Translate

quarta-feira, 31 de julho de 2013

La ambición del cuento


Qué modesto es el cuento! ¡Cuánta sencillez en sus maneras! Toma asiento discretamente, con los ojos bajos, como si intentara pasar inadvertido. Y si pudiera llamar la atención de algún modo, diría rápidamente, con una valiente y tímida voz de leve autoescarnio, al tanto de todas las posibilidades de la decepción: "Mira, yo no soy una novela.




Steven Millhauser - La ambición del cuento en El País - Uruguay

Ni siquiera una novela corta. Si eso es lo que estás buscando, no me necesitas". Rara vez una forma ha dominado tanto a otra. Y entendemos, asentimos en señal de complicidad: aquí, en Estados Unidos, el tamaño es poder.

La novela es el Wal-Mart, el increíble Hulk, el 747 de la literatura. La novela es insaciable: quiere devorar al mundo. ¿Qué es lo que queda para el pobre cuento? Puede cultivar su jardín, practicar la meditación, regar los geranios en las ventanas. Puede tomar un curso de escritura creativa de no ficción. Puede hacer cualquier cosa con tal de que no olvide su lugar, con tal de que permanezca inmóvil y fuera del camino. "¡Epa, epa!", grita la novela, "¡aquí vengo!". El cuento siempre está buscando refugio. La novela compra toda la tierra, corta los árboles, construye los condominios. El cuento va saltando por el jardín, se apretuja bajo la cerca. (…)

La novela difícilmente puede contenerse a sí misma. Después de todo, ¿qué diferencia hace? Es puro bla, bla, bla. Lo que a la novela le preocupa es la vastedad, el poder. Muy en el fondo de su corazón desprecia al cuento, que ocupa tan poco. No tiene disposición para la austeridad del cuento, para su poco apetito, para sus negativas y renuncias. La novela quiere cosas. Quiere territorio. Quiere abarcar el mundo. La perfección es el consuelo de aquellos que no tienen nada más.

Mucho mejor para el cuento. Modesto en sus pretensiones, tímidamente orgulloso de sus pequeñas virtudes, un poquito ansioso en relación con su desfachatado rival, se contenta con sentarse en la fila de atrás y dejar que la novela se haga con el mundo. Y sin embargo, sin embargo… Esa pose tan modesta, esas miraditas de reojo, ¿no contienen un toque de astucia? ¿Podría ser que el tímido cuento se atreva a tener expectativas propias? Si es así, nunca las admitirá de frente, debido a un constante hábito de secretismo alimentado por la opresión. En un mundo regido por novelas presuntuosas, la pequeñez ha aprendido a buscar su camino con cautela. Debemos intuir su secreto. Imagino al cuento albergando un deseo. Lo imagino diciéndole a la novela: "Puedes tenerlo todo… todo…; lo único que yo pido es un grano de arena". La novela, con un indiferente encogimiento de hombros, un encogimiento jovial pero despreciativo, concede el deseo.

Pero el grano de arena es la puerta de escape del relato. El grano de arena es su salvación. Tomo el ejemplo de William Blake: "Ver un mundo en un grano de arena". Piensen en ello: el mundo en un grano de arena. Lo que es decir: cada parte del mundo, no importa lo pequeña que sea, contiene al mundo por entero. O para plantearlo de otra forma: si pones tu atención en alguna, aparentemente, insignificante parte porción del mundo, encontrarás, muy al fondo, nada menos que al mundo mismo. En ese solo grano de arena descansa la playa que contiene al grano de arena. En ese solo grano de arena descansa el océano que golpea la playa, la nave que surca el océano, el sol que ilumina la nave, las tormentas interestelares, una cuchara de té en Kansas, la estructura del universo. Y ahí tienes la ambición del cuento, la terrible ambición que yace tras su fraudulenta modestia: encarnar sucesivamente al mundo entero. (…)

La novela quiere arrasar todo con su poderoso abrazo -orillas, montañas, continentes. Pero nunca tendrá éxito, pues el mundo es mucho más vasto que una novela, el mundo huye a cada momento. La novela salta sin descanso de un lugar a otro, siempre hambrienta, siempre insatisfecha, siempre temerosa de llegar a su fin -porque cuando se detenga, exhausta pero nunca en paz, el mundo se le habrá escapado. El cuento se concentra en su grano de arena, en la fiera creencia de que ahí - justo ahí, en la palma de su mano- yace el universo. Busca reconocer al grano de arena de la misma manera que un amante busca conocer el rostro del amado. Busca el momento en que el grano de arena revele su verdadera naturaleza. En ese momento de mística expansión, cuando la macrocósmica flor brota de la microcósmica semilla, el cuento siente su poder. Es más grande que él mismo. Y se vuelve aún más grande que la novela. Se vuelve tan grande como el universo. Ahí dentro reside la inmodestia del cuento, su secreta agresión. Su método es la revelación. Su pequeñez es el agente de su poder.


El autor
Steven Millhauser nació en 1943 en Nueva York, creció en Connecticut, y estudió en la Universidad de Columbia y en la Universidad Brown. Obtuvo el premio Pulitzer de 1997 con su novela Martin Dressler. Historia de un soñador americano. Otros libros: Edwin Mullhouse(1972), El museo Barnum (1990), Pequeños reinos (1993), Risas peligrosas(cuentos, 2008). El texto de esta página fue publicado por primera vez en el New York Times, y traducido por la revista El Malpensante.

Las palabras prohibidas del Liverpool


Aficionados asiáticos del Liverpool durante un partido en Tailandia. | AFP

El club ha repartido entre sus empleados una guía con las palabras que no podrán utilizar en Anfield
La lista incluye términos referidos a la raza, la religión, la orientación sexual, el género y la discapacidad
Miguel Riaño | en El Mundo - Madrid

El Liverpool aprendió la lección con los ocho partidos de sanción que le cayeron a Luis Suárez en 2011 por llamar "negro" a Patrice Evra. El club británico no quiere volver a verse involucrado en un escándalo semejante y por ello ha decidido repartir entre sus empleados una guía con las palabras que en ningún caso podrán ser utilizadas en Anfield, según ha informado el diario británico 'The Guardian'
Esta lista de expresiones prohibidas incluye términos referidos a la raza, la religión, la orientación sexual, el género y la discapacidad y ha sido entregada a todos los trabajadores del club que tengan contacto con el público. Los jugadores no han recibido la lista, pero como ya pudo comprobar el uruguayo Luis Suárez con su sanción, su comportamiento está férreamente vigilado y pautado por la Asociación del Fútbol británico.

Cualquier aficionado que acuda a Anfield desde la próxima temporada sabrá que ningún empleado podrá referirse a él aludiendo a su raza o cualquier atributo físico o mental. 'Negro', 'paki', 'transexual', 'discapacitado' o 'enano' son algunos de los términos presentes en la amplia lista. También presta especial atención el Liverpool a las expresiones de género que puedan ser utilizadas de modo despectivo. Y especifica dos: 'juega como una chica' y 'no seas nenaza'.
El Liverpool ha participado en los últimos años en los programas contra el racismo 'Kick it Out' y 'Enseña al racismo la tarjeta roja' y, según Rishi Jain, comisario de inclusión social de la ciudad de Liverpool, el club se ha mostrado activamente preocupado por generar en Anfield un ambiente "incluyente y agradable" para todos.

Lecciones de ortografía francesa y dignidad africana







Por: Ángeles Jurado en El País - España

Pocos medios occidentales y aun menos españoles (salvo honrosas excepciones) se han hecho eco de la carta de Bousso Dramé a las autoridades consulares francesas, rechazando amablemente un visado para visitar París. La misiva ponía punto final al intento de una joven consultora internacional de nacionalidad senegalesa, ganadora de un concurso de ortografía del Instituto Francés en Dakar, de disfrutar de su premio: una formación cinematográfica en la capital gala. El trato condescendiente y las humillaciones constantes de las autoridades consulares francesas en Senegal impulsaron a esa joven a declinar la invitación y escribir un texto que ha encendido los ánimos entre las juventudes africanas, iniciando una serie de mensajes e iniciativas de apoyo de una punta al otro del continente.

El momento coincide con la puesta en marcha del principio de reciprocidad en Senegal: los franceses y otros ciudadanos europeos necesitarán pasaporte biométrico y visado para entrar en el país. La elección de Macky Sall como presidente marcó un punto de inflexión en lo que se refiere al equilibrio en las relaciones entre Senegal y Francia, impulsado también por situaciones que alteraron a la opinión pública del país de la Teranga. En junio de 2012, denegaban el visado para Francia al cantante Thione Seck. Un mes más tarde, el profesor universitario Oumar Sankharé, el segundo catedrático africano en gramática francesa tras Léopold Sédar Senghor, sufría la misma vejación.
Lo habitual es exigir a un ciudadano africano que quiera viajar a Europa requisitos como sus nóminas y contratos, reserva de hotel y vuelos, un extracto bancario en el que figure una cantidad que pueda garantizar la cobertura de un gasto mínimo de entre 25 y 50 euros por día, una fianza, documentos identificativos en regla e invitaciones expedidas a través de la policía del país al que viajan. Para un español que quiera viajar a Costa de Marfil, por ejemplo, 50 euros por visado, dos fotos, la vacuna de la fiebre amarilla y rellenar un formulario sencillito es suficiente.
Uno de los africanos que ha reaccionado a la carta de Bousso Dramé de manera tangible es Cyriac Gbogou, impulsor de un artículo colectivo que todavía se cuece y que implica a ocho autores de ambos sexos procedentes de Burkina Faso, Benín, Camerún y Costa de Marfil. El bloguero y comunicador marfileño ha sufrido en sus carnes la limitación de las trabas burocráticas para plantarse en Europa llegando desde África, con ocasión de una formación en París que no pudo disfrutar a causa de la lentitud del proceso de visados.
"Es un freno al desarrollo africano -opina por Skype desde Abiyán- Merma la formación de los africanos que quieren arreglar los problemas de África. No estamos hablando de llegar a Europa y quedarnos allí. Estamos hablando de que queremos que los problemas africanos sean solucionados en África por los propios africanos. Tenemos los recursos. Unidos, podemos hacer muchas cosas. Conseguiremos triunfar si conseguimos unirnos. Para las autoridades consulares occidentales, todos somos susceptibles de pedir un visado para no volver. No entienden que, para muchos de nosotros, allí no hay nada. Trabajamos por el futuro de África. Y el futuro de África pasa por la reciprocidad".
"La carta de Bousso Dramé es la respuesta de millares de senegaleses y de africanos a un método y un comportamiento bien conocidos por parte de ciertos servicios de visado de países europeos -opina el ciberactivista senegalés Cheikh Fall- Ella osó responder por esos millares de jóvenes africanos que sufren todos los días reacciones vejatorias cuando intentan demandar un visado. Ese tratamiento no es una cosa de hoy. Pero jamás habíamos estado tan bien formados para hacer oír nuestra voz. Bousso ha entendido la importancia y el poder de los nuevos medios. Una vez publicada en facebook, su carta dio la vuelta al mundo en algunos minutos. Eso provocó la reacción del consulado y su respuesta".
La ciberactivista camerunesa Julie Owono califica, por su parte, de valiente la reacción de Bousso Dramé. "Es una de las pocas voces que expresan públicamente el hartazgo de muchos ciudadanos africanos del antiguo imperio colonial francés con el tratamiento que reciben en embajadas y consulados galos. Ella forma parte de una nueva generación africana que no conoce el colonialismo ni fue testigo de los tiempos en los que hombres y mujeres negros tuvieron que inclinarse ante los colonialistas blancos en su propia tierra. Pertenece a una generación que conoce sus derechos y que exige ser trataba como seres humanos acreedores de dignidad y respeto".

Para Julie Owono, las universidades francesas están perdiendo su atractivo entre los estudiantes africanos: en algunos países de África occidental, incluido Senegal, Francia ya no es el principal destino de los universitarios.

"Desgraciadamente, parece que no eso no sirve de llamada de atención a las autoridades francesas. El cónsul francés en Dakar, en una entrevista en Jeune Afrique, mostró esa arrogancia denunciada por Bousso Dramé y otros jóvenes africanos. Todos recordamos esta circular, firmada en mayo de 2011 por Claude Guéant, antiguo ministro del Interior francés, que impedía a los estudiantes extranjeros tener su primera experiencia profesional en Francia después de su graduación. Aunque fue revocada en mayo de 2012, tras la elección de François Hollande, la herida permanece viva todavía en la mente de los estudiantes africanos. Es una actitud paradójica y totalmente contraproductiva: cuando recientemente el parlamento francés adoptó una ley para enseñar en inglés en las universidades francesas, muchos no estuvieron de acuerdo, afirmando que se trataba de una decisión que pondría en peligro la influencia de la lengua francesa. En realidad, la influencia de la lengua francesa se mantiene hoy gracias a la mayoría de la gente que la utiliza, es decir los 200 millones de personas que tienen este idioma en común en África subsahariana. Muchos escritores, músicos y otros artistas siguen manteniendo este idioma vivo. Pero con esta actitud, más países africanos eligen el inglés como su lengua principal, como Ruanda y Gabón, y Francia pierde uno de sus principales instrumentos para garantizar su influencia en el continente africano".
Cheikh Fall asegura que nunca ha tenido el deseo de abandonar su país para instalarse fuera. "Incluso después de mi bachillerato, jamás he realizado gestiones para continuar mis estudios en Francia. Siempre creí que era posible estudiar en tu país para después servir a tu patria. El amor por mi país siempre me ha motivado y jamás dudé de que era posible aportar, a mi manera, mi "piedra" al edificio nacional desde mi campo. Ha llegado la hora de que los jóvenes africanos comprendamos que Europa no es forzosamente la solución. ¡La solución está en nosotros! Si hoy hablamos de África como el continente de la esperanza y que crece, es así cómo los africanos debemos comprender esta realidad y conseguir los medios para construir nuestro continente".
Sobre la política de visados y control de fronteras de la Unión Europea, opina que son necesarios la audacia, el valor y la voluntad política de los dirigentes africanos para imponer nuevas condiciones en el partenariado del continente con otros continentes y países en beneficio de África y los africanos. "Redefinir las relaciones para servir a los intereses de los africanos puede hacer cambiar las cosas, sobre todo con este fenómeno en torno a las demandas de visados. No cesaremos de reclamar valentía política por parte de nuestros dirigentes para redefinir los términos del partenariado entre África y Europa".
"Hoy en día, la parte visible del iceberg es el número de demandas de visado pero hay que recordar que no son gratis. Las tarifas que se imponen a quienes demandan un visado, aunque se rechace su petición, no se devuelven. Si el embajador explica orgulloso que el consulado de Francia en Senegal recibe 32.000 peticiones de visado anuales, olvida que esa cifra significa más de un billón y 300 millones de francos CFA al año (casi 2 millones de euros). Ese dinero lo consigue Francia sobre las espaldas de los demandantes de visado".

CÁNCER

Científicos de EE UU recomiendan redefinir el término “cáncer”
Expertos del Instituto Nacional del Cáncer estadounidense proponen eliminarlo de determinados diagnósticos con el fin de evitar el miedo en algunos pacientes
CAROLINA GARCÍA Washington 30 JUL 2013 -

Expertos de EE UU buscan redefinir la palabra "cáncer". / AFP

El Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos, organismo más importante del país en investigación, recomienda redefinir la palabra "cáncer" como respuesta al incremento de sobrediagnósticos y sobretratamiento de los pacientes en el país.

El cáncer se define en la actualidad como una enfermedad que es causada por un grupo de células que proliferan sin control y se multiplican de manera autónoma, invadiendo localmente y a distancia otros tejidos en cualquier parte del cuerpo.

Mientras unos tipos de cáncer o tumores son malignos y ponen en riesgo la vida del enfermo, otros, en cambio, no lo hacen, pero los pacientes, muchas veces asustados simplemente por el término, se inclinan por el tratamiento más agresivo del abanico de opciones, a pesar de la posible benignidad de su condición, informa The New York Times. Incluso, en algunas ocasiones, eligen un camino en el que las consecuencias emocionales y físicas son devastadoras, según explican los expertos en un artículo publicado en el Journal of American Medical Association.

"Se tendría que eliminar la palabra para aquellos diagnósticos más leves y que debido a los grandes avances médicos son detectados y tratados a tiempo", aseguran. "Existe una gran diferencia entre la mentalidad de ahora y la de hace 20 años en la reacción que una persona tiene cuando se le detecta una célula cancerígena y el miedo a morir", ha dicho Harold Varmus, ganador del Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1989 y director del Instituto Nacional del Cáncer, a The New York Times.

"Todavía tenemos problemas para convencer a la gente de que las patologías que se encuentran tras una mamografía u otros dispositivos de detección no siempre son tumores malignos, en el sentido clásico de la palabra; de que eso no significa que vayan a morir", añadió Varmus. "Aunque también hay científicos que deben interiorizar esto, no solo el público en general", concluyó. La palabra "cáncer" debe ser renombrada para excluirla del concepto de tumor benigno y así "los pacientes tendrán menos miedo y serán menos propensos a buscar tratamientos agresivos que pueden ocasionarles graves daños".

Un ejemplo, que cita el artículo, es el carcinoma de mama (carcinoma ductal in situ), "un diagnóstico que muchos doctores aceptan que no es cáncer". El comité, que incluye a algunos de los científicos más importantes del país, también sugirió que muchas lesiones de este tipo detectadas en el pecho, la próstata, las tiroides, el pulmón "no deben ser denominadas como cáncer" y deben ser clasificadas como "lesiones indolentes de origen epitelial" (IDLE, por sus siglas en inglés).

"Modificar el lenguaje que usamos para diagnosticar el cáncer es esencial para otorgar confianza a los pacientes, para convencerles de que no tienen que someterse a tratamientos agresivos por cada hallazgo en una exploración rutinaria". Como en el caso anterior podría ser la extirpación de un pecho.

El problema es que el paciente oye la palabra cáncer y piensa que va a morir. Debemos reservar esta palabra para cuando exista un riesgo real", explicó Laura Esserman, líder del artículo, a The New York Times. "Necesitamos una definición del siglo XXI en vez de recurrir a una que data del siglo XIX", añadió Otis Brawley, jefe médico de la Asociación Americana de Cáncer, al mismo periódico.

Por tanto, para los expertos, el cáncer debe ser redefinido y basado en cinco puntos esenciales: reconocer que el sobrediagnóstico es común, y más cuando cada vez los sistemas de detección son más específicos y mejores; hacer menos pruebas innecesarias; diagnosticar a un enfermo con cáncer tan solo cuando su vida esté en peligro y necesite tratamiento inmediato; crear una forma de reconocer y controlar las lesiones menores, y ampliar los enfoques en cuanto tratamiento, gestión y prevención del cáncer.

A pesar de que es muy probable que pasen años hasta que se ejecuten estos cambios en la redefinición de cáncer, ya que muchos expertos discrepan con estas recomendaciones, este grupo ha puesto sobre la mesa un debate que puede cambiar la discusión sobre los tumores malignos, su definición y futuros tratamientos e investigaciones. Sin embargo, muchos médicos y expertos coinciden en que es necesario mejorar la comunicación con el paciente, aunque destacan que no se pueden cambiar "cientos de años de literatura modificando repentinamente solo la terminología".

La España de Luis de Góngora, 400 años después

De aquel imperio inepto, pero soberbio en la literatura, queda ahora un país de ínfima categoría moral e intelectual, esquilmado por los trapicheos y los tráficos de influencias de los políticos y sus secuaces
JOSÉ MANUEL MARTOS CARRASCO en El País - España

Estábamos por la mañana en Valdezate y Haza, y por la tarde en Lerma. Por motivos diversos, los tres pueblos de Burgos nos hicieron pensar en el hundimiento de la economía, que asolaba nuestro suelo y nuestras mentes, y en Luis de Góngora. Ese domingo de finales de mayo, en Valdezate solo se veía a mediodía una familia con perro que, en medio de la calle, se disponía a asar unas costillas; lo demás, las bodegas excavadas en la montaña que, tras años de abandono, daban al lugar un aire espectral, de catacumba siniestra, más cercano a una película de muertos vivientes que a una realidad española del siglo XXI. Por la tarde, tras atravesar el portentoso refugio de las águilas (los “raudos torbellinos de Noruega” gongorinos) en los fabulosos vestigios de la loma amurallada de Haza y recorrer bellísimas extensiones de retorcidos viñedos primero y de verde cereal después, nos pusimos en el centro histórico de Lerma, donde la majestuosidad del recinto antiguo invitaba a un brindis por la herencia arquitectónica de don Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, duque de Lerma, el poderoso valido de Felipe III.

En la plaza mayor de Lerma, la consabida tienda de productos típicos estaba regentada por un matrimonio catalán de la Barcelona periférica, que había abandonado Cataluña de resultas de la crisis y no parecía sentir nostalgia. Mientras el periódico regurgitaba por todas sus columnas el expolio económico y la extenuación social, Félix de Azúa declaraba con pompa que “escribir literariamente es una tarea extenuante y hermosa” y anunciaba el papel del Quijote como génesis o Génesis literario de nuestra lengua vernácula castellana.

Estábamos a punto de perecer, engullidos por las arenas movedizas de la burbuja inmobiliaria, de la crisis económica, de la vergüenza política y de la esterilidad literaria; demasiado concentrados en nuestro desventurado destino personal para recordar que el descrédito político y la inanidad institucional no arrastran necesariamente en su grupa un vacuo serón cultural. En la plaza mayor de Lerma, con un refulgente sol primaveral, pero con un cielo azul raso y unos aires cortantes más propios de febrero, proclives a una cierta lucidez, cerré los ojos con la taza de café en la mano y recordé que en 1913, en la antesala de la I Guerra Mundial, Juan Ramón Jiménez estaba alumbrando Platero y yo; que en 1813, entre los restos de las últimas bayonetas de mariscales franceses y generales españoles, moría una de las cabezas más cultivadas que había dado España, la de un catalán que adoraba Madrid y que atendía al nombre de Antonio de Capmany y de Montpalau; que en 1713, cuando Cataluña casi doblegaba la cerviz rebelde, se fundaba la Real Academia Española; y que en 1613, cuando el duque de Lerma por acción y Felipe III por inacción convertían la política y la sociedad españolas en un sarao colosal de influencias, dádivas y prerrogativas sin disimulos ni máscaras, en un trapicheo en beneficio propio muy superior al que vivimos ahora, comenzaban a circular copias y copias manuscritas de las Soledades, de Luis de Góngora, y se estaba fraguando así una de las grandes y escasas revoluciones literarias de los últimos 20 siglos.

El duque de Lerma, un arribista de la peor estofa, algo hizo por las artes y las letras

Era evidente que nadie se iba a acordar, en serio, de los 100 años de Platero y yo, ni (qué risa) de los 200 de la muerte de Antonio de Capmany y de Montpalau, ni tampoco de los 400 años de la convulsión poética gongorina. Mucho menos de las circunstancias históricas que rodearon la atribulada existencia de esos hombres geniales, de sus miserias más que de sus grandezas, de sus sufrimientos más que de sus alegrías. Poco sabemos de sus biografías, incluso de la de Juan Ramón y, lo que es peor, no parece que nos haya de interesar: Platero y yo se cruza en nuestro camino por su reblandecimiento, especialmente indicado en dietas infantiles; Capmany es demasiado erudito y díscolo, demasiado catalán para su soberbio castellano; y Góngora, ¡pobre Góngora!, sigue siendo ese laberinto críptico que nos hicieron leer y aborrecer en nuestra disipada y aborregada adolescencia. Poco o nada sabemos de lo que estos tres peregrinos, dentro o fuera de su (y nuestra) patria, tuvieron que hacer para malvivir y sobrevivir; y con todo, a pesar de un entorno adverso u hostil en muchos momentos de sus vidas, nos dejaron un fruto excelso, que deberíamos estar conmemorando con todos los honores este año redondo de 2013, en lugar de chapotear con gusto en la chanca de la actualidad, convertida en bochornoso espectáculo diario de masas.

No sé si la España de hoy se parece a la de 1913, a la de 1813 o la de 1713. Sin duda, es un calco político de la de 1613, y que los historiadores de la época (Antonio Feros, Bernardo José García García, Patrick Williams o Alfredo Alvar) me desmientan si disienten. De la estrangulada redoma social de la España de hace cuatro siglos, de las ansias depredadoras del duque de Lerma, que miraba para él y para los suyos, pero también, a sabiendas o no, para la posteridad, estamos disfrutando de un beneficio cultural de proporciones descomunales. Ese legado se concreta en lo literario en las Soledades de Góngora, esta sí la verdadera Biblia para un país sin Biblia, que alcanza un reconocimiento inmediato y fulgurante, a través de su legión de imitadores y comentaristas, que intuyen al punto el alcance de ese monstruoso engendro poético, capaz de provocar un intenso y tenso debate cultural que traspasará con amplitud el coto de los vates.

Ese Góngora de 1613, al que el pusilánime Cervantes teme entonces agraviar en sus alabanzas aunque las suba al grado más supremo, cuenta en las Soledades un viaje imaginario como forma de evasión del mundo circundante; la gente más informada se lo agradece, porque en 1613 pocas son las vías para escapar del estanque putrefacto de la política, habida cuenta de que no existen el fútbol, las drogas, los viajes transoceánicos o la informática. Sin embargo, solo cuatro años más tarde, ese mismo Góngora, ese altivo señorito y racionero cordobés, acuciado por las deudas y por las estrecheces pecuniarias, arrastrará su pluma más mendicante en prosecución de un cargo institucional, hasta el punto de pergeñar en 1617 las 69 octavas reales del Panegírico al duque de Lerma, que, como su título indica, es una loa desaforada del primer ministro de Felipe III, a la sazón el hombre más poderoso y corrupto del reino.

¿Qué están haciendo los que nos gobiernan hoy, de qué cohorte artística se han rodeado?

Cuatrocientos años después, ¿qué queda de aquella España imperial, inepta en la política, pero soberbia en la literatura? Una España de ínfima categoría moral e intelectual, esquilmada por los trapicheos y los nudos y tráficos de influencias de los políticos y sus secuaces. Esa misma España jactanciosa que desconoce orgullosamente la trascendencia histórica y literaria de 1613, de Luis de Góngora y de las Soledades. Mucho me temo que, por motivos antagónicos, 1613 y 2013 son dos años climatéricos de nuestra historia. Hace 400 años gobernó nuestro país el duque de Lerma, un arribista de la peor estofa, un déspota que trabajó para amasarse una inmensa fortuna para vivir una vida mullida y regalada, de lujo y comodidad máximos según los estándares de la época; pero, pese a ello y todos sus defectos, el duque tenía también su punto de conciencia histórica y quiso y supo invertir algo de su tiempo y de su dinero en ser inmortalizado por algunos de los grandes genios de las artes y las letras, como Rubens y Góngora.

Por contra, ¿qué están haciendo quienes nos gobiernan hoy para que dentro de 400 años los españoles no se avergüencen de nuestra paupérrima y depauperada actividad cultural, de qué cohorte artística se han rodeado y cómo los inmortalizará?

José Manuel Martos es director editorial de Gredos.

EL LENGUAJE EN EL TIEMPO

Yacusi
Por: FERNANDO ÁVILA |
Fernando Ávila, delegado de la Fundéu BBVA para Colombia, explica el correcto uso de esta palabra.


Cita: “Jacuzzis: un deleite que estimula los sentidos”.

Comentario: El Diccionario panhispánico de dudas, 2005, propone yacusi como adaptación gráfica de la palabra inglesa jacuzzi, definida como ‘bañera dotada de un sistema para hidromasaje’. La opción para esta palabra, cuyo origen es la marca registrada por los creadores de apellido Jacuzzi, es bañera de hidromasaje.
Hay otras palabras de origen similar, como pimpón, de la marca inglesa Ping-pong, y aspirina, de la marca alemana Aspirin.
Además, en español no hay doble zeta, por lo que puzzle, voz inglesa, o paparazzi, voz italiana, pasan a ser puzle y paparazi, en español, y por otra parte el sonido de la jota en nuestra lengua es fricativo, jarra, jeta, Jiménez, joroba y no palatal, como el de la ye, yate, yeso, Yidis. Por eso jacuzzi pasa a yacusi.
Marine

Cita: “Este es el ‘exmarine’ en poder de las Farc”.
Comentario: La palabra marine no tiene por qué ir con resalte tipográfico, en este caso comillas, pues es palabra española, que se escribe igual a la original inglesa, marine. El Drae define marine como ‘soldado de la infantería de marina estadounidense o de la británica’. Su plural es marines. Si dejó de serlo, exmarine.

Ex-
Y en cuanto a la expresión exmarine, con el prefijo ex-, que significa que ‘dejó de ser’ lo mismo que la expresión exmilitar, que se usa en la misma noticia, es preferible hablar de marine retirado o militar retirado, pues el grado en particular y la condición de militar en general no se pierden.
Lo normal es referirse a un militar retirado con el mismo grado que tenía cuando estaba en las filas, “general Álvaro Valencia Tovar”, “teniente coronel Jairo Andrés Cáceres García”, y en todo caso aclarar para efectos informativos que está retirado del servicio, con la expresión en uso de buen retiro, simplemente retirado o la letra r entre paréntesis.
La partícula ex- se aplica a cargos (excomandante, exgerente, exvicepresidente) y no a profesiones, pues no se deja de ser militar (salvo degradación expresa), ni administrador, ni periodista, sino comandante, gerente y vicepresidente, cuando se cesa en el cargo.

FERNANDO ÁVILA
DELEGADO DE LA FUNDÉU BBVA

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE


másteres, no másters ni masters, es el plural de máster
© EFE/Kote

Recomendación urgente del día:

El plural de máster es másteres, no másters ni masters, tal como indica el Diccionario panhispánico de dudas.

Sin embargo, es frecuente encontrar en los medios de comunicación frases en las que aparece máster como invariable en plural, con la forma híbrida másters o con la grafía inglesa masters: «Los rectores valencianos rechazan la subida de las matrículas de los máster», «Los estudios de posgrado o másters son la diferencia para acceder a un puesto de dirección entre los profesionales» o «Las tasas de Wert pasan factura a los masters».

Máster (‘curso de especialización en una determinada materia, generalmente dirigido a estudiantes de tercer ciclo universitario’) es una palabra tomada del inglés master y adaptada a la ortografía española, con tilde en la a por ser llana acabada en consonante distinta de -n o -s.

Debe tratarse como cualquier otra palabra española, por lo que su plural natural es másteres y no masters, que es su plural en inglés, o másters, forma híbrida inapropiada.

Además, se recuerda que en la mayoría de los países hispanohablantes no se utiliza el término máster y en su lugar se emplea la voz española maestría.

LA RECOMENDACIÓN DIARIA

  LA RECOMENDACIÓN DIARIA resistencia a los antimicrobianos , mejor que  resistencia antimicrobiana   Resistencia a los antimicrobianos , no...