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quinta-feira, 4 de setembro de 2014

AMERICANOS

¿Quiénes son los verdaderos américanos?

¿Quiénes son los verdaderos américanos?

“Los que más tienen derecho a serlo, son los indígenas, mestizos y negros que viven al sur del Río Bravo.”
Por: JOSE ALVAREZ-CARRERO -http://www.las2orillas.co/quienes-son-los-verdaderos-americanos/

En Europa hay cincuenta Estados y todos sus habitantes son “europeos”; en Asia hay cuarenta y ocho y todos sus habitantes son “asiáticos”; en África son cincuenta y cuatro los entes políticos independientes y todos sus habitantes son “Africanos”, por citar los tres continentes donde el derecho a la identidad continental se reconoce. En los dos restantes pasa algo extraño: En Oceanía a pesar de haber catorce países, la mayoría de personas identifican a sus habitantes como “australianos”, en tanto que lo más aberrante es el caso de América, donde a pesar de ser treinta y cinco los Estados que la componen, solo uno de ellos avoca el derecho de que sus ciudadanos sean llamado “americanos”, en tanto que los ciudadanos de los otros treinta y cuatro países, quizá seamos de Marte o de Saturno, pero nunca “americanos”.
No obstante, muchos dirán que existen términos como “latinos”, el cual es muchas veces usado ante la orfandad de identidad por los propios americanos de habla hispana, especialmente en Europa, a pesar de que allí también sean “latinos” los italianos, los rumanos, los franceses, los españoles y los portugueses. Igualmente, en Estados Unidos se suele utilizar el término “hispano” para hablar de sus orígenes geográficos, aunque esta palabra haga referencia a la nación hispanohablante y no al continente. Peor aun cuando para indicar el origen geográfico se usan expresiones como “Iberoamérica”: ¿Será que por ejemplo, a un español le gustaría que a su país y a Portugal los llamaran “Arabioeuropa”? sin duda a muchos no les gustaría, como es lógico que a un habitante del continente americano le indigne cuando a diario las noticias publican que “los americanos invadieron Irak” que “los americanos bombardearon Yugoslavia”, que “los americanos invadieron Afganistán” que “los americanos perdieron la Guerra de Vietnam”, que “los americanos solo hasta 1964 reconocieron los derechos civiles a los negros”, que “los americanos solo le reconocieron la ciudadanía a los indígenas hasta después de 1922”, que “el presidente americano es elegido menos de 300 personas”, etc, cuando deberían especificar qué país es el que ha realizado esas acciones o donde han sucedido esos hechos y no estigmatizar a todo un continente por sucesos en los que sus habitantes nunca han tenido participación o escapan al curso de su historia.
Aun así, que ese mote de “Americano” sea dicho por un alemán, por un chino o por un francés es entendible, pues el poderío económico de los estadounidenses, sumado a que fue el segundo país en ser independiente (antecedido por la Araucanía Mapuche el 6 de Enero de 1641) ha llevado a que en algunas lenguas ni siquiera exista otra palabra para describir al estadounidense, pero que lo haga un español, un mexicano, un peruano o un colombiano, más que un hecho que denota un bajo nivel cultural, es un hecho que debería ser vergonzoso, no solo por cuestiones semánticas o etimológicas, sino por el profundo significado político e histórico de ese término.
Frente a eso no caben justificaciones como “es que al llamarse Estados Unidos de América efectivamente se llama América”, pues como se puede ver, el nombre hace referencia a unos “Estados” que están en algo más grande que se llama “América” (que es el continente), ya que es poco probable que si estuvieran en Europa o en África se llamasen “de América”, por lo que se descarta ese argumento de que por ese hecho puedan monopolizar el nombre de una extensión de tierra que va desde Alaska hasta la Patagonia. Tampoco cabe decir que como en inglés se dice “Américan” en español también se deba decir así, pues una cosa es que los granjeros ingleses del siglo XVII empezaran a utilizar ese término para referirse a sus parientes que habían cruzado el Atlántico rumbo al continente americano y que después de 1776 lo usaran por ser el único país ya independiente en contacto permanente con el viejo continente y otra muy distinta es que en la lengua de Cervantes que diferencia entre “Americano” y “Estadounidense”, se sigan utilizando esas palabras como sinónimo incluso por personas que alardean de haber terminado el bachillerato: Eso no tiene presentación.
El utilizar “Los americanos”, para referirse exclusivamente a los estadounidense, no solo es aceptar en forma grotesca la pérdida de identidad como continente, sino justificar veladamente políticas como la Doctrina Monroe que formulada hace casi 200 años se sintetizaba en la frase “América para los americanos”, refiriéndose a la subyugación del continente a los intereses de lo que ellos mismos conciben como “americano”, es decir lo gringo. Igualmente, utilizar el término “americano”, para referirse a los ciudadanos de Estados Unidos es aceptar el despojo de la población indígena por parte de los ingleses, no solo como un acto legítimo, sino como la única y verdadera forma de conquistar nuevos territorios, perpetuando la Leyenda Negra de la colonización hecha al suroeste de los Apalaches, mostrándola como todo lo negativo, al ser opuesto en muchos aspectos al modelo racista y segregacionista que se dio en las trece colonias de habla inglesa.
Así, si se hiciera un análisis más profundo del término “americano”, en una aplicación estricta de conceptos del Derecho Internacional, sobre los que más se debería cuestionarse el uso de ese gentilicio es sobre los estadounidenses. ¿Por qué lo anterior? : Sencillo, la Corte Internacional de Justicia en repetidas ocasiones en las que ha analizado el principio de la Libre Autodeterminación de los Pueblos, ha desarrollado el concepto de “Población Trasplantada”, utilizándolo para describir a una población de un territorio, que migra a otro, y mantiene intacta su etnia, cultura y su idioma, sin mezclarse con la población nativa que habitaba allí. En el caso de la colonización inglesa en el norte del continente americano, nunca hubo una mezcla con la población americana –entiéndase los indígenas-, a diferencia de lo que ocurrió en las zonas de colonización ibérica.
Haciendo un paralelo con épocas actuales, Si dos grupos de colombianos se van a vivir a Japón y uno de ellos nunca se mezcla con los japoneses, ni aprende su idioma, ni su cultura, ¿es correcto que al cabo de varios años a sus descendientes se les llame “japoneses”, mientras que a los descendientes del otro grupo, que sí se mezcló con nipones, aprendió algunas de sus costumbres, y tomó elementos de su cultura, no se les reconozca como tal? La respuesta es más que evidente. Por ello, la población que más tiene derecho de ser llamada “Americana” es aquella que desciende de los habitantes originales del continente que a comienzos del siglo XVI fue llamado “América”: Los mestizos (descendientes de indígenas), los negros –que adquirieron nueva lengua y muchos aspectos culturales en estas tierras- y los indígenas; es decir, la población localizada en más de un 90% al sur del Río Bravo.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

medios 


colaboradores


alternativa a media 


partners

Recomendación urgente del día
La expresión medios colaboradores es una alternativa preferible en español al anglicismo media partners, con el que se alude a los medios de comunicación que colaboran con determinadas iniciativas (exposiciones, congresos, etc.) a las que dan una cobertura especial.
En la prensa se leen a menudo frases como «La agencia será ‘media partner’ en el congreso que se celebrará la semana próxima» o «La emisora de radio se incorpora este año a los media partners de la Feria del Libro».
La expresión en español medios colaboradores, que ya se emplea con alguna frecuencia como alternativa al anglicismo, se ajusta perfectamente al significado de este, por lo que en los ejemplos anteriores habría sido más adecuado escribir «La agencia será uno de los medios colaboradores en el congreso que se celebrará la semana próxima» y «La emisora de radio se incorpora este año a los medios colaboradores de la Feria del Libro».

quarta-feira, 3 de setembro de 2014

LA LENGUA VIVA


 

Aprendamos inglés


 en Libertad Digital - España


Juan J. Cabasés se muestra en desacuerdo conmigo sobre la utilidad de las películas en versión original con subtítulos. Entiende que es mejor un buen doblaje, como se hace en España. Puede ser, pero el mejor doblaje no deja de ser una suplantación de la voz de los actores, un elemento fundamental en el arte cinematográfica. Se entiende que utilicemos textos traducidos, pero da no sé qué voces dobladas. ¿Alguien resistiría oír doblada la voz de Frank Sinatra cantando New York, New York? Ni siquiera el presidente Kennedy lo dijo en inglés, sino en alemán en el discurso del Puerta de Brandeburgo: Ich bin ein Berliner! A. Miguel Zúñiga opina que la polémica sobre las películas dobladas o con subtítulos resulta irrelevante para aprender un idioma. Lo fundamental es la convivencia con los otros hablantes. Entiendo que no son incompatibles ambos métodos.
Sobre la especificidad del idioma inglés y la dificultad para aprenderlo, José Luis García-Valdecantos echa su cuarto a espadas. Reconoce la dificultad fonética del inglés. Tanto es así que los angloparlantes están diciendo continuamente que no se han enterado de lo que acaban de oír. Añade el extremo sentido del ridículo que tenemos los españoles, incapaces, por ejemplo, de suscitar preguntas al final de una conferencia. Le doy la razón, pero matizo. He dado muchas conferencias en todas las provincias españolas. Suele ser normal la advertencia que me hace el organizador o presentador: "Aquí a la gente le da vergüenza plantear preguntas al término de la charla". Mi respuesta: "Ya verá cómo en este caso se les quita la vergüenza". Así ha sido en la mayor parte de las ocasiones. Hay un truco que no falla: comentar al final de la charla: “Me han dicho que los de esta ciudad (aquí el gentilicio correspondiente) no se atreven a hacer preguntas a los conferenciantes”. Se ven obligados a demostrar que mi informante no tiene razón.
Ante mi opinión de que el inglés es un idioma fácil, Ignacio Despujol me propone la lectura del siguiente enunciado: Three Swedish witch-bitches, which wished to be switched Swiss witch bitches, wish to watch three Swiss Swatch wtatch switches. Which Swedish witch bitches… El texto es mucho más largo e imposible de leer, tanto se parecen todas las palabras. En español sería mucho más claro: "Tres putas brujas suecas, que deseaban ser putas brujas suizas...". También hay trabalenguas en español: "Tres tristes tigres en un trigal…". El juego de lostrabalenguas ha sido siempre un recurso infantil o de sobremesa para pasar el rato. Me parece indiscutible que el idioma castellano resulta particularmente monótono, con sonidos muy repetidos. Otra cosa es que la fonética española sea mucho más clara que la inglesa. Los españoles nos seguimos maravillando de lo bien que aprenden nuestro idioma común los extranjeros, sobre todo los alemanes. Los angloparlantes se resisten un poco más. La razón es que estadísticamente esperan que los interlocutores sepan al menos un poco de inglés, el de los camareros, por ejemplo.

PALABRAS POSITIVAS




Hispanoablantes tienden a 

expresarse de manera más 

positiva, 

según estudio

 |  
AGENCIA EFE


Los hispanohablantes tienden a expresarse con un lenguaje más positivo a la hora de comunicase en comparación con otros idiomas, según un estudio de la Universidad de Vermont (Burlington).


La elección de palabras positivas registró el porcentaje más alto entre la población que se expresa en español que en los otros nueve idiomas analizados: inglés, portugués, alemán, francés, chino, ruso, indonesio, árabe y coreano.
La comunicación entre los hispanohablantes no solo es muy positiva, sino que también «el apego emocional al idioma español es el más alto» con respecto a las lenguas estudiadas, dijo a Efe Peter Sheridan Dodds, uno de los responsables del informe.
Entre las palabras positivas más usadas en español figuran: «amor, felicidad, paz, sonrisa, amigos y alegría», y entre las negativas que se emplean con menos frecuencia están: «muerte, guerra, tragedia, odio, miseria e injusticia».
Dodds enfatizó que en todos los idiomas analizados la elección de palabras positivas es predominante, y que además se aprenden con mayor facilidad, son usadas con frecuencia y se consideran más significativas.
El equipo de académicos de Vermont, liderado por Dodds y Christopher Danforth, estableció tras ocho años de investigación que «la comunicación humana a través del lenguaje es predominantemente positiva».
A pesar del egoísmo inherente de los individuos o de las grandes tragedias humanas que se sucedieron a través de la historia, «el balance es positivo», puntualizó el académico, «tendemos a expresarnos de manera favorable».
Prueba de ello es el uso «muy frecuente» de palabras positivas sobrepasando a los términos negativos en los clásicos de la literatura universal, como Moby Dick, El Quijote, Ulises, Oliver Twist, Crimen y Castigo o El Conde de Montecristo.
El informe sugiere que los humanos tienden a recordar mejor la información gratificante que las vivencias desagradables, y que el positivismo juega un rol importante en la psicología humana.
Después del español, «la comunicación en portugués y en inglés es la más positiva», y los resultados revelaron que «el intercambio en chino y en ruso suele ser el menos positivo» entre todos los idiomas analizados.
El equipo de once personas de la universidad de Vermont analizó 100 000 palabras en veinticuatro soportes diferentes, como entradas de Twitter, letras de canciones, subtítulos de programas televisivos, emisiones de radio y clásicos de la literatura.
El estudio catalogó además cerca de cincuenta valoraciones por palabra analizada, unas 10.000 en total, a partir de la clasificación realizada por parte de los participantes, a los que se les pagó para valorar sus sensaciones buenas o malas.
Dodds explicó que el estudio se realizó a partir de la hipótesis denominada «Pollyanna», formulada por los estudiosos Charles Osgood y Jerry Boucher en 1969, que ponía de manifiesto que las personas, independientemente de la cultura a la que pertenezcan, utilizan con mayor frecuencia palabras positivas.
Los resultados «nos sorprendieron, no los esperábamos», señaló Dodds, quien dijo que «la tendencia de usar palabras positivas» resultó ser «una práctica generalizada» entre la mayor parte de los seres humanos después de 45 años.
Los académicos además de lanzar una herramienta en internet denominada Hedonómetro, que permite visualizar un análisis de las obras literarias en cuanto al lenguaje positivo que utilizan, tienen pensado ampliar el estudio a más idiomas como el sueco y el noruego.

DE LAS PALABRAS


Horrores idiomáticos y algo más: 


De las palabras

 |  
MARÍA DEL ROSARIO MOLINA (PRENSA LIBRE.COM, GUATEMALA)

Muchos vocablos han aumentado sus significados.


No abundan las palabras que tienen una sola acepción y no puede decirse que «toda palabra tiene un significado exacto». En la entrada, o artículo correspondiente a cada una en los diccionarios, hay por lo general una serie de acepciones, y a menos que se reduzca conceptual y semánticamente por medio del contexto, si está aislada no sabremos a qué se refiere.
En ocasiones hay términos que incluso tienen dos entradas, porque aparte de sus significados distintos, proceden de fuentes etimológicas diferentes, v.gr., en el DRAE el verbo «asolar» en su primera entrada reza: «del latín assolare (derribar): tr. Destruir, arruinar, arrasar || 2. ant. Echar por el suelo, derribar. || 3. Aragón y La Mancha: Dicho de un líquido: posarse. Morfología: Conjúguese como contar». En la segunda entrada del verbo dice: «Asolar (De sol) tr. Dicho del calor, de una sequía, etc: Secar los campos o echar a perder sus frutos. Úsase mucho como pronominal». El primero de estos verbos es irregular, por eso el DRAE pone el modelo para su conjugación: «contar». El segundo es regular.
Como estos dos términos hay otros, tales como «apostar», cuya primera entrada del latínappositum se refiere a hacer apuestas, de dinero o cualquier otro bien, etc., mientras que la segunda, del italiano «postar» se refiere a colocar gente, caballería o artillería en determinado lugar. De estos últimos, el primero es irregular y el segundo regular. También «rato» en su primera entrada, del latín ratus se refiere al matrimonio rato (celebrado legalmente, pero que no ha llegado a consumarse). En la segunda, del latín raptus a un espacio de tiempo, y en la tercera, de «rata», al macho de la rata.
[...]
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FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

punto final, 


no punto y final

Recomendación urgente del día

El punto con el que se acaba un escrito o una división importante de un texto se llama punto final, no punto y final.
Esta expresión se emplea también para aludir a lo que da por terminado un asunto: «Aquel argumento puso punto final a la discusión».
Sin embargo, en los medios de comunicación se emplea a menudo la variante impropia punto y final: «El equipo puso un brillante punto y final a la temporada» o «Punto y final a una huelga de dos meses».
El Diccionario panhispánico de dudas señala acerca de esta variante: «No es correcta la denominación punto y final, creada por analogía de las correctas punto y seguido punto y aparte».
Se recomienda, pues, evitar punto y final para aludir tanto al punto que da fin a un texto como a aquello con lo que termina un asunto, y emplear en todos los casos punto final.

terça-feira, 2 de setembro de 2014

LA ESQUINA DEL IDIOMA


La esquina del idioma: ¿Cuál es la diferencia entre ingerir e injerir?

 |  
PIEDAD VILLAVICENCIO BELLOLIO (EL UNIVERSO.COM, ECUADOR)



Ingerir (con /g/) es ‘introducir en el estómago por medio de la boca medicamentos, comida o bebida’. Ejemplo: «Aún no ha ingerido sus medicinas». Es sinónimo de ‘comer, tomar, deglutir’.


Para indicar la acción de ingerir hay dos sustantivos: ingestión e ingesta. Ejemplo: «Si continúas con la ingesta de frituras, tu salud se va a deteriorar».
No es correcto el uso de la palabra ingerencia (con g).
Injerir (con /j/) es ‘introducir una cosa en otra’, como injertar plantas o injertar en una frase una palabra o una observación. Con este sentido tiene uso transitivo, es decir, la acción pasa de un elemento a otro: «El editor injirió algunas frases en el texto». También se suele emplear la variante inserir: «Se ha inserido una tachuela en el neumático».
Asimismo, injerir es ‘inmiscuirse, entrometerse (o entremeterse) en un asunto en el que no se tiene ninguna competencia. Con este significado tiene empleo intransitivo y pronominal, por lo tanto el complemento se introduce con la preposición en, así: «Por favor, ya no te injieras en mi vida».
Entre los sinónimos de injerir están intervenir, zampar, terciar, mediar, interponerse.
Los sustantivos relacionados son inserencia o injerencia (introducir, inmiscuirse): «Este asunto no es de su inserencia o de su injerencia».
[...]
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LA RECOMENDACIÓN DIARIA

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