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segunda-feira, 8 de fevereiro de 2016

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

medicamentos: 


mayúscula y 


minúscula

Recomendación urgente del día
Los nombres comerciales de los medicamentos se escriben con inicialmayúscula, pero los nombres de los principios con los que se producen se escriben en minúscula.
En los medios de comunicación se vacila en las escritura de los medicamentos, como se muestra en los siguientes ejemplos: «Seis alternativas naturales al Ibuprofeno», «Los dos se colocan con “captagón”, la droga de moda en Oriente Medio», «El galeno solo le recetó un panadol vía telefónica».
Tal como explica la Ortografía académica, «los nombres de los principios activos de las medicinas, es decir, el medicamento propiamente dicho, son comunes y se escriben con minúscula inicial»; en cambio, «los nombres comerciales registrados de los medicamentos, al igual que sucede con las marcas, son nombres propios y deben escribirse con mayúscula inicial». En ninguno de estos dos casos son necesarias las comillas o la cursiva.
Así, el paracetamol o acetaminofén es uno de los componentes del Panadol, el Gelocatil o el Atamel; la fenetilina se comercializa con los nombres deCaptagon, Biocapton y Fitton; la amoxicilina tiene los nombres comerciales de Amoxil y Trimox, entre otros; la povidona es la base del Betadine, elIsodine o el Pervinox; el clorazepato es Tranxene y Tranxilium; el almagatoes Almax, etc.
También se escriben en minúscula las marcas que han dejado de funcionarcomo tales y que ya se emplean con valor genérico, como curitas o tiritaspara los apósitos adhesivos y aspirina para el ácido acetilsalicílico. Por otra parte, se recomienda mantener la mayúscula de la marca comercial cuando se hace referencia a las cápsulas, grageas, porciones o dosis del medicamento con ese nombre propio: un Nolotil.
En consecuencia, en los ejemplos anteriores habría sido mejor escribir «Seis alternativas naturales al ibuprofeno», «Los dos se colocan con Captagon, la droga de moda en Oriente Medio» y «El galeno solo le recetó un Panadol vía telefónica».

FUNDÉU RECOMIENDA:

Foto: ©Archivo Efe/Larry W. Smith

fútbol americano, términos relacionados

Foto: ©Archivo Efe/Larry W. Smith
Con motivo del Super Bowl 2016, el partido de fútbol americano más importante del año, se ofrece a continuación una serie de términos ingleses habituales en las informaciones relacionadas con este deporte, acompañados de su traducción recomendada en español:
• center: centro
• cornerback: esquinero
• down: oportunidad
• end zone: zona de anotación, zona final o, según el contexto, detrás de las diagonales
• football: fútbol americano, llana con tilde en la u, o futbol americano, aguda sin tilde en la u, variante extendida en América.
• fullback: corredor de poder
• fumble: balón suelto, balón perdido (por un jugador que no ha sido derribado)
• halfback: corredor rápido
• interception: interceptación, conforme al Diccionario académico, aunque la voz intercepción la recogen asimismo los principales diccionarios de uso.
• kickoff: saque (inicial), patada de salida, inicio de partido
• línea de scrimmage: línea de golpeo
• punt: pateo, patear
• quarterback: mariscal de campo, pasador
• Super Bowl: Super Bowl, en masculino, aunque también en femenino, o Supertazón (forma muy usada en América), en masculino, una sola palabra y sin guion intermedio.
• tackle: derribo, placaje; respecto al verbo derivado, se aconseja derribar, en vez de tacklear.
• touchdown: anotación

EN DEFENSA DEL IDIOMA

Cuándo usar 'de que' y cuándo usar 'que' 

Basta con formular un interrogante y hallar en este la coherencia.

Por:  JAIRO VALDERRAMA V. | 
 
Si la intención es aprender a hablar, pues también se necesita escuchar y estudiar las formas adecuadas y normativas de la expresión oral.
Foto: Archivo / EL TIEMPO
Si la intención es aprender a hablar, pues también se necesita escuchar y estudiar las formas adecuadas y normativas de la expresión oral.


Los aficionados al fútbol saben que uno de los mayores sueños consiste en que un jugador del equipo del alma anote un gol de chilena en el minuto 93 frente al ‘eterno rival’ en la final del campeonato cuando el marcador va 0-0. Casos se han dado y varios infartos también, sobre todo cuando los actores de estas confrontaciones empiezan a conceder declaraciones: “Yo creo de que el partido tendría que haber terminado 1 a 1”, “el profesor dijo de que teníamos que mantener la humildad y la calma”, “pienso de que no contamos con suerte…”, “a pesar del resultado adverso, considero de que dejamos todo en la cancha...”.

Con ese derroche de espíritu deportivo, para qué preocuparse por las minucias en la manera de hablar, aunque las expresiones tengan la misma limpieza del uniforme del defensa central que pasó casi todos los 90 minutos nadando entre el fango del área chica para contrarrestar los ataques del equipo contrario. Y para no aguar la celebración, tampoco vendría al caso tomar en cuenta los comentarios del reportero del Cono Sur que, desde los camerinos, reitera esos usos del idioma en primera persona: “Yyyy sí: sabemoj de que el partido resultó difícil, pero confiemojj, ejjjjteeee, de que en una próxima oportunidá hasjhaa máj precisión en lo disparojjj jalarco…”.

Muchos son los estudiantes de periodismo que desean convertirse en comentaristas de fútbol, y creen que las formas y las frases de cajón conforman el inicio para igualar o superar la fama de los presentadores de televisión o radio. El inconveniente es que se quedan hablando así.

Cuando se pretende adquirir el dominio sobre un campo específico del conocimiento, se recomienda seguir a quienes saben de ello. Si se desea ser un gran escritor, a leer a los grandes escritores; si se quiere ser un gran futbolista, pues a observar a Ronaldo, a Messi, etc.; si se busca saber de fútbol, pues a escuchar a las personas que dominan ese tema; si la intención es aprender a hablar, pues también se necesita escuchar y estudiar las formas adecuadas y normativas de la expresión oral.

Por tanto, para hablar y escribir correctamente, las personas más convenientes para cultivar estas destrezas no son precisamente ni siempre ciertos futbolistas y tampoco algunos comentaristas deportivos, sin descalificarlos a todos (ni más faltaba).

En los ejemplos que se han citado atrás, el error más frecuente es el uso equivocado del “que” y del “de que”. Y presiento que muchos usuarios de nuestra lengua guardan también alguna duda al respecto. El procedimiento para entender en qué casos se usan esas expresiones es muy sencillo.

Si alguien dice “me han dicho de que habrá una reunión", basta con formular un interrogante y hallar en este la coherencia: ¿Qué me han dicho? o ¿de qué me han dicho? Si la pregunta coherente es con “qué”, pues se responde con “que”. Y si es con “de qué”, pues se responde con “de que”. Para este ejemplo, la pregunta correcta es “¿qué me han dicho?”; entonces, se responde “me han dicho que habrá una reunión”. Veamos otras oraciones.

“Pienso de que va a llover”. ¿Cuál será la pregunta correcta: “qué pienso” o “de qué pienso”? La correcta es “qué pienso”. De esta manera, la respuesta correspondiente es “pienso que va a llover”.

“Me preocupo que mis estudiantes aprendan”. ¿”Qué me preocupo” o “de qué me preocupo”? Se infiere que la respuesta correcta será: “Me preocupo de que mis estudiantes aprendan”.

“Los estudiantes de este colegio están seguros que se convertirán en excelentes profesionales”. Otra vez: ¿“Qué están seguros” o “de qué están seguros”? Respuesta: “Están seguros de que se convertirán en excelentes profesionales”.

Cuando se padece el frío intenso del invierno, uno alberga la esperanza que llegue la primavera. Procedamos: “¿Qué alberga uno la esperanza?” o “de qué alberga uno la esperanza”. Pregunta correcta: “¿De qué alberga uno la esperanza?”. Respuesta correcta: “Uno alberga la esperanza de que llegue la primavera”.

En muchas conferencias se escucha, con tono afectado: “Me alegro que formules esa pregunta”. Ahora, sin tanta alegría, formulemos nosotros la pregunta correspondiente: ¿“Qué me alegro” o “de qué me alegro”? Pregunta correcta: ¿De qué me alegro? Respuesta correcta: “Me alegro de que formules esa pregunta”.

Por eso, un padre de familia se sentiría más orgulloso de su hijo, si este último dijera, luego de un categórico triunfo en un partido de futbol: “Somos conscientes de que debemos trabajar más y estamos convencidos de que el sacrificio valdrá la pena. Sabemos que el esfuerzo constante será recompensado, porque creemos que nuestra capacidad es alta”.

Junto a él, ese emocionado padre, nacido en el Altiplano Cundiboyacense y defendiendo la identidad de su lengua como muchos colombianos, pensará: “Sos inmenso, mi pequeño. ¡Bárbaro!”.

Con vuestro permiso.
JAIRO VALDERRAMA V.
Profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Sabana

ACRÓNIMOS


WTF, LOL, OMG: Guía para entender el lenguaje de la mensajería móvil

  • Los acrónimos que se utilizan en Internet son un sustitutivo de los emoticones, pero en ocasiones son difíciles de interpretar para los más inexpertos
WTF, LOL, OMG: Guía para entender el lenguaje de la mensajería móvil
Una joven escribe desde su teléfono móvil (Frédéric Cirou - GTRES)
 
Si algo te hace gracia pones LOL;
si algo te estremece pones OMG;
si algo no lo entiendes pones WTF;
:) Esto es que te ríes;
XD Esto es que te tronchas;
(...)
Esta es la primera estrofa de LOL, el mayor ‘hit’ de Los Ganglios, un trío de Badajoz afincado en Barcelona relativamente conocido en el circuito ‘underground’ por los directos subversivos que han protagonizado en eventos como el F.E.A. Festival. El vídeo de este tema no ha pasado tan desapercibido: tiene más de medio millón de visitas en Youtube.
La letra–irreverente, como casi todas las de Los Ganglios- hace referencia a la “escasez lingüística en la red”. Lo cierto es que en el lenguaje que utilizamos para comunicarnos a través de los dispositivos electrónicos escasean las frases subordinadas. Ahora se llevan más los acrónimos, que se usan como abreviatura de expresiones muy comunes.
Los más inexpertos en el uso de los nuevos canales de comunicación tal vez no conozcan el significado de muchos de estos acrónimos, que en su mayoría se refieren a frases hechas en inglés. Estas son sólo las principales:
ASAP – As soon as possible – Tan pronto como sea posible.
FYI: For your información – Para tu información
GIYF: Google is your Friend – Google es tu amigo (lo que me preguntas lo encontrarás buscando en Google)
ILU: I Love You – Te quiero
LMFAO: Laughing My Fucking Ass Off – Me parto el culo de la risa (sic)
LOL – Laughing Out Loud – Riendo a carcajadas
NSFW: Not Safe For Work – No es seguro para el trabajo (no abras este archivo en público)
OMG: Oh My God. – Oh Dios mío
WTF: What the fuck? – ¡Qué coj..es!
YOLO: You Only Live Once – Sólo se vive una vez
En ocasiones, los jóvenes utilizan acrónimos menos extendidos para burlar el control paternal. Es el caso de las expresiones relacionadas con el “sexting”:
IWSN: I Want Sex Now – Quiero sexo ahora
GNOC: Get Naket On Cam – Desnúdate en cámara
PIR: Parents in Room - Padres en el cuarto
CU46: See You For Sex – Veámonos para tener sexo
(L)MIR L: Let’s Meet In Real Life - Conozcámonos en la vida real
TDTM: Talk Dirty To Me- Háblame sucio
LH6: Let’s Have Sex- Tengamos sexo
GYPO: Get Your Pants Off - Quítate los pantalones

domingo, 7 de fevereiro de 2016

LA POESÍA EN EL CENTENARIO DE RUBÉN DARÍO


Poesía moderna para siempre

Los poetas de hoy mantienen el pulso renovador que inició Rubén Darío hace 100 años

Ilustración de Ana Juan.
El país - españa
Igual que los creacionistas que aborrecen a Darwin descienden del mono, también los poetas que reniegan de Rubén Darío descienden de Rubén Darío. ¿Por qué? Porque el poeta nicaragüense no solo fue el maestro de la poesía hispana moderna, sino también el maestro de los maestros: fueran Juan Ramón Jiménez o Antonio Machado, César Vallejo o Pablo Neruda. Así, José Manuel Caballero Bonald dice que nunca fue “devoto de la bisutería musical del modernismo”, pero reconoce lo que el autor de Azul…, muerto hace hoy 100 años, supuso “como iniciador de una lengua renovadora que abrió el camino del simbolismo”. Lo mismo opinan María Victoria Atencia y Clara Janés. Para ambas, más importante que el propio Darío, fue su influencia en la generación del 27: el puente entre el modernismo y la modernidad.
Elena Medel lleva esa influencia más adelante —a “los outsiders de la primera posguerra española, como el grupo Cántico o Alfonsa de la Torre”, marcados por el uso preciosista del lenguaje— mientras Luis García Montero la lleva más atrás: “Lorca es impensable sin Rubén Darío, pero este lo es sin Bécquer”. ¿Qué demuestra eso? Que las rupturas nunca son tajantes. “Tenemos una idea de modernidad heredada del consumo, que pide romper con el pasado y fabricar novedades sin parar. Esa idea es falsa: la literatura es un fluido a largo plazo”. El propio García Montero admite, no obstante, que Darío supuso una quiebra a finales del siglo XIX: la reivindicación del “orgullo estético” frente al “realismo adocenado y al utilitarismo industrial”. La dicotomía entre útil y bello es precisamente la que usa Juan Antonio González-Iglesias para subrayar la herencia del padre del modernismo: “Lo más útil que enseñó es una nueva belleza, la perfección en la métrica, en el ritmo y en el vocabulario. Le debemos también la enseñanza de que los mitos antiguos se pueden decir con palabras modernas, científicas”. ¿Por ejemplo? “Cuando llama a Venus ‘princesa de los gérmenes’ y ‘reina de las matrices”.

Rubén Darío lleva un siglo en el ADN de la poesía hispana. Nada menos, nada más. “Intentar hoy un tono a lo Rubén Darío sería un anacronismo de despistado”, advierte Darío Jaramillo, que, junto a la fusión entre poesía y música, señala otra deuda con el nicaragüense: “Abrió la atención a la poesía en otras lenguas y reivindicó un idioma más universal, menos sometido a los preceptos dictados por un legislador del idioma. En esto, se anticipó a lo que hoy es aceptado por todos”. González-Iglesias añade un matiz a esa universalidad: “Los poetas no pertenecen a una nación sino a una lengua, y la lengua suele ir vinculada más al imperio —como categoría literaria positiva— que a la nación. En ese sentido Rubén no es un poeta nicaragüense, sino un poeta del imperio francés que escribe en lengua española, del mismo modo que hubo poetas del imperio romano que escribieron en griego. Literariamente es un poeta francés, por eso moderniza la literatura española”.
Tanto Claribel Alegría como Darío Jaramillo y Piedad Bonnett traducen esa perfección en una palabra: música. “Nos enseñó a mezclar ritmos y a buscar libertades inusitadas”, dice Bonnett. Pero la adaptación del simbolismo francés a una lengua agostada por ese realismo adocenado del que hablaba García Montero es un arma de doble filo para Martín López-Vega. “El lugar de Rubén Darío en la historia de la poesía en castellano indica lo perdida que estaba esa poesía”, afirma. “Cernuda decía que los modernistas no se habían enterado de lo mejor de la poesía francesa del XIX (Baudelaire, Mallarmé, Rimbaud) y se habían dedicado a copiar a los segundones. Estoy de acuerdo. No tuvimos un Romanticismo en condiciones y el modernismo, si uno lo compara con el francés, el inglés o el portugués, es blandengue, palabrero, ingenuo, ridículo. A Darío lo separan de Eliot y Pessoa 20 años, pero estéticamente les separan dos siglos. Creo que solo escribió un poema que merezca tal nombre: ‘Lo fatal’, excepcional y enorme”. Por si acaso, tanto Jaramillo como Óscar Hahn e Ida Vitale recuerdan la insistencia de Rubén Darío en que nadie lo adoptase como maestro. “Quizás fue el último poeta de nuestra lengua”, apunta esta última, “cuya obra entró indiscutidamente en una famainternacional casi escandalosa, esa que hoy se reserva a los deportistas. Le tocó la desdicha de verse rebajado a una moda”.
Imagen y velocidad
Aceptado que Darío revolucionó la poesía en español, la pregunta es si una revolución semejante es posible hoy que —consolidado el paso del francés al inglés como lengua de influencia cultural— vivimos tiempos, según González-Iglesias, de “una poesía aparentemente globalizada pero en realidad vinculada al imperio americano vigente”. Para Piedad Bonnett, un poema moderno es aquel que expresa “sensibilidades de la época en que se escribe, propone un lenguaje ajustado a nuevas realidades y, aunque recoge algunos aspectos de la tradición, rompe con ella en otros”. En su opinión, el lenguaje de los poetas más jóvenes tiene mucha influencia de las redes sociales, mucha “contaminación” mediática y, sobre todo, miradas transgresoras imposibles en la generación anterior “porque lo que para ellos fue familiar desde siempre no lo es para nosotros”. Entre esos elementos destaca la cultura de la imagen: “Lo visual en ellos es más fuerte, y lo usan más como vía de conocimiento. También influye en su estética. Me refiero, por ejemplo, a las series animadas japonesas, la publicidad, los juegos cibernéticos, las formas de oír música”. Todo eso, dice, transforma la mirada y hasta la idea de tiempo: “Tienen otra idea de la velocidad y de la eficacia de las comunicaciones”. A sus 92 años, Claribel Alegría está de acuerdo: “Siempre sigue la misma búsqueda interior, pero con las nuevas tecnologías las formas están cambiando”. El diagnóstico de López-Vega, entretanto, tiene un pie en la sociología y otro en la certeza de que la novedad ya es una tradición: “No creo que se puedan inventar temas, pero el hecho de que la poesía haya dejado de ser casi únicamente asunto de varones blancos heterosexuales ha hecho que haya que repensar la mayoría de esos temas desde la raíz. Y repensarlos requiere un conocimiento profundo de la tradición, algo que solo se consigue estudiando”.
“Tenemos una idea de modernidad heredada del consumo: romper con el pasado y fabricar novedades sin parar. Esa idea es falsa: la literatura es un fluido a largo plazo”, dice Luis García Montero
La poesía del chileno Óscar Hahn está llena de referencias a la imaginería estadounidense de la sociedad de consumo — durante años vivió en Iowa—, pero advierte contra la caducidad de lo moderno: “Lo que hoy es moderno va a envejecer en muy poco tiempo. Se puede hablar ahora dewhatsapp y smartphones, pero en 50 años todo eso va a pasar de lo novedoso a lo trivial. Habrá otros objetos novedosos. Yo incorporo en mis poemas las cosas que me rodean, pero nunca con el propósito de modernizarlos”. T. S. Eliot decía que el lugar del arte está donde se cruzan la eternidad y el tiempo, y Hahn reivindica la idea de vigencia. “La poesía no quiere ser tan solo una crónica del presente, sino permanecer en el tiempo. No busca estar al día, sino ser vigente para el lector de hoy y para el del futuro”. Pregunta: ¿Cómo se consigue eso? Respuesta: “He ahí el misterio”.
Otro misterio es poner de acuerdo a dos escritores respecto a lo que se escribe hoy. Mientras el propio Hahn habla de “precariedad imaginativa”, Caballero Bonald aprecia que algunos jóvenes buscan nuevos caminos a la “enseñanza magnífica” del simbolismo: “Por ahí apunta la poesía que funda una nueva realidad y no copia la preexistente. No tengo ni idea de lo que hace que un poema sea moderno, pero a lo mejor es moderno todo lo que no es rea­lista. El realismo, en poesía, es la excusa de los que ignoran qué es poesía”. García Montero subraya que en estos eternamente malos tiempos para la lírica se vive hoy un “estallido” de versos en Internet y de libros de cantautores en las librerías (españolas). Muchos de estos últimos invocan su nombre como referencia de lírico en ropa de calle, pero él prefiere ser prudente: “El hecho de vender mucho no justifica la calidad, igual que no la niega vender poco”. ¿Solución? “Apostar por el rigor”. Por lo pronto, su próximo libro se titula Balada de la muerte de la poesía y será, dice, el más hermético que ha escrito.
Sexo, política, ciencia
Si hubiera que resumir el estado de la cuestión en tres versos podrían usarse los de González-Iglesias, traductor del latín además de escritor: “La canción del verano suena más que la Eneida” y “No diré que Petrarca no nos sirve, / diré que no nos basta”. Él mismo destaca varios nombres entre los autores más jóvenes: “Hay un nuevo romanticismo en poetas sexuales y aparentemente descarados como Cristian Alcaraz, pero también los hay contenidos, herméticos de un modo distinto a lo que conocíamos, como Alejandro Simón Partal, que escribe: ‘apostar por el recuento / es una forma de mutar el pasado”. Entretanto, Clara Janés llama la atención sobre Carta en el bolsillo de un muerto, de Mar Pérez, que consigue “ser universal” sin renunciar a la inquietud social, otro de los asuntos que la crisis económica ha devuelto a la poesía.
“En los jóvenes lo visual es más fuerte, y eso influye en su estética: las series animadas japonesas, la publicidad, los juegos cibernéticos...”, apunta Piedad Bonnett
Por su parte, López-Vega sale del castellano para destacar un libro reciente en catalán y otro en gallego:Mur, de Gemma Gorga, y Cráter, de Olga Novo: “El de Novo, en realidad, lleva la contraria a Darío, porque en él no solo el árbol y la piedra son sensitivos, sino también, por ejemplo, un Simca 1200, que se convierte en un útero materno. Novo le da voz a todo”. Son, dice, literatura que ha asumido la ciencia: “Están escritos después de la física cuántica, traen a la poesía descubrimientos como los de Niels Bohr, que niega el concepto de límite, lo que, ampliando, niega la separación entre cosas como humano/no humano, natural/cultural. Bohr vio más allá que Einstein y poetas como ellas ven más allá que la mayoría de sus contemporáneos”. Tal vez por eso, y no porque sigan una moda, decimos que son modernas.
Todos, finalmente, insisten en que el talento creativo individual es lo importante, más allá del tiempo y de los países, y por mucho que se trate del mismo tiempo y de la misma lengua. ¿Qué tiene que ver la poesía que se escribe en España con la que se escribe en Argentina, en Chile, en El Salvador o en Venezuela?, se pregunta Elena Medel. La escritura de un libro sobre Antonio Machado –El mundo mago- le hizo ver no sólo la influencia de Rubén Darío sino también cómo esa influencia se tradujo en un diálogo vivo entre la poesía española y la latinoamericana. Diálogo que, dice, nunca ha vuelto a ser tan intenso como hace cien años “por muchas herramientas que ahora lo permitan”. Ella misma, en colaboración con Luna Miguel, publicó el año pasado Los reyes subterráneos, una antología de poetas jóvenes de México que le hizo ver “su manera libérrima y desprejuiciada de acercarse a la tradición y, al mismo tiempo, de plantear la conversación con sus coetáneos: por ejemplo, no puedo leer a Gerardo Grandesin recordar a los poetas del rock, pero tampoco sin tener presente cómo afrontaron el poema extenso Gorostiza, Owen o Paz”. Fuera de México y de aquella antología, Medel destaca a la argentina Natalia Litvinova por “su construcción de una identidad propia y plural al mismo tiempo desde el trabajo con el silencio” y a la salvadoreña Krisma Mancía y “su tratamiento lorquiano y generoso de las imágenes”. Sin dejar de subrayar la imposible misión de acotar todas las propuestas de “un idioma tan diverso”, Medel concluye al citar esos tres nombres: “Para mí son diferentes, y para mí son nuevos”. Además, son poesía. El resto es literatura.

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