POR MARIO ANTONIO SANDOVAL en http://www.prensalibre.com/
La ley nacional y el Diccionario
NO SOY ABOGADO. Por eso, tengo la ventaja de analizar asuntos, artículos, decisiones y situaciones legales desde la perspectiva del idioma español, el cual, pese a todas las críticas y cambios, sigue siendo el instrumento principal de comunicación entre todos los hispanohablantes. Todos los diccionarios de actividades profesionales, especialmente aquellas relacionadas con las Humanidades, deben de alguna manera derivar de ese Libro de Libros del idioma. Ciertamente, puede haber términos cuyo significado en estos diccionarios técnicos, sea de alguna manera reducido, y el del Diccionario de la Real Academia sea más amplio, o al revés. Pero en caso de duda, el significado del DRAE debe ser considerado de mayor jerarquía.
EN EL CASO DEL derecho, se trata de una actividad humana cuyo fin filosófico y práctico en teoría debe ser hacer prevalecer el ordenamiento legal. Esto presupone, claro, la corrección de la ley en todas sus manifestaciones, incluyendo la Constitución, o sea, la Ley de Leyes de un país. Esta Carta Magna obviamente puede ir teniendo cambios conforme pasa el tiempo, pero los principios y las bases de valores, también fundamentales para el ejercicio de la jurisprudencia, deben cambiar solo cuando el avance en las Humanidades obliga a pensar distinto. Por ejemplo: hace siglos se podía legislar sobre la esclavitud, pero cuando esta fue superada, se derrumbaron ese tipo de órdenes legales. Y así se pueden mencionar docenas de otros casos.
EN EL SISTEMA LEGAL DE Guatemala, hay un caso específico en el cual hay una contradicción entre el diccionario y la Ley de Amparo. Me refiero a los amparos y las resoluciones de entidades como la Corte de Constitucionalidad, cuando hablan de los tipos de este derecho. El DRAE define le palabra provisional como “que se hace, se halla o se tiene temporalmente”. Señala a definitivo como “en fin de cuentas”, “en conclusión” (derivado de concluir, o sea, llegar al fin o a la terminación de algo). Y define firme algo “con carácter definitivo”, “con carácter de firmeza”, “con solidez”. Por tanto, la lógica del idioma debe colocar el orden de estos términos en a) provisional; b) firme y c) definitivo. Al no seguirla, se introduce un elemento de duda.
Y CUANDO ESTO OCURRE, debe aplicarse un aforismo de Derecho según el cual cuando hay una duda sobre el significado jurídico de un término, el DRAE se convierte en el árbitro. Por aparte, dentro de la actividad de interpretación constitucional, se debe recordar el cuidado con el cual se debe actuar, con el fin de no provocar el aumento de una confusión causante de temores y desconfianzas dentro de quienes no son profesionales del Derecho, e incluso en algunos de ellos. La oscuridad del lenguaje, causado algunas veces por su tecnicismo, debe ser evitado en lo posible, con el fin de no verse en la necesidad de explicar públicamente los fallos, como consecuencia de una clara preocupación generalizada acerca de lo decidido por la CC.
EL DERECHO, COMO TODAS y cada una de las ciencias humanísticas, tiene muy marcada la posibilidad de ser explicado con lenguaje común, para permitir su comprensión. Las preguntas y dudas de los ciudadanos deben ser recibidas por los magistrados de la CC tomando en cuenta ese lenguaje común en su manifestación técnico-legal. Por aparte, la CC debería actuar de oficio, no solo cuando se lo pidan, en temas como el caso de la fiscal General, o en el de la inscripción de candidatos con impedimentos. Esto, para evitar una decepción de aquellos ciudadanos desconocedores de asuntos legales y por ello decepcionados de la CC cuando esta falla como es debido luego de serle solicitado un amparo. Es interesante darse cuenta de cuántos problemas se evitarían con actuar de esta manera y con consultar al DRAE.
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segunda-feira, 10 de fevereiro de 2014
AMORCIONARIO
Más de 150 ilustradores se unen en diccionario humorístico basado en el amor
10/02/2014 | AGENCIA EFE
Más de 150 ilustradores se han unido para elaborar el libro Amorcionario, un diccionario «original» «colaborativo» y autoeditado cuya base es el amor y en el que se mezclan ilustración y humor.
El ilustrador Alberto Sobrino ha explicado el proyecto en declaraciones a Efe, antes de su presentación en el Museo Patio Herreriano de Valladolid.
Sobrino ha indicado que el impulsor de Amorcionario es el colectivo de profesionales de la ilustración de Valladolid Satélite, del que él mismo forma parte y que invitó a profesionales españoles y extranjeros a participar en la iniciativa.
El miembro del grupo Satélite ha expresado que el hilo conductor del proyecto son las palabras amor y amar, ya que cada artista ha trabajado con un término derivado real o inventado como amorfología, amaraña o amoralidad.
Los organizadores enviaron a cada uno de los participantes una palabra, sobre la que tenían que aportar una definición original, junto con una ilustración en blanco y negro relacionada con el término y un autorretrato, ha apuntado.
Tras dos meses de trabajo, el resultado es un libro «divertido» de más de trescientas páginas titulado Amorcionario. Breve diccionario ilustrado del amor, en el que han participado profesionales «amigos» de distintos lugares de España y de otros países como Argentina o México.
Entre los participantes, en el proyecto se encuentran reconocidos ilustradores como Emilio Urberuaga, Antonio Santos y Pablo Auladell, y profesionales del grupo Satélite como Álex García, Carmen Albo, Rosa Rico, Iván San Martín y Óscar del Amo, entre otros.
El colectivo de ilustradores vallisoletano, formado por una docena de profesionales, celebra además con esta publicación sus quince años de historia.
El próximo jueves 13 de febrero se presentará Amorcionario en el Museo ABC del Dibujo y la Ilustración de Madrid.
PUNTILLITAS:
«qué» y «cómo»
Fuente: Fundéu - CAIUS APICIUS (AGENCIA EFE)
El otro día disfruté en casa de unas puntillitas perfectas: el género era excelente, y el proceso, de la limpieza a la fritura, pasando por el rebozado, impecable. Sencillamente, se habían cuidado al máximo los dos ingredientes básicos de un gran plato: el «qué» y el «cómo».
Vayamos con el «qué». El Diccionario no incluye ninguna referencia a pequeños cefalópodos en la entrada «puntilla».
La verdad es que el Diccionario, en esta voz, como en tantas otras, pasa olímpicamente de significados gastronómicos, porque en «puntilla» tampoco menciona otra acepción popularísima de esta palabra: ese encaje que forma el borde externo de la clara de un huevo cuando éste se fríe como mandan los cánones. Huevos con puntilla, claro que sí. Y puntillitas.
Mucha gente llama así a cualquier pequeño cefalópodo, sea de la familia loligínidos (calamares), sea de la sépidos (sepias). Y es muy habitual llamar puntillita a lo que no son más que choquitos: vean la Wikipedia, que dice, y dice mal, que son pulpitos o chopitos.
Aunque se trata de cefalópodos de pequeño tamaño, un choco y un calamar se distinguen bastante bien. El primero es un pariente de la sepia, de modo que tiene el cuerpo globoso; es una especie de Gordito Relleno, aquel entrañable e ingenuo personaje del Pulgarcito salido de los lápices de José Peñarroya.
Los calamares, en cambio, nos recuerdan más al Mortadelo de Francisco Ibáñez: alargados, estilizados, con una pasmosa habilidad para cambiar de aspecto (las sepias también lo hacen, pero uno no se imagina a Mortadelo con barriga, ni a Gordito Relleno cambiando de atuendo).
Tengo ante mí las puntillitas, en estado natural, que van a ser la segunda parte de tan sabrosa experiencia, y no son gorditas. Su cuerpo no es redondo, no son sepias, ni chocos. No son ni la Sepia elegans ni la Sepia orbignyana, que son los llamados choquitos o choquitos picudos, respectivamente.
Son los que se llaman calamarines picudos (Alloteuthis subulata): cuerpo estrecho, que se va agudizando al final para formar una cola ciertamente larga y aguda. La nomenclatura es la del Catálogo de denominaciones de especies acuícolas españolas, del FROM.
¿Que por ahí adelante llaman puntillitas a los choquitos? Pues sí. Creo que el nombre tiene más que ver con la fritura que con la materia prima: el rebozado forma algo que recuerda un encaje, y como una puntilla es —dice el DRAE— un «encaje generalmente estrecho que forma ondas o picos en una de sus orillas» la comparación es aceptable.
Y conste que unos choquitos mínimos bien fritos son una delicia. Pero las puntillitas propiamente dichas se hacen con otro cefalópodo.
Ahora viene el «cómo». Hechos con el género adecuado, hay que saber tratarlo. Lo primero, la limpieza. Pueden conformarse con lavarlos a conciencia y secarlos después bien: si no, tendrán problemas al rebozarlos.
Si tienen paciencia, pero mucha paciencia, pueden proceder a limpiarlos uno a uno: fuera pluma, y fuera «sustancia», o sea, contenido intestinal. Aparte, separar las «cabezas», con sus tentáculos (están riquísimos fritos), de los cuerpos. Así las cosas, hay que ponerles sal y prepararlos para la fritura.
Es decir: rebozarlos en harina. A mí me gusta que tengan el rebozado justo, más tenue que grueso; la harina frita no está entre mis manjares favoritos. Ustedes háganse con una bolsa de plástico, sin usar, y pongan en ella un poco de harina de la que los andaluces llaman «de freír».
Echen un número prudencial de puntillitas, añadan otro poco de harina, cierren la bolsa haciendo una especie de globo, y agítenla bien. Ábranla, retiren los moluscos y pásenlos por un cedazo, o por un colador, para eliminar el exceso de harina y que se queden con la justa.
Y a freír. En aceite, naturalmente de oliva (no habría ni que decirlo: el aceite viene de la aceituna, como sus propios nombres indican), y por supuesto virgen, en toda la extensión de la palabra. Quiero decir nuevo, limpio. En cantidad suficiente para que los calamarines «naden» en él. Y bien caliente. En casa se hace en sartén, pero pueden usar freidora.
Cuando estén doraditos por fuera y la harina haga, en efecto, puntillas, retírenlos con una espumadera y pónganlos sobre papel de cocina absorbente para que se quede allí el aceite sobrante. Una vez en perfecto estado de revista, a la mesa. Sin más.
No les recomendaré rociar las puntillitas con unas gotas de zumo de limón, pero tampoco diré que esté prohibido: quede al gusto de cada cual. Eso sí, el acompañamiento líquido admite muchas posibilidades, desde una cerveza bien tirada a una copa de manzanilla sanluqueña, pasando por un fino y, por supuesto, por un buen albariño.
En fin, el caso era no pasar de puntillas sobre este asunto de las puntillitas. Para dar la puntilla al asunto, les diré que unas puntillitas hechas como arriba se explica son un auténtico encaje de Camariñas. En pocas palabras: una obra de arte. Disfrútenla.
En casa, por qué no: al menos podrán tener una razonable seguridad sobre el «qué» y administrarán ustedes el «cómo» a su gusto. Pero recuerden que el trabajo, en cocina, siempre vale la pena: devuelve el ciento por uno.
Fuente: Fundéu - CAIUS APICIUS (AGENCIA EFE)
El otro día disfruté en casa de unas puntillitas perfectas: el género era excelente, y el proceso, de la limpieza a la fritura, pasando por el rebozado, impecable. Sencillamente, se habían cuidado al máximo los dos ingredientes básicos de un gran plato: el «qué» y el «cómo».
Vayamos con el «qué». El Diccionario no incluye ninguna referencia a pequeños cefalópodos en la entrada «puntilla».
La verdad es que el Diccionario, en esta voz, como en tantas otras, pasa olímpicamente de significados gastronómicos, porque en «puntilla» tampoco menciona otra acepción popularísima de esta palabra: ese encaje que forma el borde externo de la clara de un huevo cuando éste se fríe como mandan los cánones. Huevos con puntilla, claro que sí. Y puntillitas.
Mucha gente llama así a cualquier pequeño cefalópodo, sea de la familia loligínidos (calamares), sea de la sépidos (sepias). Y es muy habitual llamar puntillita a lo que no son más que choquitos: vean la Wikipedia, que dice, y dice mal, que son pulpitos o chopitos.
Aunque se trata de cefalópodos de pequeño tamaño, un choco y un calamar se distinguen bastante bien. El primero es un pariente de la sepia, de modo que tiene el cuerpo globoso; es una especie de Gordito Relleno, aquel entrañable e ingenuo personaje del Pulgarcito salido de los lápices de José Peñarroya.
Los calamares, en cambio, nos recuerdan más al Mortadelo de Francisco Ibáñez: alargados, estilizados, con una pasmosa habilidad para cambiar de aspecto (las sepias también lo hacen, pero uno no se imagina a Mortadelo con barriga, ni a Gordito Relleno cambiando de atuendo).
Tengo ante mí las puntillitas, en estado natural, que van a ser la segunda parte de tan sabrosa experiencia, y no son gorditas. Su cuerpo no es redondo, no son sepias, ni chocos. No son ni la Sepia elegans ni la Sepia orbignyana, que son los llamados choquitos o choquitos picudos, respectivamente.
Son los que se llaman calamarines picudos (Alloteuthis subulata): cuerpo estrecho, que se va agudizando al final para formar una cola ciertamente larga y aguda. La nomenclatura es la del Catálogo de denominaciones de especies acuícolas españolas, del FROM.
¿Que por ahí adelante llaman puntillitas a los choquitos? Pues sí. Creo que el nombre tiene más que ver con la fritura que con la materia prima: el rebozado forma algo que recuerda un encaje, y como una puntilla es —dice el DRAE— un «encaje generalmente estrecho que forma ondas o picos en una de sus orillas» la comparación es aceptable.
Y conste que unos choquitos mínimos bien fritos son una delicia. Pero las puntillitas propiamente dichas se hacen con otro cefalópodo.
Ahora viene el «cómo». Hechos con el género adecuado, hay que saber tratarlo. Lo primero, la limpieza. Pueden conformarse con lavarlos a conciencia y secarlos después bien: si no, tendrán problemas al rebozarlos.
Si tienen paciencia, pero mucha paciencia, pueden proceder a limpiarlos uno a uno: fuera pluma, y fuera «sustancia», o sea, contenido intestinal. Aparte, separar las «cabezas», con sus tentáculos (están riquísimos fritos), de los cuerpos. Así las cosas, hay que ponerles sal y prepararlos para la fritura.
Es decir: rebozarlos en harina. A mí me gusta que tengan el rebozado justo, más tenue que grueso; la harina frita no está entre mis manjares favoritos. Ustedes háganse con una bolsa de plástico, sin usar, y pongan en ella un poco de harina de la que los andaluces llaman «de freír».
Echen un número prudencial de puntillitas, añadan otro poco de harina, cierren la bolsa haciendo una especie de globo, y agítenla bien. Ábranla, retiren los moluscos y pásenlos por un cedazo, o por un colador, para eliminar el exceso de harina y que se queden con la justa.
Y a freír. En aceite, naturalmente de oliva (no habría ni que decirlo: el aceite viene de la aceituna, como sus propios nombres indican), y por supuesto virgen, en toda la extensión de la palabra. Quiero decir nuevo, limpio. En cantidad suficiente para que los calamarines «naden» en él. Y bien caliente. En casa se hace en sartén, pero pueden usar freidora.
Cuando estén doraditos por fuera y la harina haga, en efecto, puntillas, retírenlos con una espumadera y pónganlos sobre papel de cocina absorbente para que se quede allí el aceite sobrante. Una vez en perfecto estado de revista, a la mesa. Sin más.
No les recomendaré rociar las puntillitas con unas gotas de zumo de limón, pero tampoco diré que esté prohibido: quede al gusto de cada cual. Eso sí, el acompañamiento líquido admite muchas posibilidades, desde una cerveza bien tirada a una copa de manzanilla sanluqueña, pasando por un fino y, por supuesto, por un buen albariño.
En fin, el caso era no pasar de puntillas sobre este asunto de las puntillitas. Para dar la puntilla al asunto, les diré que unas puntillitas hechas como arriba se explica son un auténtico encaje de Camariñas. En pocas palabras: una obra de arte. Disfrútenla.
En casa, por qué no: al menos podrán tener una razonable seguridad sobre el «qué» y administrarán ustedes el «cómo» a su gusto. Pero recuerden que el trabajo, en cocina, siempre vale la pena: devuelve el ciento por uno.
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE
Recomendación urgente del día:
SOCIMI o socimi, pero no Socimi
El acrónimo de sociedad anónima cotizada de inversión en el mercado inmobiliario se puede escribir SOCIMI, como sigla, o socimi, como nombre común íntegramente en minúsculas, pero no es apropiada la grafía Socimi.
Este tipo de sociedades tienen en España como principal actividad la inversión en activos inmobiliarios de naturaleza urbana para su alquiler, y aparecen citadas en las noticias financieras de diversos modos: «Las Socimi que se están creando en España buscan las ventajas fiscales» o «El próximo jueves se inaugurará el nuevo segmento de negociación de SOCIMIS».
Dado que se trata de un acrónimo de más de cuatro letras, es posible según la Ortografía académica la escritura en minúsculas, sin mayúscula inicial porque designa de modo genérico a un tipo de sociedad y no es un nombre propio; por la misma razón, su desarrollo también se escribe en minúsculas: sociedad anónima cotizada de inversión en el mercado inmobiliario.
Una vez escrito en minúsculas, el acrónimo puede formar el plural gráfico sin problemas con la adición de una ese, de modo que los ejemplos anteriores se podrían haber escrito «Las socimis que se están creando en España buscan las ventajas fiscales» o «El próximo jueves se inaugurará el nuevo segmento de negociación de socimis».
Ver sicav, mejor en letras minúsculas.
domingo, 9 de fevereiro de 2014
IDIOMA LADINO ESPAÑOL
El ladino, una lengua memoriosa y libre que camina hacia la extinción
En ella, el ingenioso hidalgo "Don Kishot de la Mancha" es "un senyor de akeyos ke tenian una lansa en el raf, un eskudo antiguo, un kavayo viejo i flako, i un perro kasador" en el libro "Por mi boka" (Lumen, 2014), de Moscona y Sefamí.
EL UNIVERSAL - Venezuela
México.- Dos escritores mexicanos lanzaron una edición bilingüe en ladino y español, con textos de la diáspora sefardí y fragmentos de literatura antigua y contemporánea, para acercar a los lectores a la "casa perdida" en que se convirtió el judeoespañol hace más de cinco siglos.
Versos de "Dibaxu" (1994), de Juan Gelman, los cantos de "Martín Fierro" (1872) y el primer capítulo de "El Quijote" de Cervantes, escritos en ladino ("En un lugar de la Mancha del kual no quero akordarme el nombre, biviya, no muncho tiempo antes...") son algunos de los textos reunidos por Myriam Moscona y Jacobo Sefamí en esta obra, que acaba de ser publicada en México.
En ella, el ingenioso hidalgo "Don Kishot de la Mancha" es "un senyor de akeyos ke tenian una lansa en el raf, un eskudo antiguo, un kavayo viejo i flako, i un perro kasador" en el libro "Por mi boka" (Lumen, 2014), de Moscona y Sefamí.
El libro rescata la tradición de la literatura sefardí con la publicación de fragmentos como el "Meam Loez", escrito a partir de 1730 en Constantinopla, pero llega hasta los tiempos actuales al rescatar trabajos originales en ladino del pasado siglo de la poetisa argentina Denise León y del novelista francés Marcel Cohen, entre otros autores.
En entrevista con Efe, Moscona, descendiente de búlgaros sefardíes, explica que la obra "es un registro de una memoria de la literatura escrita directamente en judeoespañol" y de "escritos de excelencia" que lo que pretendió es "traer el ladino al día de hoy".
También llamado judeoespañol, sefardí, djudió, yahudice y spanyoliko, el ladino es "la lengua que se llevó una comunidad cuantiosa de la península Ibérica tras su expulsión a finales del siglo XV".
Originariamente, "fazer el ladino" se le denominaba al "hecho de pasar a letras latinas textos litúrgicos que originariamente estaban escritos en hebreo (...) Pero ya se usa para designar a una lengua", agrega Moscona.
La poetisa considera al ladino una "lengua secreta que subyace bajo el español" y que tuvo una enorme capacidad de supervivencia en el proceso de dispersión que acompañó su desarrollo durante siglos.
Es normal que "una comunidad, al ser expulsada, se lleve su lengua", pero es "inexplicable (...) que durante 500 años, en países donde las lenguas vernáculas no tienen nada que ver con el castellano, esta lengua se haya quedado viva como un aglutinante que unía en el amor a España a toda esa población", que "nunca dejó de suspirar por ese volver", señala.
Considerado por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) un idioma "en vías de extinción", para Moscona también es un tesoro que se está muriendo.
"No sé cuántos hablantes tenga hoy en día el judeoespañol, pero lo que sí sé es que los niños no lo hablan", a pesar de que estuvo cinco siglos vivo en las familias de la diáspora.
Uno de los mayores golpes los recibió en el Holocausto, que implicó la muerte de "cientos de miles" de sus hablantes, señala la escritora.
"Por muchas razones que tienen que ver, desde el exterminio de la mayoría de sus hablantes durante la Segunda Guerra Mundial hasta la creación del Estado de Israel" en 1948, añade.
Recuerda que el hebreo, "que no era una lengua viva" sino "litúrgica", fue decretado idioma oficial en Israel, no así "el yiddish y el ladino, lo cual es una verdadera pena, y así el judeoespañol se fue perdiendo".
Para el profesor y crítico literario Jacobo Sefamí, el libro "ilustra muy bien que es una comunidad que no tiene una academia, una normativa para escribirlo, para hablarlo".
"Me parece fascinante que una lengua sea tan libre", agrega, razón por la cual los textos en ladino respetan "la ortografía de cada uno de los autores".
El también profesor de la Universidad de California, que no habla el judeoespañol porque su abuelo, quien sí lo hacía, murió cuando él era muy niño, confiesa que tiene una relación muy especial con esa lengua.
"El ladino es mi casa perdida, una casa que no existe más porque en mi casa ya no se habla esa lengua, pero que de todas maneras quiero conocer", afirma.
LINGÜISTICA ESPAÑOLA
Mi polémica por la lingüística española
por José Enrique Centén en Diario Siglo XXI - España
Desde que me sumergí en el tema del español como la lengua vehicular de nuestro Estado y en el mundo (no se de país con más de una lengua oficial). Defiendo que el español es y debe ser la única lengua vehicular del Estado en todas las áreas y comunidades, sin olvidar el idioma de cada una. Quien ejerce la imposición es aquella autonomía que en sus administraciones locales imponen la lengua autóctona para acceder a ellas, mientras que en la administración del resto de la nación solo se hace en español, pudiéndose presentar cualquier ciudadano del resto de España. También hay comunidades que recomiendan, en un plazo prudente, aprender el idioma autóctono aprobando previamente la oposición en español, algo razonable. Esta exposición me ha acarreado improperios y algunas críticas, a los primeros no pienso contestar a los segundos, intentaré en hacerles comprender que no estoy en contra de las distintas lenguas vernáculas de nuestro país, intentaré de alguna manera aclarar su equivocación y mi postura, alguna basada en la Bibliografía que marco.
“Estas hablando del castellano, una lengua románica, que ha sido impuesta en un país que no es real como es el caso de España. De haber cambiado el final en alguna batalla del medievo podríamos hablar lenguas lusofonas o ¿serian español? y ¿Qué pasa con el resto de lenguas? el gallego, el catalán, el babel, el castúo, la fabla aragonesa ¿son variantes del castellano? o son ¿variantes del español?”
“Efectivament, l'espanyol no existeix, es parla castellà, galego, euskera ...”
“El meu pare era immigrant i la meva mare de Figueres, els dos republicans i del PSUC, i en això em van educar. Gràcies a aquestes opinions tan espanyoles, molts dels que hem cregut en un projecte federal, a dia d'avui no dubtem quel'única sortida és la independencia”.
En todo el mundo cuando se refieren a nuestro idioma, lo hacen diciendo el idioma español, solo en España muchos se refieren a él como castellano, el castellano ya no se habla, hablamos un idioma que partiendo del castellano se enriqueció con los distintos idiomas de nuestra patria y los de allende de nuestros mares1. Y el resto de las lenguas autóctonas se mezclaron con otras para enriquecerse igual que el castellano, esas lenguas han evolucionado adaptando palabras del español. añadiendo o quitando una o más letras para parecer propias, o vocablos de otros idiomas (merci o vergogna - para que desaparezca la ñ-), están en su derecho, pero de ahí a decir que su idioma es puro va un abismo. Dicen que hablamos el castellano, pero no es así, una muestra de castellano es:
“Cono aiutorio de nuestro dueno Christo, dueno /salbatore, qual dueno /get ena honore et qual duenno tienet ela mandatione cono Patre cono Spiritu Sancto enos sieculos delo sieculos. Facanos Deus Omnipotens tal serbitio fere ke denante ela sua face gaudioso segamu”.
Todo empezó bajo el gobierno del imperio romano, año 19, la región se hizo conocida como Hispania, y sus habitantes aprendieron el primer idioma como tal, el latín de los comerciantes, colonizadores, administradores y soldados romanos. Cuando el latín clásico de las clases educadas de Roma se mezcló con las lenguas pre-romanas de los iberos, celtas y cartagineses, apareció una lengua llamada latín vulgar. Siendo el origen de muchas de las lenguas autóctonas criadas en la Península Ibérica, entre ellas el castellano y el catalán que crecieron juntas, y como lenguas hermanas se han prestado muchas cosas a lo largo de los siglos. Por eso en español encontramos hoy un número nada desdeñable de léxicos de minorías lingüísticas.
Documentos escritos, establece cinco lenguas pre-romanas en la Península: celta, ibero, cartaginés, griego y fenicio, además del vasco que, para otros autores como Schmoll o Untermann no era una de las lenguas que existían en España antes de la llegada de los romanos, sino que fue quizá introducido en época romana o altomedieval".
Dentro de la zona indoeuropea hay dos lenguas claramente diferenciadas, el lusitano y el celtibérico. El Celtibérico lengua céltica de rasgos arcaicos, documentado en inscripciones realizadas en escritura ibérica, lo cual es una dificultad adicional por las carencias de la escritura ibérica para reproducir una lengua distinta a la ibera, y el Lusitano, como lengua es el único ejemplo en la península que podemos contraponer al celtibérico como otro dialecto indoeuropeo que ha llegado a nosotros; en el año 1935 Herrando Balmori afirmaba que estaba escrita en un dialecto céltico arcaico.
Mientras que en la zona no indoeuropea encontramos la lengua del Suroeste de la Península, donde se realizó la más primitiva escritura hispánica, con testimonios por todo el Levante, el valle medio del Ebro y Cataluña, el ibero de distintas tribus que poblaban la Iberia 600 años a.n.e., ver mapa (España pre-romana). El celtibérico junto con el ibero fueron influenciados a su vez por fenicios y griegos, una asimilación debida en gran parte a contactos comerciales, o por invasiones como fue la celta, cartaginesa, romana e indoeuropea.
El castellano existió y el español existe a pesar de querer ignorarlo determinadas personas a la que su chovinismo les ciega, se ha celebrado el VI Congreso Internacional de la Lengua Española en Panamá ente el 20 y 23 de octubre del 2013, con 20 países hispanohablantes más EE U; pero si insisten en decir que tienen un idioma propio sin influencias, podrían probar con el idioma de los iberos que aparecen en el mapa (pre-iberos e iberos), entonces eran idiomas verdaderamente propios, como el layetano, auson, cosetano…, no producto del comercio o de las invasiones.
Siento autocitarme, pero solo hablo del idioma español, sin mencionar para nada la forma de Estado, ver2, pero si quieren mi opinión sobre las nacionalidades puedes leer3, también me extraña la xenofobia demostrada al decir ser militante del PSUC, porque no has entendido los principios del socialismo, su lema, Libertad, Igualdad y Fraternidad, y el idioma no es una causa para la independencia xenófoba que proclamas.
1. A vueltas con nuestro idioma http://www.vitrubio03.es/?p=3454
2. Defendiendo y reivindicando el español http://www.vitrubio03.es/?p=4663
3. Estatalismo nacionalista http://www.vitrubio03.es/?p=3611
LA LENGUA VIVA
La comunicación deshumanizada
Amando de Miguel en Libertad Digital
No es cierto que el lenguaje y los símbolos hayan hecho que en nuestra sociedad estemos mejor comunicados y la vida sea más fácil que en el pasado. Hay mil ilustraciones sobre esa irritante deshumanización en los mensajes que recibimos por todas partes. Lo que sí ha progresado es su cantidad. En el buzón del cartero ya no hay más que papeles de bancos, multas de tráfico y propagandas inanes. Pero el correo electrónico rebosa a todas horas de comunicaciones, mensajes y solicitudes de toda índole. Una gran parte de esos correos los emiten personas que no conocemos. Lo malo es que ha aparecido una nueva exigencia social: abrir el correo electrónico todos los días. Es más, muchas veces se nos exige que contestemos a vuelta de correo, como antes se decía.
Antes se comentaba que una definición de analfabeto era la persona incapaz de entender un documento oficial, un oficio cualquiera. Hoy sabe leer casi toda la población, pero ni siquiera un título universitario faculta para descifrar el recibo de la luz (= electricidad) o los siniestros papeles de la Agencia Tributaria. A ver quién es el listo que sabe hacerse con el contenido de un contrato de seguros o de asistencia técnica. Necesitamos trujimanes para que nos interpreten todo eso.
No intente usted entender lo que dice un informe médico sobre su persona. Solo está claro para otro profesional sanitario. En esas hojas cabalísticas bailan las siglas en todo su esplendor. Hay que ver las vueltas que dan los galenos para que no aparezca la vitanda palabra cáncer. Tampoco es manca la literatura de los prospectos de las medicinas. Su función es la de aterrorizar al paciente. Lo consiguen, claro.
Por todas partes florecen los letreros de "prohibido", a veces "terminantemente prohibido". Por lo menos ha desparecido aquel viejo cartel de "Se prohíbe bajar en ascensor”. No se colige bien quién prohíbe tantas cosas y por qué. Nos acercamos a la estación de la Renfe (o como se llame ahora) para recibir a un colega que llega de un lugar lejano. No se puede pasar, no ya al andén por donde se desplaza el tren, ni siquiera al espacio donde hasta hace poco se recibía a los viajeros. Da la impresión de que la proximidad a los que bajan del tren puede ser causa de alguna enfermedad contagiosa.
Por todas partes nos rodean ejércitos de siglas, acrónimos y logotipos difíciles de descifrar. Se nos obliga a retener cifras inverosímiles de la cuenta del banco, de las claves fiscales, de la afiliación a Muface (otro acrónimo), del DNI (este es más fácil). Los cachivaches electrónicos nos fuerzan a proveernos de números secretos para operarlos. Solo nos falta que nos los implanten en el cerebro. Nos dicen que toda esa complicación es por nuestra seguridad. No se me alcanza.
En teoría, la comunicación verbal se ha facilitado enormemente con el teléfono ubicuo. Pero intente usted llamar a una persona con alguna responsabilidad, por ejemplo, para cobrar un recibillo. No hay forma. Lo más probable es que un frío edecán le conteste: "Deje usted su teléfono; ya le llamarán". Y no llaman, claro. Eso cuando la llamada no entra en un contestador programado: "Si desea hablar con Contabilidad, marque uno; con Atención al Cliente, marque dos", etc. Todo eso, a veces, después de un ratito de música clásica.
Los ejemplos anteriores ilustran la dificultad para comunicarnos que hoy nos acecha. Cada vez son más las personas encargadas de controlar, vigilar, filtrar, inspeccionar, supervisar, evaluar, intermediar, auditar lo que nos corresponde a la gente del común. Por lo mismo son innúmeras las personas dedicadas a elaborar leyes, reglamentos, protocolos de actuación, normas de todo tipo. Se comprende que tenga que justificar sus respectivos sueldos, pero al final nos hacen la vida imposible.
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