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terça-feira, 19 de maio de 2015

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

rohinyá


mejor que


rohingya

Recomendación urgente del día
La denominación rohinyá es preferible a rohingya para referirse al pueblo musulmán que habita en el oeste de Birmania.
En las noticias sobre la migración de personas de esta etnia, puede verse su nombre escrito de diversas formas: «Un barco con cientos de musulmanes rohingya envió una señal de socorro», «Los musulmanes rohingya malviven perseguidos en Birmania» o «Unos 1600 Rohingya han desembarcado ilegalmente en Bangladés, Malasia e Indonesia».
Dado que el nombre por el que se la conoce internacionalmente está basado en el birmano, resulta preferible crear una hispanización a partir de esta lengua: rohinyá. No obstante, este pueblo cuenta con una lengua propia escrita en caracteres latinos y resulta también válida la forma ruaingá,tomando como base la palabra vernácula.
Al igual que otros nombres de etnias, se escribe en minúscula y forma elplural con normalidad mediante la adición de una ese:los rohinyás (o los ruaingás).
Así, en los ejemplos anteriores se podría haber escrito mejor «Un barco con cientos de musulmanes rohinyás envió una señal de socorro», «Los musulmanes rohinyás malviven perseguidos en Birmania» y «Unos 1600 ruaingás han desembarcado ilegalmente en Bangladés, Malasia e Indonesia».
Se recuerda finalmente que el nombre del país es Birmania, mejor queMyanmar, y que el estado donde se asientan se puede romanizar, según la pronunciación original birmana, como Rakáin (mejor que Rakhine y Rajine).

BOCADILLOS LINGÜÍSTICOS


Aida Vergne




¿LOS MUCHACHOS ARRUINAN LA LENGUA?


Amigo que me lee, nos vienen con ese cuento desde que amanecía en blanco y negro. Que si la juventud de hoy no sabe escribir, que si el texting está acabando con la lengua, que si pitos, que si flautas. ¿Sabe qué pasa? Que la lengua está en permanente estado de ebullición y son precisamente las generaciones jóvenes las que generan los cambios. No arruinan nada, lo cambian todo. Mire, hasta en el prólogo del primer diccionario de la REAL de 1726 nos machacan la misma historia: “Es mui grande el descuido, ò ignoráncia que se padéce en la Orthographía, aunque en ninguna Lengua habrá mas tratados de esta essencial parte de explicar por escrito el Idioma, porque passan de treinta Autóres los que han escrito sobre Orthographía Castellana”. La perorata de que estamos descuidando la lengua no es exclusiva del español. Pinker nos dice que, cuando la gente gana edad, “confunden los cambios en ellos con los cambios en el mundo; la triste ilusión de que todo tiempo pasado fue mejor”. Añade que cada generación está “segura” de que sus hijos están arruinando la lengua. Pamplinas. En su maravilloso libro, The Sense of Style, incluye unas cuantas reflexiones sobre este asunto pero, por supuesto, refiriéndose al deterioro del inglés. Escúcheme bien: el único que puede arruinar su lengua es usted mismo, si se la muerde muy duro. Mastique despacio.Profabocadillos@gmail.com

segunda-feira, 18 de maio de 2015

EL IDIOMA ESPAÑOL


HACIA LA UNIDAD POR EL CAMINO DE LA DIVERSIDAD

Resultado de imagem para GRACIELA MELGAREJO

Graciela Melgarejo en La Nación - Buenos Aires

La "unidad del español" es un concepto que está poniéndose de moda. Probablemente ha influido en ello el hecho de que desde hace años, la RAE toma muchas decisiones consultando con sus colegas académicos del resto del mundo hispanohablante (quizá no tanto como estos querrían, pero mucho más que antes, indudablemente).

Por supuesto, también hay que celebrar la "diversidad". Eso fue lo que hizo el filólogo catalán Alberto Gómez Font en la 48a. edición de la Feria del Libro de Valladolid, en abril pasado. Ex director del Instituto Cervantes en Rabat y ex coordinador general de la Fundación del español Urgente (Fundéu), en su intervención "Castellano, español y americano" apuntó a esa característica que enriquece la lengua, dijo, y que no es obstáculo "para que nos entendamos entre todos".

También el escritor y periodista Álex Grijelmo dedicó su artículo de El País Semanal, "Todas las voces del español", el 10/5, al famoso, prometido y quizá también muy esperado "diccionario del español universal". Grijelmo recuerda que el proyecto existe desde 1997, y que es coordinado por el lingüista mexicano Raúl Ávila con la participación y contribución de material de 26 universidades de 20 naciones -"en España, las universidades de Alcalá y de Almería"-, pero que nadie sabe cuándo estará terminado.

Uno de los temas más atractivos que desarrolla Grijelmo en su artículo es el trabajo que se está haciendo para determinar cuál sería ese corpus general del español del que todos participamos sin malentendidos: por ejemplo, las palabras comunes y las variantes con mayor número de usuarios. Esa clasificación surge de cruzar miles y miles de datos, con la esperanza de jerarquizarlos luego, de acuerdo con una serie de parámetros, como grado de difusión internacional, nacional y regional, a través de los medios, en los que (variantes más, variantes menos), según el equipo de estudiosos, se encontraría la mayor parte del español común a todos, porque también los medios, sostiene Raúl Ávila, "desde la imprenta a Internet, siempre han promovido la unidad de las lenguas".

Por supuesto, estas normas generales no rigen para textos literarios ("donde aflora la riqueza léxica peculiar de cada autor y de su entorno") ni para conversaciones familiares ni para la lengua de todos los días. En cambio, sería -o será, de terminarse algún día- útil para alcanzar una comunicación internacional y masiva, cuando se trata de redactar de manera más comprensible que la actual cierto tipo de textos, como los manuales de instrucciones de uso de artículos del hogar o herramientas, o los prospectos de los remedios.

Estos debates y trabajos cada vez más frecuentes logran "visibilizar" (un verbo que también se usa cada vez más) desde los medios el proceso de crecimiento y desarrollo de nuestro idioma que va ocupando lugares estratégicos en la comunicación mundial, avalado por el número también creciente de millones de hablantes.

Contra los muchos pronósticos agoreros, no son solo los académicos y los escritores los que se interesan y reflexionan sobre el fenómeno lingüístico.

PALABRAS




Héctor G. Barnés (elconfidencial.com, España)

Utilízalas con propiedad: 

las expresiones en 

latín que más empleamos en español


Es muy fácil equivocarnos y emplear una locución latina con un significado muy diferente al que tiene de verdad. Esta pequeña guía nos enseña muchas cosas sobre el idioma del que nace el castellano.

Nuestro idioma está plagado de palabras que proceden de otros idiomas, y cada vez es más frecuente quetérminos ingleses afloren en nuestras conversaciones diarias. Pero, como buena lengua romance que es el español, la mayor parte de las palabras que utilizamos han sido adaptadas del latín. Sin embargo, hay muchas expresiones que no han sufrido ningún cambio y que seguimos utilizando tal y como se emplearon hace siglos: son los latinismos crudos, que no se adecuan a la ortografía española.

Debido a que muchos de ellos se utilizan frecuentemente en los medios de comunicación o en conversaciones informales, por aquello de darse un poco de lustre cultural, no es tan raro que los empleemos de forma completamente equivocada. El libro Hic et nunc (Gedisa) de Toni Battlori, Pere Led y Josep Manuel Udina es una buena guía para adentrarnos en tan procelosas aguas. A continuación recogemos algunos de los términos más habituales para aclarar dudas e intentar evitar esos errores fatales. Aunque, claro, ya se sabe: quod natura non dat, Salmantica non praestat.

Alma máter

Literalmente, «madre nutricia», aunque se utiliza para referirse de forma metafórica a una universidad y, por ello, es un término de género femenino. Suele llevarnos a la confusión, ya que pensamos que equivale al alma castellana, que en realidad proviene del latín «anima». Es una palabra que se emplea con mucha frecuencia en el inglés.

Annus horribilis

Pocas personas son tan mal pensadas como para traducir esta expresión por “ano horrible”, aunque nosotros lo hayamos hecho. Curiosamente, es una expresión más moderna que “annus mirabilis”, su antónimo. El diccionario de Oxford atribuye el origen de esta última expresión a un poema de John Dryden sobre el terrible año 1666, en el que dicho milagro era haber sobrevivido a todas las calamidades que se produjeron; este también reconoce que la primera vez que tiene constancia de “annus horribilis” es en 1992, cuando la Reina Isabel II lo utilizó para describir el 40 aniversario de su coronación.

Coitus interruptus

La popular “marcha atrás”, sólo que con un nombre más fino que funcionaba como un eufemismo. Curiosamente, suele utilizarse muchas veces para denotar frustración o interrupción, cuando en realidad se refiere al método anticonceptivo que consiste en eyacular fuera de la vagina.

Cunnilingus

Lo sentimos, pero es pura casualidad que aparezcan juntos en esta lista dos términos tan sexuales. Esta palabra proviene de juntar el latín “cunnus” (“vulva”, por no decir otra cosa) y “lingo, lingere” (“lamer”) y consiste en… Bueno, ya sabemos en qué consiste, ¿verdad? ¿Hace falta volver a explicarlo?

Exabrupto
En latín, la locución “ex abrupto” se escribía separada y, literalmente significa algo así como “desde la interrupción violenta”. Ha evolucionado al sustantivo “exabrupto”, es decir, “salida de tono, como dicho o ademán inconveniente e inesperado, manifestado con viveza”. No obstante, sigue pudiéndose utilizar la expresión “ex abrupto” como un adverbio; es lo que ocurre en una frase como “comenzó a insultarme ex abrupto”.

'HabeaEx aequo

Una locución latina que significa “por igual” (del latín “aequus, -a, -um”, “igual”) y que se emplea en las clasificaciones cuando varios participantes ocupan el mismo puesto. Nada de “ex-aequo” ni “exaequo”: se ha de escribir separado y sin guion. Muy semejante es la expresión “ex aequo et bono” que se utiliza en el ámbito judicial y que se traduce como “de acuerdo con lo correcto y lo bueno”, en referencia a la cualidad de los tribunales de tomar la decisión más equitativa.

Habeas corpus

Una expresión prácticamente intraducible que se utilizaba para referirse a la defensa de los derechos básicos del detenido. ¿De dónde proviene? De la expresión “habeas corpus ad subjiciendum”, algo así como “que tengas tu cuerpo presente para ser expuesto”. Tiene lógica: uno de los principios que se protegen es que el inculpado sea llevado físicamente ante el juez para poder ser escuchado y conocer la acusación.

Ictus

El infarto cerebral toma su nombre del latín para “golpe” o “ataque”. Pero no es la única aplicación que tiene dicha palabra en castellano: el ictus es también el acento de intensidad en un verso o en una frase melódica musical.

Motu proprio

Ni “motu propio”, ni “de motu proprio” ni “de motu propio” (aunque en latín sí son válidos “e motu proprio” y “e proprio motu”): la versión correcta es “motu proprio”, con su “r” correspondiente. Significa “espontáneamente”, aunque también hace referencia al documento de la iglesia católica que emana directamente del papa y promulga una ley particular.
Mari Puri no... ¡Morituri!

Oremus

Sí, es ese mismo “oremos” que se suele escuchar en misa, sólo que en latín. La palabra ha terminado utilizándose casi exclusivamente en la expresión “perder el oremus”, que quiere decir “perder el control” o “desorientarse”. Aunque no se sabe con exactitud por qué se produjo tal transformación, puede deberse a que este “oremus” era pronunciado repetidamente para introducir la lectura de la Biblia, así que perder el oremus era algo parecido a perder el hilo de lo que se estaba contando.

Plus ultra

El lema de España impuesto por Carlos I de España como lema personal es una redundancia, ya que significaría algo así como “más de más allá”. ¿A qué se debe dicha confusión? Los autores de Hic et Nunc sugieren que puede deberse a una negación del giro “non plus ultra”, que se utilizaba para recordar que más allá del Estrecho de Gibraltar no había nada.

Quisque

Aunque “todo quisque” a nuestro oído suene a macarrismo propio de los años setenta, la realidad es que se trata de una locución latina que significa “cada uno”. Por eso, expresiones como “cada quisque” o “todo quisque” resultarían redundantes.



Rara avis

Pocas personas dudan que esta locución signifique “ave rara” y sirva para designar a alguien único en su especie. El problema surge cuando tenemos que ponerle delante un artículo: ¿es femenino o masculino? Según la RAE, se utiliza con más frecuencia en femenino, ya que las aves lo son, aunque se admite su empleo en masculino.

Spa

Muy pocas de esas personas que se pasan los fines de semana entre chorrito y chorrito conocen el verdadero origen de esta expresión, conformada por las siglas de “sanitas per acquam” (“salud por el agua”). ¿Y “jacuzzi”? Nada que ver: debe su nombre a los hermanos Jacuzzi, empresarios italianos que desarrollaron dicho equipo terapéutico a comienzos del pasado siglo.

Vademécum

Según la RAE, un “libro de poco volumen y fácil manejo para la consulta inmediata de nociones o informaciones fundamentales”. Hasta ahí, poco misterio. Quizá lo más interesante de este término es que proviene de la locución “vade mecum”, es decir, “ven conmigo”, que es el antónimo de “vade retro” (con o sin Satanás), es decir, “aléjate de mí”.

EL IDIOMA GALLEGO

El gallego nunca sería un idioma extranjero en la órbita lusófona

Por el 17 de mayo de 2015 en · 

Autor

Arturo Lezcano
Periodista. Fue redactor jefe de varios medios, director de 'Ferrol Diario' y, en la actualidad, es columnista de prensa, colaborador de MUNDIARIO -donde mantiene la sección Caverna- y vicepresidente de la Fundación Vicente Risco.
Manifestación a favor del gallego.
Manifestación a favor del gallego.
Eduardo Agualusa: “O português que me interessa é o português total (…)  esta criaçao coletiva de brasileiros, angolanos, portugueses, moçambicanos, caboverdianos, santomeses, guineenses e timorenses (…).”

Esto del gallego es más fácil y más difícil a la vez. Si sobrevivió a todas las autocracias foráneas gracias al habla de nuestro pueblo, tampoco desaparecerá en la era de la nueva Torre de Babel. El riesgo lo corre la lengua escrita. Cuando los rectores de las tres, tres, Universidades gallegas advierten el peligro de que nuestro idioma se convierta en extranjero , nos permitimos discrepar, en castellano, “a ver si se nos entiende,” del que la actual grafía propende a convertir en dialecto de la  lengua oficial en todo el Estado.
Si la propia de Galicia hubiese sido el portugués, quizá no se considerase extranjero. O sí, si tenemos en cuenta la “condescendencia” de cierto turismo “gallego” en el país hermano.
Sin detenernos en el indiscutible pasado de lengua única, debería convenirse en que sólo una normativa artificial y asimilista nos aleja a tierra de nadie.
Como desiderátum transcribimos esta reflexión del inspirado escritor angolano Eduardo Agualusa: “O português que me interessa é o português total (…)  esta criaçao coletiva de brasileiros, angolanos, portugueses, moçambicanos, caboverdianos, santomeses, guineenses e timorenses (…).”
Un futuro posible: Un galego perto dos case 300 millós de lusófonos non havia ser un idioma estranxeiro.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

alógeno

no es lo mismo

que halógeno

Recomendación urgente del día
Las voces halógeno y alógeno son dos términos completamente distintos, ya que el primero alude a un tipo de iluminación y el segundo equivale a ‘extranjero’.
Sin embargo, en los medios de comunicación es frecuente encontrar frases como «Los agentes observaron cómo los detenidos circulaban en un vehículo, alumbrando con un foco alógeno» o «Una lámpara alógena fue la culpable de que el cantante recibiera una descarga eléctrica».
Según el Diccionario de la Academia el término halógeno se aplica a las lámparas o bombillas que contienen algún elemento químico del grupo que tiene ese nombre (fluor, cloro…) y que producen una luz blanca y brillante, mientras que alógeno es una persona extranjera o de otra raza ‘en oposición a los naturales de un país’.
No obstante, y como los ejemplos anteriores se refieren a la primera acepción, lo adecuado habría sido escribir «Los agentes observaron cómo los detenidos circulaban en un vehículo, alumbrando con un foco halógeno» y «Una lámpara halógena fue la culpable de que el cantante recibiera una descarga eléctrica».

sexta-feira, 15 de maio de 2015

ÁLEX GRIJELMO

Todas las voces del español

El idioma español es la suma de las maneras de hablarlo, como dejó escrito el filólogo mexicano Antonio Alatorre. Pero ¿conocemos todas sus variedades?

La inmensidad del léxico hispano y su distribución por zonas tiene pendiente todavía un trabajo enciclopédico: el ‘Diccionario del español universal’. Algunos están ya en ello


Escena en Ciudad Juárez (México). La palabra 'desponchadora' (recauchutados) pintada en el neumático anuncia un taller mecánico. / ALEX WEBB (MAGNUM (CONTACTO))


La lengua española goza de una gran unidad, casi nadie lo pone en duda. Dos hispanohablantes de cualquiera de los países que tienen este idioma como oficial y que acaben de conocerse se entenderán sin problema, a pesar de que de vez en cuando surjan en su diálogo tres tipos de palabras conflictivas (en muy diferente grado):

1. Las que uno de los dos no reconoce como parte de su léxico pero entiende perfectamente, sobre todo porque es capaz de deducir sus cromosomas: un español no se bañará en una “pileta”, pero sabrá a qué se refiere su interlocutor argentino cuando le proponga nadar un rato en ella.

2. Aquellas otras que se desconocen por completo: ¿qué querrá decir un mexicano que se refiere a su achichincle? (ayudante de poca monta).

3. Los términos que se conocen pero no significan lo mismo en según qué sitio (huiremos del verbo que surge de inmediato, pero podemos hablar de la “polla” –apuesta– o de la “cola” –trasero–; o recordar que cuando un venezolano “exige” algo, sólo está rogándolo encarecidamente).

En cualquier caso, se trata de pequeñísimas dificultades que se suelen superar con el contexto. De todas formas, ¿no estaría bien elaborar un Diccionario internacional de la lengua española que contuviese todas las palabras del español general (las que entiende cualquier hablante) y además el término más común o mayoritario en los distintos países y, aparte, los casos en que se dan divergencias entre ellos? ¿Y podría llamarse Diccionario del español universal?

También en la prensa de EE UU en español se busca la unidad”

Pues bien, ese proyecto existe. Desde 1997, y coordinado por el prestigioso lingüista mexicano Raúl Ávila, participan en él 26 universidades de 20 naciones (en España, las universidades de Alcalá y de Almería), algunas de ellas de países que no tienen el español como lengua oficial; pero nadie sabe cuándo se podrá terminar. El proyecto va caminando, y consiste en que esos centros académicos promuevan líneas de investigación que encajen con él.

El empeño se denomina oficialmente Difusión del Español por los Medios (DIES-M), un título modesto: ante la imposibilidad de abarcar con un sentido científico el vasto mundo del idioma, los filólogos involucrados se han dedicado a analizar el vocabulario de los medios de comunicación de todos los países, para extraer sus afinidades y sus divergencias. De momento, ya han comprobado que más de un 90% del léxico forma parte del “español general” (esas palabras como mesa, silla, soñar, dormir…). Y que también se dan divergencias, por supuesto; escasas, pero que acarrean sus problemas.

Juan Villoro, escritor y periodista mexicano, recuerda una anécdota de su compatriota José Emilio Pacheco, premio Cervantes en 2009. El poeta, fallecido en 2014 a los 74 años, solía contar su experiencia en un hotel de Madrid donde nadie entendió que pidiera “un plomero para componer la llave de la tina”. Lo que necesitaba, claro, era “un fontanero para reparar el grifo de la bañera”.
“En una sola frase”, explica Villoro, “casi todas las palabras eran distintas. Sin embargo, creo que normalmente se exageran las diferencias de vocabulario que se dan entre los países hispanos, pues la confusión suele ser más divertida que la claridad”.



Fotografía tomada en Argentina, con una escultura de León Ferrari. / ALEX WEBB (MAGNUM (CONTACTO))

Ese futuro diccionario que ahora parece más bien un sueño contendrá algún día el listado de las miles y miles de palabras comunes (“cabeza”, “zapato”, “bosque”, “casa”…) y también el de las variantes con mayor número de usuarios cuando se den distintas opciones para un mismo concepto; pero se cruzará este último dato con la dispersión del vocablo (es decir, con el número de países donde se emplee, pues no se considera suficiente con ganar por cantidad de hablantes, que para eso México se bastaría en la mayor parte de los casos). Por ejemplo, entre las variantes “acera”, “vereda”, “andén”, “sendero” o “banqueta” (todas las cuales nombran lo mismo), la ganadora sería “acera”, como se dice en España y otros países. Sin embargo, tanto España como México, que suman más de 144 millones de hablantes, perderían la batalla ante las opciones “ordenador”, “computador” y “computadora”. Ganaría “computador”, que no se oye ni en México ni en España.

En España se dice “coche”. Pero “carro” en México, Guatemala, Costa Rica, Panamá, Cuba, República Dominicana, Puerto Rico, Colombia, Venezuela y Perú. En Cuba usan “máquina” (también en la República Dominicana y Puerto Rico), mientras que “auto” se oye con mucha frecuencia en Argentina, Chile y Uruguay. Ahora bien, en todos esos países se conoce como equivalente general la palabra “automóvil”. Ésta sería, por tanto, la voz adecuada para un texto que aspirase a ser recibido como natural por el 100% de los hablantes, aunque sólo a un 35,5% le brote su uso en una conversación.

¿Y para qué serviría este empeño?: para que todos los fabricantes de aparatos o todos los laboratorios farmacéuticos o todos los subtituladores de películas o todos los redactores de noticias que trabajan en español con destino a un público internacional pudieran elaborar un solo manual o prospecto, o una sola traducción, un solo programa de contestación automática verbal en consultas telefónicas de vuelos o de hoteles… Eso implicaría un notable ahorro de costes y de tiempo. Y una mayor eficacia ante los hablantes de las distintas modalidades del español.

El proyecto, en resumen, pretende abarcar el estudio de las principales variantes del idioma, jerarquizadas por su grado de difusión internacional, nacional y regional a través de los medios. De tal modo, quienes fueran capaces de usar ese “español internacional” en la comunicación verían reducidas las barreras léxicas para sus proyectos, ya fueran editoriales, periodísticos o tecnológicos.



Pintadas sobre la pared del interior de una plaza de toros de León, en Guanajuato (México). /ALEX WEBB (MAGNUM (CONTACTO))

Por ejemplo, un traductor que lleve al español una novela del Paul Auster puede escribir en un momento dado la palabra “cerilla”; opción que le sonará extraña y hasta extravagante a un lector de México (quien diría “cerillo”); pero eso no ocurriría si la tradujese como “fósforo” (término usado en España y en casi toda América, y entendido por cualquier hablante). Si se pone “cerilla” en boca de un personaje de Auster, muchos hispanoamericanos pensarán que ha de tratarse por fuerza de un personaje español.

Porque, como sostiene Ávila, “los traductores parecen ignorar que también existen españolismos”. Y ese futuro diccionario habrá de marcar como tales algunos miles de esos vocablos que ahora la Academia muestra como integrantes del español general y que sin embargo sólo se usan en España: “mechero”, “bragas”, “bañador” o “cotillear”, por ejemplo.

José Antonio Pascual, vicedirector de la Real Academia, elogia este reto de Raúl Ávila: “¡Todo lo que suponga disponer del mayor número de datos posibles referentes al léxico sea bienvenido! Siempre me ha gustado esta idea de Raúl Ávila”. Pascual entiende que el proyecto no podrá abarcar todo el ámbito del español (el léxico de cada pueblo, de cada aldea). Por ello, “la elección de un amplio corpus de la prensa es lo indicado: no sólo por la comodidad que ello supone, sino porque es el más cercano a lo coloquial, mucho más cercano que, por ejemplo, la lengua literaria”.

Ese propósito de acercar las distintas variantes del idioma se parece mucho a lo que se ha llamado la busca del español neutro. Pero se llegaría a él con una base académica y científica; y no se convertiría en un idioma español de ningún sitio, sino en un idioma de todos o, al menos, de la mayoría. Un léxico común que no se piensa para las obras literarias (donde aflora la riqueza léxica peculiar de cada autor y de su entorno) y que tampoco tiene como objetivo acabar con las variedades nacionales o regionales, sino contribuir a una mayor cercanía de los pueblos hispanos cuando se quieran evitar los malentendidos en una comunicación internacional y masiva.

Los estudios parciales que ya se han ido concluyendo muestran que más del 90% del vocabulario que se usa en periódicos, emisoras y televisiones es entendido en cualquier otro país hispano. El propio Raúl Ávila abordó un estudio en 1994 sobre 430.000 palabras pronunciadas en la radio y la televisión mexicanas y concluyó que el 98,4% de los términos correspondían al español general. Por tanto, el vocabulario diferencial se quedaba en un 1,6%.

Juan Miguel Lope Blanch analizó en el año 2000 un total de 133.000 vocablos del área de Madrid correspondientes a la norma culta, y encontró que el 99,9% era vocabulario común a México. Otro de los estudios acometidos en este proyecto señala que el doblaje de la película La chaqueta metálica hecho en México habría servido perfectamente en España si nos atenemos al vocabulario (no así por el acento, claro). Por tanto, sólo se habría necesitado un trabajo de subtitulación y no dos, según el estudio que hizo el propio Raúl Ávila.

La doctoranda Luana Ferreira, neoyorquina de padres dominicanos,defendió el pasado abril en la City University de Nueva York una tesis (Densidad léxica: estudio comparativo entre la prensa hispana de Estados Unidos e Hispanoamérica) en la que se comparan tres periódicos estadounidenses en español (de Los Ángeles, Miami y Nueva York) con otros tres de la América hispana (México, Colombia y Argentina); y llega a la conclusión de que las palabras marcadas como ajenas al español general suponen menos del 1%. Según se lee en la tesis, se usan 10 anglicismos en la prensa norteamericana por cada 10.000 palabras; y el 99,8% de los vocablos escritos en los periódicos de Hispanoamérica y el 99,7% de los términos de la muestra estadounidense están registrados en el Diccionario de la Real Academia Española. A ello hay que añadir que, por ejemplo, ni “bicisenda” (Argentina), ni “carril bici” (España), ni “ciclopista” (México) figuran en el Diccionario, pero cualquier hispanohablante las entenderá cuando lleguen a sus oídos por primera vez.

“Todo esto significa”, interpreta Ávila, “que también la prensa norteamericana en español busca la unidad lingüística”.

Por ello, el filólogo mexicano expresa sin disimulos esta idea:
–Es muy importante mantener la unidad idiomática, gane quien gane y pierda quien pierda.
–¿EL PAÍS debería escribir entonces “computador” en vez de “ordenador”?
–Claro. En México perderíamos con “acera” en vez de “banqueta”, y ustedes perderían con “computador”; y nosotros también, porque decimos “computadora”. Y perderíamos ustedes y nosotros con “maní” en vez de “cacahuete” y “cacahuate”, porque “maní” se usa en más países y por más hablantes. Si usted quiere emplear un término del español internacional, diga “maní”, y diga “papa” en vez de “patata”. Pero la norma hispánica se tendrá que hacer entre todos, sin predominio de ninguno

¿Y eso no acarreará que en cada país se dejen de emplear los términos específicos o diferenciados? Se supone que no. Simplemente, se trata de crear un registro internacional para facilitar la comprensión en casos muy concretos, no de arruinar la riqueza y diversidad de nuestra lengua.

Raúl Ávila recurre a un antiguo aforismo para remachar: “Todo lo que no es universal es folclórico”.

Las conversaciones entre hispanohablantes carecen de problemas de comprensión, pero hallarán menos dificultades cuanto más culto sea su registro. Sobre todo por el gran conocimiento pasivo que tenemos de las demás variedades (quizás un español peninsular no diga ni “platicar” ni “plomero”, pero entenderá perfectamente al mexicano que use esos términos; sobre todo en una situación comunicativa determinada). Además, en gran cantidad de casos deducimos los significados al percibir esos cromosomas que se descubren dentro de las palabras (si nos hablan de una persona “confiable”, ya entendemos que es alguien de fiar).

Humberto López Morales, secretario de la Asociación de Academias de la Lengua Española, escribió en su libro Aventura del español en América: “Hace ya muchos años que se viene echando en falta un repertorio léxico del español general”. Pero también prevenía contra el empobrecimiento: “Se piensa, equivocadamente, que la buscada neutralidad se consigue simplificando la lengua, reduciendo el vocabulario a mínimos insospechados”. Al contrario, esos trabajos contribuyen a resaltar la riqueza y la variedad del idioma: un solo concepto dispone de muchas formas para ser expresado.

Sin embargo, sostiene Raúl Ávila, los medios –desde la imprenta a Internet– siempre han promovido la unidad de las lenguas. Y su estilo no influye tanto en la gente: “El estilo de los medios es uno; y el de las conversaciones, charlas o pláticas en una cantina o bar, otro. Los medios promueven la unidad, pero los individuos tienen el recurso de la variedad, de acuerdo con el contexto y sin más limitación que el uso adecuado de un vocabulario íntimo. Recordemos que en algunas circunstancias se prohíbe decir malas palabras, pero en otras se prohíbe no decirlas”.

También se puede concluir que en cuestiones como los prospectos farmacéuticos o las instrucciones para usar un extintor con eficacia más vale asegurarse de que no haya equívocos. Y además, según los expertos aquí consultados, siempre resultará útil tener codificadas las afinidades y las diversidades de la lengua, para escoger de entre ellas según el caso; y, sobre todo, para que de esa manera crezca el conocimiento de los usos alternativos de una palabra hasta que incluso se puedan asumir un día como sinónimos. Así sucede ahora en España entre “juerga” y el americanismo “farra”, tomado ya como propio.

Y aunque ese Diccionario universal del español se demore, los estudiosos de nuestro léxico creen que no hay nada que temer, ni ahora ni luego, porque la facilidad de los hablantes para conversar sin problemas en todo el ámbito del español seguirá vigente sin que nada de esto los perturbe.

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