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terça-feira, 5 de março de 2013

LA LENGUA VIVA


El inglés ubicuo
Amando de Miguel

Maribel Torbeck sigue enviándome unas crónicas muy estimulantes desde las Montañas Rocosas. No está de acuerdo con mi comparación entre la estética de Normal Rockwell (el gran dibujante norteamericano) y el constructivismo soviético. Claro está que ambos estilos son opuestos por el contenido ideológico, pero tienen algunas similitudes formales. Buscan el realismo y pintan el ciudadano medio, al que glorifican. Mi teoría tampoco es muy segura y no haré gran cosa por defenderla, pero la planteo como un punto de discusión.
Doña Maribel comenta un asunto gracioso. Desde las Montañas Rocosas le llega el anuncio de Libertad Digital para que aumente el número de "followers". Consulta su corrector de Word y traduce el palabro como "folloneros". A veces los errores tienen su gracia. Se pregunta doña Maribel qué pensarán sus paisanos de Murcia cuando oigan ese anuncio.
Son innúmeras las influencias del inglés, que llegan a través de los medios de información y de entretenimiento. Por ejemplo, el "you know what I mean?" ha cundido en España, sobre todo en las conversaciones por teléfono. El equivalente es "¿Sabes?" o "¿Sabes lo que te quiero decir?". Tanto en inglés como en español las respectivas frases hay que pronunciarlas muy rápido, casi como si fueran una sola palabra. Desde luego, no quieren decir lo que parecen decir. Son locuciones de relleno para ganar tiempo.
Del inglés nos llegan muchos "falsos amigos", es decir, palabras que en una lengua significan una cosa y su traducción literal otra muy distinta. Por ejemplo, "patético", que en Estados Unidos es algo así como ridículo, lamentable, y en español es lo referido al sufrimiento. Pero en la realidad española actual "patético" adquiere la significación norteamericana. Otra mutación es la de "puntual", que antes tenía que ver en español con la puntualidad y ahora significa algo ocasional. El cambio de sentido es para acercarse al que le dan en Estados Unidos. De esa forma vamos aprendiendo inglés sin esfuerzo.
Las palabras bélicas experimentan asimismo una influencia notable de la lengua coloquial de Estados Unidos, la que nos llega por las películas. Por ejemplo, "impacto" es un término militar, pero ahora se utiliza mucho para cualquier efecto que tenga algo de sorpresa, sea o no violento. Una mala traducción es la de los "señores de la guerra". En inglés se necesita ese circunloquio para describir a los "caudillos" de las sociedades tribales cuando atacan a los vecinos. En inglés no existe esa palabra de "caudillo", tan expresiva. Nosotros no nos atrevemos a utilizarla ahora por la contaminación que supone el Caudillo Franco. Es una lástima , porque se trata de una voz muy expresiva.

Contacte con Amando de Miguel:http://www.libertaddigital.com/opinion/amando-de-miguel/el-ingles-ubicuo-67619/

El léxico del corredor


Si hay alguna modalidad deportiva cuya práctica ha eclosionado en los últimos años entre los aficionados españoles, esa es, sin duda, el atletismo. Actualmente, cada localidad, por muy pequeña que sea, organiza con periodicidad anual su carrera popular, de distancias dispares y de un rango y una consideración variables según los organismos federativos, pero a la que acuden casi sin excepción centenares -y en su caso miles- de corredores de toda condición, desde los populeros más ocasionales hasta la elite, pasando por los que se entrenan con mayor dedicación y asiduidad, esto es, los denominados corredores regulares.

El running, vocablo inglés que ha desplazado con el paso del tiempo a jogging y a footing, voz de aspecto foráneo que, sin embargo, se acuñó hace años en nuestro país como sinónimo de 'carrera continua', causa furor. Este deporte, que concita el interés derunners de todas las edades, fundamenta gran parte de su éxito en que ofrece una amplia variedad de posibilidades tanto para los que lo practican con el objetivo de mejorar su salud y bienestar como para los que buscan alcanzar determinadas cotas de rendimiento y lograr la superación personal. Hay para todos los gustos, porque a todos ellos se amolda esta disciplina.

La expansión del atletismo popular ha llevado consigo la generación de una terminología específica propia, plagada de tecnicismos y palabras de jerga, que no deja de crecer y enriquecer esta parcela del lenguaje deportivo. Así, a diferencia de los mediofondistas, que son más pisteros (compiten y se entrenan más sobre el tartán), los fondistas optan por carreras campo a través (crosistas) o por pruebas en ruta, que en su gran mayoría transcurren sobre superficies de asfalto (maratonianos o maratonistas y especialistas en medio o media maratón; aquí el género gramatical es ambivalente y se emplea al gusto del consumidor).

Especialmente particular ha sido el desarrollo del léxico en este tipo de competiciones, en las que, por un lado, se atrae la llegada de atletas de renombre mediante la concesión de premios a quienes logren bajar el récord de la prueba con la ayuda de liebres o sin ellas, mientras que, por otra parte, se premia el concurso de todos los públicos en sus diferentes categorías de edad con la concesión de bolsas del corredor (que incluyen camisetas, trofeos y avituallamiento), tras haber bajado su marca personal, haberdoblado (cuando uno dobla, es que ha sido capaz de haber hecho el mismo tiempo tanto en la primera como en la segunda mitad de la carrera), o pese a haber pasado por el mítico y temido muro (especie de barrera psicológica y física que suele aparecer a partir del kilómetro 30 del maratón).

Además, estas carreras suelen estar homologadas (cuentan con el reconocimiento oficial federativo de que la distancia está bien medida, aunque esto último no es ni mucho menos así siempre) y difieren en dificultad, tanto en función de la época del año en que se desarrollen (ya que, al ser outdoor o al aire libre, la meteorología es determinante) como, sobre todo, dependiendo del perfil (si el recorrido es llano, se considera una prueba idónea para hacer marca; si hay desniveles, es decir, rampas, rompepiernas o toboganes, se cataloga como dura porque tiene pendientes de las quepican).

Por otra parte, se encuentran las llamadas carreras de montaña, que se rigen por otros parámetros (para empezar no dependen de la Real Federación Española de Atletismo, sino de la de Montañismo) y, más allá de los 42,195 kilómetros, comienza el terreno abonado para los ultrafondistas, con pruebas que llegan a sobrepasar en algunos supuestos los cien kilómetros de recorrido y que se han granjeado con toda justicia la consideración de deporte extremo.

Pero la competición no es más que el desenlace de una etapa de preparación previa, más o menos larga y exigente, que suele venir programada por entrenadores y preparadores físicos en planes de entrenamiento concretos y ajustados a las características de cada corredor. Estos planes constan de unos objetivos, que son los tiempos a los que se aspira en la carrera en cuestión, en virtud de los cuales se trazansesiones o rodajes de dificultad creciente. Hay días en que los atletas simplemente salen a rodar o a tirar millas, pero en muchos casos esto resulta insuficiente y se persigue aumentar el ritmo medio mediante entrenamientos específicos como las series de una distancia determinada para ganar velocidad y que suelen ir precedidas de un calentamiento y seguidas de una carrera de recuperación. A veces se opta por cambios de ritmo o por progresivos (carreras cortas en las que se acaba siempre al ritmo más alto).

La complejidad aumenta con la adopción de sistemas de entrenamiento que sirven para ordenar la práctica del acondicionamiento físico como el fartlek, voz sueca que designa a un tipo de carrera continua con cambios frecuentes de ritmo o intensidad. Normalmente, las semanas que preceden a la competición son las llamadas semanas de carga, es decir, en las que se acumula un mayor número de kilómetros. Igualmente, se habla dedoble carga cuando se hacen dos entrenamientos un mismo día, y tras varias sesiones intensas o tras la fatiga muscular producida por una competición suele ser el turno del entrenamiento regenerativo.

Además, la paulatina popularidad de las carreras se pone de manifiesto también en la evolución de las prendas y accesorios deportivos que se consumen con fruición en un número cada vez mayor de tiendas específicas. A ellas el corredor acude en busca de una camiseta técnica (de material transpirable), un cortavientos, un pulsómetro con GPS, un buff (pañuelo multifuncional para proteger el cuello o la cabeza del frío o el calor), unos calcetines largos antifatiga, unos manguitos o unas zapas (versión argótica de 'zapatillas'), ya sean de competición, de entrenamiento o mixtas, ya sea con pisada neutra, pronadora (para corredores con tendencia a volcar el tobillo hacia dentro) osupinadora (hacia fuera).

El vocabulario del corredor se ha extendido tanto en su uso entre aficionados que ya ha traspasado la frontera de la especialización y ha entrado a formar parte del acervo léxico común. La aportación terminológica de esta disciplina es tan rica y amplia que, una vez más, queda refrendada la capacidad del deporte para dar pie a la creación de vocablos y expresiones, y contribuir así al ensanchamiento del idioma.


(artículo publicado en idiomaydeporte.com)
Publicado por José Luis Rojas Torrijos

Historia de la traducción


por Alberto Ballestero
FUENTE: La linterna del traductor

Traductores, obispos y reyes.
Entre el siglo III a.C. y el siglo V d.C., la Península Ibérica era una provincia más del Imperio romano donde el latín era lengua habitual y origen de las actuales (castellano, portugués, catalán y gallego), hasta el punto de que hoy podemos explicar la etimología y la traducción de muchas palabras por relación a su tronco latino común. Sin embargo, la evolución lingüística de la Península está condicionada por las sucesivas ocupaciones, primero del norte (los pueblos germánicos) y después del sur (los árabes), con traducciones bíblicas como la del obispo Ufilas o las del griego al latín realizadas en el siglo VI por San Martín y San Pascasio.

En el siglo VIII, con la llegada de los árabes, el romance sigue su evolución hasta cristalizar en el siglo X en las Glosas Silenses y Emilianenses, para tomar forma en el siglo XIII con Alfonso X, quien se empeño en dotar de rango de lengua de cultura al romance castellano. Y así, desde que en 1819, Jourdain acuñara el marbete Escuela de Traductores de Toledo, cualquier historia de la traducción referida a la Edad Media española debería iniciarse formulando las siete preguntas de la retórica clásica —quis (quién), quid (qué), ubi (dónde), quibus auxiliis (con qué ayuda), cur (por qué), quomodo (cómo) y quando (cuándo)— con el fin de explicar cumplidamente el fenómeno alfonsí. Nosotros nos conformamos con aportar algo de luz a la época.

Si hubiera que buscar un precedente a la Escuela de Toledo, la Casa de la Sabiduría de Bagdad sería un buen ejemplo de la labor traductora ejercida entre los siglos VIII y XII por los árabes, hasta llegar a la primera traducción literaria realizada en la Península en 1251, el Calila e Dimna. El modus operandi de los trasladadores árabes y judíos era el trabajo en equipo, lo cual no impidió las traducciones individuales, pero sobre todo se requería responsabilidad y esmero. Era más importante traducir bien que traducir mucho o muy deprisa.
Además de Toledo, existieron núcleos de traductores como el de Tarazona, impulsado por el obispo Miguel y dedicado a la traducción de textos científicos, que aportaron versiones de obras originalmente escritas por autores hindúes o persas y de las que existían traducciones árabes. Gran parte de este mérito se debe a la orden de Cluny, que contribuyó a tejer una red cultural que enlazaba lugares como Ripoll, Barcelona, Sahagún, Osma, San Millán o Silos, y que mediante traducciones de textos latinos aportó obras científicas de primera fila.
La lista de nombres propios está sujeta a incorporaciones y brilla con Alfonso X, pero es claro que la traducción en Toledo se inicia gracias al arzobispo Raimundo y al canónigo Gundisalvo (Domingo Gonzalbo), sin por ello olvidar a Gerardo de Cremona, el más conocido y prolífico, a Alfredo de Sareshel, Miguel Scoto, el canónigo Marcos, Hermán Alemán, Pedro de Toledo, Hermán de Carintia o Roberto de Chester.
Tras Alfonso X, la actividad traductora persiste con Sancho IV (1284-1295) en el trono y la nómina de traductores ilustres se completa con nombres como el de Gonzalo de Berceo o ya en el siglo XIV con Pero López de Ayala, Pérez de Guzmán, Fernández de Heredia o Beneyto de Santa María.
En el siglo XV, uno de los principales nombres de la historia de la traducción española es Enrique de Aragón (1384-1434), aunque se considere a Enrique de Villena el primer traductor de la Eneida, no sólo al castellano, sino a una lengua romance.
Gran parte de las traducciones realizadas en el siglo XV están vinculadas a la corte de los Mendoza, sobre todo a Iñigo López de Mendoza, marqués de Santillana, sin que por ello deba pasarse por alto el trabajo de hombres como Alonso de Cartagena. Uno de los traductores patrocinados por Santillana fue Pedro Díaz de Toledo, su capellán y obispo de Málaga, que hizo las primeras versiones de Platón al castellano (Fedón y Axyochus). No menos importante fue Martín de Lucena, el Macabeo, ahijado del marqués y traductor de los Evangelios.
Autores ilustres de la época, como Juan de Mena o el obispo de Ávila, Alfonso de Madrigal, el Tostado, también tradujeron para Santillana o para el rey Juan II. Tras ellos, el relevo generacional correspondió a traductores como Alfonso de Palencia o Jorge Rodríguez del Padrón. Todo ello sin contar la nómina de traducciones anónimas, como el Libro de los gatos, Farsalia, Decamerón o las múltiples versiones de la Biblia, entre las que destaca la Biblia de Alba.
Por último, resaltar dos datos: la llegada de la imprenta hacia 1470, con lo que ello supuso para la difusión de las obras traducidas y la aparición en 1492 de la Gramática castellana de Antonio de Nebrija, que da idea del afianzamiento del castellano como lengua de cultura.

EL PERSONAJE: Ufilas (311-383)
Las tribus germánicas que participaron en el saqueo de Roma, durante el fin de aquel Imperio, no aniquilaron a la Iglesia Católica romana junto al estado romano, porque veían en la religión de Roma una parte de la tradición cultural de aquel Imperio. El jefe de la Iglesia en Roma, el Papa, sobrevivió a las invasiones germánicas y acabó siendo un importante actor político por derecho propio.
La Iglesia Católica no perdió el tiempo y envió misioneros cristianos a las tribus paganas. Uno de los más conocido fue Patricio quien, a pesar de haber nacido en Gran Bretaña, fue a Irlanda, se transformó en el cristianizador de la isla y más tarde fue santificado por su trabajo. Pero el más famoso de ellos fue Ufilas que trabajó entre los godos.
El obispo de Antioquia Ufilas, cuyos padres eran de origen godo y griego, tradujo toda la Biblia, excepto el libro de los Reyes, porque pensaba que los godos ya eran un pueblo demasiado guerrero como para adoctrinarlos sobre el particular. Censurando su traducción creyó que hacía un favor a Dios.

Bibliografía
Foz, Clara: El traductor, la Iglesia y el rey, Barcelona: Gedisa, 2000, 190 págs.
López Alcalá, Samuel: La historia, la traducción y el control del pasado, Madrid: Universidad Pontificia de Comillas, 2001, 135 págs.
Ruiz Casanova, José Francisco: Aproximación a una historia de la traducción en España, Madrid: Cátedra, 2000

LA ESQUINA DEL IDIOMA


Piedad Villavicencio Belloliopvillavi@eluniverso.com

¿Por qué la sigla del Ministerio de Industrias y Productividad es MIPRO y no MIP?
Según las reglas de la Ortografía de la lengua española, fundamentalmente las siglas se forman con las iniciales de las palabras representativas que componen la expresión compleja: IESS (por Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social), CTE (por Comisión de Tránsito del Ecuador), CNE (por Consejo Nacional Electoral).

Pero aparte de esta norma básica, en la construcción de siglas también se pueden hacer combinaciones especiales con el fin de que las secuencias consonánticas, vocálicas o silábicas que las conforman sean fáciles de articular.

Para lograr esa armonía, la Ortografía indica que en la estructura de determinadas siglas se combinan no solamente las iniciales sino también dos o más letras del comienzo de uno o varios términos de la denominación originaria; incluso, suelen omitirse las letras iniciales de algunos de sus elementos: CINDOC (por Centro de Información y Documentación Científica), CENDES (por Centro de Desarrollo Industrial del Ecuador).

Posiblemente, al construir la denominación abreviada del Ministerio de Industrias y Productividad se consideraron estas particularidades y la sigla quedó como MIPRO y no como MIP.

SIGLAS QUE SE LEEN DE CORRIDO O QUE SE DELETREAN
La norma ortográfica asimismo indica que las siglas que tienen más de cuatro letras y se leen de corrido pueden escribirse solo con mayúscula inicial: Biess (por Banco del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social), Flopec (por Flota Petrolera Ecuatoriana), Conatel (por Consejo Nacional de Telecomunicaciones). En este grupo también entra la sigla Mipro. Este tipo de siglas, que se leen sin entorpecimientos, también se denominan acrónimos.

Cuando las siglas se deletrean es obligatoria la escritura en mayúsculas: CNTTTSV (por Comisión Nacional de Tránsito, Transporte Terrestre y Seguridad Vial).

ACENTUACIÓN DE LOS ACRÓNIMOS
Las siglas que se escriben con mayúsculas sostenidas no deben tildarse (CIA, OTAN); pero los acrónimos que se han lexicalizado como nombres comunes o propios deben cumplir con las normas generales de acentuación: módem (acrón. de modulación y demodulación), ovni (acrón. de objeto volador no identificado); Fundéu (acrónimo de Fundación del Español Urgente), Dinapén (acrón. de Dirección Nacional de Policía Especializada para Niños, Niñas y Adolescentes). El acrón. Mipro no lleva tilde porque tiene pronunciación llana y termina en vocal.


FUENTES: DICCIONARIO DE LA LENGUA ESPAÑOLA (2001), DICCIONARIO PANHISPáNICO DE DUDAS (2005) Y ORTOGRAFÍA DE LA LENGUA ESPAÑOLA (2010), DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA Y LA ASOCIACIÓN DE ACADEMIAS DE LA LENGUA ESPAÑOLA.

MERCADOS EDITORIALES


La desigualdad entre Norte y Sur también divide el mapa editorial
En el planisferio de la Unión de Editores, el tamaño de cada país depende del volumen de su mercado editor. Brasil, China e India tienen alto crecimiento, pero en Africa no prospera la cultura del libro.
POR GUIDO CARELLI LYNCH - gcarelli@clarin.com – Revista Ñ -

¿Qué pensarán los responsables del Instituto Geográfico Nacional, que meses atrás presentaron un planisferio con la Argentina en el ombligo del mundo (para “destacar nuestra presencia geográfica en el marco de la Unasur”), de un mapamundi en el que nuestro país es poco más que una tirita casi indescifrable?
La Unión Internacional de Editores (IPA, por sus siglas en inglés) presentó el mapa de mercados editoriales que elaboró junto a la Universidad de Sheffield, de Gran Bretaña. El tamaño de cada país no refleja su verdadera superficie territorial. Depende, en cambio, del volumen del mercado editorial local. Estados Unidos, Europa occidental y Japón con un tamaño sideral se roban la mayoría del espacio, vale decir, casi toda la superficie global editorial. África es poco más que un punto en el mapa y América latina tiene una proporción escuálida. Argentina, potencia editorial hace cincuenta años, es hoy una tirita raquítica.
El estudio utiliza como eje de medición el Producto Bruto Interno, la población y la cantidad de libros vendidos en cada país. “El primer paso fue recopilar datos disponibles para crear una base de datos de registro de tres indicadores principales: las ventas netas totales de los editores en un mercado; el valor del mercado en los precios al consumidor y el número de lanzamientos de nuevos títulos y reediciones”, explica Benjamin Hennig, investigador de la universidad británica a cargo del proyecto. Luego se cruzaron esos valores con los indicadores sociales ya señalados. La IPA distribuyó un listado con las veinte principales potencias editoriales y sus volúmenes de venta. Estados Unidos lidera el ránking, seguido por China, Alemania, Japón, Francia, Gran Bretaña, Italia, España, Brasil, India, Canadá, Corea del Sur, Rusia, Australia, Turquía, Holanda, Polonia, Bélgica, Noruega y Suiza. “El mapa muestra un mundo de desigualdades en el que unos pocos países forman verdaderos centros de poder, luego están aquellos que los economistas llaman “mercados emergentes” que presentan un tamaño relativamente parecido al real. Sin embargo, la mayoría de los países son difíciles de identificar, están perdidos en la periferia”, señaló el consultor Rüediger Wishenbert, líder del proyecto.
Para el editor alemán Jens Bammel, secretario general de la IPA, el flamante planisferio equivale a una fotografía del mercado editorial. “Las novedades son el gran crecimiento de India, China y Brasil y el fracaso de África para desarrollar la cultura del libro”, asegura Bammel vía mail, ante la consulta de Clarín.
Su diagnóstico sobre América latina no es nada alentador. “Es otra región donde la cultura del libro tiene serios riesgos de desaparecer. Es un problema de entendimiento y desarrollo político”, sostiene.
Para Bammel, el informe sincera las posibilidades reales de desarrollo social y las limitaciones de las políticas públicas sin ninguna coordinación. “La lectura, la educación y el desarrollo social van de la mano. Sin una industria ni librerías locales, la educación por sí sola no prosperará”, afirma. A la hora de explicar qué tipo de políticas pueden favorecer el desarrollo editorial, Bammel se acuerda de la Argentina y de las disposiciones de la Secretaría de Comercio. “Los editores debieran comunicar mejor el valor de las editoriales locales y exigir que se implementen políticas nacionales para el libro –afirma–. La terrible decisión de limitar las importaciones de libros y de exigir pruebas de tinta es absurda y costosa, demuestra que no entienden la cultura del libro, la economía del libro o de la sociedad de la información. Ningún país ha progresado por el cierre de las importaciones de libros”.
Los creadores del planisferio señalan que éste es una hoja de ruta para cualquier persona preocupada por la industria editorial. Esperan que sirva como estímulo para las regiones poco representadas. “El objetivo estratégico de cara al futuro es el ajuste de este mapa de manera que el mundo editorial se parezca más al mapa estándar de los geógrafos y demógrafos”, dice Bammel.
Argentina (no tan) generosa

Editores y consultores de todo el mundo colaboraron con información estadística. Pero más importante fue la tarea de aquellos provenientes de países donde los índices no existen o no son fiables, como, por ejemplo, la Argentina.
Fernando Zambra, director ejecutivo de PROMAGE, una consultora que funciona como un exhaustivo y preciso observatorio de la industria editorial local y latinoamericana, aporta un poco de luz entre índices inexistentes. El primer dato salta a la vista, también en el mapa: Hispanoamérica iguala la superficie –es decir, la producción– de Brasil.
Para este ingeniero en sistemas que se crió dentro del mundo editorial, el planisferio de la IPA permite medir el consumo de libros por habitante. “Eso es lo que nos pone muy abajo. Las oscilaciones entre alzas y bajas de un diez por ciento son propias de esta industria, pero esa franja en la Argentina está un escalón abajo. En 2011 en la Argentina se vendieron entre 48 y 50 millones de libros, lo que da un promedio de un libro por habitante”, explica Zambra. En Estados Unidos, por poner un ejemplo cruel, cada habitante compra 10 libros al año. La cifra argentina parecería estar en consonancia con la Encuesta Nacional de Lectura que da también un libro por habitante.
Los libros comerciales –aquellos que se venden– en la Argentina son nada más que el 45% del total. El resto son ejemplares religiosos, publicaciones de ONGs y académicas, entre otras.
En 2012 la venta de libros en la Argentina alcanzó los 3 mil millones de pesos, 300 millones de pesos más que en el año anterior. Las cifras de 2011 –prácticamente iguales a las del año pasado– incluyen las ventas al sector público que representan nada más que un 15% del total, mientras que en Brasil esa cifra alcanza el 40%. Los libros de Educación se quedan con el pedazo más grande de la torta (el 26%), seguido muy de cerca por Ficción (22%). El resto es para No Ficción (14%), Infantiles y Juveniles (13%), Divulgación General (11%), Religiosos (5%) y Profesionales (9%), según PROMAGE.
La crisis económica azota a buena parte de la industria editorial europea. El mercado español se redujo un 20% en los últimos tres años, según el Gremio de Editores de Cataluña, y la industria editorial argentina también sufre las consecuencias de la hecatombe financiera. Las ventas al exterior, en el tercer trimestre de 2012 cayeron hasta los 7,7 millones de dólares, el menor volumen desde enero de 2010, según el análisis de Zambra. Las restricciones a las importaciones también inciden: en el tercer trimestre de 2012, cayeron un 43% en comparación con el mismo período del año anterior. Si bien el índice repuntó en comparación con 2011, el saldo comercial acumulaba en el año un déficit de 20 millones de dólares hasta el tercer trimestre.
Algunas conclusiones están a la vista.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE


poner en valor algo o a alguien es 'destacar su importancia'

La expresión poner en valor, que el Diccionario del español actual, de Seco, Andrés y Ramos, define como ‘hacer que algo o alguien sea más apreciado, resaltando sus cualidades’, es una construcción adecuada en español, que sigue una pauta de formación similar a otras expresiones asentadas como poner en claro, poner en peligro y poner en cuestión.

Así, frente a verbos como valorar o valorizar, posibles alternativas a poner en valor, esta voz añade un matiz de reivindicación a lo que se valora. De modo que si se dice, por ejemplo, que «hay que poner en valor la educación», lo que se afirma es que hay que poner de relieve la importancia de la educación; mientras que si se dice que «hay que valorar la educación», lo que se hace es llamar la atención sobre el valor intrínseco de la educación, que hay que aceptar, pero sin destacarlo.

Poner en valor, sin embargo, se ha convertido en una especie de cliché que invade en muchas ocasiones el territorio de verbos como valorar, resaltar, reconocer, reivindicar…, como se puede apreciar en los siguientes ejemplos: «Los políticos no corruptos se preguntan qué tendrían que hacer para que los pongan en valor», «La gran actuación del jugador lo puso en valor ante la afición» o «Hay que poner en valor los esfuerzos del príncipe».

En estos ejemplos habría sido más apropiado escribir «Los políticos no corruptos se preguntan qué tendrían que hacer para que se los valore», «La gran actuación del jugador lo reivindicó ante la afición» o «Hay que destacar los esfuerzos del príncipe».

segunda-feira, 4 de março de 2013

TRANSGÉNICOS


“Los transgénicos están destruyendo el tejido social”

Es un pequeño granjero canadiense que enfrentó a la poderosa Monsanto, en un caso que llegó a la Corte Suprema de su país. Aquella batalla lo convirtió en un referente de los derechos de los agricultores independientes. Ahora recorre el mundo para advertir sobre los riesgos económicos, sociales y ambientales que implican las regulaciones de los organismos genéticamente modificados.


Por Verónica Engler

–¿Cómo empezó su lucha contra Monsanto?

–Mi esposa y yo éramos desarrolladores de semillas de canola (o colza, se cultiva para producir forraje, aceite vegetal para consumo humano y biodiésel). Hicimos investigación en este cultivo por más de cincuenta años. Y en 1998, dos años después de que introdujeran los transgénicos en Canadá, la empresa Monsanto inició una demanda en contra nuestro. Nos demandó por violación de patente, porque decían que nuestra canola era producto de sus semillas transgénicas. Fue una sorpresa para nosotros porque nunca compramos semillas genéticamente modificadas ni sabíamos de Monsanto. Lo que hizo famoso nuestro caso en todo el mundo fue el hecho de mostrar qué podía pasarle a un agricultor si su campo era contaminado con las semillas transgénicas. En ese momento el juez dictaminó que no importaba cómo se había producido la contaminación con las transgénicas, puede ser polinización cruzada, polinización por abejas, por semillas que ingresaron arrastradas por el viento o por el propio transporte de otros granjeros. Si sucede eso, entonces uno ya no es más dueño de sus semillas ni de sus plantas, por la ley de patentes. También en ese momento se dictaminó que no íbamos a poder usar nuestras semillas de nuevo por la contaminación que tenían y que nuestras ganancias por ese cultivo debían ir a Monsanto. Otra cuestión que dictaminó el juez es que el nivel de contaminación no era importante, da lo mismo que se tenga el uno o el noventa por ciento del campo contaminado, de todas formas, uno ya no es el dueño de sus plantas. La base de nuestra lucha fue por los derechos de los agricultores, para que cada uno tenga derecho a plantar sus semillas año tras año.

–¿Qué hicieron ante la demanda de Monsanto?

–Lo que más nos dolió es que todo el trabajo nuestro de cincuenta años con la semilla de canola ahora pertenecía completamente a Monsanto por la ley de patentes. Por eso decidimos seguir peleando, así que fuimos a la Corte de Apelación. Esta Corte federal mantuvo casi la misma posición, incluso Monsanto trató de detenernos de otras maneras. Nos demandaron nuevamente por un millón de dólares. Trataron de destruirnos financiera y mentalmente. Nos observaban cuando estábamos trabajando en el campo, venían a la salida del garaje de nuestra casa, a observar qué hacía mi esposa, mi esposa recibía llamadas telefónicas con amenazas y también les pasaba lo mismo a nuestros vecinos. Y aún hoy vivimos con temor. Entonces decidimos ir a la Corte Suprema. La Corte Suprema dijo que no teníamos que pagarle nada a Monsanto, pero que sí teníamos que pagar nuestros costes legales. Monsanto aceptó que nosotros no habíamos comprado semillas de ellos, pero sin embargo como nuestras plantas fueron contaminadas con sus semillas, se suponía que nosotros teníamos que pagarles la licencia por esas semillas. Si no-sotros hubiéramos tenido que pagar a Monsanto todo lo que querían, hubiéramos tenido que pagarlo con nuestra casa, nuestra tierra y todo nuestro equipamiento. Así que fue una victoria para nosotros escuchar a la Corte dictaminar que nosotros no teníamos que pagarle nada a Monsanto. Pero de todas formas, es muy difícil para un granjero poder luchar en la Corte contra una multinacional. Fue Monsanto el que nos demandó a nosotros y sin embargo tuvimos que hacernos cargo de los costes legales de esta demanda. Eso no fue justo para nosotros, porque Monsanto debería haber pagado también nuestros costes.

–¿Cuánto tuvieron que pagar y cómo afrontaron esos gastos?

–Los gastos fueron un poco más de 500 mil dólares. Lo pagamos con gran parte de nuestro fondo de jubilación, hipotecas sobre nuestras tierras y también recibimos donaciones de muchas personas de todo el mundo que están muy preocupadas por el tema de las patentes de semillas y sobre todo lo que concierne a nuestra alimentación.

–¿Cómo se contaminó su cultivo con las semillas transgénicas?

–Porque mis vecinos estaban utilizando semillas de Monsanto y al soplar el viento las traía a mi campo y lo contaminaban. Yo nunca utilicé las semillas de Monsanto ni el Roundup (el herbicida de Monsanto) en mi campo. Por eso presenté una contrademanda basada en la contaminación ambiental, destrucción de semillas y calumnia. Desde ese momento Monsanto nos espió y trató como a criminales. Detectives de Monsanto se instalaron cerca del campo y controlaban cada paso que daba. Lo primero que le dijimos a la Corte es que un agricultor tiene que tener el derecho a utilizar sus semillas año tras año. Para mi esposa y para mí lo más importante es que nadie, ningún individuo ni una corporación tienen derecho a patentar formas superiores de vida, sea un ave, una abeja o una planta.

–¿Qué sucedió luego de este episodio de la demanda de Monsanto?

–Nosotros pensamos en ese momento que habíamos acabado con Monsanto. Decidimos cambiar de cultivo y hacer investigación con mostaza, pero un tiempo después descubrimos que había plantas de canola en el campo en el que estábamos investigando, que era de cincuenta acres. Nosotros le avisamos a Monsanto que creíamos que había canola transgénica en nuestro campo de mostaza. Entonces Monsanto vino a nuestro campo e hizo algunas investigaciones. Después nos notificaron que sí había canola de semillas de Monsanto en nuestro campo de mostaza. Nos preguntaron qué queríamos que se hiciera. Les pedimos que toda esa canola fuera retirada manualmente. Monsanto estuvo de acuerdo. Dos días antes de que tuvieran que venir a quitar las plantas, nos enviaron una carta para que firmemos. Y en esa carta Monsanto establecía que ni mi esposa ni yo podíamos hablar sobre Monsanto nunca más con nadie. O sea que mi libertad de expresión quedaba anulada, y si hubiera aceptado no podría estar aquí hablando con usted.

–¿Qué le respondió?

–Les dijimos que muchas personas murieron en nuestro país por la libertad de expresión y que nosotros no pensábamos entregársela a una corporación. Así que le respondimos a Monsanto que con la ayuda de nuestros vecinos íbamos a remover esas plantas. Con ayuda de nuestros vecinos removimos todas las plantas por la contaminación y les pagamos 600 dólares. La verdad es que no fue mucho dinero por tres días de trabajo. Pero le mandamos la cuenta a Monsanto y Monsanto se rehusó a pagarla. Entonces mandamos a Monsanto a la Corte y, de esta manera, tuvimos a una multinacional millonaria en la Corte por 600 dólares. Puede imaginarse la vergüenza de Monsanto, una corporación internacional, asistiendo a la Corte por 600 dólares. Entonces, finalmente tuvieron que pagar los 600 dólares más los costes legales y llegamos a un arreglo de que no habría mordaza legal. Lo importante no fue el dinero que tuvieron que poner, obviamente, sino que es la consecuencia legal lo que vale. Porque si ahora el campo de cualquiera es contaminado, la empresa tiene que pagar por esa contaminación. Esta fue una victoria, no solamente para nosotros sino para los agricultores de todo el mundo, porque sienta un precedente en legal.

–Usted suele decir que en Canadá hay varios cultivos, entre ellos la canola, que ya son completamente transgénicos. ¿Por qué los granjeros canadienses optaron por este tipo de semillas patentadas?

–En 1996 fueron introducidas cuatro siembras transgénicas en Canadá: el algodón, el maíz, la canola y la soja. Y los granjeros se entusiasmaron porque Monsanto decía al principio que con las semillas de ellos íbamos a tener más producción, más ganancias, más nutrientes, e íbamos a tener que utilizar menos químicos para lograrlo. Pero sucedió todo lo contrario, estamos utilizando más químicos que antes, y hacen tanto daño a la salud humana como al medioambiente. También repitieron una serie de lugares comunes como que a través de estas semillas íbamos a alimentar a un mundo lleno de hambre. Pero creo que si hay algo que nos va a llevar a tener más hambre en el mundo, eso son los transgénicos. Nosotros en Canadá hemos tenido transgénicos por dieciséis años y creemos que el daño ya se hizo. Ahora hay que hacer lo que sea posible para no permitir que entren más transgénicos en nuestros países.

–¿Qué sucedió en los sembrados de canola transgénica que se extendieron en Canadá?

–Inmediatamente después de que se empezaron a utilizar estas semillas las ganancias empezaron a bajar. Pero lo peor fue el aumento masivo en el uso de los químicos, porque después de unos pocos años tuvimos una supermaleza que se desarrolló en los sembrados de canola. Para eliminar esta supermaleza, que es muy resistente, se requieren los tóxicos más potentes que se hayan conocido. Monsanto salió con un tóxico, el más tóxico que se conoce en la faz de la Tierra. Hay otro químico que es el 2,4-D, que están tratando de usar para matar esta supermaleza, y este nuevo tóxico contiene un 70 por ciento del agente naranja, el que fue usado en la guerra de Vietnam, con el que miles de personas murieron de cáncer. Estos son los químicos poderosos que estamos usando hoy en Canadá, tóxicos masivos. Otra cosa que han tratado de traer a Canadá es el gen terminator. Yo creo que ése es el peor asalto a la vida que se ha visto en la historia de la civilización. El gen terminator es puesto en un gen, la semilla se convierte en una planta, pero la planta produce una semilla que es estéril, así que no se puede usar para la nueva siembra, y eso hace que uno tenga que volver a comprar las semillas de la compañía.

–¿Qué implicancias tiene el uso de semillas transgénicas?

–Tenemos un tema económico, de salud por el aumento de uso de químicos y el veneno que traen desparramados los transgénicos, y un daño en el medioambiente por el uso de los químicos. Los transgénicos nunca fueron hechos para aumentar las ganancias. El patrón de los genes introducidos a las semillas por Monsanto se hicieron para mantener el control de la provisión de semillas y de alimentos en todo el mundo. También se toma el control del derecho que tiene el granjero de usar sus semillas, pierde su capacidad de elección y queda atado a tener que comprar las semillas todos los años y pagar un costo alto, además de que tienen que comprar más químicos.

–¿Cómo son las semillas que usted utiliza hoy, después de todo este proceso?

–Cambiamos de semillas, no trabajamos más con la canola, estamos trabajando con trigo, avena y porotos. En Canadá la soja y la canola son totalmente transgénicas, no se puede tener una granja orgánica de esos cultivos. Monsanto es hoy la compañía que maneja totalmente el mercado de las semillas para estos cultivos. Una vez que se introducen los transgénicos, no existe la coexistencia, el gen transgénico es un gen dominante, porque no se puede controlar el viento ni que el polen se traslade. Entonces, una vez que las semillas transgénicas son introducidas, no hay posibilidad de que un granjero continúe con un desarrollo propio de semillas.

–¿Cómo ve el futuro de la agricultura?

–Los transgénicos están destruyendo el tejido social del país, nunca vi algo así antes, los agricultores se enfrentan entre ellos. Antes nos ayudábamos unos a otros, ahora esto está desapareciendo porque hay desconfianza. Instalan el miedo haciendo demandas contra los agricultores. Esta nueva tecnología es ciencia perversa y no es ciencia comprobada. Las corporaciones quieren control total sobre las semillas, lo que les dará control total sobre el abastecimiento de alimentos, de esto se tratan los transgénicos y no de tener más alimentos para paliar el hambre en el mundo. Si los agricultores pierden el derecho a cultivar su propia semilla, se convierten en sirvientes de la tierra, regresando a la época del sistema feudal. En cierta forma los agricultores ya son sirvientes de la tierra, porque tienen que comprar las semillas de determinada compañía, tienen que comprar la licencia del alimento, tienen que comprar los químicos de la misma compañía, tienen que pagar un derecho para cultivar en su propia tierra, así que pienso que ya somos sirvientes en nuestra propia tierra por una corporación multinacional como Monsanto. De continuar la propagación de organismos modificados genéticamente, el control total del suministro de semillas y de alimentos del mundo estará en manos de corporaciones como Monsanto, y esto acarreará problemas para la salud, cuestiones ambientales y pérdida de biodiversidad. Con los organismos genéticamente modificados ya no habrá agricultura sino agronegocios.

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