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quarta-feira, 24 de outubro de 2018

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

al objeto de,

no

a objeto de

Recomendación urgente del día
Las construcciones al objeto de con (el) objeto de, y no a objeto de, son las adecuadas para expresar finalidad.
En los medios de comunicación son habituales frases como «La concesionaria está ofreciendo toda su colaboración a objeto de esclarecer prontamente los hechos», «Se recomienda analizar los datos en tiempo real a objeto de poder orientar las acciones estratégicas para desarrollar un modelo turístico responsable» o «Un vigilante de seguridad le taponó la herida a objeto de que no siguiera perdiendo sangre».
El Diccionario de la lengua española recoge las locuciones al objeto decon objeto de con el objeto de, las cuales define como ‘con la finalidad de, para’. Por su parte, la Gramática académica considera incorrecta la variante a objeto de.
Así pues, en los ejemplos iniciales lo apropiado habría sido escribir «La concesionaria está ofreciendo toda su colaboración al objeto de esclarecer prontamente los hechos», «Se recomienda analizar los datos en tiempo real con objeto de poder orientar las acciones estratégicas para desarrollar un modelo turístico responsable» y «Un vigilante de seguridad le taponó la herida para que no siguiera perdiendo sangre».
En caso de que estas locuciones vayan seguidas de una subordinadaintroducida por la conjunción que, se recuerda que lo apropiado es mantener la preposición de, por lo que en «Se propone una modificación de ley con el objeto que las elecciones siempre sean en domingo», lo adecuado habría sido escribir con el objeto de que, en vez de con el objeto que.

terça-feira, 23 de outubro de 2018

EL IDIOMA ESPAÑOL

Placeholder

Por Prof. Gabriel Paizy

En buen español

La respiración del idioma

10/22/2018
  
 
"Los idiomas son como entes vivos que nacen, se desarrollan, cambian y mueren con el pasar del tiempo".
“¡La Academia se ha vuelto loca!  ¿Cómo es posible que haya aceptado palabras como ‘tuit’ y ‘wasapear’?  ¿Qué le pasa? ¡El idioma se prostituye!  Hoy día, cualquier palabra es permitida”.
Estas son descargas que escucho constantemente.  Percibo un desprecio cada vez más generalizado en contra de la tolerancia de la Real Academia Española (RAE), a quien se le acusa de incorporar nuevas palabras en su diccionario sin discreción alguna. Aparte de la incredulidad ante muchos neologismos relacionados con la tecnología y las redes sociales, la indignación mayor viene con la incorporación de un sinnúmero de anglicismos que hoy forman parte del diccionario.  No perdonamos el ‘estrés’, el ‘panti’ y el ‘zíper’.   “¡Esto es intolerable! ¡Hay que proteger la pureza de nuestro idioma de la influencia destructora del inglés!”, suelo escuchar en cada esquina.
Todo esto requiere detenernos un momento, destrincar los músculos, inhalar paz y exhalar frustración.  Este tema hay que mirarlo con madurez emocional…
Primera premisa:  los idiomas son como entes vivos que nacen, se desarrollan,  cambian y mueren con el pasar del tiempo.  Esto es parte natural de su evolución.  El vocabulario se transforma constantemente.  A veces los vocablos que en el pasado eran tan utilizados, terminan por desaparecer.  Ya hoy nadie dice piujar, fallazgoo churriana.  Por otro lado, cada día surgen nuevas palabras debido a la simple necesidad del ser humano de expresar conceptos diferentes, darle nombre a nuevos objetos o referirnos a las tecnologías emergentes.  Algunas palabras como tablet, webinar, software y hardwareson imprescindibles para poder comunicarnos en esta nueva era en que nos ha tocado vivir. No nos escandalicemos.  Miremos cómo nuestros antepasados lograron superar su estupor cuando escuchaban, por primera vez, palabras tan “aberrantes” como teléfono, electricidad, televisor ymaquinilla.  
Segunda premisa: los anglicismos no son, necesariamente, malas palabras. De hecho, el español está lleno de anglicismos aceptados, al igual que está repleto de arabismos, galicismos y hasta tainismos.  Hay que entender la influencia que en los idiomas pueden tener los contextos históricos. Si en el español tenemos más de 4000 palabras que provienen del árabe (como almohada, café y ojalá), es porque los musulmanes estuvieron sobre 700 años en la península ibérica; si en el español tenemos muchísimos vocablos del francés (como carné, glamur y crupier) es por la influencia del imperio francés en el siglo XIX; si en el español tenemos miles de términos que provienen del inglés (como fútbol, gol y parquin) es porque hoy día esta lengua, como consecuencia del poderío de los Estados Unidos, es el idioma universal de los negocios, la tecnología, los deportes y un largo etcétera.  
Tercera premisa: la RAE ha dejado de ser una institución que decide qué palabras son correctas y qué palabras son incorrectas.  Su función, en términos de vocabulario, ha dejado de ser normativa.  Lo que hace es documentar la forma en que los hispanoparlantes se comunican.  Somos nosotros, y no la RAE, quienes tenemos la última palabra -literalmente- de cuáles términos son aceptados y cuáles son rechazados.  La Academia lo que hace es reflejar en su diccionario el uso de ciertos vocablos por parte de los que hablan el español.  Así que no le podemos echar la culpa a nuestros amigos de la RAE, porque ellos no son los que deciden… somos nosotros.
Por todas estas razones, y muchas otras, dejemos que nuestro idioma respire, crezca, se nutra, evolucione.  Al fin y al cabo, si lo analizamos, el español no es otra cosa que un dialecto que procede del latín, como lo también lo son el portugués, el italiano, el francés.  Cada uno de estos lenguajes partieron de una raíz común para formar sus propios idiomas y, en el proceso, el latín dejó de vivir.  
Entendamos que la fuerza del cambio y de la evolución es imposible de detener.   Así pues, no nos enfrentemos a ella... ¡abracémosla!

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

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migrante 

engloba a

emigrantes inmigrantes

Recomendación urgente del día
Migrante es el término más general para referirse a toda aquella persona que abandona el lugar en que habita o llega a otro destino para establecerse en él.
Con motivo de los flujos migratorios que afectan en la actualidad a millones de personas en todo el mundo, en los medios de comunicación ha surgido la duda sobre la palabra que conviene emplear para referirse a todas ellas de manera general.
A este respecto, cabe señalar que el sustantivo emigrante pone el foco en la persona que abandona su hogar, mientras que inmigrante hace referencia a esa misma persona, pero desde la perspectiva de quien ya ha llegado a su nuevo destino para radicarse en él.
De modo más amplio, el Diccionario de la lengua española define migrante como ‘que migra’, esto es, ‘que se traslada desde el lugar en que habita a otro diferente’, definición general con la que es posible designar a todo aquel que se desplaza de un lugar a otro.

segunda-feira, 22 de outubro de 2018

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

de minimis,

en cursiva y sin tilde

Recomendación urgente del día
La locución latina de minimis, propia del lenguaje jurídico, se escribe en letra cursiva y sin tilde en minimis.
Sin embargo, en la prensa es frecuente encontrarla escrita de varias maneras: «El proyecto de ley de medidas contra la sequía, que incluye un fondo para lo afectados, ayudas “de mínimis” o subvenciones al agua desalada» o «Deberían destinarse ayudas acogidas al régimen de mínimis».
La locución de minimis se aplica a aquello relacionado con las cosas pequeñas o más específicamente a lo que no tiene la suficiente importancia para que la ley le preste atención. Proviene de las expresiones latinas de minimis non curat praetor y de minimis non curat lex , que podrían traducirse como ‘de los asuntos intrascendentes no se ocupa el magistrado’ y ‘la ley no se ocupa de los asuntos insignificantes’, como señala el Diccionario panhispánico del español jurídico de la Real Academia y el Consejo General del Poder Judicial español.
En los medios de comunicación, este latinismo suele aparecer en relación con determinadas ayudas de la Unión Europea y con el régimen que las regula. Se trata de aquellas que los estados miembros pueden otorgar a empresas siempre que no superen una cierta cantidad (en general 200 000 euros a lo largo de tres años), pues se entiende que por su cuantía no alteran la libre competencia y por tanto no hay que comunicarlas a la Comisión Europea.
Además, al tratarse de una locución latinalo apropiado es escribirla en cursiva y sin tilde conforme a las normas de la Ortografía de la lengua española.
Así pues, lo adecuado en los ejemplos anteriores habría sido «El proyecto de ley de medidas contra la sequía, que incluye un fondo para los afectados, ayudas de minimis o subvenciones al agua desalada» y «Deberían destinarse ayudas acogidas al régimen de minimis».

sexta-feira, 19 de outubro de 2018

TRADUCCIÓN

El caballero andante que tradujo el mito del Grial

LITERATURA

Martín de Riquer, en su casa, en 1991. DOMÈNEC UMBERT
De manera intermitente, y durante más de cuatro décadas, Martín de Riquer estuvo trabajando en la más cuidada y querida de sus traducciones, 'Li contes del graal', la novela en verso póstuma de Chrétien de Troyes que introdujo en nuestra cultura el mito del grial. Numerosas ediciones -en Espasa, Acantilado y Siruela- dan fe de un proyecto heroico.
Desconozco cuáles son las lecturas obligatorias y/o recomendadas en el actual bachillerato, pero hubo una época en la que, para sacarte bien el BUP, tenías la opción de leer viejos romans franceses de lo que, años más tarde, sabríamos que se llamaba «materia de Bretaña» o el Ciclo Artúrico. Lo cual, qué quieren que les diga, tenía mucho fundamento porque no sólo proponía un viaje a los orígenes de la literatura europea -El caballero del león y El caballero de la carreta, sobre Yvain y Lancelot, que podían ser nuestros primeros ídolos si le echábamos valor y comprensión lectora-, sino que además lo hacía por la vía sencilla de camuflar un poema épico simbólico y en verso en forma de breves novelitas en prosa sobre señores con armadura. Era también la época en la que, a la que te cruzaras con profesores muy estrictos, te hacían leerte el Quijote entero y buena parte del TirantY así salimos, con la imaginación desviada y curtidos como adolescentes espartanos capaces de leer cualquier cosa. En aquella época, por tanto, ya nos sonaban nombres como Victoria Cirlot, Carlos García Gual, Luis Alberto de Cuenca o Martín de Riquer.
Martín de Riquer fue el mejor medievalista de su generación, el padre de toda una escuela que -fundamentalmente desde Barcelona- hizo todo lo posible por rescatar, traducir y dar brillo a una tradición de poesía trovadoresca y novelas de entretenimiento de la que no estábamos, ni de lejos, desapegados. Una de las cosas que te enseñaban en el colegio era que Don Quijote se había vuelto loco por leer aquellos mamotretos fantasiosos, como el Tristán de Leonís o el Policisne de Boecia, pero tarde o temprano también se asumía que de aquel ciclo había obras rescatables, y que entre ellas estaban las de Joanot Martorell, los primeros libros del Amadís y las de un autor francés llamado Chrétien de Troyes.
Chrétien vivió en el siglo XII y dejó escritos largos poemas sobre los hechos del rey Arturo y sus caballeros, y el último de ellos -que dejó incompleto a su muerte, alrededor de 1183- es, en muchos aspectos, uno de los libros más influyentes de toda la literatura europea. En Li contes del graal se explica el encuentro dePerceval, el más ingenuo y puro de los caballeros de la Mesa Redonda, con el rey Pescador en un castillo fantasmagórico, y cómo asiste al rito del desfile de una lanza sangrante y un extraño objeto al que se llamará Graal, más tarde Grial. Por tanto, el grial es, desde Chrétien, un poderoso símbolo que aún hoy nos intriga y nos fascina. Y no fue hasta 1961 cuando se pudo leer con cierta normalidad aquel poema que, más allá de la mística -que alcanzó su mayor expresión artística en las dos óperas griálicas de Wagner, Lohengrin y Parsifal-, era también literatura maravillosa con imágenes tan bellas como la de la gota de sangre de Parsifal que cae sobre la nieve, tras pincharse el dedo con una rosa.
Martín de Riquer tenía 45 años cuando entregó su primera traducción de Li contes del graal a la editorial Espasa-Calpe, en 1961. Le precedía el prestigio de ser catedrático de Historia de las Literaturas Románicas en la Universitat de Barcelona y abundantes estudios sobre la poesía provenzal, los trovadores, Ausiàs March y la novela épica en catalán. En 1961 aún no se había producido la posterior moda de la literatura medieval, que iría tomando forma a lo largo de los 70 con varios de los títulos de la Editora Nacional y, en los 80, con los catálogos de Siruela y El Festín de Esopo, impulsados por Jacobo Fitz-James Stuart y Jaume Vallcorba. Precisamente, la primera traducción de Riquer -en prosa y sin posibilidad de cotejar con el texto original francés, hecha a partir de varias ediciones críticas francesas y alemanas de la segunda mitad del siglo XX, que revisaban a fondo el famoso Manuscrito T que incluye el texto original de Chrétien y las continuaciones de siglos posteriores- volvió a reaparecer en actualizaciones o nueva traducción en Siruela y en Quaderns Crema (al catalán).
En 2003, De Riquer afrontó su último servicio al texto de Chrétien al retocar una edición en verso para Acantilado que recuperaba el texto francés en su edición definitiva, y aportaba una revisión de la traducción en la que había «procurado extremar el rigor y la literalidad, no evitando repeticiones de palabras ni bruscos cambios de tiempos verbales, a fin de seguir bien de cerca el roman francés, ya que la presente traducción sólo ambiciona prestar ayuda al que lee el texto francés». La primera, pues, era «más literaria que literal» y ambas, juntas, un enorme tesoro en castellano que nos acerca al misterio de la materia de Bretaña.

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glacial y glaciar 

no significan lo mismo

Recomendación urgente del día
Los adjetivos glacial y glaciar no significan lo mismo: glacial es ‘helado’, mientras que glaciar se aplica a las masas de hielo que se forman en las laderas de las montañas y se deslizan lentamente.
Sin embargo, se encuentran frases como «Aranjuez no escapó tampoco al frío glaciar», «El océano Glaciar Ártico, sin hielo en verano» o «Nos hipnotiza la mirada glaciar de la modelo australiana».
Como señala el Diccionario académico, un glaciar es una ‘masa de hielo acumulada en zonas de las cordilleras por encima del límite de las nieves perpetuas y cuya parte inferior se desliza muy lentamente, como si fuese un río de hielo («La parte inferior de un glaciar siempre está en movimiento»). Como adjetivo, designa a lo relacionado con estas masas de hielo («Un circo glaciar es una depresión en forma de anfiteatro producida por la erosión glaciar»).
Por su parte, glacial solo es adjetivo y significa ‘extremadamente frío’, ‘muy frío’, ‘helado’. Está presente en los nombres de los océanos más próximos a los polos: el océano Glacial Ártico y el océano Glacial Antártico, aunque también se usan y son válidos los nombres abreviados océano Ártico y océano Antártico.
Por tanto, en los ejemplos anteriores lo adecuado habría sido escribir «Aranjuez no escapó tampoco al frío glacial», «El océano Glacial Ártico, sin hielo en verano» y «Nos hipnotiza la mirada glacial de la modelo australiana».

quinta-feira, 18 de outubro de 2018

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after party,

alternativas

Recomendación urgente del día
Las expresiones posfiestafiesta de después fiesta posteriorson alternativas válidas en español para referirse al anglicismo after party.
En los medios de comunicación es frecuente ver frases como «Las celebridades que no quisieron perderse la ‘after party’ de Elton John», «Las premiaciones son lo máximo, pero el after party siempre tiene diversión asegurada» o «Eso en realidad sucedió en el after party del lanzamiento de Demon Days».
Según el diccionario Merriam-Webster, el término after party designa la celebración que sigue a una gran fiesta o un evento.
En español cabe optar por la voz posfiesta, que puede servir para designar aquello que sucede a una fiesta, incluso una segunda posterior, y que está bien formada gramaticalmente, de modo análogo a prefiesta, preúvas posboda. También es posible traducir after party por las expresiones fiesta de después o fiesta posterior.
Así, en los ejemplos anteriores habría sido preferible escribir «Las celebridades que no quisieron perderse la posfiesta de Elton John», «Las premiaciones son lo máximo, pero la fiesta de después siempre tiene diversión asegurada» y «Eso en realidad sucedió en la fiesta posterior al lanzamiento de Demon Days».
No obstante, si desea utilizarse la forma extranjera, lo adecuado es escribirla en cursiva o, si no se dispone de este tipo de letra, entre comillas.

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