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sábado, 30 de janeiro de 2016

EL ESPAÑOL DE TODOS


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Poco se lo imaginaba Güttenberg

Gracias a las redes sociales, principalmente Twitter, nunca se ha escrito tanto como hoy

El que sería primer impresor de todos los tiempos, un alemán llamado Johannes Güttenberg, que vivió en la segunda mitad del siglo XV, no podía saber que la principal derivación de su invento, la escritura mecánica, habría de alcanzar su máxima expresión a comienzos del siglo XXI, gracias a algo que llamamos redes sociales y, quizá, principalmente Twitter; porque nunca se ha escrito en toda la historia tanto como hoy. Es el apogeo de Güttenberg.
¿Dónde ha quedado el correo postal? Sustituido por el e-mail para comunicaciones igualmente reposadas, pero de mucha mayor comodidad, y en gran parte por el tuit, instantáneamente comunicado y expuesto a la curiosidad universal. Podemos discutir, como se ha hecho ya en esta serie de artículos, en qué medida Twitter inaugura algún tipo de periodismo, pero lo seguro es que pone a todo el mundo en comunicación con todo el mundo, a la velocidad de un chasquido. Pero, ¿cómo se escribe? ¿Sentimos la vergüenza de salir a escena con harapos o decentemente ataviados?
El nobel mexicano Octavio Paz decía: “La corrupción del lenguaje es la corrupción de la realidad”. Lo que describimos mal queda ahí para los restos y perjudica la imagen de la realidad toda. Y Víctor García de la Concha, director del Instituto Cervantes y antiguo director de la Real Academia, abunda en lo concerniente a los hispanohablantes acusándonos de hablar “un español zarrapastroso” (EL PAÍS, 4-12-2012); de forma indigente, omisa, indiferente a la potencia y sabiduría de nuestra lengua. Y cuando el académico decía que “se habla”, se refería por elevación a esa forma tan próxima a la oralidad que es el tuit; apenas una transcripción apresurada de nuestros pensamientos, porque, puede que en parte por el anonimato en el que cabe refugiarse en esta red social, lo que difícilmente consignaríamos en el manuscrito o en el e-mail encuentra acomodo en Twitter, sin excluir el exabrupto, el disparate lingüístico, el caos de puntuación o su más completa ausencia. No nos importa, en muchos casos nos sentimos como quien habla acodado en la barra del bar, en lugar de estar mandando un mensaje, con la seriedad que antiguamente habría requerido lo escrito. Por eso, rechazo, pero que cada uno haga de su capa un sayo, que se introduzcan fórmulas de abreviatura —supresión de signos ortográficos, escritura fonética y tantos otros recursos— para decir lo más posible —y peor— con el menor número de caracteres. Y aquí sí que entramos en el terreno de lo periodístico, con el calentamiento en 140 caracteres que supone el tuit, lo que exige claridad de ideas, precisión, pero también corrección gramatical, para que sirva de algo en la práctica de la información profesionalizada.
Somos lo que escribimos, aún más que lo que hablamos
Pero es que hay algo más y de suma importancia que se desprende de los tuits que botamos al éter: nuestra propia imagen. Como escribe Álex Grijelmo (EL PAÍS, 20-1-2016), esos esbozos de idea, apuntaciones o hasta rebotes del subconsciente “constituyen un escaparate que exhibe a la vista de cualquiera la ortografía de una persona, su léxico, su capacidad para estructurar el pensamiento”. Y en muchos casos, siempre como dijo Grijelmo, con el riesgo de caer en “un escándalo silencioso”.
Somos lo que escribimos, aún más que lo que hablamos. Y si no que se lo digan a un concejal, elegido para el Ayuntamiento de Madrid, al que se le ocurrió hacer una desafortunada broma en Twitter sobre el Holocausto, aunque probablemente no implicara el desliz ningún sentimiento profundo ni determinante sobre el caso. Y también revela el tuit, y yo mismo puedo ser tan culpable como cualquiera, una necesidad muy hispánica de corregir, desde el pináculo de la verdad revelada, de enmendar la plana al prójimo. En mi descargo diré que mis correcciones son solo lingüísticas o periodísticas y jamás formuladas directamente a personas o instituciones.
Por todo lo anterior, una estadística concienzuda de lo que los españoles e hispanohablantes, en general, mandamos a navegar en las redes, nos diría seguramente muchísimo sobre quiénes creemos que somos y lo que nos falta para conseguirlo. Y el diagnóstico no sería necesariamente halagüeño.

sexta-feira, 29 de janeiro de 2016

IV CENTENARIO DEL AUTOR DE 'EL QUIJOTE'


Cervantes a través de los únicos manuscritos de su puño y letra

Se publican, por primera vez en un solo libro, los once documentos escritos por el autor de El Quijote que han sobrevivido en estos cuatro siglos

Madrid - El país
Fragmento del documento escrito por Cervantes, el 6 de febrero de 1589, descubierto por Elisa Ruiz García, en el Archivo de Simancas, e incluido en el libro 'Autógrafos de Miguel de Cervantes'. ALEJANDRO RUESGA
Miguel de Cerbantes Sa avedra, así, como firmaba y quería ser reconocido, escribía en la prestigiosa letra bastarda de la época, no usaba signos de puntuación, no ponía puntos sobre las íes, usaba mayúsculas de manera inmotivada y las letras eran espaciadas.
Son las huellas del escaso ADN manuscrito que ha sobrevivido del autor de El ingenioso hidaglo don Quijote de La Mancha. Un rastro que se confirma o se revela cuatro siglos después de su muerte a través de los once testimonios formales de su puño y letra que se reúnen por primera vez en un solo gran libro titulado Autógrafos de Miguel de Cervantes Saavedra. Un regalo con un hallazgo dentro y casi inédito: el comienzo de un documento cervantino en el Archivo de Simancas, que completa el sustraído en dicha institución en el siglo XIX y hoy en la Rosenbach Museum Library de Filadelfia, descubierto por la paleógrafa Elisa Ruiz García.
Se trata de una edición de 1616 ejemplares de gran formato publicada por Taberna Libraria, con prólogo de Darío Villanueva, director de la Real Academia Española (RAE), que lo presentó ayer en dicha institución.
“¿A estas alturas se puede dar algo nuevo de Cervantes?”, se preguntó el académico Juan Gil, que al instante contestó: “Sí. Porque este libro llena una verdadera laguna”. Se trata “del ADN del Cervantes hombre, no del escritor, lo único que tenemos y que nos permite disfrutar de sus huellas reales”, afirmó José Manuel Lucía Megías, presidente de la Asociación de Cervantistas.
El destino ha querido que Cervantes hable en medio de la polémica por el desdén oficial ante la conmemoración del IV centenario de su fallecimiento, el 22 de abril de 1616. El libro consta de un cuadernillo con los facsímiles de sus cartas, documentos, actas o formularios acompañados del libro en sí que incluye un análisis de la escritura cervantina a cargo de expertos en paleografía, ortografía y grafología.
En sus páginas se recuerda el largo periplo de sueños, decepciones o incomprensiones que rodearon a Cervantes a lo largo de su vida y que parecen perseguirlo hasta ahora. “Un hombre al que acompañó tenazmente el fracaso y que al final de sus días, después de haberse desgastado en afanes indignos de su talento dio a luz una obra genial”, escribe en el prólogo Darío Villanueva. Recordó que esta efeméride se conocía hace 400 años y “debería ser un homenaje de Estado y de la sociedad civil, no porque los homenajes de Inglaterra a Shakespeare sean magníficos y nos puedan tocar el orgullo nacional, sino porque Cervantes se lo merece por justicia literaria”.
Los manuscritos, crean el arco del único testimonio directo de Cervantes. Desde que tenía 34 años, en febrero de 1582, hasta 56, en septiembre de 1604, porque se incluye el único texto no manuscrito por él pero sí firmado donde solicita al Rey permiso para publicar “el ingenioso hidalgo delamancha”.
Es un boceto de un autorretrato hecho de palabras sobre la vida corriente y laboral, donde se cuelan intereses, preocupaciones, afanes, sinsabores, anhelos, fatigas, decepciones….
No se sabe ni dónde, ni cuando, ni cómo Cervantes aprendió a escribir, pero su escritura “revela que su educación gráfica discurrió por la vía más estimada socialmente y coincidió en el tiempo con la difusión de un tipo de escritura considerada en proceso de transición hacia una modalidad bastarda”, explica Elisa Ruiz García, catedrática de Paleografía y Diplomática de la Universidad Complutense de Madrid.
Han tenido que pasar cuatro siglos para reunir estos testimonios. La idea empezó en marzo del año pasado cuando se le ocurrió a Dionisio Redondo, de Taberna Libraria. Entonces, empezó a hablar con expertos cervantistas para localizar esos documentos y obtener la autorización y sacar adelante el proyecto. Son autógrafos repartidos en el Archivo General de Simancas, Archivo Histórico Nacional, Archivo Municipal de Carmona, Biblioteca Nacional de España y el Rosenbach Museum Library de Filandelfia.

Nuevas revelaciones

Ocho de los manuscritos son completos, tres son parciales y uno solo contiene su firma. “Ponen en limpio todo lo que nos ha llegado escrito de la mano de Cervantes”, afirma Villanueva. “Gracias al emprendimiento de esta publicación, Elisa Ruiz descubrió el fragmento de un documento cervantino en el Archivo de Simancas, que completa el sustraído en dicho Archivo en el siglo XIX y hoy en la Rosenbach Museum Library de Filadelfia. Se incorporación otro documento, también del archivo de Simancas, nada menos que el más extenso: ocho páginas escritas por el alcalaíno”, cuenta su editor.
¿Y que desvela la letra de Cervantes, según la grafología? Según, la experta Sandra María Cerro, “al comienzo de los textos no deja entrever emociones, pero a partir de la quinta línea se deja llevar por la pasión. Tenía gran capacidad de resiliencia, era rápido de ideas y el singular uso de las letras bajas, como la g, revela su pulsión sexual”.
Todo rematado en una firma que evoluciona con los años, que siempre escribe Cerbantes, que al comienzo prescinde del segundo apellido, luego lo incluye a su manera, y finalmente lo quita. Aunque ningún editor respeto su deseo y cuatro siglos después su firma se ve clara: “Miguel de Cerbantes Sa avedra”.

EL IDIOMA ESPAÑOL

Resultado de imagem para PALABRAS Degradación del idioma

Por lógica, para vivir en consonancia con los tiempos, hay que estar muy prestos a todas las innovaciones y progresos tecnológicos. Eso sí, siempre y desde mi particular sentir de principios, que no atente contra el medio ambiente, la ética y tradiciones de las personas. Por esa coherencia, debemos aceptar los móviles y también los ordenadores informáticos y todos los medios virtuales renovadores. Pero sin embargo, éstos además de su incalculable valía, están desvirtuando la pureza del correcto hablar y escribir en nuestra bella lengua castellana. Imagino, que asimismo, con otros idiomas.
La rapidez y la economía de los vocablos en la escritura digitalizada en las redes sociales, que en su premura, queremos transmitir el mensaje tan dialogado, como la propia emisión de las palabras habladas. Esa precipitación en el dictado de la corta conversación, degrada la pureza de las palabras escritas (que a muchos les da igual su incorrección, siempre que se entiendan). La adecuada escritura como recoge y define el diccionario de la RAE (Real Academia de la Lengua Española) hace que esas prisas en la grafía del mensaje, quede dañado el lenguaje.
Por esa razón, nuestro acaudalado idioma español se resquebraja en su sentido etimológico o en el semántico de sus vocablos, tan dignamente resueltos gramatical y significativamente en la RAE. A toda esta tropelía con la escritura de las palabras pesimamente escritas o mal abreviadas, o carentes de las correspondientes signos ortográficos y otras reglas; tildes o acentos, para su apropiada diferenciación con otros significados o fonética, que es lamentado y calificado por los académicos de “uso zarrapastroso” del castellano.
A esa penuria se une el infausto acopio de los barbarismos o extranjerismos, que tan corrientes son en las redes sociales y en Internet, por el uso predominante de la lengua anglosajona. Nuevos términos son tan fácil y libremente recibidos por los jóvenes, para sus innovaciones en la lengua hablada y escrita. Concepto que en otras lenguas en sus recelos, se cuidan muy mucho, para negarse a aceptar otros vocablos foráneos.
Al agónico sufrimiento de los docentes por el típico “copiar y pegar”, bajado por los estudiantes de las páginas de Wikipedia, sin haber profundizado en los temas propuestos, se suma ahora, de forma muy negativa, y especialmente con los profesores de Lengua, las clamorosas faltas de ortografías y el erróneo uso de la lengua de Cervantes, asumidas ya por estos estudiantes como correctas, generadas por la pésima praxis en las redes sociales: Whatsapp, Facebook, Twitter, Correos electrónicos y otros medios virtuales.
Se da la satisfecha paradoja de ser el español la tercera lengua de mayor digitalización en Internet, y la segunda en las redes sociales: Facebook y Twitter. El idioma español se ha incrementado en su uso en un 1.100 en las escrituras virtuales de las redes sociales, entre los años 2000 y 2013. El castellano es verbalizado en el mundo por un total de casi 500 millones de hispanohablantes; y lo estudian como segunda lengua 21 millones.
El 6,7% de los habitantes del planeta son hispanohablantes, superando con creces, en altas cotas, el ruso, el francés, el alemán, entre otras. Y como lengua natal es la segunda más hablada, predominada solo por el chino mandarín. Pero sin embargo, ante los tristes derroteros del mal uso del castellano en su apropiada gramática (sobre en lo escritural), los expertos lingüistas de la RAE están aterrorizados por el presente y la futura degradación del idioma castellano.
Pero ante esta agridulce alegría, los vigías y popes de los ocupantes de los sillones de la RAE, tan celosos para el buen uso en el correcto escribir y hablar de nuestro lucrado castellano, saturado de términos equivalentes por doquier, expresan su tristeza por el mal y creciente práctica del mismo, que tachan de “zarrapastrosa” —reitero—, velando por la pureza de los vocablos, y por ende, en el correcto uso del idioma y no en la degradación del lenguaje. Apelativo de claro descontento y decepción.
Es muy evidente que la vida de las palabras tiene, desde su nacimiento, una mayor o menor vida. Todo depende de su aplicación. Los vocablos nacen o se trasmutan con la rutina o el desuso de su habla. El idioma es un ente vivo que hace renacer nuevos vocablos, y también hacerlos fenecer. Máxime en estos tiempos muy mediáticos e informatizados, con tanta preponderancia de extranjerismos, que aparecen en los ordenadores, móviles, en el habla y en las aludidas redes. Y otros términos, se quedan obsoletos hasta su olvido y desaparición; o porque, en nuestra constante modernización y esnobismo tratamos de manejar vocablos de nuevo cuño o los más novedosos posibles.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

ascendiente, 


no


ascendente


es ‘influencia’

Recomendación urgente del día
La palabra ascendiente, no ascendente, es la apropiada para expresar elpredominio moral o influencia que una persona u organización tienen sobre otras.
En los medios de comunicación es frecuente leer frases como «González conserva buena parte de su ascendente sobre el socialismo español», «Destacó la influencia que tuvo el colombiano Rómulo Rozo y su ascendente sobre el movimiento modelista» y «Todos conocen no solo su enorme calidad, sino su ascendente sobre el equipo».
Según el Diccionario académico, los términos ascendente yascendiente comparten el significado de algo ‘que asciende’ (aunque se prefiere la forma sin i).
En cambio solo es adecuado usar ascendiente para aludir al ‘padre, madre, o cualquiera de los abuelos o bisabuelos, de quien desciende una persona’ o para referirse al ‘predominio moral o influencia’.
Con este último significado se usa también la palabra ascendencia («Se sabía la ascendencia que tenía entre los médicos»). El Diccionario académico lo recoge como un uso propio del español de Cuba y el Diccionario panhispánico de dudas subraya que es un uso extendido hoy en todo el ámbito hispánico y no hay motivo para censurarlo.
Así en los ejemplos anteriores habría sido preferible escribir «González conserva buena parte de su ascendiente sobre el socialismo español», «Destacó la influencia que tuvo el colombiano Rómulo Rozo y su ascendiente sobre el movimiento modelista» y «Todos conocen no solo su enorme calidad, sino su ascendencia sobre el equipo».
Se recuerda además que la palabra ascendente tiene en astrología un significado específico con el que se usa frecuentemente en las predicciones que publican los medios de comunicación: ‘constelación o signo del Zodiaco que asciende sobre el horizonte en el momento en que va a realizarse una predicción, especialmente el que corresponde al momento del nacimiento de una persona’.

quinta-feira, 28 de janeiro de 2016

FUNDÉU RECOMIENDA:

Foto: ©Archivo Efe/Waltraud Grubitzsch

cuadri-cuatri- y cuadru-, prefijos válidos

Foto: ©Archivo Efe/Waltraud Grubitzsch
Los prefijos cuadricuatri– y cuadru son todos adecuados con el significado de ‘cuatro’, según indica elDiccionario de la lengua española.
En los medios de comunicación pueden encontrarse frases como «Está en duda su debut debido a unas molestias que arrastra en el cuádriceps de la pierna derecha», «La factura del agua se incrementará 15 euros al cuatrimestre este año» o «Detienen por cuadruplicar la tasa de alcohol al joven que empotró su coche en la Cibeles».
De acuerdo con la Academia, al numeral cuatro le corresponden los elementos compositivos cuadri-, cuatri-y cuadru-, todos ellos procedentes del latín, además de tetra-, que viene del griego.
Si bien todos esos prefijos son adecuados para formar palabras, lo habitual es que hayan quedado fijadas con uno solo de ellos, de modo que se habla de cuádriceps (no de cuátriceps o cuádruceps), de cuatrillizos (no de cuadrillizos ni cuadrullizos), o de cuadrúpedo (no de cuadrípedo ni cuatrípedo).
En otras ocasiones, los diccionarios registran dos variantes, como en cuadrisílabo/cuatrisílabo ycuatrimestre/cuadrimestre, y hasta tres como en cuadruplicar, cuadriplicar y cuatriplicar.
En cualquier caso, todos los términos son válidos, pues así lo son sus prefijos, y solo el uso dictamina cuáles son las formas preferentes frente a las demás.

CHULERÍA

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Chulería


El pecado capital del español no es, contra lo que comúnmente se cree, la pereza ni la lujuria, sino la soberbia

el país - españa
La chulería, el chulo, el sobrao, que dicen ahora los jóvenes, siempre ha tenido predicamento en este país forjado en la prepotencia del señorito, el arabesco barroco, el andar flamenco, el clavel reventón entre los pechos de la chulapa o la bailaora y los desplantes taurinos mirando a la galería del literato o el actor de éxito o del politiquillo de tres al cuarto. Ya en el siglo pasado, Fernando Díaz-Plaja señaló que el pecado capital del español no es, contra lo que comúnmente se cree, la pereza, ni la lujuria representada por aquellos cómicos que perseguían a las turistas por las playas del desarrollismo hispano, sino la soberbia. Díaz-Plaja lo deducía del estudio pormenorizado de nuestro idioma, que está trufado de frases hechas forjadas en las barras de los bares y definitorias de nuestra concepción moral: “Te lo digo yo y punto”, “a mí me vas a decir…”, “pacojones, yo”, “tú no sabes con quién estás hablando”…
Y eso que no reparó en la propia esencia del idioma, esa que sorprende tanto a los extranjeros, pues descubre a su luz que el español es soberbio por definición: un español no recibe clases de nadie, se las da él mismo (“estoy dando clases de inglés”), no necesita del dentista (“ayer me saqué una muela”) ni del peluquero (“vengo de cortarme el pelo”) y, ya en el colmo de la autosuficiencia, se opera él mismo: “El lunes me opero a corazón abierto”. Nada de “me sacó una muela el dentista”, “me cortó el pelo el peluquero” o “me operó un cirujano buenísimo”, que es como dicen en sus idiomas los extranjeros, tan educados y tan respetuosos.
¿A quién le puede extrañar, a la vista de esa concepción del mundo, que la arrogancia y la prepotencia no solo sean comunes entre nosotros, sino que despierten admiración entre mucha gente, que valora en los demás como virtud lo que a todas luces es un defecto? La psicología está llena de tratados sobre esa patología que afecta a muchas personas, incluso a países enteros, como es el caso del nuestro. Lo que me sorprende a mí es que esa patología infantil se dé entre gente mayor y presuntamente preparada y, sobre todo, que, siendo un sentimiento reaccionario como es (solo quien se cree más listo, más fuerte o más poderoso que los demás los desprecia), se dé lo mismo en la izquierda que en la derecha, incluso entre los indignados que han llegado a la política española con la regeneración moral y el cambio como banderas. Ver a su líder hablar en público hace dudar de que de verdad lo piense.

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