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sexta-feira, 25 de julho de 2014

DRAE

Las palabras más buscadas en el diccionario de la RAE

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ABC.ES

El pasado mes de junio, el verbo «abdicar» fue lo más consultado en la web de la Academia. Tradicionalmente le siguen otros términos como «cultura» o «amor».


La mayoría de las veces abrimos el diccionario movidos por la ignorancia, por el desconocimiento de un término que acabamos de leer o escuchar. Sin embargo, a veces la actualidad es la que nos empuja hacia el diccionario para refrescar el significado de un término que ya conocemos.
Eso debió ocurrir el pasado mes de junio, cuando el verbo «abdicar»fue lo más buscado (85.251 veces) en la web de la Real Academia. Larenuncia de Juan Carlos I el día 2 de ese mes disparó las consultas sobre el término, cuya primera acepción es: «Dicho de un rey o de un príncipe: Ceder su soberanía o renunciar a ella».
Aunque la RAE no tiene costumbre de publicar este tipo de estadísticas, el febrero pasado redactó un informe con los términos más consultados en su diccionario en línea. Lideraban esa clasificación –correspondiente al mes de enero– las palabras «inferir» (46.397), «cultura» (29.658),«haya» (26.771) y «haber» (26.316).
En dicho informe también publicaron un cuadro con los errores más frecuentes. Palabras que no figuran en el diccionario o escritas con faltas de ortografía recurrentes fueron las más habituales. Se llevaron la palma «facebook» (9.468), «hechar» (6.775), «google» (6.609) y«cocreta» (6.269).

Las palabras más buscadas...

... y las que no aparecieron por error

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

coyote, significado 


en noticias sobre 


emigración

Recomendación urgente del día
El sustantivo coyote puede emplearse para referirse a la persona que se encarga oficiosamente de hacer trámites, especialmente para los emigrantes que no tienen los papeles en regla, a cambio de una remuneración.
En los medios informativos es frecuente encontrar frases como «Detienen a un coyote con ocho catrachos», «Cae supuesto coyote que llevaba niños de 5 y 11 años a EE. UU.» o «El ‘coyote’ que llevaba a Noemí a México tiene orden de aprehensión».
Se trata de un término empleado mayoritariamente en América, en países como Ecuador, El Salvador, Honduras y México, conforme al Diccionario académico, a los que el Diccionario de americanismos añade Estados Unidos, Guatemala y Costa Rica. Su uso, como se ve, va consolidándose y extendiéndose, hasta llegar también a España, desde que la Academia lo incluyó en el Diccionario de la lengua española en 1992.
No hay necesidad de destacar tal sustantivo, por tanto, con comillas, por lo que en el último ejemplo podría haberse escrito «El coyote que llevaba a Noemí a México tiene orden de aprehensión».

quinta-feira, 24 de julho de 2014

DEFAUNACIÓN

El ser humano desencadena la sexta extinción masiva del planeta

322 especies de vertebrados terrestres han desaparecido desde el año 1500

 Madridhttp://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/07/24/actualidad/1406224017_140906.html


La extinción masiva de la fauna no es ninguna novedad: ha habido cinco en los 600 millones de años en que los animales hemos poblado la Tierra, causadas por varios tipos de catástrofes planetarias como el volcanismo masivo, los impactos de meteoritos y otras todavía no aclaradas. La novedad de la sexta extinción de la historia del planeta, la que vivimos ahora mismo, es que la causa somos los seres humanos. En cierto sentido, somos peores que un meteorito.
Los últimos datos, presentados en una colección de ensayos en la revista Science, resultan abrumadores, con 322 especies de vertebrados terrestres extintas desde el año 1500, y con el resto sufriendo una reducción media del 25% en el número de individuos, lo que en realidad es peor que las extinciones por su efecto en los ecosistemas. El cuadro es aún más oscuro entre los invertebrados, con declives del 45% en la población de dos tercios de las especies examinadas. Los científicos han acuñado el término defaunación (a semejanza de deforestación) para referirse a este grave fenómeno.

Sobre sus causas no acaban de coincidir los geólogos: pudo deberse a una crisis de temperatura, con la superficie marina superando los 28 grados y arruinando el estilo de vida de los animales que vivían ahí, y después destrozando todo lo demás en una cascada autoalimentada y catastrófica. Pero también está documentado un cambio brusco en el ciclo global del carbono en que se basa toda la biología. También entraron en erupción los volcanes de Siberia y, sobre todo, en la época se ensambló el supercontinente Pangea, que abarcaba a todos los actuales en una sola masa de tierra. En geología, cuando las cosas se tuercen no se quedan a medias.La extinción es tan connatural a la evolución biológica como la muerte lo es a la vida: las especies nacen y mueren, justo como los individuos. Pero ha habido cinco extinciones en los 600 millones de años de historia animal que han destacado por su poder devastador. La peor de todas no fue la más popular —la de los dinosaurios—, sino otra que ya había ocurrido 200 millones de años antes: la extinción pérmica, que barrió del mapa la mitad no ya de las especies, sino de las familias que las abarcan por millares. Los braquiópodos y los corales se salvaron en los penaltis, pero el 70% de nuestros ancestros vertebrados no tuvieron tanta suerte.
“Claramente, la defaunación es tanto un componente ubicuo de la sexta extinción masiva del planeta como uno de los principales ejes impulsores de cambio ecológico global”, afirma Rodolfo Dirzo, de la Universidad de Stanford en California, y primer autor de una de las revisiones presentadas en Science, titulada escuetamente ‘Defaunación en el antropoceno’. El antropoceno no es un periodo geológico convencional, pero expertos en química atmosférica como el premio Nobel Paul Crutzen lo han adoptado para denominar la época en que la actividad humana ha empezado a generar efectos globales. Dirzo y sus colegas consideran que el antropoceno empezó hace unos 500 años, aunque hay otras opiniones.
“En los últimos 500 años”, dicen los científicos de California, Río Claro (Brasil), México, Oxfordshire y Londres, “los humanos han desencadenado una ola de extinción, amenaza y declive de las poblaciones locales de animales que puede ser comparable, tanto en velocidad como en magnitud, con las cinco previas extinciones masivas de la historia de la Tierra”. En las escalas de los geólogos, 500 años es ciertamente un pestañeo: ni siquiera los efectos del impacto de un meteorito tienen una duración tan corta, no hablemos ya del ensamblaje del supercontinente Pangea.
El término defaunación quiere enfatizar también que el problema no se limita a la extinción de especies enteras, sino que abarca también la desaparición de poblaciones locales y la reducción del número de individuos en cada población. “Aunque las extinciones tienen una gran importancia evolutiva”, explica Dirzo, “el declive del número de individuos en las poblaciones locales, y los cambios en la composición de especies de una comunidad, suelen causar un mayor impacto inmediato en la función de los ecosistemas”. Los autores reconocen que las extinciones tienen más impacto en los medios de comunicación, pero resaltan que “solo son una pequeña parte de la pérdida real de biodiversidad”.La extinción masiva que acabó con los dinosaurios —salvo con sus descendientes voladores, las aves— es la que más ha captado la imaginación popular, con dos Steves (Jay Gould y Spielberg) entre los principales coadyuvantes. Su nombre técnico es “extinción K-T”, o límite entre el cretácico (K, por kreide, tiza o caliza en alemán) y el terciario (T). Lo que poca gente recuerda es que no solo exterminó a los dinosaurios, sino también al 80% de las especies animales existentes en aquel momento, hace casi exactamente 66 millones de años. Adiós a los amonoides, a los belemnoides y a la mayoría de los corales. De los inocerámidos ya nadie se acuerda. La razón de esta destrucción masiva, tercera en importancia en la historia del planeta, fue probablemente un enorme meteorito que cayó cerca de México en esa época, en un impacto que eclipsó al sol por eones. Pero también hubo un horrible volcanismo, en un nuevo ejemplo del carácter gafe de los eventos geológicos.
Según distintas estimaciones, entre el 16% y el 33% de todas las especies vivas de vertebrados están amenazadas o “en peligro” de forma global, y solo en los últimos 500 años se han extinguido 322. Peor aún, el número de individuos se ha reducido en un promedio del 28%,con casos extremos como los elefantes, cuyas poblaciones decaen a tal ritmo que hacen casi segura su extinción en breve. El elefante, por cierto, es uno de los poquísimos animales con autoconciencia —se reconocen en el espejo— que nos acompañan en este valle de lágrimas evolutivo, junto al delfín y los grandes monos.
“El declive de estas especies animales afectará en cascada al funcionamiento de los ecosistemas”, aseguran Dirzo y sus colegas, “y finalmente en el bienestar humano”.
Aunque solo sea por eso, la defaunación deberá pasar al primer plano en los próximos años.

Pescando humanos

Los problemas de sobreexplotación de los bancos pesqueros no son unan invención de cuatro conservacionistas chalados, vegetarianos y alérgicos al anisakis. “El tráfico humano directamente asociado al agotamiento de las pesquerías está en incremento en todo el planeta”, documentan en ScienceJustin Brashares y sus colegas de la Universidad de California en Berkeley y Santa Barbara, “revelando las conexiones entre el declive de la pesca, la pobreza y la explotación humana”.
Los clientes de las pescaderías occidentales pueden lamentar la escasez de sus cocochas favoritas, pero el contratiempo es mucho más relevante en las costas de origen. Allí los pescadores tienen que viajar más kilómetros, soportar condiciones más duras, penetrar a mayores profundidades de los océanos y faenar durante más horas solo para mantener sus ingresos.
“En Talilandia, por ejemplo”, dice Brashares, “se venden cada vez más hombres camboyanos y tailandeses a los barcos pesqueros; estos chicos permanecen en el mar durante varios años sin ninguna remuneración, y están forzados a trabajar 18 o 20 horas diarias”.
El problema, por supuesto, no se limita a las pesquerías. Los declives de las poblaciones de muchos animales en África han conducido a la explotación del trabajo infantil. “Las comunidades que durante miles de años han cubierto sus necesidades cazando en su vecindad tienen ahora que viajar durante días para obtener su alimento”, señalan Brashares y sus colegas. La desnutrición, el abuso y el asesinato son moneda común en esas situaciones. No hay que recordar el mercado del marfil y de los afrodisiacos basados en el cuerno de rinoceronte para hacerse una idea de esas prácticas.

EL LENGUAJE EN "EL TIEMPO"




Jarto

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FERNANDO ÁVILA (EL TIEMPO.COM, COLOMBIA)




 Citas: «Para mí lo más harto es que uno quiera darse botes en la cama» (revista Bocas), «Lo que me jarta de la política» (El País, Cali), «¡Qué jartera, señores candidatos!» (El Colombiano, Medellín).


Comentarios: El Diccionario de americanismos, que contiene 70 000 voces españolas usadas a este lado del Atlántico, incluye la palabra jarto (femenino, jarta), con jota, como voz usada en Colombia, Venezuela, Puerto Rico y Cuba. Es adjetivo popular que significa ‘desagradable’ o ‘molesta’, referida a una cosa, y ‘aburrida’, referida una persona.
Efectivamente, en Colombia casi nadie dice en la calle y en piyama «Estoy harto», sino «Estoy jarto», de donde resulta extraño, por excesivamente culto, que un entrevistado responda «…para mí lo más harto es…». En cambio, harto y harta sí se suelen usar como adverbios de cantidad con el sentido de ‘de sobra’, «Hay harto plátano en la despensa», «Hoy tenemos harto trabajo».
El Diccionario de americanismos 2010 registra también el sustantivo jartera, usado en los mismos países, para referirse al ‘estado de ánimo que denota pereza y aburrimiento’ o a la ‘sensación de cansancio y malestar’, y el verbo jartar (se), que se refiere a ‘comer (en exceso)’ y ‘beber’, donde da el ejemplo «jartar guaro», y también a ‘emborracharse’ y ‘aburrirse’, «¡Ya me jarté de esta serie de televisión!».
Tenemos, entonces, la batería completa, sustantivo (jartera), adjetivo (jarto) y verbo (jartar o jartarse), todos registrados por este lexicón que tiene el respaldo de la Asociación de Academias de la Lengua Española, incluida la Academia Colombiana de la Lengua. Es claro que estos términos vienen de ‘hartera’, ‘harto’ y ‘hartar’, que son las formas cultas españolas, como también es claro que ni el más remilgado profesor colombiano diría «¡Qué hartera con estos alumnos!» o «¡Estoy harto de tanta indiferencia política!», que sonaría harto raro.

TAPAS

La madre de todas las tapas

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CAIUS APICIUS (AGENCIA EFE)

Si se pregunta por ahí adelante sobre la idea que tiene la gente de la gastronomía española, quien responda seguramente no tardará más de unos segundos en mencionar la palabra «tapa»; y es que, en efecto, el tapeo es una cosa muy española.


Ahora bien, parece que todo empezó sirviendo una tapa, en el sentido literal de la palabra: tapando la copa de vino con una rodaja de embutido para evitar que cayesen dentro elementos indeseables, como las moscas. Algunos apuntan más fino, y especifican que ese embutido era chorizo.
Cuadra. Pocas cosas más españolas que la tapa y el chorizo, que es el embutido español por antonomasia. Su rasgo diferencial con los demás embutidos que existen por el mundo, y mira que hay variedad, es el uso del pimentón más o menos picante, que le da su típico color rojo.
Así que primera certeza: el chorizo no es lo que hoy entendemos como tal hasta, por lo menos, entrado el siglo XVII. El pimentón se elabora con lo que en España se llaman pimientos, secos y molidos, a veces ahumados. Y los pimientos vinieron de América; los españoles dieron ese nombre a chiles y ajíes porque «picaban como la pimienta».
Es curioso. El Diccionario, que en cuestiones gastronómicas anda con algún siglo de retraso, define imprecisamente el chorizo: ‘pedazo corto de tripa lleno de carne, regularmente de puerco, picada y adobada, el cual se cura al humo’; esa definición coincide casi punto por punto con la que daba Ángel Muro en su Diccionario de Cocina¡hace ciento veinte años, en 1894!
Vayamos por partes. «Pedazo corto de tripa». Algunos. Los chorizos que suelen usarse en cocina, desde el cocido a las alubias con chorizo, suelen ser, sí, cortos. Pero los que normalmente se toman tal cual no tienen nada de cortos, ya que se trata de piezas de más o menos medio metro de largo, con un diámetro entre cuatro y cinco centímetros.
Con una rodaja de estos chorizos «largos» (se les llama «culares», en alusión a la procedencia de la tripa en la que se embuten) es perfectamente posible que se pudiese tapar la boca de un vaso, de una copa; en cualquier caso, tampoco demasiado grande, pero es que tradicionalmente los chatos de vino se servían en vasos de pequeño tamaño.
«El cual se cura al humo». No siempre: hay chorizos, como los de Guijuelo (Salamanca), que se curan, sí, pero al aire puro y frío de la sierra, sin humo de ningún tipo. En Galicia, en cambio, donde se elabora una amplia variedad de chorizos, se ahúman con fuego de hojas de laurel durante un tiempo que puede ir de unos días a un mes.
El Diccionario no especifica con qué se adoban. Es cierto que hoy se habla de chorizos «blancos»; pero la seña de identidad de un chorizo es, ya se dijo, el pimentón. Lo normal es que se trate de magro y tocino de cerdo picados, adobados con, al menos, sal, orégano, ajo y pimentón.
Y ¿antes del pimentón? Bueno, Francisco de Quevedo, el gran fustigador de costumbres del Siglo de Oro, se refiere a los «negros chorizos» aún en 1624. O sea, que tenemos chorizos rojos (los de verdad), blancos (más bien un salchichón) y negros (los anteriores al pimentón).
Hay quienes afirman que el chorizo es de origen portugués, y se basan en que la palabra española parece derivar de la portuguesa chouriço, antes souriço; esto casa con la opinión de expertos que afirman que el chorizo español nació en Plasencia, en Extremadura, región fronteriza con Portugal. Podría ser; en Extremadura se hacen ricos chorizos, como en el resto de España. La verdad, cada pueblo tiene su propia especialidad.
Hoy es normal en España llamar «chorizo» a ladrones y sinvergüenzas de toda calaña; nada tiene que ver con el embutido: en caló (lengua de los gitanos), al ladrón se le llama «choro», y de ahí deriva esa acepción: es así como hay que entender esas pancartas que proclaman que hay «poco pan para tanto chorizo». No se confundan

LA LENGUA VIVA



La elegancia 


está en 


no seguir la moda


 en Libertad Digital - España

El buen estilo de la escritura consiste también en rebelarse contra algunos usos establecidos o incluso reglamentados. Ahí es donde se revela el carácter del escritor, su independencia y creatividad.
Aunque la RAE nos diga que entre párrafo y párrafo no debe haber espacio, esa norma debía de ser para los tiempos de la imprenta clásica. Ahora son tantos los textos que volcamos en la pantalla azul, que resulta aconsejable el uso contrario. Conviene dejar un espacio entre párrafo y párrafo. Asimismo resulta aconsejable sangrar la primera línea de los párrafos, esto es, empezar el primer renglón un poco más adentro que el resto. Debe cuidarse la longitud del párrafo. Parece razonable que no pase de 30 líneas, que viene a ser una página. Tampoco están bien los párrafos de menos de tres líneas, salvo que se trate de un diálogo. En los diálogos, cada intervención se precede de una raya (─), que no debe confundirse con el guión (-). El texto mejora si las oraciones no contienen más de 30 palabras.
Una muletilla odiosa es "en este sentido". Solo cabe introducirla cuando esté claro que hay varios sentidos en el discurso. En el lenguaje oral suele ser un recurso para ganar tiempo. En la escritura sobra.
Otra letanía de la misma especie es "como no puede ser de otra manera". Casi todas las cosas pueden ser de otra manera, especialmente las que se ven precedidas de esa cautela.
Hay palabras que se ponen de moda, y, por eso mismo, pueden llegar a cansar de tanto repetirlas. Una de ellas es mantra, en el sentido de muletilla, letanía, cantinela, latiguillo: algo que se reitera fatigosamente. Reneguemos del mantra de mantra, un ritual tan ajeno a nuestra cultura.
Ya sabemos que la aliteración (repetición de sonidos en la misma frase) suele ser un vicio del lenguaje. Por ejemplo, "se armó un ruido ensordecedor con los carros y los perros". Pero también puede ser una figura elegante cuando se maneja bien. Recordemos algunas célebres expresiones literarias: "Tres tristes tigres" o "Ya se oyen los claros clarines".
El corrector automático del ordenador no sabe distinguir si una palabra lleva tilde o no, siempre que ambas formas sean posibles. El ejemplo escolar puede servir muy bien: "¿Que cómo como? Como como como. ¿Y que qué como? Como lo que como".

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Uagadugú, mejor 


que Ouagadougou

Recomendación urgente del día
Uagadugú, mejor que Ouagadougou, es el topónimo adecuado en español de la capital de Burkina Faso. 
Sin embargo, en los medios de comunicación se están escribiendo frases como «La aerolínea ha perdido el contacto con uno de sus aviones tras el despegue en el aeropuerto de la ciudad de Ouagadougou» o «Un avión español que cubría la línea entre Argel y Ouagadougou ha desaparecido 50 minutos después de su despegue».
Uagadugú es la transcripción española del nombre de la capital de Burkina Faso, tal como señala la Ortografía de la lengua española en el apéndice sobre topónimos y gentilicios.
Por tanto, en los ejemplos anteriores lo apropiado habría sido escribir «La aerolínea ha perdido el contacto con uno de sus aviones tras el despegue en el aeropuerto de la ciudad de Uagadugú» y «Un avión español que cubría la línea entre Argel y Uagadugú ha desaparecido 50 minutos después de su despegue».

LA RECOMENDACIÓN DIARIA

  LA RECOMENDACIÓN DIARIA resistencia a los antimicrobianos , mejor que  resistencia antimicrobiana   Resistencia a los antimicrobianos , no...