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sexta-feira, 1 de novembro de 2013

LENGUAS Y TRABALENGUAS




Editorial de El País - Uruguay
El pésimo empleo del idioma español es entre nosotros, una de las consecuencias del nivel de formación que imparten las instituciones de enseñanza y uno de los motivos que empobrecen la calidad de la comunicación escrita y oral entre los uruguayos.


La única manera de entenderse correctamente, radica en dominar la conjugación de los modos y tiempos verbales, en conocer el significado de los vocablos y en controlar debidamente la construcción de frases para formular de manera adecuada las ideas e interpretar las que provienen de nuestros interlocutores. Entre los estudiantes, los informativistas, los políticos y los periodistas, cada día se generalizan más los vicios de expresión, los errores gramaticales y las pobrezas de sintaxis, como reflejo de los desconocimientos, la indiferencia y la sordera en materia lingüística. No es raro que un columnista de la prensa o un comunicador de la televisión escriba o diga "han habido problemas" en lugar de "hubo problemas" y escriba o diga "atrás mío" en lugar de "detrás de mí", que sería lo correcto.

Hubo una época donde parecía indispensable corregir los tropiezos en esas áreas, y donde incurrir en disparates idiomáticos provocaba vergüenza, pero esa época ya pasó. Ahora los jóvenes, que a menudo se quejan de que los mayores los discriminan injustamente, cometen con frecuencia unas cuantas traiciones a la rectitud del idioma y por ejemplo, confunden el subjuntivo con el condicional, diciendo "si podría saber" en lugar de "si pudiera saber", sin percibir que están haciendo un papelón y que no son aptos para mantener una conversación en términos medianamente admisibles. Se trata de la misma generación incapaz de diferenciar el pretérito indefinido del imperfecto o del anterior, una ignorancia agravada por la despreocupación al respecto, como si hablar bien o mal fuera lo mismo, y escribir con prolijidad o hacerlo con descuido fuera idéntico. Lo más triste es que esas irregularidades se extienden a textos literarios de escritores que publican libros y creen que "rallado" o "rayado" son sinónimos.

Para esa gente, no existe la diferencia ortográfica entre "consciente" (que se escribe con "sc") y "conciencia" (que se escribe solamente con "c") en un idioma lleno de sutilezas donde los matices escritos entre "apto" y "acto", entre "sesión" y "cesión" o entre "recesión" y "recepción" apenas se notan verbalmente. Poco a poco, a medida que el tambaleante manejo del idioma se expande, su sonoridad va empobreciéndose y el valor de sus expresiones se debilita. La lengua maravillosa que utilizaron Miguel Hernández, Antonio Machado o Idea Vilariño, se empalidece en la medida en que la incapacidad de manejarla se transforma también en imposibilidad de admirarla.

La música, el sabor y el peso de las palabras se apagan gradualmente y se reduce la posibilidad de descifrar lo que dicen los demás. Todo ello impide apreciar el grado en que va afectándose una de las grandes lenguas del planeta, la única que compite con el inglés o con el chino como herramienta de comunicación entre cientos de millones de individuos. Pero al perderse el rigor y la exigencia en esos territorios de la escritura o del habla, se deteriora también el nivel de precisión o severidad para pasar de una lengua a otra, y así la traducción de un texto puede adulterar su sentido porque el encargado de ese pasaje ignora más cosas de las que cree, y nadie parece dispuesto a rectificar sus aberraciones. En traducciones orales o escritas se comprueba diariamente cómo hay improvisados que ignoran su oficio y creen que el término inglés "deception" puede traducirse por decepción, cuando quiere decir engaño, que "casualties" significa casualidades, cuando en verdad quiere decir muertos en batalla, que "sensibility" quiere decir sensibilidad, aunque en realidad significa sensatez o que "army" significa armada, en lugar de ejército.

La víctima principal de esas confusiones resulta ser el público de televisión, donde el doblaje al español de películas de origen anglosajón hace creer a la gente que "drawing room" es el cuarto de dibujo, en lugar de la sala de estar, o que "someone else" es alguien más, en lugar de "otro", La incomprensión crece cuando en un canal de cable dicen que "battleship" es un barco de batalla, cuando debe traducirse por acorazado. Con los borroneos internos del español y los errores entre esa lengua y la inglesa, los humanos se entienden cada día peor.

Entre los estudiantes, los informativistas, los políticos y los periodistas, cada día se generalizan más los vicios de expresión, los errores gramaticales y las pobrezas de sintaxis.

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