Translate
segunda-feira, 17 de dezembro de 2012
LA NARANJA MECÁNICA
La naranja se pasea
Hace 50 años, cuando la Inglaterra de posguerra se conmocionaba con la creciente violencia juvenil y sus intelectuales todavía reflexionaban sobre el radical matrimonio entre la crueldad nazi y la alta cultura, Anthony Burgess publicó un libro en el que unía las dos discusiones y enfrentaba a la sociedad con su presente. La adaptación al cine de Kubrick, filmada nueve años después, terminó de darle una popularidad que no perdió desde entonces. Novela adolescente, violenta, vanguardista, atravesada por Beethoven, un argot de influencia soviética y una furia incomprensible, su protagonista, Alex, encarna todavía problemas filosóficos, sociales y artísticos sin solución. Para celebrar el aniversario de su publicación, la edición conmemorativa inglesa de La naranja mecánica incluye un agudo ensayo de Martin Amis a manera de prólogo que la edición en castellano lamentablemente ha perdido en el camino. Por eso, Radar lo traduce. Y de yapa, lo que escribió Burgess en el ’72 después de ver la película.
FUENTE: PÁGINA 12 - Por Martin Amis
El asunto diario de escribir una novela con frecuencia parece consistir sólo en decisiones –decisiones, decisiones, decisiones–. ¿Debe ubicarse este párrafo acá? ¿O debe ir ahí? ¿Puede este tramo de descripción ser diversificado con un diálogo? ¿En qué momento se debe revelar esta información? ¿Debo usar un adjetivo diferente y un adverbio diferente en esta oración? ¿O debo descartar el adverbio y el adjetivo? ¿Coma o punto y coma? ¿Coma o guión? Y así.
Estas decisiones son menores, claramente, y son procesadas de forma más o menos racional por la conciencia. En cambio, todas las decisiones mayores ya fueron tomadas antes de que uno se siente al escritorio; y no hizo falta un momento de pensamiento. Las decisiones mayores son inherentes al escalofrío original –al latido o susurro inicial, un susurro que dice “ésta es una novela que vas a poder escribir”–. Misteriosamente, es el inconsciente el que hace el trabajo pesado. Nadie sabe cómo ocurre. Por este motivo Norman Mailer llamó a su (excelente) libro sobre la ficción Un arte espectral.
Cuando, en 1960, Anthony Burgess se sentó a escribir La naranja mecánica podemos estar seguros de que poseía un puñado de certezas sobre lo que tenía por delante. Sabía que la novela iba a transcurrir en el futuro próximo (y que iba a tomar el camino standard de la ruta de la ciencia ficción, desarrollando, y exagerando ferozmente, tendencias actuales). Sabía que su vicioso antihéroe, Alex, iba a ser el narrador, y que narraría en un argot o idiolecto que el mundo no había escuchado nunca antes (eventualmente eligió una infalible y deliciosa mezcla de ruso, romaní y slang). Sabía que tendría que ver con el Bien y el Mal y el Libre Albedrío. Y sabía, crucialmente, que Alex albergaría una pasión poco plausible: un amor extático por la música clásica.
Vemos la caprichosa brillantez de esta última decisión cuando nos reencontramos, después de más de medio siglo, con el malicioso, despreciativo, burlón y llorón joven sociópata de Burgess –un personaje inmejorablemente capturado por Malcolm McDowell en el desparejo pero celebrado film de Stanley Kubrick–. “No fui yo, hermano, señor”, se queja Alex ante el asistente social que lo llevó a la cárcel local: “Defiéndame señor, no soy tan malo”. Pero Alex es tan malo; y lo sabe. Los primeros capítulos de La naranja mecánica todavía ofrecen el impacto de lo nuevo: forman una línea roja de alegre maldad.
Durante su primera noche en la ciudad, Alex y sus drugos (o cómplices) acechan a un maestro de escuela, desgarran los libros que lleva consigo, lo desnudan y pisotean su dentadura postiza; roban y apalean a un comerciante y su esposa (“un buen golpe con una barra de abrir cajones”); patean a un mendigo borracho (“lo cracamos bien, sonriendo entretanto”); y tienen un encuentro con una banda rival donde usan el cuchillo, la cadena, la navaja de afeitar: “Esto sería la cosa verdadera y real, usaríamos el nocho, el usy y la britba, no sólo los puños y las botas... Y ahora bailoteaba con mi britba, como el barbero de un barco que navega en un mar muy picado”. Después, roban un auto (“zigzagueando detrás de gatos y todo eso”), someramente atacan a una pareja, irrumpen en una casa de “otro inteligente estilo hombre de libros como el que habíamos tolchocado unas horas antes”, destrozan las páginas dactilografiadas de su trabajo y violan a su esposa: “Luego todo se serenó, y nosotros estábamos llenos de algo parecido al odio, de modo que cracamos lo que todavía quedaba sano –la máquina de escribir, la lámpara, las sillas– y el Lerdo, como era ya típico en él, apagó el fuego orinando y se disponía a cagar sobre la alfombra, pues por allí abundaba el papel, pero yo dije no –fuera fuera fuera– aullé. El veco escritor y su china no estaban realmente en sus cabales, lastimados, ensangrentados, y haciendo ruidos. Pero vivirían”.
Y todo esto ha sido logrado para cuando llegamos a la página 30.
Antes de que termine la primera parte, 51 páginas después, con Alex en una “cantora” que huele a “un vono fuerte, mezcla de enfermería y lavatorios, cerveza rancia y desinfectante”, nuestro “Humilde Narrador” droga y lacera a dos chicos de diez años, corta a Lerdo con su britba y roba y asesina a una anciana solterona: “la bábuchca dijo: –Escuerzo, no toques a mis gatitos –y me arañó la cara. De modo que yo criché: –Sunca vieja y hedionda –y alcé la malenca estatua de plata y le di un buen tolchoco en la golová, y así la callé realmente joroschó”.
En el breve hiato entre estas dos tormentas de “ultraviolencia” (el día uno y el día dos de la novela), Alex vuelve a su casa –al Bloque Municipal 18 A–. Y aquí lo peor que hace es mantener despiertos a sus padres jugando con el estéreo en su habitación. Primero escucha un nuevo concierto de violín antes de proseguir con Mozart y Bach. Burgess evoca las sensaciones de Alex en un pasaje lleno de bravura que le debe menos al nadsat o el dialecto adolescente y más a las ondulaciones del Ulises de Joyce: “Los trombones crujían como láminas de oro bajo mi cama, y detrás de mi golová las trompetas lanzaban lenguas de plata, y al lado de la puerta los timbales me asaltaban las tripas y brotaban otra vez como un trueno de caramelo. Oh, era una maravilla de maravillas. Y entonces, como un ave de hilos entretejidos del más raro metal celeste, o un vino de plata que flotaba en una nave del espacio, perdida toda gravedad, llegó el solo de violín imponiéndose a las otras cuerdas y alzó como una jaula de seda alrededor de mi cama”. Aquí sentimos el poder de ese latido o susurro inaugural –la insistencia autoral de que la Bestia va a ser susceptible a la Belleza–. De un golpe, y sin sentimentalismos, Alex es decisivamente realineado. Ahora ha sido equipado con un alma e incluso una sospecha de inocencia, una sospecha confirmada por la hábil revelación de las últimas líneas de la primera parte: “Eso era todo. La había hecho buena. Y yo apenas tenía quince años”.
A fines de los ’50, cuando La naranja mecánica era solamente un brillo en los ojos del autor, los diarios monótonamente se quejaban de la ola de delincuencia masiva, mientras los Teddy Boys de la posguerra se diversificaban y multiplicaban en Mods y Rockers (que más tarde evolucionarían en Hippies y Skinheads). Mientras tanto, las revistas literarias estaban muchos más preocupadas con los efectos posteriores de la Segunda Guerra Mundial –en particular la supuestamente asombrosa coexistencia, en el Tercer Reich, de la barbarie industrializada y la Alta Cultura. Este es un debate al que la novela, valientemente, se une–.
Desnudo sobre su cama, deslumbrado por Mozart y Bach, Alex recuerda con orgullo sus logros de esa noche, con el escritor y su esposa: “Y mientras slusaba la parda suntuosidad del starrio maestro alemán se me ocurrió que me hubiese gustado tolchocarlos más fuerte, a la ptitsa y al veco, y abrirlos en tiras allí mismo en el piso de la casita”.
Así Burgess pone de manifiesto la siniestra pero no imposible sugerencia de que Beethoven y Birkenau no coexistieron, meramente. Se combinaron y conspiraron, inspirando sueños demenciales de supremacía y omnipotencia.
En la parte 2 la violencia no viene de abajo, sino de arriba: es la limpia y focalizada violencia del Estado. Habiendo pasado dos años de su sentencia, el enteramente incorregible Alex es seleccionado para el Tratamiento de Recuperación (usando la “técnica Ludovico”). Esto termina siendo un curso rápido de terapia de aversión. Cada mañana se le inyecta una droga que provoca náuseas y en silla de ruedas se lo lleva a una sala de cine, donde su cabeza es inmovilizada sobre el asiento y sus ojos obligados a permanecer abiertos con agujas; y después se apagan las luces.
Al principio Alex es obligado a ver escenas familiares de violencia recreacional (tolchocar málchicas, ptitsas crichando y cosas así). Después se avanza a mutilaciones, torturas japonesas (“incluso se videaba cómo le cortaban la golová a un soldado de un sablazo”) y finalmente un noticiero con águilas y swásticas, escuadrones de fusilamiento, cadáveres desnudos. La banda de sonido del último clip es la 5ª Sinfonía de Beethoven. “Basta, sodos grasños y asquerosos –grazna Alex cuando la cinta termina–. Usar de ese modo a Ludwig van. El no le hizo daño a nadie. Beethoven no hizo más que escribir música –y entonces me sentí realmente enfermo y tuvieron que traerme un recipiente que tenía forma de riñón... –No puede evitarlo –replicó el Dr. Branom–. El hombre destruye lo que ama, como dijo el poeta-prisionero. Quizá hemos encontrado el factor personal de castigo. Esto seguramente complacerá al director.”
De ahora en adelante Alex sentirá intensas náuseas, no sólo cuando contemple la violencia sino también cuando escuche a Ludwig van y a otros maestros celestiales. Su alma, tal como era, ha sido extirpada.
Ahora nos embarcamos en las curiosas disculpas de la parte 3. “Nada raro durará mucho”, dijo Samuel Johnson –y quería decir que el apetito de los lectores por lo extraño se sacia rápidamente–. Burgess (a diferencia de, digamos, Kafka) es sensible a esta ley casi infalible; pero se puede argumentar que La naranja mecánica debería haber sido incluso más corta que sus 196 páginas. De hecho la novela fue publicada con dos finales diferentes. La edición norteamericana omite el capítulo final (ésta es la versión que usó Kubrick) y cierra con Alex recuperándose de un catártico intento de suicidio. Está escuchando la Novena de Beethoven: “Cuando llegó el scherzo pude videarme clarito corriendo y corriendo sobre nogas muy livianas y misteriosas, tajeándole todo el litso al mundo crichante con mi filosa britba. Y todavía faltaban el movimiento lento y el canto hermoso del último movimiento. Sí, yo ya estaba curado”.
Este es el final “oscuro”. En la versión oficial, sin embargo, a Alex se le brinda la redención completa. Simplemente –y sentimentalmente– “supera” los atavismos de la juventud y empieza a tener deseos de casarse y sentar cabeza; sus gustos musicales viran hacia “lo que llaman lieder, sólo una golosa y un piano, muy callado y bastante nostálgico”; y carga con él una foto, recortada de un diario, de un bebé regordete “un bebé gorgoteando goo goo goo”. Así que se nos pide que aceptemos que Alex se ha vuelto blando y pensativo –a los 18 años–.
Se siente como una sorprendente pérdida de coraje de parte de Burgess o un recrudecimiento (recordemos que era católico agustiniano) de una culpa religiosa y autoflagelante. Horrorizada por su propia energía transgresora, la novela se somete a su propio Tratamiento de Recuperación, administrado severamente por el autor. Burgess sabía que algo estaba mal: “Un trabajo demasiado didáctico para ser artístico”, admitió a medias, “arte puro arrastrado a la arena de la moralidad”. Y no debería haberse preocupado: Alex puede ser un adolescente pero los lectores son adultos y están perfectamente en paz con lo imposible de regenerar. Además, La naranja mecánica es, en esencia, comedia negra. Cuando se la confronta con el mal, la comedia no siente la necesidad de castigar o corregir. Responde con una risotada corrosiva.
En su libro sobre Joyce, Joysprick (1973), Burgess hizo una provocativa distinción entre lo que llama un novelista clase A y uno clase B: el novelista clase A está interesado en la trama, los personajes y la profundidad psicológica, mientras que el novelista clase B está interesado, sobre todo, en jugar con las palabras. La más famosa novela clase B es Finnegans Wake, que Nabokov describió como “una novela que es como un budín frío, como un ronquido en la habitación de al lado”; y lo mismo puede decirse de Ada o el ardor, por lejos la más B de las diecinueve ficciones de Nabokov. De todos modos, como género, la novela B está completamente muerta; y La naranja mecánica puede ser su única sobreviviente de largo aliento. Es un libro que todavía puede leerse con sostenido placer, continuo entretenimiento y, a veces, incrédula admiración. Anthony Burgess no es, entonces, un novelista B menor, como se describió a sí mismo; es el único novelista B. Creo que esa definición lo conformaría.
FUNDÉU RECOMIENDA...
Recomendación del día
construido, incluido... no llevan tilde
El diptongo -ui- no se tilda en los participios de los verbos terminados en -uir (distribuir, distribuido; concluir, concluido, etc.).
Sin embargo, en muchas ocasiones se encuentra este diptongo tildado incorrectamente: «La comunidad ha destruído el doble de empresas en los cinco primeros meses de 2011»; «Dan por concluídos los acuerdos que sellaron entonces»; «Sus pinturas se han atribuído durante siglos al autor de La Gioconda».
El diptongo -ui- se tilda cuando recae en él el acento en palabras esdrújulas (cuídalo, construírsela) o en agudas terminadas en vocal (influí, incluí) o en s (derruís, excluís), pero no en las llanas terminadas en vocal (fluido, jesuita, incluida) o en s (destruidas, imbuidos, recluidos).
En los ejemplos anteriores, el diptongo -ui- se encuentra en palabras llanas que terminan en vocal o en s, y por tanto no debería haberse tildado: «La comunidad ha destruido el doble de empresas en los cinco primeros meses del 2011»; «Dan por concluidos los acuerdos que sellaron entonces»; «Sus pinturas se han atribuido durante siglos al autor de La Gioconda».
domingo, 16 de dezembro de 2012
ERRORES DEL LENGUAJE
Curso: Errores comunes en el lenguaje periodístico (y general)
Autor: Alberto Fernández, colaboración de Pilar Úcar Ventura (Universidad Pontificia de Comillas, Madrid)
Introducción:
El objetivo principal de este grupo de artículos es mostrar al público errores de expresión que se cometen a menudo y, tras haberlos comentado, proponer una solución para ellos con el fin de evitar que se extiendan al lenguaje general. Se trata de una pequeña colección de errores comunes en el lenguaje periodístico, pero bien podría referirse al lenguaje de todos los días, puesto que la gente modifica su manera de hablar según lo que oye en los medios de comunicación, lo que demuestra que los periodistas cuentan con una poderosa arma que muchas veces utilizan a la ligera, sin pensar en las consecuencias que se derivan de ello. Éste no se puede considerar de ningún modo un proyecto exhaustivo, sino una especie de “denuncia” a aquellos que, siendo profesionales de la palabra, deciden, sin embargo, poner en evidencia sus conocimientos lingüísticos. Las fuentes que se han utilizado varían desde libros de estilo hasta artículos de periódico. Se ha contado con la inestimable ayuda de Pilar Úcar Miranda, escritora y profesora de lengua y cultura españolas en la Universidad Pontificia de Comillas de Madrid, que también ha sido coautora de varios de los artículos, y a la propia universidad por ceder su Sala de Recursos para la realización del trabajo.
1 - A NIVEL DE EXPRESIÓN
Ya no recuerdo a qué se refería aquella secretaria que salió en las noticias de cierta cadena cuando le preguntaron. Sea lo que fuese, ella lo había “consultado a nivel de jefes”. ¿No sería bastante más sencillo y natural decir “lo he consultado a los jefes”?
Un locutor de radio mencionó que los sombreros de paja son muy molestos cuando hace frío, “ a nivel de que entra aire en el sombrero”. Verdaderamente, los periodistas locutan mucho, pero parece que no saben ni hablar.
A nivel personal, a nivel mundial, a nivel general… Cosas así se pueden escuchar casi todos días. Creo yo que se trata de un galicismo, que proviene de la expresión “au niveau de”, y que ahora se ha convertido ya en un tópico del que incluso algunos correctores ortográficos de ordenador avisan 1. Como diría mi profesora de francés, “C’est une expression très à la mode” a la que casi nos hemos acostumbrado.
Es correcto decir que nos situamos al nivel de Europa, que tal punto está a nivel del mar, que el nivel de lenguaje de un escrito es culto… siempre que haya distintos niveles que distinguir, pero nunca lo es usarlo porque sí.
En un artículo al que fácilmente se puede acceder desde Internet, se dice que “ la expresión no es correcta, pero tampoco es incorrecta” * , aunque el autor del artículo agrega: “Deducimos de la omisión del Diccionario de la RAE y del María Moliner , que es mejor no usarla , y que su pronunciación obedece más a una falsa acreditación cultural que a un sincero conocimiento de la lengua.” * . En el Libro de estilo de El País podemos leer que se trata de una “expresión que suele ser mal empleada, puesto que implica un concepto de altura (‘a nivel del mar', ‘no ha llegado al nivel de otras veces'). Es incorrecta cuando se usa para extensiones o similares: ‘está prohibido a nivel estatal', ‘hay que hacerlo a nivel de prueba'. En el Museo de los horrores del Centro Virtual Cervantes nos encontramos con que «el sustantivo nivel significa “altura”, “grado, categoría, situación”. No debe utilizarse a nivel de sin que aluda a esos significados». También se nos proponen ejemplos correctos:
-Yo no puedo ponerme al nivel de ese jugador.
-A nivel del mar.
-A nivel de la superficie terrestre, hay anticiclón.
-Ya estamos a nivel europeo.
Lo que está claro es que la expresión a nivel se puede sustituir por otras ( a nivel personal : personalmente, a nivel mundial : en el mundo, a nivel general : en general, a nivel de Estado : a escala o en el ámbito estatal…), y suena bastante más idiomático.
* Citas de “A nivel de… En el límite de la incorrección”, Eduardo Domínguez
Avión de Papel
Marzo de 2000
http://www.aviondepapel.com/cajas/anivelde.htm
¿PORQUÉ SE PERDIERON LOS BUENOS MODALES?
Es una pregunta que se hacen muchos nostálgicos de otras épocas; ¿en dónde quedó el respeto?; expertos analizan la pérdida de las formas en la sociedad
Por Julieta Paci | LA NACION
Pícaros que buscan la forma de colarse en todas partes; encuentros siempre interrumpidos por celulares y computadoras; asientos que jamás son cedidos a ancianos y embarazadas; y palabras de agradecimiento nunca pronunciadas son algunas de las acciones cotidianas de millones de argentinos que hace que muchos se pregunten:
¿En dónde quedaron el respeto y los buenos modales?
Según José Eduardo Abadi, médico psiquiatra, psicoanalista y escritor, los buenos modales pueden haberse perdido por varios factores. "Por un lado la gente vive apurada, estresada, y esto hace que no pueda detenerse a pensar en el otro. Por otra parte, los argentinos nos sentimos inseguros todo el tiempo, eso genera una fantasía persecutoria que deriva en un comportamiento antipático y defensivo".
Para Sergio Sinay , escritor, periodista y especialista en vínculos humanos, lo que sucede es que se han olvidado los contratos sociales: "Hoy muchos piensan que se puede sobrevivir sin el otro y, a partir de allí, se pierden los buenos modales porque para que ellos puedan ser implementados se necesita comprender que el de al lado es esencial para nuestras vidas; como dijo alguna vez el filósofo lituano Emanuel Levinas, 'Primero usted, por favor'".
El especialista afirma que esta situación se viene dando, de manera gradual, desde la década de los 90. "A partir de una economía salvaje, consumista, y del auge de la tecnología; cuando comenzó a pensarse que los seres humamos podíamos vivir recluidos, rodeados de aparatos, e incluso reemplazados por ellos".
Edith Cortelezzi, experta en ceremonial y protocolo, autora del libro Buenos modales, buenos negocios , asegura que la falta de modales se nota a partir de las últimas tres generaciones, cuando la mujer dejó el hogar para comenzar a trabajar. "Desde entonces, los chicos quedaron 'huérfanos' de aquella capacitación esencial que recibían en su casa y luego, al llegar a la escuela, tampoco eran instruidos sobre el tema". En sintonía, la famosa Eugenia de Chikoff, también especialista en protocolo y ceremonial, expresa que lo que sucede se debe a que "la familia ya no es lo que era antes, donde la madre educaba y el hombre la apoyaba".
LO QUE MÁS MOLESTA A LOS ARGENTINOS
Entre las cosas que más molestan a los argentinos se destacan el desinterés por el prójimo, la apatía, la falta de cordialidad tanto en la vía pública como en lugares privados, las interrupciones continuas de celulares y diversos aparatos tecnológicos que no permiten una conversación fluida.
"Lo que más me fastidia es que la gente no pida 'por favor' y que no agradezca cuando recibe algo", dice Juan José Mac Mahon, abogado, de 45 años. Para Joaquín Pedroso, director de cine, de 24, "no hay nada peor que cederle el paso a alguien o abrirle la puerta y que encima de no agradecer mire para abajo y siga de largo".
"Detesto a la gente que arroja escupitajos en la calle, especialmente a los que lo hacen a centímetros de uno, también a los que tiran desechos por la ventanilla del tren o el colectivo como si la calle fuera un gran tacho de basura", se queja Malena Ibarra, escenógrafa, de 24 años. Pablo Castelli, contador, de 32, cuenta que en más de una oportunidad se ha encontrado con gente que no respeta las filas para ser atendido.
Especialistas afirman que lo que sucede se debe a que "la familia ya no es lo que era antes, donde la madre educaba y el hombre la apoyaba"
Otros manifiestan que el temor a ser víctimas de un delito en medio de la vía pública hace que los peatones se muestren indiferentes o se nieguen a responder ante una consulta y así se pierda la cortesía que existía tiempo atrás. "Muchas veces me acerco a preguntar por una calle o por una dirección y no obtengo respuesta. Es algo que sucede cada vez más a menudo porque la gente tiene miedo de que uno les vaya a robar o hacer algo. Lo que pasa habitualmente es que se sobresaltan y luego comienzan a caminar rápido como queriendo escapar", dice Federico Quintela, estudiante de economía empresarial, de 21 años.
La inseguridad provoca, cada día más, que los individuos de la sociedad se vuelvan desconfiados, se sientan perseguidos, y que muchas acciones que antes parecían normales se vayan convirtiendo en excepcionales dejando atrás la cortesía y las buenas formas.
HERRAMIENTAS TECNOLÓGICAS, GRANDES ENEMIGAS
En el último tiempo, con los importantes avances tecnológicos, los celulares y las computadoras se han incorporado a la vida diaria y, según manifiestan algunos especialistas, la mala utilización de ellos también ha influido en esta degradación.
"El problema radica en la utilización de las herramientas tecnológicas. Hoy los instrumentos no están al servicio de las personas, como debería ser, sino a la inversa. Los seres humanos se despersonalizan y pierden los modales al olvidarse de que el otro existe y de que espera ser respetado", explica Sinay. También asegura que, en más de una oportunidad, ha visto cómo los integrantes de una familia cenan mientras se la pasan mandando mensajes en el celular, tratando de esconderlos en su regazo, y parejas en la que uno espera aburrido a que el otro termine de hablar.
Chikoff dice estar "en contra de los celulares y de las personas que caminan por la calle hablando por teléfono mandándose la parte como si tuvieran más poder que el resto, cuando lo único que tienen es mala educación". Para ella en el camino "hay que disfrutar de los árboles, del aroma de las flores, del cantar de los pájaros, del paisaje, y los celulares destruyen la intimidad, la paz y la tranquilidad".
Los expertos coinciden en que la buena educación se basa en conocer las reglas, respetar los límites y el espacio del otro.
Para Abadi uno de los problemas principales es que "la sociedad argentina está alejada de la ternura ya que los lazos entre los individuos de la comunidad son frágiles; no hay normas ni límites, y el otro es visto como un potencial enemigo, un peligro, y no como un aliado".
"Pareciera que la preocupación por el prójimo ha disminuido, hoy cada uno atiende su juego. A esto se agrega un creciente desprecio por las normas establecidas, justificando cualquier violación de las mismas bajo la premisa de que 'todos lo hacen y no pasa nada'", dice José María Condomí Alcorta, licenciado en organización de empresas, de 61 años, que padece a diario la indiferencia.
"Los buenos modales son un pilar esencial tanto para andar por la calle u obtener un trabajo como para relacionarse en un lugar de esparcimiento. Las personas bien educadas, sin duda, marcan la diferencia", dice Cortelezzi.
Sinay asegura que los buenos modales pueden ser recuperados, pero para que ello suceda se necesita de un trabajo conciente. "Es fundamental comprender que el otro es imprescindible para vivir mejor. Debemos comenzar con pequeños acuerdos desde el núcleo más íntimo, implementándolos en situaciones cotidianas, para que éstos luego puedan expandirse -y añade-. Esperar que la sociedad cambie es en vano si no empezamos por nosotros mismos"..
sábado, 15 de dezembro de 2012
DEL IDIOMA
REFRANERO NEGRO
María Luisa García Moreno
Revista Pionero, Cuba,
Octubre, 2012
De la cultura africana, nos llegan numerosos refranes o proverbios acuñados por la experiencia colectiva a través del tiempo, con temas diversos y relacionados con su realidad.
Proceden de aquella época en que la tradición oral llevaba el saber popular de una generación a otra. Y ¡claro!, muchos se ajustaron al nuevo entorno en que los esclavos traídos desde el continente negro desarrollaron sus vidas en estas tierras. De esa forma contribuyeron a enriquecer nuestra propia herencia cultural.
Por ejemplo, uno de esos refranes, de origen congo, dice: «Cuando el leopardo está ausente la gacela baila». En América, donde no hay ni leopardos ni gacelas, pronto se transformó: «Cuando el gato está ausente, los ratones se divierten (o se van de fiesta)». ¿Y no has oído ese otro que reza: «Árbol que nace torcido, jamás su tronco endereza» (quizás el único errado, pues la educación ha demostrado su poder en este sentido). Mira el original, de origen yoruba: «¿Por qué nos quejamos de que un árbol salga torcido cuando en nuestras calles hay personas torcidas?», que no presenta, por cierto, el fatalismo del más común entre nosotros.
Hay otros tres que, aunque no les conozco relación con los nuestros, me parecen muy interesantes y te los quiero regalar convencida de su profunda verdad: «Hasta que los leones tengan sus propios historiadores, las historias de caza siempre glorificarán al cazador»; «La mentira es como un pez muerto, siempre sale a la superficie» y «Cada hombre deja sus huellas».
LA LENGUA VIVA
Humor se escribe con hache
Amando de Miguel
Demos la bienvenida a un nuevo libertario, curtido ya en las batallas del Facebook. Se trata de José Cuevas Yáñez, que en su día fue nombrado Prioste de la Cofradía de mi Facebook. En esa posición se encargó de recordarnos cotidianamente los escolios filosóficos de Nicolás Gómez Dávila, el famoso pensador colombiano, una especie de Ortega y Gasset americano. Don José Cuevas ha acuñado el verbopriostar para introducir unas gotas de humor en las comunicaciones internéticas. Nos vendría muy bien que replicara aquí la experiencia. El humor es la mejor demostración de que muchas palabras acarrean un doble sentido.
En la misma línea humorística, Juan Antonio Fernández M. me envía algunos chistes desternillantes. Reproduzco resumidos dos de ellos. Se trata de un profesor de enseñanza primaria (o como se llame ahora) que trata de provocar a sus alumnos para que imaginen lo que van a ser de mayores. Jaimito contesta que de mayor será millonario, irá a las fiestas llevando a la puta más cara, a la que regalaría una mansión, un yate, un coche deportivo y más cosas. Después de ese deseo, el profesor señala a una alumna: "Y tú, Luisita, ¿qué quieres ser de mayor?". La niña responde: "Profe, yo la puta".
El otro suceso que cuenta mi corresponsal revela muy bien la gracia que supone la sorpresa. Se trata de una excursión de moteros, de esos que hacen trepidar sus Harley Davidson. Al pasar por un puente, la pandilla se encuentra con una delicada muchacha dispuesta a saltar por la barandilla. El jefe de los moteros hace parar a sus seguidores y se dirigen a la muchacha. La cual les comunica que se va a suicidar. El musculoso y rudo jefe de los moteros le dice que adelante, pero le pide que antes le dé un apasionado beso de despedida. La muchacha accede con gusto y ambos se estrechan en un romántico beso. El motero reconoce que ha sido el beso más cálido que le han dado en su vida. Lo cual le da ánimos para preguntar a la chica por qué se va a suicidar. La respuesta es así de sincera: "Es que a mi papá no le gusta que me vista de mujer".
Julio Iglesias de Ussel relata la conversación oída en un bar de Granada. Sintetizo mucho por mor del espacio que tengo. Uno de los paisanos deja caer que le han dado la invalidez, pero que sigue regentando el negocio que tenía con su mujer. Su compañero le felicita por la astucia y añade que él despidió a los tres trabajadores que tenía en el taller para ahorrarse los seguros sociales. De esa forma los tres trabajadores siguen trabajando y cobrando el paro al mismo tiempo. Todos contentos. Su compañero se congratula de esa forma de hacer las cosas y le comunica que a su hija le ha regalado un BMW A3, pero que la chica es muy lista y ha conseguido una beca de 5.000 eurillos. Hay que defenderse. Por eso en su taller no acepta facturas con IVA, que solo sirven para engordar a los chorizos del Gobierno. Claro que lo mejor es haber conseguido una declaración de discapacidad para su padre, y así él puede aparcar tranquilamente en los lugares reservados para minusválidos. Los dos interlocutores se entretienen después en hacer ascos de los casos de corrupción en el Ayuntamiento y en la Comunidad. La conversación se interrumpe porque el primer interlocutor recuerda que su coche lleva un rato en segunda fila. Don Julio comenta que conversaciones como la que él recogió en el bar de Granada se pueden documentar en muchos lugares. Se pregunta si, después de esto, nos merecemos los políticos que nos gobiernan. Aquí el antropólogo se pone serio. El humor es una forma de enfrentarse a las inquietudes y tribulaciones cotidianas.
Cualquiera puede observar que en las conversaciones corrientes se desliza cada vez más el tono de sarcasmo. Los comentarios políticos de Federico Jiménez Losantos apuntan cada vez más a la calificación de grotescos que tienen los personajes públicos. En las tertulias de la radio o de la tele se emplea cada vez más el recurso de la ironía.
Contacte con Amando de Miguel http://www.libertaddigital.com/opinion/amando-de-miguel/humor-se-escribe-con-hache-66721/
EZRA POUND
El poeta de la contradicción
09.12.2012 | Ezra Pound, un gran artista cuestionado por su integridad moral. Muerto cuarenta años atrás, el 1º de noviembre de 1972, es una de las cumbres de la lírica por "Los cantos", libro considerado como la mayor epopeya en lengua inglesa del siglo pasado. Su orientación política desmereció su producción.
Ezra Pound dedicó cuarenta y cinco años de su vida a escribir "Los cantos", un libro que luego influyó en muchos poetas, escritores y pintores, a quienes ayudó a difundir su propios trabajos como al novelista estadounidense Ernest Hemingway, o el irlandés James Joyce o el poeta norteamericano T. S. Eliot, entre otros.
En su libro "Allen Verbatim", una colección de sus conferencias sobre "poesía, política, conciencia", de 1974, el poeta estadounidense Allen Ginsberg considera a Pound ""el más grande poeta"" del siglo XX, debido a que exploró nuevas formas del habla desde Walt Whitman.
"Haré un pacto contigo Walt Whitman/ Te he detestado ya bastante./ Vengo a ti como un niño crecido/ Que ha tenido un papá testarudo;/ Ya tengo edad de hacer amigos./ Fuiste tú el que cortaste la madera,/Ya es tiempo ahora de labrar./Tenemos la misma savia y la misma raíz./ Haya comercio, pues, entre nosotros", dice Pound en su poema "Un pacto", traducido al español por el poeta Ernesto Cardenal.
APOYO FASCISTA
Pound, quien apoyaba las ideas de Benito Mussolini y fue acusado de antisemitismo, escribió "Personae" (1926), "Los cantos" (cuya edición definitiva de ciento diecisiete poemas estuvo terminada en 1970), y numerosos ensayos literarios, entre otros libros.
También compuso "Los cantos pisanos" (1948) en una jaula al aire libre en Pisa, Italia, en condiciones infrahumanas, tras ser capturado por las tropas estadounidenses que invadieron Italia en la Segunda Guerra Mundial.
Pound fue acusado de "traición" por difundir por radio la propaganda fascista y acusar al entonces presidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt de "tener la idea norteña del dinero".
Tan grande era la fama de Pound en Estados Unidos, que en 1949 le fue otorgado por la Biblioteca del Congreso el premio Bollingen por "Los cantos pisanos", que fue considerado el mejor libro de poesía del año.
Pound escribió varias notas para expresar sus pensamientos literarios, incluida una en la que se refiere al lenguaje y dice: "No uses ninguna palabra superficial, ningún adjetivo que no revele algo. No uses expresiones como "brumosas tierras en paz". Embota la imagen. Mezcla una abstracción con lo concreto".
OBVIAMENTE LOCO
En una carta enviada al escritor y poeta norteamericano Archibald MacLeish, el 10 de agosto de 1943, desde Finca Vigía, Cuba, Hemingway señala que Pound "está, obviamente, loco".
Sin embargo afirma: "(Pound) no debería ser colgado y no debería ser un mártir. Porque tiene una larga historia de solidaridad y generosidad con otros artistas. Es uno de los más grandes poetas vivos".
Con Eliot, especialmente, Pound tenía una relación especial, ya que le entregaba sus borradores de poemas y el autor de "Los cantos" se los corregía, como ocurrió con el celebrado poema "Waste Land" (La tierra baldía) que lo redujo a la mitad con un lápiz azul.
Pound fundó también el "imaginismo", considerada una estética moderna en los primeros años del siglo XX, que significó un cambio fundamental en el intercambio de ideas entre los poetas británicos y los estadounidenses.
Esta disciplina basó su técnica en la poesía clásica china y japonesa, dotándola de claridad, precisión y economía del lenguaje en la rima tradicional, con el fin de "componer en la secuencia de la frase musical, no en la secuencia del metrónomo", según afirmó Pound.
Nacido en Hailey, Idaho, en 1885, Pound completó dos años de la Universidad de Pennsylvania -donde aprendió varios idiomas- y ganó un grado en el colegio universitario de Hamilton en 1905.
EDITOR DE LUJO
Después de enseñar en el Colegio Wabash por dos años, Pound viajó a España, Italia y Londres, donde fue albacea literario del erudito Ernest Fenellosa. A partir de allí comenzó a interesarse en la poesía japonesa y china; luego se casó con Dorothy Shakespear, en 1914, y se convirtió en el editor de la londinense Little Review en 1917.
En 1924, Pound volvió a Italia, donde se involucra en los movimientos fascistas. Tras ser arrestado en Roma en 1945 por el Ejército estadounidense, regresó a Estados Unidos, donde fue absuelto del cargo de traición en 1946, pero declarado mentalmente enfermo, por lo que fue recluido en el departamento de "locos furiosos" del hospital St. Elizabeth en Washington.
Después de que varios escritores reclamaran su libertad, Pound abandonó el hospital en 1958 y viajó a Italia, donde vivió en Venecia -semirrecluido- hasta su muerte.
"Que la verdad se encuentra en la bondad" dice Pound en su canto CXIV. "Cuando nuestros amigos se odian entre sí ¿cómo puede haber paz en el mundo?", se pregunta en el canto CXV. También dijo en su poema "El mensaje del señor Housman": "La condición humana es desgraciada".
Assinar:
Postagens (Atom)
LA RECOMENDACIÓN DIARIA
LA RECOMENDACIÓN DIARIA resistencia a los antimicrobianos , mejor que resistencia antimicrobiana Resistencia a los antimicrobianos , no...
-
Sistema de produção Toyota - Versão em Português Autor: M.C. Juan Alejandro Garza Rodríguez Eliminar t...
-
O PENSAMENTO DE MANFRED KETS DE VRIES. Fontes: “Os Lideres no Divã.”, Revista Época Edição 569 – Quem é Manfred Kets de Vries? Profess...
-
A Guerra da água começa: Os primeiros passos o dão as grandes empresas FONTE: TARINGA.NET Faz anos, cada certo tempo, surge timidamente uma ...






