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quinta-feira, 3 de abril de 2014

EL VINO

Un experto critica a la Real Academia por su definición del vino

Un ingeniero de la UMH denuncia la errónea acepción de los caldos como licor

 Alicante - en El País - España
  • Barricas de vino en las bodegas que el Grupo Miguel Torres tiene en Vilafranca del Penedés. /JOSEP LLUIS SELLART
    El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española no tiene muy claro qué es el vino. David López, ingeniero agrónomo y profesor de Legislación Vitivinícola del máster en Vinicultura y Enología de la Escuela Superior de Orihuela de la Universidad Miguel Hernández, estaba preparando sus apuntes para las clases cuando descubrió el pastel y echó mano del diccionario de la Real Academia de la Lengua Española para definir ante sus alumnos qué es el vino.
    Y la definición que encontró es que el vino es un "licor alcohólico que se hace del zumo de las uvas exprimido, y cocido naturalmente por la fermentación", cuando en realidad, según López, se trata de una definición "errónea" ya que el vino "no es un licor", es decir una bebida "espirituosa obtenida por destilación, maceración o mezcla" y compuesta de "alcohol, agua, azúcar y esencias aromáticas". El profesor ha remitido un escrito de queja a la institución académica del que todavía no ha obtenido respuesta.
    Según López la definición de la RAE "no es exacta" porque considera que "cocer es sinónimo de fermentar, y eso lleva a una innecesaria confusión". La Organización La Organización Internacional de la Viña y el Vino (www.oiv.int) define vino en su Código Internacional de Prácticas Enológicas como la bebida que resulta de "la fermentación alcohólica completa o parcial de la uva fresca, estrujada o no, o del mosto de uva", y aclara que su grado alcohólico adquirido no puede ser inferior a 8,5.
    Por otro lado, la Unión Europea define vino como el producto obtenido "exclusivamente por fermentación alcohólica, total o parcial, de uva fresca, estrujada o no, o de mosto de uva". Y en España, la Ley 24/2003 de 10 de julio, de la Viña y del Vino, en su artículo 2 (Definiciones), apartado 2, punto e) define vino como: "El alimento natural obtenido exclusivamente por fermentación alcohólica, total o parcial, de uva fresca, estrujada o no, o de mosto de uva".
    Según el profesor de la Universidad Miguel Hernández, la definición legal de vino gira en torno a dos conceptos "la uva y su carácter de alimento". Y parece claro en el conocimiento del vino requiere "ahondar primero en el conocimiento de la vid y, por añadidura, de su cultivo".
    Para López conocer el vino, y por lo tanto "apreciarlo, es saber de qué uvas está hecho, en qué suelo y en qué zona fue cultivada esa viña, qué procesos tuvieron lugar para convertir esa fruta en vino, qué significa la información que se proporciona en la etiqueta, qué implica que el vino esté bajo el paraguas de una DOP, entre otras muchas cosas".
    El profesor recrimina que la RAE no incluya el concepto de alimento en la definición de vino cuando según el Código Alimentario Español (CAE) alimentos son: "Todas las sustancias o productos de cualquier naturaleza, sólidos o líquidos, naturales o transformados, que por sus características, aplicaciones, componentes, preparación y estado de conservación sean susceptibles de ser habitual e idóneamente utilizados a alguno de los fines siguientes: para la normal nutrición humana o como fruitivos, como productos dietéticos, en casos especiales de alimentación humana".
    López considera todos estos aspectos "inherentes al vino en tanto que producto de la uva y alimento confluyen en la necesidad de ese conocimiento, de ese aprendizaje. para así profundizar en su aprecio y disfrute", por todo ello sugiere a la RAE que revise la definición que de la palabra vino que tiene su diccionario, y que es "indigna de la lengua de uno de los principales países productores de vino del mundo".

    EL IDIOMA ESPAÑOL

    «La primera industria del país es el idioma»

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    MANUEL MORALES (EL PAÍS.COM, ESPAÑA)

    El director del Diccionario de ingeniería coordinó a unos 120 expertos para la elaboración y edición de esta obra.

    Antonio Colino, director del «Diccionario español de Ingeniería»/ CARLOS ROSILLO
    ANTONIO COLINO, DIRECTOR DEL «DICCIONARIO ESPAÑOL DE INGENIERÍA»/ CARLOS ROSILLO
    Quien piense que la palabra ingeniería está exenta de ardor o pasión, debe escuchar cómo se fraguó el Diccionario español de ingeniería (DEI), sobre el que su director, Antonio Colino (Madrid, 1946), tiene mucho que contar. Tanto que tomará y dejará el café varias veces hasta que se quede frío. Este ingeniero de caminos recuerda que, en una de las discusiones entre los expertos de esta obra, se debatía cómo acotar las áreas de estudio para no volverse locos y acabar llegando al paleolítico. Hasta que uno de los ingenieros espetó: «Si no hay musgo, no hay vida, así que dejad de hablar de telecos y satélites, empecemos por los términos forestales». A lo que Colino apostilla: «¿Y si nos hubiéramos puesto a hablar del tamaño de los huevos? Porque ahí entran los agrónomos».
    Este diccionario, con 50.000 voces, resultado de 10 años de trabajo y discusiones de más de un centenar de expertos, estará disponible desde el 7 de abril en la web de la Real Academia de Ingeniería. Para Colino, que ya fue coautor en el 2004 de un Diccionario español de la energía, se trata de «un pequeño paso para intentar sobrepasar al inglés como idioma de comunicación comercial y técnica». Hijo de un académico de la Lengua, empezó a ver la necesidad de un diccionario de ingeniería cuando en las reuniones de organismos donde el español es uno de los idiomas oficiales, los intérpretes le decían que no sabían traducir muchas palabras del inglés. Así que comenzó a buscar a «los españoles cracks» en cada una de las ramas. Después, un equipo de lexicógrafos rastreó entre 112 millones de palabras en publicaciones técnicas los términos que más aparecían y que, por tanto, debían estar en la obra. «Consultamos 1560 diccionarios y glosarios para ver las definiciones existentes y preguntamos a los ingenieros si les servían o no», detalla.
    Formado en Estados Unidos, incide en que «la primera industria de España es el idioma», pero que «hasta ahora no se ha cuidado mucho». «No hay que dejarlo solo en manos del Ministerio de Cultura, debería estar en más ministerios, como el de Industria, porque la lengua es nuestra principal proyección de estrategia comercial», explica.
    [...]
    Leer la entrevista completa en elpais.com

    FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

    Agencia EFEFundéu - BBVA
    FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

    víctima no es solo 


    ‘víctima mortal’

    Recomendación urgente del día
    El sustantivo víctima se refiere tanto a las personas que han sufrido un daño como a las que han muerto como consecuencia de él.
    Sin embargo, en los medios de comunicación se encuentran frases en las que este término se utiliza exclusivamente como sinónimo devíctima mortal, contraponiéndolo a herido, como si un herido no fuese una víctima también: «Recogida de pertenencias de las víctimas y heridos en el accidente» o «Familiares y amigos de víctimas y heridos de la tragedia».
    Como se indica en el Diccionario panhispánico de dudas, una víctima es tanto una ‘persona que padece daño’ como la que ‘ha muerto por causa ajena o fortuita’, por lo que en los ejemplos anteriores lo apropiado habría sido escribir «Recogida de pertenencias de fallecidos y heridos en el accidente», «Familiares y amigos de víctimas mortales y heridos de la tragedia» o simplemente «… víctimas del accidente/de la tragedia».

    quarta-feira, 2 de abril de 2014

    HORRORES IDIOMÁTICOS Y ALGO MÁS...


    Las preposiciones

    Dice don Ramón Menéndez Pidal en su Manual de gramática histórica española lo siguiente: “El fondo primitivo del idioma español, su elemento esencial, es el latín establecido en España desde fines del siglo III antes de Cristo, el cual no debe confundirse con el latín que se escribía en la decadencia del Imperio romano, ni menos con el ‘bajo’ latín que se usaba en la Edad Media (…).


    POR MARÍA DEL ROSARIO MOLINA
    El latín vulgar no se diferencia del clásico por la fecha, pues es tan antiguo, y más, que el latín literario; vivió siempre al lado de él, aunque no siempre igualmente divorciado de él”. Y en este latín vulgar, del que nos habla don Ramón, nacieron las preposiciones que fueron sustituyendo a la declinación clásica que usaba distintas terminaciones según los casos (nominativo, vocativo, genitivo, acusativo, dativo y ablativo) y pasaron, ya formando perífrasis, al español.
    En español y en otras lenguas romances las preposiciones son elementos relacionantes invariables (no tienen género ni número), carecen de significación léxica y únicamente la tienen gramatical. Sirven para unir elementos de distinto nivel sintáctico, v.g.: “Guardo mis libros en librerías cerradas”. (Yo, sujeto tácito) guardo (núcleo del predicado) mis libros (objeto directo) en (preposición) librerías cerradas (subordinada circunstancial en que el término “librerías” está modificado por el adjetivo “cerradas”). Aclaro que los muebles en los que se guardan los libros se llaman “librerías”, aunque en México, Centroamérica y algún otro país hispanohablante se les dice “libreras”, pero en verdad “librero” y “librera” son quienes tienen por oficio vender libros.
    Por influjo de otros idiomas, varias preposiciones en español se usan mal, y hay quien dice: “Mesa en madera, adorno en vidrio soplado”, en lugar de utilizar la preposición debida que en esos casos es “de”: Mesa de madera, adorno de vidrio soplado”, pues sirve para designar el material de que están hechas las cosas. Otro error consiste en decir: “Vaso con vino, taza con café, quintal con arroz, etc.”, ya que cuando se habla del contenido de las cosas, la indicada es la misma preposición “de”: “vaso de vino, taza de café, quintal de arroz, etc.”. La preposición “con”, y así lo ratifica El buen uso del español, el último libro editado por la RAE y por la Asociación de Academias de la Lengua, tiene otros usos que publicaré próximamente, pues el espacio ya no me lo permite aquí. Me referiré también a otras preposiciones mal usadas: “hacia”, “entre”, “hasta” y “a”. Estas dos últimas se diferencian en su uso en España e Hispanoamérica.
    Nuestra lengua no debe diversificarse, o en los países en donde se habla se convertirá en dialectos, luego en idiomas y el español se hablará únicamente en España.
    selene1955@yahoo.com

    GEOGRAFÍA FANTÁSTICA DEL ALFABETO ESPAÑOL





    Los académicos, a los pies de sus letras

     |  
    AGENCIA EFE


    Un grupo de 67 académicos, en su mayoría escritores y filólogos, que han formado parte de la Real Academia Española (RAE) o pertenecen a ella, han homenajeado a las letras del alfabeto que designan sus sillones en la corporación con el libro Al pie de la letra, con motivo del tercer centenario de la RAE.

    Con esta Geografía fantástica del alfabeto español, como describe a este curioso volumen su propio subtítulo, los académicos han puesto su imaginación al servicio de cada una de las letras, minúsculas y mayúsculas, que nombran sus plazas.
    Editado en Sevilla por la Fundación José Manuel Lara, Al pie de la letra se venderá en librerías, y no como su primera edición, del 2001, no venal y de circulación restringida, que ahora ha sido enriquecida con más de una docena de nuevas entradas.
    Esta nueva edición, publicada con motivo del tercer centenario de la Academia, ha sido coordinada por el académico José María Merino e ilustrada con dibujos del artista argentino Óscar Astromujoff, quien ha recreado cada una de las letras del alfabeto.
    Los editores han recordado que las letras que designan los 46 sillones de la Academia —todas menos las mayúsculas Ñ, W, Y, y las minúsculas v, w, x, y, z— nada tienen que ver con las tareas desempeñadas con los académicos a los que cada una de ellas corresponde, ni tampoco señalan jerarquía alguna, ya que a las plazas se accede al azar en función de las vacantes convocadas por fallecimiento del anterior titular.
    Los editores han destacado que los textos correspondientes a cada una de las letras son «muy distintos entre sí», si bien en la mayoría de ellos brilla el ingenio de los académicos, a veces un afán lúdico, y siempre el entusiasmo y el amor por el lenguaje y por cada una de las letras que designan sus sillones.
    Por ejemplo, José María Merino, al que corresponde la m minúscula, convierte su entrada en una aliteración, con párrafos como este: «En su manejable microcosmos, el movimiento dramático puede maniobrar por las mayores mudanzas y metamorfosis: del matrimonio y la monogamia a la mancebía, de la moderada sociedad a la mafia, puedo hacerlo merecedor de menciones…»
    El Nobel Mario Vargas Llosa, que titula «Libre, lectora, literaria, leguleya y liberal» el capítulo dedicado a la letra de su sillón, la L mayúscula, no oculta su entusiasmo por esa letra:
    «Me considero muy afortunado de que los dioses, o el azar, me deparasen el sillón académico bautizado con la letra L: no hay una más apuesta, alegre y de más estimulante simbolismo en todo el abecedario, tanto que debería ser escrita siempre en mayúscula, para subrayar su liderazgo sobre las demás».
    Aurora Egido, B mayúscula, deja constancia de que ese sillón «ha aparecido colocado sobre una plataforma, dentro de un armazón de metacrilato, en la Biblioteca Nacional de España con motivo de la exposición conmemorativa del tricentenario», entre diciembre del año pasado y enero de este año, y termina su entrada con unos versos de Jorge Guillen, que empiezan «¡Beato sillón!…»
    Fernando Fernán-Gómez, a quien correspondió la B mayúscula, abrió su entrada: «Imaginemos el alfabeto como una compañía teatral. Sería una compañía teatral formada exclusivamente por mujeres: las letras», mientras que Víctor García de la Concha titula su entrada, correspondiente a la c minúscula, «c de castellano».
    Alonso Zamora Vicente, que ocupó el sillón D mayúscula, dejó uno de los títulos más sugerentes, paréntesis incluidos «(También hay letras fantasmales)», mientras que el poeta José Hierro, G mayúscula, ironizó con un «Memorial de agravios de la letra G», y José Manuel Sanchez Ron, que ocupó ese mismo asiento, ofreció una versión distinta: «La grandeza de la G».
    Juan Gil, e minúscula, entra directamente en el juego: «Ignoro a quién se le ocurrió la idea de poner los sillones de la Academia bajo la advocación de las letras del alfabeto, pero hay que reconocer que esa idea, original o copiada, fue tan prudente como sabia». EFE

    El lenguaje en el tiempo


    Exsacerdote 

     |  
    FERNANDO ÁVILA (EL TIEMPO.COM, COLOMBIA))



    Citas: «Ex sacerdotes mexicanos urgen al papa a echar de la Iglesia a pederastas»; «Ex-sacerdote jesuita hace escalofriantes revelaciones», «Exsacerdote, biógrafo de Camilo Torres, actor y director, esas son las credenciales de Joe Broderick, quien estrena La última cinta de Krapp, de Samuel Beckett, en el mes del teatro» (Arcadia).


    Comentario: Como se ve en estas citas, las dos primeras tomadas de servicios noticiosos de internet, y la última, de la portada de la revista Arcadia, hay tres formas de referirse a los sacerdotes retirados: ex sacerdote, dos palabras, ex-sacerdote, con guión, y exsacerdote, una palabra.
    La primera corresponde al uso vigente hasta el 2010, cuando ex era adjetivo, como lo sonbuen o mal –buen sacerdote, mal sacerdote–, ex sacerdote. La segunda, con guión, solo se usa cuando ex va antes de cifra, ex-10, o de mayúscula, ex-HSBC. La tercera es la correcta desde el 2010, cuando ex pasó a ser prefijo, exsacerdote.
    Aunque la expresión exsacerdote resulta cómoda para referirse al presbítero católico que ya no ejerce su ministerio, no es la más apropiada para hacerlo, pues la calidad de sacerdote no se pierde, en la medida en que el sacramento del orden imprime carácter. Hay sacerdotes reducidos al estado laical, hay sacerdotes a los que sus obispos les prohíben ejercer su ministerio y hay sacerdotes que simplemente dejan de oficiar como tales por razones familiares, políticas o laborales, pero todos ellos siguen siendo sacerdotes.
    Así, debería hablarse simplemente de sacerdote retirado, como se hace con los militares, general en uso de buen retiro, o simplemente general (r), y en general con las profesiones civiles (abogado retirado y no exabogado). Un sacerdote retirado puede ser expárroco, exrector de colegio, excapellán.
    Publicado en eltiempo.com

    República Alfabética Española


    (RAE)

     | 
    JUAN CRUZ (EL PAÍS.COM, ESPAÑA)

    67 académicos rinden tributo al idioma en el libro Al pie de la letra. Geografía fantástica del alfabeto español, escribiendo sobre la letra del sillón que en su día les tocó ocupar.


    República alfabética (RAE)Le preguntó un taxista a Manuel Seco cuando estaban llegando un jueves a la Academia: «Perdone, ¿es usted académico?». «Sí». El taxista también quiso saber qué sillón tenía. «A mayúscula». «Ese debe ser el más importante, no?». El académico cuenta en Al pie de la letraGeografía fantástica del alfabeto español lo que le dijo al conductor. «No hay ningún sillón más importante que otro». «Entonces, ¿por qué le dieron ese?».
    La primera edición vio la luz en el 2001; esta incorpora a 12 nuevos académicos
    En el libro, que se publica esta semana editado por la Real Academia y la Fundación Lara con motivo del tercer centenario de la Docta Casa, Seco le explica a su ávido entrevistador ocasional la verdad del asunto: «Me tocó en suerte». Todos los académicos, de la A la Z, incluidas sus minúsculas, «tienen el sillón que correspondía cubrir en el momento en que fueron elegidos». Y cuando eligieron a Seco, como este le explicó al curioso transportista, «se trataba de cubrir la vacante producida por la muerte del académico que últimamente había ocupado el sillón A mayúscula». Ese académico eraVicente García de Diego, muerto en 1973 a los cien años. Y Seco parecía tener esa letra A predestinada, pues es el autor de famosos diccionarios que, naturalmente, empiezan por la A.
    Les tocan en suerte las letras, pero ya viven en ellas, al menos cada jueves, cuando se sientan en los sillones académicos que reproducen el orden alfabético. Ahí, como diceCamilo José Cela, en la letra que tuvo, la Q, «léase cu», es «donde cada jueves del curso asiento mi cu, tradúzcase culo». Este libro es una idea muy suculenta que ya vio la luz en dos ocasiones anteriores (2001 y 2004) y que ahora regresa a las librerías con 12 incorporaciones de académicos que han ido viniendo a suceder, en sus sillones, a otros que han ingresado en la inmortalidad.
    José Manuel Blecua: «Las letras pueden estar cargadas de valor simbólico»
    [...]
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