se va a caballo por el placer de andar a caballo.
Al otro lado de la casa, a donde se llega a través de una galería circular repleta de macetas, hay un living donde predominan las sombras, con un piano, algunos cuadros y el balcón que permite mirar al gran castillo. Eco se encuentra con Renate, su mujer, piel intacta, cabello plateado recogido. Eco padece de fotofobia, o eso dice para mostrar su fastidio por el flash del fotógrafo. "Ustedes son como los dentistas, dicen falta un minuto más, pero te hacen sufrir."
Usted ha dicho que la infancia es un período triste.
Yo siento que en la infancia uno se siente incompleto.
¿Pero usted tiene un mal recuerdo de la infancia?
No, he tenido una infancia muy feliz.
¿No será que lo triste de la infancia es su recuerdo?
No, en la infancia hay grandes tristezas. Puede haber tristezas infinitas. No se es ni carne ni pescado. Yo tengo bellísimos recuerdos de mi infancia. Uno de los recuerdos más bellos es del tiempo de la guerra.
¿Cómo se vive en la guerra?
¡Muy bien! Uno anda de un lado para el otro para salvar la vida, comiendo poco. Una bellísima experiencia... [risa] No, pero fuera de eso, todos los recuerdos de la infancia son dulces. Yo he dicho que en la infancia hay grandes tristezas, pero cuando se recuerda la infancia es dulcísimo. De lo que hablaba es de las noches pasadas en los refugios mientras caían las bombas. Con los otros niños nos encontrábamos. Era lo normal que cayeran las bombas.
¿Qué piensa de la nostalgia? ¿Usted es nostálgico?
Sí. Paradójicamente la vida sólo sirve para recordar el pasado y para producir el pasado.
¿Y cómo se lleva con el optimismo?
Yo no sé muy bien qué es el optimismo y el pesimismo, pero acepto la definición de Emmanuel Mounier, un filósofo francés que hablaba de un optimisme tragique. Él era un optimista trágico. Que traducido quiere decir que la vida es una mierda, pero. [risas]
Usted dijo que quien es feliz todo el tiempo es un cretino.
Pues sí.
Pero existen pequeños momentos.
Momentos de felicidad y la posibilidad de mejorar las cosas. Estoy de acuerdo con que el mundo fue construido por un demiurgo cretino, Dios ha hecho un pasticcio inmenso, pero en medio de todo esto hay cosas bellas, el nacimiento de un hijo, la escritura de un libro, el fin de una entrevista...
UN DÍA EN LA VIDA DE...
-La mía es una vida de infierno, porque cuando uno comienza a dar entrevistas trabaja tres veces más. Sólo la administración de los libros ya escritos y el trato con los traductores y editores requiere un día completo. Están traducidos a cuarenta lenguas, y si hay cuatro diarios en cada país que te piden entrevistas... Está la gente que te escribe, que te invita a un lugar. Ahora estoy haciendo cosas mías. Estoy reuniendo todos mis escritos sobre el Medievo: 1200 páginas. De 1952 a hoy. Están estos libros ilustrados. Estoy haciendo uno sobre la historia de la belleza. Si tengo que dar tres o cuatro conferencias en un año, son tres o cuatro ensayos que tengo que escribir de 30 páginas. Es otro libro de 150 páginas que uno ha escrito. Trabajo tengo cada vez más.
-¿Y fuera del trabajo?
-Nada.
-¡No le gusta salir a caminar!
-No. Una vez me hice atender por un médico que era experto en trasplantes de hígado. No quiso que le pagara. Entonces quise ver qué le podía regalar, un libro. Pero no le interesaban los libros. Le interesaban los hígados. Yo soy un poco así.

sábado, 20 de outubro de 2012










SI

Si puedes conservar la cabeza cuando a tu alrededor todos la pierden y te culpan;
Si puedes confiar en tí mismo cuando los demás dudan de tí, pero ponderas su duda;
Si puedes esperar y no cansarte de la espera,
Si siendo engañado por los que te rodean, no pagas con mentiras,
Si siendo odiado no das cabida al odio,
Si, no obstante, no pareces demasiado bueno, ni hablas con demasiada sabiduria...
Si puedes soñar y no dejar que los sueños te dominen;
Si puedes pensar y no haces de los pensamientos tu objetivo;
Si puedes encontrarte con el triunfo y el fracaso y tratar a estos dos impostores de la misma manera;
Si puedes soportar escuchar la verdad que has expresado: deformada por bribones para construir una trampa para necios, o contemplar destrozadas las cosas a las que habías dedicado tu vida y agacharte y reconstruirlas con las herramientas desgastadas...
Si puedes hacer un manojo con todos tus triunfos y arriesgarlo todo de una vez a una sola carta,
Si perdiendo, comenzar de nuevo por el principio no dejando escapar jamás una palabra sobre tu pérdida;
Si puedes obligar a tu corazón, tus nervios y tus músculos a servirte en tu camino mucho después de que hayan perdido su fuerza, excepto por tu voluntad que les dice !continuad!
Si puedes hablar con la multitud y perseverar en la virtud
Si puedes caminar entre Reyes y no cambiar tu manera de ser;
Si ni los enemigos ni los buenos amigos pueden dañarte,
Si todos los hombres cuentan contigo pero ninguno demasiado;
Si puedes emplear cada inexorable minuto con sesenta segundos de supremo esfuerzo
tuya es la tierra y todo lo que hay en ella, y lo que es más,
¡serás un hombre, hijo mío!..


SE
De Rudyard Kipling

Se podes conservar a cabeça quando a teu redor todos a perdem e te culpam;
Se podes confiar em você mesmo quando os demais duvidam, porém ao mesmo tempo consideras sua dúvida;
Se podes esperar e não te cansar da espera,
Se sendo enganado pelos que te rodeiam não pagas com mentiras,
Se sendo odiado não dá lugar ao ódio,
Se, embora, não parece bom demais, nem falas com demasiada sabedoria...
Se podes sonhar e não deixar que os sonhos te dominem;
Se podes pensar e não fazes dos pensamentos teu alvo;
Se podes encontrar-te com o sucesso e o fracasso e tratar a estes dois impostores do mesmo jeito;
Se podes suportar ouvir a verdade que hás proferido: deformada por canalhas para construir uma armadilha para otários, ou contemplar destroçadas as coisas às que havias dedicado tua vida e te abaixar e reconstruir-lhas com as ferramentas desgastas...
Se podes fazer um pacote com todos teus sucessos e arriscá-lo tudo duma vez numa só cartada,
Se perdendo, começar de novo pelo princípio não deixando escapar jamais uma palavra sobre tua perda;
Se podes obrigar teu coração, teus nervos e teus músculos a servir-te em teu caminho muito depois de que tenham perdido sua força, exceto pela tua vontade que lhes diz... continua!
Se podes falar com a multitude e perseverar na virtude
Se podes caminhar entre Reis e não trocar teu jeito de ser;
Se nem os inimigos nem os bons amigos podem ferir-te,
Se todos os homens podem contar com você, mas nenhum demais;
Se podes ocupar cada inexorável minuto com sessenta segundos de supremo esforço; de você é a terra e tudo o que há nela, e o que é mais, serás um homem, filho meu!..

GABRIEL GARCÍA MARQUEZ







30 años después del Nobel
por SALUD HERNÁNDEZ MORA | Bogotá

Pablo Neruda llamó a 'Cien años de soledad' «el Quijote de nuestro tiempo». Y un centenar de destacados intelectuales de todo el planeta incluyeron la obra entre las 20 más importantes de la Historia. Esas dos credenciales bastarían para convertir a Gabriel García Márquez en figura esencial de la Literatura universal, sin necesidad de haber ganado el Premio Nobel.
Nacido hace 85 años en Aracataca, un pueblito tórrido y pobre del norte de Colombia, García Márquez no sólo escribió una novela magistral, sino que creó un estilo propio capaz de describir, con un prodigioso dominio del lenguaje, los mundos disparatados, coloridos y mágicos de su tierra costeña. Escritor prolífico, viajero y excelente anfitrión, su prolongada ausencia de los escenarios públicos, el encierro en su hogar y diversos comentarios de algunos amigos y conocidos, han alimentado en los últimos meses las especulaciones sobre su estado de salud. Podría rondarle el Alzheimer u otro mal, puesto que, dicen, ya no puede escribir y su memoria agoniza.
La noticia saltó el 6 de julio de 2012, cuando la agencia AFP anunciaba: «Gabriel García Márquez padece demencia senil». El hermano del Nobel, Jaime García Márquez, puntualizó en esas fechas que Gabo se encuentra bien en «lo físico y lo motriz. Lo que él tiene son algunos conflictos de la memoria». No ha habido confirmación oficial, pero el periodista y escritor Plinio Apuleyo Mendoza ha asegurado que su viejo amigo ya «no reconoce a gente que no veía hace tiempo», según han publicado diarios colombianos como El Universal, El Tiempo y El Espectador, que también se hicieron eco de que Jaime Abello, director de la Fundación Nuevo Periodismo [fundada por Gabriel García Márquez], lo negaba, asegurando que no hay diagnóstico médico sobre ello.
Por fortuna para Gabo —consciente de la trascendencia de su obra y a quien gusta rodearse de influyentes personajes políticos, empresariales e intelectuales—, además de los incontables reconocimientos literarios, le han llovido en vida toda suerte de homenajes. Quizá recuerde el que le brindaron en Cartagena de Indias los asistentes al IV Congreso Internacional de la Lengua, con motivo de su 80 cumpleaños y el 40 aniversario de su celebérrima obra. «Ni en el más delirante de mis sueños, en los días en que escribía 'Cien años de soledad', llegué a imaginar que podría asistir a este acto para sustentar la edición de un millón de ejemplares. Pensar que un millón de personas pudieran leer algo escrito en la soledad de mi cuarto, con 28 letras del alfabeto y dos dedos como todo arsenal, parecería a todas luces una locura», leyó entonces en su discurso, en referencia a la edición especial de la novela que apareció en esa fecha. Entre la audiencia que le veneró esa noche se encontraban los Reyes de España, varios mandatarios, reputados escritores, algunos multimillonarios cercanos y los académicos de toda Hispanoamérica.
Casado con Mercedes Barcha, su amor quinceañero y el sólido pilar sobre el que cimentó su éxito y su felicidad, Gabo es padre de dos hijos. El mayor, el cineasta Rodrigo García Barcha, ha rodado varias películas en Estados Unidos, y Gonzalo es diseñador gráfico.
A principios de los 60 fijó su residencia en Ciudad de México, la urbe donde podía compartir sus días con autores de la talla del mexicano Carlos Fuentes o el colombiano Álvaro Mutis, su amigo del alma. Se estableció más tarde en Barcelona y desde allí pasó temporadas en La Habana, México DF, Bogotá y Cartagena de Indias. Pero en 1981 debió abandonar Colombia y exiliarse en México, acusado de izquierdista. Desde entonces pisó su país en muy contadas ocasiones, si bien a principios de este siglo adquirió, junto a periodistas colombianos, la revista 'Cambio', donderegresó de manera fugaz a su primer oficio. Escribió los perfiles de Bill Clinton y Hugo Chávez, dos dirigentes que aprecia. La aventura no duró mucho y la publicación la compró Planeta para cerrarla más tarde por crecientes pérdidas.
En el año 2002, García Márquez publica sus memorias bajo el título 'Vivir para contarla', y dos años más tarde la que sería su última novela de ficción, 'Memoria de mis putas tristes'. Es incierto el futuro de una historia de amor que llevaba años preparando, 'En agosto nos vemos'. En 2008 un periodista colombiano aseguró que estaba a punto de salir del horno, pero hasta ahora sólo conocemos los dos capítulos que 'Cambio' adelantó aquel mismo año.
Desde estas páginas conmemoramos el trigésimo aniversario del Premio Nobel de Literatura que la Academia sueca anunció el 21 de octubre de 1981, y que el colombiano recibió mes y medio más tarde vestido de un clásico liquiliqui de lino blanco. Con ese gesto, más que romper la etiqueta de una ceremonia solemne y fría, quiso dejar su impronta de autor latinoamericano.


Tolstói y la felicidad...



A través de veinte conversaciones inéditas, publicadas hasta ahora solo en ruso, la editorial Fórcola nos acerca a Tolstói. En esta entrevista responde a la pregunta «¿Qué es la felicidad?»
ABC CULTURAL@ABC_CULTURAL


El escritor ruso Lev Tolstói, protagonista de «Conversaciones y entrevistas»
Fórcola publica en castellano las últimas entrevistas a Tolstói

¿Qué es la felicidad? Responder a esta pregunta, y responder de tal manera que con esa respuesta pueda uno más o menos guiarse, es algo que puede hacer, sin duda, una personalidad solvente, un escritor conocido, un filósofo. ¿Quién si no el conde Tolstói podría responder a esto, si quisiera, con autoridad y honradez? Así fue que me fui a buscarlo...
Al llegar al callejón Hamovnichesky, donde en una casa antigua, de madera señorial, vive nuestro famoso escritor, tenía serias dudas –debo confesarlo– sobre si se decidiría a conversar sobre este tema, sabiendo en particular que sería para una entrevista periodística... A él no le gusta mucho que lo interroguen...
El lacayo me abrió la puerta de la entrada y, mientras me quitaba el abrigo abajo en la antesala, subió a informar de mi presencia, de donde enseguida escuché que me decía: «¡Venga, por favor!».
Por el pasillo se escucharon unos pasos, y el conde Lev NikoláievichTolstói entró en el cuarto.
Creo que no hace falta describirlo, ¿quién no lo conoce, aunque sea de vista, por los retratos?
Lo único que ningún retrato ha transmitido es la mirada de sus ojos, bondadosa, apacible y cariñosa.
Nos sentamos frente a frente y Lev Nikoláievich, subiendo un poco la pierna sobre el sillón, me dijo:
¿Qué es la felicidad, es lo que quiere saber? –Y se sonrió, con una sonrisa amable y silenciosa–. ¡La felicidad! ¡Acaso es posible hablar de ese tema así tan apresuradamente! La verdad es que allá, en el extranjero, la prensa acostumbra ahora a tratar superficialmente los asuntos más serios.
¡Y aun así, hay mucha gente que quisiera conocer, así sea superficialmente, lo que más detalladamente le sería inaccesible! Al menos una pregunta como esta: ¿qué es la felicidad? Cualquiera sabe qué es la felicidad para uno personalmente, pero qué es la felicidad en sentido abstracto, dónde buscarla, dónde alcanzarla, no lo sabe...
Para conocer esta verdad, es necesario persuadirse de aquella diferencia que existe entre el aprendizaje del mundo y la doctrina de la religión verdadera. Todas estas opiniones contradictorias de unos y otros sobre lo que para cada uno sería la felicidad se fundan en lo que cada uno considera necesario en la experiencia del mundo. Y todos ellos abandonarían para ello sus casas, el campo, a los padres, a los hermanos, las mujeres, los niños, abjurarían de todo lo verdadero y llegarían a la ciudad, pensando que aquí estaría la felicidad...
Pero ¿acaso en la ciudad no se puede encontrar la felicidad?
¿En la ciudad? Considere aquella vida que todos llevan en la ciudad como la medida de lo que siempre las personas han llamado felicidad, y verá que esa vida está lejos de tal idea.
¿Cuáles serían las características de la felicidad, sobre las que nadie discutiría?
Ante todo, es imposible la felicidad sin la luz del sol, con la ruptura de los lazos del hombre con la naturaleza. En otras palabras, la vida fuera de la ciudad, bajo el cielo abierto, al aire libre, en la aldea, es la primera condición de la felicidad terrenal. Mire, ni siquiera la poesía la imagina de otro modo y, al dibujar la arcadia feliz, celebra la vida idílica en el seno de la naturaleza, lejos de las ciudades...
Una gran cantidad de gente vive en las ciudades, está atada a ellas, no tiene posibilidad de vivir en la aldea, nace y muere sin verla. Así que ¿de veras es imposible la felicidad para ellos?
¡Es imposible, estoy convencido de eso! Mire a qué está condenada esa gente: a ver, bajo la luz artificial, los objetos elaborados por el trabajo humano; a escuchar los sonidos de los coches, el estrépito de los carruajes; a comer a menudo cosas no frescas y malolientes. Nada les permite una relación directa con la tierra, las plantas, los animales. ¡Es una vida de presidiarios!
Pero ¿acaso las ciudades no son el resultado natural del desarrollo gradual de la familia, la comunidad?
¿De dónde ha sacado eso? Eche un ojo a la Historia y verá que las ciudades se construyeron con fines de conquista...
Bien, pero si es así, los frutos y los éxitos de la civilización que se manifiestan brillantemente en los grandes centros, ¿nada de eso tiene sentido?
¡Pero quién le ha dicho que la civilización conduce a la felicidad! ¡Ajá, dicen, la civilización se desarrollará, empezarán a dar vueltas los coches, todos serán felices! ¿De dónde han sacado eso? No, nuestra civilización, como las que hubo antes, llegará a su fin y morirá, porque no es otra cosa que la acumulación de los instintos monstruosos de la humanidad. ¿Acaso antes de nosotros no hubo civilizaciones? La egipcia, lababilónica, la asiria, la hebrea, la griega, la romana... ¿Dónde están? ¿Condujeron a la felicidad? ¡Todas sucumbieron, y lo mismo pasará con la nuestra!
¿Entonces significa que la ciudad es un obstáculo para la felicidad?
No, no la ciudad. Es necesario el trabajo para ser feliz, pero el trabajo libre, razonable, deseado, y sobre todo el físico, no el que atrofia el cerebro y los músculos.
»Por exigencias del mundo, las personas sirven, van a las oficinas, reciben dinero a cambio... Pero ¿acaso aman su trabajo, acaso les satisface? ¡No! Se dejan vencer por el aburrimiento, hacen un trabajo que odian y puedo apostarle que no escuchará de ninguno de ellos que esté contento con su trabajo. Pero pregúntele a un mujik que ara la tierra si está contento. ¡Ah, qué contento y con qué amor mira los surcos que se tornan oscuros!
»Una condición más para la felicidad es la familia. Y esto no existe aquí, donde el éxito mundano se considera erróneamente como la felicidad. ¿Acaso todos estos maridos, estas esposas, conforman una familia? Con frecuencia son uno para el otro una carga, y los hijos esperan a menudo la muerte de los padres para hacerse con la herencia. [...]

[Conversación aparecida en La Gaceta de Petersburgo nº 341, el 10 de diciembre de 1896. No se logró establecer la identidad del periodista que firmó esta entrevista bajo el seudónimo de Nard.]

LA RECOMENDACIÓN DIARIA

  LA RECOMENDACIÓN DIARIA resistencia a los antimicrobianos , mejor que  resistencia antimicrobiana   Resistencia a los antimicrobianos , no...