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quinta-feira, 19 de dezembro de 2013

El lenguaje en el tiempo


Tema
Por: FERNANDO ÁVILA |



Fernando Ávila, delegado de la Fundéu BBVA para Colombia, explica el correcto uso de esta palabra.

Cita: “El ejercicio es un tema esencial en su vida”.
Comentario: La frase corresponde al perfil de Taliana Vargas que publica la edición de este mes de la revista Bocas. La exseñorita Colombia dice al respecto: “Soy hiperactiva y, si no me ejercito, no puedo dormir. Me encanta montar en bicicleta, trotar, nadar y boxear”.
Lo esencial en la vida de Taliana, entonces, es el ejercicio, no el tema del ejercicio. El tema del ejercicio es esencial a alguien que se la pase hablando de ello, no a alguien que se la pase haciendo ejercicio. Tema es ‘idea’, ‘asunto’.
Esta confusión de lo abstracto (el tema) con lo concreto (la cosa) es común en estos tiempos. Se oye y se lee con frecuencia “no llegué a tiempo por el tema del trancón”, “nos está perjudicando el tema de las inundaciones”, “hay que acabar con el tema de la guerra”, cuando lo que se quiere decir es “no llegué a tiempo por el trancón”, “nos están perjudicando las inundaciones”, “hay que acabar con la guerra”, pues el tema no tiene nada que ver en ninguno de los casos.
La confusión se extiende a otras realidades, como puede verse cotidianamente con las voces proyecto y esquema. A una obra ya terminada se le sigue diciendo proyecto, cuando el proyecto son los planos y presupuestos, y a un operativo de seguridad se le dice esquema, cuando el esquema no es más que el dibujo de lo que deberá ser el operativo. ¡Quién sabe qué pasó con las clases de filosofía de sexto de bachillerato en las que se establecían las diferencias entre materia y forma, esencia y accidentes, concreto y abstracto…!
Lustro
Cita: “El primer lustro de las SAS, reflejo de la evolución del Derecho Privado”.
Comentario: Dice el texto del quincenario Ámbito Jurídico así titulado, que las SAS fueron creadas por la Ley 1258 del 5 de diciembre de 2011, lo que no da un lustro, sino dos años. El error en realidad no está en la palabra lustro, que equivale a ‘quinquenio (cinco años), sino en el año de la ley, que es 2008, y no 2011, como se escribió, pues en tal caso el primer lustro se cumpliría en el 2016.
FERNANDO ÁVILA, DELEGADO DE LA FUNDÉU BBVA COLOMBIA

‘Palabras moribundas’




‘Palabras moribundas’ que quizá no oigas nunca más
http://www.yorokobu.es/palabras-moribundas/


Las palabras están sujetas al efecto plastilina. Van cambiando con el uso y dependen de las manos en las que caigan. La utilización determina si un término es común o es raro, si está de moda o tiene los días contados. Vocablos como pocholo, guateque, enagua o aviador inundaron conversaciones de otras épocas. Hoy, en cambio, agonizan.

Son “palabras moribundas”. Términos que se dejaron de usar y que están en peligro de muerte. La especialista en geolingüística y dialectología Pilar G. Mouton lleva más de 15 años investigando y, de algún modo, rescatando vocablos que están cayendo en el olvido. No es nada trágico. Está en la propia naturaleza de la lengua. Nacer, morir, evolucionar y a veces, incluso, resucitar.

“Muchas palabras mueren porque desaparecen las cosas que representan”, explica la investigadora del CSIC. “De esto ya hablaron los lingüistas alemanes hace mucho tiempo. Estudiaban las palabras y las cosas. Es un trabajo de geografía lingüística. Esto ocurre, por ejemplo, con palabras relacionadas con la siembra, la cosecha y sus ritos. La desaparición de esta actividad supone la pérdida de los instrumentos utilizados en la siembra y sus ritos asociados”.

Quedan fuera de la lengua palabras centenarias y términos que tuvieron una vida muy breve. Tan corta que cuando las admite la RAE ya se han dejado de usar. Eso ocurrió con pocholo, por ejemplo. “Era una palabra moderna y cuando la incluyeron en el diccionario ya resultaba antigua”.

Puede que el mundo cambie y la palabra, no. Hay términos que parecen estar más allá del bien y del mal, del espacio y el tiempo. Así ocurre con el agua, el cielo, la paz o el amor. Hay otras, en cambio, que mueren y vuelven a vivir. Eso ocurrió, por ejemplo, con azafata. Pilar G. Mouton y Álex Grijelmo explican la evolución de este vocablo en su libro Palabras moribundas, de Taurus. Azafate entró en el español con la llegada de los árabes. En aquella época era una «bandeja con borde de poca altura» y de ahí surgió azafata. En 1726 los dos términos se incorporan al Diccionario de Autoridades para describir el “oficio de la Casa Real, que sirve una viuda noble, la qual guarda y tiene en su poder las alhájas y vestídos de la Réina, y entra a despertarla con la Camaréra mayor, y una señora de honór, llevando en un azafáte el vestído y demás cosas que se ha de poner la Réina, las quales vá dando à la Camaréra mayor, que es quien las sirve. Llámase Azafáta por el azafáte que lleva y tiene en las manos mientras se viste la Réina”.

Muchas palabras patrimoniales que no se mencionan en los medios ni en las ciudades están bajo sospecha y caen en descrédito
La definición se fue haciendo cada vez más breve en las siguientes ediciones del léxico de la Academia. El uso también iba cambiando al paso de los nuevos tiempos. El vocablo parecía estar condenado a su desaparición pero, de pronto, el auge de la aviación lo rescató del olvido y lo utilizó para nombrar a las «empleadas de las compañías aéreas que se encargan de atender –también con una bandeja– a los ilustres pasajeros». Azafata no solo revivió. Salió de la habitación de la reina y empezó a viajar por el mundo. No solo en aviones. También en trenes, barcos y autobuses. Y, además, admitió un compañero de viaje. El masculino: azafato.

Hay otra forma de volver al mundo. Una palabra puede ser rescatada para describir algo que nada tiene que ver con su origen. “La palabra servidor ha sido resucitada por la informática”, comenta Mouton, “pero ahora tiene un nuevo significado”.

El concepto de lo políticamente correcto y los eufemismos tienen un peso importante en el efecto plastilina de la lengua. Esto hace que unas palabras se sustituyan por otras en muy poco tiempo o que algunos términos caigan en el más absoluto descrédito. Y aquí los medios de comunicación tienen un poder abrumador. “Ya no se dice retrete, por ejemplo; y en el uso social cambiamos sobaco por axila, mear por orinar”, escriben en Palabras moribundas. “También se produce esa misma sustitución léxica en términos que afectan a la sensibilidad social, y por eso se evitan palabras como pobre, mendigo, subnormal, anormal, mongólico, negro o moro”.

Los autores piensan que los medios de comunicación y la lengua urbana ha hecho el lenguaje más uniforme. Muchas palabras patrimoniales que no se mencionan en los medios ni en las ciudades están bajo sospecha y caen en descrédito. Las tachan de “antiguas, pueblerinas y hasta incorrectas”, dicen. “Lo nuevo tiene prestigio y, sin embargo, aquellas palabras arrinconadas son parte de la riqueza que heredamos de las generaciones anteriores y nos sirven para nombrar nuestra cultura y para leer a los clásicos”.

Pilar G. Mouton sigue buscando palabras en peligro de extinción. En su investigación participan decenas de personas de todo el país. El punto de encuentro es un espacio en RNE, cada quince días, llamado también Palabras moribundas. Muchos individuos dan pistas de términos que oyeron y usaron en su niñez, y hoy apenas se utilizan. “Este programa cumple una función social”, indica la especialista en dialectología. “Recuperamos palabras que se están perdiendo y damos prestigio a palabras antiguas”.

Estos son algunos de los vocablos que están hoy en las puertas del adiós…


Archiperres. Trastos, cosas inútiles. “Se usa en la zona de Burgos y es frecuente en la zona de la Rioja Alavesa, mientras que achiperris, acabada en –is resulta más bien madrileña. En Navalcán (Toledo), achiperres es muy normal para referirse a los adornos –collares, pulseras, abalorios– de alguien que va muy sobrecargado, y también forma parte del vocabulario cotidiano en un pueblecito de Ávila llamado La Colilla. En Melilla hay quien emplea archipirris para designar un conjunto grande de pequeños elementos accesorios o figuritas” (Palabras moribundas, Taurus).

Aviador. En 1914 la definición era así: «Dícese de la persona que gobierna un aparato de aviación o que va en él». Poco se ha revisado desde entonces, según dicen Mouton y Grijelmo en Palabras moribundas, porque la definición académica actual [«Que gobierna un aparato de aviación, especialmente si está provista de licencia para ello»] es muy similar y una “expresión imposible en un lenguaje actualizado”.

“Los hablantes tienen una idea estereotipada de lo que sería un aviador en toda regla de los primeros tiempos de la aviación, con sus gafas de mosca, su gorro y sus orejeras (…). Algunos relacionan la palabra con el presente, pero se trata de un presente que mira al pasado, como la película de Scorsese El aviador (2004), protagonizada por Leonardo di Caprio, y se encuentran ecos del pasado en el nombre del grupo Aviador Dro”.

Cuchipanda. La RAE describe esta palabra como “comida que toman juntas y regocijadamente varias personas”. La definición, como dicen los autores de Palabras moribundas, resulta “un poco cursi” y esto se debe a que no ha cambiado desde que se introdujo en el diccionario, en 1884.

Dandi. Esta palabra resuena hoy a tiempos muertos. El diccionario de la RAE atribuye este término a un «hombre que se distingue por su extremada elegancia y buen tono» (edición de 1983) pero, en la calle, ya nadie habla de dandi. El vocablo se utilizó, sobre todo, en los años centrales del XX. A principios de aquel siglo tampoco era tan común. En 1927, cuando entró en el diccionario, escribieron: “Anglicismo por petimetre”. Era así como llamaban a los hombres refinados y elegantes: Petimetres. Venía del francés, petit maître (pequeño señor, señorito), y tenía un cierto tono despectivo. Llamaban así a una “persona que se preocupa mucho de su compostura y de seguir las modas”.

En 1950 los académicos cambiaron el significado de la palabra y lo sustituyeron por “Anglicismo por lechuguino o pisaverde”. Un lechuguino es un “Muchacho imberbe que se mete a galantear aparentando ser hombre hecho” y un “Hombre joven que se compone mucho y sigue rigurosamente la moda”. Un pisaverde, según Palabras moribundas, es “Hombre presumido y afeminado, que no conoce más ocupación que la de acicalarse, perfumarse y andar vagando todo el día en busca de galanteos”.

Descocado, descocada. «El que muestra demasiada libertad y desenvoltura» (RAE). Esta definición tiene, como dicen Mouton y Grijelmo, “un tonillo de censura”. La palabra aparecía ya en el Diccionario de Autoridades, en el siglo XVIII. Entonces descocarse era: «v.r. Desvergonzarse, descararse, faltar al respeto con insolencia». Eso que hacían las mujeres con escotes profundos y faldas cortas, y los hombres que no se abrochaban la camisa.

Dulcería. «Establecimiento donde los confiteros hacen y venden los dulces, y que a veces es también salón de té». La palabra resiste en Canarias y América. En la península se ha sustituído por pastelería o confitería.

Enagua. Este vocablo procede de un idioma antillano, el taíno. Lo hablaban en Cuba y Puerto Rico en la época en la que Cristóbal Colón llegó a América, y desde allí viajó a España, según Palabras moribundas. El origen era nagua pero con el tiempo se convirtió en enagua o enaguas y se metió entre la ropa interior femenina y el vestido para dar vuelo a la falda.

En la Mancha y otros lugares se llamó también el viso. En Almería, sayas. Después le llamaron combinación. Eran “de tela banca rematadas con puntillas y las niñas solían presumir de ellas, levantándose un poquito el vestido para enseñarlas”. Hace años que la prenda se dejó de utilizar y la palabra, en consecuencia, también.

Fetén. Esta palabra es un préstamo. Viene del caló, el lenguaje de los gitanos españoles, y significa «Bueno, estupendo, excelente» y también «Sincero, auténtico, verdadero, evidente». El uso más antiguo recogido por la Academia data de 1932. En la comedia Usted tiene ojos de mujer fatal, de Enrique Jardiel Poncela, Sergio dice a Adelaida:

–Y lo que te ha dicho Oshidori es la verdad.
–Pero, ¿la verdad fetén?
–La verdad fetenísima.

“La palabra fetén la utiliza sobre todo la generación que ahora tendría más de 90 años. La debieron de aprender en la Guerra Civil para referirse a algo bueno y de calidad en grado superlativo”, dicen en Palabras moribundas. “Debe de ser palabra de los años 30 y 40. Luego, sus hijas la usaron para describir a los chicos de la pandilla más atractivos: «Está fetén» o «Está chipén».

lecheria
Lechería en el barrio madrileño de Lavapiés

Gallofero. «Holgazán y vagabundo que anda pidiendo limosna» (DRAE). Y de ahí salió el verbo gallofear: «Pedir limosna, viviendo vaga y ociosamente, sin aplicarse a trabajo ni ejercicio alguno». La palabra aparece ya en El Lazarillo de Tormes (S. XVI): «Tú bellaco y gallofero eres. Busca un amo a quien sirvas». En el diccionario de 1734 la definición es: «Pobretón, holgazán y ocioso, que se da a la briva, y anda pidiendo limosna». Darse a la briva era ‘hacer vida de pícaro holgazán, de bribón’.

Ganapán. Este término, de etimología transparente, significa «Hombre que se gana la vida llevando recados o transportando bultos de un punto a otro».

Lechería. Esta palabra se utilizaba cuando aún se compraba leche del día. Cuando la leche iba en botella de cristal y se devolvía el casco. El término se fue borrando a la vez que desaparecieron estos establecimentos.

Niqui. Es una prenda de punto y el origen del vocablo procede del alemán. En España entró con una película de Nicholas Ray titulada Llamar a cualquier puerta (1949). En ella aparecía un niño llamado Nicky que vestía siempre una camiseta. Pero la moda no llegó lejos y la palabra ha tenido una vida cortísima en los diccionarios españoles.

Pardiez. El término, como dicen en Palabras moribundas, “suena a Siglo de Oro, a espadachines y caballeros”. Su origen está en la expresión ‘Par Dios’ y la fórmula de juramento ‘lo juro por Dios’. Pero después cambiaron la s por la z para evitar “decir el nombre de Dios en vano”.

Parvulito, parvulita. El DRAE le da varios sentidos. «Dicho de un niño: De muy corta edad», «Inocente, que sabe poco o es fácil de engañar».

Pololos. «Pantalones bombachos cortos que se ponen debajo de la falda y la enagua, y forman parte de algunos trajes regionales femeninos». El uso del vocablo desapareció a la vez que se dejaron de usar.

Zorrocloco. «Hombre tardo en sus acciones y que parece bobo, pero que no se descuida en su utilidad y provecho», según la Academia. El término apareció por primera vez en 1739 con una definición muy parecida y que en su acepción principal define como «Una especie de nuégados en forma de canutillos, que en el Reino de Murcia, y en la Mancha llaman assi».

DICCIONARIO IDEOLÓGICO DE JULIO CASARES








Lexicógrafos de la RAE elogian el «Casares», «un lujo de diccionario»

18/12/2013 | ANA MENDOZA, AGENCIA EFE
Los académicos y lexicógrafos José Manuel Blecua, José Antonio Pascual, Manuel Seco y Pedro Álvarez de Miranda consideran una buena noticia que se haya reeditado el Diccionario ideológico de Julio Casares, «una obra fundamental para todo el mundo» y «un lujo para una lengua».

Este diccionario «es una pieza clave para periodistas y escritores», afirma en declaraciones a Efe Blecua, director de la RAE, con motivo de la reedición por parte de Gredos de este libro que la editorial Gustavo Gili publicó por primera vez en 1942 y que el propio autor revisó y actualizó en 1959.

La edición que rescata Gredos es la del 59 y se publica tal como la dejó su autor. Ese es quizá el único pero que ponen los cuatro académicos consultados: «que no se haya modernizado la obra más conocida de quien fue uno de los principales lexicógrafos del siglo XX», señala Seco.

«Desde el año 59 hasta ahora ha llovido mucho sobre el idioma, sobre la historia de España y los españoles, y van a notarse muchas deficiencias», dice Seco, autor del Diccionario del español actual.

«No está la palabra ‘bolígrafo’ porque no existía cuando se publicó, ni están todas las novedades que ha habido desde entonces», comenta Pascual, vicedirector de la RAE y coautor del Diccionario crítico etimológico hispánico, de Joan Corominas.

«Es un poquito fuerte reeditar sin actualizar un diccionario que es de 1959, la segunda edición, y la primera del 42», afirma Álvarez de Miranda, quien, no obstante, cree que «siguen manteniendo su utilidad» la parte sinóptica y la parte analógica del «Casares», las principales contribuciones de esta obra.

Casares «tuvo muchísimo mérito» al llevar a buen puerto su diccionario, cuya originalidad es que trata de conducir del significado al significante o como dice su autor, «desde la idea a la palabra; desde la palabra a la idea», subraya Álvarez de Miranda, director de la nueva edición del Diccionario de la RAE que se publicará en octubre del próximo año.

El Diccionario ideológico «supone un cambio total», asegura Blecua. «Es la ruptura con el orden alfabético, y supone el concepto de las ideas asociadas a las palabras, un concepto muy nuevo» que Casares planteó en 1921, en su discurso de ingreso en la Academia, y que no fue aceptado por quien entonces la dirigía, Antonio Maura.

Ese rechazo no le extraña a Pascual: «es muy difícil encajar una idea como la que defendía Casares. Los pioneros son incomprendidos casi siempre».

Álvarez de Miranda cree que, cuando la Academia se opuso al proyecto de Casares, «se produjo un malentendido porque él no llegaba a decir que la Academia dejara de publicar su actual diccionario sino que, además del DRAE, hiciera el ideológico».

Pascual tiene claro que el «Casares» es «un lujo para una lengua», sobre todo porque, «por primera vez, practica un criterio que en lexicografía se va imponiendo: relacionar las palabras».

Seco es otro entusiasta de este diccionario, un libro «fundamental para todo el mundo porque sustituye con ventaja a los diccionarios de sinónimos».

El autor del Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española recuerda que, en los años setenta, el secretario de Julio Casares le ofreció actualizar el Diccionario ideológico.

«Como yo tenía experiencia de lo que era hacer un diccionario dije que no podía hacerme cargo de eso, pero consideraba que valía la pena hacer una revisión y actualización de ese diccionario», afirma Manuel Seco para quien «es una lástima» que no se haya actualizado ahora el «Casares».

Esta obra «está llena de elementos útiles», subraya Blecua antes de asegurar que Casares «está muy vivo en la Filología española. Es como Rafael Lapesa, son figuras que permanecen siempre».

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE


plan B no necesita comillas

Recomendación urgente del día

La expresión plan B (o plan b), con el significado de ‘plan alternativo’, no necesita comillas ni ningún otro resalte.

En los medios de comunicación pueden encontrarse frases como «El Tribunal Supremo Electoral prepara plan “B” para transmisión de datos el día de las elecciones», «El “Plan B” de Setién rescata un punto ante el Murcia» o «La alcaldesa aseguró que no ha pensado en un ‘Plan b’».

El Diccionario del español actual, de Seco, Andrés y Ramos, define B como ‘alternativo o de segundo orden’ e incluye entre sus ejemplos la expresión plan B. En este sentido, plan se escribe en minúscula y la letra be, como sucede en dinero b o caja b, en minúscula o, más habitualmente, en mayúscula, sin necesidad de resaltes.

Así pues, en los ejemplos anteriores habría sido preferible escribir «El Tribunal Supremo Electoral prepara plan B para transmisión de datos el día de las elecciones», «El plan B de Setién rescata un punto ante el Murcia» y «La alcaldesa aseguró que no ha pensado en un plan b».

quarta-feira, 18 de dezembro de 2013

XAVIER QUEIPO













Xavier Queipo: «A invisibilidade do tradutor é unha quimera»
Queipo formou parte do equipo da versión galega do «Ulises» de Joyce
XESÚS FRAGA
Redacción / La Voz 18 de diciembre de 2013 05:00

En 1926, Ramón Otero Pedrayo traduciu ao galego uns fragmentos do Ulises de James Joyce, un acto que transcendeu o literario ao simbolizar o desexo do escritor e a súa xeración, Nós, de que a cultura galega dialogase coa europea. Agora, Galaxia vén de publicar a tradución completa da novela, un traballo no que Xavier Queipo formou parte do equipo de tradutores xunto con Eva Almazán, María Alonso Seisdedos e Antón Vialle, aínda que o escritor subliña que foi un esforzo conxunto de todo o persoal do selo.
-¿Como foi o reparto do traballo entre os tradutores e como se «unificou» a voz da obra?
-Por diversas razóns non chegamos a coincidir nunca os catro, foron dúas etapas e dúas equipas de tres e tres. Os que estivemos dende o inicio ata a fin fomos Antón Vialle e mais eu, que fixemos a primeira versión. A partir de aí, Eva primeiro e logo María foron refinando as propostas que nos achegaban para comentarios e así ata a fin, nun exercicio de refinamento constante. A tradución é, pois, colectiva, sen liderado dunha persoa en concreto.
-Se a tradución é a lectura máis demorada que se pode facer dunha obra, ¿que características do texto de Joyce salientaría como as que fan desta novela unha obra tan especial e influínte?
-O máis salientábel son os constantes cambios de técnica narrativa, importantes porque se deron nun tempo preciso. Agora xa experimentamos a complexidade noutros autores e resulta menos acaído o abraio, mais no momento da súa publicación foi unha revolución.
-Un tradutor deixa pegadas nunha obra, pero tamén a obra, e máis esta, transforma ao tradutor. ¿Que sensacións deixou en vostede?
-A invisibilidade do tradutor é unha quimera, aínda que no caso dun traballo colectivo a visibilidade individual é complexa. Hai pegadas de cada un de nós, con certeza. É inevitábel e penso que proveitoso para o resultado final. O libro non deixa indiferente, diría que un non escribe igual -non pode- logo de ter asimilado as ensinanzas estilísticas de Joyce. Como tampouco escribe igual logo de ler a Proust, a Thomas Bernhard, a Lezama, a Hugo Claus, a Kafka ou a Cunqueiro, exemplos de grandes escritores de sistemas diferenciados.
-É inevitable relacionar a culminación desta tradución co traballo pioneiro de Otero e a Xeración Nós. ¿Tiveron presente o seu exemplo e canto hai de homenaxe no seu traballo?
-O traballo de Otero, esporeado sen dúbida por Risco, foi detonante e alicerce para nós aceptar este proxecto. Un traballo reconstructor dun elo que nos une cos antepasados, os que fixeron posíbel a continuidade da chama literaria. É pois homenaxe e recoñecemento dunha débeda. Ao tempo, proxéctase no futuro como unha dádiva para xeracións vindeiras.
-A arela da Xeración Nós era a de Galicia como célula de universalidade. ¿En canto contribúe a tradución a esa comunicación dobre entre as nosas letras e as foráneas e en que lugar dese camiño da visibilidade internacional nos atopamos?
-Sexamos realistas: esa comunicación non é biunívoca, senón claramente nesgada. A visibilidade da literatura galega está mancada de orixe pola ausencia dunha política cultural de país. Sobran máis palabras.





Xavier Queipo: «La invisibilidad del traductor es una quimera»
Queipo formó parte del equipo de la versión gallega del «Ulises» de Joyce
Por XESÚS FRAGA en La Voz de Galicia – España.


En 1926, Ramón Otero Pedrayo tradujo al gallego unos fragmentos del Ulises de James Joyce, un acto que transcendió lo literario al simbolizar el deseo del escritor y de su generación, Nós, de que la cultura gallega dialogase con la europea. Ahora, Galaxia viene de publicar la traducción completa de la novela, un trabajo en el que Xavier Queipo formó parte del equipo de traductores junto con Eva Almazán, María Alonso Seisdedos y Antón Vialle, aunque el escritor subraya que fue un esfuerzo conjunto de todo el personal del sello.
-¿Cómo fue el reparto del trabajo entre los traductores y como se «unificó» la voz de la obra?
-Por diversas razones no llegamos a coincidir nunca los cuatro, fueron dos etapas y dos equipos de tres y tres. Los que estuvimos desde el inicio hasta el fin fuimos Antón Vialle y yo, que fijamos la primera versión. A partir de allí, Eva primero y luego María fueron refinando las propuestas que nos hacían llegar para comentarios y así hasta el fin, en un ejercicio de refinamiento constante. La traducción es, pues, colectiva, sin el liderato de una persona en concreto.
-Si la traducción es la lectura más demorada que se puede hacer de una obra, ¿qué características del texto de Joyce destacaría como las que hacen de esta novela una obra tan especial e influyente?
-Lo más destacable son los constantes cambios de técnica narrativa, importantes porque se dieron en un tiempo preciso. Ahora ya experimentamos la complejidad en otros autores y resulta menos adecuado y asombroso, pero en el momento de su publicación fue una revolución.
-Un traductor deja huellas en una obra, pero también la obra, y más esta, transforma al traductor. ¿Qué sensaciones dejó en ustedes?
-La invisibilidad del traductor es una quimera, aún cuando en el caso de un trabajo colectivo la visibilidad individual es compleja. Hay huellas de cada uno de nosotros, con certeza. Es inevitable y pienso que provechoso para el resultado final. El libro no deja indiferente, diría que uno no escribe igual -no puede- luego de haber asimilado las enseñanzas estilísticas de Joyce. Como tampoco escribe igual luego de leer a Proust, a Thomas Bernhard, a Lezama, a Hugo Claus, a Kafka o a Cunqueiro, ejemplos de grandes escritores de sistemas diferenciados.
-Es inevitable relacionar la culminación de esta traducción con el trabajo pionero de Otero y la Xeración Nós. ¿Tuvieron presente su ejemplo y cuánto hay de homenaje en su trabajo?
-El trabajo de Otero, estimulado sin duda por Risco, fue el detonante y la base para nosotros aceptar este proyecto. Un trabajo reconstructor de un eslabón que nos une con los antepasados, los que hicieron posible la continuidad de la llama literaria. Es pues homenaje y reconocimiento de una deuda. Al mismo tiempo, se proyecta en el futuro como una dádiva para las generaciones venideras.
-La aspiración de la Xeración Nós era la de Galicia como célula de universalidad. ¿En cuánto contribuye la traducción a esa comunicación doble entre nuestras letras y las foráneas y en qué lugar de ese camino de la visibilidad internacional nos la topamos?
-Seamos realistas: esa comunicación no es biunívoca, sino claramente predispuesta. La visibilidad de la literatura gallega está marcada de origen por la ausencia de una política cultural del país. Sobran más palabras.

"EL ESPAÑOL: UNA LENGUA VIVA"


El español es la segunda lengua en hablantes nativos y en comunicación internacional
Un total de 528 millones de personas hablan español, lo que coloca a este idioma como segundo idioma a nivel mundial en número de hablantes nativos y en comunicación internacional, según el Instituto Cervantes.


por EVA DEL AMO - REDACCIÓN APRENDEMAS

Un total de 528 millones de personas hablan español. Por tanto, este idioma se coloca como la segunda lengua del mundo por número de hablantes y el segundo idioma de comunicación internacional, según se recoge en el informe “El español: una lengua viva”, elaborado por el Instituto Cervantes y que recoge en una infografía la Oficina de Información Diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación. [Ver cursos de español]

En 2030, el 7,5% de la población, o lo que es lo mismo, 535 millones de personas, serán hispanohablantes, frente a otros idiomas como el ruso (2,2%), el francés (1,4%) o el alemán (1,2%). Además, los expertos calculan que en tres o cuatro generaciones, una de cada diez personas entenderá español.

En 2050, EE.UU. será el primer país hispanohablante a nivel internacional. Hoy en día son casi 20 millones de personas quienes estudian esta lengua en el mundo. De ellos, 7.820.000 se encuentran en EE.UU. y 6.120.000 en Brasil. Destaca también Francia, con 2.175.620 alumnos.

Un interés por el idioma que también se refleja en un crecimiento anual del 7% en el número de matrículas de estudiantes de español en el Instituto Cervantes durante el curso 2011-2012. Según este organismo, la imagen de la lengua española está asociada a la difusión de una cultura internacional de calidad.

Comercio en español

México, EE.UU., Canadá y España suman el 78% del poder de compra de los hispanohablantes, y se calcula que compartir el español aumenta en un 290% el comercio bilateral de los países hispanohablantes.

Las empresas editoriales españolas tienen 162 filiales en 28 países, más del 80% en Iberoamérica, y más de 940.000 turistas viajaron a España el año pasado con el fin de estudiar el idioma.

En EE.UU. hay 52 millones de personas hispanas, y más del 73% utilizan el español para comunicarse. La comunidad hispana estadounidense ocupa el puesto 14 en cuanto a poder de compra mundial.

Los universitarios de este país matriculados en cursos de español superan a la cifra total de alumnos matriculados en cursos del resto de lenguas. Se calcula que el impacto de los anuncios en inglésaumenta un 30% entre la comunidad hispana si se emiten también en español

Organismos internacionales

En las Naciones Unidas, el español ocupa el tercer puesto como lengua de trabajo, mientras que en la Unión Europea obtiene la cuarta posición. En Internet, en cambio, es la tercera lengua más utilizada, pues el 7,8% de los internautas se comunica en este idioma. Su uso se ha incrementado cerca del 800% entre 2000 y 2011. España y México se encuentran entre los 20 países con mayor número de usuarios de Internet.

En Facebook y Twitter, el español es el segundo idioma más utilizado, incluso en ciudades mayoritariamente de habla inglesa, como Londres o Nueva York, y a gran distancia de otros idiomas, como el portugués o el francés. Si observamos Wikipedia, el español ocupa la séptima posición en cuanto a artículos escritos.

Por último, el idioma español ocupa también un lugar predominante en la ciencia, con la novena posición en la clasificación mundial de producción científica y el puesto número 11 en documentos citados. España presenta un índice de especialización temática superior al mundial en física, ciencias de la agricultura, zoología, botánica, ciencias del espacio y matemáticas.

El número de revistas en español incluidas en la base de datos del ISSN constituyen el 5% del total, lo que supone un incremento del 115% respecto a 2001. Asimismo, las revistas científicas españolas incluidas en el Journal Citation Reports se han quintuplicado desde 1998.

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FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Recomendación del día:

precipitar no equivale a nevar ni a llover


La lluvia y la nieve caen, no precipitan.

Tanto nevar como llover se refieren a fenómenos meteorológicos y pertenecen a una categoría de verbos tradicionalmente conocidos como impersonales.

El verbo precipitar no pertenece a esta categoría, pues con él siempre tiene que haber alguien o algo que sea la causa o el agente, y en consecuencia es inadecuado decir «Hoy precipitará en el norte de la región». La precipitación, como la nieve o la lluvia, tampoco es el agente, por lo que es igualmente inapropiado decir «La lluvia precipitará desde primera hora de la mañana».

En estos casos, lo adecuado es emplear los verbos llover o nevar, o recurrir a alguna construcción como habrá precipitaciones o la nieve caerá.

Los ejemplos anteriores pasarían a ser: «Hoy habrá precipitaciones en el norte de la región» (o mejor, «Hoy lloverá…», «Hoy nevará…», «Hoy nevará y lloverá…», según el caso) y «La lluvia caerá desde primera hora de la mañana».

LA RECOMENDACIÓN DIARIA

  LA RECOMENDACIÓN DIARIA resistencia a los antimicrobianos , mejor que  resistencia antimicrobiana   Resistencia a los antimicrobianos , no...