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quarta-feira, 6 de agosto de 2014

ENTREVISTA A CARMEN FARIÑA



“Tener educación no te hace inteligente.              
Eso lo aprendí en mi casa”

Carmen Fariña vuelve como responsable de Educación de Nueva York. Hija de gallegos, afronta el reto de cambiar el sistema

VICENTE JIMÉNEZ  en El País - España.

“En casa siempre hablábamos español. En aquel tiempo, en Brooklyn, cuando yo fui a la escuela por primera vez, con cinco años, no había otros chiquillos que hablaran el idioma. A las maestras no les hacía ni pizca de gracia vernos. Y no podías hablar español en clase, claro. La primera maestra que tuve no me quería dejar hacer nada. Yo era una cosa rarita para ella. Mi padre tuvo que ir a la escuela y decirle: ‘Mire, ella no habla inglés, pero va a aprender pronto, tiene que darle tiempo…’. En las calles tampoco hablabas en tu idioma porque la gente te decía: ‘Ah, un inmigrante’. Como si fueras lo más bajo…”.

Más de 60 años después, en las escuelas de Brooklyn y del resto de Nueva York sí se habla español. Y aquella niña “rarita” de padres gallegos ha cumplido 71 años, ha dejado su retiro en Florida y se ha convertido, desde enero pasado, en la máxima responsable del Departamento de Educación de la ciudad, tal vez el cargo público más importante después del alcalde, el demócrata Bill de Blasio.

Carmen Fariña cita a El País Semanal a primera hora de la mañana en el norte de Manhattan, en una escuela bilingüe que lleva el nombre del padre fundador de la República Dominicana, Juan Pablo Duarte. Situado más allá de Harlem, a la altura de la calle 185, el centro tiene una aplastante mayoría de estudiantes hispanos (98%) en un barrio de población eminentemente dominicana y mexicana. Quedan pocos días para que acaben las clases y los alumnos están contentos. Diferentes y cálidos acentos del español recorren los pasillos.

La escena se produce en la entrada, con los guardias de seguridad como testigos. Un grupo de padres aguarda a que la canciller (el título de Fariña es New York City Schools Chancellor) finalice su visita. Cuando aparece, la abordan. “Doña Carmen, usted nos tiene que ayudar. Necesitamos fondos y materiales. Antes no nos atendía nadie. Ahora confiamos en usted. No nos puede fallar”, le comenta una mujer con marcado acento dominicano. “Yo les voy a ayudar, pero ustedes me tienen que ayudar a mí. Les voy a enviar a una persona de mi departamento. Les vamos a atender”, les responde Fariña. Al abandonar el edificio, antes de subir al vehículo que debe llevarla a su oficina, al sur de Manhattan, una mujer joven la abraza. Es Kristy de la Cruz, directora del colegio de enseñanza media situado al otro lado de la calle, el Bea Fullers Rodgers. Se conocen. Fariña conoce personalmente a todas las directoras de colegios de Nueva York. “Gracias por todo, Carmen”, le dice emocionada De la Cruz antes de cruzar la calzada y meterse en su escuela.

Miradas latinas

 ‘El País Semanal’ propone este verano a sus lectores una serie de entrevistas para conocer el talento y las ideas de latinoamericanos y españoles en el mundo. Personas que marcan la diferencia en diversos campos como, en el caso de la protagonista de esta segunda entrega, la educación. Personajes, a veces alejados de los focos mediáticos, unidos por un idioma: el español.
“Ahora esta gente tiene esperanza. Antes, no. Yo he vuelto para cambiar el sistema”, afirma Fariña mientras su chófer sortea el trabajoso tráfico de Manhattan. La elección del lugar para la entrevista no ha sido gratuita. La canciller ha querido grabar en la retina del periodista, a través de varias escenas, los ejes de su programa. El primero de ellos, y el más importante, es la batalla por la igualdad, un concepto resbaladizo en una sociedad individualista como la estadounidense y que el alcalde De Blasio quiere situar en el centro de su agenda. Le sobran motivos: las escuelas de Nueva York son las más segregadas de Estados Unidos. El segundo, apoyar a los colegios y a sus responsables, sean cuales sean sus resultados, en lugar de cerrarlos si fracasan, política seguida por el anterior alcalde, Michael Bloomberg. En tercer lugar, la apuesta por el bilingüismo, por el aprendizaje de lenguas, una obsesión para Fariña debido a su experiencia personal. De niña, con cinco años, en la escuela parroquial St. Charles Borromeo de Brooklyn, fue apuntada como ausente durante seis semanas en los controles de asistencia debido a que no respondía cuando su profesora, de origen irlandés, pronunciaba de forma extraña su primer apellido, Guillén (Fariña es el apellido que tomó de su marido). “La marginación que sufrí por la incapacidad y falta de voluntad de mi profesora por pronunciar bien mi apellido siempre me ha acompañado”, confesó Fariña en el libro que publicó en 2008 (A school leader’s guide to excellence: collaborating our way to better schools).

Los recuerdos de infancia y juventud de Carmen Fariña están muy ligados a la figura de su padre, Adolfo Guillén, un gallego al que la Guerra Civil y la pobreza expulsaron de España. De él heredó su inconformismo, una determinada idea de la justicia social y el sentimiento de una España lejana pero propia.

¿Cómo nació ese sentimiento? Mi padre y sus amigos abrieron una escuela para hijos de españoles. Íbamos una vez a la semana a aprender la cultura, los bailes, las canciones, el idioma… Siempre hacían allí sus celebraciones. Ahí es donde conocí a mi marido, que también nació en Nueva York y es hijo de gallegos. Había muchos gallegos y asturianos. En casa teníamos dos herencias: la americana, porque mi padre siempre quiso que fuéramos americanos, y la española. A los 11 años mi padre me mandó a España por primera vez, sola, en el barco, para conocer a la familia en Sada, A Coruña. Estuve tres meses. Aquellos días me dejaron ese sentido de doble pertenencia. La gente que tiene dos países tiene mucha suerte. Desde que mi marido y yo nos casamos, y de eso hace ya mucho, vamos a España todos los años. Voy con mis hijas, que viven aquí, y con mis nietos. Mis hijas hablan español, y mis nietos lo están aprendiendo.

Perfil

Nació en Brooklyn hace 71 años en una familia de emigrantes gallegos. Su padre fue jefe de mantenimiento de un hospital y construyó a su hija un doble acervo: EE UU y España. Adquirió relevancia cuando, como directora, convirtió la escuela Lillie Devereaux en una de las cinco mejores de Nueva York. Antes ocupaba el puesto 76. No le tembló el pulso al cambiar al 80% de los profesores. Tampoco cuando en 2006 dimitió como número dos de Educación por desavenencias con Bloomberg. El nuevo alcalde, Bill de Blasio, la ha rescatado para construir “un sistema más igualitario y justo”. En la foto, de los años setenta, Fariña baila con sus alumnos tras sufrir una avería el autobús en el que salían de viaje.
¿Qué recuerda de su padre? Era un hombre muy inteligente, pero apenas pudo estudiar. Con nueve años dejó la escuela porque se tenía que ganar la vida. Era la época de la Guerra Civil.

¿Su padre hablaba de política en casa? Siempre. Tenía mucha conciencia política. Demasiada, a veces. Me enseñó muchas cosas. Tantas que, cuando yo iba a la escuela, discutía de política. Una vez me echaron de clase porque critiqué a Franco. Pero mi padre, cuando volvía a casa, me decía: “No, no, tú tienes que defenderte, esta es tu familia…”.

El latino, durante muchos años, no votaba. Y el poder lo tiene el que vota”
La anécdota es algo más sofisticada, y habla mucho del carácter comprometido de esta mujer. Sucedió durante su etapa de estudiante en la academia Saint Michael, un instituto femenino de Manhattan. El profesor estaba impartiendo una clase sobre la Guerra Civil. El punto de vista del docente era acorde con los libros de texto de la época en EE UU, es decir, algo condescendiente con la dictadura franquista como bastión anticomunista. Fariña pidió la palabra para criticar la interpretación que estaba dando el profesor, con el argumento de que los libros de texto omitían el sufrimiento de la gente corriente. Fue suspendida en el acto.

¿Estaba mal visto criticar a Franco? En algunas escuelas católicas, sí. Aquí mucha gente pensaba que la dictadura tenía a la gente más controlada, y que así no había comunismo. Pero en casa, mi padre, como siempre hablaba de política y leía mucho, me decía durante la cena: “No importa lo que te digan las maestras. En esto, créeme a mí”. Cuando me hice maestra, se sintió muy orgulloso de mí. Él era carpintero, pero llegó a jefe de mantenimiento en un hospital. Logró una posición bastante alta para una persona sin educación. Tener educación no te hace inteligente. Y mi padre lo era, pese a su escasa formación. Esa fue la cosa más importante que aprendí en mi casa.

¿Qué leía su padre? Todas las semanas le llegaba La Voz de Galicia. Un hermano se lo mandaba. Nos criamos en una casa donde no solo se hablaba en español, sino que España estaba muy presente. La gente que venía, en barco, tras diez o doce días de travesía, nos traía noticias, periódicos atrasados… Siempre había alguien de visita en casa. Siempre nos criamos con España en la cabeza.

¿Por qué se hizo maestra? Mi padre decía que porque me gusta que la gente me preste atención. Pero el motivo es que me encanta aprender, y enseñar, literatura, historia, lo que sea. Además, para un inmigrante y una familia como la de mi padre, ser maestra era lo mejor que podías ser. En aquellos tiempos las mujeres no teníamos tantas oportunidades.

¿Y de su madre qué recuerdos tiene? También salió de España por la Guerra Civil, como mi padre. Se conocieron aquí. Pero para ella la salida fue más difícil. Estuvo en la cárcel durante un tiempo porque su hermano combatió contra Franco. Cuando llegó a EE UU estaba triste. Fue ama de casa. Y le costó muchísimo volver a España, no quería. Por fin volvió, pero le llevó tiempo. Ella tenía en la cabeza muy malos recuerdos, sobre todo la pobreza. Salió de una aldea, Vilaboa. No tenía los mismos recuerdos de mi padre, que hablaba de la playa, de los buenos tiempos… Él se fue porque eran ocho hermanos y tenía que trabajar. Todos se marcharon de España, excepto uno. Eso sí, todos con la idea de volver algún día. Cuando mi padre se retiró, se fue a vivir a España. Murió en España. Y mi madre también.

La vuelta al trabajo de Carmen Fariña ha supuesto una conmoción en el sector educativo de Nueva York. No solo por ser la primera mujer en el puesto (su antecesora, Cathleen P. Black, una ejecutiva procedente de los medios de comunicación que presidió el grupo Hearst y el diario USA Today, estuvo solo 95 días en el cargo antes de dimitir), sino también por ser quien es. Sobre ella circulan desde hace años todo tipo de interpretaciones sobre su carácter, virtudes y defectos. Ginia Bellafante, articulista de The New York Times, describe su estilo de gestión como un “maquiavelismo benevolente”. Son conocidos, y muy comentados, sus años al frente de la Lillian D. Blake School, en el Upper East Side de Manhattan, uno de los mejores colegios de la ciudad. Por él han pasado personajes tan conocidos y diversos como Richard Avedon, Lenny Kravitz, J. D. Salinger, Chevy Chase, José Feliciano, William Hurt o el exalcalde de Nueva York y exembajador en España Robert F. Wagner. Cuando Fariña se hizo cargo del centro, en 1991, estaba situado en el puesto 76 del ranking de la ciudad. Dos años después lo situó en el cuarto, tras renovar o despedir al 80% del profesorado. “Una vez que has creado un clima de trabajo duro y mucha exigencia, la gente sabe si se siente cómoda. Y a partir de ahí decide si continúa o no”, declaró en 1995 a The New York Times.

Junto a su fama de inclemente flotan anécdotas narradas en los medios por sus exalumnos sobre su cercanía y buen carácter. Cuando se inició en la docencia en un colegio de Brooklyn, sorprendió a todos enseñando historia, arte y cultura a través de libros de poemas, guiñoles o textos de cocina. En 1976, en la fiesta del bicentenario de la fundación de Estados Unidos, pagó de su bolsillo un autobús para ir con sus alumnos a Filadelfia, ciudad en la que las antiguas colonias proclamaron su independencia. Muchos recuerdan cómo Fariña llevaba a su padre a clase para que explicara sus experiencias como inmigrante en EE UU, o las invitaciones a comer en su casa con su marido y sus hijas. Y así durante más de 20 años como profesora y otros tantos al frente de cargos de responsabilidad.

Usted lo ha sido todo en el sistema educativo de Nueva York. Tiene 71 años. ¿Por qué ha vuelto? Asumí este trabajo con la idea de cambiar completamente el sistema. Me daba tristeza lo que ha pasado en los últimos años [Fariña dimitió de su cargo en 2006 como número dos de Educación por sus diferencias con las políticas de Bloomberg]. Muchas de las cosas que empecé, en las que yo creía, dejaron de hacerse. Durante estos años he trabajado para universidades y ayudando a directoras de colegio. Cada vez que iba a visitar a una, estaba llorando. “Es que no puedo hacer esto, no puedo hacer lo otro”, se lamentaban. He vuelto para cambiar eso.

¿Qué quiere cambiar? Quiero que todos los chiquillos salgan adelante, vivan en un barrio u otro. Para eso necesitamos a los mejores directores y profesores. Estamos poniendo mucho dinero para que los directores puedan hacer su trabajo. En los últimos años no se invirtió para que directores y maestros se desarrollaran profesionalmente, para que se formaran mejor… También quiero más programas de enseñanza de idiomas, de historia… En España creo que la historia se enseña bien. Aquí, los americanos no conocen ni su historia ni la del mundo.

¿Qué defectos tenía el sistema en la etapa del alcalde Bloomberg? No querían que los padres tuvieran opiniones. Y fueron recortando los recursos para que las directoras no pudieran desarrollar su trabajo, crecer. El problema es que, al final, son los niños los que sufren. Bloomberg hizo cosas buenas, no todo fue malo, pero entendía el sistema educativo como un negocio. Por eso, de todos los responsables que él eligió para este cargo, ninguno era educador. Uno era abogado, el otro otra cosa… Él quería que todas las escuelas fueran negocios. Yo tengo otra mentalidad. Quienes pueden cambiar el sistema son las personas al frente de los centros. Pero no se les permitió hacerlo. Había una idea de que si estudias para maestra es que no eres muy inteligente. Eso es lo que estamos cambiando. Además, la mayoría de la gente que estaba en la toma de decisiones tenía menos de 40 o 30 años, sin experiencia en educación. Es gente que habla con los mayores sin respeto. No se trata de si eres joven o mayor, sino de si respetas a los otros o no. No puedes venir sin experiencia y decir: “Tienes que hacer esto, esto y esto”. Por lo menos, escucha. Hay que saber escuchar. El problema no es la edad, sino la actitud.

¿Qué cree que debe primar en la enseñanza, la formación de ciudadanos o la preparación de buenos profesionales para competir en el mercado? Las dos cosas. Los chicos deben aprender unos contenidos útiles, pero también tenemos que estimular su participación. Es fundamental que participen en la clase, que conformen sus propias opiniones, que hablen mucho. Tienen que distinguir entre las opciones de cada cosa y elegir. No quiero que se limiten a memorizar. Quiero que tengan opiniones.

En el mes de marzo se publicó un estudio de la Universidad de California-Los Ángeles en el que se denunciaba que Nueva York es el “epicentro” de la segregación escolar entre blancos y negros. ¿Le preocupa? Es un problema de clases sociales. Nueva York es una ciudad cada vez más rica. La segregación depende de cómo son los barrios. Si vives en un barrio con un determinado perfil, ese es el perfil que va a tener el colegio. Lo que tenemos que ver es cómo podemos hacer que niños de un barrio vayan a escuelas de otro barrio. Donde podemos tener más efecto es en los institutos [high school], ya que pueden acoger chicos de cualquier zona. En la escuela media y secundaria es más difícil, pero lo estamos intentando. Tenemos que respetar a esos padres que han comprado una casa, o la han alquilado y pagan sus impuestos en un sitio y quieren llevar a sus hijos a la escuela de ese sitio. “Yo compré este apartamento con la idea de llevar ahí a mis hijos”, te dicen. Si quieres cambiar el sistema tienes que oír a la gente.

Lo cierto es que el sistema conduce a los niños a una determinada escuela, y a otros, a otra, en función de la renta familiar. Sí, pero también sucede que muchos padres no van a ver determinadas escuelas por la mala fama que tienen. Hace poco estuve en el distrito 15, en Park Slope, y dije a los padres que era una pena que no visitaran determinados centros de su distrito, que no pasaran de la puerta. “Mira, por lo menos hazme el favor, vete a visitar la escuela, entra por la puerta, es muy importante”. Pero cuesta.

¿Cree usted, como dice el informe, que la educación de EE UU no garantiza la igualdad de oportunidades? Hay mucho que hacer, pero sin una buena educación no hay oportunidades. Ahora, por ejemplo, estamos trabajando con compañías como AT&T o General Electric para que los chicos hagan prácticas en ellas y puedan tener un puesto de trabajo. En Nueva York tenemos la suerte de tener estas compañías. Creo que en España no se da tanto. Y lo que sucede es que la gente que está mejor educada se va del país. En España está pasando ahora, en cierta medida, lo que pasó en la época de mi padre, en que para trabajar tenías que marcharte. Ahora van a Alemania, a Londres…

¿Qué aplicaría en España de su experiencia? Cada sistema tiene que servir a la ciudadanía a la que se dirige. Tal vez el que queremos tener aquí no es trasladable a España. Creo que en España hay una muy buena enseñanza de ciencias. Aquí no tanto. Pero, al mismo tiempo, yo quiero que los chiquillos en las escuelas puedan defender opiniones, y yo eso no lo veo allí. Los deberes de los niños en España son del tipo de “rellenar la palabra que falta” y hacer todo de memoria. Yo esa educación, aquí, no la quiero. Yo quiero participación y pensamiento. Hace poco un director aquí me dijo: “Ven a ver la escuela, te va a encantar, no vas a oír a ningún niño hablar”. Y yo le dije: “Mejor que no vaya, porque yo quiero oír a los niños hablando”.

Usted maneja un presupuesto de 24.000 millones de dólares. A la hora de valorar la pujanza de la comunidad latina en la vida pública de EE UU, su nombre es una referencia permanente. ¿Cómo analiza la creciente influencia de los latinos en la vida de este país? Se habla mucho, es cierto, pero la clave en este país no es si eres latino, sino si de verdad quieres influir y participar, si quieres votar. El barrio donde hemos estado, por ejemplo. Ahí hay mucho mexicano y dominicano. Los dominicanos están poniendo mucho interés en que se les registre para votar. Porque el poder lo tiene la gente que vota. El latino, durante muchos años, no votaba. Comparados con otros países del mundo, España entre ellos, aquí no teníamos la costumbre de votar. Y los latinos, cuando votan, no lo hacen en grupo, cada uno tiene su opinión, salvo que haya un asunto como la inmigración, algo que los aglutine. En Nueva York estamos viendo ese fenómeno de querer votar.

El coche de Carmen Fariña llega a la sede del Departamento de Educación de Nueva York, en el sur de Manhattan, y la entrevista debe concluir. Unos 1.500 profesores aguardan a la canciller. Quieren conocer qué recursos habrá en el próximo curso, y cómo se van a repartir. El encuentro es por videoconferencia. El equipo económico de Fariña está preparado frente a la cámara. Solo falta ella.

1.500 profesores, sin duda una prueba difícil… ¿En estos momentos no preferiría estar en su casa de Galicia con sus nietos? A veces, sí. Pero si puedes cambiar las cosas y ayudar a tantos niños, llevar a cabo reformas que les afectarán durante toda su vida, ¿te vas a ir a la playa? No hay comparación.

ESPAÑOL DE NEGOCIOS

«A la gente le interesa aprender español para hacer negocios»

«A la gente le interesa aprender español para hacer negocios»





 









C
















Colombiano de nacimiento y emigrante canadiense, a sus 42 años viaja a Santander para mejorar su nivel de idioma porque la docencia que realiza en el país norteamericano se lo exige. «La UIMP es una universidad de primer nivel y con una gran tradición. Vengo aquí porque todo el mundo me lo aconsejó y porque aprender castellano en España es un privilegio», remarca el alumno que durante esta semana continuará en las aulas de Las Llamas.

«Lo importante es que te guste y que puedas disfrutar convirtiendo lo que parece un gran esfuerzo en un juego, en un reto», concreta antes de lanzar una sugerencia. «España tiene actividad de enseñanza de castellano, pero tal vez debería fomentarlo más. Y también mirar más hacia fuera y ver qué medios hay en otros países que tienen una gran demanda de aprendizaje de este idioma. Probablemente se puede hacer más en ese sentido y le ayude como país a poner en valor algo tan importante como es su idioma».«Parece increíble pero es cierto. El interés por el español en Canadá sube mucho. A la gente le interesa sobre todo para hacer negocios, por las oportunidades de trabajo, etc. Es un idioma que está creciendo mucho en aquella zona», asegura Alvarado. «Aunque sea mi lengua materna, el español es tan difícil por su complejidad, que siempre viene bien acudir a un sitio como este para continuar la formación, para mejorar las capacidades y aprender nuevos trucos y técnicas para impartir clase de este idioma en mi país», explica el docente del Distrito Escolar Católico de Calgary, en la provincia de Alberta, que durante esta semana se convierte en alumno en la UIMP, y que tampoco encuentra en esa complejidad un impedimento para continuar su estudio.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
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ébola


escritura adecuada

Recomendación urgente del día
La palabra ébola se escribe con inicial minúscula cuando se emplea de manera informal para referirse a la enfermedad causada por el virus del mismo nombre, pero con mayúscula tanto para aludir a este (virus del Ébola), como a la fiebre que produce (fiebre hemorrágica del Ébola) o al nombre completo de la enfermedad (enfermedad del Ébola).
Sin embargo, en los medios de comunicación es frecuente encontrar frases como «El Ébola llega a Mali» o «La OMS confirma 86 muertes por virus de Ébola en Guinea».
El virus del Ébola, causante de una enfermedad caracterizada por una ‘fiebre hemorrágica muy grave y fulminante’, recibe su nombre del río de la República Democrática del Congo en el que se aisló por primera vez. Por ello, se recomienda escribirlo con el artículo determinado en masculino como todos los nombres de ríos (virus del Ébola, no virus de Ébola), aunque, por influencia del inglés, aparece en ocasiones sin la preposición (virus Ébola), uso este que se desaconseja en español.
La Ortografía académica establece que en las denominaciones de enfermedades que incluyen un nombre propio se ha de respetar la mayúscula de este (enfermedad de Parkinson, mal de Alzheimer…). Pero añade que «cuando el nombre propio pasa por sí solo a designar la enfermedad, se convierte en un nombre común, que debe escribirse con minúscula inicial y someterse a las reglas ortográficas del español:  Su padre tenía párkinson; Trabaja en una fundación para la investigación del alzhéimer».
Por eso, en los ejemplos anteriores habría sido preferible escribir «El ébola llega a Mali» y «La OMS confirma 86 muertes por virus del Ébola en Guinea».
Por su parte, la Real Academia Nacional de Medicina, en su Diccionario de términos médicos, recomienda que en textos médicos se utilicen siempre las denominaciones especializadas virus del Ébola,  fiebre hemorrágica del Ébola o enfermedad del Ébola.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

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mortalidad y mortandad no 


significan lo mismo

Recomendación urgente del día
La palabra mortalidad hace referencia a la tasa de muertes en un tiempo dado, mientras que mortandad es una gran cantidad de muertes causadas por una epidemia u otro desastre.
En muchas informaciones sobre el brote de ébola en África se confunden los dos términos y, por ejemplo, se habla de «La tasa de mortandad del actual brote es cercana al 60 por ciento» o «El investigador considera urgente desarrollar un tratamiento para contener la mortalidad por esta enfermedad».
De acuerdo con las definiciones del Diccionario académico, la mortalidad es la ‘tasa de muertes producidas en una población durante un tiempo dado, en general o por una causa determinada’, mientras que mortandad es ‘gran cantidad de muertes causadas por epidemia, cataclismo, peste o guerra’.
Por ello, en los casos anteriores lo apropiado habría sido escribir «La tasa de mortalidad del actual brote es cercana al 60 por ciento» o «El investigador considera urgente desarrollar un tratamiento para contener la mortandad por esta enfermedad».
Aunque la expresión tasa de mortalidad es válida, se recuerda que puede hablarse simplemente de mortalidad, pues su significado ya lleva implícito que se trata de una tasa: «La mortalidad por ébola puede llegar al 90 %».

terça-feira, 5 de agosto de 2014

OBSERVATORIO DE LA LENGUA ESPAÑOLA Y LAS CULTURAS HISPÁNICAS EN LOS ESTADOS UNIDOS


El idioma en la escuela estadounidense

El director del Instituto Cervantes de Harvard analiza los últimos datos de la enseñanza de lenguas



El idioma en la escuela estadounidense


Un informe publicado por el «Observatorio de la lengua española y las culturas hispánicas en los Estados Unidos», centro de estudio del Instituto Cervantes y la Universidad de Harvard, revela que el español es, de lejos, el idioma más enseñado en las escuelas estadounidenses, en las que ha aumentado su demanda sin cesar durante los últimos 25 años. Nancy Rhodes e Ingrid Pufahl, miembros del Centro de Lingüística Aplicada de Washington y autoras del informe del Instituto Cervantes, lo afirman con rotundidad: la presencia del español en la educación estadounidense es fuerte y creciente en todos los niveles.

Es una realidad que las lenguas que se enseñan en las escuelas se seleccionan atendiendo a motivaciones políticas, como el origen cultural de los votantes -francófono o germanófono en muchos casos- o como el dictado de los acontecimientos internacionales, que están llevando a un aumento del interés por el árabe o el chino. Con todo, el español es la lengua segunda más demandada en todo el territorio y en todos los niveles, desde el jardín de infancia a la Secundaria; en el College y en el doctorado.

Los datos precisos sobre la enseñanza de español en las escuelas estadounidenses aportan unos matices significativos. Uno de ellos es que el 90% de las escuelas primarias que ofrecen programas de lengua extranjeras enseñan español, así como el 93% de las secundarias. El crecimiento de estos porcentajes ha sido sostenido desde 1987, pero su valor real se aprecia mejor si se repara en que la enseñanza del francés, durante el mismo periodo, ha caído desde el 41% hasta el 11%, en la primaria, y desde el 66% al 46%, en la secundaria.

La lengua china, por su parte, si bien comienza a estar de moda,solo se ofrece en un 4% de la escuelas secundarias, después de cuadruplicar su implantación en apenas una década. En cuanto a lostipos de cursos de español que se ofrecen, merece observarse que, en la primaria, la mitad de ellos llevan a la práctica de las cuatro destrezas básicas (hablar, comprender, escribir y leer) y un 6% son cursos de inmersión, mientras que más de un 40% se destinan a la transmisión de conocimientos culturales generales y de un mínimo de léxico y fraseología.
Una realidad halagüeña

Por la información comentada, la realidad de la enseñanza del español en los Estados Unidos podría considerarse como halagüeña para quienes quieren aprenderlo o mantenerlo y para la comunidad hispanohablante en su conjunto. Solo que esa no es toda la realidad, ya que la enseñanza de lenguas extranjeras está experimentando uninquietante retroceso.

Las cifras que revelan el empobrecimiento de la oferta de lenguas en las escuelas primarias estadounidenses son contundentes: en 1987 menos de una cuarta parte de las escuelas ofrecían formación de idiomas extranjeros; en 1997, su número creció hasta alcanzar un tercio del total; a partir de 2008, sin embargo, la situación ha revertido hasta los niveles de los años ochenta. Desde una perspectiva europea, lo increíble no es tanto que la oferta de idiomas haya retrocedido como que solo se incluya en una cuarta parte de las escuelas primarias y en algo más del 50% de las escuelas intermedias. El panorama formativo se compensa en los centros de Secundaria y Bachillerato, de los que un 91% enseñan lenguas extranjeras, aunque también en este nivel el porcentaje actual sea menor que en el 87.

Probablemente no sea necesario abundar en la importancia del aprendizaje de lenguas durante la infancia ni insistir en lo decisivo del dominio de una segunda y de una tercera lengua para el desarrollo personal y profesional. El mundo es esencialmente multilingüe y ladinámica de globalización está poniendo en evidencia, más allá del peso del inglés como lengua franca, el valor de sumar el conocimiento de otras lenguas para acceder a ámbitos laborales muy prometedores, en presencia y en línea. Siendo así, ¿cómo es posible0 que la mayor potencia del mundo, la que se ha construido a golpe de migraciones, la que alberga el más poderoso sistema universitario, permita que solo una cuarta parte de sus escuelas primarias ofrezcan enseñanzas de lenguas extranjeras?
Y la situación es más grave en las escuelas públicas, donde la oferta de cursos se ha reducido hasta un 15%, frente al 50% de las escuelas privadas. Sencillamente, dramático. ¿Puede esto tener relación con el tópico de que a los estadounidenses no les interesan otras lenguas que no sean el inglés? ¿Son las segundas lenguas materia residual, por su aparente inutilidad para un país que se considera cabeza de león y que probablemente lo sea? ¿Será que la multiplicidad de lenguas aún no ha dejado de interpretarse como una maldición, como un castigo divino por la soberbia de la Torre de Babel, según recuerda Joaquín Rubio en su ensayo «De Babel a las lenguas prometidas»?

Sea por maldición, sea por prepotencia, sea por indolencia política, lo cierto es que la oferta idiomática de las escuelas estadounidenses es alarmantemente precaria, poniendo en interrogación el lema que ha guiado su programa educativo desde 2002: «No child left behind». Y la preocupación se extiende hacia el paisaje de esplendor que dibujan los programas de español porque constituyen una oferta claramente insuficiente e incapaz de seguir el ritmo de la demanda.

Además, los programas ofrecidos son inapropiados y limitados para alcanzar un buen dominio del español: son inapropiados porque en una gran proporción consiguen una formación lingüística y cultural muy superficial; y son limitados porque no aprovechan la enorme ventaja de contar con alumnos de herencia hispánica que ya manejan el español en sus destrezas orales.

Los programas bilingües y de inmersión dual no llegan al 10% de ese 25% total de escuelas que enseñan español; demasiado poco. La comunidad hispana, que sigue considerando al español como un valor que ha de preservarse, está viviendo su debilidad en la escuela, sabiendo que es elemento clave para el mantenimiento de la lengua, como ha demostrado la sociolingüista Carmen Silva-Corvalán.

En definitiva, la situación de los idiomas extranjeros en las escuelas estadounidenses es débil y precaria, con una demanda social intensa y un profesorado insuficiente y mal tratado. Podría pensarse que los Estados Unidos consideran que les basta con el inglés o que hacen suya la maldición del multilingüismo de Babel cuando sus autoridades se desinteresan por la enseñanza de lenguas extranjeras. Pero también podría pensarse que, al limitarse la oferta de idiomas, seestá poniendo freno al más buscado de todos ellos: el español.

La discriminación hacia la lengua española es un hecho que se ejemplifica en las políticas entorpecedoras de su presencia en el sistema educativo y que se aprecia, según Jane Hill, en manifestaciones lingüísticas, entre bromistas y despectivas, como las del Mock Spanish: «No problemo; mucho terrífico!» Si se desmorona el apoyo de la escuela, el español podría caer, como fruta madura, en la licuadora lingüística que arroja jugo con sabor exclusivo a inglés. El problema está en que los Estados Unidos, aunque no lo vean, necesitan ponerse a la altura de Europa en la enseñanza de lenguas, si no quieren decir Hasta la vista, baby a su posición de predominio dentro del mundo globalizado.

EL IDIOMA ESPAÑOL







Marca cultural en español
FERNANDO R. LA FUENTE



Nada puede liderar España sin mantener una política de Estado en apoyo de las industrias culturales




Fue el escritor Mauricio Weisenthal quien en su espléndido Libro de los Réquiems (2004) afirmó que «el español es más moderno que el castellano». Nada más cierto. El español, esa «lengua de andariegos e inmigrantes» que destacó el mexicano Carlos Fuentes, para definir así «el territorio de La Mancha», es decir, la geografía imponente que se expresa en español, había salido fortalecido de su expansión en América.

Una lengua profusamente plástica, diversa en el léxico que amplió la compresión ética y estética de esa nueva realidad. Que ha roto las fronteras y ha dispuesto nuevas influencias no ya en el marco antiguo de las naciones, sino en el proceloso mar de las mutuas influencias. «El 80 por ciento de los términos utilizados son comunes en todos los países que hablan español», recordaba Humberto López Morales, secretario de la Asociación de Academias de la Lengua, al principio de la presente década.

Es la primera vez que el triángulo invisible que forman los creadores, los organismos públicos y las empresas privadas, a un lado y otro del Atlántico, comienza a tomar forma. Como ha señalado en reiteradas ocasiones Manuel Lucena Giraldo, la globalidad ha pulverizado los centros de poder. Todo es centro y todo es periferia. Ante una nueva circunstancia aparecen, también, nuevos escenarios de actuación. Advirtió Ortega que «toda realidad ignorada prepara su venganza».

La realidad ante la que se enfrenta la expansión imponente de la lengua española es dar una vuelta de tuerca a lo realizado hasta aquí. El mismoOrtega, con enorme visión, adelantó que América era el origen, y no al revés, de la nación española. Y tras el idioma se encuentran las denominadas industrias culturales. Esa vuelta de tuerca se resume en el fortalecimiento de tales industrias, centradas en la edición, la creación audiovisual y la música culta y popular.
El turismo y la cultura son las dos industrias españolas llamadas a fortalecer no solo la economía, sino la proyección internacional. En el caso de la cultura la dimensión del espacio iberoamericano (integrando en tan vasta geografía política, económica, social a España) es lo que hoy da razón y sentido a una comunidad que, a través del idioma, ha pulverizado las fronteras y se proyecta hacia los más diversos y ambiciosos retos de este nuevo siglo. «Ni siquiera en los momentos de mayor virulencia hispanófoba, varios e intensos a lo largo del siglo XIX -sugiere Tomás Pérez Vejo- se dio algo parecido a la defensa de un español mexicano diferenciado del peninsular o a la voluntad de convertir alguna de las lenguas indígenas en lengua nacional. Mientras que las polémicas sobre la herencia colonial o las aportaciones de España a la cultura mexicana fueron agrias y continuas, las que tienen que ver con el idioma son escasas y siempre sin cuestionar su condición de lengua nacional».

España y el conjunto de las naciones iberoamericanas que se expresan en español poseen un intangible, que ya es, también, un tangible tan poderoso como cuantificado, son «campos de petróleo» que requieren una mayor ambición. «La cultura -escribía Emilio Lamo de Espinosa- es desde hace años (releamos a Simmel o Benjamin) industria de la cultura, con tanta importancia económica como la industria de los conocimientos, y más aún si la extendemos hasta abarcar el espectáculo (¿y no son cultura y espectáculo al mismo tiempo la música, la ópera o el cine?). La principal industria exportadora de Estados Unidos no es, por supuesto, General Motors, pero tampoco Microsoft, sino Hollywood».

Extendamos, pues, esa idea al presente porque es una profunda inversión a corto y medio plazo. Y esas industrias necesitan una adecuada movilización, un paso más para consolidar lo que se ha logrado. El necesario concurso de la empresas privadas, con las correspondientes desgravaciones fiscales -al igual que se apoyan otras industrias, con la diferencia de que ninguna, salvo el turismo, posee el potencial que significa ser el segundo idioma internacional-, ocupa un lugar estratégico en esta nueva etapa.

También aquí cabe hablar de vieja y nueva política, con la creación, de genuina naturaleza iberoamericana, de Marca Cultura en español que reúna y defina el extraordinario espacio que está llamado a ocupar en el concierto de la globalidad el idioma español. Sí, ahora ya, más moderno que el castellano.

BUCARELI


Cervantes: el póstumo hallazgo
Jacobo Zabludovsky

MTI/ El Universal On Line/Jacobo Zabludovsky

En esta serie de artículos relacionados con la búsqueda de los restos de Miguel de Cervantes faltaba el testimonio de Víctor García de la Concha, director del Instituto Cervantes y ex director (ahora honorario) de la Real Academia Española en una de sus épocas más fructíferas, a quien conocí en la Universidad de Salamanca en 1980, cuando celebramos con una serie de conferencias sobre el idioma español los 10 años del noticiero 24 horas de Televisa.
El ex profesor salmantino explica a Patricia Alvarado, reportera de Radio Centro de México, el origen de la idea y el estado actual de los esfuerzos por encontrar los despojos del genio, según consta en su Historia de la RAE, recién publicada.
“En primer lugar fue la Real Academia Española la que empezó a promover el interés por Cervantes, por sus restos concretamente; el Marqués de Molins, director de la Academia, promovió que se colocaran dos lápidas en lo que es el convento y la iglesia de las Trinitarias, las que se pueden ver todavía hoy. Una dice: “Aquí yacen los restos de Cervantes que fue enterrado junto con Catalina, su esposa”. Cuando el Marqués de Molins promovió esto, en la reunión siguiente de la Academia, curiosamente, según cuento en mi reciente historia de la Real Academia Española, un grupo de académicos dijeron: “Bueno, no es seguro que Cervantes esté enterrado ahí”, y el Marqués de Molins preparó entonces un informe documental que es el que esta sirviendo de base probatoria de que efectivamente Cervantes fue enterrado ahí. La duda es si un movimiento que se hizo de la iglesia cuando se cambió la orientación del crucero de la misma, si en ese momento ciertamente se removieron restos que pudieron perderse o no, eso es lo que tendrán que determinar las excavaciones. Como sabe, la tesis en la que se apoyan es que si efectivamente se localiza un cuerpo que tenga una herida de brazo etc., de pecho también, pues podrían ser los restos de Cervantes. Entonces habría que conjeturar. La lápida de fuera, la idea de la Real Academia Española sugerida por él Marqués de Molins en aquéllos años, pues fue simplemente para indicar que ahí yacían los restos de Cervantes, y qué se vaya a hacer si efectivamente hay la fortuna, la suerte de que se encuentren, yo creo que donde deben de permanecer es ciertamente en esa iglesia de las Trinitarias. Las Trinitarias han sido las que han cuidado de todos esos restos, no solamente los suyos sino otros muchos de la misma manera que cuidaron los de Lope de Vega y por tanto ahí deben quedar y lo que habrá que hacer es una sepultura digna y nada más”.
“Está cobrando muchísimo relieve lo que es la evaluación y la certificación del español, y así en la línea del profesorado, en la misma en que estamos creando una red de Universidades, numerosísimas, que se van a ocupar fundamentalmente de formación de profesores de español como segunda lengua, tenemos que actuar en ese aspecto: la evaluación y la certificación. Junto con México, con la Universidad Nacional Autónoma de México, con la Secretaría de Relaciones Exteriores, con Conaculta y la Universidad de Salamanca, estamos a punto de preparar y lanzar un certificado, una prueba de evaluación y de certificación online en español tipo del norteamericano o del Cambridge del europeo”.

Se cumplen en 2015 cuatro siglos de la publicación de la segunda parte del Quijote y un año después cuatro siglos de la muerte del autor. Ambos aniversarios serán motivo de un homenaje sin precedentes en la literatura universal.
Habla Rafael Rodríguez Ponga, secretario general del Instituto Cervantes: “A Cervantes le valoramos por su obra literaria por su vida en Argelia, en Grecia, por su gran aventura cuando era soldado y por su vida como escritor. Con independencia de que aparezcan o no los restos finalmente o se identifiquen con claridad nosotros a Cervantes le valoramos igual como el gran genio que fue y además ahora precisamente en vísperas del cuarto centenario de su muerte que es en el año 1616. Nosotros estamos preparando ya un bienio Cervantino: el año 1615 con motivo del cuarto centenario de la segunda parte del Quijote y el 1616 con motivo de la muerte de Cervantes. En Madrid, evidentemente en Madrid, Alcalá de Henares, la ciudad cervantina por excelencia, y en todo el mundo”.
A todo esto puede agregarse el posible hallazgo de los restos, hazaña con su propia historia, cualquiera que sea el final.
De cualquier modo, la noticia esperada del escrutinio y autenticación de los huesos sería el tema del último artículo de esta serie cervantina. Mientras tanto pueden surgir nuevos datos, justificantes de la extensión de nuestro relato y del aumento de sus capítulos.
Un Bucareli más. Tal vez.
© Alianzatex 2014

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