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quinta-feira, 5 de outubro de 2017

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

agotado


alternativa a 


sold out

Recomendación urgente del día
La expresión agotado es una alternativa válida en español al anglicismo sold out.
En la prensa se ven escritas frases como «Tres meses antes de la fecha de celebración ya se había colgado el cartel de sold out» o «El adorno navideño de la discordia, la gorra de Donald Trump, sold out».
El diccionario Cambridge explica que sold out se usa ‘cuando se han vendido todas las entradas para una película, concierto, etc.’ y ‘cuando en una tienda no queda nada que vender de un determinado producto’.
Ese concepto puede expresarse en español con la voz agotado o, si se desea ser más específico, entradas agotadas artículo agotado
Así, en los ejemplos anteriores, habría sido preferible evitar el anglicismo y escribir «Tres meses antes de la fecha de celebración ya se había colgado el cartel de entradas agotadas» y «El adorno navideño de la discordia, la gorra de Donald Trump, agotado».
#alpanpan. Utilizamos esta etiqueta para llamar la atención sobre el uso del algunos extranjerismos claramente innecesarios porque cuentan con alternativas sencillas y asentadas en español.

quarta-feira, 4 de outubro de 2017

RAFAEL CADENAS


Rafael Cadenas: un "arqueólogo" del español

El poeta venezolano afirma que "le cautiva la etimología de las palabras, que respeta profundamente el idioma de Cervantes y que no es suficiente con graduarse en la universidad y luego desentenderse de él para siempre".

J. Dávila 
3/oct/17 5:27 AM 
Edición impresa
D e su fría estancia en Boston extrae un recuerdo que inmortaliza el instante en el que el ensayista santacrucero Juan Marichal (1922-2010) le entregó un carnet para que pudiera moverse en libertad por la Biblioteca de Harvard. Rafael Cadenas (1930) abre una libreta que está llena de anotaciones pegadas a sus páginas y habla. "¿Usted sabe que hubo un pitcher muy famoso que también se llamaba Juan Marichal?", revela el poeta venezolano en un cara a cara en el que rescata viajes, vivencias anudadas a su esposa Milena, su amor por las palabras... "Marichal recibía cartas sin parar en las que le pedían una pelota firmada y él se molestaba en leerlas y, sobre todo, en contestarlas: Yo no soy el jugador de béisbol, soy ensayista, repetía una y otra vez", desveló Cadenas con una sonrisa silenciosa que cambia la rigidez de su rostro.
Esa fue una de las pocas veces que la risa iluminó una cara que destila melancolía. "Yo nunca me imagine nada de esto", retoma cuando retrocede hasta 1943 para rescatar los primeros trazos de una biografía poética marcada por tres dictaduras. "No soy muy viajero, pero no me quedó más remedio que aprender a serlo: he sido un viajero a contracorriente", añade sobre su primera aventura fuera de territorio venezolano en Boston.
Milena, su esposa, se cuela varias veces en la conversación para reforzar una unidad tan poderosa como la que él ha creado en torno a la poesía. "Ya no me deja manejar un carro", confiesa sobre unos viajes que conformaron un equipaje muy ligero. "No confía en mí (a la hora de conducir), pero hemos vivido muchos ratos de carretera... He tratado que todas esas vivencias no condicionaran mi forma de escribir. Enriquecieron mi vida, pero no los sentimientos que tengo hacia mi país -Rafael Cadena nació en Barquisimeto, en el estado de Lara- y hacia la poesía". Cadenas, autor de poemarios emblemáticos como "Una Isla" (1958) y "Los cuadernos del destierro" (1960), asegura que nunca tuvo la paciencia necesaria para convertirse en un novelista. "Lo mío es retratar la instantaneidad a través de los poemas", refuerza antes de abrir un episodio que tiene que ver con el peso del pasado.
"No es fácil vivir en el presente, la memoria para juzgar el pasado ya me está fallando y los recuerdos huyen", sostiene un autor que está agradecido de un legado colonial. "Los españoles se llevaron el oro, pero nos dejaron la riqueza de un idioma que me ha permitido disfrutar esta vida... El Cervantes es algo gordo, bueno gordito, pero yo no hice todo esto para ganarlo", justifica cuando nace la posibilidad de conquistar un galardón que concede el Ministerio de Cultura para atender una propuesta de la Asociación de Academias de la Lengua Española. "Es tan hermoso que nunca dejas de estudiarlo, no es suficiente con graduarse en la universidad y luego desentenderse de él para siempre", critica el creador venezolano.
Rafael Cadenas
POETA

EL IDIOMA ESPAÑOL

El Ministerio de Fomento ha dicho hoy los pilotos y los controladores aéreos podrán utilizar el español en sus comunicaciones "cuando los escenarios operativos así lo aconsejen", según un comunicado.
La propuesta responde a la demanda del sindicato de pilotos Sepla y el de los controladores Usca, que denunciaron que, en aplicación de un reglamento europeo, sería obligatorio que pilotos y controladores se comunicaran en inglés en los aeropuertos españoles con más de 50.000 movimientos internacionales al año, pese a que compartieran como idioma el español.
Tras conversaciones con estos colectivos, Fomento ha dicho que el futuro real decreto posibilitará el uso del inglés o del español como idioma único cuando los escenarios operativos lo aconsejen.
El ministerio ha añadido que el objetivo es reforzar las condiciones de seguridad en los aeropuertos españoles en los que hay que aplicar el reglamento, que en España son el Adolfo Suárez Madrid-Barajas, Alicante-Elche, Barcelona-El Prat, Gran Canaria, Málaga-Costa del Sol, Palma de Mallorca y Tenerife Sur-Reina Sofía.
La propuesta será concretada en los estudios de seguridad que hasta finales de este año y atendiendo al contenido del reglamento comunitario se realicen entre la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA), Enaire, Aena, la Dirección General de Aviación Civil y el sector.
Sepla y USCA han celebrado que finalmente el Ministerio de Fomento vaya a hacer uso de la excepción contenida en el reglamento europeo, como han hecho otros países para evitar que su idioma quede totalmente desplazado por el inglés en los aeropuertos con más de 50.000 movimientos internacionales al año.
Recuerdan que el reglamento permite a los estados miembros no aplicar el requisito de utilizar el inglés obligatoriamente comunicándolo a la Comisión Europea (CE) antes de que empiece a aplicarse el próximo 12 de octubre.
El reglamento avala así que los estados con idiomas de trabajo reconocidos por la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) puedan mantener su uso en las situaciones que lo permitan.
Los Estados que comuniquen esa excepción deberán hacer un estudio antes del 31 de diciembre y presentarlo a la CE y a la Agencia Europea de Seguridad Aérea, han indicado Sepla y Usca, que señalan que el fin último de cualquier comunicación es la transmisión efectiva de un mensaje, lo que es mejor con una lengua materna común siempre que sea posible.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
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artefacto 


no es sinónimo de 


objeto o pieza

Recomendación urgente del día
Los términos objeto y pieza son preferibles a artefacto para referirse de modo general a cosas expuestas en museos, o propias de ellos, como monedas, figuras, esculturas o vasijas.
En las noticias culturales relacionadas con museos y exposiciones no es raro encontrar frases como las siguientes: «Se incluyen varios artefactos, tales como la banda presidencial que utilizó», «La atmósfera exótica es realzada por un caballo de madera de tamaño natural, un artefacto arcaico de la India» o «El motivo del pez protagonizaba a menudo también la decoración en artefactos como jarrones o vasos».
Este uso de artefacto en el ámbito de la museística está tomado del inglés, lengua en la que artifact es, según el diccionario Merrian Webster, ‘un objeto normalmente simple (como una herramienta u ornamento) que revela la fabricación o modificación humana en contraste con un objeto natural’, especialmente cuando se trata del que ‘se conserva de un período determinado’.
En español, sin embargo, un artefacto es sobre todo un ‘objeto, especialmente una máquina o un aparato, construido con una cierta técnica para un determinado fin’ o, de modo despectivo, una ‘máquina, mueble o, en general, cualquier objeto de cierto tamaño’, por lo que no tiene el valor específico que suele tener en inglés para los objetos antiguos.
También es posible en muchos casos hablar de pieza, voz que tiene, entre otros sentidos, los de ‘alhaja, herramienta, utensilio o mueble trabajados con arte’ y ‘cada uno de los objetos que componen un conjunto’.
Dado que tanto objeto como pieza son voces asentadas en español en estos contextos, en los anteriores ejemplos habría sido más adecuado escribir «Se incluyen varios objetos, tales como la banda presidencial que utilizó», «La atmósfera exótica es realzada por un caballo de madera de tamaño natural, un objeto arcaico de la India» y «El motivo del pez protagonizaba a menudo también la decoración en piezas como jarrones o vasos».

terça-feira, 3 de outubro de 2017

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

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sexdopaje


alternativa a chemsex

Recomendación urgente del día
El sustantivo sexdopaje es una alternativa válida en español al anglicismo chemsex.
Últimamente, se ven escritas en la prensa frases como «Chemsex, la peligrosa moda sexual que causa furor» o «Las chemsex están generando un nuevo tipo de adicto».
Según el diccionario de Oxford, chemsex es ‘una actividad sexual, normalmente con varios participantes, bajo la influencia de estimulantes como metanfetamina o mefedrona’. Se trata de una voz informal creada como acrónimo de chemical sex, cuya traducción literal, sexo químico, se usa en ocasiones en español.
En español, el término dopaje, que significa ‘administración de fármacos o sustancias estimulantes para potenciar artificialmente el rendimiento del organismo, a veces con peligro para la salud’, se ajusta mejor a ese concepto que la traducción directa de chemical como químico.
Así, es posible adaptar este anglicismo al español como sexdopaje, acrónimo de sexo y dopaje. A partir de este término se pueden crear otras palabras de la misma familia, como sexdopadosexdopar
Por ello, en los anteriores ejemplos, habría podido escribirse «Sexdopaje, la peligrosa moda sexual que causa furor» y «El sexdopaje está generando un nuevo tipo de adicto».
Si se prefiere emplear el anglicismo, se recuerda que lo apropiado es escribirlo en cursiva (o entre comillas si no se dispone de este tipo de letra) y que su pronunciación aproximada es /kémsex/ y no /chémsex/.

segunda-feira, 2 de outubro de 2017

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Agencia EFEFundéu - BBVA
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grasas trans 


no necesita comillas 


ni cursiva

Recomendación urgente del día
El término trans, que se aplica a un tipo de ácido graso que se encuentra en ciertos alimentos, se puede escribir en letra redonda y sin comillas.
En los medios de comunicación aparece escrito este término con diversos destacados, en ocasiones entrecomillando también la palabra grasas: «La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos propuso prohibir el uso de “grasas trans” artificiales en alimentos procesados» o «Los ácidos grasos ‘trans’ artificiales surgen cuando se agrega hidrógeno al aceite vegetal».
Aunque trans, que está tomado de la nomenclatura química, se escribe en cursiva en textos especializados por convención internacional, en medios de comunicación y cuando se utiliza como denominación genérica de ciertos ácidos grasos, puede prescindirse de este u otro resalte, como las comillas.
De este modo, los anteriores ejemplos podrían haberse escrito así: «La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos propuso prohibir el uso de grasas trans artificiales en alimentos procesados» y «Los ácidos grasos trans artificiales surgen cuando se agrega hidrógeno al aceite vegetal».
No obstante, según las normas de la IUPAC, que es el organismo responsable de la nomenclatura química, cuando trans forma parte del nombre de un ácido, se escribe en cursiva y separado con un guion: «ácido trans-oleico».

domingo, 1 de outubro de 2017

DÍA INTERNACIONAL DE LA TRADUCCIÓN

El oficio de traductor
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MANU DE ORDOÑANA           | http://blogs.diariovasco.com/ser-escritor/2017/09/30/el-oficio-de-traductor/


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Hoy, 30 de septiembre, festividad de San Jerónimo, se celebra el Día Internacional de la Traducción, una iniciativa anual que rinde homenaje a los traductores y reconoce su papel esencial en la transmisión del conocimiento. Es una fecha oportuna para investigar su labor y reconocer su mérito, muy poco valorado en un mundo cultural sometido a la egolatría de los escritores consagrados.
Cuando nos disponemos a leer un libro, por lo general, ninguno de nosotros se plantea si está traducido o no. Mientras lo leemos o al finalizarlo, si no nos ha gustado, entonces buscaremos culpables o decidiremos no volver a leer a ese autor. Pero también existe la posibilidad de que no esté bien escrito o de que, quizá, no esté bien traducido. A veces, basta con cambiar de editorial para que esa obra nos entusiasme: el traductor es otro.
Detrás de la creación de una novela no sólo está el escritor, en ocasiones, también el traductor, ese eslabón invisible al que debemos agradecer su esfuerzo para acomodar el contenido de la obra a nuestro idioma. Porque todos sabemos que entender un idioma no es suficiente para trasladar lo literario, es decir, esa forma determinada, única en cada escritor, que nos hace vibrar, recordar y sobre todo deleitarnos con lo que estamos leyendo. Si somos capaces de diseccionar cada paso que conlleva esta transformación o acomodación de un idioma a otro, comprenderemos mejor el trabajo de estas personas. Porque aquí nos incumbe la traducción literaria y esta no es una tarea banal.
«Todo libro traducido es «como un cadáver destrozado por un coche hasta resultar irreconocible» (Thomas Bernhard). 
Resulta incomprensible que un escritor no valore el trabajo de un traductor cuando ambas profesiones están muy unidas e incluso muchos compatibilizan las dos. 
Varía mucho la relación que el escritor y el traductor mantienen. Puede que se conozcan, que se respeten, que se detesten, que no se necesiten: «El diálogo entre el autor y el traductor, en la relación entre el texto que es y el texto que va a ser, no es apenas un diálogo entre dos personalidades particulares que han de completarse, es sobre todo un encuentro entre dos culturas colectivas que deben reconocerse», decía José Saramago.
Donna Leon está muy agradecida a la respuesta de los lectores españoles y es consciente de que esto se lo debe a su traductora Maia Figueroa Evans, quien afirma rotundamente que la figura del traductor debe ser transparente. “Cuanto menos se note, mejor, y eso implica invisibilidad en muchos aspectos”. La escritora norteamericana aboga por una traducción que muestre emoción, que capte el significado del texto, su espíritu y el del lenguaje en el que escriben. Está convencida de que el nuevo texto debe entender su ingenio y astucia; sentir la emoción con la que se ha escrito.
No es raro encontrar las dos profesiones en una misma persona. Ahí está el escritor metido a traductor que fue Julio Cortázar: “Yo le aconsejaría a cualquier escritor joven que tiene dificultades de escritura, si fuese amigo de dar consejos, que deje de escribir un tiempo por su cuenta y que haga traducciones; que traduzca buena literatura, y un día se va a dar cuenta de que puede escribir con una soltura que no tenía antes”. Haruki Murakami considera igualmente la traducción como un excelente ejercicio de escritura.
Hay otros que combinan las dos facetas. Javier Marías reconoce lo mucho que aprendió al traducir Tristram Shandy, de Laurence Sterne, y confiesa que esa traducción es probablemente el mejor texto que ha escrito. El portugués, al sufrir la censura y la persecución como escritor, tuvo que recurrir a la traducción para ganar dinero. “Los escritores hacen la literatura nacional y los traductores hacen la literatura universal”. De la misma opinión son Milan Kundera y Gunter Grass, escritores conocidos por cuidar y ayudar en lo posible a sus traductores.
Existen muchas maneras de traducir un texto, quizá tantas como traductores hay. Pero ¿es imprescindible ser fiel a la obra o es preferible mejorar lo que está escrito? Hay opiniones para todos los gustos. La editora de Alfaguara, Lola Martínez de Albornoz, califica las traducciones españolas de mediocres, de ser demasiado literales, mientras que Jorge Fondebrider, director del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires, manifiesta que “cada texto reclama para sí un determinado modo de escritura, a veces se reescribe, a veces se transcribe, a veces se interpreta. No existe un único modo de encarar el trabajo“. Borges se atrevió incluso a modificar ─según él, a mejorar─ la poesía de Walt Whitman y muchos opinan que la traducción es mejor que la obra original.
En este sentido, hay traductores que se han permitido licencias mayores relacionadas con la trama (reduciéndola), con el narrador (modificándolo), con los personajes (haciéndoles desaparecer)… Para evitarlo, hay autores que prefieren autotraducirse. Es el caso de Samuel Beckett (Dublin 1906-1988) que, siendo el inglés su lengua materna, tradujo al francés su obra Esperando a Godot, gracias a que conocía a la perfección los dos idiomas.
Lierni Otamendi Arrieta define acertadamente en qué consiste una buena traducción: “Debe transmitir el mismo contenido del texto de origen a la lengua de destino, y evidentemente, no debe añadir ideas ni tampoco suprimirlas. El registro del texto de origen, las expresiones, los giros, la terminología deben trasladarse correctamente. Y como el texto se creó para un objetivo y un público concretos, es preciso respetar el espíritu y el objetivo del texto original, para que la traducción provoque su mismo efecto”.
Lutero ya expresaba en el siglo XVI las dificultades en su traducción de la Biblia: “Me ha costado mucho esfuerzo traducir para poder ofrecer un alemán puro y claro. Con frecuencia se ha dado el caso de buscar y preguntarnos durante quince días, o durante tres o cuatro semanas, acerca de una sola palabra, sin encontrar, a pesar de ello, respuesta inmediata”.
Para quien quiera ahondar en este complejo oficio, hacemos referencia a varias publicaciones. La más reciente es: El fantasma del libro (Seix Barral, 2016) del escritor y traductor Javier Calvo. Además de recoger todas las particularidades del oficio, opina que nadie tiene una teoría convincente de cómo se tiene que traducir. Él es partidario de no mantener ningún contacto con el escritor, puesto que «distorsiona el resultado final (…) y supedita los criterios del traductor a los del propio autor, que no siempre son necesariamente los mejores». Considera el hecho de traducir como algo más que dar con las palabras que expresan el significado de lo que se dice; “es evocar, trasladar ambigüedades y metáforas, atinar con la concepción del mundo que encierra cada lengua”.
Al final, hay que reconocer que nosotros, los lectores, leemos la prosa que han escritor los traductores, por lo que deberíamos reconocer su labor y así elevar su prestigio. Tengamos presente que se trata de una tarea larga, compleja, a la que es preciso dedicarle muchas horas y mucha pasión. Si el traductor no ama su profesión, sale lo que el escritor, traductor y crítico literario Eduardo Lago afirma: “Lo que se traga el lector medio, incluso en buenas editoriales, son traducciones mediocres que no suenan a español. Suenan a traducciones”.

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